Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama


¿Qué hacer cuando todo por lo que vives se desborona, se cae, se derrumba pero aún así… no te mata? ¿No te alcanza? ¿No te corta?

En aquel momento yo culpaba a Dios porque simplemente me había dejado vivir, ¿Por qué él y no yo? ¿Por qué no a ambos? ¿Qué hice yo que él no?

Kaname para mí, fue un ángel encarnado. Kaname fue todo para mí, era mi hermano, era mi misma sangre, mi misma cara, mi misma alegría. Y ahora, aunque al pronunciar su nombre siento mi garganta retorcerse en profunda agonía y melancolía, sonrió porque sé que ha dejado de sufrir. Simplemente lo sé, no hay necesidad de hacer ningún ritual o jugar a la Ouija ni mucho menos ir a visitar a una vidente… confío en mi hermano. Sé que, aunque no está aquí físicamente conmigo, sé que está aquí a mi lado.

Porque mi hermano jamás me dejaría sola. Al sentir la brisa contra mi mejilla, recuerdo como solía besar mis mejillas, y, al levantar la vista y clavarla en el cielo estrellado, recuerdo como me enseñó a escuchar la voz silenciosa de las estrellas. Kaname me enseñó a vivir, me enseñó a creer, me enseñó a no confiar en la esperanza si no en la confianza.

Y sé, que si hubiera confiado y creído en él desde el principio, nada de esto estaría pasando.

Pero aún así, otro de las cosas que aprendí de él, fue el aceptar mis errores, encararlos y seguir con la vida.

Lo único que lamento es no poderle haber contestado un último "te quiero"… ¿me escuchará ahora si se lo grito a los cuatro vientos? ¿Me contestará entonces?

En este momento, mientras cierro este diario, me pongo de pie y me preparo para gritarlo al tiempo que siento las miradas raras de la gente, sonrió y miro al cielo…

"Te quiero Kaname, te quiero muchísimo, nunca te olvidaré, siento mucho haberte culpado, siento mucho haberte hecho vivir aquel martirio eterno de la soledad, pero ahora, quiero que sepas, que siempre te querré y te agradeceré todo lo que hiciste por mí. Gracias, con cariño, te quiere… Tomoyo"


Eriol Hiraguizawa

Llovía.

Tomoyo se aferraba a mí llorando a lágrima viva, pero no se movió para tocar o mirar el cuerpo de su hermano "ya no es él" me había dicho. Más allá, Meilling Li se aferraba a sí misma, sentada en una silla incapaz de pararse. No lloraba, pero miraba el cielo sin ningún signo de vida en sus ojos.

Había mirado dos veces, pero no había visto a Nakuru.

Lo que había pasado en aquel entonces era que, lamentablemente, un miembro de la Organización que no es encontraba en esa sala había interferido con el ritual, borrado una parte vital del círculo mágico, haciendo que terminará en semejante tragedia. Mia había sido exorcizada y, al ser una piedra filosofal creado principalmente con magia negra, había caído muerta. Tan retorcidamente simple como eso.

Dos días después, se había realizado el funeral, que era en el que nos encontrábamos en aquel momento.

No vi a mi guardiana hasta el momento del entierro. Estaba vestida de negro, como todos, pero eso no era lo importante.

Se había aparecido gritando y llorando a lágrima viva, aún más fuerte que Tomoyo.

Se tumbó a lado de Sonomi, quien se encontraba enfrente del cuerpo junto con Kenji Daidouji, ambos tomados de la mano y abrazados y no paró de decir un solo nombre.

-¡Kaname… Kaname…! –Kaho se había adelantado a ella, tratando de retirarla, pero Nakuru hizo caso omiso. Se aferró a la mano muerta y lloró. Nadie se atrevió a hacer nada más, Kaho también lloraba, y no pudo hacer más que tumbarse a un lado de ella y llorar juntas.

Yo no pude hacer nada.

Y, cuando Tomoyo cayó al suelo de rodillas cubriéndose el rostro con las manos, temblando de angustia, no pude hacer nada más que dejar la sombrilla caer al suelo y aferrarla a mí al mismo tiempo que le susurraba palabras de consuelo que sabía muy bien que ni siquiera estaba escuchando.

Toya Kinomoto trató de sostener a Nakuru.

Nakuru se debatió, pataleó, lloriqueó… pero no logró hacer nada más, Toya tenía más fuerza que ella. Kinomoto le sostuvo por ambas muñecas y luego le pasó un brazo por la cintura. Nakuru siguió llorando y pataleando, mi corazón se estrujo al verla tan… diferente.

Yukito se había acercado con el rostro sombrío para ayudar a Kaho a levantarse. Nunca olvidaré sus caras, ni tampoco los gritos de Nakuru. Al recordarlo, mis oídos tiemblan y mi corazón se retuerce de angustia.

La vida no era justa.

Nakuru Akizuki

Grité, grité, grité y grité.

Nada más me importaba.

Kaname estaba muerto, Kaname estaba muerto… ¡simplemente no era posible!

Y, aunque la mano esta fría y blanca como el mármol, no lo quería creer.

¡Kaname no podía estar muerto!

Sentí un brazo sobre mi cintura, pero no me detuve. Seguí gritando.

Lo pisé, y grité aun más fuerte, pero el tipo no me soltó.

Así que me rendí, dejé que me tomará ambas muñecas con una de sus grandes manos, dejé que segundos después me cargará en brazos, dejé que hiciera todo lo que quisiera hacer por el simple hecho de que había clavado mi vista fijamente en ese cuerpo, había tocado esas manos, me había grabado todo en mi mente a fuego.

Ese ya no era Kaname. Era simplemente un cuerpo.

Lloré aun más.

¿Qué más podía hacer? El mismo infierno se estaba apoderándose de mí… y no me importaba nada más. La lluvia se resbala por mi piel quemándome y congelándome al mismo tiempo como lluvia ácida, como llamas del diablo, como el canto de una sirena me hacía temblar, me hacía llorar, me hacía gritar.

El pecho me ardía, las llamas se estaban apoderándose de mí…

¡Queman… Kaname… duele! ¡Sálvame!

Me negué a mirar cuando oí que bajaban el ataúd, me negué a mirar cuando le echaron tierra, simplemente me negué a abrir mis ojos. Los cerré fuertemente y me cubrí los oídos con las manos. No quería escuchar, no quería ver, no quería… ¡no quería!

Dios, haz que se vayan… las llamas… ¡no quiero!

Me negué a levantarme del suelo, a obedecer la voz masculina que parecía ser de Toya de que me levantará, de que me enfermaría. Me negué a escuchar la voz de mi padre. Me negué a todo y me sumí en mi propio infierno.

¡No podía ser cierto!

Kaname era… Kaname era…

Yo… ¡Kaname me amaba! ¡Yo le amaba! ¡Dios no podía ser tan injusto! ¡El mundo no podía ser tan injusto!

Mi mente estaba en blanco, lo único que podía gritar en cuerpo y mente era "Kaname está muerto"

Era lo único que sabía.

Si alguien me hubiera preguntado mi nombre, yo le hubiera contestado "Kaname está muerto"

Eso era lo único que trataba de gritar, excepto que, eran tantas las emociones que lo único que conseguía hacer era gritar y gritar sin parar el nombre de Kaname entre una y otra incoherencia.

Sentí mi garganta desgarrarse y el corazón querer salirse de mi pecho, al querer respirar, no encontré el aire… solo sentí la fría lluvia contra mi piel… el frío infierno contra mi cuerpo, la fría voz de los demonios que me tentaban a escucharlos, a entregarles mi alma, la amabilidad de los ángeles que querían ayudarme.

Pero nada me ayudaría.

Me ahogué en mis propios sollozos, en mis propias lágrimas… Kaname… ¿Así se había sentido cuando le daban esos horribles ataques de tos y se ahogaba en su propia sangre? ¿Quién… quién estaría conmigo ahora? ¿Qué… qué es lo que haría de ahora en adelante? ¿Cómo lo haría? ¿Por qué razón lo haría?

¿Realmente importaba?

Ya no… ya no existía nada.

-¡Kaname…!

Dios o el Diablo, nada existía.

La suave voz de los ángeles diciendo que todo estaba bien retumbando en mis oídos.

Yo no les creí. Nada estaba bien, nada existía realmente… sólo… sólo…

-¡Akizuki cálmate!

-¡KANAME!

-¡Kaname Daidouji ya no está!

Sólo existía dolor.

Tomoyo Daidouji

Hasta el momento en que vi como Nakuru puso a gritar el nombre de mi hermano con semejante angustia, no hubiera creído que alguien se sentía en la misma… o mayor desesperación que yo.

Y sin embargo, al verla de esa forma, no pude hacer más que echarme a llorar.

Las palabras de Eriol retumbaban en mis oídos como las gotas de lluvia, "no llores" "estoy aquí" "Kaname no querría verte así" "Lo siento"

"No te disculpes" "No fue tu culpa" "Kaname… ya… no está" –eran palabras que simplemente no podía decir.

Las lágrimas, y las gotas de lluvia caían como si quisiesen formar un mar.

En aquel momento pensé que ir a la playa y sumirse en el mar azul tan parecido al cielo…sería un alivio a comparación de lo que estaba sintiendo.

El mar…

"¿Kaname nii-sama? ¿Por qué cielo está arriba y el cielo abajo?"

¡La inocencia! ¡En aquel momento todo estaba bien! ¿Qué nos había arruinado?

-Kaname… -murmuré. No podía gritarlo como Nakuru, simplemente no me quedaban más fuerzas para ello. –Kaname…

"Porque, ¿sabes? el cielo es un premio que tendrás cuando te salgan alas"

"¿Alas? ¿Y cuándo será eso?"

La verdad, es que, siempre tuviste alas, ¿no es así, Kaname nii-sama?

Pudiste haberte ido al cielo en cualquier momento, ¿no es así? Te quedaste solo por mí… ¿verdad? Y ahora Dios te ha llamado… Dios me ha castigado por no haber valorado las cosas en aquel momento, ¿verdad?

Y ahora, nada podrá ser como antes… ¿verdad?

"¡Nii-sama! ¡Nii-sama! ¿Qué es eso?"

"La Luna, hermanita. ¿Verdad que es hermosa?"

"¡Sí! ¡Es muy bonita!"

¿Dónde había quedado el collar que me había dado en aquel momento en forma de Luna? ¿Dónde había quedado la sonrisa que me regaló en ese momento? ¿Cómo pude haber olvidado estos recuerdos? ¿Por qué surgen ahora? ¿Por qué recuerdo?

"¡Te regalaré la Luna de cumpleaños! ¡Te lo prometo!"

"No, Tomoyo… la Luna es prohibida, nadie la puede alcanzar, hermanita. Pero yo te prometo que algún día la alcanzaremos juntos, de alguna forma."

Miles de preguntas que simplemente ya nunca sabría la respuesta. Miles de cosas, de momentos que ya nunca podría preguntar a Kaname… simplemente cosas que ya no importaban.

Un remolino de confusas realidades pasaron por mi mente, recuerdos, sonrisas, calidez…

"¿Kaname? ¿Cómo se lee esto?"

"…Muerte…"

"¿Muerte? ¿Qué es?"

"Es el momento en el que Dios te da alas para que puedas alcanzar el cielo."

"¿Entonces tendré que dejarte? ¡No quiero!"

"No te preocupes, cuando llegué el momento, yo tomaré tu mano e iremos juntos. Siempre estaremos juntos, Tomoyo"

¿Dios? ¿Qué era Dios?

¿Por qué Kaname había creído tan firmemente en Él? ¿Qué era lo que a mí me hacía desconfiar de Él?

¿Acaso era por qué en mi mente infantil había creído que era Dios quien nos separaría algún día? ¿Era eso? ¿Era esa la razón ya largamente olvidada?

Como fuese, Kaname ya no estaba. Y no podía culparle.

No era su culpa…

Kaname me explicó la muerte de una forma en que yo creyera en que no era mala, sino buena, si no… si no un simple hecho que tenía que pasar. Y yo, que amaba las hadas, los ángeles, las mariposas, los pájaros… y otros seres con alas… ¿Cómo no podía sentirme feliz al escucharlo? Y, el hecho en que pudiera vivirlo junto con la persona que más quería en el mundo, era un milagro.

Kaname me había hecho feliz con actos tan simples, con palabras tan… tan… inciertas… no. Kaname jamás me había mentido, simplemente la vida era cruel e injusta y no le había dado tiempo de cumplir sus promesas.

El que había estado mal y equivocado no fue Kaname.

Fui yo.

Por ser ingenua, por ser tonta, por ser infantil.

-Kaname…

Por necesitar mentiras, por necesitar… por ser egoísta.

-Todo estará bien, Tomoyo. Yo haré que todo vuelva a estar bien, serás feliz, lo prometo.

-Ya no quiero promesas, Eriol… ya no las quiero… solo quédate conmigo, abrázame… y deja que el cielo lloré junto conmigo y nos moje como bendición de Dios. Porque Kaname creía en Dios… porque él sí creía…

Y Eriol obedeció. Besó mis mejillas y después mi frente.

Nunca olvidé las palabras que dije… ni tampoco olvidaré jamás como me pareció ver a mi hermano escondido entre los árboles, sonriendo… como cuando éramos niños y todo estaba bien.

Syaoran Li

Apreté mis manos en puños al tiempo que apretaba los dientes.

¡Maldita Organización!

¿Cómo podía estar pasando algo como esto? ¡Kaname… Kaname no podía estar muerto!

Simplemente era tan increíblemente imposible que jamás lo alcanzaría a procesar.

¡Kaname no merecía esto!

Al ver a Tomoyo de esa forma en brazos de Eriol, a Nakuru gritar hasta que la voz se le rompía en llanto, y ahogarse con las gotas de lluvia sólo para volver a gritar… simplemente no supe que hacer.

Y más aún, al ver a Meilling tan encerrada en sí misma, tan lejos de la Meilling que yo conocía… realmente no pude pensar en otra cosa que era mi culpa. Si yo no hubiese dejado a mi madre sola tal vez… tal vez…

Miré a Sakura, quien apretaba firmemente la mano de Meilling. Ésta, por supuesto, ni siquiera la sentía. Estaba de pie, sí, se había puesto de pie cuando entró Nakuru, pero su mirada estaba perdida en algún punto del universo que ni yo, ni ninguno de los presentes alcanzaba a ver.

No podía culpar a Kaname, jamás.

Kaname le había dado una pequeñísima felicidad a la vida de Meilling, una felicidad que ni siquiera yo le había podido dar… pero Kaname había tenido la amabilidad de ponerle un alto, de decir "no" de dejarla ir.

Y eso no era egoísmo. Era todo lo contrario.

A mi lado, mi madre tenía la misma expresión solemne de Kenji Daidouji, no se movía, ni tampoco lloraba, simplemente estaba allí parada, con las manos vendadas, temblando ligeramente. No supe si era correcto preguntarle si tenía frio.

Kaname… me había enseñado muchas cosas que nadie podría habérmelas enseñado; Kaname fue la primera persona en la que pude confiar después de Sakura.

No era que desconfiara en Tomoyo, simplemente… simplemente era diferente. Tomoyo tenía ese aire de tranquilidad y serenidad, un aire muy parecido al de Yue o Mitsuki, pero tanto Mitsuki como Tomoyo eran humanas, tenían secretos. Sin embargo, Kaname era diferente. A pesar de ser humano, sus ojos eran puros, no tenían ni una muestra de pecado… lo único que había era serenidad.

Lo único que había en esos ojos eran deseos de ayudar, de preguntarte "¿Qué es lo que te molesta?" "¿Puedo ayudarte?"

Pero ahora ya no había nada. Sus ojos se habían cerrado.

Cuando cerró sus ojos, cuando le dedicó sus últimas palabras a Nakuru, no pude decir, ni hacer, otra cosa que mirarle tristemente, bajar la cabeza y darle mi último adiós en silencio. Ni siquiera tuve fuerzas de perseguir al responsable de toda esta tragedia.

En cuanto al responsable, fue encerrado por la Organización así como también los muchos miembros, incluyendo los ancianos, que se opusieron a la familia Li, pero nada de eso importaba. El daño estaba hecho y yo sabía que la Organización sólo había hecho eso porque su objetivo estaba cumplido, Kaname Daidouji estaba muerto.

Y yo no sabía que decirle a Tomoyo.

Había tratado, sí, muchas veces. En el hospital mientras Eriol insistía en que comiera al otro lado de la cama, pero no había podido decir nada.

Tomoyo estaba delgada y pálida, blanca como el mármol, ojerosa y le temblaban las manos. No había recibido nutrientes más que por el suero que le habían inyectado y nadie, absolutamente nadie, se había atrevido a decirle palabra. Ni siquiera Sakura.

Sakura se había dedicado a consolar a Meilling, y por eso yo… yo no estaba haciendo nada, no tenía nada que hacer. Quién sabe, tal vez Sakura sabía que yo estaba demasiado dolido y sumido en mi propio dolor como para consolar a los demás.

Sakura era fuerte, no la culpaba por no estar llorando a cantaros como Tomoyo o como Nakuru, Sakura simplemente no lo conocía como yo lo hacía. Y además, Sakura era fuerte, y por eso tenía esa fuerza para levantarse aunque le estuvieran corriendo lágrimas por las mejillas, por eso tenía fuerza para sonreír y transmitir su dulzura y calidez de siempre.

Pero yo no era tan fuerte.

Me pasé una mano por mis cabellos y después me la llevé a un costado para poder calmar el nudo que sentía en el estómago, en la garganta… porque no lloraría. Kaname no querría eso, Kaname no querría hacer a nadie llorar.

Yo al menos, aún tenía la fuerza para mantenerme firme y serio.

Levanté la vista hacia el cielo, bajando mi paraguas para dejar que la lluvia me cayera en los ojos de forma que calmara mis lágrimas.

-Kaname… este es el final ¿no es cierto? Viviste… tanto como quisiste, ¿no es cierto? No… no… dejaste nada atrás, ¿verdad? Entonces si es así, no reencarnarás… así que supongo que este es… es verdaderamente el adiós… -murmuré.

Sentí la mirada de mi madre de reojo, pero no me importó.

Yo no era tan fuerte como Kaname, sabía que el día que muriera, dejaría muchas cosas sin terminar, la mayoría de la gente era así. Kaname siempre había sido una excepción. Y nunca le olvidaría. Jamás.

Aunque el dolor me llevará a la muerte.

Meilling Li

Jamás podré describir lo que sentía en esos momentos.

En el momento en el que Kaname murió, no dijo mi nombre, no pensó en mí, no me miró, lo entendí.

Kaname no me amaba, me quería sí, pero no me amaba.

Y eso era precisamente lo que me hacía mantener la vista en el infinito.

De ser por mí, jamás habría asistido a este funeral, era una hipocresía.

Kaname ya no estaba allí, su alma había partido ya hace mucho.

Sin embargo, el ir, me reconfortaba un poquito. Me hacía pensar que verdaderamente, Kaname podría ser feliz ya… "al otro lado"

El pensamiento me dio escalofríos.

Kaname no se merecía esto. Ni tampoco Tomoyo ni mucho menos Nakuru.

Al verla gritar tan histérica, tan loca, tan diferente, supe que había perdido. Supe que Nakuru había amado a Kaname mucho más de lo que yo jamás lo haría… y, aceptar eso, con la vista perdida en cada gota de lluvia que caía tratando de descifrar si éstas tenían el secreto del universo… fue más difícil de lo que pude haber imaginado jamás. El pensamiento me estrujo el corazón, y me hizo admirar a Tomoyo más que nunca. ¿Por qué podía aceptar ella que Sakura amaba más a Syaoran que ella? ¿Por qué podía hacerse a un lado por la felicidad de su amiga?

No lo entendía.

Jamás lo haría.

Ya no importaba.

En algún momento del funeral, en el momento en que vi a Toya Kinomoto alzar en brazos a Nakuru supe que ya no había nada más por lo que vivir, ya no me quedaba… nada. Simplemente tenía que seguir viviendo por el mero hecho de honrar a mis padres, de no desagradecer mi vida.

Ya nadie podría salvarme.

Sentí una gota más cálida que las anteriores, y entonces supe que estaba llorando. Sin embargo, no me moví, ni tampoco hice ningún gesto de cubrirme el rostro. El orgullo ya no importaba, nada importaba. Dejé que mis lágrimas se mezclaran con la lluvia, que Sakura me pasara el brazo por la cintura y me estrujara la mano en señal de apoyo. Ya no tenía fuerzas para nada, Nakuru había ganado.

Ella tenía la suficiente determinación, el suficiente amor para pararse allí y ponerse a gritar como loca pidiéndole a Kaname que regresará… y eso era algo que yo ya no podía hacer.

Partí mis labios en un silencioso sollozo y se me arrugó el rostro en una mueca angustiada y amarga, pero tampoco me moví para cubrirla. Empecé a temblar y no precisamente por el frío. Sentí las gotas de lluvia resbalarse por mis mejillas.

Empezó a anochecer.

La luna empezaba a salir.

Kaname adoraba la luna, ¿era Kaname quien nos la estaba mostrando?

Y entonces, no sé que me impulsó a hacerlo, simplemente fue algo tonto e irracional, pero me rehusaba a quedarme allí… resignada, Kaname se hubiera decepcionado.

Corrí hacia donde estaba Nakuru y le cogí la mano fuertemente.

-¡Lo siento tanto! ¡Lo siento tanto…! –y Nakuru me abrazó fuertemente. No supe si estaba buscando consuelo para sí misma o para mí, pero lo que sí, fue que Toya Kinomoto por primera vez, me dirigió una mirada dulce y amable.

-Kaname… Kaname… ha… ya… no… ¿qué se supone que debo hacer ahora? –alargó un brazo como si quisiera alcanzarlo, por un momento temí que se pusiera a excavar. –Quiero morir…. –murmuró. –Ya no puedo… vivir… mátame… alguien… máteme.

Yo no supe que decir, no había nada que decir. Sólo baje la vista en señal de respeto, porque yo tampoco estaba en posición de consolar a nadie. Simplemente, el mundo se estaba volviendo un infierno, y ni siquiera yo, ni la magia ni nada… podría desaparecerlo jamás.

Las cicatrices de las quemaduras jamás desaparecen, la piel se queda marcada por siempre por una fea marca extraña y, no importa cuántos productos utilices no desaparecerá.

Y, si llega a desaparecer, el dolor de las llamas quemando, desasiendo y consumiendo tu piel, es algo que jamás se olvida.

Excepto que en ese momento, no era sólo un infierno que estaba quemando viva a Nakuru Akizuki sino que, las llamas eran frías… helándole hasta el último hueso y la ultima arteria de su cuerpo. Eso lo entendía, lo entendí por la forma en que lloraba, gritaba, sollozaba y añoraba la muerte extendiendo las manos como si estuviera viendo un demonio invisible.

Eriol Hiraguizawa

Ver a Tomoyo tan frágil, tan pequeña… sentirla en mis brazos tan diferente a como solía ser…es algo que jamás olvidaré.

Pero tampoco olvidaré jamás el rostro de Nakuru al desear la muerte que vi a través de la mente de Kaho. Tomoyo se aferró más a mí, yo la acuné en mis brazos acariciando sus largos cabellos negros como si fuera una niña.

La verdad, era lo único que se me ocurría hacer. Tomoyo lloraba… y lloraba y yo… yo honestamente no lograba sentir nada.

Yo jamás había conocido muy bien a Kaname Daidouji. Oh, sí, había leído su expediente, había tomado notas, había leído las notas de todos los psicólogos, pero jamás lo había conocido… bien en persona. Ni siquiera habíamos mantenido una conversación decente antes de que reencontrara con su hermana. Y ahora jamás la tendría.

Las ironías de la vida.

Sin embargo, al ver a mi guardiana, a mi alegre, fuerte y optimista guardiana deseando morir… supe que Kaname Daidouji no sólo había sido un hermano ideal, y un ángel encarnado sino que para Nakuru había sido el mundo entero.

Tal como Tomoyo lo era para mí.

Al principio (y no lo oculto) estuve bastante celoso de él, por más estúpido que sonara. Sabía que eran hermanos, que eran gemelos, que tenían un vínculo que yo simple y sencillamente jamás podría tener con Tomoyo… pero como Tomoyo añoraba su compañía más que la mía…

¡Ah! ¡Y cuando Nakuru me confesó que estaba enamorada de él! No supe que pensar en ese entonces, Nakuru era Nakuru… para mí, lo más lógico y predecible fuera que se casase con alguien como Toya Kinomoto o Syaoran Li… alguien fuerte que no temblara no importase cual situación, en alguien serio, en alguien… ¡hubiera imaginado incluso que se enamorara de Yukito Tsukishiro y no me hubiera sorprendido!

Kaname Daidouji era simplemente demasiado amable, demasiado optimista, demasiado… extraño, sencillamente era extraño verlo junto con Nakuru.

Sin embargo, ¿Cuándo había visto yo llorar a Nakuru de esa forma?

¿Cuándo había visto tanta angustia en el rostro de Kaho? ¿Tanta agonía en Meilling Li? ¿Tanta seriedad en Yukito Tsukishiro? ¿Tanta tristeza en Sonomi, en Kenji Daidouji? ¿¡Cuándo había sentido a Tomoyo llorar y aferrarse a mí de esta forma, temblando como una hoja, sino cuando se trataba de Kaname Daidouji!

Y no podía hacer absolutamente nada.

-Tomoyo…

"¿No llores?" ¡Qué clase de idiota diría eso!

-Siempre estaré aquí contigo… jamás te dejaré, no es una promesa, sé que no crees en ellas. –murmuré con mis labios rozándole el oído. –Pero eres mi vida… y yo soy egoísta, princesa… y aprecio mi vida más que a nada en el mundo.

Tomoyo asintió y se escondió en mi hombro.

-No llores mi bella princesa, que tus lágrimas son aun más preciadas que el oro. –sentí un suave cosquilleo sobre mi oído al tiempo que mis ojos se agrandaban como platos. Tomoyo rozo sus labios contra mi oído y murmuró las dos palabras más hermosas que Dios había creado para la voz humana…

-Te amo, Eriol… ahora y siempre… te amo…

-Tomoyo…

-No es mentira, no es consuelo… es verdad. Kaname lo hubiera querido así.

-Le debo demasiadas cosas a tú hermano…

Tomoyo solo asintió sonriendo.

-Ambos estamos aquí, estamos vivos. Kaname murió para enseñarme eso, es porque soy tonta, torpe y lenta… -ahogó un sollozo. –Es por eso que Kaname nii-sama siempre tuvo que hacer cosas para hacerme entrar en razón… es por eso… ¡es por eso que la vida que tengo se la debo a él! Kaname sacrificó su vida, su felicidad por mí… siempre lo hizo… y es por eso Eriol… que el hecho de que este aquí parada sobre la tierra… significa que estoy viva y debo ser feliz. Se lo debo a Kaname… se lo debo a mis padres… ¡te lo debo a ti!

Rompió en llanto.

Yo la estreché contra mi pecho sintiendo, por primera vez en muchos meses, esperanza.

Su cintura se sentía estrecha, se sentía delgada, mucho más delgada que antes, pero Tomoyo no temblaba. Lloraba sí, pero ya no temblaba.

A diferencia de hace unos meses, hace dos días, hace media hora, Tomoyo había dejado de temblar. Era como si, de repente, hubiera adquirido una nueva fuerza que le impulsara a mantenerse fuerte, firme.

No lo comprendía, no comprendía ese repentino cambio, pero tampoco hice nada por saberlo, la estreché en mis brazos y besé sus mejillas.

Tomoyo era mía, y sólo mía… y como Tomoyo decía estábamos vivos. Los brazos que tenía alrededor de su cintura jamás la dejarían ir, no más.

De reojo, vi como le echaban tierra al ataúd y entonces lamenté no haber hablado más con un alma tan pura como aquella.

"Gracias…" –quise decir, pero nada salió de mis labios.

Agaché la cabeza y hundí mis labios en la larga cascada lavanda que era la cabellera de Tomoyo y cerré los ojos. Su llanto es algo que jamás olvidaría.

-Estás aquí, eso es lo único que importa ahora… no tienes que fingir sonrisas ni tampoco acallar tus sollozos, princesa. Era tu hermano… siempre será mucho más importante que yo, está bien llorar…

Tomoyo solo negó y se negó a dejar un solo sollozo escapar de sus labios, en lugar de eso sólo dejo que las lágrimas fluyeran libremente sin decir palabra.

-Las lágrimas no ayudarán en nada, mis lágrimas no lo harán volver… por más esperanza que lleven… Kaname no volverá. ¿Sabes, Eriol? Cuando me hicieron creer que Kaname estaba muerto… -murmuró. –Pensé que era el infierno propio el que se estaba apoderando de mi vida… y por un momento creí que esta vez sería lo mismo. Pero me equivoqué… es mucho peor que eso… ahora no sólo son las llamas que me queman si no también el hielo y la lluvia helada que me cala hasta los huesos. Y yo sé mejor que nadie que lo merezco, así que llorar de la forma en que lo hice antes en sus brazos… es algo que jamás me volveré a permitir.

-No estás sola…

-Jamás lo comprenderías… y no necesitas hacerlo, Eriol. Está bien así, ya era hora que empezará a madurar.

-Tu hermano estaría orgulloso de ti. –le dije sonriendo ligeramente.

-Le debo demasiado…

-No tienes que pagarle ahora.

-Nakuru lo está haciendo. –murmuró. –Nakuru en verdad le amaba.

-Más de lo que tú crees, y también de lo que yo jamás creeré… nunca he podido descifrar a tu hermano. La persona que yo quería para Nakuru… la persona que yo esperaba era alguien mucho más…

-Yo tampoco esperaba que Nakuru pudiera entrar tan profundamente en su corazón…

-Ambos son un misterio.

-¿Eriol?

-¿Si, Tomoyo?

-Yo… me siento sola.

-Estoy aquí.

-Tengo frío.

-Está será la última vez que lo tengas, princesa.

-¿Es una promesa? –ahogó un sollozo. -¿Qué dijimos sobre ellas?

-No lo es, es un hecho.

-Como era de esperarse, eres bueno con las palabras.

-Si llevas más de una vida viviendo, es difícil no serlo.

-Ahora eres Eriol. –me apretó la mano fuertemente. –Estás aquí conmigo. Y eso es todo lo que importa.

Kenji Daidouji

No sé como describir lo que sentía en aquel momento.

Todo era… tan… borroso.

Todo había sucedido tan… repentinamente que no… no me dio tiempo para nada.

¿Para qué había sacrificado mi vida, mí tiempo con mis hijos, entonces?

El funeral había terminado ya hace una hora antes, pero yo era incapaz de moverme, al igual que Sonomi y Tomoyo.

Éramos una familia, después de todo.

Y, seguramente si a Nakuru no la hubieran sedado, todavía estaría aquí. Pero no, Toya Kinomoto había dicho que no era sano, necesitaba descansar, demasiados sentimientos en un día… y todas esas cosas que los médicos usaban para decirte indirectamente "la paciente se está volviendo loca"

Nakuru había amado realmente a mi hijo, eso era algo que le agradecería por siempre.

Rodeé a Tomoyo con un brazo y Sonomi hizo lo mismo de forma que ambos pudiéramos tocar y entrelazar nuestras manos.

Los problemas, el orgullo, los prejuicios, todo había desaparecido. Y todo es, había sido gracias a Kaname…

Aún podía sentir las cenizas de Mia correr por mis dedos y luego desapareciendo en una lluvia de mariposas, aún podía sentir su suave "lo siento" y aún podía sentir la suave mirada amatista de Kaname en los ojos de Tomoyo.

Le debía tanto a Kaname… le debía tanto a mi familia… ¡tanto!

Todos los años perdidos, ya se habían ido, no iba a ponerme a hablar como un anciano y decir que podríamos recuperarlos, no. La herida, el vacío de la muerte de mi hijo, sería una cruz que cargaría por siempre… y no me molestaba en hacerlo. De hecho, estaba orgulloso.

Siempre había estado más que orgulloso de mi hijo.

Jamás podré describir lo que sentí cuando vi el rechazo… la debilidad en los ojos de la mujer que creía amar, jamás podré describir el dolor y el vacío que sentí al verlo cerrar los ojos, y perder el color lentamente hasta que sus labios se volvieran azules.

Kaname había sido… mi sangre, mi propia carne, mi hijo. Y ahora, perderlo era….

Distantemente, escuché a Sonomi romper en largos sollozos. Tomoyo empezó a temblar.

Yo mantuve mi brazo firme, haciendo todo lo posible para mantenerlas en pie, a transmitirles mí fuerza, la fuerza de Kaname.

Porque yo le conocía mejor que nadie, Kaname jamás hubiera querido esto.

"Sé que les perdonaras a ellas, pero por favor, Kaname, donde quiera que estés ahora y si estás viendo esto, por favor, te lo ruego… no te culpes. Acoge estas lágrimas como una bendición, después de todo, son lágrimas de esperanza. Esperanza rota y frágil, pero esperanza al fin y al cabo"

Alcé la vista y apreté los dientes fuertemente sintiendo mi mano apretarse contra la frágil mano de Sonomi con fuerza, casi estrujándola.

Miles de flores blancas rodeaban la tumba de mi hijo, casi haciéndolo un sueño, una ilusión.

La ironía de la vida era que, aunque el mundo podía compararse como un escenario en el que todo mundo eran actores llenos de mentiras y máscaras… al sufrir el acto de la muerte, no podrías levantarte ya. Jamás.

Me llevé la otra mano al pecho donde tenía la cruz que tenía colgada cuando murió, más tarde se la regalaría a Tomoyo, me prometí, pero en aquel momento… en aquel momento sólo quería lamentarme, como todos lo habían hecho ya.

Quería verlo partir, darle mi último adiós como el buen padre honesto y amable que siempre quise ser para él.

Nakuru Akizuki

Suero, tubos, cables.

-Mátame. –fue lo único que pude decir. Habían pasado tres semanas desde que Kaname había muerto, y yo no podía dejar de pensar en esas palabras. Toya sólo negó, como hacía siempre y me agarró la muñeca para tomarme el pulso. –Entonces sólo déjame en paz… déjame lamentarme sola.

Estaba afónica, y lo más alto que conseguía alzar mi voz era en un murmullo, pero tampoco es que hubiera tratado de alzarla, estaba demasiado muerta para eso.

-La última vez que hice eso, te trataste de encajar un pedazo de vidrio.

-No lo entiendes… quiero morir. Morir. –repetí.

Toya se dedicó a escribir unas cuantas cosas en su tabla. Acto seguido, dejó la tabla y se sentó en una silla que había cerca.

-Tú padre está preocupado.

¡Ah! ¡Los doctores eran tan buenos en la manipulación!

Pero yo no caería en eso, el infierno me estaba quemando.

La muerte era lo único que me podría salvar ahora, oh sí, las llamas dejarían de quemarme.

-Mátame. –me dediqué a repetir sin mostrarme afectada por lo que había dicho. Estaba siendo egoísta, pero no podía evitarlo.

-Los doctores quieren llevarte a un psicólogo.

-Entonces enciérrame, ¡enciérrenme en una de esas habitaciones blancas! Así me volveré realmente loca y encontraré la forma de morir yo sola, gracias.

-No estoy bromeando, Akizuki.

-Yo tampoco… -y era cierto, no lo hacía. –Lo digo en serio, simplemente mátame, nadie te podrá culpar. Escucha, sólo tienes que dejarme sola y…

-No.

-No lo comprendes… yo… -clavé mi mirada en el techo, ¡ah! ¡El techo! ¡Siempre tan sabio! –Es diferente a perder una madre. –Toya se tensó, yo continué, ignorante de su sufrimiento. –Cuando vi que cerró los ojos, sentí mi alma quemarse viva por las llamas del infierno y los huesos congelarse. Me sentí desorientada, y no pude hacer nada más que gritar…. Gritar… y gritar. Cuando pierdes a una madre tú sabes, muy interiormente, que es natural… que es natural que los padres mueran antes que lo hijos…pero… pero cuando pierdes a la persona que amas, sientes que tu alma es desgarrada, sientes que…

-Akizuki… todo esto debería escucharlo un psicólogo.

-No estoy loca, Toya. –dije amargamente.

-No solo los locos van a ver a psicólogos… te ayudará hablar con alguien. Necesitas hablar con alguien.

Sentí mi vista nublarse en lágrimas al igual que la ventanas de lluvia.

-No… no necesito a nadie más que a Kaname. Así que por favor… déjame morir de una buena vez. –busque su mano y la apreté fuertemente. Mis lágrimas resbalaron por mis mejillas al mismo tiempo en el que Toya se ponía de pie y salía de la habitación sin otra palabra más que…

-No. –y se fue.

Se fue dejándome más sola que nunca.

Las llamas no habían cesado, me seguían quemando, abrasando… destruyendo y envolviendo lenta y dolorosamente en esa fría realidad infernal. Jamás volvería a soñar o a engañarme, simplemente quería morirme. No, no para regresar con Kaname, pues no sabía (y no me atrevía a pensar y a tener la esperanza de creer) si había una vida después de la muerte, si no solamente para calmar ese dolor.

Y, en todo caso, si llegaba a ir al infierno… al menos sabría que eso sería eterno y no necesitaría ver las sonrisas comparecientes, falsas y preocupadas de mis seres queridos. Nada más era más doloroso que ello.

La lluvia caía, y una vez más sentí mi garganta desgarrarse en fuertes sollozos y mi pecho ser consumido en las llamas frías del infierno.

Syaoran Li

Me detuve en la puerta de la habitación 890 al escuchar los sollozos de la persona a la que había venido a visitar.

Lancé un largo suspiro.

-¿Syaoran? ¿Vas a entrar? –preguntó Eriol Hiraguizawa a mi lado, yo asentí, aunque no dije otra palabra.

Toqué la puerta dos veces… los sollozos cesaron.

Eriol entró primero y dejó los lirios blancos en un florero cerca. A Kaname le encantaban los lirios… y en su funeral había habido una gran cantidad de lirios también.

Nakuru no hizo ademán de levantarse, Eriol solo se sentó y cogió su mano fuertemente.

-¿Cómo estás? –la misma estúpida y cansada pregunta de siempre. Pero a Eriol no le interesaba la respuesta (después de todo, ¿quién preguntaría eso cuando la prueba estaba obviamente en la mano huesuda y pálida entre las suyas?, le interesaba escuchar su voz, le interesaba buscar vida en esa voz.

Yo me quedé allí parado después de haber cerrado la puerta sin decir nada, solo mirándolos.

Nakuru no contestó, como siempre.

-Nakuru…

-¿Por qué me haces esto, Eriol? ¿Por qué no me dejas morir de una vez? ¿¡Por qué estás aquí!

-Confío en ti, puedes salir adelante, Nakuru. Tomoyo lo hizo.

-Kaname está muerto, ¡Eso es lo único que puedo pensar! ¡Eres… eres…! –lágrimas. Silencio. –No tengo nada más por lo que vivir en este mundo… yo sé mejor que nadie que Kaname no va a reencarnar… y no quiero… ¡no puedo vivir esta eternidad que me diste sin él!

Empezó a temblar fuertemente rompiendo en llanto yo me acerqué y me limité a mirarla en silencio, a darle mis condolencias en silencio. ¡Dios! Eso era lo único que podía hacer…

La muerte de Kaname había afectado a Nakuru mucho más que Meilling o a Tomoyo.

Tomoyo había salido adelante, sí, había veces en las que se paseaba por el jardín de lirios de su mansión con lágrimas cristalinas corriendo por sus mejillas, pero sonreía. Tomoyo había aprendido a apreciar lo que había hecho Kaname por ella, por todos nosotros. Había aprendido a darle el descanso eterno y esperar por el día en el que se volvieran a reencontrar.

Incluso, podía dejar de depender de Eriol, y podía volver a encarar a Sakura con la misma amabilidad de antes. Ambas volvían a ser las buenas amigas de antes.

En cuanto a mi confesión… estaba seguro que ya era cosa del pasado.

Meilling, mi prima, también había mejorado notablemente. Ahora empezaba a mostrarse un poquito más optimista, más como la Meilling que yo conocía. La que me seguía a todos lados, la ruidosa, desesperante y alegre Meilling.

Al igual que Tomoyo, Eriol, yo y muchas otras personas, Meilling, había ido a visitar a Nakuru en numerosas ocasiones. Parecían haberse vuelto buenas amigas, pues ella era la única que no terminaba haciendo llorar y gritar a Nakuru… y admitía que ese cambio drástico, tan optimista y positivo de Meilling había sido en gran parte gracias a Toya Kinomoto, quien con sus comentarios sarcásticos, había mostrado ser una persona confiable, amable y necesitado por y para Meilling.

Y eso, por mucho que me constara admitirlo, eso era algo que yo le agradecería por siempre.

Largas bolsas y círculos negros rodeaban los ojos de Nakuru, como signos de enfermedad e insomnio, estaba pálida como una hoja en todo el sentido literal de la palabra y delgada como un palo.

No era más que la sombra y el reflejo de lo que alguna vez había sido una chica amable y cariñosa, optimista y ruidosa que traía alegría a todo el mundo.

Sin embargo, la esperanza nos decía que Nakuru podía recuperarse, después de todo, era una chica fuerte.

Todo eso, era lo que nos impulsaba a estar allí, acompañarla, sostenerle la mano y darle fuerza, esperanza, valor.

Más sin embargo, nada de eso servía, el infierno y el demonio mismo se estaba apoderando de ella y los shinigamis parecían querer llevársela lo más pronto posible. Sakura suele contarme que a veces, mientras le mira de afuera, Nakuru se tapa los oídos como si escuchará voces… y ni siquiera la voz serena y calmada de Tomoyo, el mismo reflejo de Kaname logra calmarla. Es simplemente imposible.

Y eso es algo que todo el mundo los sabía porque Nakuru no había dejado de pedir la muerte desde el día en que todo se vino abajo.

Eriol Hiraguizawa

-Las llamas del infierno queman, Eriol… ¿conoces el infierno? ¿Conoces el frio infierno que es la vida? ¿La fría realidad infernal? –lanzó otro sollozo. Yo le estrujé la mano aún más fuerte, apretando los dientes fuertemente y tragando fuerte para deshacerme del nudo en mi garganta. -¡Queman! ¡Haz que desaparezcan! ¡Si no puedes hacerlo entonces mátame! ¡Mátame!

-Nakuru. –murmuré acariciando sus largos cabellos suavemente. –No hay necesidad de eso. Confió en ti.

-La esperanza te termina traicionando, Eriol, por eso no confió en ella, ya no. Pero creo en la muerte, la muerte me salvará… porque después de la muerte no hay nada.

-Lo entiendo.

-¿Lo entiendes? ¿De verdad lo entiendes? ¡Lo más cercano a esto es que te avientes a una hoguera ardiendo y ni siquiera sería lo mismo! ¡Tú jamás… jamás entenderás lo que es esto!

-Nakuru…

-Nada puede salvarme ahora, Eriol… tú eres el único que puede destruirme realmente… así que si no lo haces, ten en cuenta que será tu culpa todo mi dolor y sufrimiento.

Me acerqué a ella lentamente recargando mi frente en la suya, ella abrió los ojos grande como platos.

-Aún a pesar de ello, Nakuru… no lo haré, tú eres mi guardiana, yo soy tu amo. Ahora te ordeno que vivas y tú tendrás que obedecer por el simple hecho de que eres mi eterna sirvienta. –murmuré. No quería decirlo, no quería hacerlo de esa forma, pero no tenía otra elección. –Vive.

Entreabrió los labios temblando de furia y levantó la mano para tratar de alcanzar mi cuello, yo tenía planeado dejar que me ahorcara, que hiciera todo lo que quisiese, pero Syaoran la detuvo, le sostuvo por ambas muñecas alejándome de una patada poniéndose entre ella y yo. Spinel Sun salió momentos después en forma de pantera poniéndose en frente de mí en un rugido furioso.

-No interfieras, Syaoran.

-Eriol, se cómo te sientes, pero creí que…

Nakuru se incorporó tomando a Syaoran de la muñeca. Negó. Syaoran parpadeó no comprendiendo, yo entrecerré mis ojos. ¡Nakuru era tan terca!

-¡Si no hago esto, Syaoran… Nakuru caerá en coma! ¡O en cualquier otra cosa peor que eso!

-Hay muchas formas de hacerlo, ¡no tienes que obligarla! Esto va en contra de tus principios.

Apreté mis puños fuertemente.

-Syaoran, yo hablaré con ella. ¿Eriol-san, puedo? –preguntó Yukito Tsukishiro apareciendo de repente. Yo le miré largamente. –Yue también quiere hablar con ella.

Nakuru me preocupaba. Los círculos negros alrededor de sus ojos podían incluso compararse a los de un panda y cada vez aumentaban más y más. Además estaba bastante paliducha y delgada… y sus labios habían adquirido un extraño color pálido muy, muy lejano del color rojo y mucho más cercano al azul y eso que no hacía frio dentro del hospital. Además, el hecho de que Nakuru deseara la muerte con tanta intensidad, con tanta… agonía me estrujaba el corazón.

Tomoyo tenía razón, debí haberle hablado de esto antes. Debí de haberlo hecho antes pero… yo quise confiar en la esperanza, yo quise… yo quise pensar que el tiempo curaría las heridas.

Había cosas que simplemente no se olvidaban y más si llevas una eternidad viviéndolas. Miré a Yukito quien se limitó a sonreírme, lo miré directamente a los ojos para tratar de descifrar de qué quería hablar Yue.

¿Por qué Yue, el Yue que simplemente no hablaba porque no quería tendría una urgencia para hablar con mi guardiana? Además, ¡ni siquiera se habían hablado mucho! Es más, insisto, ¡Yue ni siquiera habla!

Había cosas que simplemente no podía solucionar solo. Lancé un largo suspiro.

-Spinel. –éste asintió al igual que Syaoran quien se despidió amablemente de Nakuru.

-Eriol. Gracias por las flores.

Yo le di una última sonrisa para después seguir a Syaoran por la puerta.

Haría todo porque me volviera a mirar a los ojos al hablar, porque volviera a sonreír.

Spinel volvió a su forma falsa y se escondió dentro de mi abrigo, yo me limité a abrir el paraguas, y entrar en la limusina que era manejada por uno de los sirvientes del padre de Nakuru, mi tío.

-¿Amo? ¿A dónde va? Esta no es la dirección hacia donde vive la señorita Tomoyo.

-A visitar a alguien.

Nakuru Akizuki

-Nakuru, esto no está bien.

-¿Tú también vas a juzgarme? –pregunté mirando fijamente el techo.

Yukito pareció suavizar sus rasgos.

-Por supuesto que no. Es sólo que pienso que…

-No iré a ver un psicólogo. Son libres de encerrarme en una jaula blanca, pero no pienso ir a hablar con un desconocido. –murmuré, mi voz aún no había recuperado su timbre normal, y escuchar mi propia voz de esa forma tan… rota, me irritó, pero por supuesto como había hecho los últimos días, elegí ignorarlo.

-No, no vengo para eso.

Eso me llamó la atención, alcé la vista para preguntar a que se refería pero Yukito ya se había adelantado.

-Quiero que hables conmigo, dime, ¿Qué has hecho con los demonios que te rodean?

-Tú también los ves. –Dije cansinamente –Nada, absolutamente nada.

-Si les entregas tu alma podrás morir.

-Sí, pero…

-Nakuru, Kaname no va a reencarnar. –apreté los labios y los puños fuertemente. –Aunque Eriol te destruya, no pasará absolutamente nada, nada… tú reencarnarás porque es una ley física y natural que se tiene que seguir…pero Kaname no lo hará. Ya no pueden estar juntos, y tú lo sabes, ¿verdad? La única forma de hacer feliz a Kaname que si existe un cielo, te está viendo desde allí, es… es simplemente ser feliz y vivir… vivir… vivir.

-Ya no importa… ya no importa nada. –fue lo único que dije.

En un instante, y sin levantar la vista, supe que Yue había tomado prescencia.

-Cuando Clow murió… sentí lo mismo.

-A diferencia de ti, yo y Ruby somos la misma persona. No comprendo lo que es guardar secretos del pasado, mi única vida ha sido esta. Así que… no… no comprendo tu dolor.

-No espero que lo hagas. Sólo quiero que sepas que… no siempre todo es frio.

-El infierno en el que vivo ahora es más frio que el propio universo, pero tienes razón. No todo es frío. –le dije al tiempo que me incorporaba y me sentaba clavando la vista en mis puños. –Todo es realidad…

Yue me envolvió en sus alas y, aunque no dijo ni una palabra más, yo sabía que estaba allí, que lo estaba intentando. Sólo Yue podría comprender el dolor que estaba sintiendo, pero también solo Yue sabría que sus alas me recordaban demasiado a las alas imaginarias que había imaginado en Kaname, que la calidez que embriagaba era demasiado parecida a la de Kaname.

-Todo es dolor.

NOTAS DE AUTORA

¡Hola! ¡Si, ya se, mucho Nakuru! Siii… pero entiendan, ¡perdió a una persona importantísima en su vida! Sniif, ¡Emi sigue triste por eso! En algunas escenas se me cristalizaron los ojos, ¡es que es taaan triste! ¡Kaname….! Waaaaaa! ¡Y eso que yo lo escribía!

En fin, muchísimas gracias a todo los que me han agregado a favoritos, alertas y dejado reviews, ¡ADORO MIS REVIEWS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS! y a todos ustedes queridísimos lectores que me leen ahora, quiero pedirles una GRAN disculpa por mi LARGA tardanza, en serio con ustedes, (En especial los que dejan review) me da una pena…. ¡LO SIENTO MUCHISIMO!

Y ahora, ¡En fin! ¿Quién será la persona a la que va a visitar Eriol? ¿Alguien de ustedes puede adivinarlo? ¡Seguro que sí! ¿Dónde quedó Tomoyo en la historia? Sí, se que estarán pensando eso, pero entiendan ¡tengo que darle un fin a la historia de Kaname… (KANAME! Bwaaaaaa!, lo siento no puedo dejar de hacerlo T.T)!

¡Ya quedan poquitos capítulos! Sí, lectores y lectoras, "Lágrimas de esperanza" ¡se está acabando! ¡Ha sido tanto tiempo!

Muchas gracias por todo su apoyo hasta ahora, espero que nos sigamos leyendo después de esto…

Arigatou 0^o^0

Emiko-chan!