||…o…||*||…o…|| ¡A nuestro modo! ||…o…||*||…o…||
Disclaimer; Naruto no me pertenece, la trama de la historia, al contrario, si es mía.
Union Namikaze-Uzumaki
Cuando la vio por primera vez en la academia, penso que se trataba de otro muchacho con un trauma respecto al cabello largo. Le resto importancia hasta que, por azares del destino, la escucho hablar. Era, indudablemente, la voz de una chica. La miro de reojo, mientras sus compañeros y amigos, Fugaku Uchiha y Hiashi Hyugga hablaban entre ellos.
Pelirroja de alli a dos kilometros… llamativa, de ojos violacios y piel palida. Bonita, se atrevio a decir, pero poco delicada. Se movia con seguridad, aunque ligeramente recelosa. Interesante, se dijo.
Era un idiota, un maldito estupido y creido idiota ese repugnante ser llamado Fugaku Uchiha ¿Quién se creia que era ese imbecil? Si, era nueva, pero no lo justificaba para darle esa mirada que solo podia significar desprecio. Se sento tres bancas debajo de ellos, ese trio de estirados.
-Hola- Se precento una chica de largo cabello oscuro- Me llamo Mikoto.
-Soy Kushina- Se presento y se giro hacia la chica que estaba al lado de Mikoto- Un gusto.
-Oh, si, soy Hanna- Se presento, timida, la niña.- Un placer conocerte.
Hablaron hasta que, luego de unos minutos les toco presentarse. Mikoto hablo sobre ser una buena ninja, Hanna sobre honrar a su clan, Hiashi sobre llegar a ser un lider justo, el Uchiha solo hablo de ser el mejor shinobi y para la sorpresa de Kushina, aquel rubio que se sentaba detrás de ella exclamo;
-¡Yo sere un buen Hokage!
Kushina se levanto como si fuera por un resorte.
-¡Pues yo quiero ser la primera mujer Hokage!
Y asi, empezaron las peleas.
(Salto, no creo necesario explicar que paso, lo del secuestro y todo eso)
Sintio los colores subirsele al rostro, Minato la había salvado, penso. Aun sin poder moverse mucho debido a la sorpresa trato de decir algo, cualquier cosa, pero solo pudo quedarsele mirando como una estupida. Era… señor, ¿Cómo no se había dado cuenta que el mocoso molesto se había convertido en un hombre valiente? Pero alli estaba, en sus brazos, atonita y con la mirada fija en sus orbes azules.
Dios santo, no podia creer que sentia la necesidad de acariciar su rostro. Se abofeteo mentalmente, a ella no podia gustarle ese niño devilucho que en un momento confundio con una nena.
No supo en que momento llegaron a los bordes de la aldea, solo fue conciente del movimiento de su cabello rubio al sacudirse contra el viento. Lo besaria, ese fue el primer pensamiento que tuvo. Lo haria, cuando nadie mirase… sabia que Minato le tenia un inexplicable aprecio, mucho más fuerte que el de la amistad, y esa seria su forma de agradecerle.
O eso se mentia para no admitir que, demonios, queria besarlo.
Minato la bajo en las colinas cercanas a las puertas de la villa, pero al contrario de hacerla caminar, la abrazo de modo automatico apenas sus pies rozaron el suelo. La estrecho como si el mundo se la quitara de lo contrario y ella no se removio ni lo insulto, como solia hacerlo ¿Estaria en shock?
-¿Estas bien Kush…?- Intento preguntar, pero Kushina no solia aguantarse para cumplir sus objetivos.
Lo beso sin muchos miramientos, directo en la boca, poniendose de puntillas y aun abrazados. Movio los labios sobre los de el un instante, antes que el se diera cuenta de lo que sucedia y respondiera ¿Qué le había llevado a enamorarse de ella? ¡Dios sabria! Quiza se había enamorado de su forma unica de ser, de sus rarezas, o tal vez le gustaba ella en conjunto. Sus animos inagotables, su carácter dulce y fuerte a la vez… o solo ella.
-Tomalo como un gracias por salvarme- Advirtio ella, apartando la mirada- Rubio idiota.
La siguio de nuevo, señor, sabia que aunque nunca lo aceptaria- jamaz- a ella le encantaba. Camino a unos metros detrás de ella, Kushina se volteaba de vez en cuando para fruncirle el cejo, pero apenas en perdia de vista su rostro, sonreia con disimulo. ¿Cuánto tiempo tenia asi? ¿Dos semanas, tres? Se paro frente a Ichiraku y se volteo hacia el, no dijo nada, pero Minato entendio.
-Anda, acepta- Insistio Minato, cuando estaban dentro del local, comiendo.
-No- Contesto, sorbiendo sus fideos.
-¿Por qué no?- Pregunto, mirandola con una sonrisa.
-Por que no y ya
-Todo tiene una razon de ser, Kushina- Contesto.
-Claro que la tiene, no, por que no, y es no.
Minato rio, algun dia la convenceria de que aceptara que el pagara la comida. La unica vez que lo hizo, ella le devolvio el dinero, metiendolo en su cartera en algun momento. Suspiro, no seria ese dia. Kushina era demaciado orgullosa como para aceptar que el hiciera algo por ella, mucho, demaciado. Y le encantaba.
-¿Un helado?
-No.
-Un dango, entonces.
-No.
-¿Ramen de postre?
-No.
-¿Dulces?
-No.
-¿ Caramelos?
-No
-¿Quieres que deje de hacerte compañía?
-No- Respodnio y se dio cuenta de lo que dijo- ¡Yo… es decir! ¡Me engañaste!
Minato rio y nego con la cabeza, Kushina dejo sin terminar su septimo tason de ramen y lo miro. Bajo la mirada luego de sostenerlas unos segundos y dudo. El no ser iria, no señor, el no permitiria que entrenara hasta mañana por ordenes de la medico. Gruño. Queria entrenar, pero no se lo permitian.
-Chocolate.
-¿Qué?- Pregunto, inseguro de lo que escucho.
Kushina se sonrojo y aparto la mirada ¡No podia sostenersela desde que lo había besado!
-Que me apetece chocolate- Afirmo.
-Asi que tu tambien vives solo.
Minato se giro sobre su eje para mirar a la pelirroja que, mirando a la nada, se apoyo contra la pared de la cocina. Sonrío, cuando Kushina no lo miraba al hablarle era porque estaba incomoda o en su defecto, apenada. A los dieciséis años, la conocía como nadie. Asintio cuando ella le dedico una mirada. Kushina habíha ido a su casa a cenar, por primera vez, y lo había hecho porque le había ganado en un juego de cartas.
-Desde los once, más o menos- Comento.- Aunque siempre he sido ordenado.
-Pues yo no- Repuso, restandole importancia.
Lo miro de perfil… otra vez estaban alli aquellas incontrolables ganas de plantarle un beso en la boca, comercelo a besos y deborar cada centimetro de sus labios. El autocontrol le servia de mucho, pero la intimidad de la pequeña cocina, el calido ambiente y el simple hecho de estar solos era demaciado tentador.
-Minato- Lo llamo.
-¿Si, Kushina?
-Besame.
El rubio la miro, pensando que quiza, había escuchado mal. No seria la primera vez que le pasaba. Pero ella estaba alli, sonrosada y con la vista fija en el. Se lo había dicho en serio, se percato, dejando la cuchara dentro de la hornalla. Sin pensarlo demaciado la arricono contra la pared, acaricio su rostro con la mano libre y con la otra sostuvo su cintura.
-Eres rara.
-Y asi te gusto- Respondio, altiva.
-Exactamente.
La beso con suavidad al principio y luego avanzo a una instancia un poco más avanzada. Jugo con sus labios carnosos y los deboro como el más suculento de los postres. Deslizo sus manos hasta su cintura, acariciandole la espalda al tiempo que la pelirroja se colgaba de su cuello por la diferencia de estaturas.
Suspiro contra su boca cuando se separaron, tomando el necesitado aire para vivir otros minutos. Con los rostros cercanos, a milimetros, las narices rozandose, y las respiraciones agitadas fundiendose en una sola, volvieron a besarse. Ese beso fue más pasional, más apresurado y necesitado que los anteriores.
-Eres rara- Recito- Pero me encantas y realmente me gustaria que salieras conmigo
Kushina sonrio.
-Eres raro- Repitio- y asi mismo, quiero salir contigo… ¡Demonios, besame!
Minato sonrio ante la exigencia y sindo jalado por ella volvieron a unir sus labios… mujeres raras y sus encantos execivos.
