Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Kaname Daidouji

-No. No Nakuru, por favor no llores… -le pedí sintiendo el nudo en mi garganta haciéndose más grande a cada lágrima que salía de sus ojos.

-¡¿Cómo quieres que no llores?! ¡Kaname por todos los cielos, vas a morir y me estás diciendo que no llore!

-Yo no elegí esto. –dije a punto de echarme a llorar. ¡De verdad no lo había elegido!

¿Era mi culpa haber recibido esta maldición? ¿Era mi culpa o acaso, era pecado, haber querido amar por unos minutos? ¿Unos segundos?

¿Amar a la maravillosa dama llamada Nakuru era pecado acaso? ¡Alguien respóndame por favor, por lo que más quiera!

-¿Entonces por qué…?

-¡Porque te amo! –la abrace fuertemente sintiendo su suaves cabellos y las lágrimas en mi hombro. –Sabes que de verdad te amo… ¿cómo podía guardármelo? Por lo que más quieras Nakuru, créeme, cuando te digo que te amo, es cierto. Pero tienes que olvidarme si-

Sentí sus labios sobre los míos acallando mis palabras. Cuando se separó pude notar su frente contra la mía y su aliento contra mi piel, así como también sus dedos alrededor de mis muñecas.

-Tus ojos se están volviendo plateados… ¡no morirás! Mi sangre… te daré más sangre… -sus manos temblaban, todo su cuerpo temblaba.

Acaricie su mejilla.

-No soy un vampiro, Nakuru. No vivo de la sangre.

-¡Eriol, por favor haz algo! –dijo dirigiéndose a su creador en un murmullo. En el reflejo de sus ojos pude ver a Eriol Hiraguizawa abrazando a mi hermana no sabiendo que hacer, que decir o como actuar. -¡Eres la reencarnación del mago más poderoso que haya podido existir! ¡Tienes que hacer algo! ¡Kaname no puede morir!

¡Tanta desesperación en su voz….! ¿De verdad podría dejar a Nakuru? ¿De verdad podría dársela a otro hombre?

Cerré los ojos mientras tosía y me sentía cada vez más débil. Debía hacerlo. Porque si no Nakuru no sería feliz. Y yo no quería eso.

-Escúchame, Nakuru. Mírame. –dije buscando su mirada obligándola a que me mirase.

-¿Cómo quieres que te mire cuando tienes una mirada como esa? ¡Kaname cuando te digo que vivirás es que…!

-Nakuru, escucha. Voy a morir. Yo mejor que nadie lo sabe. No. No me repliques, no me interrumpas. –le hablé claramente en un tono triste y consolador. Escasamente consolador. Aún tenía mi frente apoyada en la suya y no me moleste en retirarla. Las lágrimas de Nakuru volvieron a caer una por una sin compasión. –Deja de repetir que viviré porque yo sé que no lo haré.

Sentí un vacio y un nudo en la garganta con tan solo pensar en ello.

Antes de conocerla no había tenido nada por lo que vivir y el único pensamiento que me había rondado por la cabeza era que si moría mi energía regresaría a Tomoyo. Y si no había acabado con mi desdichada vida antes, era por Mia.

Pero ahora era diferente. Quería amar a Nakuru por el resto de su vida, quería quererla, amarla… pero eso no estaba bien. Había estado mal haberla ilusionado de esa forma.

-Ahora escúchame; escucha como siempre lo has hecho. Olvídame. Tienes que hacerlo, es preciso. Quiero que seas feliz….

-¡No seré feliz sin ti, Kaname por todos los cielos! ¿¡Por qué por lo más bendito que exista, no lo comprendes!? –la zarande y después la abracé. Rompió en sollozos.

-¡Lo entiendo, pero no quiero arruinar tu vida!

-Yo jamás dije que…

-Por Dios, Nakuru… tengo 1 hora de vida, no discutas conmigo. Haz lo que te digo, soy vanidoso, soy arrogante, pero soy débil… no podré dejarte ir si no dejas de insistir…

Silencio.

Nakuru sollozó fuertemente y Tomoyo, mi pequeña hermana gemela, le siguió.

Sin embargo, no miré a ninguna de las dos. Aquellas eran las dos mujeres que más había amado en toda mi vida.... y por eso era incapaz de mirarlas. Si las miraba yo…

Me escondí en los largos castaños de Nakuru, buscando lo que debería decir en aquellos momentos. Sentía mis venas y mis arterias arder, mis células comiéndose unas a otras, mis respiraciones volverse incontrolablemente peligrosas y… el ritmo de mi corazón disminuyendo.

-Entonces no lo hagas. –dijo Nakuru lentamente en un murmullo al oído. –No me dejes ir… -terminó.

Murmuré una incoherencia antes de caer rendido en el suelo. Me desplomé.

-Nakuru… Tomoyo… Mia… -nombre los tres seres más queridos por mí en el mundo y cerré los ojos lentamente. Sentí las lágrimas tibias deslizarse por mis mejillas.

-Kaname, ¡Kaname te amo, siempre te he amado! ¡Por favor no me dejes, no me dejes… te amo! –los gritos desesperados de Nakuru y sus zarandeos insistentes. Los sollozos de Tomoyo acompañados por las suaves palabras de Eriol.

-¡Nii-sama… Kaname nii-sama… soy Tomoyo, soy tú hermana… dijiste que podía tener todo lo que quería, te quiero a ti… dijiste que estarías conmigo por siempre… creí que cumplías tus promesas!

Sentí el suelo temblar al caer… ¿o era yo el que estaba temblando?

¿Quién podía responder esas preguntas?

Silencio. Oscuridad.

Adiós mundo, fue un placer vivir en ti… ahora me rechazas, y eso lo comprendo muy bien… después de todo, yo nunca debí haber nacido… los gemelos son uno solo… yo fui un error desde el principio…

Meilling Li

-¿Y bien? ¿Qué esperas? –pregunté insiste al borde de la histeria.

No sabía lo que estaba pasando, pues no tenía magia. Pero lo presentía.

Presentía que algo horrible estaba pasando, no obstante, no podía dejar que precisamente Toya Kinomoto me viera angustiada.

-Escucha, Meilling Li. –hice una mueca al escuchar mi nombre que él respondió con una expresión y una nota sarcástica en su voz y en su rostro. –No sé lo que esté pasando ahora, francamente nunca he comprendido a tu familia rara ni a tus amigos extraterrestres, pero mientras TU estés en MI hospital y seas MI paciente… yo haré lo que yo quiera.

Esta vez fue mi turno de sonreír sarcásticamente.

Bufé.

-¡Hablas como si me conocieras! ¿Qué sabes de mí, de mi familia? ¿Sabes que esta es la primera vez que piso un hospital? ¡No soy cualquier niñita como piensas que soy, Kinomoto! No tengo magia y por eso fui discriminada por mi familia por años. Crecí entre murmullos y sonrisas falsas. Crecí entre miradas de lástima y caricias de "aparente dulzura" Sí. Pero logré ser lo que soy ahora. Soy una Li tan importante como Syaoran. Soy una Li, una descendiente de Clow… soy tan fuerte como cualquiera que haya en mi familia. No necesito tus cuidados. Así que, ¿Me harás el favor de soltarme?

-¿Ya terminaste tu discurso? Pues deja decir el mío. –dijo con una sonrisa sarcástica. –Ya te he dicho que yo no comprendo tu familia rara y me importa y siempre me ha importado un comino lo que tú y tu familia rara sea o haga. –Quise protestar pero una mirada suya y un dedo en mis labios me calló. Yo lo miré desafiante con los dientes apretados sintiendo toda la furia acumularse en mi interior. –No tienes magia, tú misma lo has dicho. Evita… DEJA de meterte en asuntos que NO te conciernen. Las personas comunes y corrientes como tú y yo solo pueden retirarse y verlos desde lejos. ¿Comprendes?

-No. No comprendo. Y no quiero comprenderlo. ¿Acaso no te preocupa tu hermana? ¿Tú prima Tomoyo y tu primo Kaname?

-¿Y qué puedes hacer?

Abrí la boca para decir algo para luego recordar que no sabía qué.

Sonrió.

-Nada… y por eso tienes que quedarte aquí. –baje la vista asintiendo derrotada. Por fin me soltó.

-Iré a preparar café. –dijo para después salir de la habitación. Me quede allí, sola, sin saber que mas decir. Sin saber que más hacer.

¿De verdad solo servía hasta allí? ¿No había nada más en lo que pudiera ayudarle a mi ángel?

Me recosté en la almohada mirando el techo sintiendo las lágrimas acumularse en mis ojos nublándome la vista.

Si era así… ¡¿Por qué había luchado todos esos años?!

Me abrace las rodillas apoyando mi frente en un brazo y usando el otro para cubrir mi rostro de manera que pudiera detener mis lágrimas.

-Hey, chiquilla…

-Desde niña me dices así… tengo un nombre, ¿sabes? –repliqué sin querer mirarlo.

Escuché el sonido de la puerta cerrarse y después sentí que se sentaba a mi lado.

-Tienes que superarlo…

-¿Superarlo? –sonreí amargamente. -¿Superar el hecho de que no puedo hacer nada? ¿Superar el hecho de que todo lo que he hecho hasta ahora, es inservible? ¿¡Superar el hecho que meramente gaste y desperdicie mi tiempo!? –lo encaré no importándome que me viera llorar. El me miraba serenamente sin saber el hecho de que era la primera persona además de Tomoyo y Syaoran, que le permitía verme llorar.

Lanzó un largo y prolongado suspiro a lo que yo respondí tomando una gran bocanada de aire.

-No soy muy bueno haciendo estas cosas… -levanté mi vista. Parecía realmente turbado con eso. Por una fracción de segundo pareció cómico y si no hubiera estado a punto de echarme a llorar como una cría, me hubiera reído.

Lo que me impidió hacerlo fue la vaga calidez que sentí cuando me rodeó con sus brazos. Era una vaga calidez… un vago sentimiento que recordaba a….

NO, NO, NO, ¡MEILLING LI CONTROLATE!

¿En que estaba pensando?

No. No era amor lo que irradiaba. Y el hecho de que me hubiera aferrado a su pecho y de que me hubiera echado a llorar dejando salir todas las lágrimas que había retenido por todo ese tiempo no significaba nada.

Sólo era que necesitaba a alguien a quien abrazar y allí había estado él. No era que le estuviera agradecida ni tampoco lo consideraba un gesto amable o lindo. No.

Meilling Li no pedía favores ni mucho menos agradecía aquellos que ni siquiera había pedido.

Sakura Kinomoto

¿Qué podía hacer en aquellos momentos?

Tiempo atrás cuando era niña podía librarme de todo diciendo un "todo está bien", pero… ¿y en aquellos momentos?

¿Qué podía hacer cuando Syaoran me abraza de esa forma tan temblorosa y me murmuraba tantas veces "te amo"?

¿Qué podía hacer cuando veía la sensual imagen de un vampiro clavándole los colmillos a una bruja? ¿A una bruja que por cierto, era conocida por su frialdad y que ahora se encontraba más dócil que ninguna otra creatura existe que hubiera conocido?

Nada. No podía hacer absolutamente nada más que responder el abrazo que Syaoran me ofrecía con tanto cariño. Y consolarlo por supuesto, darle mi apoyo incondicional como siempre lo había hecho.

-Vámonos, Syaoran. Ven conmigo… mientras estemos juntos, todo estará bien, ¿cierto?

-¡No, no estará bien, Sakura! Tengo que salvar a Kaname… una hora… ¡una bendita hora de vida! ¡Es mi culpa! –murmuró mientras yo negaba.

-No es tu culpa. Yo tampoco cuide bien de Tomoyo…

-¿Y qué haremos ahora? –preguntó desesperadamente rompiendo el abrazo mirándome directamente a los ojos.

No respondí. No supe que responder.

Antes de que pudiera decir otra cosa o que el sólo pensamiento se hubiera formado; Ieran Li, con su elegancia y refinancia de siempre apareció haciendo gala de su serena belleza. Vestía como siempre desde la muerte de su esposo Hien Li, de luto blanco y sus cabellos negros peinados en un peinado alto. Su cara pintada de blanco y sus ojos de negro resaltando sus maravillosos rasgos. Y por supuesto, como toda dama china, llevaba un abanico en mano.

-¿Kaoru-san? ¿Podría explicarme esto? –dijo sin perder toda su elegancia apuntándola con el abanico.

Kaoru se tambaleó un momento. Masaru la rodeó con su brazo, pasándose la lengua por los labios para limpiar toda la sangre que había derramado.

-Ieran…-sama. –dijo en murmullo ronco Kaoru. Masaru la miró preocupado. Pude notar la vaga energía que le quedaba y el esfuerzo que hacía por mantenerse en pie y aclarar su vista puesto que parecía mareada y confundida. Masaru parecía a punto de llorar.

-¿Tienes… más sed? –preguntó Kaoru por fin. Masaru negó.

-Estoy bien. –dijo besando su frente. Kaoru le miró por unos segundos para después asentir.

-Ieran-sama. Creo que mandamos a una mensajera para…

-En efecto, Kaoru-san. Sin embargo, no lo entiendo. ¿Por qué la Organización me está traicionando? ¿Acaso no…?

-Creo que lo hemos dejado muy en claro, mi estimada Ieran. –dijo otro hombre cuyo nombre no recordaba. El hombre se estrujó las manos. Silencio.

Por fin, el hombre se acercó con mirada decidida pero pasos vacilantes. ¿Por qué? Porque Ieran Li a pesar de ser una mujer amable en el fondo, podía dar miedo. Y mucho.

-No lo creo, señor Yang. –dijo fríamente Ieran. Yang… aquel era el nombre del hombre. Ieran alzó las cejas y se acercó con paso majestuoso hacía donde estábamos Syaoran y yo.

Entonces me di cuenta que estaba temblando.

Tomoyo Daidouji

Ansiedad. Eso era lo que sentía, una terrible ansiedad.

Estaba arrodillada en el suelo llorando a lágrima viva apretando insistentemente la mano de mi hermano gemelo mientras que Nakuru, lucía mucho peor.

Nakuru Akizuki, la valiente y alegre chica que había conocido cuando era niña, estaba irreconocible. Largos ríos de lágrimas corrían por sus mejillas y se abrazaba al cuello de Kaname. Eriol trataba de calmarnos a ambas diciendo que Kaname estaba bien.

Pero yo sabía que no era así.

Un hilo de sangre corría por entre los labios de mi hermano y sudaba a causa de la fiebre. Su mano, al igual que la mía, sangraba. Pero no pude evitar sentirme con mucho más energía que antes. Supongo que la leyenda del equilibrio era cierto… ¿lo había dudado antes? No. Sólo había tenido la esperanza de que no fuera así.

-Kaname nii-sama… Kaname… por favor…

-Tomoyo, tenemos que llevarlo a un doctor. –murmuró en voz baja a mi oído. Pero Nakuru lo oyó y en seguida se puso a temblar de rabia y a mirar a Eriol con furia.

-¡Llevarlo a un doctor, y, ¿Cómo demonios piensas hacer eso?! ¿No lo ves? ¡Kaname no necesita un doctor, necesita la maldita magia que tú tienes de sobre pero que simplemente te niegas a dársela!

Era la primera vez que veía esas bonitas facciones arrugadas por el llanto y la furia. Nakuru temblaba y en su voz se oía claramente la angustia por la que estaba pasando. No pude hacer más que recargar mi frente con la de mi hermano y rogarle en silencio que despertara. Que volviera.

-Kaname… te necesito… Nakuru también te necesita… papá y mamá querrán verte, no puedes irte sin despedirte ¿sabes? –murmuré.

Sentí la mirada de Eriol preocupada sobre mí.

-Oh, ¡Claro, ignórame si quieres! –gritó Nakuru.

-Cálmate. –le dijo Eriol.

Nakuru estaba escandalizada. Le tomó el cuello de la camisa furiosa.

-¡Si crees que la ciencia y la medicina mortal le pueden salvar, ve… ¡ve a buscar un doctor! ¡Pero no te atrevas a pedirme que me calme! –dijo rechazando la ayuda que le estaba ofreciendo Eriol.

Eriol me miró y murmuró un "buscaré un doctor" y otras incoherencias para después salir corriendo a cumplir lo dicho. Y yo me quede allí, con la mujer que mi hermano amaba más que a su propia vida.

Sus sollozos desgarradores acompañaron los míos.

¿¡Por qué Kaname tenía que haber caído ahora!?

¿Por qué?

Empecé a sentir las lágrimas fluir aun más rápido por mis mejillas.

-Kaname…

Toya Hiraguizawa

La aparté de mí desviando la vista al sentir unos pasos acercándose.

-Eh… oye…

-Estoy bien. Y ya te dije que tengo un nombre. –bufé ante lo dicho. La chica Li se limpió las lágrimas respirando hondo.

Grande fue mi sorpresa al ver a Eriol Hiraguizawa entrar sin tocar (pues este era muy refinado, con sus modales y sus costumbres inglesas), con ropas desordenadas y un brazo vendado con una improvisada venda… (Un pedazo de la manga de su camisa) y respirando dificultosamente apoyando un brazo, el no lastimado, en el marco de la puerta.

-Doctor Kinomoto… necesito… su ayuda… -lo miré por unos instantes tratando de comprender lo que quería decir. Sangre roja manchaba sus ropas y su mano izquierda. Su expresión era claramente urgente y frustrada.

-¡Kaname Daidouji… algo le ha pasado! –miré de reojo como Meilling se tensó y nuevas lágrimas amenazaron con salir al tiempo que se ponía de pie. Yo hice lo mismo una fracción de segundo después. Recogía los instrumentos que creí que necesitaría y salí detrás de mis otros acompañantes.

Algo me decía que el chico no estaría bien en mucho, mucho tiempo.

-¿Dónde está Tomoyo? –pregunté aclarándome la garganta.

-Con su hermano, por supuesto. Nakuru también está allí. –dijo mientras corríamos. No me extraño no ver ni un alma en ninguna de las salas de espera, todos los doctores habían sido citados para la famosa Junta que yo había rechazado asistir, y las enfermeras cuidando y asegurándose de la seguridad de cada paciente… y, considerando el famoso hospital de 99 pisos, era bastante difícil que hubiera una enfermera con tiempo de sobra.

Por fin lo vi allí, tendido en el suelo mientras dos magdalenas le lloraban a lágrima viva. La escena me recordó un funeral. Tuve un escalofrío al pensar en ello. Porque, a pesar de que enano fuera un mocoso insolente que no sabía apreciar su propia vida, era mi primo y hermano de mi prima. Mi prima más querida entre todas las que tenía, y la mejor amiga de mi hermana Sakura.

Me arrodille checando su presión, tarde un buen rato en encontrar el pulso, no obstante, aunque era débil, sobreviviría. Lo cogí en brazos para llevarlo a la habitación vacía más cercana.

Akizuki tomó el brazo de Tomoyo, y Meilling Li se unió a ellas. Las tres amaban profundamente al joven que tenía en brazos, eso era palpable.

No tenía tiempo para pensar en ello. Me apresuré a conectar cables y tubos para encontrar la forma de salvar al joven cuya vida se estaba escapando con cada respiro, que por cierto, eran muy escasos.

Me preocupaba el enano y me preocupaba mucho.

¿Y si no lograba sobrevivir? ¿Tendría la suficiente fortaleza para comunicarle a mi querida prima la muerte de su hermano gemelo? ¿Y qué de Meilling Li, esa chiquilla orgullosa que no sabía hacer otra cosa más que alabarse a sí misma? ¿Y de Akizuki, la joven alegre cuyo rostro ahora estaba destrozado por la amargura, soledad, anhelo, frustración, histeria…? ¿Qué haría con aquellas tres jóvenes?

Toya Kinomoto era realista.

Sabía perfectamente que Kaname Daidouji, desde un ángulo medico, debió haber muerto hace largo tiempo. Y sin embargo sobrevivió, ¿un milagro médico? Sí, tal vez era aquello. Pero yo no creía en milagros. Y ni mucho menos creía o esperaba que en aquellos momentos sucediera uno.

Conecté el oxígeno y vi como la respiración del chico se calmaba y su presión sanguínea volvía lentamente a un ritmo, no normal, pero era mejor que nada. No obstante, la punzada de dolor en su rostro no mejoró, ni tampoco los temblores que tenía en sus manos. Miré de reojo lo que sucedía alrededor de mí.

Akizuki se sentó a su lado y le limpió el sudor que tenía en la frente con un pañuelo blanco mientras que Tomoyo estaba abrazada llorando a lágrima viva, a Eriol Hiraguizawa. Y Meilling Li estaba a mi lado mirándome fijamente esperando respuestas.

Respuestas que ni siquiera yo mismo tenía.

Saqué unas vendas y cambié la venda de Kaname mirando por segunda vez aquel signo tan extraño que parecía una mariposa, marcada con sangre. Le vendé también el otro brazo y el cuello, así como la cabeza. Tenía heridas que no había sido provocadas por la enfermedad, y el chico tenía cicatrices… todo aquello era, científicamente, inexplicable.

Les indiqué con un gesto a Tomoyo y a Hiraguizawa que se acercarán, todo lo hice en silencio. No era el momento para hablar. Aún no. Retiré la venda con el mismo cuidado y delicadeza con el que había hecho con Kaname, y le desinfecté la herida, al ver que tenía demasiada sangre. Pude notar que era el mismo signo antiguo y extraño. Negué dos veces. Después Hiraguizawa se retiró el improvisado vendaje. Ugh, era un corte que le debería de estar doliendo horrible… no era profundo más no pasaba por superficial. Tenía los puños crispados lo que hacía que la herida se viera aún más horrible que lo que realmente era. Proseguí a quitarle la sangre que no paraba de salir con un pedazo de algodón remojado con alcohol. Una vez terminado el trabajo le vende la herida.

-¿Sobrevivirá? –murmuró Meilling lentamente como si temiera la respuesta. Estaba temblando y lágrimas resbalaron por sus mejillas. Yo me limite a encogerme de hombros, sin saber qué decir o hacer exactamente. -¡Eres un doctor deberías saberlo! –murmuró con insistencia y amargura encerrada en su voz. Me puse de pie.

Apretó con fuerza un extremo de la bata blanca que traía y se abrazó a mí con tal anhelo e insistencia que no pude moverme. La miré. Allí estaba, la chica más orgullosa del planeta, abrazada a mí como si su vida dependiera de ello.

Quería acariciar sus cabellos, limpiar sus lágrimas… pero aquello era imposible. ¿Por qué? Porque yo también era orgulloso y no sólo eso, Meilling se ofendería por tal gesto. Ofendería su valioso orgullo, que por cierto, era tan grande como el mío.

-Cálmate, Li. –dije fríamente, con aparente indiferencia. La realidad era que quería responderle el abrazo, pero me contuve, aquello estaba mal. Muy mal. Me estaba dejando llevar por el encanto que inspiraba aquella chiquilla. Y eso me preocupó. –me giré al ver al enano, soltándome del abrazo de la chiquilla. Le volví a tomar el pulso.

Me irritó y me preocupó a la vez. Si, la presión ciertamente era más clara y yo no tarde tanto en encontrar su pulso, pero aún no era completamente normal, y lo mismo pasaba con su respiración. Necesitaba un donante, y rápido.

Pero… ¿Cómo diablos encontrar un donante si ni siquiera existía la sangre que corría por las venas del muchacho? Kaho había dicho que esperara, que volvería pronto, que no tardaría más de 1 hora… ¡Tres horas habían pasado y ningún doctor había salido de aquella junta!

-No te esfuerces, Toya. La ciencia no lo salvará. –dijo Akizuki con un tono amargo que nunca le había escuchado. –Lo único que lo puede salvar es…

-¡Nakuru entiende que no todo se soluciona con magia!

-Y tu entiende Eriol, ¡Qué si bien no todo, esto SI se solucionará con magia!

-¿Y qué? ¿Unas gotas de mi sangre y ya? ¿Asunto arreglado? ¡Nakuru no es tan fácil!

Silencio. Pude sentir el ambiente tensarse.

Li se sentó junto a Nakuru pasándole un brazo por los hombros en señal de apoyo.

Hiraguizawa estaba frustrado y casi histérico. Tomoyo trataba por todos los medios tranquilizarlo, le pasó los brazos por la cintura y se aferró a él. El cuadro me recordó los momentos que había pasado con Kaho.

Lancé un largo suspiro al recordar aquello.

Ciertamente, los momentos que había pasado con Kaho habían sido los mejores de mi vida. Kaho era una mujer madura y encantadora, por no mencionar su belleza, pues no importa quién le conociera, si la veía lo primero que pensaría sería "wow… ¿esto es el cielo? ¿Lo que veo ante mí, es una diosa? ¿Un ángel?"

Sin embargo, independientemente de eso, yo había amado a Kaho. Y el que se fuera me destrozó en silencio. Veía su rostro en todas partes, no reconocía mi reflejo ante el espejo y no sentía nada más que la sensación de sus brazos rodeándome, abrazándome, queriéndome. Y sus labios. Kaho besaba de forma lenta, disfrutando cada instante… y yo, en el tiempo que habíamos pasado juntos, me había hecho adicto a sus besos. Me había vuelto adicto a ella.

Y sin embargo yo sabía, muy en el fondo, que aquello no funcionaría. No sólo era el gran tramo de diferencia entre la edad, no. Kaho Mitsuki era la única heredera de un gran templo, yo tan sólo era un chico de una familia común y corriente. Kaho era una mujer increíble y tenía magia.

Magia. La palabra me sonó distante y me trajo vagos recuerdos de Sakura junto al mocoso y a la chiquilla que ahora tenía enfrente. Disipé esos pensamientos, tenía que intervenir ahora, no soportaba tanto grito y tanto sollozo. Era demasiado drama, y yo me irritaba fácil.

-Akizuki, cálmate, ¿quieres? –dije con cierto tono irritante que la hizo girarme a mí furiosa.

-¿Qué me calme? ¡Qué me calme! –dijo con un resoplido. Se puso de pie mirándome con enojo y roja por la furia. -¡¿TÚ me dices que me calme a MI?! –dijo apuntándome para luego apuntarse ella misma. Se echó a reír. Pero yo sabía que era una risa amarga, que estaba cansada de llorar y que reír era la única forma de reemplazar el llanto.

Recordé una vez más, vagamente, aquellos recuerdos de la preparatoria.

En el tercer año, una misteriosa y extraña chica, muy parecida a mi buen amigo Yukito, se apareció ante mis ojos. Lo primero que había hecho al conocerme era lanzarse a mis brazos, sin que yo opusiera resistencia alguna. ¿Por qué? Porqué yo sabía que Nakuru Akizuki no había estado enamorada de mí, y por eso lo había dejado pasar. No me importó que me tomara por un pasatiempo, pues yo también hacía lo mismo.

Nakuru Akizuki me pareció una chica extraña, enigmática, rara y tal vez con un grave exceso de azúcar. Y si no fuera porque todo el Instituto, e incluso mi amigo de toda la vida, Yukito, la veían con tal admiración que casi parecía que podían besar la tierra que pisaba dicha joven, nunca le hubiera puesto atención.

Hasta que la conocí, en mi vida solo existían 8 personas: mi difunta madre Nadeshiko, mi hermana pequeña Sakura, mi prima Tomoyo, mi bisabuelo, mi tía Sonomi, mi padre Fujitaka, mi mejor amigo Yukito Tsukishiro, la contraparte de Yue y mi amada Kaho Mitsuki.

El mundo podía acabarse, pero mientras tuviera esas 8 personas a mi lado, no lo habría notado.

Eso fue hasta que la conocí a ella. Con su larga cabellera castaña y sus largas pestañas, abrazando y hablándole por su nombre a cualquier chico independientemente si lo conociera o no, me pareció interesante. Y lo que fue aún más interesante fue que tratará con tanto empeño alejarme de Yukito. De modo que la deje pasar, la deje abrazarme y murmurarme falsos "te quiero" la deje tomar su papel de actriz tal como quería.

Cuando se fue a Inglaterra ni siquiera nos despedimos, y no me importó. En aquel entonces yo no tenía idea en que sí la volvería a ver. Todo había terminado. O eso fue lo que pensé hasta que apareció ese enano Daidouji.

Yo JAMÁS había pensado que Tomoyo tendría un gemelo. Yo había nacido mucho antes que ambas, ¿Por qué no lo sabía entonces? ¿Acaso no había sido yo, una de las primeras personas en tomar a la pequeña Tomoyo en brazos? ¿Qué había pasado con su hermano en ese entonces?

¡Era absurdo!

-Todos aquí sabemos muy bien lo que está pasando, Akizuki. Kaname Daidouji, lo quieras o no, está muriendo. La sangre le falta, sus pulmones se esfuerzan pero no hay mucho resultado y su corazón esta parando sus latidos. No existe nada en el mundo que pueda parar la muerte.

-La muerte no se lo llevará. –dijo ella decidida, convencida de lo que decía. Miré de reojo a Li quien había empezado a temblar, deduje que estaba llorando y también a Tomoyo, quien había roto en sollozos y se abrazaba a Hiraguizawa bastante desconsolada.

-Científica y medicamente, Kaname Daidouji debió haber muerto hace largo tiempo. Tú desafiaste el destino dándole tu sangre. Alteraste SU destino y el de TODOS aquí, y cuando digo aquí y todos me refiero a EL MUNDO en general. –dije haciendo énfasis en varías palabras.

Sentía la misma necesidad de cuando había querido mostrarle la verdad a la chiquilla Li.

-Eriol hizo lo mismo… ¡Y Tomoyo no se está…! –paró en seco, miró de reojo a su amiga para después fijar su vista completamente en mí. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿No te importa? ¡Es un ángel! No lo conoces, no lo amas, no lo adoras, no lo quieres… una persona así nunca, jamás comprendería lo que estoy sintiendo. Estoy a punto de perderá la persona que amo más que a nadie y dudo mucho que tenga mucha cordura restante. Estoy haciendo acopio de todas mis fuerzas recordándome que esto es un hospital y de no echarme a llorar, Kinomoto. No te atrevas a darme ese aire de superioridad y serenidad… ¡no te atrevas a decir que si Kaname Daidouji muriera no te importaría! –gritó por fin estallando en llantos. Meilling hizo lo mismo y Tomoyo le siguió. La sujete por los hombros.

-¿Te olvidas de que es mi primo? Yo nunca dije que no me importe. Pero entonces dime, ¿Qué pasará si pierdo mi compostura? Soy médico y hago lo que creo que es mejor. Si no me mantengo calmado, no pensaré con cordura y si no pienso con cordura no podré salvar la vida de Kaname. No me malinterpretes, en mis 23 años de vida, nunca me había sentido tan frustrado. –dije para después girarme y sentarme en un silla al tiempo que le cogía otra vez la muñeca para tomarle el pulso. No la miré porque no tenía el valor para ver su expresión ni sus labios temblorosos tratando de encontrar una excusa.

Meilling me miró fijamente, pude sentir su mirada y acto seguido, apoyó su cabeza y sus brazos en mi regazo. Me quité la corbata y al miré. ¿Qué pretendía?

¿Qué más daba? Le acaricié sus largos cabellos y su tacto era tal como me lo había imaginado, suave, sedoso. E increíblemente brillante.

Sentí como se estremeció y vi como Eriol se llevaba a Tomoyo en brazos después de que yo hubiera asentido. Tomoyo forcejeó, pero Eriol la obligó a irse.

Lancé un largo y prolongado suspiro mientras pensaba como reviviría a aquel joven de los más profundos abismos de la muerte.

Y no era tonto, al chico le daba igual morir o no si es que con ello le beneficiara a otra persona. No tenía razón ni fuerza para vivir más que la mujer que ahora tenía enfrente, sentada al otra lado de la cama, apretándole la mano y murmurando plegarias: Nakuru Akizuki.

Tomoyo Daidouji

-¡Es mi hermano! –forcejé. ¡Era mi hermano! ¡Kaname era mi hermano! ¡¿Cómo se atrevía a…?!

-Tomoyo, escucha.

-¡No voy a escuchar! Suéltame.

-¡Tomoyo, Kaname no puede oírte! ¡No puede verte! ¡Dejó de escucharte hace mucho!

-¡Es mi hermano! –dije mirándolo. Estaba llorando, lo sabía. Sentía mis lágrimas resbalar por mis mejillas. No podía decir otra cosa. Las palabras se me atoraban en la garganta y aunque estaba haciendo todo el esfuerzo que tenía, mi voz no podía formar otras palabras más que esas.

Eriol me abrazó en silencio.

-Ya lo sé. –murmuró. –Pero si sigues allí te deterioraras. No lo soportarás. No quiero que pase eso, ¿Sabes?

-Basta… no quiero… escucharte más.

Sentí como Eriol se tensaba. Pero era vagamente consciente de ello.

Mi mente estaba nublada por la visión de Kaname, mi hermano gemelo, cayendo al suelo luchando por oxígeno y tosiendo sangre. ¡Era mi hermano… mi querido y adorable hermano! Lo había perdido una vez… ¡no quería perderlo otra vez!

No quería lastimar a Eriol, que eso quede claro. Pero… entre Eriol y Kaname…

A Eriol lo tendría por siempre… ¿Y Kaname? ¡Por supuesto que no!

¡Eriol no se estaba muriendo! En cambio mi hermano…

Cerré los ojos.

-Tomoyo… Kaname tiene a Nakuru. Nakuru lo cuidará, Nakuru lo ama. Tienes que entenderlo… escúchame, cuando Kaname despierte, tendrás toda la eternidad para estar con él, ahora dame estos momentos a mí, y a Nakuru, ¿quieres? –murmuró temblorosamente abrazándome. –Te amo.

-¿Qué entiendes tu por amor, Eriol? –pregunté en un murmullo. Hablábamos en murmullos y ni siquiera me había percatado. –"Amor"… -sonreí.

-¿Qué quieres que te diga?

-Lo que pienses al respecto… ¿Una definición literaria? ¿Científica? ¿Poética?

-¿Por qué piensas eso? ¿Por qué… me preguntas esto?

-Porque quiero saberlo. Y porque yo no creo en el amor.

-Entonces yo te enseñare… pero para eso dame tiempo. Te llevare al mar como querías… solo… quédate conmigo… ¡por favor…! ¡Yo…!

Le pasé los brazos por el cuello y me acerqué para besar su frente.

¿De verdad podía dejar a mi hermano de un lado? ¿De verdad podía dejarme llevar por el "amor" y olvidarme de este?

Quería escapar. Quería huir. No quería saber nada de eso. La realidad es cruel, malvada… dura. No es un cuento de hadas, ni una película ni un libro o una novela. Es pura, cruel, palpable. No se puede cambiar. No lo puedes desgarrar.

Lo único que es frágil son las ilusiones, los sueños, pero para ello… ¿lo estamos viviendo dos personas, no?

Eriol y yo. Escaparíamos juntos.

Aunque algún día la realidad tuviera que volver a envolvernos, al menos podre tener la certeza de que en algún momento, viví un sueño que para mí, será suficiente, porque creeré que fue una realidad. Y tal vez para mí lo era.

Amaba a mi hermano. Lo amaba más que a nada en el mundo porque era mí otra mitad, mi reflejo. Dicen que los gemelos son una maldición, que es una crueldad. Que un niño tuvo que robar la mitad de la vida del otro, de su propio hermano, para poder vivir. ¿Es eso cierto? ¿Es mentira? ¿Es falso?

¿A quién le importaba todavía eso? El mundo estaba cambiando, evolucionando. La magia quedará olvidada algún día, y yo me dejaría llevar.

No creía nada, ni en el amor, ni en la muerte ni en la reencarnación. Las cosas pasarían como Dios lo decidiera y yo no interinaría. No más.

-Bésame, Eriol. Quiéreme, llévame lejos… llévame al mar, llévame al sueño de amor que nunca pude alcanzar…

Eriol se estremeció.

Kaho Mitsuki

Estaba escandalizada, eufórica.

¿Cómo podía ser qué…?

¡Entendía las consecuencias pero me rehúsa firmemente a usar otra vida por otra! Eso era… ¡no era justo!

¿De qué servía salvar una vida si teníamos que perder otra?

Estampé mi puño sobre la superficie de la mesa al igual que muchos otros hombres y mujeres se levantaron protestando igual de escandalizados que yo.

-Por favor, explíquenos lo que quiere…

-Creo que lo explique perfectamente, señorita Kaho.

-¿"Perfectamente"?

-¡Pretende decir que usemos a…!

-Estoy dispuesta a sacrificarme por mi amo, señorita. Creo que ya he vivido suficiente…

-¡No! ¡Me rehúso a usar otra vida por otra! –dije mirando a Kenji Daidouji directamente a los ojos. ¿Cómo podía estar tan tranquilo diciendo que…?

-Señorita Kaho, creo que usted debe entender mejor que nadie el porqué de mis decisiones. He viajado por todo el mundo buscando una solución y a esto es a lo que he llegado.

Me crucé de brazos.

-No. Creo que no comprendo lo que quiere decir, señor Kenji.

Me miró como si no se convenciera de ello. Se puso de pie con mirada sombría. No teníamos tiempo que perder, todos lo sabíamos perfectamente. Yukito era el único que no se había levantado junto con Mia quien estaba sentada en su regazo.

-¿Me permite recordarle entonces? Tanto en la magia como en la alquimia usamos un solo principio: no puede salir una cosa de la nada. Cuando usamos magia, usamos la energía o el aura de uno mismo para transformarla en algún otra cosa, así mismo… creo que ya conoce los principios de la alquimia.

-Señor Kenji, no tenemos tiempo para sus clases de…

-Lo entiendo perfectamente, señorita. ¿Por qué no razona un poco lo que acabo de decir?

Lo miré por largo tiempo hasta que por fin, un científico de edad avanzada habló con voz ronca.

-¿Sin sacrificios no hay vida? ¿Esa es la única… solución? ¿Le quitaremos la vida a una inocente para implantarla en un joven de 17 años?

-Vivirá eternamente… -murmuró otro.

-No hay otra solución… -continuaron. Los murmullos no cesaron hasta que Mia, la inocente muñeca que estaba dispuesta a cometer aquel… ritual… habló.

-Entiendan, que la Organización quiere… -tragó fuerte. –Acabar con sus vidas, es porque si no lo hacen… la magia de ambos seguirá aumentando… nada es bueno en exceso. El mundo explotará incluso si estos no quieren. Dos jóvenes no pueden controlar tanta magia, por eso Clow decidió morir. Decidió renunciar a la vida eterna… por el bien de este mundo. –hizo una larga pausa tomando una gran bocanada de aire. –Entiendan, caballeros, que… no importa lo mucho que traten de controlar esa magia… no podrán hacerlo. La Organización teme… pero, nosotros podemos hacer que entiendan. Vivirán. Ambos. Yo moriré por Kaname, tomaré su alma y la purificaré, lo salvare de su destino.

-Aún no comprendo lo que quiere…

-No es necesario que lo comprenda. Ahora, no tenemos mucho tiempo… ¿si se nos permitiera comenzar?

-Una última pregunta. –dije aclarándome la garganta demasiado sorprendida para hablar de más. -¿Por qué hace esto?

Mia sonrió y agitó sus largos rizos rubios.

Me miró triste y largamente al tiempo que se acercaba a mí. Sus tacones resonaron en todo el trayecto por toda la mesa de cristal.

-Quiero que viva… quiero que ese ángel tenga la felicidad que merece. Y además… -su tristeza se intensificó. –Debo un favor, y debo cumplirlo… fue un placer conocerla. A todos ustedes. –hizo una reverencia y se dio la vuelta asintiendo con un gesto dirigiéndose a Kenji Daidouji.

Kaname Daidouji

Oscuridad. El acostumbrado paisaje oscuro, carente de emoción alguna. Carente de todo color y alegría.

El acostumbrado borde entre la vida y la muerte. ¿Sobreviviría esta vez? Lo dudaba.

Mire el suelo bajo mis pies, brillante… casi… irreal. No sentía aquella sensación firme bajo mis pies. Parecía que no estaba parado sobre nada, el aire que "respiraba" tampoco era real. La vida se me escapaba a cada segundo que pasaba. Y en todo lo que pude pensar, fue "por fin"

Por fin iba a morir. Mi energía regresaría a mi hermanita Tomoyo, quien, después de todo, le pertenecía "mi" energía, que en realidad había sido suya desde el principio. Lo único que lamentaba… era…

Nakuru. Mi bella y adorada Nakuru. Sus ojos castaños mirándome, sus dedos largos pasando por mis cabellos, sus suaves labios en los míos. Lo único que lamentaba, era no haberla conocido antes, no haberla amado antes. No haberla descubierto antes, y no haberla besado y tomado en mis manos antes. La amaba con locura, y quería que fuera feliz… ¿Estaría feliz sin mí? ¡Por supuesto que no! Mi vanidad y arrogancia me lo gritaba a cada momento, pero un nudo se me formaba en la garganta cada vez que pensaba en ello… y no quería ceder a aquella vocecilla que me dijera que me olvidara de mi hermana y que viviera.

Pero era… era… mi hermana. Mi pequeña y dulce hermana. Yo sabía que ya no me pertenecía, que le pertenecía completa y únicamente a Eriol Hiraguizawa. Pero quería que fuera feliz, tanto conmigo o sin mí.

Nakuru, Nakuru, Nakuru. Nakuru quien me enseñó el mundo, Nakuru quien me trajo la alegría y la razón de vivir y el valor para proteger a una persona una vez más. Pero estaba bien así, Nakuru me olvidaría, le costaría, sufriría y tal vez nunca fuera completamente feliz pero viviría. Viviría y me olvidaría, y eso era lo importante. Yo la miraría sonreír desde el cielo, si es que existía uno, y yo sonreiría también.

¡Ha! Me estaba trastornando, de eso estaba seguro, estaba sintiendo la famosa melancolía y nostalgia de la muerte. Me senté en ese espacio vacío carente de esperanza apoyando mi rostro en mis rodillas.

Siempre había sido un romántico, y no me importaba serlo. Me servía bastante en estos momentos.

Me lleve la mano al pecho tratando de reprimir mis lágrimas. No lloraría. Desde niño había soñado con ese momento, y lo único que me había retenido era mi deseo egoísta y caprichoso de querer ver a mi dulce hermanita de nuevo. Ahora que la había visto y que había conocido y reconocido que le pertenecía completamente a Eriol Hiraguizawa, podía vivir en paz. Vería a mis abuelos, a mis tíos, a mis primos… a aquellas personas que me habían cuidado y me habían querido antes de dejarme solo en ese mundo cruel y frío. Aquellos que habían llorado ante la gran mentira y engaño que había hecho mi madre.

A todo esto deseo decir que nunca culpe a mi madre de nada. Sinceramente, no sé lo que impulsó a mi madre a esforzarse a crear tantas mentiras… tantos engaños… tantas lágrimas, pero no la culpó. Quiero pensar que fue para proteger a Tomoyo, no a mí, no. Ya no pienso con tanta vanidad. No por protegerme a mí, si no a Tomoyo, a quien siempre mimo y quiso como una princesa, después de todo, era su hija….

Y yo también era su hijo.

Sentí un pinchazo en el corazón. Apoye mi frente en mis rodillas. ¡Mi madre no tenía la culpa! ¡No podía culparla ahora! Pero si no lo hacía ahora… ¿tendría la oportunidad de hacerlo en otra ocasión? ¡NO! Me estaba dejando llevar, sí, me estaba trastornando.

Respiré hondo.

Seguí recordando. Mi padre… siempre había sido tan amable, tan fiel… tan leal conmigo. Nos había querido a ambos con la misma dulzura y nos había abrazado con equivalente amor. Yo lo quería, así como también quería a mi madre.

El doctor Akizuki, quien me había atendido con toda la amabilidad del mundo. Con amabilidad que estaba seguro que no era ni lástima, como con la que me trataban algunas enfermeras, no todas por supuesto, solo algunas.

Kaho Mitsuki. Mi bruja y hechicera. La primera adulta además del doctor Akizuki y mi padre en la que había confiado, ¿la lastimaría por mi muerte?

Alcé mi vista, extendí mi mano como tratando de alcanzar algo. ¿Sabía lo que era? Sí. Todas las personas que me habían amado… las tenía justamente en frente de mí, aunque fuera una ilusión, estaba bien. Después de todo, era una bendición ver a las personas que amabas antes de cerrar tus ojos para un sueño eterno.

Si existía un cielo, ahora lo sabría. Si existía un infierno, igual lo sabría. Y si no existía nada, absolutamente nada… tal vez no tendría la suficiente fuerza para soportarlo o creerlo, pero igual, lo sabría.

Sentí por última vez los labios de Nakuru en mi frente, sus largos dedos enredándose entre mis cabellos para después bajar a mis hombros y darme un abrazo. Sentí su respiración cerca de la mía y lentamente, compare mis latidos con los suyos. Estaba muriendo, lo sabía. Me recosté en ese espacio tan extraño no separando los ojos de esa ilusión de mi ninfa ni por un momento. Estaba decidido a hacer esa expresión mi último deseo.

¡Ah! ¡Cómo quisiera que aquel momento hubiera sido realmente… real!

Nakuru Akizuki

-¡¿Toya que pasa?! –pregunté asustada. No solté la mano de Kaname ni por un solo momento, temblaba y lloraba desconsoladamente. -¡POR FAVOR DIME QUE PASA!

Toya estaba mirando fijamente su reloj y tomando el pulso de Kaname. De repente se puso de pie y a hablar por teléfono desesperado y gritando diciendo algo sobre cirugía urgente, venas, arterias, falta de sangre, deficiencia de glucosa, glóbulos blancos y rojos, calcio, vitaminas, sodio, oxígeno, hidrogeno, agua en la sangre…… y otras cosas que no conseguí entender por lo rápido que hablaba. Por primera vez entendí, lo prodigio que era Toya, y la razón por la cual había llegado a ser médico a tan corta edad.

Se puso a conectar tubos y otros cables. Le puso una mascarilla de oxígeno. De pronto, se fijo en mi mano entrelazada con la de Kaname. Le rogué con la mirada.

-¿Qué pasa? –pregunté con un hilo de voz, al borde de la histeria. -¡¿QUÉ ES LO QUE ESTA PASANDO?!

-Está muriendo, Akizuki. Kaname Daidouji está muriendo. –Toya era directo. Y al escuchar esas palabras… me derrumbe. Me puse a negar y a gritar como loca, aunque no estoy muy segura de lo que grité.

-¡NO PUEDE MORIR! ¡NO ME PUEDE DEJAR! ¿TIENES IDEA DE LO QUE HARÉ SIN ÉL? –grité y grité. Vagamente fui consciente de que Meilling había salido corriendo a quien sabe qué. -¿¡TIENES LA VAGA IDEA DE QUE NO SOBREVIVIRÉ SIN ÉL!?

-Akizuki necesito hacer una cirugía urgente, y necesito que salgas de aquí.

-NO ME IRE. –acto seguido miré a Kaname. Me arrodille junto a él, le acaricie sus cabellos. Bese su frente, sus labios. Espere una reacción, una sonrisa traviesa, una mirada anhelante. –Kaname… por favor despierta… tienes que hacerlo… si no despiertes yo…

-Akizuki insisto qué…

-¡NO!

Toya suspiró resignado, está bastante desesperado. Me dejo por un momento, supuse que para preparar la famosa cirugía. Y yo me quede allí, viendo y sintiendo la temperatura bajando, la palidez incrementándose, sus labios perdiendo el color, sus latidos cada vez más débiles. Sus respiraciones… escasas.

-Kaname… -murmuré. –No me dejes… no quiero… ¡no puedes!

Lo siguiente que supe fue que varios doctores y enfermeras entraron y me sacaron de allí. Me resistí, pataleé, grité, pero fue en vano. Eran demasiados.

Vagamente sentí la mano de Kaho sobre la mía murmurando que Kaname viviría, que habían encontrado la forma.

Vagamente… vagamente sentía todo. Mi vida estaba acabando. Me abrace las rodillas, me apoye en la pared me revolví los cabellos. Sollocé, grité. Lloré.

-Kaname… -me miré la mano y la guie dulcemente a mi rostro. Me lleve los dedos a mis labios. Extrañaba sus besos… extrañaba su voz, sus palabras… ¡lo necesitaba! ¿Dónde estaban sus padres en ese momento? ¿Dónde estaba su hermana?

¿Y QUÉ ME IMPORTABA A MI ESO AHORA?

Lloré y lloré. Mis lágrimas bajaron incontrolables, mi alma se escapó con ellas.

-Te amo tanto… no puedes dejarme… simplemente no puedes… no puedes… -sollocé una vez más.

-Nakuru-sama. –el sonido tintineante de la voz de Mia me despertó de mi trauma. Parpadeé varias veces y acaricie lentamente sus cabellos. Se sentían tan sedosos… tan reales… no parecían de una muñeca. Mia era como una pequeña niña…

Que por cierto en ese momento estaba llorando. Quería abrazarla, pero podía sentir mis brazos temblando y mi incapacidad para consolar a nadie tan palpable como el aire que respiraba. La abracé entre sollozos no para consolarla a ella, no, si no para alimentar el egoísmo que me carcomía, aquel que me impulsaba a consolarme a mí misma.

-Lo amo tanto… lo quiero tanto… ¡no quiero que me deje sola!

Mia acaricio mis cabellos con dulzura y luego me miró a los ojos.

-Tranquilícese, por favor… no llore, Kaname-sama no querría verla llorar. Le quiere mucho… no lo haga sufrir así…

¿Sufrir? ¿Yo? ¿A él?

¿¡Y qué había de él!?

-¿No es él quien me hace sufrir? -pregunté limpiándome las lágrimas mirándola a los ojos. -¿Por qué no despierta? ¿Por qué no está conmigo? ¿Por qué me hizo promesas que no iba a cumplir? –grité desesperadamente. Sabía que Mia no tenía la culpa de nada, pero aun así, lo hice.

Puse mis manos en sus hombros zarandeándola ligeramente. Mia tenía la misma mirada de culpabilidad y tristeza desde que me había hablado.

-Tranquila, Kaname-sama sobrevivirá. Abrirá los ojos y sonriera como antes. Confíe en él.

Puso sus manitas en mis mejillas y me limpió las lágrimas. Vi que también ella estaba llorando.

-De verdad… me gustaron mucho los vestidos que me hacías, los broches… y… -trago fuertemente al tiempo que rompía en sollozos. –Los zapatos… los listones…

-¡Pero ¿Qué estas…?! –abrí los ojos y lancé un grito. Me cubrí la boca con los dedos. Negué fuertemente con la cabeza. ¡No, no, no! ¡NO QUERÍA ESO! -¡NO! –pude gritar por fin.

-Todo estará bien. Me sacrificaré por la felicidad de Kaname, de su hermana Tomoyo, de la reencarnación de Clow-sama, Eriol-sama quien ama a Tomoyo, y suya…

Negué. La abracé.

-¡Kaname no querría eso!

-¡¿No entiendes que ya no está aquí para tomar sus decisiones?! ¡No puede hacerlo! ¡Fui yo quien le quitó la mitad de su vida cuando sabía que tenía una enfermedad incurable, desconocida! –Mia nunca había dejado de hablar de usted en todos los años que la había conocido. NI tampoco la había visto tan desesperada, e histérica. Mia lloraba tan desesperadamente que no supe que decir.

Me eché a llorar junto a ella. Después, vaga y lentamente como estaba sintiendo todo, sentí a la mano de Kaho en mis cabellos y Yukito dándole la suya a Mia. Grité y grité pero nadie vino a ayudarme.

Pude escuchar vagamente los gritos de Meilling y los gritos de Toya acompañándola.

Me tapé los oídos con las manos y cerré los ojos.

-Kaname por favor… no puedes dejarme aquí… si te vas yo me iré, ¡lo entiendes! Quédate conmigo… -sollocé.

NOTAS DE AUTORA:

¡Lo siento! Sé que tarde demasiado… pero aquí esta… un capitulo larguito, y recién salido del horno. =)

Ya sé, ya sé lo que quieren decir, ¿no se supone que era Eriol x Tomoyo? Sí, si es. Después de todo, nuestra personaje principal es y siempre será Tomoyo… pero estoy considerando que Kaname dejará de salir en unos cuantos capítulos, sniff, sniff… ¿saben cuánto adoro a Kaname? ¿Sí? Bueno creo que yo lo había dicho, ¡lo adoro! Así que déjenme dedicarle unos cuantos capítulos más a este maravilloso personaje, ¡es un ángel! Y una que también es un ángel… ¡Mia, pobrecilla…!

¿Y Nakuru? Bueno, hasta los ángeles se pueden enamorar, ¿no?

Y hablando de dedicar, (sé que es demasiado pronto, ya que cumple el 4 de abril, pero terminé el capitulo, así que lo pienso subir ahora… después no tendré tiempo -.-) Este capítulo está dedicado a mi muy amiga y lectora Fernanda González que siempre lee mis historias y me deja review XD. ¡Feliz cumple!

¿Qué opinan de Toya y Meilling? Sí, es rara la pareja, y extrañamente escriben sobre ella, pero… ¡no podía dejarlos solos! ¿Kaho? Juju… creo que algunos ya adivinaron con quien la pondré, ¿no?

Quiero que sepan que en esta historia NADIE se quedará solo, faltan al menos unos 8 capítulos más, ¡aún no piensen que es el final! Prometo sorprenderlos y hasta hacerlos llorar, ¡es una promesa! =) Ya saben que Emi siempre cumple sus promesas.

Si leyeron mi profile saben mi famosa frase: "Soy Emiko hime-sama y buscó hacer lo imposible, posible" así que les prometo que escribiré algo que jamás se podrán imaginar, algo sorprendente, algo que les sacará lágrimas y gritos. Eso es lo que buscó y yo siempre cumplo mis metas, me enteré por allí que hice llorar a algunos con "Esperando a que te enamores de mí" ¡no saben la alegría que me da saber que cada vez me estoy acercando más a mi meta!

Gracias, muchas gracias a aquellos que están leyendo mi historia y mis otras historias, y a los que dejan reviews que, como ya he dicho en ocasiones anteriores, los adoro y me ayudan a seguir adelante con cada palabra por muy corta que sea.

¡Les deseo una feliz primavera!

Arigatou:

Emiko hime-sama.