Kiyomaro

El aeropuerto—

—Hola a todos.

Eso ha sido lo primero que he dicho nada más dejar de mirar a Megumi y, acto seguido, he cogido mis maletas y me he subido a mi habitación para dejarlas aquí, no podía seguir abajo sabiendo que estaba ella. Las he dejado junto a la cama, el sitio donde estoy sentado ahora mismo, no sé porque me ha dado ahora por ponerme a pensar, justo ahora que lo que debería estar haciendo es bajar a la cocina y reunirme con todos para empezar a cenar.

Miro de forma distraída la habitación en la que no había puesto los pies en dos años y medio y recuerdo muchas de las cosas que he vivido en ella, como por ejemplo, que fue justo aquí donde vi a Zatch por primera vez. Sonrió al recordar eso y los primeros días que pasé con el mamodo, esos en los que pensaba que él sólo era un estorbo y que lo mejor que me podía pasar era el estar un rato sin tener que aguantarle.

Mientras esos recuerdos inundan mi mente y me hacen estar más tranquilo y olvidarme de la situación que acabo de vivir abajo, soy consciente de que alguien se acerca a mi habitación, probablemente para decirme que baje a cenar.

—Kiyomaro.

Esa voz, la cual reconocería en cualquier parte, me traspasa como un rayo y hace que los nervios que había sentido antes vuelvan a apoderarse de mí, no es mi madre quien me está llamando, como yo pensaba, sino que es Megumi.

—¿Sí?

—¿Puedo entrar?

No sé qué contestar, si no me sentía muy preparado para volverla a ver, mucho menos para estar a solas con ella por muy poco tiempo que sea, aunque sí sólo quiere entrar para decirme que vamos a cenar, no creo que pase nada, puesto que hacer eso sólo le llevará unos segundos.

—Adelante.

—Tu madre acaba de decirme que aún falta un poco para la cena así que, he pensado que igual y podríamos hablar, hace mucho que no sé nada de ti.

La miro y me siento paralizado, mi suposición no era correcta y ahora debo enfrentarme a mi primera prueba de fuego pero, no me siento preparado para oír que aún no ha conseguido recordarme, porque estoy seguro de que así ha sido, o al menos, eso ha sido lo que Zatch me ha dado a entender cuando ha hablado con Tía por teléfono y le ha preguntado por Megumi.

—¿Te molesta que esté aquí?

—No, para nada, es sólo que aún estoy sorprendido de haberte encontrado aquí junto con Tía, pensaba que no nos veríamos hasta mañana como mínimo.

—Le dije a Tía que lo mejor era venir mañana puesto que vosotros vendríais cansados del viaje y, además, porque lo idóneo sería que en vuestra primera noche tuvieseis una cena familiar pero, no hubo manera de hacerla entrar en razón, quería venir a toda costa, así que llamé a tu madre para preguntarle a la hora a la que llegaríais puesto que a Zatch se le había olvidado decírsela a Tía y entonces fue cuando ella nos invitó; yo le dije que no al principio pero, me insistió tanto que me sabía mal seguir negándome, así que al final accedí.

—Bueno no importa, seguro que con vosotras aquí la cena es más animada, además, desde que ha visto a Tía, Zatch sonríe más que de costumbre y, eso me gusta.

—Yo también he notado que Tía está más contenta, y eso que sólo llevan juntos quince minutos pero, dejemos de hablar de ellos, ¿qué tal te ha ido todo por Inglaterra?

Sé lo que tengo que contestar a esa pregunta, y a otras muchas más si es que Megumi las llega a pronunciar, por nada del mundo ella debe saber lo mal que yo lo he estado pasando por el hecho de que no conseguía acordarse de mí.

—Pues todo ha ido muy bien, reconozco que mi vida en Inglaterra ha resultado ser más satisfactoria de lo que pensaba, todo allí me va de maravilla.

—¿En serio?, ¿en todos, todos los aspectos de tu vida?

La pregunta que más temía me la ha hecho antes de tiempo pero, aún así estoy preparado para contestarla, y sé que con ella no le haré daño puesto que sobrentenderá que el motivo por el que me marché, y que ella tan bien adivinó por más que yo lo negué, ya es algo que pertenece al pasado y que no me afecta.

—Sí, en todos los aspectos de mi vida he conseguido que todo me vaya bien, no hay excepción alguna.

—Me alegro mucho por ti, aunque bueno, teniendo a Zatch contigo estaba segura de que así sería, si mal no he recordado, fue él quien hizo que tú cambiases tu forma de ser.

—Así es, no has recordado mal.

Mi mirada acaba de encontrarse con la suya y aprecio que ha perdido algo de la vivacidad que tenía cuando ella ha entrado en mi habitación, sin embargo, el aviso de mi madre de que la cena ya está lista no me permite ver nada más. Megumi, nada más oírlo, abre la puerta y sale, yo, por el contrario, me quedo pensando en el porqué de esa pérdida de vivacidad que se ha producido en un momento, lo que me hace darme cuenta de que ha sido justo después de que yo le haya confirmado que en todos los aspectos de mi vida en Inglaterra las cosas me van bien.

Bajo las escaleras pensando en lo que acaba de pasar y, al entrar en la cocina, veo que todos están sentados y esperándome, así que ocupo mi lugar sin mirar a nadie, y mucho menos a quien tengo a mi derecha, que no es otra que la propia Megumi.

Han pasado tres días desde que se produjo nuestro regreso a casa y, en ellos, no he vuelto a saber nada de Megumi, de hecho, desde las últimas palabras que me dirigió en mi habitación antes de bajar a cenar, no hemos vuelto a hablar, algo que reconozco que me sorprende y preocupa al mismo tiempo; por una parte me es muy favorable esta situación, es una manera de no hacerme más daño pero, por otra, no puedo evitar preguntarme el porqué de este silencio, pensaba que después de lo que le dije en mi cuarto, ella intentaría que volviésemos a ser tan amigos como lo intentábamos ser antes de que yo tomase la decisión de marcharme pero, eso no ha pasado, algo que me lleva a pensar que algunas de mis palabras pudieron haberla herido, aunque esa no había sido en ningún momento la intención.

Mis padres no están en casa, han salido a dar un paseo por ahí, después de tanto tiempo sin verse, lo único que les apetece es estar juntos; Zatch tampoco está, para no variar demasiado, está con Tía jugando, así que, nuevamente estoy solo en casa y pensando en cosas que me había dicho a mí mismo que no iba a pensar; sin embargo, no puedo evitarlo, desde poco después de conocerla, todo lo que tiene que ver con Megumi ha acudido a mi mente de forma rápida para hacerme ver que esa chica me importa de verdad.

Otra vez dejo que mi mirada se pierda entre las cuatro paredes de mi habitación, últimamente es mi pasatiempo favorito cuando estoy solo, pues no sé qué otra cosa hacer puesto que no tengo ánimos de nada, algo que ya suponía que me acabaría pasando. Echado en la cama, e intentando dejar de pensar en Megumi, oigo como se cierra la puerta de casa, algo que reconozco que me sorprende mucho, aún es temprano como para que Zatch o mis padres hayan vuelto.

Al bajar las escaleras veo los zapatos de Zatch en la entrada y me dirijo a la cocina, donde lo encuentro sentado en una silla y con Vulcan a su lado, cuando me mira me doy cuenta de que su mirada es el vivo retrato de la tristeza.

—¿Qué pasa Zatch, te has peleado con Tía?

—No, es sólo que hoy ha tenido que irse antes de tiempo porque ella y Megumi tienen que preparar sus cosas para el viaje que tienen que hacer dentro de dos horas.

—¿Un viaje?

—Sí, son cosas del trabajo de Megumi, aunque Tía me ha dicho que intentará convencerla de que no lo hagan porque no es obligatorio que vaya ya que de todos los trámites que hay que hacer, puede ocuparse su manager.

—Que yo recuerde, a Megumi no es que le guste mucho viajar por asuntos de trabajo ya que eso le resulta agotador, así que lo más seguro que es que al final Tía la convenza y no hagan el viaje.

—Yo no estaría tan seguro Kiyomaro, Tía me ha contado que últimamente Megumi no lo está pasando muy bien y que lo que necesita es cambiar de aires.

—¿Qué Megumi no lo está pasando muy bien?, ¿a qué se debe eso?

No puedo evitarlo, tengo que saber porque ella está mal, Megumi siempre ha sido una chica muy alegre y que rara vez está del modo que Zatch dice.

—Kiyomaro, ¿tú sigues queriendo a Megumi?

—¿A qué viene eso ahora?

—Contéstame.

—No tengo porqué hacerlo, eso pertenece a mi vida privada.

—Kiyomaro es importante, por favor, dímelo, ¿la sigues queriendo o no?

—No sé porqué me preguntas algo que ya sabes, tú has sido testigo de lo mal que lo he estado pasando en muchas ocasiones precisamente por lo que siento por ella.

—Pero eso ella no lo sabe, ¿verdad?

—No, no lo sabe. Cuando hablamos la otra noche creo que quería saber si estaba con alguien y…

—¿Y qué fue lo que le dijiste?

—Zatch, no estarás insinuando que si Megumi no está bien, anímicamente hablando, es por lo que yo le dije la otra noche ¿no?

—Tía me ha dicho que es precisamente desde esa noche desde la que Megumi no está bien, me parece que es mucha casualidad.

—Sólo le dije que en Inglaterra me iba muy bien en todos los aspectos de mi vida, yo sé que Megumi aún no ha conseguido recordarme así que, lo único que intenté diciéndole eso es que no se sintiera mal, el día anterior a nuestra partida a Inglaterra ella me dijo que sabía que la causa por la que nos íbamos era el que no pudiera recordarme.

—Basta Kiyomaro, aunque tus intenciones fueran las de que Megumi no se sintiese mal por no haberte recordado aún, debiste ser sincero en ese aspecto porque, te equivocas, has sacado conclusiones precipitadas.

¿Qué he sacado conclusiones precipitadas?, ¿qué estoy equivocado? No puede ser, no puede ser que Megumi me haya recordado, si lo hubiera hecho me lo habría dicho en cuanto nos quedamos a solas, sé que lo habría hecho, aunque haya pasado el tiempo, las batallas que tuvimos contra los mamodos y sobre todo la que libramos contra Milordo Z me permitieron saber muchas cosas de la joven, por eso sé que me lo habría contado. Sin embargo, Zatch no deja de mirarme y creo que intenta decirme algo con su mirada pero… Un momento, ¿no será que ella quería saber si yo estaba con alguien para…?

—Zatch, Megumi me ha recordado.

—Sí Kiyomaro, pero por lo que me ha dicho Tía, Megumi piensa que tú estás con alguna chica y que ya te has olvidado de ella.

—Pero eso no es cierto, yo no estoy con otra y mucho menos me he olvidado de ella.

—Ya pero, como optaste por mentirle.

—Mierda, tengo que contarle la verdad antes de que sea tarde, antes de que se haga más daño pensando que ya la he olvidado.

—Pues tendrás que darte prisa, te recuerdo que esta tarde va a coger un avión y que, por el momento, no se sabe cuándo van a volver.

—Llegaré a tiempo, ¿vienes conmigo?

—Por supuesto.

No me quito de la cabeza lo que acaba de pasar, tengo tal nervio encima que no sé prácticamente lo que estoy haciendo, por lo que agradezco muchísimo el que Zatch venga conmigo, si no llega a ser por él no habría encontrado ni el dinero para pagar el taxi y ni habría sido capaz de decirle al taxista hacia donde necesitaba que me llevase con urgencia, aunque al final ha sido él quien ha acabado diciendo cual es nuestro destino. No hago nada más que pensar en lo que le diré en cuanto la vea, no dejo de ensayar formas en las que pedir perdón por lo que le dije la otra noche pero, si ella me hubiera dicho las cosas desde un principio, nada de esto estaría pasando, claro que si no lo hizo debió tener sus motivos, probablemente no quería que yo pensase que le estaba haciendo daño si me decía que me había recordado y yo le contestaba que estaba con otra, ¿por qué demonios las cosas del amor tienen que ser tan complicadas?

—Kiyomaro, hemos llegado, paga el taxi.

Las palabras de Zatch me sacan de mis pensamientos, he ido todo el camino tan ensimismado que no me he dado cuenta de que ya estamos en el aeropuerto.

—Vamos Kiyomaro, date prisa, tenemos que encontrarlas y este sitio es muy grande.

—No te preocupes Zatch, las encontraremos.

Pero la verdad es que soy muy consciente de que Zatch tiene mucha razón, el aeropuerto es enorme y ni Zatch ni yo sabemos cuál es el vuelo que deben coger las chicas, así que, literalmente, vamos a la aventura, ninguno de los dos tiene una ligera pista.

—Zatch, abre bien los ojos, dado que no sabemos qué vuelo tienen que coger, tenemos que ir mirando bien por todos lados.

A pesar de que intento prestar total atención a mi búsqueda, no puedo evitar pensar que, en cuanto encuentre a Megumi, hay muchas posibilidades de que volvamos a estar juntos, algo que no puedo negar que deseo más que nada, mis sentimientos por ella no han cambiado en absoluto, tal y como le dije a Zatch en la cocina. Mis ojos la buscan por todas partes y el no verla me está poniendo nervioso, ¿por qué este aeropuerto tiene que ser tan condenadamente grande? No hago nada más que mirar a todas partes junto con Zatch y no consigo vislumbrarla, es como si todo estuviera en mi contra, maldito karma.

Al momento miro el reloj y mi desesperación aumenta, increíblemente ya ha pasado una hora desde que Zatch y yo llegamos al aeropuerto y comenzamos a buscar a Megumi y a Tía y, tenemos que encontrarlas cueste lo que cueste, al menos tengo que hacer que Megumi sepa la verdad antes de embarcar y, para que eso ocurra, ya falta poco, maldita sea, si no me doy prisa tendré que esperar a que vuelvan del viaje y ahora que sé que ella me ha recordado, no creo que pueda aguantar tanto, además, Zatch me dijo que no se sabe cuándo van a volver, lo que hace que sea más urgente el que tenga que encontrarla.

Zatch está igual que yo, sus ojos miran hacia todos lados intentado encontrar a Megumi y a Tía, y soy consciente de que él también está desesperado por encontrarlas, aunque para él no suponga lo mismo que para mí el no encontrarlas, él sólo tendría que esperar a que Tía regresase para reanudar sus tardes de juegos, yo, por mi parte, también tendría que esperar y, eso sólo conllevaría que mis días de vacaciones se convirtieran en un infierno peor del que ya he pasado, definitivamente es de vital importancia que las encontremos a tiempo.

Vuelvo a mirar el reloj y veo que ya han pasado quince minutos desde que lo miré la última vez, parece que todo está en mi contra, ya sólo me quedan cuarenta y cinco minutos para intentar encontrarlas, cuarenta y cinco agónicos minutos.

—Kiyomaro mira, allí está Tía.

Las palabras de Zatch acaban de traspasar mis oídos y miro hacia la dirección que él indica, tiene razón, Tía está allí, junto con mucha de la gente que trabaja con Megumi pero, de ella no hay ni rastro, algo que me sorprende.

—Vamos Zatch, tengo que preguntarle a Tía dónde está Megumi, no se la ve por allí.

Zatch echa a correr y yo le sigo automáticamente, debemos darnos prisa y, sólo espero que Megumi no esté muy lejos de donde está Tía.

—Tía, ¿dónde está Megumi?

Es lo primero que digo nada más llegar al lugar donde está la niña, aunque me alegro de verla, saber dónde está Megumi es muchísimo más importante que respetar los actos protocolarios.

—Megumi está en aquella sala, lejos de miradas indiscretas y de los abusos de los fans.

—Gracias.

Echo a correr como si llevase una jauría de lobos tras de mí, estoy deseando llegar y volver a verla, aunque lo que más deseo es contarle toda la verdad y que todo entre nosotros vuelva a ser lo que fue en su momento aunque, también cabe la posibilidad de que ella ya no quiera que eso vuelva a pasar, a decir verdad, ha pasado mucho tiempo y ella tiene un montón de pretendientes, lo normal sería que ya me hubiese buscado un sustituto.

Mientras sigo corriendo, aparto esos pensamientos de mi mente, con ellos no consigo nada más que atormentarme, además, no creo que la posibilidad que se me ha pasado por la mente pueda ser real porque, si lo fuera, ella no se habría sentido mal al saber que yo estaba, supuestamente, con otra chica.

Me detengo delante de la puerta, la cual es de cristal, y respiró hondo, la verdad es que hacía tiempo que no tenía que correr tanto y estoy algo cansado, por no decir que nunca había jadeado tanto como ahora. Miro la puerta y, sabiendo que tras ella está Megumi, a quien veo al final de la sala, me armo de valor y toco a la puerta.

—Adelante.

—Hola Megumi.

Nada más oír mi voz se da la vuelta y me mira totalmente sorprendida, está claro que ella no se esperaba para nada el que yo me presentase en el aeropuerto.

—Kiyomaro, ¿qué estás haciendo aquí?

Un ligero rubor aparece en sus mejillas y eso acaba de desencadenar que una gran y estúpida sonrisa se haya dibujado en mi rostro. Comienzo a caminar hacia ella porque me muero de ganas de abrazarla y de decirle lo mucho que la quiero a pesar de todo lo que nos ha pasado.

—Zatch me contó que Tía y tú os marchabais de viaje y, no podía permitir que te marchases sin hablar antes contigo.

—Pues me pillas por poco, a mi avión no le falta mucho para despegar, de hecho, me dijeron que saliera de aquí quince minutos antes de la hora de despegue y, para eso, queda nada.

—Prometo ser breve.

La miro a los ojos y me siento con más confianza para decirle la verdad; su mirada me muestra que aún está sorprendida y que ahora mismo se encuentra en la incertidumbre por no tener ni idea de que puede ser lo que tengo que hablar con ella.

—Megumi, sé que la otra noche no me dijiste algo por evitar que pudiera llegar a sentirme mal pero…

—Kiyomaro, creo que hice lo mejor y, la verdad, no quisiera hablar de ese tema.

—Yo necesito hablar de él, hay cosas en referencia a ese tema que no sabes y tienes que saber.

—Kiyomaro, de verdad que no quiero hablar de eso.

Está nerviosa y la noto consternada, quiere salir de la sala a toda costa, estar en cualquier parte en la que yo no esté pero, no puedo permitir que salga, es necesario que me escuche.

—Megumi…

—Kiyomaro, mira, ya hablaremos si eso cuando vuelva, ya tengo que salir de aquí para embarcar en el avión.

—Megumi por favor, no me quites más del poco tiempo del que disponemos, es necesario que sepas que, aquella noche, los dos nos mentimos mutuamente para evitar hacernos daño.

Megumi, que había hecho el amago de salir de la sala, se había detenido al notar como mi mano la sujetaba, algo que había acrecentado mis ansias de abrazarla, y eso ha hecho que sienta que tengo una fiera en mi interior que me grita que la abrace ya.

—Megumi…

—¿No me habrías dicho la otra noche que todo te iba bien en todos los aspectos de tu vida si primeramente te hubiera dicho que te había recordado y que sabía de sobra todo lo que había pasado entre nosotros?

—Así es porque, tengo que reconocer que hay un aspecto de mi vida en Inglaterra que va sumamente mal. Mi vida sentimental no ha vuelto a ser lo que era desde que Tía llamó a casa y me dijo que te habías olvidado de mí.

Acaba de pasar lo que no tenía intención de que pasara, que los ojos de Megumi comenzasen a derramar lágrimas.

—Siento haberte hecho pensar la otra noche que estaba con otra y que me había olvidado de los tres mejores días de mi vida, yo pensaba que tú aún no me habías recordado y, por no hacerte sentir mal, decidí mentirte para que vieras que el motivo por el que me había ido de Japón ya era algo que pertenecía al pasado y que no me afectaba.

—Tenía intención de contarte que te había recordado pero, pensé que entonces podrías…

No dejo que Megumi termine de hablar, ya no aguanto más, así que mis brazos la rodean y su cuerpo se pega al mío, haciendo que la fiera se calme y que comience a ronronear porque su deseo ya ha sido satisfecho.

—Kiyomaro, ¿tú quieres que volvamos a estar juntos?

—Es lo único que quiero desde hace dos años y medio.

Noto como su cabeza se despega de mi cuerpo y nuestras miradas se encuentran, ella ya no llora, sus lágrimas se las ha tragado mi camisa, y la sonrisa que me brinda es, sin lugar a dudas, una de aquellas que hacía tanto que no veía, la sonrisa que me hace saber que la estoy haciendo feliz. Yo también le dedico a ella una de esas sonrisas, quiero que sepa a través de ella que la felicidad que siente la comparto.

Megumi y yo hemos tenido casi siempre la misma estatura, aunque ahora yo soy algo más alto que ella, por lo que no tengo que bajar mucho la cabeza para que mis labios se encuentren, después de dos años y medio, nuevamente con los de Megumi; ella ha rodeado mi cuello con sus brazos, invitándome a que no detenga mis actos pero, cuando me dispongo a besarla después de tanto, los dos nos damos cuenta por el rabillo del ojo de que algo se cuela por debajo de la puerta. Nuestras miradas vuelven a cruzarse y me doy cuenta de que tanto la de ella como la mía son de extrañeza, por lo que miramos que es lo que ha provocado esa extrañez.

Miro al suelo y eso me permite ver, al igual que a Megumi, que lo que se ha colado por debajo de la puerta es una foto de nosotros dos en la que aparecemos besándonos; nada más verla, noto como mis mejillas se van enrojeciendo poco a poco, no tenía ni idea de la existencia de esa foto y, al mirar a Megumi, me doy cuenta de que ella está igual. Sin dejar de mirarnos, escuchamos risas y entonces miramos hacia la puerta y descubrimos que Tía y Zatch están allí y que ellos han sido los que han colado la foto por debajo de la puerta.

—Nosotros hicimos esa foto.

Tía y Zatch vuelven a reír y Megumi y yo, al volver a mirarnos, les imitamos; sin embargo, y dado que no quiero que vuelvan a violar mi intimidad, suelto a Megumi, recojo la foto del suelo, se la doy a ella para que la guarde en su bolso y, acto seguido y tomándola de la mano, nos vamos lejos de los ojos de Zatch y de Tía donde, finalmente, mis labios y los de Megumi se funden en un beso que ambos estábamos esperando con cierta impaciencia.