Palabras: 350.


3. George & Fred

George Weasley sentía un gran pesar.

Vistiendose en la habitación del departamento que solía compartir con Fred, había evitado lo más que le era posible mirarse al espejo.

¿Cómo podría nunca volver a verse y comtemplar el rostro cada vez su propio rostro, idéntico al de su hermano?

No, dudaba que alguna vez pudiera.

Fred no había sido simplemente su gemelo. Había sido su compañero de travesuras y su mejor amigo. Nunca habría creído que alguna vez se encontrarían separados. Para siempre.

Sin embargo inevitablemente, antes de irse, se miró. Su rostro ya no parecía suyo, no quedaba rastro de su natualeza alegre, relajada y bromista. Tenía los ojos ligeramente enrojecidos y oscuras ojeras por la falta de sueño.

Era simplemente un bosquejo de lo que solía ser.

Decidió irse de una vez y se hizo aparecer en la Madriguera. Lo enterrarían en una parte del patio trasero.

Todos, vestidos de negro, ya se encontraban allí. Se dirigió a su lugar y se sentó, junto a Ginny, quién le tomó de la mano y se la apretó suavemente, para hacerle saber que no estaba solo. Pero incluso aunque todos lloraban la muerte de Fred, él era quién más devastado se sentía.

Ni siquiera escucho lo que dijeron acerca de Fred. No le importaba realmente. George no necesitaba oír nada acerca de él, porque lo conocía como la palma de su mano.

El funeral pasó rápidamente y cuando todos se fueron, él se quedó parado frente a la lápida donde rezaba "Fred Weasley. Amado hijo, hermano y amigo".

Dejó una rosa frenta a la lápida.

—Esta flor nunca se marchita. La hice para ti, y sé que te reirías de mi si estuvieras aquí, pero da igual. Me gusta imaginar que estás riendo en algún lado. Nos veremos algún día, hermano.

Las lágrimas bailaron en sus ojos y ya no sabía que decir, pero ¿de qué serviría? Él ya no estaba aquí para completar sus frases con aquella manera de ida y vuelta con la que solían charlar.

Así que, simplemente se dió la vuelta y se marchó.

Hasta pronto, Fred.