Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Meilling Li

No sé describir muy bien el mar de sentimientos en el que me estaba ahogando en aquel tiempo… pero sé con toda seguridad que no todo era tristeza. Simplemente me sentía… extraña.

Sonreía, y no, no lo hacía con falsedad, mis sonrisas eran auténticas.

El deseo de morir, de "vivir solo para no desagradecer la vida" se había ido después de la primera semana, pero… algo faltaba.

-¿Meilling? –parpadeé dos veces para despertar de mi ensueño. Lentamente, la nieve se hizo presente frente a mí, al otro lado de la ventana. Giré el cuello ligeramente, con curiosidad.

-¡Syaoran! –exclamé con una sonrisa poniéndome de pie. Corrí hacía él, le pase las manos por el cuello en un abrazo fraternal. -¡Ya te extrañaba!

Syaoran ladeó el rostro en una de sus características sonrisas tímidas. En verdad no había cambiado.

-Meilling. –saludó. Apretó suavemente mis brazos para deshacer delicadamente el abrazo. Lo entendía, tenía algo de qué hablar, lo conocía.

Por unos largos instantes, no me miró, y continuó hablando desviando la vista de cosas triviales y sin importancia con esa nerviosa alegría que se apodera de uno cuando trata de hacer plática. Las palabras le salían atropelladas, rápidas y muy juntas, lo que le hacía algo difícil de creer que ese era Syaoran el que estaba hablando, pues éste era muy callado. Yo le seguí el juego hasta que, eventualmente, el silencio se apoderó de la habitación.

Lanzó un suspiro.

-Necesitamos hablar.

-¡Ay, por Dios, Syaoran no uses esa frase! Es tan endemoniadamente cliché que… -continué mi frase con mi característica alegría hasta que por fin, la terminé con una media sonrisa.

Syaoran también sonrió ligeramente, pero inmediatamente sus facciones volvieron a su seriedad habitual, sólo que esta vez me miró directamente a los ojos. Más bien, se forzó a hacerlo.

Yo ladeé el rostro.

-¿Pasa algo? –pregunté.

-No es nada malo…

-Syaoran, ¿Qué pasa? –pregunté parpadeando seriamente entre preocupada y curiosa.

Él dudó y titubeó. Lo conocía lo suficientemente para deducir que Syaoran se estaba atormentando entre decirme lo que sea que tuviera que decirme directamente o con rodeos.

Otro suspiro.

-¿Syaoran? –le animé levantando ligeramente las cejas como le había visto hacer a Sakura tantas veces para animarle a hablar.

-Escucha… siéntate. –dijo sentándose el también en el sillón. Yo me empecé a estrujar las manos, esto no me daba buena espina. –Meilling, hace una semana vi a Kaname.

Syaoran Li

Aunque Meilling no había mostrado ningún signo de tristeza, yo sabía mejor que nadie que muy dentro de ella aún le afectaba.

Al escuchar lo que dije, la sonrisa se le desapareció casi inmediatamente, como si hubiera visto un fantasma se puso pálida, su rostro se arrugó ligeramente, sus labios temblaron y sus ojos se cristalizaron un poco. Separó las manos que había estado estrujando y miró el techo para detener las lágrimas.

-Kaname está muerto. –dijo con voz ronca, en un murmullo. Lo dijo tan bajito que tuve que inclinarme ligeramente para escucharla.

-Vi su espíritu. –le dije con la misma voz bajita con la que me había contestado ella. Lo dije pacientemente, como si le estuviera hablando a un niño.

Meilling rió.

Sarcástica, extraña e irónicamente rió. Separó los labios una y otra vez, pero las lágrimas le ahogaron su voz. Al cabo de un rato se rindió, y subió las piernas y juntó sus rodillas para apoyar su frente en ellas. Lanzó un ligero sollozo.

Yo le pasé un brazo por los hombros y la abracé contra mi pecho.

-¿Está aquí ahora? –murmuró en un hilo de voz. Yo negué atropelladamente apenas abriendo los labios.

-Esta con Nakuru ahora.

-Nunca… -murmuró después de un rato, rió un poco; más lágrimas. Se aclaró la garganta –Nunca había lamentado tanto no tener magia como ahora.

Me dolió lo que dijo. Mi mente retrocedió a unos años atrás, a los recuerdos donde mi tía, la madre de Meilling lloraba profundamente por haber tenido una niña sin magia, a donde mi tío negaba con la cabeza al ver que no hacía progreso en las artes marciales, en donde ambos padres abrazaban a una Meilling de 5 años con rostros de fría condolencia por sí mismos.

-Meilling…

Rió un poco más.

-Lo extraño, Syaoran…-murmuró una vez más tratando de controlar el llanto que se estaba derramando ya por sus ojos y luchaba por salir de su garganta. -Lo extraño mucho. –sollozó con voz ahogada.

Sentí un nudo en la garganta al escucharla hablar así. Pero… ¿qué podía decirle? Nada, absolutamente nada. Yo también extrañaba a Kaname, Se iba con Nakuru y nos dejaba a los demás sin poder verlo…

Típico.

Típico del vanidoso Kaname, típico, siempre arriesgando todo por la persona más importante de su vida sin importarle lo que pensaran los demás.

Era tan típico que no pude evitar reír yo también.

Hubo otro largo rato de silencio en el que ambos nos perdimos en nuestras propias cavilaciones.

-¿Habló de mí? –pareció temerosa y dudosa al preguntar esto. -No… olvídalo, no digas nada…

-Sí. –le interrumpí. Se quitó las manos de los ojos y me miró sorprendida. De la impresión, se deslizó y cayó al suelo de rodillas. Yo le limpié las lágrimas. –Kaname está muy preocupado por ti.

No contestó.

-Y quiere que Toya Kinomoto cuide de ti. –terminé murmurándole cerca de su cabeza, muy cerca del oído, acariciando sus cabellos con mis labios.

La cara de Meilling fue todo un espectáculo.

Tragué fuertemente.

Kaho Mitsuki

Me sentía extraña.

Había recibido una carta esa mañana escrita por la letra cursiva, elegante y ligeramente inclinada típicamente inglesa de Eriol.

Y era tan típico de Eriol enviar una carta en esta época en donde la tecnología reinaba más de un medio de comunicación. Era tan típico de él tener que hacerme esperar 2 días enteros para que me llegara la carta cuando pudo haberla enviado por e-mail, ahorrarse tiempo, dinero y papel.

Pero… en cierta forma lo comprendía, la carta era demasiado personal y sentimental para mandarla leerla en la fría pantalla de la computadora. Además, el aire romántico que siempre había caracterizado la caligrafía de Eriol le daba un toque dramático a toda la situación.

Por un momento quise odiar a Kaname, nos había hecho sufrir a todos sólo para aparecerse días después como todo héroe… pero no pude. Simplemente era imposible.

El asunto de las mariposas no había sido nada importante, en realidad había sido simplemente una conversación unos años atrás cuando nos conocimos, habíamos encontrado una mariposa volando cerca de una flor y 3 horas después cuando volvimos a ese mismo punto, encontramos la mariposa muerta en el suelo.

La mariposa había sido de color blanco, irónicamente del mismo color que la flor.

En realidad no había sido gran cosa, la mariposa no era especialmente hermosa ni tampoco tenía nada que atrajera miradas como suelen hacer otras mariposas, simplemente era una mariposa simple.

Pero a Kaname le había fascinado, le había tomado una foto con su celular, la había impreso y hasta la había enmarcado. Supongo que esa memoria se le había quedado tan grabada y significaba tanto para él que tenía que recordármela en sus últimas palabras.

Independientemente de eso, me alegraba saber que Kaname estaba bien.

Y… feliz.

Por fin, después de tanto dolor, tanta amargura, tanta injusticias, era feliz.

Tal vez, con la mente retorcida, extraña y difícil de comprender de Kaname, él creía que la muerte había sido una bendición. No lo sé. Pero no me atrevo a juzgarlo.

Doblé la carta y la metí a su sobre. La carta estaba perfumada con lirios, las flores favoritas de Kaname, las mismas flores que habían puesto en su tumba.

El mismo tipo de flor en la que había revoloteado la mariposa.

En ese mundo no existen las coincidencias, solo lo inevitable -recordé.

-Tenías razón, Clow. –murmuré. –El lirio, la mariposa… todo fue una señal. La mariposa mágica carmesí es una augurio de muerte… como son gemelos… -sentí mis ojos cristalizarse ante las injusticias del mundo. –Tenían que separarse no importara cómo, ¿verdad? Si hubiera… comprendido antes…

El lirio era la flor favorita de Kaname, en el lenguaje de las flores significaba también "pureza" por lo que significaba que en cierta forma, que Kaname era el lirio y la mariposa era la muerte.

La mariposa había muerto. El lirio marchitado.

La muerte vino, tentó a Kaname y se lo llevó.

Kaname era así de inocente, para creerle.

Y tal vez, sólo tal vez, esta vez la muerte había hecho un buen trabajo….

Pero si yo hubiera comprendido el mensaje de la mariposa antes, yo lo habría podido prevenir.

-¿Así que… con un vistazo recordarás la muerte por siempre, eh, Kaname? Eres… -reí con lágrimas resbalándome por las mejillas. –Eres realmente… -reí una vez más. –Pensaste en mí hasta el final… ¿verdad? Sabías que me atormentaría y por eso dijiste eso… querías decirme que aun estás vivo, en alguna forma… eres realmente….

Me puse a reír como una loca al tiempo que lágrimas de felicidad y casi de tristeza y amargura se me derramaban por los ojos.

Sakura Kinomoto

-¡Toya! –le llamé alegremente. Mi hermano volteó a verme, dejando de comer momentáneamente. Sus ojos detrás de la caja de papel me miraron fijamente y sus dedos movieron los palillos distraídamente. Sabía que estaba sospechando algo de mí.

-¿Qué quieres monstruo?

-¡Que no me digas monstruo! –me quejé. Acto seguido sonreí. Hacía mucho que no había escuchado el apodo, las cosas estaban empezando a regresar a cómo eran antes, estaban mejorando.

Lancé un largo suspiro.

-Hermano…

-¿Mmmhh…? –preguntó distraídamente, mientras comía un poco más de arroz y leía unos papeles.

-Syaoran…

-¿El mocoso…?

-Bueno….

-¿Aja?

-Es que…

-¿Qué? –preguntó, por fin, dejando sus palillos fuertemente y poniéndose de pie para tirar la caja donde antes había estado su comida. Dejó de leer los papeles por un segundo para posar su mirada en mí.

Dios, su mirada tenía la misma intensidad de la de Syaoran cuando estaba enojado.

Me pregunté por milésima vez en mi vida como si Syaoran y mi hermano eran tan parecidos, podían llevarse tan mal.

-Sakura, habla.

Tomé una gran bocanada de aire para infundirme valor, pero cuando la exhalé… el valor desapareció.

Cerré los ojos.

-Hace una semana, Syaoran vio a Kaname.

Hubo un largo silencio al que mi hermano respondió con un simple:

-Sí, ¿y?

Conocía a mi hermano para saber que se había sorprendido, pero que no lo quería mostrar. Como sea, esa no era la gran noticia por la que había cerrado los ojos.

-Kaname quiere que cuides de Meilling.

Cerré los ojos más fuertemente.

Escuché papeles caer al piso.

El tic tac del reloj fue el único indicio de que el tiempo no había parado y seguía corriendo.

Calculé 60 tics y otros 60 tacs, antes de abrir los ojos.

Toya tenía los ojos muy abiertos, su labio inferior temblaba ligeramente y sus dos brazos colgaban en sus costados como si de repente, hubiera perdido fuerzas.

-Lo harás, ¿verdad? –me atreví a preguntar.

Al cabo de un rato, Toya se compuso. Recogió los papeles y los dejó en el escritorio que tenía en frente para después mirarme fijamente.

-Dame una razón por la que deba hacerlo.

Me mordí el labio fuertemente.

-Kaname lo dijo. Syaoran… y Tomoyo –agregué como si eso fuera a convencerlo de más. -confían en Kaname.

-Yo no.

-Pues yo sí… y tú confías en mí, ¿verdad?

-Sakura eso no te servirá, yo no confió en él. Nunca lo hice.

-Meilling… te… necesita.

-¿Por qué yo? ¡¿Eh? –preguntó levantando el rostro unos milímetros como si me estuviese desafiando. Me quedé ida, no sabía que responder ante eso.

-Porque…

-No hay ninguna razón por la que yo deba…

-¡Pero Toya…!

-Meilling Li no es nada más que una paciente que atendí y que estuvo en este hospital. Al menos eso es para mí.

-¡Es la prima del hombre que amo… sí del hombre que amo, quieras o no! -agregué al ver que su rostro empezaba a mostrar una mueca extraña de disgusto. -y ¡una amiga muy importante para mí, Toya! –no pude evitarlo, mi voz se elevó más de lo que quise hacerla sonar. Y es que la actitud de Toya me irritaba, se notaba de lejos (y eso que yo era bastante distraída) que Meilling era más que eso para Toya. ¿Por qué no simplemente lo aceptaba? ¡Estaba actuando muy infantil para ser un hermano mayor!

-No voy a tomar responsabilidad por lo que haces para siempre Sakura. No voy a relacionarme con la prima del mocoso solo porque tú quieres que lo haga y porque quieres caerle bien a tu futura suegra.

-Te estás pasando Toya, tú sabes que nada de eso es cierto. –dije con las lágrimas nublándome la vista. -¿Por qué mientes? ¿Por qué te empeñas en no ayudarla al tiempo de actuar como un hipócrita en frente mío?

-Yo no digo mentiras. –me puse de pie limpiándome las lágrimas con una mano, tratando de reprimir el nudo que se me estaba formando en la garganta.

-Pues entonces estas ciego y sordo… o de verdad eres hipócrita. –dije saliendo dando un gran portazo.

No tuve que darme la vuelta para saber que Toya se quedó con las palabras en la boca, con el ceño fruncido, muy ofendido.

Tomoyo Daidouji

-Mamá. –saludé.

-Tomoyo… -sonrió ligeramente al tiempo en que me invitaba a sentarme. Yo me senté, dándole una sonrisa.

-¿Dónde está papá?

-Oh, pues… -dudó. –Dijo que tenía algo que decirle a Eriol.

Alcé las cejas.

-¿A Eriol? –pregunté algo extrañada.

Se encogió de hombros. Me pasó una taza al tiempo que una doncella del servicio nos servía té a ambas. Le agradecí ausentemente mientras, dentro de mi mente, trataba de buscar un tema por el que tendrían que tratar Eriol y mi padre.

-Sospecho, -contestó por fin. –Que tu padre quiere hablarle sobre… ti.

Parpadeé.

Deje la taza de té que antes había pretendido agarrar.

-¿Sobre mí? –estaba desconcertada.

-Si… verás, tu padre y yo hemos notado como… -desvió su mirada sonrojándose ligeramente para después clavarla en la taza de té como si fuera lo más interesante del mundo.

Cuando por fin comprendí, sentí el calor acumularse en mis mejillas.

Debí verme muy, muy roja, lo presiento.

-¡Mamá! –exclamé llevándome las manos a las mejillas para calmar el sonrojo con el frío de mis manos.

Mi madre volvió a verme, aun con el sonrojo pintándole las mejillas y me acarició el pelo, como cuando era pequeña.

-¿Lo amas, Tomoyo? –preguntó casi con ternura.

-¡¿Pero cómo puedes preguntar eso tan de repente? Yo… -dije atropelladamente, muy nerviosa.

Mi madre rió un poco, llevándose la mano a los labios. Yo bajé la vista para esconder mi sonrojo.

-¿Te hace feliz?

Yo asentí, por fin, sonrojándome aún más.

-¿Crees que Kaname lo aprobaría? –pregunté después de un rato, tímidamente.

Ella me abrazó con su brazo libre, sin parar de acariciar mis cabellos.

-Tu padre y yo lo aprobamos, y Kaname siempre quiso lo mejor para ti, Tomoyo. Ahora que… ahora que ya no está aquí, déjanos a nosotros velar por ti. –me siguió acariciando los cabellos. Luego paró por unos segundos para después seguir haciéndolo con mirada ausente y melancólica. -Nosotros… tu padre y yo… los descuidamos por tanto tiempo…. Cometimos tantos errores… -su voz se le estaba yendo, me abrazó contra su pecho y abrí los ojos sorprendida.

Sentí mi vista cristalizarse.

-Eso ya no importa… Kaname… nunca los culpo de nada y… y nosotros entendíamos, mamá. Entendíamos que… nunca quisieron hacernos daño. Kaname nunca te culpó…. –le murmuré también ahogadamente, respondiéndole el abrazo como tratando de tranquilizarla.

A ese punto, las lágrimas ya bajaban por mis mejillas, y, por la voz temblorosa de mi madre, sospecho que ella, como yo, también lloraba.

-Kaname… Kaname fue un buen hermano… te has convertido en una persona maravillosa… -rió. –Antes de que me diese cuenta te has convertido en una verdadera señorita y ni siquiera fui capaz de notarlo… Tomoyo, estoy muy orgullosa de ti…

-Kaname no fue el único, mamá, tú fuiste la que estuvo aquí a mi lado, y fue papá quien educó a Kaname todos estos años. A pesar de todo lo que hemos pasado, son unos maravillosos padres, mamá. Y no sabes cuánto les estoy agradecida. Estoy segura que Kaname diría lo mismo.

Eriol Hiraguizawa

Parpadeé varias veces.

¿Qué Kenji Daidouji quería hablar conmigo? ¿Conmigo?

La noticia (como me había dado la libertad de llamarle…, es decir, ¿de qué otra forma podría llamarlo?) me lo había comunicado él mismo por una llamada de teléfono.

No podía imaginarme algo más raro.

Actualmente me encontraba en el despacho de Kenji, sentado en la silla frente a su escritorio mientras él, sentado justo en frente de mí, miraba perdido en sus pensamientos la foto familiar –con Kaname incluido –en su escritorio.

Tomoyo en esa foto estaba vestida con un vestido blanco con un listón de seda rosa atado en la cintura y amarrado en un moño que sobresalía desde atrás. Sus cabellos rizados en caireles se escondían bajo un sombrero de ala ancha de color blanco que era sostenido para que no se lo llevara el aire por una mano igual de pequeña que la suya, perteneciente a su hermano mayor, Kaname, quien vestía unos pantalones de mezclilla y una camisa blanca. Ambos sonreían.

Sonomi Daidouji, a un lado de su hijo, sonreía levantando ligeramente los labios pintados de rouge, inclinándose ligeramente con el brazo en los hombros de su hija, como diciéndole que mirara a la cámara.

Kenji Daidouji, al otro lado, miraba también a la cámara con una ligera sonrisa y aire orgulloso y digno de un hombre de negocios y un hombre exitoso, con la mano apoyada en el hombro de su hijo.

Miré la fotografía en silencio.

Era un incómodo silencio.

Me removí ligeramente en la silla tratando de encontrar algún tema de conversación.

-Eriol. –por fin habló sobresaltándome un poco.

No era que su voz fuera desagradable o que nunca lo hubiese escuchado… lo que pasaba era que tenía un tono tan inesperado, tan extraño…

Ese tono que usan los hombres cuando no saben cómo va a tomar la persona su noticia.

Levanté la vista, sonriéndole un poco, tratando de aligerar el ambiente. Él me devolvió la sonrisa pero no continuó, por lo que me obligué a carraspear un poco y preguntar:

-¿Tiene algo que decirme, señor? -¿estaba siendo muy formal? ¿Debería tratarle con más respeto?

¿Estaba así de incomodo, y hasta nervioso puedo decir, por qué este era el padre de la mujer que amaba?

Ah… estaba sonando muy cursi, ¿verdad?

Kenji Daidouji suspiró.

-Pues… no es nada grave. –empezó. Volvió a suspirar, confundiéndome más, ¿es que era el día de los suspiros? Parpadeé, me empezaba a irritar un poco. –Bueno en realidad, si lo es… depende de cómo lo veas.

-¿Y cómo lo ve usted?

Silencio.

Empecé a mover el pie de arriba abajo, nerviosamente, pero haciendo todo lo posible porque no se escuchara en alto, lo cual fue posible gracias a que el suelo era alfombrado.

-Antes que nada, quiero agradecerte por todo lo que hiciste por Tomoyo en el tiempo en el que yo… no estuve aquí presente.

-Solo hice lo que…

-No, déjame terminar. Es más, ahora que ya estamos en el tema se me hace más fácil hablar, en realidad quiero hablarte de Tomoyo.

Parpadeé una vez más, ¿De Tomoyo? ¿Le pasaba algo? ¿Estaba enferma? ¿Tenía algún… problema? ¿Había otro problema al que teníamos que enfrentarnos?

-¿De Tomoyo? –por fin conseguí preguntar con la mirada alerta, preparado para recibir malas noticias.

-Sí… verás, Sonomi y yo… Sonomi y yo sabemos que Tomoyo te… aprecia mucho.

Me sonrojé. Ya empezaba a entender de qué se iba a tratar esta famosa conversación.

Traté de decir algo, pero la vergüenza me lo impidió.

-¿Tú también….?

-¡Por supuesto, señor! Yo quiero… -me había puesto de pie en mi nerviosismo –cosa que me sorprendía hasta a mí mismo pues no solía tener esos arrebatos emocionales y me hizo sonrojarme aun más si es que eso era posible. ¡Dios! ¡Este no parecía yo! ¿Qué me había hecho Tomoyo? Levanté la vista. –Yo amo a su hija… amo a Tomoyo. –conseguí decir firmemente.

Kenji parecía muy sorprendido pues retrocedió unos pasos y sus ojos se abrieron un poco más de lo que era su tamaño normal. Sus labios temblaron un poco.

Se me quedó viendo con una mirada que no supe descifrar muy bien, pero tanto era mi nerviosismo que decidí preocuparme más por la impresión que estaba causando que en lo que estaba pensando el hombre en ese momento.

-Yo… nunca pasé mucho tiempo con mi hija…. pero confié y la amé en el mismo momento en el que su mano se envolvió en mi pulgar, Eriol. –dijo después de un rato. Y si ella te ama… aunque sea temporalmente… yo confiaré en que tú le darás toda la felicidad que ella merece.

-Tenga… eso por seguro.

Suspiró.

-Además, ella es tan obstinada como lo era Kaname o como lo era Sonomi de joven. Estoy segura que luchara por lo que quiere y si quiere ser feliz contigo ni yo por más que sea su padre y no te apruebe, pues no te conozco del todo, se lo puedo evitar.

-¿Qué no me aprueba? –no pude evitar preguntarle. Me sonrojé al instante. –No quise sonar así, lo que quería decir era…

-Eriol. Como padre, no hay ningún hombre que crea que merezca a Tomoyo. Es mi hija, y para mí es hermosa y perfecta por más que la Biblia diga que todos los humanos tenemos defectos. Incluso, te aseguro, que por más pecado que sea, si el mismo Jesucristo quisiera acortejar a mi hija, yo lo considera indigno. Tanto así es el amor que le tiene un padre a una hija. ¿Eres cristiano? ¿Verdad que eso es lo que dice la Biblia?

-Lo… soy señor, y en efecto, eso es lo que dice. –le dije sorprendido, sin saber qué más decir.

Daidouji suspiró.

-No espero que comprendas lo que te digo porque nadie lo comprende hasta que uno es padre. Incluso yo, de joven, cuando Tomoyo era pequeña, pensaba que estaba bien si en un futuro con cualquiera que tuviera dinero y que la supiese mantener, era digno y suficiente de tenerla.

-No del todo… pero creo que entiendo lo que quiere decir.

-Eres un buen chico. –dijo después de un largo silencio mirándome fijamente.

-Hago lo que puedo. –sonreí.

-Si Tomoyo te eligió a ti, entonces yo confiaré en ella… y eso aunque en ti vea muchos defectos, quiero que sepas que esos defectos los puedo perdonar si Tomoyo los acepta. Lo único que quiero es…

-Tomoyo no sufrirá estando conmigo. Yo… de verdad la amo. Y no es ningún amor adolescente que se va extinguir o va a terminar pasando o cambiando con el tiempo. Se lo digo, aunque me apene decirlo ante el padre de ella con tanta falta de preparación y de tiempo que podría utilizar para escoger mejor mis palabras y la forma en que me expreso… pero creo que merece saberlo. –dije atropelladamente, sonrojado. -Y esta vez, aunque habrá escuchado que soy bueno con las palabras y recitando discursos y poesías, lo que digo es lo más puro que he dicho en toda mi vida pues, es la primera vez que digo algo sin pensar. Estoy es lo que pienso, como lo pienso, directamente salido no de la mente, si no del corazón. Y aunque para un hombre inglés es común hablar de esta forma, quiero que también tome en cuenta soy tan inglés como lo soy japonés, y digo palabras tan bonitas como honradas y verdaderas.

El asintió con una ligera sonrisa.

Se formó un extraño silencio que no sé si calificar como incomodo o cómodo… hasta que él se aclaró la garganta y bajó la vista.

-También te quería hablar sobre otra cosa…Eriol.

Ladeé el rostro, ¿más? ¿Cuántas sorpresas se podían tener en un día?

-Quiero… hablarte sobre Kaname.

Suavicé mis rasgos y todo mi cuerpo pareció relajarse ante la sola mención de su nombre.

Eso era lo que Kaname había dejado en todos nosotros, esa tranquilidad, esa sensación de que "todo iba a estar bien"

-Lo escucho.

-Kaname… yo pasé mucho tiempo con Kaname. Pasé incluso la parte del tiempo que debí de haber dividido con Tomoyo, con él. A veces siento que fui muy injusto con ella pero….

-Kaname estaba encerrado en un hospital, no podía ver a su madre ni a su hermana ni… bueno, me imagino que casi era como una cárcel. En especial para un niño. –murmuré esto último casi sin pensarlo, amaba a Tomoyo, y sabía que ella había sufrido muchísimo, pero no importaba por donde lo vieras, Kaname había sufrido mucho más que ella.

-Sí, eso es cierto, pero también es cierto que no importaba las circunstancias yo era padre de ambos. Nada justifica la preferencia que le di a Kaname.

-Estoy… seguro que Tomoyo no lo culpa.

-Y eso lo sé, pero a veces hubiera querido poder haberle dado más.

-¿Por qué no piensa darle el amor que no pudo darle cuando era niña ahora? Es más, pienso que en estos momentos está siendo un padre perfecto-

-No pienso reemplazar a Kaname con ella. Va a sonar vil y tosco lo que voy a decir pero el amor que le tengo a Kaname es mucho más del que le tengo a Tomoyo. Yo soy de los que creen que uno no puede a amar a alguien sin conocerle y yo a Tomoyo casi no le conozco… si la amo es porque su sangre es mi misma sangre y por el simple hecho de que es mi hija –dijo lentamente.

-No se trata de eso, ni tampoco creo que sea usted vil, creo que tiene mucho sentido lo que dice.

-Tú… no conocías a Kaname. Kaname era tan vanidoso y orgulloso como yo, pero tan sensible como Sonomi. Heredó lo que Tomoyo no heredó de mí, y eso es la capacidad para decir discursos y pronunciar promesas que, una vez dichas haría lo que sea para cumplirlos, por más daño que se hiciese a sí mismo. Tomoyo habla y promete conforme a sus circunstancias y nunca jurará nada que no puede hacer y sabe que no esa en sus manos cumplirlo. Kaname… creo que tal vez Kaname murió por eso, y si murió por eso yo tengo gran parte de la culpa porque es un rasgo que yo poseo y heredo de mí.

-¿Cómo puede decir que es mal padre con todo lo que me está diciendo? Si un padre hubiese descuidado a un hijo no lo conocería. Además, dejando eso de lado, ¿cómo puede usted decir eso? Usted debió de heredarlo de otra persona también, me lo imagino, no se eche toda la culpa.

-No, en eso te equivocas, no lo heredé de nadie, ese rasgo lo adquirí yo sólo con el tiempo y de tanto tratar con los negocios… aunque agradezco tus ganas de consolarme.

Kenji suspiró ligeramente para luego mostrar una pequeña sonrisa.

-Lo que quería decirte es que, ya no puedo arrepentirme de nada. Pero quiero agradecerte.

-¿Agradecerme? Hace unos minutos dijo que no me conocía, no entiendo porqué razón querría usted agradecerme…

-Tomoyo es mucho más feliz de lo que jamás vi a Kaname serlo y eso, estoy seguro, es gracias a ti.

-No… yo creo que más bien… -no sabía que decir.

-Solo acepta las gracias que te estoy dando. –dijo poniéndole una mano en el hombro. –Tomoyo es una niña inteligente después de todo, sé que la harás feliz.

Me sorprendí por unos momentos pero no dije más y sonreí asintiendo con la cabeza.

Meilling Li

No quería pensar en lo que me había dicho Syaoran, era algo muy tonto y muy incoherente que dudaba mucho que algún día se hiciese realidad.

Toya Kinomoto era un necio y un arrogante tan parecido a Syaoran que estaba segurísima si éste último no se había enamorado de mí, él tampoco lo haría.

…no, no me dolía… bueno, ¿a quién engaño? Sí, dolía. ¿Pero a quién podría echarle la culpa? Yo fui la muy tonta que se enamoraba de idiotas… como… como…

Mejor dejaba de pensar en ello.

Aunque, el hecho de saber que Syaoran no mentía y de que ese fuese el último deseo de Kaname me inquietaba un poco.

Después de todo, yo, tan enamorada de Kaname como estaba, no podía evitar querer hacerle feliz… y complacerlo.

Suspiré al tiempo que despegaba la vista de la ventana.

Empecé a tararear una canción china que le había escuchado tararear a mi madre cuando era niña al tiempo en que me ponía a pensar.

¿Por qué Toya Kinomoto de todas formas?

Existían miles de hombres que Kaname conocía y eran mucho más amables que Toya Kinomoto, ¿por qué precisamente él entonces?

Además, ¿No se supone que Kaname Daidouji y Kinomoto se odiaban?

¿Por qué Kaname la pondría en manos de un… un… bueno, de esa persona?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de un auto estacionándose justo en frente de la mansión de los Li, perteneciente a mi tía Ieran, que era donde me estaba quedando.

Parpadeé y levante la vista hacia la ventana.

Fruncí el ceño.

Hablando del diablo…

Toya Kinomoto, vestido con unos jeans oscuros y su bata de hospital puesta, bajó de su auto apresuradamente, con el ceño fruncido y un aura notablemente irritada.

Verlo allí, tan cerca de dónde estaba me estremeció y me dio un vuelco al corazón.

Sentí que el aire me empezaba a faltar, ¿por qué?

Lo vi suspirar.

Mi primer impulso fue, por muy tonto e ilógico que parezca (e incluso hasta hoy en día la razón permanece desconocida), correr a mi habitación y cerrar la puerta con seguro.

Me deslicé por la puerta respirando fuertemente, ¿por qué huía?

Oh por Dios, me estaba sintiendo tan idiota…

Tomé una gran bocanada de aire y me puse de pie…

Eso, hasta que sentí que tocaban mi puerta.

-Meilling, Kinomoto-san ha venido a verte.

-¿A-Ah sí? –pregunté nerviosamente a mi tía Ieran.

-Abre la puerta. –dijo girando la perilla. Retrocedí estrujándome las manos nerviosamente.

-No puedo.

-¿Cómo que no puedes?

-Es que… -dije nerviosamente. -¡Tía! ¿Cómo quieres que un hombre entre a mi habitación? ¡Si soy una chica soltera! –reí nerviosamente al tiempo que me aferraba a la perilla fuertemente. ¡De ninguna manera iba a ver al tipo ese ahorita! ¡Tenía muchos pensamientos que poner en orden!

-¡Vamos, Meilling, no estoy diciendo que entre, además, ¿a ti desde cuando te interesa eso? –oh, oh, sonaba molesta, ¿ahora qué?

-Apreté los ojos y tragué fuertemente.

Toya Kinomoto

Suspiré fuertemente.

-No se preocupe, hablaré con ella desde aquí. –le dije a la señora Ieran de forma cortés.

Ella me miró sorprendida llevándose un abanico a los labios pero rato después asintió con la cabeza y se fue dejándonos a mí y a Meilling Li solos.

-Hey, Li…

-¿Por qué estás aquí? Si vienes a examinarme, estoy perfectamente bien, en serio, no te preocupes…

-No, yo…

-¡… si estoy de maravilla! Mira, el otro día hasta me fui al parque y…

-Li…

-¡¿Y ya te enteraste que Syaoran ya compró anillo…? Según él, se lo va dar a Sakura en unos días, pero con lo tímido que es…

-¡Li!

-¡Ah! Pero debe de ser muy descortés estar diciéndote esto a ti, disculpa no debí….

-¡Meilling! –grité finalmente. Ella se calló inmediatamente.

-¿No eres japonés? –preguntó en una voz tan baja y ahogada que tuve que pegar el oído a la puerta para poder oírla. –En China llamarle a alguien por el nombre es una cosa normal, pero aquí no… -rió nerviosamente. –Se supone que le llamas a una persona por su nombre solo cuando es muy amigo tuyo o…

-Tu amante. –terminé. –Escucha yo…

-¿Habló Syaoran contigo, verdad? –preguntó. Su voz sonaba melancólica y un poco triste, lo cual me hizo fruncir el ceño. –No le tomes tanta importancia…

-Yo… yo quiero… creo que podemos intentarlo.

Silencio.

-Mira, yo lo traté muy mal y…

-¿Quieres estar conmigo para limpiarte la consciencia no? –preguntó interrumpiéndome, el volumen de su voz subiendo cada vez más.

Suspiré, ¿por qué Meilling Li tenía que ser tan complicada?

-¿Podrías abrir esta puerta? –dije con intención de girar la perilla; sin embargo, no pude. Supuse que la estaría sosteniendo por el otro lado. Suspiré una vez más y me llevé las manos a las sienes.

-No. –dijo temblorosamente.

-Tengo que hablar contigo; y no es lo que piensas… lo tienes todo mal…

-¿Ya te lo he dicho antes, no? ¡No te necesito! ¡Estoy bien! ¡Ya comprendo, Kaname no me eligió a mí, no está aquí, está con Nakuru! ¡Lo entiendo así que déjame en paz ya! –gritó. Se escucharon sollozos.

Ahogué un gemido de frustración.

-¡¿Y ahora por qué diablos lloras? ¡No te entiendo! –y era cierto. No la entendía, primero, se ponía a hablar felizmente de cosas sin importancia, luego se ponía a gritar algo que, supongo que para una chica, debería de ser importante y de la nada, se ponía a llorar más que una nube gris en un huracán.

-¡Es tu culpa! –gritó. Quise, en serio, la verdad me estaba tentando, golpearme la cabeza contra el muro.

Cada vez entendía menos.

-Y ahora, según tú, ¿Por qué maldita sea es mi culpa?-le pregunté cansinamente.

-¡Si hubieras salvado a Kaname yo podría seguir estando enamorada de él!

-Pero si yo… -dije a punto de quejarme, hasta que procesé lo que había dicho. –Un momento, ¿qué acabas de decir? –silencio y sollozos de parte de ella, frustración por mi parte. -¡Li! –grité golpeando la puerta. -¡Contéstame! ¡Repite lo que acabas de decir!

-¡Me enamoré de ti, idiota! ¡¿No lo entiendes? ¡Me enamoré de ti y Kaname lo sabía! ¡Lo sabía maldita sea, todo es tu culpa!

Llanto.

Sorpresa.

Mis ojos se abrieron de par en par, dejé de golpear la puerta.

-¡Él lo sabía! ¡Lo sabía y por eso eligió a Nakuru! Y tuvo que morir para que me diera cuenta de eso… ¡Tuvo que morir para que me dejara de pelear con Nakuru, para que me dejara de hacer falsas esperanzas, tuvo que morir…! ¡Tuvo que morir para eso y yo aún lo quiero de vuelta! Enamorarme de ti es pérdida de tiempo, ¡es pérdida de tiempo porque Syaoran no se enamoró de mí ni tú tampoco vas a hacerlo! –golpeó la puerta. Yo estaba perplejo y no conseguía decir nada. –Si hubiera seguido engañada, pensando que aún me gusta, aún amaba a Kaname esto no estuviera pasando… ¡tú no me quieres, no me adoras, no me amas y ni siquiera me conoces! ¡Ni siquiera lo haces Kinomoto! ¡Tú hermana me robó a mi primer amor y ahora tú me estás robando el corazón… y con éste último te estás llevando mi alma! ¡¿Entiendes? ¡Me estás robando el alma y si me muero va a ser culpa tuya! ¡Va a ser culpa tuya así que si no quieres sentirte culpable déjame en paz de una vez!

-Meilling… -murmuré.

-¡Vete!

Meilling Li

Las lágrimas no paraban.

Mis manos no dejaban de temblar, no podía dejar de gritar "vete" y sollozar.

No lo entendía.

¡¿Por qué siempre que me enamoraba tenía que ser de personas tan amables pero tan imposibles?

Golpee la puerta una y otra vez hasta que mis puños empezaron a sangrar, quería aguantar las lágrimas, ahogar los sollozos, pero no podía. Y él seguía diciendo mi nombre una y otra vez como si fuera un encantamiento que abriera las puertas.

Finalmente, me quedé sin fuerzas, y me limité a darle la espalda a la puerta y abrazarme a mí misma para llorar en paz.

Toya ya no dijo nada, ¿tal vez ya se había ido?

Negué con la cabeza, y seguí llorando.

Pasó un largo rato hasta que volví a escuchar su voz.

-¿Cómo puedes asegurar que no te quiero? –preguntó por fin.

No lo quería escuchar, los doctores manipulan, te hablan bonito pero dicen mentiras, no quería escucharlo, no quería más mentiras ni tampoco engaños.

Me había enamorado de Syaoran porque él no decía mentiras, él era directo y te decía la verdad por más dura que fuese, y eso me gustaba de él. ¿Tal vez Toya Kinomoto y él no eran tan parecidos después de todo? Quién sabe, no quería saberlo.

"Deja de pensar, Meilling. Te lastimas, simplemente llora" –me dije.

¿Dónde estaba Tomoyo? ¿No era ella quien me había consolado en mi desamor?

Kaname, Kaname… ¿dónde estaba él? Quería ver sus ojos, sus manos sobre mis mejillas, sus labios sobre mis cabellos… él simple hecho de imaginarlo hacia que el dolor disminuyera un poco más.

Dios, ¡no podía dejar de llorar!

-¡Contéstame Meilling Li! Deja de llorar y de hacerte la víctima. Estás viendo problemas donde no los hay.

Seguí llorando.

-Mira, te propongo algo. –dijo con un toque de irritación en la voz. ¡Si tanto le irritaba pues que se fuera! ¡¿Por qué seguía allí, en primer lugar? –Por una vez en tú vida, no seas egoísta… y esto te lo digo, pasando sobre mi propio egoísmo, orgullo y mi propia vanidad. Meilling Li, dame una oportunidad y verás que me voy a enamorar de ti.

Mi vista se volvió a nublar y esta vez, no por lágrimas de tristeza sino de pura alegría.

¿Cuánto había esperado para escuchar esas palabras?

Separé mis labios y rápidamente me decidí a poner de pie.

Me limpié las lágrimas con una mano y, después de tomar una gran bocanada de aire, abrí la puerta.

Toya Kinomoto

La puerta se abrió lentamente, y yo, sorprendido como estaba porque en verdad no había imaginado que iba a abrir la puerta, no me moví.

Meilling tenía la cabeza gacha y la vista firmemente clavada en el suelo.

-Eh… -no sabía que decir. Me aclaré la garganta y también baje la vista. Apenas me daba cuenta de lo que había dicho… la sangre subió a mis mejillas en un sonrojo. Hablando de sangre… ¿no era esa la que corría por las manos de…? -¡¿Qué te hiciste? –pregunté alarmado tomándole por la muñeca para que me enseñara sus nudillos. Ella trató de resistirse alegando que no era nada, pero yo dejé de escucharla y, al cabo de un rato, desistió. -¿Tienes un botiquín por aquí? –pregunté cuando ya se hubo calmado. –Tienes astillas encajadas… -dije mirando su mano con atención.

-Eh… no importa, este… quiero decir… -suspiró. Yo levanté la vista y la miré.

-¿Qué? –pregunté alzando las cejas.

-¿E-Es-s… cierto lo que…? Quiero decir, ¿Puedo confiar en lo que dijiste? –preguntó por fin con las mejillas arreboladas y la vista pegada al suelo. Sus mechones no me dejaron ver claramente su cara, pero sabía exactamente la expresión que tenía.

-¿Por qué no habrías de hacerlo?

Ella sonrió levantando la vista, y antes de que pudiera decir nada más, pasó sus brazos por mi cuello y pegó sus labios a los míos.

Tomoyo Daidouji

Eriol me apretaba la mano fuertemente y yo me sentía segura y feliz.

Pasé mí vista por mí alrededor.

La luna brillaba sola en el cielo despejado, anunciando la noche. Las bancas del parque en el cual paseábamos se encontrabas solas al igual que los caminos.

Me abracé al brazo de Eriol y recargué mi cabeza en él.

-¿Dónde estabas? –pregunté lentamente, cerrando los ojos, sintiendo la noche.

-Con tu padre.

No abrí los ojos, sonreí.

-¿Qué quería?

Dejó de caminar, yo abrí los ojos.

-No pareces sorprendida. –dijo mirándome fijamente.

Yo sonreí aún más.

-¿Te parece?

Frunció el ceño.

Reí.

Pasé mis brazos por su cuello y me puse de puntillas para juntar mi frente con la suya.

-Eriol… -murmuré.

El me abrazó por la cintura, y sonrió también.

-Te amo…. –le dije antes de besarlo.

-¿Te parece? –me dijo divertido cuando hubo terminado el beso.

-Sí, y mucho.

El me beso la mejilla y luego mi frente.

Nos quedamos abrazados por un largo tiempo en un silencio cómodo.

Me sentía bien, me sentía feliz.

Me sentía como nunca me había sentido con otra persona que no fuese Kaname… algo que jamás me hubiese sido posible unos años antes.

Y todo parecía tan irreal…

Desde el hecho de que Kaname ya no estaba aquí físicamente conmigo, hasta el hecho de que Eriol, el extraño, sospechoso y misterioso chico inglés me estuviera abrazando y besando.

No sé si Kaname quería darme esta paz con su muerte o cómo sería todo si él se hubiera salvado… ¿estaríamos igual de felices? ¿Sería el fin del mundo como las profecías decían? ¿Nos obligarían a separarnos una vez más?

No lo sé, no quiero saberlo. Lo único que sé es que ahora estoy con Eriol… estoy con Eriol y soy más feliz de lo que jamás he estado… y eso me gusta.

-¿Eriol? –le llamé. -¿Crees que seremos felices…? No olvídalo, fue una pregunta tonta –le dije sonriendo, él se separó de mí deshaciendo el abrazo y llevó sus manos a mis mejillas. Me lleve mi mano izquierda a su mano. La sentí cálida.

-¿Eres feliz ahora?

Yo sonreí, parpadeé ligeramente.

-¿Lo eres tú?

Él me pasó los brazos por la cintura y escondió su rostro en mi cuello susurrándome un "sí"

-Entonces yo también lo soy. –dije susurrando también.

-Te amo. –me contestó. –No sabes cuánto….

Yo volví a sonreír.

-Papá no te dijo nada raro, ¿verdad? –le dije cambiando el tema después de un rato.

Parpadeó.

-¿Raro? ¿Cómo qué? –dijo tomándome la mano. Volvimos a caminar.

-Pues… tú sabes. –me sonrojé. –Algo como… algo que tuviese que ver… con… conmigo. –mi sonrojo aumentó.

Él lanzo una ligera carcajada que me hizo querer golpearlo, y lo hice, suavemente en el hombro.

-¡No es gracioso! –me quejé.

-Lo siento. –se disculpo tratando de dejar de reír. –Es que… es tan raro verte así de... –rió un poco más. Pasó un buen rato hasta que por fin se calmó. –Tu padre… te quiere mucho. –dijo, yo volteé sorprendida.

-¿A… a q-qué te refieres con eso? –murmuré tartamudeando un poco, demasiado sorprendida para que las palabras salieran correctamente.

-¿Por qué no se lo preguntas un día de estos?

-Es que… no sé… papá y yo… -dudé. Ni siquiera yo sabía lo que quería decir. Suspiré. –Papá y yo no hemos… nunca hemos hablado mucho. –dije bajando la vista jugando con mis manos. –Kaname… Kaname era más… más… -mis palabras se perdieron en el aire, y mi voz bajó cada vez más y más en volumen.

Eriol me pasó un brazo por los hombros.

-Ya recuperaran el tiempo perdido. –me dijo apretando suavemente mi brazo. Me dio un beso en la cabeza y yo solo asentí, ligeramente preocupada y confundida. Nunca me había puesto a pensar en la falta de comunicación con papá… -¿Estás bien?

-Claro… -contesté ausente.

-Entonces… -empezó después de un rato. -¿Vamos a la boda de Syaoran juntos?

Sonreí.

-Por supuesto. –le dije rozando brevemente sus labios.

Él se acercó más y me besó largamente.

Pasé mis brazos por su cuello y él por mi cintura….

Me sentí querida, feliz…

Y estaba segura que sentiría esa felicidad por un largo tiempo.

Yo misma me encargaría de que ésta no se me saliese de las manos…

Y estaba segura que Eriol haría un gran trabajo ayudándome en ello. Después de todo, él era el culpable de toda la felicidad que estaba sintiendo.

NOTAS DE AUTORA

¡Ya, es oficial… en un capítulo más se acaba esto! ¡Es oficial, no hay vuelta atrás… ya me lo confirmé a mí misma y ahora se lo confirmó a ustedes!

Quería decirlo antes de todo.

Muchísimas gracias por apoyarme hasta ahora, yo sé que tardo años en actualizar, a veces la historia llega a no tener sentido, al principio tenía horribles faltas de ortografía… y bueno, en fin, yo sé que no es la mejor historia del mundo, pero es una de mis primeras historias… y una de las historias más importantes para mí.

Aww, ya estoy sonando como si fuera el final, ¿verdad? ¡Ok, olviden eso, dejaré todo esto para el siguiente capítulo, allí leerán todas mis lágrimas y todas mis despedidas!

Ahora, quiero dar un agradecimiento muy, muy especial a una lectora que sin ella, no hubiera sido posible la continuación de esta historia: Amaya Ryuseiu… en serio, muchas, muchas, muchas gracias… nunca me cansaré de decirlo, eres como un ángel que fue enviada para que continuara esta historia, ¡en serio! ¡me animaste mucho con tus reviews, diciéndome que te gustaba mucho mi historia, que te ponías feliz cuando recibías el mail de que mi historia estaba siendo actualizada… en serio, me hiciste muy feliz, muy conmovida, me recordaste que todavía había gente que me estaba leyendo…esperando mis actualizaciones, apoyándome!

Y las palabras que dijiste cuando mi amigo murió… Dios, no tengo palabras para expresar todo el apoyo que sentí cuando las leí. Me sentí fuerte, me impulsaste a pensar que podía superar esto… y que no estaba sola. Me hiciste pensar "Tengo que terminar esto" "Hay gente allá fuera que está esperando el final y quieren ver a Tomoyo y Eriol juntos"

Quiero que sepas que sin ti, Lágrimas de Esperanza no sería lo que es hoy…

Este capítulo está completamente dedicado a ti… y… bueno, ¡Espero que disfrutes el final! Muchas gracias por todo, pero en especial, muchas gracias por seguir leyendo.

Se despide, con cariño,

Emiko hime-sama.