Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Eriol Hiraguizawa

Parpadeé.

Entreabrí mis labios y jadeé.

Mi cerebro trabajaba rápidamente y se esforzaba en comprender lo que mi bella princesa estaba diciendo. Mi corazón se esforzaba en recuperar sus latidos normales y bombardear suficiente sangre a mi cerebro.

"Bésame" -¿Era eso lo que había dicho, no me estaba equivocando?

-¿Eriol? –preguntó. Su voz timbró en mis oídos como el eco de una nota de piano que tanto amaba.

Silencio.

Su mirada era sombría. La mía también lo era.

Me acerqué lentamente, escuché que jadeaba y vi como mis propias lágrimas eran acompañadas por las suyas.

Y a pesar de saber que no me estaba viendo a mí. Me acerqué aún más.

Kaname Daidouji

El eco de las palabras del doctor Toya Kinomoto timbró en mis oídos por un largo rato.

Mi mirada seguía sombría y apreté ligeramente a Nakuru contra mí.

La miré, sentí mis cabellos cubrir mi rostro formando una sombra aún más grande en ella, de modo que sólo Nakuru podría ver mis lágrimas.

Nakuru me había dado su sangre, era a ella a quien la habían lastimado más, no a Meilling.

Quería a Meilling, sí, pero Nakuru era….

Nakuru era la persona quien se había condenado a si misma, para salvarme. Me había dado su sangre bendita para sanarme. Había derramado sus lágrimas de ángel por mí.

Por mí y solo por mí.

No considero que Meilling haya hecho menos, pero Meilling era diferente a Nakuru. Nakuru me había dado su alma mientras Meilling era demasiado… egoísta para ello. Tal vez no sea exactamente la palabra indicada para ello, pero no encuentro una mejor para describirla.

Meilling es egoísta, siempre lo fue. Y precisamente por su egoísmo es que no me necesita tanto, de que se repondrá al cabo de un tiempo, tal vez largo, sí, tal vez más del que pasó cuando Syaoran eligió a Sakura o del que cuando anunciaron su compromiso, pero Meilling era Meilling. Meilling tenía esa alegría y ese optimismo que hacía que mi corazón saltará y se encogiera bajo su cálida y abrumadora alegría. Ella estaría bien sin mí, yo no era la persona indicada para ella, y lo que estaba haciendo ahora, eligiendo a Nakuru, no solo era por mí, sino también para ella.

Para que se diera cuenta pronto de que yo… no era su persona especial, no era la indicada.

Nakuru… ¡oh mi bella mariposa de alas rotas! Nakuru… ¡Que cosa más cruel le habían dicho!

-¿Nakuru? –le llamé al cabo de un rato. Sentí como se encogía levemente y me apretaba más mi camisa. La miré dulcemente y la llame una vez más. –Nakuru….

La ayude a incorporarse y la cargué en brazos. Ignoré el dolor que me recorrió todo el cuerpo. Sabía que aún estaba débil, y sin embargó la senté en la cama de hospital en la que antes había estado yo.

Me senté en la silla que había cerca de allí y le acaricié su frente, sus cabellos.

Sus labios temblaban, sus manos también. Su mirada estaba perdida y parpadeaba distraídamente, como si estuviera viendo algo lejano que nadie pudiese comprender.

Pero yo lo comprendía. Yo también había visto numerosas veces lo que estaba viendo en ese momento.

Cerré mis ojos. Lo entendía, había visto eso. Lo había visto durante mis ataques de tos, durante mis perdidas de sangre.

Solo que a diferencia de mí, Nakuru estaba consciente.

Me acerqué a ella y le besé las lágrimas que le empezaban a salir una vez más de sus ojos, dulce, delicadamente. Le pasé una mano por sus largos cabellos castaños y le tome la mano fuertemente. Apoye mi mejilla contra la suya.

Nakuru era fuerte. Lo soportaría, tenía que hacerlo, por qué si no lo hacía… me suicidaría. Era un juramento a mí mismo.

Quería a Tomoyo, pero Tomoyo ya estaba bien sin mí. Tenía a Eriol… tenía su vida. Yo ya no figuraba el primer lugar en su lista. Me había dado cuenta de ello mientras me ahogaba con mi propia sangre en los pasillos de ese mismo hospital y Nakuru me daba un beso de sangre.

Abrí los ojos de repente. Me llevé una mano a mis labios.

Cerré mis ojos y apreté con más fuerza la mano de Nakuru, de mi bella princesa mariposa.

-Por favor Nakuru… Por favor…

Nakuru Akizuki

¿Dónde me encontraba?

Parpadeé y me miré mis manos.

Lancé un grito y me miré las dos. Eran transparentes. Respire dos veces, y cerré mis manos en puños enfundándome valor.

"Bien, tranquila Nakuru, es obvio que esto no es real"

Claro, no era real. Tenía que ser fuerte, algo pasaba. Algo perfectamente natural pasaba pero que obviamente no muchas personas conocían. Aún así eso no significaba que es era anormal… ¿o sí?

Tragué fuerte.

Cerré mis manos en puños.

Tragué fuerte, reprimí mis lágrimas y alcé la vista.

Mariposas. Elegantes y bellas mariposas. Estaba rodeada por ellas. Por esas bellas e inocentes, puras y elegantes creaturas.

Di una vuelta sobre mi misma agitando mis cabellos, contemplando cada una de esas bellas creaturas de alas de múltiples colores.

No tarde en darme cuenta que eran ellas lo único que proporcionaba luz en ese oscuro y tenebroso lugar.

-¿Kaname…?

¿Qué estaba haciendo?

Era mi única esperanza… ¿Cierto?

Su nombre… su simple nombre….

De pronto caí de rodillas y las mariposas se dispersaron. No vi nada más. Me quede sola en ese lugar oscuro. Me abracé a mi misma tratándome de dar calor, porque… tenía frío. Un frío que me helaba hasta lo más profundo del alma hasta casi perforarla. Tenía frío y podía sentir mi propio aliento entre ese frío.

¿Era eso la muerte? En ese caso, era real… ¿no es cierto?

En ese caso yo de verdad iba a…

Escuché los latidos de mi corazón volverse más y más lentos. La llama de mi vida más y más fría.

Jadeé. Temblé.

-Kaname… -y seguía pronunciando su nombre. A pesar de todo. De hallarme en ese lugar desconocido en donde la única fuente de calor eran mis lágrimas descontroladas y silenciosas que bajaban por mis mejillas. A pesar de todo quería saber dónde se encontraba Kaname, como se hallaba, si le habían trasplantado la sangre que necesitaba, si estaba bien, si estaba feliz.

De pronto recordé que Kaname me tenía abrazada en sus brazos. Recordé el rostro lloroso de Meilling, recordé las palabras de Toya.

Me tapé los oídos con fuerza, sentí como me envolvía un frío remolino de voces. Sentí como me lastimaba. Sentí como me hería en lo más profundo de mi alma y de mi ser. Estaba gritando, llorando, sollozando.

Y entonces escuche su voz… su suave y aterciopelada voz.

-Por favor Nakuru… Por favor…

¡Era su voz! No había duda alguna. ¡Era su voz! En medio de todo ese remolino de voces ¡Era su voz!

Me puse de pie aún sollozando y grite su nombre.

-¡Kaname…!

Me lleve mis manos al pecho grité una y otra vez su nombre.

Caí de rodillas una vez más.

-Ruby… Ruby Moon…. Tú que eres mi verdadera forma… Kaname…. No dejes que sufra…. Por favor….

Un súbito dolor me recorrió por todo el cuerpo y tosí una cierta cantidad de sangre. Mi garganta mi ardía, mi cuerpo temblaba.

Perdí la conciencia.

Kaho Mitsuki

Miré con desconfianza al hombre quien se hacía llamar el padre de Kaname y Tomoyo.

¿Qué pretendía el hombre? Aparecerse de repente después de tantos años diciendo que conocía una forma de salvar a ambos gemelos sin tener que matar a alguno de ellos… ¿Qué pretendía?

Yukito también dudaba. Lo sabía. Yukito Tsukishiro no era un tonto, ni un ingenuo. Ni mucho menos su otra identidad, Yue, lo era.

El silencio era tenso. La habitación se había llenado de un silencio sin razón alguna.

Uno de los científicos alzo la vista, nervioso, hacía Kenji Daidouji. El hombre lo miró con sus ojos grises haciendo que el pobre científico desviara la vista. Murmullos recorrieron otra vez toda la sala, hasta que por fin, un científico de mirada serena, hizo la pregunta que todos estábamos esperando que alguien la hiciera pero que nadie se atrevía, al menos, no aun.

-S-Señor Daidouji… ¿p-podríamos… comenzar?

El hombre sonrió sombríamente y asintió.

Me aclare la garganta y Daidouji me miró. Sentí su mirada grisácea sobre mi persona y yo le sostuve la mirada con la misma intensidad.

-Queremos saber lo que pasó… por qué Kaname ha sido el único de ambos gemelos que tuvo que sufrir… y…. por qué Tomoyo olvidó a su propio hermano.

El hombre suspiró pesadamente al tiempo que yo le miraba. Esa mirada…. Yo la conocía. Era la mirada de quien había sufrido por mucho tiempo y que tenía que despertar viejas heridas. Cerró los ojos como si estuviera meditando. Aguardamos pacientemente.

Cuando abrió los ojos… hubiera jurado que vi a Kaname Daidouji. Esos ojos, esos cabellos… ese dolor, esa nostalgia.

Tenía 19 años cuando conocí a Sonomi Amamiya, la prima de la encantadora "Princesa Nadeshiko Amamiya" que era como llamaban en aquel prestigioso instituto a la ahora fallecida, descanse en paz, Nadeshiko Kinomoto.

Si. Nadeshiko Amamiya era una diosa, una Princesa, pero Sonomi… Sonomi era un hada.

Mi padre como buen empresario que era, estaba negociando con el director del instituto. Mientras yo, aprendía de ello, nunca se me había dado la oportunidad de estudiar en un instituto, siempre me habían mandado prestigiosos profesores de elite que me enseñaban numerosas cosas que mi padre y mi madre quería que aprendiera.

Artes, negocios, historia, geografía, matemáticas, teoría, ciencias, deportes, idiomas… todo. Todo lo sabía, absolutamente todo. Y eso era aburrido.

Era aburrido escuchar como mi padre decía un montón de números y utilizaba un vocabulario que si bien, comprendía, era demasiado formal, aburrido y refinado para mi gusto. Recuerdo bien la oficina del director. Era la clásica oficina donde todo era negro y cuanto mucho, café o gris. El escritorio café de madera de roble, los marcos con diplomas en negro y blanco…. Todo era aburrido.

No mentiré. El momento en que Nadeshiko Amamiya cruzó la oficina me cautivó, sus cabellos largos negros grisáceos ondeando, y su paso elegante de princesa. Nadeshiko poseía una belleza increíble y una dulzura que podía percibirse a simple vista.

"¿Quería verme, Señor Director?" –preguntó preocupada la princesa, en aquel entonces si bien, conocía el nombre de "Nadeshiko Amamiya" nunca la había conocido frente a frente y los periódicos me aburrían. De modo que jamás la había visto.

El director se disculpó con nosotros y yo seguí mirando a la joven indiferentemente. Era cautivadora, sí. Pero esa mirada… la joven estaba enamorada. Yo conocía esa mirada, la veía diariamente en mis padres. Era la misma mirada, el mismo reflejo.

"¡Oh, pero si es Nadeshiko Amamiya!" –había dicho mi padre.

La joven había sonreído y le había saludado con una mano al tiempo que recordaba algo y le hacía una reverencia al director.

Y es que, lo que había recordado era que su prima la había seguido hasta allí.

La chica era más baja que Nadeshiko y tenía cabellos cortos y rojizos muy llamativos, pero lo más llamativo eran sus ojos. De ese color tan diferente que pocas veces se encontraba: amatista.

Me quedé contemplando esos ojos hasta que me di cuenta que mi padre se había puesto de pie para saludar a la recién llegada. Me apresuré a salir de mi ensoñación. Besé las manos de ambas jóvenes sin embargo, la única que se había sonrojado había sido Sonomi, lo cual me había parecido bastante gracioso. Siendo una damita de sociedad en especial de la gran familia Amamiya, debería estar acostumbrada a esas cosas… como su prima, quien tan solo sonrió amablemente.

"Entonces con su permiso, Sr. Director, Conde Daidouji, Conde Kenji Daidouji…. -dijo dirigiéndose a mi padre con un "Daidouji" y a mí con el nombre completo.

Hizo una reverencia y después se despidió de su prima.

"Entonces como le iba diciendo, señor director, el 90% de los jóvenes de hoy han olvidado el valor de los libros, por lo tanto si me permitiera contribuir le aseguró que su Instituto prosperaría aun más…" -la voz de mi padre proseguía aburriéndome. Suspiré e hice un ademan de volverme a sentar cuando note que Sonomi no se había sentado.

Recuerdo que levanté mi vista y sonreí algo divertido.

Le murmuré a mi padre en el oído si podía irme y me despedí con una sonrisa pintada en el rostro dejando a mi padre sorprendido. Tomé la mano de Sonomi y me fui con ella. Como me había divertido molestándola, viendo como su cara se ponía colorada al primer cumplido que le hacía.

Pero todos esos sonrojos habían cambiado en el mismo instante en que su queridísima prima Nadeshiko se había casado con Kinomoto pasando a ser Nadeshiko Kinomoto posteriormente la madre de Toya y Sakura Kinomoto.

Nadeshiko no se había dado cuenta y si lo había hecho no lo había dado a conocer. Sonomi había cambiado claramente desde aquello formando un aura nostálgica y sufrida a su alrededor, pero yo me esforzaba en animarla.

Después de todo, había sido ella quien le había puesto color a mi vida…

Tiempo después, nuestros padres nos comprometieron.

No me opuse a ello, y Sonomi estaba demasiado lastimada para ello. Nos casamos sin ninguna otra razón que la obligación y un acuerdo de negocios.

A pesar de todo, aprendí a quererla, siempre la había querido y ella… creo que hizo lo mismo.

Después quedó embarazada.

Iba a ser padre….

Recuerdo sus facciones serias cuando me lo dijo, sus mejillas sonrojadas y mi alegría.

Recuerdo que, meses después, el doctor nos comunicó que serían unos gemelos.

Lo recuerdo. Y también recuerdo cuando un hombre de negro tocó la puerta de nuestra mansión alegando que era de una "Organización Mágica"

Había sido exactamente un día antes de que nacieran Kaname y Tomoyo, en ese entonces ya habíamos planeado ambos nombres y Sonomi estaba tan feliz como jamás lo había estado. Ni siquiera había estado tan feliz antes de que Nadeshiko se casara. Pero esa felicidad fue manchada por un simple hombre de negro.

"Tan pronto como nazcan esos gemelos, la Organización se encargará de separarlos y si eso no es posible, los mataremos"

Esas palabras nos arruinaron. Cuando nació Kaname y nos dijeron que tendría una salud tan débil como el hilo de una telaraña, lloramos como nunca. Sonomi nunca quiso acercarse mucho a Kaname, decía que si lo hacía y si algún día moría, ella no lo podría soportar.

En cambio, adoraba a Tomoyo y siempre le compraba diferentes vestidos y le peinaba sus cabellos. Yo quería a ambos. Eran mis hijos, y me dolía su destino.

¡Eran unos niños, por el amor de Dios, unos niños!

Unas bellas creaturas inocentes y puras…

Kaname era un pequeño angelito salido de un cuento de hadas con su sonrisa y sus palabras. Un pequeño querubín. Había heredado mis cabellos negros y mi talento para la música. Había heredado la terquedad y la belleza de Sonomi. Había heredado mi tez pálida y por supuesto mi orgullo y arrogancia.

Ignoro como interpretaron nuestra pelea Kaname y Tomoyo. Pero ese día cuando decidí alejarme de ellos para investigar si podía salvar a esos pequeños de aquella malvada Organización que, ignoraba el porqué, quería separarlos. Ese día Sonomi se había puesto furiosa alegando que estaba tomando demasiado en serio las palabras de un hombre que ni siquiera conocíamos. Pero yo sentía que era real, y que si no lo hacía, perdería a mis hijos.

No hubo un solo momento en que me olvidara de mis hijos. De sus ojitos amatistas mirándome y de sus vocecillas llamándome "papá"

No hubo un solo momento en que me olvide de la prescencia de Kaname, de sus cabellos negros, de sus ojitos amatistas inocentes y de sus brazos alrededor de mi cuello.

Tampoco me olvidé de Tomoyo, de sus suaves movimientos al bailar ballet, de sus largos cabellos bailando con el viento, de su sonrisa y cantarina voz cuando le cantaba a Kaname en los momentos en que su salud decaía.

Amaba a mis hijos, los amaba como un padre ama a sus hijos.

Y sabía que Sonomi también lo hacía, por lo tanto, confié en que los cuidara bien.

Pero…

¡No lo sabía! ¿Cómo iba a saber que asaltarían la mansión y separarían a mis hijos aquel día?

¡¿Cómo iba saber que perdería a mi princesita Tomoyo, mi hija, y a mi querida reina Sonomi?!

Cuando llegué al hospital, Sonomi me había dicho que me fuera, que no me necesitaba allí, que ella separaría a los gemelos si eso significaba que podía mantener a ambos vivos, que sentía no haber creído y tomado en serio a la Organización. Su cara había estado bañada en lágrimas cuando me lo dijo, cuando se disculpó y cuando me dio un último abrazo. Y me había dolido. Toda esa seriedad y tristeza me había dolido y me fui antes de que Tomoyo, mi bella princesita, me viera. Viera mis ropas manchadas en sangre producto de haber cargado a mi pequeño hijo y tratado desesperadamente de mantener su sangre dentro de su cuerpo.

Y también me había dolido tener que alejarme de ellos.

Visitaba y le pedía al doctor Akizuki quien era quien estaba atendiendo a mi hijo, informes de su salud. Kaname no había tenido ningún daño psicológico, y yo me había sentido orgulloso de ello, pero…

Aquel día, cuando Kaname cumplió sus 12 años, apareció el hombre que nos destruyó la vida. A Kaname mi adorado hijo, a Sonomi mi adorada reina y a mí mismo. Sonomi protegió a Tomoyo con su vida e influyó todo el poder de la familia Daidouji para protegerla. Con ello alejó a su hermano de ella, pero estaría a salvo. Con tal de que estuvieran separados, ambos estarían con vida. Y eso me bastaba.

Kaname era fuerte, y poseía la fuerza para proteger a su hermana y eso le bastó. Yo lo sabía, Kaname había estado leyendo libros sobre magia, tabú… había hecho todo por buscar una forma de mantenerse junto a su hermana. Pero no lo había encontrado, lo que si encontró… fue una forma de ver el futuro. Y lo presenció en un sueño, todo lo que iba a pasar, todo el dolor. Se había levantado con sus escasos 8 años y había roto varios cristales y jarrones mientras yo, su padre, le había consolado en secreto le había limpiado sus lágrimas y le había abrazado. En silencio. Era mi hijo… mi único hijo.

Le propuse a Kaname la única forma de salvarse… la separación. No había otra forma, no había otra manera. Solo eso. La separación, y se lo propuse a Kaname porque… ¡Era mi hijo! Tenía la misma fuerza que yo, los mismos ojos llenos de decisión, el color no importaba, solo esa luz. Esa luz decidida a proteger a su hermana incluso con la muerte. Era mi hijo y le amaba.

En aquel entonces, Kaname no había dudado. Me había mirado con sus ojitos amatista firme y decididamente. Se había levantado y me había enseñado un libro.

Hasta allí había llegado su decisión… su amor por su hermana. Yo le había abrazado y me había quitado mis guantes, le había acariciado sus cabellos y sentido su tacto suave y sedoso. Había sentido sus lágrimas tibias bajando por sus mejillas.

¿Por qué Kaname y Tomoyo tienen sangre diferente a la mía o a la de Sonomi?

He aquí la respuesta….

Yo mismo le ayude a poner las velas en forma de una estrella de 5 puntas. Yo mismo le ayude a cortarse su muñeca para dejar que la sangre fluyera ya que el mismo no lo pudo hacer, su mano temblaba, no lo quería. Había tenido miedo. Pero con lágrimas corriendo por sus mejillas hizo el rito. Murmuró las palabras, despertó parte de su magia, el horrible don de la magia.

Hizo todo tal como lo indicaba el libro hasta que por fin, fue capaz de mezclar su sangre con la sangre de varias reencarnaciones pasadas. Al ser gemelos y al tener magia la sangre fue modificada. Y entre esas reencarnaciones estaba la sangre de… Clow Reed.

Tomoyo con el tiempo y por el daño psicológico que le causó el perder a su único hermano gemelo olvido a su hermano. Yo lo vi… el dolor de Kaname. Vi como se escondía bajo sus mantas todas las noches y lloraba… vi como ponía una sonrisa ante todos cuando lloraba toda la noche.

Y entonces cuando Kaname cumplió sus 14 años conocí a Mia. La encontré dormida en su caja tan preciosa con su belleza aterciopelada. Parecía tan frágil… tan bella.

Su historia no es algo que yo deba contar, por supuesto, yo la sé, yo mismo la investigué y la escuché de sus labios. Si quieren oír su historia… debe ser de sus labios. Lo que si les contaré es que cuando Kaname cumplió sus 15 años decidí que Mia le daría compañía, le daría amor, amistad. Felicidad.

Nunca podría reemplazar a su hermana pero si pudiera darle tan solo un poco de la alegría que había tenido…

Si le podía devolver un solo rastro de su inocente sonrisa pura y su mirada de ángel…

¡Era mi hijo! ¡Mi hijo!

Al terminar el relato la sala quedó en silencio. Bajé mi vista.

Hace 10 años hubiera llorado como niña pequeña al escuchar la historia. Pero ya no, tenía suficiente edad y había sufrido lo suficiente para forjar un carácter maduro que podía sufrir y entender en silencio.

Vi que el padre tenía el rostro marcado por un terrible cansancio y dolor. Dolor… un dolor real característico de un padre que sufre por sus hijos.

Vi a Yukito quien se había perdido en alguna parte de su mundo y tenía la mirada sombría y los brazos cruzados.

Todos los demás, incluyendo al padre de Nakuru, el doctor Akizuki, estaban tratando de controlar sus emociones. Abrían los labios queriendo decir algo y los cerraban rápidamente como si de repente se hubieran arrepentido de ello.

Pero yo no era una de esas personas, tenía que encontrar fuerza. Era una sacerdotisa, existía para sanar el dolor de otros y no para sanarme a mí misma. Existía para cuidar el equilibrio entre el bien y el mal, el mundo mágico y el mundo normal. No podía darme el lujo de sufrir y pensar en mis sentimientos.

Miré mi reloj, dos horas más. Tan sólo dos horas. Tan poco tiempo…

Cerré mis manos en puños.

Kaname… Kaname Daidouji…

Lo había conocido a petición de Nakuru y su padre. El niño me había sonreído tranquila y puramente y yo, como sacerdotisa pude percibir la pureza en él. Pude percibir que cada célula de su ser era puro e inocente y no existía ningún rastro de maldad. Era un angelito puro e inocente con su carita tierna y sonrisa purificadora, con sus manitas blancas cogiéndome las mías, aún recuerdo las primeras palabras que me dijo…

"Tiene unas manos grandes, amables… cálidas… como las mías"

Esas palabras… me habían llenado los ojos de lágrimas.

Como podía un niño, un pequeño angelito protegido por Dios condenarse a sí mismo de esa forma… era como sí… era como sí el me entendiera, como si el supiera lo que significaba guardarse todo para sí mismo y nunca demostrarlo. Como si supiera lo que se sentía perder el derecho a llorar…

Y la primera vez que lo vi llorar fue cuando se me escapó el nombre de su hermana… fue sólo un nombre y pudo hacer que el niño se abrazara sus rodillas y llorara silenciosamente como un adulto lo haría. Un llanto silencioso… que poco a poco se volvió más aniñado, el niño había dejado escapar sus sollozos y se había puesto rojo por el llanto, había llorado y me había partido el alma.

Un niño. Tan sólo un niño había logrado que una sacerdotisa que había jurado por lo más sagrado no dejar que mi corazón temblara por alguna debilidad.

Yo lo había abrazado… le había consolado. Ese pequeño era el único ser que me entendería… y ese maravilloso milagro de Dios, ¿Acabaría de esta manera tan desastrosa mientras yo lo observaba morir?

Dos horas. Dos valiosas horas.

Mi adorado angelito… el único ser que había podido hacer que mi corazón temblara de esa forma, el único ser que había podido demostrar que era humana.

En el momento en que una lágrima bajo por mi mejilla supe que era más humana y más débil de lo que hubiera querido.

-Kaho… -murmuró Yukito quien me había estado observando por un buen tiempo.

-Ese niño… Dios mío, ¿no crees que, ya haya sufrido suficiente? ¿No te basto con quitarle a su hermana, su madre, su libertad? ¿Qué es lo que quieres de él? ¡¿Qué es lo que le falta a ese pequeño para que le quieras arrebatar la vida tan desesperadamente?! ¡Es un niño, Dios mío, es un niño! –grité y solloce, deje que Yukito me abrazara para envolverme en su tranquilidad, en su serenidad. -¡Un niño… un pequeño…!

Escuché los sollozos del padre de Kaname y los míos. Yo que había olvidado como llorar… yo que había olvidado el sentir dolor….

Yukito me abrazó fuertemente y me acarició mis cabellos mientras él mismo empezaba a llorar. ¿Cómo se estaría sintiendo Yue dentro de él al saber que su preciado mago Clow o al menos, parte de su sangre residía en un niño como Kaname?

¿Cómo se estaba sintiendo su padre, Kenji Daidouji al tener que despertar viejas heridas?

¿Cómo se sentía o qué era lo que estaba haciendo Sonomi Daidouji para no aparecerse en ese instante?

¿Por qué Dios era tan cruel con un alma tan inocente y pura?

Preguntas… preguntas sin respuesta, preguntas sin sentido.

-Kaho…

-¡Es un niño…!

-Kaname-kun… Kaname-kun vivirá… ¡para eso estamos aquí, para salvar esa vida, esa alma tan pura e inocente!

-Señorita Mitsuki… Doctor Akizuki…. Doctor Tsukishiro… dejo a mi hijo en sus manos… yo… agradezco todo lo que han hecho hasta ahora…

Asentí mientras calmaba mis sollozos. Respire hondo al tiempo que Yukito volvía a su lugar.

Me aclare la garganta. Tenía que ser fuerte.

-Entonces… ¿Si podría…?

El asintió y yo me preparé parare para escribir todo lo que saliera de sus labios, que era la forma de salvar a su hijo, a mi pequeño angelito.

Kaname Daidouji

-¡No… Nakuru por favor… no me dejes… no te vayas… no a mí…! –le cogí la mano y apoye mi frente en ella. Sollocé mientras mis lágrimas corrían por mis mejillas. -¡Dios por favor… solo ella… solo ella no dejes que sufra, no la alejes de mi lado… no a ella… solo ella!

Rogué, implore.

Me había vuelto egoísta, pero perderla era lo único que no podía permitir. No podía perder a Nakuru, no a ella.

-¡Nakuru por favor abre los ojos… Ruby Moon… ayúdala....

Su otra mitad, Ruby Moon. Aunque no fuera realmente Nakuru se parecía a ella.

Tenía su misma alegría e irradiaba la misma ternura y la misma luz. Solo que esta, era mucho más fuerte. Nakuru no era débil… pero Ruby era mucho más fuerte que ella. Y si le tenía que implorar lo haría.

Estaba arrodillado y no le había soltado la mano. Le bese su frente, sus cabellos. Rogué desesperadamente a Dios que la salvara, que no me la quitara.

-¡Kaname cálmate! –era Syaoran. Su voz sonó firme y fuerte en toda la habitación. No me calme ni tampoco volteé a verlo, su voz solo hizo que abrazara a Nakuru y sollozara aun más fuerte. -¡Kaname…!

-¡Tú no lo entiendes Syaoran….! Le grité meramente para que me dejara de gritar, y tal vez, solo tal vez, estaba algo enfadado con él y muy desesperado. A Syaoran le debía mucho, pero a Nakuru… la quería mucho más de lo que nunca querría a nadie y por ella le gritaría a quien fuera.

-Kaname…

-¡Nakuru es la persona más importante para mí…!

¿Eh?

¿Yo había dicho eso?

¿Qué había de mi hermana? ¿Qué había de mi pequeña princesita Tomoyo?

¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Por qué me había olvidado de Tomoyo? ¿Cuándo se había convertido Nakuru en la persona más importante para mí superando a Tomoyo?

Y además… ¿por qué no sentía ningún remordimiento?

-Vete. –le dije a Syaoran. –Por favor, vete.

Syaoran se acercó a mí y puso su mano en mi hombro, signo de apoyo. Jamás que yo recordara, le había gritado y por ello, creo que entendió que tan importante era la persona que estaba allí, cuan importante era Nakuru y cuánto estaba sufriendo por ella.

-Kaname… eres mi amigo… nunca lo olvides, tienes mi apoyo. –dijo para después irse.

Escuché el sonido de la puerta cerrarse. Sabía que para alguien como Syaoran, una persona a la cual le era difícil demostrar sus sentimientos esas palabras, eran suficientemente difíciles de decir.

-Nakuru… te amo… así que por favor… por favor…!

Toya Kinomoto

¿Por qué la había ayudado?

¿Por qué no podía dejarla allí como cualquier paciente?

¿Lastima? No… no era lastima. Entonces, ¿Qué era?

Suspiré y acerqué una silla y puse mi mano en su frente. ¿Qué me estaba pasando?

Estaba realmente irritado por lo que estaba pasando.

Primero un mocoso llega y me quita a mi hermana, luego años después llega otro a quitarme a mi prima quien milagrosamente tiene un hermano y más aun, un gemelo.

Y el dichoso gemelo a quien prefiero llamar enano aunque sea casi de la misma estatura que yo, llega y resulta que tiene una misteriosa enfermedad que le provoca un ataque de tos a lo cual Akizuki desesperadamente le da su sangre y luego esta chiquilla, la prima del mocoso, rompe a llorar y a gritarle un montón de cosas que ni siquiera yo lo hubiera hecho.

Y por fin, lo que más me irritaba, era lo que estaba sintiendo.

¿Por qué me había sentido tan sorprendido cuando la chiquilla había dicho eso?

¡Ah! ¿Será por qué no le gritó a tu hermana cuando Syaoran la eligió?

La odiosa voz de mi conciencia resonó en mis oídos.

¡Por supuesto que no era eso! Tal vez si me había sorprendido cuando escuche a una chiquilla decir eso a Akizuki pero no era que…

¿Qué? ¿Qué era lo que quería decir? Y además… ¿Por qué estaba buscando excusas, por qué me estaba justificando? O no más aun, ¿desde cuándo yo, el gran Toya Kinomoto me justificaba por alguien?

De repente sentí una fuerza en mi muñeca. Era la chiquilla quien me miraba enojada, si que tenía fuerza…

-¡¿Por qué hizo eso?! –dijo para después incorporarse y empezar a sollozar. Se abrazó sus rodillas y apoyo su frente en ellas. Yo la miré esperando a que se tranquilizara. -¡Simplemente tenía que dejarme allí y esperar a que mi orgullo se calmara! ¡Simplemente tenía que esperar a que entendiera que él había escogido Nakuru!

Sonreí amargamente.

¿Ahora no lo llama por su nombre?

Pensándolo bien, era cierto. No tenía por qué haberla ayudado y sin embargo, lo hecho, hecho está.

Me miró con la misma firmeza de Syaoran Li, su primo y el mocoso que me había quitado a mi hermana, de cuando había ido a pedir la mano de Sakura.

Tenía los mismos ojos que cuando era niña y sin embargo ahora era una bonita señorita de 17 años.

Esperen, había dicho ¿bonita?

Me estaba volviendo loco… sin duda lo estaba.

-Kaname… -la escuché murmurar.

Me irritó, me irritó la sola mención de su nombre y la forma en que lo dijo.

-Deja de decir su nombre. –le dije sorprendiéndome a mí mismo. –Kaname Daidouji… -dije su nombre a regañadientes. –Escogió a Akizuki.

Dije mirándola a los ojos mientras ella entreabría sus labios para protestar, sin embargo no la deje. Le cogí ambas muñecas con una mano lo cual fue posible gracias a que era demasiado frágil y pequeña, y la acorralé con ambos brazos mientras ella se trataba de soltar.

-¡Suélteme! –me dijo firmemente sin ninguna intención de cambiar de opinión.

Sus lágrimas bajaban por sus mejillas pero yo estaba dispuesto a clavarle la verdad, la fría verdad en su mente y en su corazón.

-¡Ni siquiera te miró cuando lo hizo! ¡Ni siquiera le importas, nunca lo has hecho!

-¿Y tú qué sabes? ¡No lo conoces... no me conoces!

Una persona normal estaría llorando y abrazándose a sí misma buscando consuelo, pero Meilling Li no era una persona normal. Era increíblemente necia y lo estaba demostrando. Pero se estaba contradiciendo, sus ojos lo decía, su asombrosa decisión estaba temblando. Su orgullo estaba herido y yo entendía como era eso.

Los recuerdos de Kaho me lo recordaban.

-El mocoso escogió a Sakura en ese entonces, ¿o no? –le dije lentamente, ya no para lastimarla si no para que reaccionara. –Y ahora, Kaname Daidouji el hermano de Tomoyo quien tanto te ayudo en ese entonces consolándote, te ha traicionado… no… tú te sientes traicionada…

-¡Yo lo conocí antes que Nakuru! ¡Y sin embargo… ¿por qué?! ¿Por qué yo nunca pude hacer que sonriera realmente? ¿Por qué nunca me mostro su verdadera sonrisa? ¿Por qué si tanto lo amo escogió a Nakuru en lugar de mí? –abrió los ojos tal vez sorprendida de sí misma por haber dicho tal confesión a alguien como yo. -¡No es justo! ¡Además… además…!

-¿Además? –le pregunté.

-No tiene nada que ver contigo.

Sus palabras me hirieron un poco, yo lo sabía, no tenía nada que ver conmigo y sin embargo me importaba y me dolían sus lágrimas.

-¿Ahora me hablas de tú?

-¿Algún problema?

Apreté los dientes. Meilling Li sí que sabía irritarme.

-Déjame en paz. –murmuró.

-No.

-¿Por qué? Mi primo te quitó a tu hermana que tanto protegías ¿no?

-El que tengas su mismo apellido no significa que tengas que tener el mismo trato que él.

-Tengo su misma sangre.

-¿Quieres que te odie?

Me estaba irritando más rápido de lo que cualquier persona lo habría y lo había hecho.

-Quiero que me dejes en paz y dejes de entrometerte en cosas que no…

-No me importan…

Silencio.

-Deberías agradecerme.

-No te lo pedí.

-Y sin embargo estas llorando en frente de mí. A pesar de que tu orgullo es tan grande…

-¿No te importo realmente o sí?

-Me importas… muy en el fondo.

¿QUÉ? ¿Qué ESTABA DICIENDO?

Ella abrió los ojos sorprendida al mismo tiempo que yo.

Abrió sus labios para contestar pero no encontró palabras. Tampoco yo lo hice.

El ambiente se volvió tenso.

Tomoyo Daidouji

Lento, dulce, dudoso. Así sabía el beso. Era una mezcla de los dolorosos sentimientos de Eriol junto con los míos.

Por un instante quise que ese beso fuera por parte de Syaoran, minutos después me arrepentí.

Quien me estaba dando el beso era Eriol. Eriol Hiraguizawa, la reencarnación de Clow, nacido en Japón y crecido en Inglaterra. Creador de Ruby Moon, quien a su vez era Nakuru y Spinel Sun. De estatura alta, piel pálida y ojos azules.

A pesar de que Eriol sabía que yo quería que el beso fuera de Syaoran… me había dado el beso.

-Lo siento… -le dije un rato después. Eriol seguía con mirada sombría y yo tal vez tenía la misma expresión marcada en el rostro.

-Tu… Tomoyo no me amas…. –no era una pregunta, era un murmullo lento y doloroso. Masoquista.

-Te quiero. –me apresure a afirmarle. –Te quiero mucho, Eriol.

-"Querer"… -dijo amargamente para después sonreír. Una sonrisa carente de alegría, no falsa, simplemente… amarga. –No es amar, ¿cierto?

No supe que responderle. ¿Qué se supone que debía decir?

Eriol me amaba. Eso lo sabía, y lo aceptaba. Pero… ¿yo lo amaba?

Lo quería, sí. De eso no había duda y jamás dudaría de ello. Pero… amar… eso era difícil de decir.

Escuché un suspiró por parte de Eriol a lo cual le miré con mirada sombría tratando de encontrar algo que decirle.

Pero no lo encontré. Cerré mis labios y sentí ganas de echarme a llorar.

¡¿No había llorado lo suficiente?!

Sollocé.

Eriol no se movió y me siguió mirando con esa mirada sombría que me partía el alma.

-¡¿No es suficiente con quererte?! ¿No puedes aceptar solo eso? –le pregunte entre sollozos y lágrimas. Sentía que algo se me clavaba en el pecho y me lleve la mano a él. La mano en la que estaba marcada la mariposa y que ahora estaba vendada. Al verla, la expresión de Eriol cambió. Me acerqué más a él y le empecé a dar golpes en el pecho desesperadamente. –Eriol yo… de verdad… lo siento… no puedo amarte… no puedo… ¡no puedo!

Eriol no se movió. Por primera vez desde que nos habíamos conocido y que me había visto llorar no me consoló ni tampoco movió un dedo para reconfortarme. Sabía que lo estaba lastimando pero no lo soportaba.

-Te quiero, Eriol. Eres la persona más importante para mí… ¡te quiero incluso más que a mi hermano! –me sorprendí a mí misma diciendo eso más no era mentira. No estaba mintiendo, no había ningún engaño en mis palabras, cada una de las palabras que estaba pronunciando eran verdad. Clara y pura verdad. ¿Cuándo se había convertido en alguien más importante que Kaname? ¿Cuándo Kaname nii-sama había dejado de ser el primero en mi lista, el primero en mi corazón?

-¡Dios…! Eriol tienes mi vida… tienes mi alma… ¡¿no entiendes que vivo y respiro por ti?! ¿¡No es suficiente con tenerme a tus pies!? ¿No es suficiente con qué me deje enamorarme de ti?

No pude ver la expresión de Eriol pero pude sentir los latidos de su corazón. Fuertes y claros. Su corazón latía rápidamente acompañando mis sollozos.

¡Kami-sama yo sabía que lo estaba lastimando! Pero yo sólo…

¿Por qué no podía entender?

No podía enamorarme otra vez… ¡no podía!

Apreté la tela de su camisa fuertemente hasta que sentí una mano alrededor de la mía.

Levanté mi vista. Un brazo me rodeó y me abrazó.

-Soy egoísta princesa… -me susurró contra el oído. –Quiero que me ames… quiero que yo sea el único que pueda hacer los latidos de tu corazón aceleren como los míos… quiero ser la única persona que pueda besarte… amarte… -temblé bajo sus brazos y sus palabras me traspasaron el alma. –Sé cuanto quieres a tu hermano… sé lo mucho que importa para ti… lo sé, princesa mía… y sé que es difícil ser el primero en tu lista…. Pero soy egoísta… y quiero que me ames… -me dijo mirándome a los ojos.

Llevé mi mano vendada a su mejilla. Sus cálidas lágrimas mojaron la venda de mi mano y yo le besé la mejilla. Sentí la mano de Eriol alrededor de mi muñeca y luego sus labios contra los míos.

-Te adoro, niña mía… te amo Tomoyo.

¿Qué podía contestar a esas palabras?

Syaoran Li

Jamás había visto a Kaname rogar a Dios algo. Jamás le había visto llorar por algo que no fuera su hermana.

Había ido a buscar a Kaname porque estaba preocupado. Y sinceramente no me había esperado encontrarlo rogando desesperadamente a Dios con su rostro bañado en lágrimas.

Kaname era… era un amigo muy importante para mí y estaba dispuesto a dar todo para ayudarlo… pero no sabía que debía hacer.

Suspiré.

Recorrí las habitaciones con la mirada hasta encontrar la sala en donde se estaba llevando a cabo la junta de la Organización. Confié en que Sakura también se encontrara allí dentro. No me equivocaba.

Después de cerrar la puerta me encontré con una sonriente Sakura y unos ancianos muy serios así como varias brujas y magos de mediana edad bastante irritados… o tal vez enfadados, quien sabe… la Organización (con ello me refiero a TODA la gente que la conforma) es muy complicada, incluso para alguien como yo.

-¿Me podrían explicar lo que…?

-Joven Li. –empezó a decir un hombre llamado Lao. –Estamos consientes de que usted es un Li y de que los Li han servido a la Organización por generaciones sin embargo… -hizo una pausa a lo que le lance un mirada furiosa. –Tal vez fue demasiado pronto para que usted tomará el puesto de…

-Lao. –le dije lentamente. –Mi padre murió antes de que tomará el puesto de Jefe de la Organización por lo tanto, este puesto me pertenece desde el mismo momento en que nací.

-De eso no dudamos, joven Syaoran Li. Su padre… -allí haciendo una reverencia. –Fue un gran hombre y de haber tomado el puesto hubiera sido un gran jefe… sin embargo… -dijo mientras sentía todas las miradas en mí. –Un joven de 17 años no se puedo comparar con un hombre de 45.

-Syaoran ha liderado bien… -empezó a decir Sakura en mi defensa pero no pudo terminar ya que Kaoru, una sacerdotisa japonesa muy importante para el mundo mágico, la interrumpió.

-Sabemos los esfuerzos que Syaoran Li ha hecho por tomar el puesto, señorita Kinomoto. –dijo extendiendo su abanico y cubriéndose los labios y la nariz dejando solo la mitad de sus ojos negros a la vista. –Pero el Jefe de la Organización Mágica no debe dejar que sus sentimientos influyan en su trabajo. Tomo malas decisiones que le podrían costar la vida a millones de personas y mucho más, el equilibrio de la magia con los Dioses y con el mundo humano. La Organización no piensa tomar responsabilidad de sus errores… -finalizó cerrando su abanico fuertemente y mirándome fijamente.

Sakura la miró con odió y cerró sus puños con fuerza.

-He obedecido cada orden de la Organización… -empezó pero otra vez fue interrumpida por la misma persona.

-Señorita Kinomoto… a usted no la estamos juzgando. –le dijo apuntándola con el abanico para después apuntarme a mí. –Estamos juzgando a su… prometido.

-La decisión que yo tomé… no fue ningún error. – dije mirándola fijamente decidido a proteger a mi amigo con mi vida. –Me rehúso a abandonar mi puesto.

La mire fijamente, sus ojos negros me miraron no furiosa ni tampoco enojada. Solo me miró fijamente, sus cabellos rubios recogidos en un peinado alto se movieron con el viento, abrió su abanico mostrando sus largas uñas pintadas de un color rojo rubí.

-Es igual que su padre… Syaoran Li. –dijo con una sonrisa.

Ya me habían dicho esas palabras antes y por eso no me moví. Ni siquiera me inmunito la mención de mi padre.

-Entonces… Syaoran Li-sama… ¿A quién piensa mandar si usted mismo ha sido abandonado por la Organización?

Me miró fijamente con sus ojos negros haciendo que cerrara mis puños. Sakura se apresuró a tomarme la mano.

-Lao… llame a la reencarnación de Clow… estoy segura que él accederá a ayudarnos. –dijo lentamente con una sonrisa siniestra mientras su abanico de plumas negras se movía lentamente. –Mataremos a Tomoyo Daidouji… y a su hermano. –finalizó mientras su sonrisa desaparecía y su abanico se cerraba ruidosamente.

Mi sangre se heló y apreté fuertemente la mano de Sakura.

Eriol Hiraguizawa

¿Por qué la torturaba así? ¿No se supone que la amaba? Entonces, ¿Por qué la torturaba de esa forma tan atroz?

La respuesta era simple: la amaba. Simplemente eso. Era egoísta y… y… la amaba.

La rodeé con mis brazos y la acuné lenta y suavemente.

Le seguí murmurando que la amaba una y otra vez tal vez, para consuelo propio.

¡La amaba, Dios mío, ¿era tan difícil de comprender?!

Sus llantos habían cesado hace ya un rato y yo la deje ir.

Me puse de pie incapaz de darle la cara o mantenerme en su prescencia. Y cuando estaba a punto de despedirme de ella entró un hombre vestido de negro.

Me apresuré a llegar a donde estaba Tomoyo.

El hombre sacó sus pergaminos y yo me apresuré a sacar mi báculo.

-¿Así que han traicionado al mismo Syaoran Li? –pregunté al hombre mientras a Tomoyo se le cortaba la respiración. -¡Se han dignado a traicionar al mismo descendiente de Clow! –le grité mientras Tomoyo miraba al hombre con miedo. Su mano empezó a sangrar manchando las vendas de un color carmesí. La tenía que sacar de allí, costara lo que costase solo ella….

-El líder de la Organización de Magia debe tomar decisiones para el bien del equilibrio mágico. No para su propio bien. Syaoran Li… ya no es nuestro líder y no lo consideramos traición. Tengo ordenes de que le propongamos a usted ser el nuevo líder… joven Hiraguizawa.

-Me temo que… -apreté fuertemente la mano de Tomoyo mientras sentía que mi mano se manchaba de sangre. Apreté los dientes. No sabía qué hacer. Sudé frío. –Rechazare la oferta.

El hombre me miró no sorprendido, sólo me miró fríamente.

-La mariposa mágica……. –dijo mirando la mano de Tomoyo a lo cual ella le lanzó una mirada temerosa. –Así que… ha empezado… -susurró lentamente. Apuntó sus pergaminos hacía ella y yo apunté mi báculo dispuesto a protegerla con mi vida.

-Tomoyo…. Te protegeré con mi propia vida…. Busca a tu hermano… no mires atrás.

-No… Eriol…. No… puedo…

-¡No quiero perderte! –murmuré más para mi mismo que para ella.

Giré hacia ella mientras el hombre seguía murmurando hechizos.

La miré mientras ella me miraba con sus orbes amatistas cristalinas.

-No llores… no llores princesa mía… que tus lágrimas son más preciadas que el oro…

Sus palabras se atoraron en su garganta y yo me acerqué para besarla. El último beso…

La puerta se abrió, varios hombres de negro entraron y apuntaron sus pergaminos y flechas.

Murmuré un hechizo mientras Tomoyo gritaba.

-¡No Eriol, espera! Yo… Yo…

-Te amo… princesa….

Notas de autora:

¡Hola! ¿Cómo están?

Son las 3:50 de la mañana… creo que subiré esto mañana. Después de 4 tazas de café he terminado el capitulo. Más largo que los anteriores por supuesto, sé que me matarían si fuera un capitulo de 1000 palabras…

Espero que la espera haya valido la pena de verdad, ¡lo siento mucho! pero como ahora son vacaciones… espero poder actualizar más rápido y tener más inspiración.

Muchas, muchísimas gracias por sus reviews… ¡los adoro!

Y bueno… ¿Qué más? ¡Oh si! ¡Feliz Navidad! Aunque falten unos días… quiero desearles una Feliz Navidad y un Prospero año nuevo. Muchas bendiciones y un gran abrazo a cada uno de ustedes en esta Navidad, espero que la pasen muy bien… y que me dejen un review de regalo, hehe.

En fin, ¡muchas gracias por leer!

Emiko-chan.