Palabras: 420.

¡Hoy es el último día del reto! Ay, debo apurarme, que me faltan cuatro...


10. Alastor & Tonks

Nymphadora Tonks sentía una molesta pesadumbrez en su pecho que no le permitía dormir.

Aquella noche habían movido a Harry de su antigua casa muggle a un nuevo escondite y habían descubierto que Alastor había muerto. Se había sentido mal insantaneamente, porque él había sido su mentor y, aunque nunca se lo hubiera dicho, siempre lo había visto como una figura paternal. Además, cuando era una niña lo había admirado por su trabajo como Auror y ahora estaba... muerto.

—¿Estás bien? —preguntó Remus al verla tan inquieta. Hacía un buen rato se habían acostado dispuestos a dormir, pero el sueño no llegaba a Tonks.

—Si, es sólo que estaba pensando en Ojoloco.

Remus le dió una sonrisa triste. Sabía cuánto significaba el Auror para su esposa.

—Nunca creí que moriría —dijo ella en voz alta, como quién no quiere la cosa—. Quiero decir, sé que todos lo hacemos eventualmente pero nunca creí que pasaría en medio de una guerra. Pensé... no lo sé, que él moriría simplemente porque era viejo, nunca en una misión. Era un buen hombre y un excelente Auror. Le faltaba una pierna, un ojo y un pedazo de nariz pero si fuera por él hubiera seguido persiguiendo mortífagos... —su voz se cortó y de pronto se dio cuenta de que estaba llorando.

Los brazos de Remus la rodearon y ella se echó a llorar, enterrando la cara en su pecho, como una niña pequeña.

Recordó cuando conoció a Alastor Moody. Tonks sólo tenía dieciocho años. El hombre se había presentado allí y luego había pasado por entre la fila de alumnos y la había mirado con el ceño fruncido.

—Tu cabello atraerá mortífagos como un dementor a un prisionero de Askaban, niña.

Tonks cambió su cabello rosa chicle por su castaño natural. Alastor le sonrió levemente.

—Ah, una metamorfomaga. Eso será util —dijo de manera levemente complacida y Tonks se sintió un poco orgullosa de su don.

Desde ese momento, Alastor la tomó como su protegida y con el tiempo Tonks llegó a apreciarlo realmente, y ese cariño fue recíproco. Aún recordaba cuando la invitó a unirse a la Orden del Fénix.

Y ahora estaba muerto. El hombre que le había enseñado tantas cosas, con el que había compartido tantas discusiones tontas... ya no estaba. Ya no podría regañarla nunca más por su impuntualidad, su cabello demasiado llamativo, su torpeza y su terquedad.

Alastor Moody había sido un gran hombre y una persona importante en la vida de Nymphadora Tonks, pero se había ido.

Para siempre.