Megumi
—Volver a recordar—
Han pasado dos años y medio desde el día en el que sufrí el accidente, dos años y medio en los que una parte de mi memoria ha estado muy dañada. Lo único que recuerdo de aquel día, y con cierta ayuda de Tía, es que estaba muy contenta porque, antes de empezar a rodar el nuevo videoclip, iba a enviar una carta; sé también que, hasta que pasó el accidente, mis pensamientos estaban centrados en el destinatario de mi carta. Lo siguiente que recuerdo de aquel día es que desperté en la cama de un hospital y que Tía estaba conmigo, aunque entonces no recordaba quien era ella.
Tía rompió a llorar cuando le dije que no la recordaba, lo que me hizo suponer que mis lazos con la niña debían ser muy fuertes; Tía comenzó a decirme nombres de personas a las que debía recordar pero, ninguno de ellos me sonaba, de hecho, lo único que sabía era como me llamaba y que era una Idol bastante famosa en Japón. Ella se pasó un largo rato conmigo y me habló del mundo mamodo y de la lucha por encontrar a un rey para ese mundo y, tras dos largas horas, las palabras de Tía habían cobrado todo su sentido y había recordado que las dos juntas formábamos un equipo.
La sonrisa de Tía cuando le dije que me acordaba de todo lo que me había contado fue inminente y yo me alegré de verla tan feliz. Sin embargo, ésta no tardó en desaparecer cuando añadí que, lamentándolo mucho, no tenía ni idea de quién era Zatch y mucho menos Kiyomaro, esos nombres no me sonaban para nada y tampoco me despertaban curiosidad alguna, por lo que cometí el error de pensar que ellos no debían ser personas importantes en mi vida.
Tía abandonó la habitación y se fue a llamar por teléfono, no sin antes decirme que había hecho un gran esfuerzo para recordar todo lo que había recordado y que lo mejor era que descansase. Cuando me quedé sola, cerré los ojos y un montón de imágenes se me cruzaron por la mente, lo que me asustó bastante por el hecho de que todas ellas me eran desconocidas, sin embargo, me di cuenta de que la cara de un chico se me repetía a menudo.
En los días siguientes, Tía penas si se despegó de mí, lo único que ella tenía en mente era que yo pudiera recordar todo lo posible, aunque no volvió a mencionar a Zatch y Kiyomaro a pesar de la insistencia que había mostrado en ellos durante el primer día. Cuando me dieron el alta, mi manager me comunicó que lo mejor era que regresase a casa y que me tomase un tiempo de descanso para que mi memoria se recuperase todo lo posible. La primera semana que pasé en Japón no fue nada agradable pues, aunque ya había conseguido recordar bastantes cosas, las primeras y únicas visitas que tuve me hicieron sentir mal. Cuando llegué a casa y comencé a deshacer el equipaje, escuché como Tía llamaba por teléfono, le escuché decir el nombre de Zatch y entonces le presté atención a la conversación que llegaba a mis oídos.
Cuando bajé de mi habitación vi que Tía estaba preparando una merienda para cuatro; ella se dio cuenta de mi sorpresa y me dijo que Zatch y Kiyomaro iban a venir dentro de un rato para vernos y saber que tal estábamos. En ese instante el nerviosismo comenzó a apoderarse de mí, desde el accidente, y exceptuando a Tía y a las personas que trabajaban conmigo, no había visto a nadie que perteneciese a mi círculo de amistades. Tía me recomendó que me pusiera guapa por lo que pudiera pasar cuando llegasen nuestros invitados, algo que me sorprendió, sin embargo no pregunté el porqué de esas palabras e hice caso de ellas. Justo cuando acabé de arreglarme, fue cuando escuché el timbre de la puerta, nuestros invitados acababan de llegar.
Tía me llamó varias veces y, cuando me calmé, bajé de la habitación y allí me encontré con nuestros invitados y con la propia Tía. Ella me los presentó dado que sabía que no los recordaba y fuimos al salón, puesto que allí era donde íbamos a merendar. Kiyomaro no me quitaba los ojos de encima pero, en las pocas veces que crucé mi mirada con la de él, me di cuenta de que la suya era triste, había algo que verdaderamente le apenaba y, no podía dejar de pensar que ese algo era el que yo no lo recordaba. No me sentí cómoda por el hecho de que hacía hasta lo imposible por acordarme de algo sobre las personas que estaban con Tía y conmigo y no lo conseguía, por lo que, disculpándome primeramente, me fui a mi habitación. Una vez allí, y sin saber exactamente porque, me eché a llorar y me tiré en mi cama. Me sentía perdida y frustrada, y la mirada de Kiyomaro se me había grabado en la mente, lo cual me hizo sentir peor porque él no estaba bien debido a mi pérdida de memoria. Intentaba controlar mi llanto pero, me era imposible y, mientras las lágrimas me bañaban el rostro de forma constante, me di cuenta de que la cara del chico que tanto se me repetía era la de Kiyomaro.
A partir de aquel descubrimiento, comencé a pensar que él era una parte importante de mi vida y, mi empeño por recordarle, creció muchísimo. Debido a esto, Tía invitaba muy a menudo a Zatch y a Kiyomaro y me dejaban a solas con éste último; en todas aquellas veces me esforcé a más no poder por recordar cualquier cosa pero, era como si todo lo que tuviera que ver con Kiyomaro estuviera condenado a no regresar a mi memoria. Aquello me frustraba enormemente y sabía que a él también, sabía que se lo estaba haciendo pasar mal. En una de aquellas veces, Kiyomaro me dijo que iba a dejar de ir a verme porque sus visitas no estaban consiguiendo el efecto deseado y él veía que yo me sentía mal por no experimentar avance alguno en la recuperación de mis recuerdos. Las palabras de Kiyomaro me hicieron más daño del que él se imaginó y, prácticamente llorando, le cogí las manos y le pedí que por favor no dejase de venir; aquella fue la primera vez que me atrevía a tener contacto físico con él.
Así pasamos medio año pero, Kiyomaro no aguantó más y decidió marcharse a Inglaterra en cuanto terminase el curso escolar, era un viaje sin fecha de regreso. Cuando Tía me lo dijo, no pude evitar pensar que yo era la responsable de la decisión que él había tomado. A modo de despedida Tía, dado que le encantaba estar con Zatch, organizó una merienda para los cuatro. El día anterior a esa cita, me encontraba bastante mal anímicamente, me dolía pensar que no sabía cuando iba a volver a ver a Kiyomaro después de aquella merienda; me había acostumbrado a que estuviera conmigo muy a menudo y, el saber que eso ya no sería así, me deprimía.
Tía intentaba animarme porque sabía lo mucho que me había afectado la decisión de Kiyomaro pero, la verdad es que no consiguió mucho. Cuando llegó la hora y estaba segura de que Zatch y Kiyomaro ya habían llegado, fue cuando bajé al salón; me sonrojé ligeramente cuando les vi junto a Tía.
Todo fue medianamente bien, aunque Kiyomaro y yo apenas si hablábamos, más bien nos limitábamos a reírnos de las gracias que hacían Zatch y Tía. Cuando los niños terminaron de merendar, nos dejaron solos, lo que provocó que quisiera marcharme del salón a toda costa, en aquellos momentos lo único que se estaba produciendo era un silencio incómodo. Noté como Kiyomaro sentía lo mismo que yo pero, ninguno de los dos hizo amago de decir adiós antes de lo esperado, ni él ni yo querías separar tan pronto a Zatch y a Tía ya que iban a tardar bastante en volver a verse. Poco antes de que ellos llegasen de juagar en el jardín, me armé de valor y le dije a Kiyomaro que lamentaba que por mi culpa él se marchase de Japón; evidentemente él negó mis palabras diciendo que yo no tenía nada que ver con su viaje y que los motivos eran otros pero, por más que lo intentó, no consiguió hacerme cambiar de opinión.
La despedida de Kiyomaro fue sin lugar a dudas lo peor de aquel día. Me había propuesto contener mis sentimientos para evitar así que él pudiera llegar a sentirse mal pero, no me salió bien la jugada. Después de despedirme de Zatch, miré a Kiyomaro y noté como las lágrimas comenzaban a amontonarse en mis ojos, le di un beso en la mejilla, le deseé un buen viaje y, acto seguido, corriendo y conteniendo el llanto, me metí dentro de casa porque no podía seguir por más tiempo allí. Más tarde, cuando conseguí calmarme, Tía me dijo que había hecho lo que le había pedido antes de que llegasen los chicos, meter en la chaqueta de Kiyomaro la carta que yo había encontrado entre mis cosas y que iba a mandarle mientras yo estaba de viaje. Yo quería que él la tuviese porque había sido escrita para él pero, no me había atrevido a abrirla, así que su contenido era totalmente desconocido para mí.
Y así fue pasando el tiempo y se cumplió un año desde la marcha de Kiyomaro, un año en el que continué recordando cosas pero, desafortunadamente, nada o casi nada que tuviera que ver con él. Una tarde, mientras buscaba uno de mis primeros discos, encontré un sobre de color amarillo que me llamó mucho la atención, así que lo saqué y descubrí lo que contenía, eran fotos. Comencé a mirarlas detenidamente y unas silenciosas lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas, las fotos eran de Tía, Zatch, Kiyomaro y yo, aunque de quienes más había era de Kiyomaro conmigo. Desde aquel momento miré las fotos muchísimas veces con la intención de poder recordar algo y, después de saberme hasta el más mínimo detalle de cada una de las fotos, fue cuando recordé que el colgante que llevaba puesto desde hacía más de un año, me lo había regalado Kiyomaro, aunque no conseguí recordar porqué hasta más adelante. Para estar segura de que mi recuerdo era exacto, le pregunté a Tía, quien, muy contenta, me confirmó que estaba en lo cierto.
Continué mirando las fotos y forzando a mi memoria para que recordase a Kiyomaro, para así poder saber de una vez por todas que había sido él verdaderamente en mi vida. Y fue así cuando una tarde, mientras estaba en mi habitación y escuchaba música, un recuerdo nuevo llegó a mi mente e hizo que se cayese el mundo al suelo. Recordé que, un día en el que yo estaba en el instituto, recibí una visita inesperada a la hora del almuerzo; Kiyomaro se había escapado de su instituto para ir a verme, algo que me alegró muchísimo pero, como yo estaba en una institución únicamente compuesta por alumnas, él no podía ser visto, así que, deprisa y corriendo, nos escondimos dentro de un baño y, en cuanto hube cerrado la puerta con el pestillo, Kiyomaro me sorprendió con un beso que yo no tardé en contestar rodeándole el cuello con mis brazos mientras que él pegaba mi cuerpo al suyo.
Mi recuerdo terminaba con una frase de él, "Sólo tenemos tres días antes de que te vayas de viaje para estar juntos y, no pienso desaprovecharlos.". Comencé a llorar desconsoladamente, desde siempre me había sabido mal saber que le estaba haciendo daño a Kiyomaro por no poder recordarle pero, ahora entendía cuánto daño le había estado haciendo verdaderamente, habíamos estado juntos y enamorados y yo había olvidado todo eso, era normal que, pasado un tiempo, él se hubiese cansado de esperar y de sufrir y hubiera optado por marcharse a Inglaterra; debido a ese recuerdo, también fui consciente de que en el tiempo que había pasado con Kiyomaro intentando recordarle, él había empezado a gustarme y, además, cuando estábamos juntos, me sentía mucho más tranquila que cuando estaba con cualquier otra persona, sin embargo, esos sentimientos que había empezado a tenerle no eran, al fin y al cabo, nada nuevo, sino que eran sentimientos que nunca habían dejado de estar, era sólo que estaban dormidos y, a fuerza de que él estuviera conmigo y debido a mi empeño, habían empezado a despertar.
Tía, alertada por mi incesante llanto, entró en mi habitación y me encontró sentada en la cama y con las piernas rodeadas por los brazos. Nada más darme cuenta de su presencia, le pregunté por qué nadie me había dicho que Kiyomaro y yo habíamos sido pareja; su respuesta fue simple, Kiyomaro lo había querido así para evitar que yo me sintiese mal por no poder recordar a mi pareja.
Aquel primer recuerdo de lo que había sido verdaderamente Kiyomaro en mi vida, fue el detonante para que comenzase a recordar todo lo que habíamos hecho juntos y lo mucho que nos queríamos; durante varios meses me odié a mi misma por no haber recordado todo eso mucho antes.
Y ahora, después del paseo que he hecho por mis recuerdos, me siento sumamente nerviosa, estoy en casa de Kiyomaro esperando su regreso y el de Zatch después de pasarse dos años en Inglaterra, no es seguro que se queden en Japón pero, al menos sí sé que estarán aquí todo el verano, tiempo suficiente como para que las cosas vuelvan a ser lo que eran; sin embargo, debo andar con cuidado, antes de decir nada debo asegurarme de que todo sigue igual en lo que a sentimientos se refiere, no quisiera adelantarme y descubrir después que él ya no siente nada por mí y que está con otra, lo único que conseguiría con eso sería hacer que él se sintiese mal por tener que darme una negativa.
Ahora mismo estoy en la cocina con Hana, la madre de Kiyomaro, ayudándole a preparar la cena, aunque reconozco que tampoco es que esté haciendo mucho, ella se ha dado cuenta de que los nervios están jugándome una mala pasada y, al mismo tiempo, pudiendo conmigo, y sabe perfectamente porqué, sabe que tengo muchísimas ganas de ver a su hijo. Tía también está aquí, fue ella la que insistió en que viniéramos hoy, se muere de ganas de ver a Zatch, le ha echado mucho de menos en estos dos años.
Cada vez con más frecuencia miro el reloj pues, a cada minuto que pasa, queda menos para que llegue la hora en la que Zatch y Kiyomaro, junto con el padre de éste, lleguen a la casa, lo que hace que me ponga más nerviosa aunque, también más contenta al mismo tiempo. Siento que esta noche las cosas pueden salir bien, ese es mi mayor deseo.
Al instante escucho como las puertas de un coche se cierran y miro nuevamente el reloj, he estado tan ensimismada en mis pensamientos que ni me he dado cuenta de que la hora de llegada del avión hace rato que se pasó, por lo que es más que seguro que lo que acabo de oír sean las puertas del taxi en el que han venido hasta aquí.
—¡Ya están aquí!
Tía está muy emocionada, se le nota en la voz, supongo que les habrá visto desde la ventana del salón. Hana y yo salimos de la cocina y cuando llegamos al pasillo vemos que Tía ya está abriendo la puerta y, nada más hacerlo, Zatch y ella se dan un gran abrazo y empiezan a montar algo de escándalo debido a la felicidad que sienten por volver a verse después de tanto tiempo. El siguiente en hacer acto de presencia es el señor Takamine, que lleva parte del equipaje y que nos ha saludado a todos nada más vernos; Kiyomaro no tarda mucho en entrar en la casa con el equipaje que faltaba y, al mirar al frente tras cerrar la puerta, las maletas han dejado de estar sujetas por sus manos para recibir un fuerte golpe nada más hacer impacto con el suelo.
Mi mirada ha hecho caso omiso del suceso de las maletas y se ha centrado en Kiyomaro; siento como que el tiempo se ha detenido y, esbozando una leve sonrisa ya que nos nervios no me permiten mostrar otro tipo de sonrisa, me doy cuenta de que ha ganada varios centímetros en altura y que, seguramente sin proponérselo, está más guapo de lo que ya lo encontraba tiempo atrás. También me doy cuenta de que ha clavado, al igual que yo he hecho con él, su mirada en mí, pero la expresión de su rostro no sé si lo que denota es sorpresa un otra sensación.
Un silencio un tanto incómodo está reinando en el pasillo y todas las miradas están clavadas en Kiyomaro, aunque Zatch y Tía ahora han comenzado a alternar, sus ojos se posan primero en él y, automáticamente después, se posan en mí, para retornar poco después nuevamente a Kiyomaro.
