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Parte Dos: New Year's Eve
31 de diciembre, 15 horas. Nueve horas para Año nuevo.
Preparar los últimos preparativos de las fiestas era probablemente la parte del trabajo más difícil de todo; era un verdadero dolor de cabeza dirigir a cada personal que trabajaría en ella para que todo al final quedara perfecto. Olivia y Hermione se movían de un lado a otro dirigiendo al equipo de Seamus Finnigan, amigo de Draco que se ofreció para trabajar en la iluminación junto a su personal de especialistas, al tiempo que todos los demás trabajadores contratados también por la chica ayudaban a decorar y asegurarse que todo estuviera en su lugar.
La castaña tenía cuatro horas todavía para completar la decoración del salón, y gracias al cielo ya estaba casi terminando, puesto que necesitaba arreglarse y así poder llegar donde la fiesta tomaría lugar un poco más temprano para los últimos toques.
-Hermione- Olivia la llamó –Creo que yo me quedaré por un tiempo más, asegurándome de que la iluminación sirva y de que los cocineros empiecen a trabajar
Hermione le agradeció y luego salió a toda prisa del edificio, tomó un taxi y se dirigió directamente a su casa donde sabía que sus dos mejores amigas la esperaban.
Luna y Ginny se habían puesto de acuerdo con la chica para que todas se arreglaran juntas y así poder tener una pequeña fiesta de chicas antes de la fiesta de fin de Año. Por otro lado, Hermione se encontraba presa de los nervios con respecto a la fiesta: Draco Malfoy era caracterizado por planear las mejores fiestas cuando de verdad se lo proponía, contratando a los mejores organizadores de todo Estados Unidos para lograrlo; este año, Draco decidió que confiaba en ella lo suficiente como para entregarle su reputación en bandeja de plata y jugar con ella al tiempo que realizaba lo que podía ser tanto la mejor como la peor fiesta del año.
Descartó la idea de comerse las uñas en el taxi, y cuando éste estacionó justo en frente del conjunto residencial donde vivía, la castaña le pagó al chofer con manos temblorosas y salió del auto con apuro.
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31 de diciembre, 17 horas. Siete horas para Año Nuevo.
Ronald Weasley dejó el pequeño vaso de vidrio que anteriormente había contenido tequila con un gran estruendo en la barra de uno de los pocos clubes abiertos a las cinco de la tarde un treinta y uno de diciembre; observó con ojos somnolientos cada rincón del lugar: grupo de personas jugando pool al fondo, bailando en el centro de la pista de baile y hombres ahogándose en alcohol en la misma barra donde él estaba sentado.
Con una pequeña seña al barman, el hombre le llenó el pequeño vaso de nuevo. La verdad, Ron ya había perdido la cuenta de cuantos vasos había tomado hasta el momento… lo único que sabía era que si se levantaba de la butaca seguramente terminaría en el piso como marioneta sin cuerdas.
Sin darle mucha importancia al hecho de que no podría mantenerse de pie por más de dos segundos, se acomodó en la butaca y de un solo trago bebió el contenido del vaso recién lleno. Cerró los ojos intentando mantener consigo la poca cordura y sobriedad que le quedaba y cuando pudo controlarse, nuevamente le hizo la seña al barman, que lo miró sacudiendo la cabeza al tiempo que llenaba su vaso de nuevo.
Repitió el proceso anterior unas cuantas veces más hasta que todo en la cabeza del pelirrojo daba vueltas y sus ojos no podían ver con claridad nada a su alrededor; tomó una gran bocanada de aire y decidió que era hora de salir de ese lugar antes de que perdiera el conocimiento. Como pudo, se levantó y comenzó a trastabillar intentando llegar a la salida.
-Cuidado por donde caminas, zanahoria- le gritó un hombre fornido cuando accidentalmente el muchacho chocó contra él. Ron intentó enfocar sus ojos en el hombre que lo miraba con expresión dura y seria, irradiando testosterona. El muchacho comenzó a reír histéricamente al darse cuenta de sus pensamientos y el hombre apretó los puños con fuerzas, tensando su mandíbula.
-¿Qué diablos es lo que te parece tan gracioso, pecoso?- preguntó el hombre entre dientes, chocando su pecho contra el del muchacho y llamando la atención de todos en el bar con el gesto. Ron levantó su vista y le sostuvo la mirada por un largo rato, y victima de su rabia por haberlo insultado, el pelirrojo lo empujó con las pocas fuerzas que le quedaban después de varios tragos de tequila.
Esto, obviamente, causó conmoción entre las personas del bar… en especial en el barman, que inmediatamente tomó un teléfono para avisar sobre lo sucedido al policía que custodiaba el club; mientras tanto, Ron y el hombre se enfrascaron en un juego de empujones hasta que Ron, cansado de ello, decidió 'terminar' con eso dándole un puñetazo justo en la mandíbula al hombre que dio unos pasos hacia atrás antes de caer al suelo.
-Para que aprendas, niñita- Soltó Ron. El hombre se levantó de un salto e inmediatamente se abalanzó sobre el muchacho comenzando a golpearlo al mismo tiempo que Ron se defendía necesitando toda la parte de su cerebro que estaba parcialmente sobria.
El policía entró a toda prisa en el lugar y empujó a todas las personas para poder ver que sucedía. Al ver como los dos hombres se golpeaban, el policía soltó un bufido claramente enojado y los separó luego de varios intentos.
-¿Qué diablos les sucede a ustedes dos?- gritó, tomando a Ron con un brazo y al hombre con el otro –Los dos a la comisaría, ahora
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-¡¿Qué Ron está QUE?- gritó Ginny Weasley levantándose del sillón y dejando caer varios cosméticos al piso que se quebraron. Luna y Hermione levantaron la vista de todo lo que hacían para observar la mezcla de rabia y preocupación que adornaba la cara de la pelirroja –Es que lo voy a matar luego de asegurarme de que esté bien
Luego de colgar, Ginny le contó a sus amigas sobre cómo Ron se había involucrado en una pelea de club y había terminado en la cárcel hasta que pagaran su fianza. La muchacha estaba muy enojada, era primera vez que Ron hacía algo así puesto que el nunca bebía en exceso.
-¡No puedo creer que Ron haya hecho algo así!- exclamó Luna, tapándose la cara con sus manos y luego pasándolas por su largo y rubio cabello -¿Te importaría si yo lo buscara?
Hermione y Ginny compartieron una mirada de confusión.
-¿en serio?- murmuró Ginny, no tan convencida. Luna asintió y la pelirroja frunció el ceño, pero luego se encogió de hombros –si tú quieres…-La rubia se levantó, tomó su bolso y se despidió para luego salir a toda velocidad hacia la cárcel y así pagar la fianza de un Ronald borracho.
Mientras tanto, Hermione y Ginny continuaron su tarea de arreglarse sin decir ni una sola palabra acerca de la insistencia de Luna Lovegood por ir a socorrer al hermano de la pelirroja; pero eso no quería decir que las dos no estuvieran dándole vueltas al asunto.
En silencio, Hermione subió a su habitación y se colocó el vestido que había comprado desde hace unos meses, de color verde claro con pequeños adornos en plateado, los tacones y accesorios plateados y recogió su pelo suavemente dejando caer suaves rizos castaños perfilando su cara.
Por su parte, Ginny había escogido un vestido negro con accesorios y tacones rojos que combinaban perfectamente con su cabello hereditario que dejó suelto con solo unas suaves ondas en las puntas.
Al terminar de arreglarse, la castaña se miró al espejo y sonrió con satisfacción; todo estaba listo, ahora solo faltaba una sola cosa: Harry.
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31 de diciembre, 18 horas. Seis horas para Año Nuevo.
Los nervios de Luna estaban totalmente crispados desde que supo en lo que Ronald se había metido; ¿Qué diablos le estaba pasando a ese muchacho, por Dios? El nunca había sido así, era la primera vez que veía que Ron se metía en problemas fiscales. Tragó saliva al tiempo que estacionaba su auto en el estacionamiento de la cárcel. Tomó una gran bocanada de aire para calmar sus nervios antes de abrir la puerta del auto y salir del mismo con torpeza.
Entró en el lugar con cautela, escuchando ruidos de barrotes, golpes y gritos. Tragó saliva. El peor lugar en el que nunca había estado… el peor. Se acercó al escritorio de un hombre de contextura gruesa que escribía con descuido en unos papeles; carraspeó intentando llamar la atención y lograr que la atendieran para así salir lo más rápido posible de ese lugar.
-¿disculpe?- Luna musitó con voz débil. El hombre, entre todo el ruido, no pudo escuchar –Señor…- dijo alzando la voz. El policía levantó su mirada y la estudió con escrutinio.
-¿en qué puedo ayudarla?- preguntó recostándose contra su silla. Luna carraspeó.
-bueno, vengo a pagar la fianza de Ronald Weasley- contestó, sonando con más seguridad de la que de verdad sentía. El hombre revisó en algunos archivos y la condujo hacia un largo y oscuro pasillo, que luego de una puerta, daba al salón de retenimiento, donde se suponía que estaba el muchacho.
Luna caminaba abrazada a si misma mientras el policía la conducía a hacía una de las últimas celdas, intentando no mirar a los lados ni enfocar sus ojos en los demás retenidos; parte de ella quería salir corriendo de ese lugar mientras lloraba pero otra parte de ella, la más grande, se había llenado de coraje y estaba decidida en ayudar al pelirrojo… como fuera.
Reprimió las ganas de suspirar con alivio cuando el policía le señaló una de las celdas asegurando que Ron Weasley estaba allí. Casi corriendo Luna se apresuró a llegar hasta la celda, donde divisó a través de los barrotes a Ron sentado en la esquina del pequeño lugar, mirando fijamente el suelo.
-Ron- lo llamó y el muchacho levantó la vista con una expresión de felicidad, que al verla cambió por una de confusión.
-¿Luna? ¿Qué haces aquí?
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Hermione observó su reloj con impaciencia. Si, tal vez todavía no eran las siete de la noche, pero estaba tan emocionada y aterrada a la vez que no podía dejar de observar el bendito reloj que parecía que estaba cada vez más lento.
Observó el reloj de nuevo: seis con cincuenta minutos. Solo diez minutos para las siete de la noche; Hermione cruzó sus piernas al tiempo que tomaba un sorbo de agua y miraba distraídamente su casa, aburrida y fastidiada.
Ginny se había ido hace unos minutos… sorpresivamente de la mano de Draco Malfoy, que pasó a buscarla ya listo para ir a la fiesta. La primera reacción de la castaña fue gritar de felicidad por sus dos amigos, luego confusión y finalmente se decidió por disimular todo y preguntar luego.
El timbre de la casa sobresaltó a la muchacha que de un salto se levantó y miró a la puerta entre alarmada y emocionada. Tomó su pequeño bolso de mano y una gran bocanada de aire para luego caminar hacia la puerta y abrirla, divisando a Harry Potter vestido con un traje negro y con su sonrisa socarrona característica adornando sus facciones; el pelinegro la observó detenidamente por unos instantes sin decir una sola palabra, y luego agrandó su sonrisa.
-Combina con mis ojos- murmuró hinchando el pecho con orgullo causando que la castaña rodara los ojos. Harry sonrió –Te ves hermosa
-Gracias- murmuró la castaña sonriendo. Los ojos de la chica se posaron en lo que el muchacho tenía atrás -¿Qué…?
La mandíbula de Hermione prácticamente cayó al suelo al divisar el hermoso auto plateado aparcado en el jardín de la casa; frunció el ceño buscando la motocicleta del muchacho y al no verla, su mirada se conectó con la de Harry, que sonreía.
-¡¿Cómo diablos te pagas todos esas cosas?- exclamó y Harry soltó una carcajada -¡¿y donde los guardas?
- Ya ves que ser actor tiene muchísimos beneficios. Me pagan bien y amo lo que hago…mi cochera es espaciosa, lo sabes- contestó entre risas -¿te gusta? Es un Mercedes-Benz SLS AMG
Hermione observó con admiración el auto desde la puerta.
-¿Y la motocicleta?
-¿creíste que vendría a buscarte en la motocicleta?- preguntó el muchacho, como si no hubiera escuchado bien. La castaña lo miró con incredulidad; la verdad, la idea sí se le había pasado por la cabeza, pero luego de ver a Harry día y noche conduciendo ese aparato era obvio que lo pensara.
-Por supuesto que no- mintió y Harry inmediatamente se dio cuenta, pero no quiso darle más vueltas al asunto.
-¿estás lista para montarte en otra máquina endemoniada o no?- preguntó sonriéndole socarronamente. La chica puso los ojos en blanco pero luego asintió.
-Me monté en esa motocicleta del demonio, salté en bungee… estoy lista para todo- contestó y los dos rieron.
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El silencio en el auto era depresivo, casi se podía masticar la tensión que Luna y Ron irradiaban; la rubia tragó saliva al tiempo que cruzaba en una esquina y aprovechaba para mirar de reojo a Ron, recostado contra la puerta del auto. Un largo suspiro inconsciente salió de la boca de la chica sacando al pelirrojo de sus pensamientos.
-¿Por qué lo hiciste? Pelear con ese hombre… ¿Por qué?- preguntó la muchacha al para el auto gracias a la luz roja del semáforo. Ron se limitó a suspirar sin quitarle la vista a la ventana.
Luna sabía que Ron no respondería a menos que lo presionaran, pero en ese momento no se sentía dispuesta a presionarlo. Negó ligeramente con la cabeza antes de seguir su camino.
Veinte minutos después, la rubia aparcó el automóvil en el estacionamiento del edificio de Ron. Rápidamente se bajó del auto y abrió la puerta donde estaba el muchacho, que sin ganas bajó del mismo y comenzó a caminar hacia la entrada del edificio.
-¡No!- gritó Luna al tiempo que lo tomaba del brazo y lo conducía hasta el pequeño parque a un lado del estacionamiento –Tú y yo debemos hablar… ahora
-¿Para qué? ¿Qué ganarás tú con eso?- comenzó Ron fastidiado, algo que ni inmutó a la rubia.
-Nada, yo no ganaré nada. Solo tú lo harás, podrás desahogarte- contestó con voz calmada.
-¿Y que te hizo pensar que necesitaba desahogarme? Estoy bien, Luna, no necesito psicólogos- musitó el muchacho, pero Luna lo empujó hasta hacerlo caer en el césped, donde se sentó a su lado.
-Pues no tendrás un psicólogo- dijo la muchacha, mirándolo fijamente con esos ojos azules que antes habían lucido soñadores, pero que ahora se enfocaban determinadamente en él –Tendrás una amiga
La últimas palabras conmovieron a Ron, que la miró fijamente a los ojos y se dio cuenta de que ya no hablaba con Lunática Lovegood, la amiga soñadora que parecía vivir en otro mundo, sino con Luna Lovegood, la mujer determinada y directa que tenía un sexto sentido en cuanto a ver el estado de ánimo de las personas se refería; Ron supo inmediatamente que no podía escapar de ella, aunque quisiese. Ella era intuitiva, y ya ella se había dado cuenta de que algo andaba mal con él. Suspiró lentamente haciéndole saber a la muchacha que se rendía.
-Han pasado dos años- comenzó con voz triste. Luna lo observó conteniendo el aliento. Sabía exactamente a lo que se refería –Y todavía no he podido superarlo
Superar a Lavender Brown, a eso se refería.
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31 de diciembre, 21:30 horas. 2 horas y media para Año Nuevo.
Las luces de todos los colores en el salón hacían que Hermione recordara el campo de Laser Tag, con todas las luces cambiantes y neones fluorescentes en la barra de bebidas, el humo a nivel mínimo se extendía por el suelo del lugar creando un ambiente mucho más divertido que las fiestas organizadas por Draco. Ésta fiesta era mucho mejor. La muchacha le sonrió a Harry observándolo regresar de la barra con dos copas en las manos.
-La decoración en el balcón es hermosa- Harry dijo, entregándole una de las copas con suavidad mientras apuntaba con la otra copa hacia la entrada al balcón, donde había varias personas observando el paisaje de Nueva York. La nieve le daba cierto toque suave y frágil a la escena del balcón decorado con flores y luces. Hermione sonrió en agradecimiento y luego dio un pequeño sorbo a la copa.
-Pues gracias
-Veo que luego de todo el bendito drama, todo salió bien- prosiguió el muchacho.
-Si, al menos todo ese drama de telenovela valió la pena- Hermione contestó –Gracias al cielo, si hubiera salido mal luego de tantas cosas, no sé que hubiera sido mi salud mental
Harry rió y asintió. Hermione lo observó por unos segundos y luego volvió su mirada hacia el salón.
-Casi nunca te pregunto…-comenzó la chica -¿Cómo va todo con la obra teatral?
La pregunta tomó por sorpresa al pelinegro, que la observó con ojos abiertos y sorprendidos, sin poder creerlo. Tartamudeó varias veces antes de responder.
-Muy bien, todo está muy bien- Hermione se sintió mal al ver lo sorprendido que Harry estaba de que ella se preocupara por su trabajo. Si, ella había criticado muchísimo su profesión, diciéndole que no era una verdadera profesión, que solamente necesitaba pararse en un escenario y pretender ser quién no eres. Había sido mala con su mejor amigo, que siempre la había apoyado y animado, siempre le había dicho lo admirable que era su trabajo, la había ayudado,…
Sin nada que decir y con un gran sentimiento cálido en su pecho, Hermione se abalanzó hacia Harry rodeándolo con sus delicados brazos en un abrazo. Al principio Harry no sabía cómo reaccionar, pero luego de unos segundos la apretó contra sí mismo, como si estuviera asustado de perderla si se separaban. Al final fueron obligados a separarse para poder ver cómo Draco Malfoy subía al escenario para dar su discurso como el dueño de la fiesta.
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Ron se sentía demasiado expuesto bajo la mirada inquisitiva de Luna, que le pedía sólo con sus orbes azules que se desahogara con ella, que confiara en ella; no podía, y nunca quería hacerlo aunque el mismo admitía que necesitaba desahogarse, sacarse esa pena del alma, y la única manera era hablar sobre ello con alguien.
Ron Weasley no era del tipo de persona que desahogaba sus penas con alguien. Siempre había odiado los terapeutas por ello y a veces le preguntaba a Harry como podía confiar en Hermione en ese punto. Ahora lo entendió, luego de que supo lo que Harry sentía por su mejor amiga.
-Ron, sabes que no te hace bien guardarte todo eso para ti- murmuró Luna a su lado –Algún día explotarás
-Luna…
-No, Ron- lo interrumpió la muchacha, tomando sus mejillas con sus manos y haciéndolo mirarla a los ojos –Te estás haciendo muchísimo daño, Ron…-los ojos de la rubia demostraban cuán preocupada estaba por él-…Habla conmigo…-finalmente pidió. Ron se levantó soltándose bruscamente.
-¡¿Decirte que, Luna? ¡¿QUÉ?- gritó el pelirrojo, mirándola fijamente al tiempo que la muchacha se encogía y se estremecía -¿Qué me siento un perdedor? ¿Qué aunque quiera superarlo no sé como diablos hacerlo? ¿Decirte eso? ¿En realidad te importa lo que me está pasando y no es que estás fingiendo preocuparte por mí?
Luna se levantó y lo miró con ojos cristalinos por culpa de las lágrimas contenidas, pero aún así su expresión era de indignación pura, lo cual hizo que Ron se callara y tragara saliva.
-¿Crees que si no me importara estuviera rogándote para que te desahogues?- preguntó la muchacha –No necesitabas gritarme, Ronald. Hablando como un animal no solucionarás nada- prosiguió haciéndole caso omiso a un ofendido Ron –Tal vez no has podido superar a Lavender porque no has buscado ayuda
-Superar a alguien es sólo problema de una sola persona. No se necesita a nadie más
-Si, para las personas que no tienen amigos como tú. Pero si esa persona es Ronald Weasley, que tiene increíbles amigos y una familia que lo adora dispuesta a ayudarlo en lo que fuera, ¿no crees que al ver que no puedes hacerlo solo, debiste buscar ayuda? Además, la manera de superar a una persona no es sólo bebiendo hasta el cansancio en un bar –contestó Luna, sin respirar ni un segundo. Ron por un instante tuvo miedo de que la chica se quedara sin oxígeno –Ron, en serio, criticas a Hermione y tú eres exactamente igual a ella
-Esto no tiene nada que ver con Hermione, Luna- musitó Ron fastidiado –okay, tal vez tienes razón y debería dejar que me ayudes… ¿Qué debo hacer?- Una gran sonrisa en la cara de Luna apareció contagiando al muchacho, que inmediatamente la siguió.
-Entonces, ahora sí que quieres que te ayude- contestó la rubia, riendo con picardía -¿Quién te entiende, Ronald Billius Weasley?
-Ni mi madre, Luna Lovegood
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31 de diciembre, 23 horas. Una hora para Año Nuevo.
Hermione se acercó hasta su amiga pelirroja que se encontraba en el balcón, observando el gran espectáculo que se desarrollaba en Times Square. La muchacha observaba con ojos asombrados. Hermione puso una mano sobre el hombro de Ginny y ésta se volteó.
-Entonces, ¿ahora sales con Draco?- preguntó levantando una ceja con picardía.
-Entonces, ¿ahora sales con Harry?- contestó la chica y Hermione rió por lo bajo, bajando la mirada.
-Yo pregunté primero así que tú respóndeme
- muy bien- Ginny se apoyó contra el balcón de piedra dándole la espalda a la vista de Times Square y luego tomó un sorbo de la bebida que tenía en su mano –Se podría decir que sí, no lo sé con exactitud. Te toca
-Si, estamos algo así como saliendo- contestó rápidamente Hermione, ganándose un gran abrazo de la muchacha.
-Ya era hora de que sucediera- murmuró Ginny cuando se separaron. Hermione la miró sin haber entendido –oh, vamos, no me dirás que no te había dado cuenta. No te creería aunque fuera verdad. Todos sabemos que entre ustedes siempre hubo algo más que amistad. No es normal que trates a un amigo – La menor de los Weasley dibujó comillas en el aire – como tú tratas a Harry y él te trata a ti
-Si tú lo dices…- murmuró Hermione, mirando el paisaje.
-¿Me hablas en serio? ¿Nunca te diste cuenta?- preguntó Ginny con los ojos abiertos como platos. La castaña negó con la cabeza.
-Supongo que sí, sólo no quería prestarle atención…ya sabes, creo que mi subconsciente siempre se mantuvo firme a que sólo debía verlo como a un amigo, no lo sé…
-Bueno, más vale tarde que nunca, ¿no?- Ginny sonrió ladeando su cabeza hacia un lado. Hermione asintió. Su amiga tenía razón, al menos ya se había dado cuenta de las cosas y no dejó que pasaran. En ese momento, agradeció que en su mente sólo pasara la idea de besar a Harry cuando éste le pidió que hiciera una locura.
Aunque ahora besarlo no parecía una locura.
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Desde el departamento de Ronald se podía observar y escuchar lo que pasaba en Times Square perfectamente. Luna y el pelirrojo se encontraban sentados en las mesas de descanso del balcón mirando con escrutinio cada movimiento del lugar, sin querer perderse ningún detalle.
-Todavía no entiendo por qué no sólo lo vemos por televisión- murmuró Ron sin quitarle los ojos de encima al paisaje festivo. La rubia se encogió de hombros, observando con mirada soñadora (característica propia de ella) y una gran sonrisa al mismo punto.
-Es mucho más divertido verlo desde aquí
-¿y por qué no sencillamente vamos?
-No me gustan las masas, siento que me asfixio- contestó simplemente la muchacha. Ron desvió la mirada hacia ella.
-¿En serio?- preguntó, incrédulo. Luna asintió con simpleza sin siquiera mirarlo. El pelirrojo arqueó las cejas –Wow
-Todos tenemos un punto débil, Ronald- comenzó Luna con tono soñador –Sólo que algunos son mejores escondiéndolos que otros
Ron la observó de nuevo con escrutinio; debajo de esa inocente y soñadora expresión se encontraba una chica hábil, sabia y decidida, que sólo salía a flote cuando era necesario. Ron quería saber más de ella, más de sus facetas que poco a poco conocía. Sólo en esa noche, Luna le había demostrado muchas más cosas, y más importantes, que la que le había demostrado en todos los años que tenía conociéndola.
El muchacho se preguntó que más cosas no sabía de la chica y que había dado por sentado desde hace mucho tiempo.
-¿ese es, Luna?- preguntó, devolviendo su mirada hacia Times Square. Esta vez, la que desvió la mirada fue la muchacha.
-¿el qué, Ronald?
-Tu punto débil- respondió y Ron vio como el cuerpo de Luna se tensaba por un milisegundo. Frunció el seño -¿es ese tu punto débil, las masas?
-¿por qué me lo preguntas?- Luna se sentía amenazada en gran manera y el pelirrojo se dio cuenta, cosa que hizo que su curiosidad fuera más grande.
-Sólo quiero saber. Es una simple e inocente pregunta- Luego de que el chico dijera esto, Luna rió por lo bajo.
-No me lo creerías aún si te lo dijera- contestó la rubia, mirando el suelo directamente.
-Pruébame
¿Cómo podía hablar algo así son el? ¿Exactamente, él?
-Creo que es mejor que nos vayamos a la fiesta de Draco, ya falta menos de una hora para año nuevo- Sin más que eso, Luna Lovegood entró al departamento dejando a Ron mucho más intrigado que nunca.
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31 de diciembre, 23:35 horas. Veinticinco minutos para Año Nuevo.
Cuando llegó al salón, Ron corrió directamente hacia Harry y Hermione que se encontraban bailando en ese instante. Sin importarle interrumpir, rodeó con los hombros a sus dos amigos y los miró con suspicacia.
Alguno de ellos debía saber el secreto de Luna.
-Necesito hablar con ustedes- murmuró bajo la mirada de irritación por parte de Harry y la mirada llena de desaprobación típica de Hermione. El pelirrojo ni siquiera se dio cuenta de ello.
-¿Qué sucede, Ronald?- preguntó Hermione, tomando una gran bocanada de aire antes de que comenzara a insultar a Ron por ser tan inoportuno.
-Uno de ustedes debe saber el secreto de Luna- contestó, observando a la castaña seriamente que parecía encogerse cada vez más luego de esa respuesta. Bingo. Hermione lo sabía.
Volvió su mirada hacia su mejor amigo y lo vio tan pálido y nervioso que la castaña; así que los dos sabían la verdad y no querían hablar. Tal vez era algo tan importante que el sólo mencionarlo los ponía nerviosos.
Podía escuchar la voz de Draco informando que sólo faltaban dieciocho minutos para año nuevo, pero no podía despegar de su cabeza la intriga que Luna había plantado con su actitud.
-No sé de qué me hablas- murmuró Harry, soltándose rápidamente e intentando alejar a su compañera de los brazos del pelirrojo, que inmediatamente apretó su agarre a la muchacha –Ron, por favor. ¿Por qué no le preguntas a Ginny, o Draco?
-Ustedes son mis mejores amigos
-Ginny es sangre de tu sangre. Es tu hermana- contraatacó Hermione.
-¿Ginny también lo sabe?
-Si-contestó Harry, tomando rápidamente de la mano a Hermione aprovechando que el pelirrojo estaba distraído maldiciendo a su hermana que no le había contado nada y se la llevó rápidamente hacia el otro lado del salón.
-Enana del demonio-murmuró buscando una melena pelirroja entre la multitud arremolinada junto al escenario donde Draco Malfoy hablaba de nuevo; al final la encontró, pero soltó un bufido al verla subir al escenario por alguna razón que no entendía puesto a que sólo se limitó a dar media vuelta y salir al balcón, esperando por el momento preciso para buscar e interrogar a su hermana.
-Ron- la voz de su mejor amiga, Hermione, lo hizo volverse suavemente –Creo que eso es algo que Luna debería decirte a su debido momento
Ron tal vez no fuera muy rápido captando la información, pero no era estúpido. ¿Por qué todos lo sabían y el no? ¿Por qué tanto misterio en contárselo? Eso sólo sería lógico si…
-Tiene que ver conmigo, ¿cierto?- Cuando Hermione asintió, Ron entendió todo. Era impresionante cuán rápido había entendido, pero ya lo sabía, y él sabía que Hermione lo había hecho a propósito, el hablar con él, el pedirle que le preguntara a Luna. De pronto, de la nada, sintió unas grandes ganas de reír. No por diversión o incredulidad, sino como si se quitara un peso de encima, como si se sintiera libre luego de estar preso en una jaula.
Luego de mucho tiempo, se sentía feliz. Allí entendió todo.
Sonrió a su amiga, dándole a entender que agradecía su intervención y ya sabía lo que haría.
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La cuenta regresiva comienza.
El salón comenzaba a llenarse de emoción. Las personas estaba entusiasmadas y ya los meseros estaban entregando la copa de champán característica para el brindis de año nuevo. Faltaban escasos diez minutos para que el verdadero festejo comenzara y un nuevo año llegara.
Hermione observaba con paranoia el puesto donde Luna se encontraba sentada, con la ropa misma con la que había salido a buscar a Ron, pantalones y una camisa larga. Lo único que resaltaba en la rubia era el hermoso peinado y maquillaje que se había hecho antes de recibir la noticia de que el hermano de Ginny se encontraba retenido en la estación policial; esperaba una señal, un indicio de que Ron aparecería para hablar con la rubia. Necesitaba y quería con todas sus fuerzas que Luna y Ron arreglaran ese importante asunto. Sonrió ampliamente.
Nadie merecía más a Ron que Luna Lovegood.
Justo cuando divisó entre la multitud la cabellera rojiza y corta perteneciente a su mejor amigo, una mano la tomó por el brazo suavemente y la volvió hacia el lado contrario, dejándola de espaldas a sus dos amigos. Sonrió sabiendo perfectamente quién era, pero al final se había equivocado.
Draco, y a su lado sonriente, Ginny.
-Yo sólo quería agradecerte por esta increíble fiesta, la mejor que he hecho- su amigo la abrazó fuertemente y la castaña correspondió el abrazo con cariño. Se sentía muy orgullosa, pues a pesar de que fue el trabajo más difícil de su carrera, con todos esos sube y baja emocionales que había sufrido, al final se encontraba totalmente satisfecha con el resultado. Le sonrió al rubio y luego abrazó a Ginny.
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Finalmente la pudo ubicar, sentada en una de las mesas más cercanas a la pista donde todos se encontraban arremolinados esperando la medianoche y el final del año; la cabellera larga y rubia arreglada con ondas impecables e inmaculadas se hizo visible entre la gente e inmediatamente el muchacho se lanzó en su búsqueda, con el corazón palpitándole rápidamente como si en cualquier momento se le pudiera salir del pecho.
Empujó y apartó a varias personas que se interponían entre él y Luna hasta que se encontraba detrás de ella. Tomó una larga bocanada de aire antes de hablar.
-Quiero intentarlo- musitó casi a gritos. Luna se volvió hacia el con sorpresa.
-¿Perdón?- la muchacha frunció el ceño y Ron volvió a tomar una bocanada de aire.
-Quiero intentarlo- repitió –Nosotros, ¿sabes? Quiero intentarlo- la expresión de Luna lo hizo ver que la chica había entendido, puesto a que perdió todo color y quedó completamente rígida en la silla.
-¿Por qué?- pregunto Luna, apenas abriendo la boca para hablar. El muchacho Weasley tragó saliva mientras movía nerviosamente sus manos llenas de sudor frío.
-Porque te preocupas por mí, porque cuando me preguntaste acerca de Lavender… si, no fue fácil que te lo dijera, pero lo hice. Lo hice y eres la única que lo sabe. La única a la que le confié eso- respiró profundamente bajo la mirada azul y ansiosa de la chica –Porque sentí que debía hacerlo, y aunque no le presté atención al principio… Luna, cuando Hermione habló conmigo lo entendí. Lo entendí todo, tus sentimientos… y los míos. Todo, Luna. Todo.
-Ron- la muchacha se levantó y se acercó a él, mirándolo fijamente –no lo creo
El alma del pelirrojo cayó al suelo con un estruendo, al tiempo que observaba a Luna con tristeza.
-¿Qué?- musitó -¿Por qué?
-No has olvidado a Lavender, Ron. Yo no puedo con ello- contestó la rubia, negando ligeramente con la cabeza –no quiero ser el consuelo. Si algo entre tú y yo pasará, quiero asegurarme de que hayas olvidado a Lavender.
-Luna, no podré olvidarla nunca. Lavender fue mi pasado, la primera novia que tuve. Además, el pasado no se olvida… se supera
-¿La has superado, Ronald?- Ron tragó saliva y justo cuando se sintió seguro de lo que iba a hacer, la muchacha se acercó a el y le susurró en el oído –Pruébalo
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Sesenta segundos faltaban para la medianoche. Solo sesenta segundos.
Escuchaba a todos gritar el conteo pero su mente estaba concentrada en encontrar algo. Cuando lo hizo, se abrió paso entre la muchedumbre hasta quedar en frente de Harry, que paró de gritar el conteo para sonreírle.
-Nuevo año, nuevas resoluciones- dijo el pelinegro. Hermione frunció el seño justo cuando escuchaba. Treinta segundos -¿lista para enfrentarlas?
-Por supuesto- veintitrés segundos y el año acabaría -¿Tu?
-Nací listo- contestó el muchacho, sacándole una sonrisa a la castaña. Veinte segundos.
-Harry, ésta fue la mejor víspera de navidad que he vivido- murmuró acercando sus labios al oído del muchacho para que pudiera escuchar –Sólo… gracias
Quince segundos.
-Como te dije. Nuevo año, nueva resoluciones- contestó el muchacho en la misma posición que Hermione había optado para que él pudiera escuchar. Nueve segundos –Me encargaré de que este año sea mucho mejor
Seis segundos.
Draco y Ginny, en el escenario, se tomaron de las manos. Harry y Hermione, por su parte, se envolvieron en un gran abrazo.
Cuatro segundos.
Se podían escuchar los fuegos artificiales comenzando a explotar en las afueras del salón, como también los gritos de euforia que provenían de Times Square.
Tres Segundos.
Ron observaba a Luna desde el otro extremo del salón, donde estaba parada mirando emocionada a Draco y a Ginny al tiempo que gritaba el conteo como todos los demás.
Dos segundos.
Todo se hizo silencio esperando el gran grito final, el último de ese año.
Un segundo.
Luego de ese grito, lo único que se escuchaba eran gritos, explosiones de fuegos artificiales y las copas chocando entre sí. Todos en el salón se abrazaban y otros simplemente cumplían con el tradicional beso de año nuevo.
Ron observó a Luna fijamente mientras se acercaba a ella.
-oh, feliz año nuevo, Ronald- musitó la rubia sonriéndole tímidamente a la que él le correspondió.
-Gracias. Igual a ti- el ambiente se llenó de incomodidad entre ellos. Ron introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón y se balanceó de atrás hacia adelante con nerviosismo –Entonces, ¿ni siquiera un beso de año nuevo?- dijo en broma, rogándole a todos los dioses para que a la chica no le molestara el comentario.
Luna sonrió y se acercó a él para plantarle un dulce beso en la mejilla.
-Feliz año nuevo, Ronald- repitió y se alejó.
A unos metros de distancia, Harry y Hermione chocaron sus copas llenas de champán. Harry no tuvo necesidad de hacer lo que Ron había hecho, pedirle el famoso beso de año nuevo. No, Hermione se le había abalanzado como la vez que le pidió que hiciera una locura y había capturado sus labios con rapidez. Ahora, sólo faltaba el brindis de medianoche.
-¿Y ahora? ¿Qué harás? – preguntó Harry luego de tomar un sorbo de champán. Hermione se encogió de hombros.
-Disfrutar del año. Por ahora no tengo nada más que hacer- contestó -¿y tu? Tengo entendido tu obra termina en febrero. ¿Qué harás?
-Lo de siempre- musitó y luego mostró una sonrisa de medio lado –ser un vagabundo, como tú dices –La ojimiel soltó una carcajada.
-Decía- lo corrigió buscando aire. Harry enarcó una ceja –Ya no soy así
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Tres años después…
Hermione entró en pánico al ver la poca cantidad de rosas rojas que habían entrado al salón. Ella se había asegura de pedir seis docenas de rosas rojas.
-Dios mío, Luna me va a matar- musitó para sí misma a punto de comenzar a llorar.
-¿Qué sucede?- la muchacha se volteó encontrándose con Harry, con su típica chaqueta de cuero y sonrisa de medio lado. Al ver la expresión de la cara de Hermione, el muchacho frunció el ceño y dejó de sonreír -¿Y ahora que pasa?
-Trajeron sólo dos docenas de rosas. Luna pidió seis. Dijo que necesitaba seis docenas para adornar el altar y los puestos de los invitados como también en la recepción- contestó sin pararse a respirar -¿Y ahora que haré?
-Hermione- musitó Harry, sin recibir respuesta. Ante eso, el ojiverde la tomó suavemente por los brazos y zarandeándola un poco -¡Hermione!
-Harry, no te ofendas, pero estoy en medio de una crisis…
-…existencial, ya lo sé- terminó Harry por ella, callándola de inmediato –pídeme que te busque las flores
-¿Qué?- preguntó la ojimiel, mirándolo como si él fuera la cosa más inverosímil del planeta.
-Pídeme que te las busque
-¿Por qué?
-Yo sé donde encontrarlas. Sólo pídelas- contestó.
-¿por qué tengo que pedírtelas?
-pues, para que te acostumbres a pedirme ayuda. No siempre vas a poder sola, sabes- el muchacho volvió a mostrar su sonrisa de medio lado y la muchacha relajó sus hombros, como si un gran peso hubiera caído de sus hombros.
-¿Por qué siempre me salvas el pellejo?
-¿Para qué estoy aquí sino fuera así?- contestó Harry, dándole un rápido beso y saliendo del salón a toda velocidad con las llaves de la motocicleta en las manos.
Sonrió y luego se dio media vuelta. El altar estaba decorado exactamente como Luna y Ron habían querido que fuera, solo necesitaba más rosas. Sonrió satisfecha. Planear la boda de una de sus mejores amigas era mucho peor que cualquier otro cliente desconocido; había más presión, más responsabilidad.
Pero todo estaba listo, y ahora ella debía correr a la peluquería para arreglarse.
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-¿Dónde conseguiste tantas flores en tan poco tiempo?- preguntó Hermione cuando entraba tomada de la mano de Harry en el salón donde la boda de Ronald Weasley y Luna Lovegood se efectuaría. Volvió a sonreír cuando divisó el lugar listo. Perfecto.
-¿Recuerdas a Pomona Sprout, la profesora de preparatoria?- preguntó el muchacho y Hermione asintió –Bueno, tiene una floristería grandísima en las afueras. De ahí las conseguí
-Tú conoces a demasiadas personas- musitó la ojimiel entrando por el pasillo que daba a los cuartos donde la novia y el novio estaba, cada uno en habitaciones separadas. Harry sonrió con suficiencia mientras entraban cada uno en su respectiva habitación.
Al entrar, Hermione dejó escapar un grito de emoción. Luna estaba radiante, con un largo vestido blanco con detalles dorados que combinaban perfectamente con el color de su cabellera perfectamente estilizada.
Por otro lado, Harry soltó una carcajada al ver el manojo de nervios que Ron estaba hecho. Draco intentaba arreglarle la corbata pero el pelirrojo Weasley temblaba tanto, que le era prácticamente imposible.
Media hora después, todos se encontraban escuchando la hermosa ceremonia; Hermione observaba llena de orgullo como una de sus mejores amigas musitaba un alto y claro "acepto" y como su otro mejor amigo lo repetía luego de repetir los votos.
Hermione se volvió hacia Harry a su lado entrelazando su mano con la de él y con lágrimas en los ojos justo cuando Luna y Ron fueron declarados "unidos para siempre".
Luego de 252110 años de ausencia por mi parte (?) haha ok no, pero muuucho tiempo... bueno en fin, les traigo el final de esta historia que fue divertidísima de escribir. Espero que les guste el final.
Supongo que se dieron cuenta del paralelo que creé con la escena de la boda de Fleur en HP7 (el libro), sino,... bueno, lean esa parte de nuevo y verán.
¡Comenten!
Nos veremos muy pronto con una nueva historia que ya comencé a escribir, ¡estén atentos!
xo
HG024 (o Sofía, bueno whatever)
