New Years Eve
1
Hermione Granger se acercó a la mesa que sostenía un reproductor último modelo, lo encendió y los villancicos instrumentales comenzaron a resonar alrededor del salón; cerró los ojos y se dejó llevar por la música con una sonrisa de oreja a oreja.
-Muy bien…y, ¡ahora!- exclamó y el coro de cantantes comenzaron a entonar la letra del villancico con todas sus fuerzas. La castaña rió como niña pequeña mientras asentía con vehemencia -¡Si! ¡Muy bien!
El coro siguió cantando y dando unos cuantos pasos de baile alrededor del salón hasta que la música dejó de salir del reproductor y Hermione apagó el artefacto con una sonrisa radiante. Se dirigió a los adultos.
-Eso estuvo excelente, para el treinta y uno estará perfecto, chicos- dijo y todos los miembros del coro soltaron gritos de júbilo ·recuerden que deben practicar, solo quedan tres días antes de fin de año· añadió y luego los dejó marcharse.
Ser la organizadora de una de las fiestas masivas de fin de año no era nada fácil, toda una gran responsabilidad quedaba bajo los frágiles hombros de una sola chica; afortunadamente, Hermione no era solo una chica: Hermione Granger, con sólo veintidós años era una de las organizadoras de fiestas más importante de todo el país.
La iluminación, el entretenimiento, la música, el banquete y los efectos eran cosas que para el treinta y uno de diciembre debía tener completamente bajo control.
Tomó su bolso y salió apresuradamente del salón, caminando con apuro por los pasillos de Malfoy & Co, la compañía de uno de sus mejores amigos, Draco Malfoy, que fue el encargado de contratarla para que llevara las riendas de todos los preparativos para la fiesta de fin de Año de su empresa; al entrar en su oficina temporal cortesía de Draco, divisó la gran pila de carpetas que la esperaban en el escritorio. Dejó escapar un suspiro cansino mientras se repetía internamente que solo faltaban tres días y la pesadilla terminará. Tres días más y será libre de tomarse unas vacaciones.
"amo mi trabajo. Todo estará bien. Solo tres días más" se repetía para asegurarse de que quedara grabado en su sub-consciente. Se dejó caer pesadamente en la silla giratoria de cuero negro y se puso manos a la obra, aceptando pedidos, llamando al cocinero encargado del banquete, etc.
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Hermione salió del edificio Malfoy & Co. llena de archivos que debía revisar en la comodidad de su casa; bajó los escalones que daban hacia la calle con sumo cuidado al tiempo que hacía malabares con los archivos y su bolso de mano para asegurarse de que nada cayera al asfalto ligeramente húmedo. Cuando pasó la prueba de los escalones, soltó un suspiro de alivio y dejó escapar una pequeña sonrisa. Todos los días era lo mismo, intentar mantener el bendito equilibrio una y otra vez puesto a que se negaba a dejar de usar los tacones de aguja que estilizaban sus firmes piernas.
El sonido del motor de una motocicleta la hizo voltear mientras esperaba a un taxi. Casi inmediatamente, Harry Potter apareció conduciendo una plateada. Hermione ladeó la cabeza al tiempo que el muchacho apagaba el motor y se quitaba el casco, mostrando una gran sonrisa a la que Hermione llamaba "sonrisa de comercial" solo para molestarlo.
-Me plantaste- le reprochó el muchacho de cabello negro azabache ojos verde esmeralda. Hermione le hizo caso omiso y se concentró en la motocicleta con el ceño fruncido.
-¿Nueva motocicleta?- preguntó y Harry devolvió su mirada a la motocicleta ensanchando su sonrisa.
-Si, es una Harley Davidson Fat Boy Special 2011. Motor Twin Cam 96B- respondió y Hermione asintió, sin una pista de lo que Harry acababa de decir. Hermione Granger con las motocicletas definitivamente no era una buena combinación -¿Quieres montarla?
Hermione lo fulminó con la mirada; Harry sabía perfectamente lo mucho que Hermione odiaba ese tipo de transporte, y lo mucho que odiaba que a Harry le fascinaran.
-No, muchas gracias. No quiero arriesgar mi vida en esa máquina endemoniada- contestó y Harry soltó una risa baja.
-Suenas como una vieja de sesenta años, por Dios- dijo el ojiverde -Vamos, es divertido
-Muchas gracias, pero paso
-¿No quieres divertirte siquiera por unos minutos?- le preguntó y la castaña enarcó una ceja.
-Tengo mucho trabajo, no tengo tiempo de andar como una vaga por Nueva York- contestó y Harry suspiró.
- Lo que digas no me afecta, Herms, en serio. No soy un vago como tú dices, soy actor, y sí, yo también tengo un trabajo, pero lo bueno es que yo sí sé como equilibrar mi trabajo y mi vida social a la perfección- Aquello indignó a la chica, que dio un suave golpe al asfalto con sus tacones y fulminó a Harry con sus ojos.
-Yo sé como equilibrar mi trabajo y mi vida social- contestó.
-¿Ah, si? Entonces, dime: ¿Cuándo fue la última vez que te divertiste con nosotros?- comenzó a interrogar. Hermione abrió y cerró la boca consecutivamente por unos cuantos minutos, odiando tener que darle la razón. La verdad es que tenía meses sin salir y divertirse, pero por su trabajo era casi imposible tomarse unos pocos días de vacaciones. Harry sonrió, viendo que había ganado y había dejado a la ojimiel sin argumentos algunos -¿Lo ves? Y lo peor de todo es que ni siquiera puedes reunirte con tu mejor amigo para almorzar
Hermione suspiró.
-Lo siento, Harry, tenía que arreglar unos cuantos cabos sueltos con respecto al banquete y se pasó la hora muy rápido. Prometo que no volverá a pasar- aseguró Hermione, mostrándole una sonrisa sincera al ojiverde que correspondió la sonrisa.
-Muy bien, señorita aplicada- contestó finalmente – ¿entonces ahora estás libre para ir a un Starbucks con tu mejor amigo? – preguntó pasando un brazo alrededor de sus hombros. Hermione dejó caer sus hombros derrotada al tiempo que le mostraba los papeles que tenía en las manos.
-Lo siento, Harry, pero tengo que revisar estos papeles para mañana en la mañana- terminó por responder. Harry sacudió la cabeza, claramente enojado y Hermione bufó con tristeza –En serio lo siento
-No, tranquila…- contestó un Harry irritado, al tiempo que se subía a su motocicleta y se ponía el casco –Buena suerte con tu mejor amigo, el trabajo- añadió y antes de que Hermione pudiera responder o siquiera disculparse de nuevo, Harry encendió el motor y desapareció de la vista de la castaña.
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-No puedo creer que hayas plantado a Harry- dijo por enésima vez Ginevra Weasley, la mejor amiga de Hermione al tiempo que la castaña se dirigía hacia la cocina rápidamente. La pelirroja de ojos castaños la miraba con preocupación. Últimamente Hermione había perdido todo contacto con sus amigos y hasta con su familia, y eso como mejor amiga, le preocupaba. Si, había estado en Navidad con ella, pero Hermione estaba muy ocupada pensando en quien sabe que y casi ni habló. Le preocupaba, y mucho –Hermione esto tiene que parar
-Tranquila que cuando sea primero de enero todo volverá a la normalidad- contestó la ojimiel, sin prestarle tanta atención a lo que Ginny acababa de decir y sumida en los papeles que había traído del trabajo para verificarlos. La pelirroja sacudió la cabeza.
-Siempre dices eso, y siempre terminas sumida en otro trabajo que te dan- murmuró quitándole los papeles y lanzándolos hacia el otro lado del salón, donde cayeron desparramados por todo el suelo. Hermione la miró completamente escandalizada.
-¿Qué diablos te pasa?- preguntó mientras corría y los comenzaba recoger, enojada con la pelirroja que solo se limitaba a mirarla con los brazos cruzados sobre su pecho.
-¡Eso debería de preguntarlo yo!- exclamó Ginny -¡Plantaste a tu mejor amigo, apenas hablas y Ron, tu otro mejor amigo, no sabe absolutamente nada de ti desde navidad!
Hermione evitó la mirada de su mejor amiga, con una mezcla de emociones que actuaban como un torbellino, desequilibrándola a tal punto que la confundía.
-¡Pues lo siento! ¿Es eso lo que quieres oír? ¡Lo siento!- dijo la ojimiel levantándose con la carpeta en la mano. Ginny frunció el seño pero antes de que pudiera contestar, el timbre sonó sacándolas de sus pensamientos. Hermione dejó la carpeta en el comedor y se dirigió al recibidor con los puños apretados y las mejillas todavía coloradas por la pelea que había protagonizado con su mejor amiga.
La insistencia del timbre no la estaba ayudando a calmarse; la persona que estaba esperando afuera no dejaba de tocar el timbre. La castaña bufó y abrió la puerta, encontrándose con Harry que la miraba con una gran sonrisa, como si lo que había sucedido en las afuera de Malfoy & Co. nunca hubiera sucedido.
-¿Harry, que haces aquí?- preguntó al tiempo que fruncía el seño. El peli-azabache escondió sus manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero negro sin quitar la sonrisa de su cara.
-Arréglate, quiero mostrarte algo- contestó dejando a la chica mucho más confundida.
-Harry, te dije que no puedo salir…
-¿crees que me importa? No- la interrumpió –Como tu mejor amigo, me doy cuenta de que necesitas diversión, así que es mi deber hacer que te diviertas, aunque sea por un día
-Estaría genial- Hermione dio un respingo al escuchar la voz de Ginny a sus espaldas. La chica había llegado tan sigilosamente que ni cuenta se había dado de su presencia en el recibidor.
-No, chicos…
-No me interesa. Tienes diez minutos para arreglarte o sino te saldrás con esas fachas de tu casa. Y si te niegas, no me importará arrastrarte- dijo el muchacho. Hermione suspiró, ¿Qué tan malo sería divertirse un poco? Observó su amigo y no dudó en sentirse conmovida por todo lo que estaba haciendo, todas sus preocupaciones.
-Esta bien- murmuró al fin y los dos chicos sonrieron.
