Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.
Lágrimas de esperanza
Emiko hime-sama
Toya Kinomoto
-¡Tienes que salvarlo! –dijo Meilling Li de rodillas aferrándose a mi bata blanca en lágrimas. –Kaname… Kaname no puede…
-Medicamente es imposible que sobreviva.
-¡Haz un milagro! –dijo desesperadamente. -¡Yo… yo….!
-¡No puedo hacer semejante cosa!
-¡Insensible! –apreté los dientes.
-¡No soy un…!
-¡Sí, sí lo eres! ¡No lo entiendes! ¡Kaname es…! ¡Kaname… es…! –repitió una y otra vez hasta que su voz se volvió cada vez más baja y finalmente, rompió en llanto.
-¡No me importa! Mi trabajo como medico es… -dije. Respiraba dificultosamente, Meilling Li era muuuuy irritante.
-¡Toya! –escuché la voz de Kaho. –Vamos a empezar. –dijo. Su mirada era amarga y su voz también, más no había perdido esa belleza que siempre la caracterizaba. Lo único que había cambiado, era su serena tranquilidad ahora desaparecida y reemplazada por la tristeza.
Asentí.
-Suéltame Li.
-¡Prométeme que lo salvarás! –dijo desesperadamente, y había visto a demasiadas personas decir esas mismas palabras que no me inmunicé. Y sin embargo, no fui yo quien respondí a su desesperado ruego, fue Kaho.
-Encontramos la forma, Meilling-chan. No hay nada que temer, Kaname estará bien.
Abrí mis ojos sorprendido. Y yo creía que íbamos a desconectarlo para su último adiós…
-¡Kaho! –murmuré incomprensivamente con los ojos muy abiertos.
-Usaremos magia. Vida por vida. Alma por alma. Magia por Magia.
-¡No permitiré eso! ¡No se mucho de magia pero no permitiré que una vida sea sacrificada…!
-¿Aunque el alma sea voluntaria? ¿Aunque esa dulce alma este cansada de vagar y vagar sin rumbo por años y años…?
-¡Un alma es un alma y una vida es una vida! –grité. Li parecía eufórica: sus brazos habían caído a sus costados y parpadeaba mirando el vacío, tal vez no sabiendo que contestar. Lentamente, se puso de pie y miró a Kaho.
-¿Quién es…?
-La extraordinaria piedra filosofal…
-Mia. –murmuró Meilling Li. Se llevó los dedos a sus labios como para reprimir un sollozo Kaho asintió, la amargura haciéndose más notable. -¿De quién fue esa idea…?
-Del mismo Kenji Daidouji, Meilling-chan… usaremos la sangre de Yue y Kerberos para purificar la maldad, (magia negra) que se uso cuando se creó… cuando crearon a Mia. Haremos un ritual de magia-alquimia. –decir que no entendía, era poco y menos entendí la reacción de Meilling.
-¡Eso es arriesgado! ¡La Organización los arrestaría…!
-Estoy dispuesta a correr ese riesgo, Meilling-chan. –murmuró algo más entre dientes que a mi distancia no alcancé a escuchar, pero por la cara de Li, pude deducir que ella sí. -Pero debo irme, Toya, apresúrate.
Asentí. Meilling se quedó allí, dándose cuenta de algo y de repente, lanzó una larga y prolongada carcajada.
-¡La Organización nos ha traicionado! –dijo. Quise volver la vista atrás y gritarle que se callara, pero su rostro lloroso me vino a la mente, y no pude hacer más que apretar los dientes fuertemente y mis labios en un línea perfectamente recta, y fijar mí vista en el camino que tenía delante. Porque, no sólo la vida de Kaname Daidouji estaba en mis manos, sino también la de Meilling Li, Nakuru Akizuki y Tomoyo Daidouji quienes sin el enano, se ahogarían en su propio mar de desesperación.
Y además, eso que había dicho Kaho…
¡Kenji Daidouji! ¡Hasta que por fin se dignaba a aparecer! Empezaba a lamentar no ir a esa junta.
-¿Dónde está Sakura? ¿Y el mocoso? –pregunté de repente. Las palabras de Li, "la organización no ha traicionado"… me preocupaban. ¿Qué no era el mocoso ese, jefe de la tal Organización? ¿Y no era su familia una de las más famosas y quien-sabe-que-otras-cosas-extrañas-que-nunca-me-había-interesado-en-oír?
-Toya, deja tu mente en blanco. No pienses en otras cosas, purifica tu alma. Kaname es puro, no podemos mancharlo, ¡teñirlo de innecesaria maldad! El ritual necesita absoluta pureza –dijo poniendo sus finos dedos en la puerta. Akizuki estaba sentada allí, su rostro oculto en sus rodillas; fui incapaz de decirle nada. Y creo que lo agradeció pues levantó la vista y cruzo su mirada con la mía.
Su mirada, a pesar del agradecimiento que tenía, gritaba desesperación, amargura, frustración. Kaho se detuvo un momento.
-Nakuru, todo estará bien… -dijo para después apresurar el paso. Akizuki bajo la vista.
Parecía derrotada, desolada. Resignada. Aquello me sonó amargo. ¿Nakuru Akizuki resignada? No me gustaba, pero tampoco iba a consolarla… creo que, no importaba que le dijera, tal como las palabras de Kaho lo demostraban, me ignoraría, no me escucharía, no entendería. A la única persona, la única voz que necesitaba en ese momento, era la voz de Kaname Daidouji. Mi nuevo paciente.
Ese pobre chico ingenuo sin razón para vivir, para existir.
Entré a la habitación con mirada sombría sabiendo muy bien la gran responsabilidad que tenía en manos.
Varios doctores miraban al chico sombríamente, penosamente. Y allí, con la mano en la pálida (y cuando digo pálida, es PÁLIDA en el sentido literal de la palabra) frente de su hijo, Kenji Daidouji. Quise gritarle y echarle una sarta de cosas que estoy seguro que muchos calificarían como desagradables, pero no lo hice. Toya Kinomoto NUNCA perdía los estribos.
-Toya. Mucho tiempo sin verte. –la cansada voz desgastada por el tiempo, la voz de Kenji Daidouji, mi tío. –La última vez que te vi eras apenas un pequeño…
-Mientras usted que ha negado a sus hijos y esposa por tanto tiempo, la vida de mi primo y mi paciente esta despareciendo, así que si no le importa, quiero comenzar. –le dije fríamente sin mirarlo.
Kaname Daidouji respiraba dificultosamente bajo la mascarilla de oxígeno y nuevamente, un hilo de sangre corría por sus labios. Su frente estaba perlada de sudor y murmuraba cosas incomprensibles. Kenji no respondió.
Apreté los dientes, ¡¿cómo se atrevía a venir ahora como si nada y ver a su hijo con semejante amor como si siempre hubiera estado allí para él?
Syaoran Li
Sakura temblaba y estrujaba mi mano fuertemente. Yo miraba a mi madre fijamente, preguntándome que haría. ¿Le estaría doliendo el hecho de que la Organización a quien mi padre había brindado sus servicios hasta su muerte, le estuviera traicionando? No lo sabía, como siempre, la cara de mi madre era una máscara llena serenidad imperturbable.
-Sakura, tranquilízate. –murmuré sin mirarla, demasiado preocupado por mi madre para notar otra cosa más que el temblor de Sakura, MI Sakura. Porque, aunque la Organización fuera una completa asociación llena de mentiras que buscaba el interés del mundo en un proceso cruel… era poderosa, muy poderosa, no había ganado su nombre por nada. Y, en los 29 años que había dedicado mi padre, la magia y el poder de esta había aumentado considerablemente, si es que era posible. Por lo general, los ancianos y demás miembros, "eran amables", y no mostraban sus verdaderos poderes, "Observar antes de revelar" era su lema.
Pero claro está, mi madre tampoco era una simple hechicera, por algo había sido elegida para casarse con Hien Li, un miembro de la familia descendiente del mismo Clow Reed. Ieran Li era una de esas pocas hechiceras que, de simple desearlo, podrían destruir un continente entero con sólo sacudir su abanico, su mano, su báculo o cualquier otro accesorio mágico, era así de sencillo, Ieran Li era poderosa. El poder atrae el miedo y el miedo la decisión de volverse más fuertes.
Vi horrorizado, como mi madre extendía su abanico blanco, (no había dejado de estar en luto desde la muerte de mi padre), iba a pelear en serio esta vez, lo cual sospechaba que iba a ser sorprendente…pero desastroso. Muy raramente mi madre mostraba emociones, no sé fue el hecho de que mi padre muriera quien la hizo así o tal vez ya lo era incluso antes de que se casará con Hien Li, pero sabía que no era amargada, y que amaba a sus hijos profundamente, por eso me sorprendió ver esa luz tan intensamente furiosa en sus ojos. Sí, iba a contemplar por primera vez, como mi madre perdía los estribos y claro está, no sería nada bueno.
Sakura lo notaba, y por eso temblaba.
-¿Entonces señor Yang, debo asumir que esto es el fin entre la… estrecha relación entre la familia Li y la Organización? –preguntó guiando su abanico a su regazo, como poniéndose en guardia. Su voz se mantenía firme, serena, pero las palabras mostraban frialdad, veneno puro.
-Eso… parece, mi querida Ieran. Y… -dijo mirando nerviosamente el abanico. –si me haría el favor… sabe que la Organización de Magia está llena de personajes poderosos en magia, ocultismo, vudú… ¿y para qué negarlo? Seres sobrenaturales como nuestro querido Masaru aquí presente… -dijo haciendo un gesto. Mi madre se limitó a plasmar una sonrisa burlona en su rostro, muy parecida a la mía.
-¡Oh, bueno! –dijo falsamente sorprendida llevando dicho objeto a sus labios, la digna imagen de una doncella china o japonesa siglos atrás. -¿Debo recordarle que la familia Li es la familia más poderosa de Oriente y que tiene al menos 999 miembros que si bien, no llevan el apellido Li, tienen la misma sangre corriendo por sus venas y por consiguiente, el mismo poder?
Yang rió fuertemente.
-Y ¿cuántos de esos 999 miembros son como Meilling Li? –Ieran agitó el abanico, una gran ráfaga de viento atacó a Yang quien le tomó por sorpresa, pero que alcanzó a evadir con un salto y un hechizo rápido. Yo estaba furioso, ¡¿Cómo se atrevía ese… ese… hombre a insultar así a mi prima?
-Como todos sabemos, la familia Li es una de las más poderosas en cuestiones mágicas. Cada miembro es perfectamente capaz de destruir un país o incluso continente entero, si lo desea. Personas como Meilling Li tienen grandes poderes curativos, por si no lo sabía. –dijo fríamente.
-¿Y para qué queremos poderes curativos en pleno siglo XXI cuando la tecnología y la ciencia, como la medicina y laboratorios, es más avanzada incluso que la propia magia? –dijo con el mismo tono burlón e irónico en esa mueca sarcástica y malvada. –Ciertamente, la familia Li ha sido famosa a lo largo de los siglos, pero ahora la tecnología ha avanzado, el mundo entero está avanzando. Poderes como, curación, desaparición, ocultismo, y demás, ya no son bien vistas en la sociedad de esta era, Ieran. Es hora de que se vayan retirando a los libros antiguos de historia.
Ieran volvió a sonreír burlonamente, incluso superando la mueca sarcástica del Yang.
-¿Me está diciendo que es el fin de mi familia? ¡Lo que acaba de decir acaba de afirmar el propio fin de la Organización, Yang!
-Oh, no se preocupe por nosotros. –interrumpió otra mujer en sus cuarenta y tantos años de pelo canoso, alta de nombre Lin. –La Organización ha sobrevivido al tiempo… y….
-Y estoy segura que mi familia es lo suficientemente fuerte como para hacer lo mismo. –dijo sarcásticamente, como si fuera lo más obvio del mundo.
Lin frunció el ceño y el labio en una mueca extraña, muy parecida a un hostil, pero de forma cortés. Ieran ciertamente no estaba hablando de ninguna forma respetuosa, pero había cierto tono burlón y sarcástico que no demostraba que era del todo cortés.
Sonreí, mi madre era increíble. Aunque claro, eso jamás lo admitiría en voz alta.
Susurros recorrieron la sala, muchos se levantaron indignados estampando sus puños sobre la mesa.
-Supongo, Ieran, que ya sabe el castigo por decir estas blasfemias a la legendaria Organización…. –dijo un hombre que se había mantenido sereno, en una ira silenciosa. Era el anciano más antiguo de aquella Organización, un sabio que sabía muchas cosas.
-Por supuesto, mi señor. –dijo con la burla y el sarcasmo marcando sus dos palabras.
Syaoran, si no quieres morir, llévate a Sakura-san, Kaname Daidouji está siendo sometido a un taboo mágico/alquimista. –escuché los pensamientos de mi madre. Yo dudé, indeciso por lo que debía hacer.
Si no lo haces te arrepentirás por toda tu vida….
No es que sin mi….
-¿Sabes, Sakura? Quiero decirte que me gustas mucho. –besé sus labios.
-¿Syaoran? –dijo Sakura. Miré sus ojos verdes con atención: miedo, ansiedad…inocencia. Apreté su mano fuertemente, sonriéndole ligeramente.
Intercambié una última mirada de reojo con mi madre antes de jalar fuertemente de Sakura y salir corriendo con una sola cosa en mente: Kaname.
Tomoyo Daidouji
El sonido de las olas de mar inundaban mis oídos, me concentre en ese sonido, no quise escuchar nada más.
Eriol había usado su magia para trasportarnos a ambos a esta playa que estaba… en algún lugar de Japón, o tal vez del mundo, no lo sé.
Tenía la mirada fija en el techo de la habitación del hotel en el que estábamos instalados, no hice nada por moverme, solo escuché el mar. Sólo eso. Sabía que más allá de la habitación Eriol hablaba con alguien, no obstante, como dije, no estaba escuchando nada, así que no supe de qué o con quién hablaba. Y francamente, no me importaba. Había huido otra vez, había dejado a mi hermano solo… otra vez.
Había aprendido una cosa: eso de que "de los errores se aprende" es una mentira condenadamente estúpida. No había aprendido nada. Nada en absoluta más que la vida seguía siendo igual de cruel. Nada había cambiado, el cielo seguía siendo celeste, el mar azul, la tierra café, y yo seguía siendo tan débil como en aquel entonces.
No iba a llorar, no. Llorar sería hipocresía, y yo, no lo haría. Simplemente, no.
¿Parpadeé? No lo sé. ¿Grite? ¿Dije algo? No lo sé. ¿Era mi mano la que veía alzada como tratando de alcanzar algo inexistente? ¿Y, de quién era esa otra mano que apretaba la supuestamente mía fuertemente? ¿De quién eran esos ojos azules que me miraban con tanta profundidad como el mar? ¿De quién era esa voz que me llamaba por mi nombre? ¿Quién era ese individuo iluminado por la luz de la luna….?
-¿Tomoyo…? –me moví. Lentamente.
Parpadeé. Eriol, sí, era Eriol. Acaricié su mejilla levemente. Me acerqué a su oído rozando mis labios con su oreja por partículas de segundo, una corriente eléctrica me recorrió de cabeza a los pies.
-El piano. –murmuré roncamente. –Quiero que toques ese piano de cola negro que hay allí. –dije apuntando el piano con un dedo y con la otra mano sosteniéndome en su hombro. -¿Lo ves? Quiero oírte. Quiero oír el sentimiento con el que toca una persona enamorada.
-¿Cantarás para mí entonces? –dijo llevando su mano a mi cuello.
-Ya no puedo cantar.
-Hazlo por mí, princesa. –acarició mis cabellos. –Esa canción que cantaste aquella vez para Sakura…. ¿Lo recuerdas? Aquel día en que hicimos ese dueto juntos…. –su mano paró. Le pasé los brazos por el cuello. –O… ¿me darías entonces un beso?
Jadeé. Necesitaba escuchar esa forma en que Eriol tocaba el piano, esa forma mística que pocas personas tenían, esa forma con la que me había sorprendido años atrás. Necesitaba escuchar algún sonido brillante, esplendoroso, sereno, puro. Algo que me hiciera despertar.
-Te daré todo lo que quieras. Escógelo tú.
Por un momento creí que escogería el beso, pero estaba muy equivocada. Me beso la frente. Eriol era más amable de lo que creía.
-La canción. Quiero escucharla… quiero escuchar otra vez, tu voz.
-Eriol… mi voz ya no tiene el mismo sentimiento que antes… antes tenía esperanza, era inocente… pura… ahora yo….-Eriol me abrazó fuerte. Pareció que suspiraba pero se recompuso inmediatamente.
-Está bien, entonces. Tocaré por ti… para ti. –amargura, ¿debía de importarme? Era egoísta, pero yo no le había pedido que se enamorará de mí… él lo… el ME eligió.
Sentí que me levantaba en brazos, esa maravillosa sensación de estar flotando, esa maravillosa sensación que te hacía creer por un momento que todo era irreal, que todo era una mentira. Pero tan pronto como llegó, terminó. Todo paró. Sólo… terminó. Y me di cuenta que todo era real, todo era fría y cruelmente real.
Eriol me sentó delicadamente sobre el piano; se quedó mirándome por un buen rato hasta que decidió caminar hacia el banco y empezar a tocar una melodía. Esa melodía, aquella con la que habíamos usado para una observación a través de la música, una observación para saber cómo era la otra persona y por qué estaba allí, que rol jugarían en sus vidas, si serían importantes, o era una simple y tonta comunicación inservible.
No. Nada de eso. Eriol había sido una de las personas más asombrosas, creativas, divertidas y con un alma tan bella y artística que la música que creaba era… era… hermosa…simplemente…hermosa. ¿Había sido? ¿Por qué hablar en pasado?
Cerré mis ojos, me recosté… y recordé.
Kaname, mi hermano mayor. Sakura, mi mejor amiga. Syaoran, mi primer amor. Toya, mi primo gruñonamente sobreprotector. Y Eriol.
Mi… ¿verdadero amor? ¿Príncipe azul?
¡Dios, Tomoyo, ¿qué tan cursi puedes llegar a ser?
-¿Ne? ¿Daidouji-san? ¿Puede tener la amabilidad de decirme que dedujo acerca de mí a través de mi música? –su voz. Las mismas palabras… esas mismas palabras eran… eran…
FLASHBACK
Habían sido exactamente un día y dos noches desde aquel dueto.
Yo estaba recogiendo mis cosas, después de la clase de coro cuando lo encontré allí, mirándome, con esa endemoniada sonrisa falsamente inocente de Clow, aunque en aquel entonces, no lo sabía.
"¿Ne? ¿Daidouji-san? ¿Puede tener la amabilidad de decirme que dedujo acerca de mí, a través de mi música?" –y se había visto tan condenadamente tranquilo como si estuviera hablando del clima en ese momento. En aquel momento, me sentí aturdida, trasparente, demasiado trasparente, para mi gusto. No estaba acostumbrada a que otra gente leyera a través de mí, al contrario, estaba acostumbrada a que YO pudiera leer a todos, sin excepción.
"Bueno, pues…" -había dicho correspondiéndole la sonrisa, ¿Por qué había de ser descortés? -"Creo que es una persona sumamente misteriosa que guarda más de un secreto y…" -amplié mi sonrisa. –"Creo que, si algún día se llegará a enamorar, sería muy posesivo, Hiraguizawa-san."
"Vaya deducción, no sabía que todavía existiera alguien que me pudiera leer tan bien, Daidouji-san, ¡brillante deducción, en verdad!" –dijo aplaudiendo con una ironía que mi me pareció realmente falsa, pero no es que Eriol lo hubiera tratado de ocultar. –"¿Es qué acaso la persona de la que usted está enamorada es posesiva como para que me reconozca tan fácilmente a pesar de que no me conoce?"
¿Era tan trasparente? ¡¿Era acaso tan benditamente fácil de leer?
Sonreí aún más forzadamente que antes, la desconfianza creciendo dentro de mí. Las cejas me empezaban a temblar de disgusto pero me obligué a alisar las arrugas de mi frente. Respiré varias veces, 1, 2,3, ¡listo!
"¿Qué le hace pensar que estoy enamorada, Hiraguizawa-san? El leer a las personas como si fueran un libro abierto, es sumamente fácil para mí, es simplemente un don que tengo."
"Oh, ¿no me diga que su amor no le corresponde? ¡Vaya indiscreción mía! ¿Me equivoco al decir que el afortunado es Syaoran Li?" –ese suave tono sereno, aparentemente inocente, pero silenciosamente amenazador.
¡Ah! ¿Así que quería jugar ese silencioso duelo de miradas y amenazas?
Aquel tono me hizo dudar si aquel ser le había vendido su alma al demonio, o algo parecido. No, sus ojos decían que no. No sabía nada, me estaba amenazando con decirlo, con que podría decirlo cuando quisiera y después de todo, Syaoran y yo estábamos muy unidos recientemente, pero por otra razón.
Y, Sakura con lo ingenua que es, se lo hubiera creído. Yo sabía que Sakura TENÍA que estar con Syaoran, así que NO arruinaría esa felicidad. Pero tampoco me iba a dejar amenazar. Como lo pensé antes, ¿Quería jugar? ¡Por si no lo sabía, sería la futura empresaria-presidenta de "Empresas Daidouji" una empresa dedicada exclusivamente a los niños alías, los juguetes! ¿Y qué? ¡Pues que era esencialmente buena para los juegos, para su mala suerte!
Sonreí, una vez más, controlándome. Saboreando su futura derrota.
"¿Cree que me está amenazando y que debo de estar temblando de miedo o tal vez, ira, o no, señor ´yo soy el rey del mundo y manipulo todas las cosas´?"
"Por supuesto que no, creo que me sobrestima"
"¿Cómo? ¡Pero si acaba de decir que tengo un brillante don para leer a las personas! ¿No me diga que ahora se arrepiente, Hiraguizawa-san?"
Esa sonrisa otra vez…
"Por supuesto que no, Daidouji-san." –dijo acercándose tomando un mechón de mis cabellos y besándolo. "Por supuesto que no haría eso" –repitió. –"¿Le confieso un secreto? Daidouji-san, usted es una persona de la que es fácil enamorarse."
Parpadeé. ¿Qué se respondía normalmente a semejante confesión?
"No comprendo."
"No tiene que hacerlo"
"Espero…." –tragué fuerte para poder encontrar la forma de que sonara tranquila, en vez de nerviosa. –"Espero poder cantar junto a usted una vez más. En verdad tiene una forma misteriosa para tocar el piano" –sonreí.
Eriol devolvió la sonrisa.
FIN DEL FLASHBACK
Sonreí ligeramente. Bajé la vista y murmuré:
-Creo que es una persona sumamente misteriosa que guarda más de un secreto y… que es sumamente posesivo.
Eriol entrecerró los ojos.
-¿Eso cree?
Asentí, no despegué mi mirada de mis pies.
-¿Es que la persona de la que está enamorada…?
-No. No estoy enamorada, no… hay dicha persona. –le interrumpí.
Silencio. No hubo ningún intento por romper el silencio de mi parte, ni tampoco de la de él.
-Van a usar magia. –murmuró. Sus dedos no pararon de tocar. No lo mire. –Van a usar magia para curar a tu hermano. Tienes… Kaname-san te necesita.
-Tiene a Nakuru.
-Pero tú eres su hermana….
-Dijiste que no me escucharía. Que solo necesitaba a Nakuru.
-Me equivoqué. –dejó de tocar. Despegué mis labios para protestar, pero su mirada me hizo callar.
-No quiero verlo sufrir. –murmuré.
-Lo sé.
-¡¿Entonces por qué?
-Porque no quiero que te culpes otra vez. Kaname-san….
-Nunca me culpe.
-¡Lo hiciste! –se levantó. Desvié la vista.
-No pienso…
-Te obligaré entonces.
-Kaname nii-sama tiene… no debe… quiero decir yo… yo….
-Tu padre está allí. –mis ojos se abrieron como platos y mis labios se despegaron una y otra vez tratando de encontrar algo que decir.
Me llevé la mano al pecho, mi corazón latía fuerte y rápidamente. ¿Papá? ¿Papá estaba allí? ¿Por Kaname… por mí? ¿Por ambos? ¿Por su familia, por mamá?
Miles de preguntas empezaron a atormentarme, no sabía que decir, que sentir.
-Regresemos, Tomoyo.
-Papá no está allí por mí.
-No lo sabrás hasta que lo compruebes. –bajé la vista. Eriol me acarició la mejilla dulcemente y luego me rodeó con sus brazos. Recargué mi cabeza en su pecho y le rodeé con un brazo. Cerré mis ojos.
Cuando los volví a abrir, a diferencia de los últimos meses de mi vida, vi blanco.
Toya Kinomoto
La habitación estaba completamente a oscuras y lentamente, Kaho y el mocoso que había aparecido hace unos minutos junto con mi hermana, empezaron a prender velas.
Kaho vestía su traje de sacerdotisa, Yue estaba sentado en la cama mirando fijamente al enano, quien respiraba dificultosamente. Sakura estaba allí, hablando con Kerberos, de vez en cuando acariciándolo. Spinel Sun se encontraba allá fuera, junto con Akizuki.
Todo era tensión, nerviosismo.
Mia tenía su mano en la frente del enano, su vista fija en Kenji Daidouji. Los demás doctores habían dejado la habitación, en la que la temperatura cada vez bajaba más y más.
De repente una brisa amenazó con apagar la luz de las velas, apareció un círculo con extraños signos en el suelo y apareció Eriol Hiraguizawa con mi prima.
-Bienvenido, Eriol. –dijo Kaho sin dejar de prender velas.
-¿Tomoyo… eres…eres tú?
Un segundo de duda, eso es lo que vi en los ojos amatistas de mi prima. Un segundo, solo un segundo para después salir corriendo a abrazar a su padre.
-¡Papá! ¡Te extrañe tanto! ¡Tanto!
Suspiré resignado, Kaho y los demás presentes sonrieron. Hiraguizawa se quedó mirando la escena por un instante para después cerrar sus ojos.
Tomoyo Daidouji
-¡Te extrañe tanto…! ¡Te he necesitado tanto…!
Se sentía bien. Los brazos de papá eran… cálidos. Seguros.
Papá acarició mis cabellos besando mi cabeza y después sonriéndome. Me rodeó los hombros con un brazo y con un gesto apuntó hacia Kaname.
Sentí mis ojos llenarse de lágrimas y un nudo amenazando en mi garganta.
-Nii-sama… Kaname nii-sama… yo… yo…
-Kaname nunca te culparía, mi princesa. Kaname jamás lo haría. –me arrodillé en el suelo tomando fuertemente la mano de mi hermano. Sentí que papá hacía los mismo, su brazo rodeándome protectoramente. Me sentí más segura que nunca y sabía que Kaname también se había sentido así de niño, durante el tiempo en el que papá le leía y enseñaba cosas, durante todo el tiempo que pasaba con él.
Mia me sonrió desde dónde estaba. Y no supe porqué pero de alguna forma supe que Mia intercambiaría su vida por la de mi hermano. Moví mis labios en un "gracias" y ella entendió. Me sonrió una vez más bajando su vista hacia Kaname recargando su mejilla en su frente.
-Estará bien. –murmuró papá. Y yo le creí.
Despegué mis labios para decir otra cosa pero una voz interrumpió.
-Spinel Sun…. –llamó Eriol de repente. Spinel se apareció rápidamente, obediente al llamado de su amo. Eriol le dio unas palmaditas para después murmurarle algo.
-Ruby no está en condiciones de… -y esa mirada. La mirada de Clow, la misma intensidad.
-Estoy bien, gracias Spi. Eriol.
-Ruby. –ésta sonrió ligeramente con amargura.
-¿Y bien? ¿Terminaron de pintar el signo? ¿Los rituales? ¿Las velas? –parpadeó. Falsa alegría en su voz. Sarcasmo, ligero sarcasmo. -¿Syaoran-kun? ¿Sabes que tu prima está allá fuera en algún lugar de este hospital gritando y sollozando como si su alma dependiera de ello? No me sorprendería que se quedase sin habla un día de estos…-no pude mirar a Syaoran. De hecho, no había podido mirarlo desde mí… confesión.
-Ruby. –la llamó Kaho. Ruby se cruzó de brazos en un gesto infantil pero en sus ojos pude ver la evidente preocupación y tristeza que sentía por mi hermano. Apreté la mano que tenía entre las mías aún más fuerte. –Kaname no te querría ver así.
-Ya lo sé. –murmuró apenas audiblemente. Eriol frunció el ceño ante la tristeza de su guardiana. –Pero Eriol, Kaname... no está aquí. Lo entiendes, ¿verdad?
Eriol caminó hacia ella y la miró comprensivamente.
-Sí, más de lo que imaginas… -respondió llevando su mano a la mejilla de Ruby. –Pero ahora te necesito, Ruby. Te necesito más que nunca en tus cinco sentidos. No quiero perderte a ti también. –dijo con una nota amarga en la última palabra.
Ruby sonrió.
-Al final de todo, a ti tampoco te importa, ¿verdad? ¡Lo único que te importa es…!
-Ruby… -le interrumpió severamente Kaho.
-Lo siento. –murmuró apretando los dientes.
-Ruby, se cómo te sientes. –la chica rió.
-Oh, no Eriol, no lo sabes. Déjame en paz, ríndete ya. Nunca me has comprendido, ni a mí, ni a Spinel.
-¡Ruby!
-¿Qué? –le dijo desafiantemente Ruby a Spinel Sun, quien se limitó a mirarla con tristeza. Ruby retrocedió apretando fuertemente los puños; negó con la cabeza temblando. Se obligó a mantener la compostura y curvar sus labios en una sonrisa nerviosa y ligeramente desesperada. –No… te atrevas a mirarme así, Spinel. No te atrevas… ¡no se atrevan a mirarme como sí…!
-¡Ruby! –dijo Eriol poniendo su mano en su hombro. –Ruby, escucha, no sé lo que estas sintiendo ni mucho menos qué tan importante es Kaname Daidouji para ti. Y eso es porque nadie puede saberlo más que tú. No pienso decirte palabras bonitas ni mucho menos fingir que te entiendo. Lo único que entiendo es la situación y estoy seguro que tú también lo haces, necesitas calmarte. Necesitas hacerlo.
-Estoy calmada. –fue su única respuesta.
Eriol sonrió ligeramente dándole unos golpecitos en la espalda.
-Sabes que me preocupo por ti.
Ruby sonrió y asintió con un ligero sonrojo en las mejillas.
-Gracias. –murmuró.
Lentamente se acercó y se arrodilló al otro lado de la cama, su mano firmemente en la mano de mi hermano. Su otra mano acarició sus cabellos, lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas. Lágrimas que limpió rápidamente, pero fue en vano y ella lo sabía. Al ver que no daba resultado pues las lágrimas no paraban, recargó su frente en el colchón, sobre la mano de Kaname y empezó a sollozar temblando de angustia.
Mia la miró con tristeza dándole unas palmaditas en el hombro y acariciando sus cabellos, yo apreté la mano de Kaname más fuerte y cerré los ojos.
Ruby… o mejor dicho Nakuru no se merecía esa angustia, esa tristeza, ese sufrimiento. Ni tampoco Kaho, ni Meilling ni… Eriol.
Aunque sabía que Eriol no precisamente sufría por mi hermano si no por verme a mí sufrir…. ¿Qué podía decirle? ¿Cómo podía consolarle? No había nada que decir, nada podría ayudarle, y yo estaba demasiado sumida y ahogada en mi propio mar de angustia para preocuparme por los demás.
El ritual comenzó bien, esa es la verdad. O tal vez algo había estado mal desde el principio, solo que yo no me había dado cuenta, o había sido demasiado tonta para entenderlo.
Las velas fueron puestas y encendidas, las líneas del círculo mágico trazadas.
Kaho vestía su traje de sacerdotisa, eso fue lo único de lo que me di cuenta, todos decían palabras extrañas, pero yo en ningún momento abrí los ojos.
Francamente no entendía nada de lo que estaba pasando.
Recargué mi frente en la mano de mi hermano estrujándole fuertemente hasta escuchar gemidos, lo que me hizo aferrarme a él con más miedo y ansiedad. En determinado momento sentí la mano de Nakuru apretar la mía fuertemente, con miedo, al igual que yo. No abrí los ojos hasta que escuché que el ritual se interrumpía.
La puerta se abrió, alguien que reconocí como la madre de Syaoran entró con la mano ensangrentada sujetando un abanico en alto. Unos hombres con diversas heridas la siguieron, unos pergaminos parecidos a los que usaba Syaoran de niño volaron por toda la habitación las líneas desaparecieron. Nakuru gritó. Eriol cayó hacia atrás, Kaho recibió una herida, Toya parecía desorientado pero se giró alarmado al ver que la presión arterial de mi hermano descendía.
-¡Madre-
Mia gritó, papá la tomó rápidamente de su diminuta muñeca y le preguntó que estaba mal, esta continuó gritando. Gritado el mismo nombre que yo, Kaname.
Nakuru rompió en sollozos y gritos y creo que a mí me pasó lo mismo.
Mis labios y los labios de Nakuru sólo pronunciaban un nombre. Kaname, Kaname, Kaname….
A través de mi velo de lágrimas y angustia, alcancé a ver una luz plateada que parecía provenir del pecho de mi hermano, Nakuru se giró alarmada.
-¡Kaname no…!
Sentí la mano que estaba sujetando tan fuertemente apretar la mía y los ojos de mi hermano entreabrirse, mi propio reflejo me asustó. Sus ojos me asustaron. Era como si tratara de decirme… que todo… que él….
-Nakuru… te amo.
Y el mundo… todo dejó de importar.
Ahora que lo pienso, Kaname sabía que iba morir. Por eso hizo el último esfuerzo de entreabrir los ojos, y, aunque el último nombre y las últimas palabras que había pronunciado no era mío ni dirigidos a mí, su mirada era más que suficiente. Porque sabía que si yo fuera la persona quien estaba muriendo en aquel momento, lo único que querría ver sería el rostro de la persona que amaba mientras le decía que le amaba y Kaname era mi gemelo, era un reflejo mío, pensaba lo mismo que yo…. era casi exactamente igual que yo.
La única diferencia era que Kaname no era egoísta como yo, no era… tan… egoísta.
Si sólo en aquel momento me hubiera dado cuenta, y lo hubiera apreciado de la manera correcta, no hubiera lastimado tanto a esa persona que me miraba desde la puerta.
Pero no, en aquel momento todo quedó en silencio. Lo único que pude visualizar antes de que mi mundo se volviera blanco y vacío fueron los dulces recuerdos de mi hermano… de Kaname… de mi único, dulce y amable hermano mayor.
Todo pareció quedar en silencio en el mismo momento en que la línea verde se volvió recta, Meilling Li entró por la puerta pero no fui muy consciente de ello.
Muy dentro de mí, sabía que eso tendría que pasar algún día.
Tal vez, solo tal vez, si Kaname hubiese tenido un poquito de fe en sí mismo, si hubiese creído seriamente que merecía vivir y si hubiera pensado menos en mí y más en él y en su propia felicidad, no hubiese pasado eso. Yo lo sabía, muy dentro de mí lo sabía, y aún así me quise engañar y quise creer en Syaoran, quise creer en la magia.
La misma magia que me había quitado todo en el pasado.
En determinado momento me entró uno de esos ataques de histeria y fui incapaz de reprimirlos. Mi garganta todavía duele al recordarlo.
Me aferré a su mano y me puse a gritar como loca. Y antes de que me diera cuenta estaba llorando.
No sé como reaccionaron los demás. Sólo sé que después de unos minutos escuché un taconeo imposible de no reconocer.
Mi primer recuerdo eran esos tacones, eran los tacones, los pasos de mi madre.
Mamá me abrazó, lloraba. Repetía mi nombre una y otra vez mi nombre, me acariciaba los cabellos, pero nada me tranquilizó.
Seguí gritando, llorando, seguí sumida en ese mar de tristeza y amargura sin que nadie me pudiese salvar.
Me sentí sola, incomprendida pero lo más importante y el más estúpido error que pude cometer fue culpar a mi hermano de la soledad y abandono que sentía.
Ahora entiendo que fui estúpido, tonto, horrible y endemoniadamente egoísta, pero en aquel momento no podía pensar nada, mi cerebro simplemente no estaba pensando, era como si de repente me hubiera alejado de todo y todos y me encontrara sola en ese mundo oscuro y negro, sin ningún alma, sin nadie a quien contarle lo desolada, abandonada y miserable que me sentía.
En aquel momento pensé que nadie podría comprenderme y que yo era la que estaba sufriendo más por la muerte de mi hermano.
Y eso fue porque en aquel momento me olvide de que el último nombre que había pronunciado Kaname no había sido mío. Sus últimos pensamientos habían sido solo para Nakuru… el corazón de Kaname le pertenecía a ella, no a mí.
Pero cegada por mi histeria y preocupación fui incapaz de ver nada de eso.
Incluso ahora, cuando me veo al espejo, me imagino por un leve instante si me vería igual a mi hermano con el pelo corto, incluso ahora me preguntó si al verme mi hermano estaba pensando realmente en mí… o simplemente no había tenido fuerza para girar su vista para ver a quien realmente le pertenecía su corazón. Incluso ahora me preguntó si ser feliz es deshonrar la memoria de mi hermano.
Incluso ahora me pregunto si quedarse atrapada en esa red de desesperación y agonía, y si llorar y llorar hubiese hecho a mi hermano sentirse un poquito más querido.
Entre toda aquella amargura, soledad y desesperación, fui incapaz de darme cuenta de lágrimas y el esfuerzo que le había tomado a mamá llegar allí y cruzar su mirada con papá. También olvide todo el odio y resentimiento que sentía hacía ambos, olvidé todo y me sumí egoístamente en mi dolor.
Lo que más me molesta y hace que me odie a mí misma, es que no sé si las lágrimas que derrame en aquel momento fueron por la soledad y abandono y mi propia miserable existencia que era como lo veía en aquel momento o eran sinceras lágrimas por mi hermano. Realmente no lo sé, realmente no lo comprendo, realmente… quiero saberlo.
Tal vez así toda la ansiedad que no he dejado de sentir desde la muerte de mi hermano desaparecía.
Pero no lo sé con certeza, Kaname, Eriol, Sakura, mamá, papá… siempre hubo alguien a mí lado, alguien que me distrajera de toda la ansiedad, tristeza y soledad que sentía de vez en cuando.
Porque en realidad, siempre he estado sola.
-Tomoyo… -la voz de mamá en aquel momento era desesperada, llena de agonía. Era como si no sólo estuviera tratando de calmarme, sino también a ella misma, pero todo lo que hizo fue en vano, no dejé de llorar, no dejé de gritar, no dejé de parecer una loca, histérica, poseída.
Sentí la mirada azulada de Eriol clavada fijamente en mí, pero no me importó. No estaba en condiciones de preocuparme por Eriol ahora.
Mia gritaba, Nakuru lloraba, Meilling lloraba, Kaho lloraba… papá también lloraba; sólo que como siempre he sido egoísta y terriblemente ego centrista en ocasiones… no abrí ojos ni oídos para poner atención al mundo exterior.
Todo estaba cayendo, todo estaba….
-Tomoyo… -¿Por qué se molestaban siquiera en llamarme?
Deseé que la tierra me tragara, que las piedras me aplastaran, ahogarme en el mar, que el cielo cayera y me aplastara. Deseé desaparecer, deseé morir. Deseé que todo fuera una vil pesadilla, que todo regresara a como era antes. Que todo regresara al día en el que Kaname estaba a mí lado, leyéndome cuentos…
Que todo regresará al día en que ni papá, ni él ni yo habíamos conocido la magia.
Al día que no conocía a Sakura, a Syaoran…
-Kaname….
A aquel día, a aquel momento en el que era la pequeña niña inocente ignorante e ingenua de todo. A la pequeña Tomoyo que vivía en su pequeño e inocente mundo aislado de toda amargura, de toda agonía.
-Kaname…
-Tomoyo… -esta vez era Eriol, los brazos que me rodeaban eran de Eriol. Pero ni siquiera él fue capaz de detener el oscuro torbellino de emociones que se estaba apoderando de mí.
Afuera llovía, de eso estoy segura.
Kaname odiaba los truenos, de pequeño solía esconderse en el closet, acurrucarse y yo solía buscarlo y sentarme a lado de él. Solía abrazarlo y acurrucarme y cantarle una canción hasta que Kaname sonreía y hasta que en determinado momento nos quedábamos dormidos. En aquel momento todo solía ser perfecto, sólo que yo no supe apreciarlo.
Y ese era el castigo de Dios a quien no apreciaba las cosas, estaba segura.
Siempre hubo algo mal en mi vida, excepto en los momentos en que Kaname estaba a mi lado. Tal vez suene contradictorio, pero es la verdad.
Y el hecho que Kaname estaba muerto, también era verdad.
Sólo que tarde una eternidad en darme cuenta.
Nadie jamás entendió ni entenderá lo que es sentirse ahogada en un mar de pura oscuridad, quedarse sin aire y sentir que estas en el mismo infierno y aún así sentir un frio terrible que te helaba toda la columna vertebral, eso es lo que sentí en ese momento. No era nada comparable a lo que sentía antes.
Sí, al estar enamorada de Syaoran, era la esperanza la que me cortaba, la que me hería hasta el punto de desear la muerte.
Pero al morir Kaname, no era sólo la esperanza la que estaba perdiendo, sino también el valor para morir o seguir viviendo, la muerte de mi hermano solo me produjo una terrible nostalgia que me hizo desear regresar y quedarme atrapada en ese instante.
Incluso soñarlo y entonces dormir por siempre.
Seguí llorando independientemente de todo, cerré los ojos y lloré.
Lloré y lloré.
Hasta caer profundo, hasta ahogarme, hasta asfixiarme, hasta que pude alcanzar el tiempo congelado del infierno en lo más profundo de mi alma.
NOTAS DE AUTORA:
Odie este capítulo, sniif.
Primero Tamaki de "Por amor" y ahora Kaname sniif… y esto fue aun mas difícil de escribir, sniiff….
¡Waaaa! Kaname regresa… sniiff, Emi aun te quiere… sniiff, ¡Tomoyo aun te necesita…!
Bueno… em… ¡lo siento! ¡Se que he estado tardando mucho! pero... pero pues, ¡lo estoy intentando así que! Un poquito de paciencia, ¿si?
Y no tengo mucho más que decir que, GRACIAS POR SUS REVIEWS y GRACIAS POR SU TIEMPO.
¡Waaa! ¡No puedo dejar de sentirme mal por Kaname! Sniiff…
Ahh si y sé que hay muchas cosas que no se entendieron en el capitulo, como que salió mal en el ritual, y eso… pero bueno, digamos que Tomoyo se bloqueó al morir su hermano lo cual me lleva otra vez a… sniff… ¡es tan trágico!
¡Waa…! ¡Emi está triste! ¡Prometo que el siguiente capítulo tendrá más E x T y escenas románticas! ¡Así que…!
¡Nos leemos la próxima vez…!
Emiko.
