Megumi
—El aeropuerto—
—Hola a todos.
Eso ha sido lo primero que ha dicho Kiyomaro nada más dejar de mirarme y, acto seguido, ha cogido las maletas y se ha subido a su habitación, es como si no se sintiese cómodo siguiendo con nosotros y, el pensamiento de que esa incomodidad está producida por mi causa, es algo que no se me quita de la cabeza. Tengo muchas ganas de subir y estar con él a solas para que así podamos hablar pero, me da miedo hacerlo si no tengo una buena excusa, tengo la sensación de que Kiyomaro quiere estar todo lo lejos de mí que pueda, lo que me lleva a pensar que él sigue pensando que yo no tengo ni idea de quién era él anteriormente en mi vida. Sin embargo, Hana me da el pretexto perfecto para poder subir a la habitación de su hijo.
Subo la escalera que me llevará hasta el cuarto lo más tranquila que puedo, los nervios aún siguen conmigo y, saber que me voy a quedar a solas con él me pone más nerviosa todavía, supongo que se deberá al hecho de que tendré que actuar muy bien para sacar la información que necesito saber sin que se de mucha cuenta, pues aunque haya pasado el tiempo, me apuesto lo que sea a que sigue siendo tan inteligente como siempre. Me detengo ante la puerta nada más llegar y respiro hondo intentando tranquilizarme un poco, algo que consigo medianamente aunque sé que no duraré mucho así; vuelvo a respirar hondo y toco a la puerta diciendo su nombre.
Kiyomaro no tarda mucho en contestarme y, supongo que si no lo ha hecho al instante debe ser porque no se esperaba que yo tocase a su puerta.
—¿Puedo entrar?
Nuevamente la respuesta tarda un poco en salirle pero, finalmente lo hace y ésta es, bajo mi parecer, un dudoso "Adelante". Me armo de valor, abro la puerta y le encuentro sentado en su cama y mirando hacia donde yo me encuentro, sin lugar a dudas, mis sospechas de que él no se esperaba que yo tocase a su puerta se confirman en cuanto mi mirada se encuentra con la suya. Sin olvidar cual es el verdadero motivo por el que me encuentro dentro de su cuarto, comienzo a hablar con toda la naturalidad de la que soy capaz en este momento.
—Tu madre acaba de decirme que aún falta un poco para la cena así que, he pensado que igual y podríamos hablar, hace mucho que no sé nada de ti.
Justo nada más terminar de decir eso noto como se pone algo tenso y, si mis suposiciones no son erróneas, nervioso, definitivamente estar en este momento conmigo no es precisamente lo que más quiere y, eso debe ser porque piensa que aún no le he recordado y lo que no quiere bajo ningún concepto es hacerse daño por estar conmigo, lo que me lleva a pensar que, si eso es así, él aún me quiere. Sin embargo, ante la incomodidad que veo que está sintiendo, no puedo callarme lo que estoy pensando.
—¿Te molesta que esté aquí?
—No, para nada, es sólo que aún estoy sorprendido de haberte encontrado aquí junto con Tía, pensaba que no nos veríamos hasta mañana como mínimo.
—Le dije a Tía que lo mejor era venir mañana puesto que vosotros vendríais cansados del viaje y, además, porque lo idóneo sería que en vuestra primera noche tuvieseis una cena familiar pero, no hubo manera de hacerla entrar en razón, quería venir a toda costa, así que llamé a tu madre para preguntarle a la hora a la que llegaríais puesto que a Zatch se le había olvidado decírsela a Tía y entonces fue cuando ella nos invitó; yo le dije que no al principio pero, me insistió tanto que me sabía mal seguir negándome, así que al final accedí.
—Bueno no importa, seguro que con vosotras aquí la cena es más animada, además, desde que ha visto a Tía, Zatch sonríe más que de costumbre y, eso me gusta.
—Yo también he notado que Tía está más contenta, y eso que sólo llevan juntos quince minutos pero, dejemos de hablar de ellos, ¿qué tal te ha ido todo por Inglaterra?
La pregunta finalmente ha salido sola y, dependiendo de lo que conteste, podré contarle o no que le he recordado, no debo olvidar que la intención de todo esto es saber con seguridad que puedo ser sincera sin que vaya a hacer que Kiyomaro se pueda llegar a sentir mal.
—Pues todo ha ido muy bien, reconozco que mi vida en Inglaterra ha resultado ser más satisfactoria de lo que pensaba, todo allí me va de maravilla.
—¿En serio?, ¿en todos, todos los aspectos de tu vida?
No puedo evitarlo, esa respuesta me duele pero, tal vez Kiyomaro no haya metido su vida sentimental en ese todo, por lo que debo estar completamente segura de sí me ha olvidado o no, sólo así podré contarle la verdad.
—Sí, en todos los aspectos de mi vida he conseguido que todo me vaya bien, no hay excepción alguna.
—Me alegro mucho por ti, aunque bueno, teniendo a Zatch contigo estaba segura de que así sería, si mal no he recordado, fue él quien hizo que tú cambiases tu forma de ser.
—Así es, no has recordado mal.
No sé porque no me había preparado mejor para esta respuesta, a fin de cuentas era de esperar que Kiyomaro se hubiese olvidado de mí, hemos pasado dos años sin vernos y, en el medio que estuvo aquí antes de irse, yo no conseguí recordarle, lo raro habría sido que no se hubiese buscado a otra chica.
A pesar de que me había dicho a mí misma que no me pondría mal si esta era la respuesta que obtenía de Kiyomaro, no puedo evitar que parte de la felicidad que sentía se haya evaporado rápidamente, siento que acabo de perder mucha de la vivacidad con la que había entrado en la habitación y, creo que él acaba de darse cuenta puesto que nuestras miradas no han tardado en cruzarse nada más terminar de confirmarme que todo en Inglaterra le va de maravilla. Sin embargo, el contacto visual no tarda mucho en romperse pues, Hana nos está llamando para que bajemos a cenar y, esas palabras son la excusa perfecta para salir de la habitación sin que parezca que ya no quiero estar allí, así que bajo en cuanto ella termina su aviso.
Kiyomaro ha tardado algo en seguirme y, cuando él ha aparecido en la cocina, todos los demás ya estábamos sentados. Se ha sentado en el sitio que quedaba libre, que no era otro que a mi lado pero, ni siquiera nos miramos, aunque para ser sincera, se ha sentado sin mirar a nadie.
Han pasado tres días desde que se produjo el regreso de Kiyomaro y Zatch pero, no he vuelto a verlos desde entonces, no me he sentido con fuerzas para ello, aunque quiera, no puedo evitar estar bastante dolida por la respuesta que me dio Kiyomaro. Sé que me dije a mí misma que procuraría que nuestra amistad volviera a surgir como mínimo pero, siento que no puedo, que eso sólo me va a hacer daño, yo le quiero, siempre ha sido así y, ahora que sé que él ya me ha olvidado… Creo que lo mejor que puedo hacer es dejar que pase algo más de tiempo, tal vez cuando vuelva de viaje me sienta mejor y entonces vea que es un buen momento para que volvamos a ser amigos.
Tía debe estar a punto de volver a casa, sabe que tenernos que terminar de preparar el equipaje y salir para el aeropuerto, aunque estoy segura de que intentará que no vayamos aunque ya sea muy tarde para decir no, ella sabe de sobra que no es necesario que hagamos este viaje pero, necesito hacerlo, alejarme un poco de esto e intentar reponerme del golpe que me he llevado a pesar de que sabía que había probabilidades de que me lo llevase. Sin embargo, también cabe la posibilidad de que Tía no intente convencerme de que nos quedemos aquí porque desde el primer momento se dio cuenta de que, desde la cena en casa de los Takamine, yo ya no estaba igual que antes; ella no ha hecho preguntas de ningún tipo pero, sé que sabe a qué se debe mi cambio.
Mientras termino de hacer mi maleta miro la foto que hay en mi mesilla y me entran unas ganas locas de echarme a llorar, en ella salimos Kiyomaro y yo con una gran sonrisa en el rostro y abrazados, no sé como la primera vez que vi esa foto no me di cuenta de todo.
—Megumi.
Me doy la vuelta nada más escuchar la voz de Tía, tal y como yo pensaba, estaba al llegar.
—Hola Tía, me alegra que ya hayas llegado, tenemos que terminar con tu equipaje.
—¿De verdad que es necesario que hagamos este viaje?
—Necesito hacerlo Tía, además, tampoco tardaremos tanto en volver.
—Me dijiste que no se sabía la fecha exacta del regreso.
—Bueno, y es cierto pero, no creo que tardemos más de una semana como mucho en hacer todos los trámites que hay que hacer, así que no te preocupes, pronto volverás a retomar tus tardes de juego con Zatch. Ahora será mejor que vayas a terminar tu maleta, dentro de nada vendrán por nosotras para ir al aeropuerto.
Tía asiente con la cabeza y se marcha a su habitación para terminar de hacer su equipaje, yo, por mi parte, reviso mi maleta antes de cerrarla del todo para verificar que no me falta nada.
—¿Te queda mucho Tía?
—No, ya casi estoy.
—Date prisa, ya es prácticamente la hora de marcharnos.
Al instante escucho como un coche se detiene enfrente de la casa, lo que me hace saber que mi manager ya está aquí para recogernos y, justo después, marchar camino al aeropuerto.
—Tía vamos, mi manager ya está aquí.
Justo cuando termino de decir eso veo que ella sale de su habitación con su maleta. Le sonrío y juntas bajamos la escalera y salimos al exterior, donde mi manager ya nos está esperando con el maletero del coche abierto para que metamos el equipaje.
—Megumi, finalmente los medios se han enterado de nuestro viaje así que, lo más seguro es que tengas que meterte en una sala de espera para que puedas estar tranquila.
—De acuerdo.
El recorrido hasta el aeropuerto, después de esas palabras de mi manager, se produce en riguroso silencio, tanto Tía como él son conscientes de que, anímicamente, no me encuentro muy bien. Mi mente está vagando nuevamente por los recuerdos que comparto con Kiyomaro, no puedo evitarlo, por más que quiera, no puedo evitar el pensar que nada de eso volverá a producirse ya.
Nada más llegar al aeropuerto, mi manager se encarga de mi maleta y de la de Tía y nos lleva hasta donde están el resto de personas que van a viajar con nosotros, aunque a mí no ha tardado mucho en apartarme de este lugar, pues ya me ha llevado hasta la sala de espera que me ha comentado en el coche porque ha visto a varios periodistas rondando por aquí. Tía quería venir conmigo pero, le he pedido que espere con el resto porque me apetece estar sola, sé que aún queda más de una hora y media para que tenga que salir de aquí, puesto que saldré quince minutos antes de que despegue el avión pero, prefiero que no esté nadie conmigo, necesito pensar y reflexionar sobre algunas cosas y, con Tía conmigo, sé que no podré hacerlo.
Mientras estoy en esta gran sala de espera que es prácticamente entera de cristal, no puedo evitar recordar el avión que tomé en privado con Kiyomaro, Zatch y Tía, cuando nos fuimos a Sudamérica para derrotar a Milordo Z, recuerdo que, a pesar de todo, disfruté mucho de esos días que pasamos todos juntos y contando con la compañía de amigos que tenemos en común. No puedo evitar el suspirar, los recuerdos en los que sale Kiyomaro siempre conllevan que de mi boca salga más de uno.
Miro el reloj y veo que ya sólo faltan unos treinta minutos para que tenga que salir de esta sala de espera, es increíble lo rápido que ha pasado el tiempo, he estado tan ensimismada en mis pensamientos que ni me he dado cuenta, nuevamente me ha vuelto a ocurrir lo que en casa de Kiyomaro con la hora de aterrizaje de su avión. Me levanto de la silla en la que he estado sentada todo este tiempo y me acercó a la pared de cristal que tengo de frente, mi mirada se pierde entre las nubes y pienso en lo poco que me falta para volver a estar surcándolas montada en un avión.
Tocan a la puerta mientras sigo pensando en lo poco que me falta para embarcar y, pensando que debe ser alguien del personal que trabaja conmigo, digo sin más:
—Adelante.
—Hola Megumi.
Nada más oír esa voz me doy la vuelta totalmente sorprendida, podría reconocerla en cualquier parte, es la voz de Kiyomaro.
—Kiyomaro, ¿qué estás haciendo aquí?
Es lo primero que le digo porque la sorpresa no me permite decir otra cosa, sin embargo, al hacerlo, noto como mis mejillas se sonrojan ligeramente, las cuales lo hacen más al ver la sonrisa que se acaba de dibujar en su rostro y que se está acercando a mí.
—Zatch me contó que Tía y tú os marchabais de viaje y, no podía permitir que te marchases sin hablar antes contigo.
—Pues me pillas por poco, a mi avión no le falta mucho para despegar, de hecho, me dijeron que saliera de aquí quince minutos antes de la hora de despegue y, para eso, queda nada.
—Prometo ser breve.
Nada más terminar de decirme eso, ha posado su mirada en mí y veo mis ojos reflejados en los suyos, lo que me permite apreciar que la mirada que le estoy devolviendo en este momento es una cargada de sorpresa y de incertidumbre, algo que tiene sentido porque realmente no sé de qué tenemos que hablar exactamente.
—Megumi, sé que la otra noche no me dijiste algo por evitar que pudiera llegar a sentirme mal pero…
—Kiyomaro, creo que hice lo mejor y, la verdad, no quisiera hablar de ese tema.
—Yo necesito hablar de él, hay cosas en referencia a ese tema que no sabes y tienes que saber.
—Kiyomaro, de verdad que no quiero hablar de eso.
Los nervios, que aún no habían venido a hacerme compañía, acaban de llegar, el tema del que quiere hablar Kiyomaro no puede desencadenar otra cosa que no sea eso; miro el reloj todo lo disimuladamente que puedo y me doy cuenta de que aún queda para que me llegue el momento de salir pero, tengo que hacerlo, no puedo seguir aquí dentro, por nada del mundo quiero hablar del tema de conversación que habíamos tenido noches atrás.
—Megumi…
—Kiyomaro, mira, ya hablaremos si eso cuando vuelva, ya tengo que salir de aquí para embarcar en el avión.
—Megumi por favor, no me quites más del poco tiempo del que disponemos, es necesario que sepas que, aquella noche, los dos nos mentimos mutuamente para evitar hacernos daño.
Kiyomaro ha adivinado que yo tenía toda la intención del mundo de salir aunque fuese corriendo de la sala, por lo que me ha cogido la mano al mismo tiempo que ha comenzado a decir que no le quite más tiempo del poco que tenemos; el contacto de su piel con la mía ha hecho que me ponga más nerviosa pero, sin duda alguna, lo que más ha hecho que mis nervios se acrecienten han sido las últimas palabras de Kiyomaro, ¿es posible que signifiquen lo creo que significan?
—Megumi…
—¿No me habrías dicho la otra noche que todo te iba bien en todos los aspectos de tu vida si primeramente te hubiera dicho que te había recordado y que sabía de sobra todo lo que había pasado entre nosotros?
—Así es porque, tengo que reconocer que hay un aspecto de mi vida en Inglaterra que va sumamente mal. Mi vida sentimental no ha vuelto a ser lo que era desde que Tía llamó a casa y me dijo que te habías olvidado de mí.
No puedo evitarlo, lo que Kiyomaro acaba de decirme ha desencadenado que las lágrimas que estaba haciendo hasta lo imposible por contener comiencen a recorrer mis mejillas, aunque no son lágrimas de dolor, ni nada por el estilo, sino que son lágrimas de alivio por saber que él no se ha olvidado de mí.
—Siento haberte hecho pensar la otra noche que estaba con otra y que me había olvidado de los tres mejores días de mi vida, yo pensaba que tú aún no me habías recordado y, por no hacerte sentir mal, decidí mentirte para que vieras que el motivo por el que me había ido de Japón ya era algo que pertenecía al pasado y que no me afectaba.
—Tenía intención de contarte que te había recordado pero, pensé que entonces podrías…
Pero Kiyomaro no me deja terminar de hablar, sino que me abraza fuertemente y yo me abrazo a él, realmente echaba mucho de menos el volver a estar así con él, pues cuando recuperé mis recuerdos, fui consciente de que, siempre que él me abrazaba, me sentía protegida. Sin embargo, y a pesar de la felicidad de la que me siento llena en este momento, tengo que preguntarle algo a Kiyomaro, aunque creo saber perfectamente la respuesta.
—Kiyomaro, ¿tú quieres que volvamos a estar juntos?
—Es lo único que quiero desde hace dos años y medio.
Mi mejor sonrisa, esa que sé que siempre le ha hecho saber que me estaba haciendo realmente feliz, se dibuja en mi rostro y, poco a poco despego mi cabeza de su pecho y le miro, al mismo tiempo que me doy cuenta de que su camisa se ha tragado las lagrimas que aún quedaban en mi cara; Kiyomaro, como respuesta a mi sonrisa, me dedica una similar para que yo también sepa que él comparte la felicidad que siento en este momento.
Kiyomaro y yo hemos tenido casi siempre la misma estatura, aunque ahora él, tal y como pude apreciar cuando le vi por primera vez después de tanto tiempo, es algo más alto que yo, por lo que no tiene que bajar mucho la cabeza para que sus labios se encuentren, después de dos años y medio, nuevamente con los míos; le he rodeado el cuello con los brazos, invitándole a que no detenga sus actos pero, cuando se dispone a besarme, algo que en verdad estoy deseando, los dos nos damos cuenta por el rabillo del ojo de que algo se cuela por debajo de la puerta. Nuestras miradas vuelven a cruzarse y me doy cuenta de que tanto la de él como la mía son de extrañeza, por lo que miramos que es lo que ha provocado esa extrañez.
Miro al suelo y eso me permite ver, al igual que a Kiyomaro, que lo que se ha colado por debajo de la puerta es una foto de nosotros dos en la que aparecemos besándonos; nada más verla, noto como mis mejillas se van enrojeciendo poco a poco, no tenía ni idea de la existencia de esa foto y, al mirar a Kiyomaro, me doy cuenta de que él está igual. Sin dejar de mirarnos, escuchamos risas y entonces miramos hacia la puerta y descubrimos que Tía y Zatch están allí y que ellos han sido los que han colado la foto por debajo de la puerta.
—Nosotros hicimos esa foto.
Tía y Zatch vuelven a reír y Kiyomaro y yo, al volver a mirarnos, les imitamos pero, al poco de que hayamos hecho eso, Kiyomaro me suelta y recoge la foto del suelo y, sin dejar de esbozar una dulce sonrisa, me la da para que la guarde en mi bolso, algo que yo hago rápidamente, verdaderamente lo mejor es que esa foto esté guardada a buen recaudo, no nos sería favorable a ninguno de los dos que cayera en malas manos, ya se enteraría el resto de la gente de nuestra relación cuando llegase el momento oportuno.
Kiyomaro, nada más ver que la foto ya está bien guardada, y bajo mi parecer, celoso de su intimidad, me coge de la mano y nos vamos lejos de los ojos de Zatch y de Tía donde, finalmente, sus labios y los míos se funden en un beso que ambos estábamos esperando con cierta impaciencia.
