Palabras: 498.
11. Narcisa & Andrómeda.
Narcisa Malfoy sentía un nudo en el estómago.
Parada frente a la puerta de la casa, se había pasado los últimos minutos debatiendose entre tocar o no. Finalmente decidió irse.
Había sido una terrible hermana, ¿por qué querría Andrómeda tener el minímo contacto con ella?
Dispuesta a desaparecerse se dió la vuelta y caminó un par de pasos, pero se detuvo al oír el ruido de la puerta abriéndose. Retrocedió y al verla, fue hacia ella y la envolvió en un abrazo.
Andrómeda no respondió al instante, sorprendida por la repentina acción. Pasaron unos largos momentos antes de que Narcisa la soltara y sólo entonces ella la invito a pasar.
La rubia observó el lugar con detenimiento y no pasó por alto el hecho de que había una cantidad enorme de fotos de su hija Nyphadora y su esposo Ted alrededor de toda la habitación: colgados en la pared y en los estantes de los muebles, montones de ellos.
La culpabilidad la golpeó.
Andrómeda había perdido a su hija y a su esposo en tan poco tiempo que el golpe debía tenerla devastada. Narcisa no sabía lo que sentía, pero había estado por poco en la misma situación. Incluso aunque no le había pasado nada malo a Draco ni a Lucius, sabía lo que era sentir el miedo atroz de la incertidumbre de no saber si seguirían con vida siquiera un minuto más.
—Andy, vine a disculparme.
La mujer arqueó una ceja, pero no dijo nada, señal de que la invitaba a continuar.
Narcisa intento encontrar las palabras antes de que se perdieran en el nudo que tenía en la garganta.
—Lo siento tanto, por todo, por todo. He sido despreciable. Siento que hayas perdido a tu hija y a tu esposo, lo lamento. Siento no haber hecho nada por ti cuando madre y padre te desheredaron y Be... y ella dejó de hablarte. Siento no haber seguido mi propio camino y seguir siendo tu hermana, estaba asustada. Nunca fuí tan valiente como tú, no estaba dispuesta a dejar todo. Lo siento.
—Nunca dejarás de ser mi hermana —dijo Andrómeda y Narcisa la miró a los ojos oscuros, haciendo un amago de sonrisa incluso con las lágrimas que comenzaban a agolpearse en sus ojos.
—Perdón, Andrómeda. Realmente lo siento, con mi alma, perdón.
Andrómeda se acercó a ella y la abrazo suavemente.
—Me alegra que hayas abierto los ojos y te disculpes. Significa mucho.
—Tu hija era muy bonita, se parece mucho a ti—dijo Narcisa mirando una de las fotos de Nymphadora—. Siento mucho tu pérdida, yo... no sé lo que se siente pero estuvo cerca.
—¿Quieres conocer a su hijo?
Narcisa le sonrió.
—¿Puedo?
—Claro.
Finalmente había podido disculparse y sentía una carga menos en su corazón; y esperaba que aquella visita significase que podía volver a entrar en la vida de Andrómeda, quizás no cómo cuando eran niñas, pero si podrían empezar nuevamente.
Porque Narcisa nunca había dejado de querer a su hermana, pese a todo.
