El avance hasta hoy:
Haruhi Suzumiya: egocéntrica, soberbia y mandona, a sus quince años, en primer grado de preparatoria, reunió a un grupo de compañeros de la escuela para fundar clandestinamente un club extracurricular y extraoficial llamado "Brigada SOS", destinado a buscar extraterrestres, viajeros en el tiempo, ésperes y deslizadores, ignorando que ella misma era un ser extraordinario. Casi un par de años después le fue revelada su verdadera condición, haciéndole consciente de sus desconocidas e incomprensibles habilidades, las cuales aún está aprendiendo a dominar. Diez años después de la fundación de la brigada, es una de las mejores detectives de Interpol Asia-Pacífico Sur, encargada de misiones especiales de los que pocos han escuchado hablar, lo que le ha permitido conocer buena parte del mundo.
Yuki Nagato: introvertida, bibliófila y silenciosa. A simple vista no es más que un ratón de biblioteca sin vida social… aunque pareciera que eso está por cambiar. Esa era precisamente la impresión que dio al ser encontrada en el salón del club de literatura al ser reclutada para la Brigada SOS. En realidad, ella es una interfaz humanoide procedente de la Entidad Integradora de Datos, un organismo macrocósmico hecho de información que envió interfaces a nuestro planeta con el interés de observar fenómenos que les permitieran llegar al camino de la auto-evolución. Nagato fue destinada a observar a Haruhi, y poco después, sobrepasando sus órdenes originales, se convirtió en guardiana de la brigada haciéndose pasar por detective, editora o hasta médico, haciendo uso de sus dotes, semejantes a habilidades mágicas.
Mikuru Asahina: Sobrehumanamente bella, tímida y condescendiente, la mayor en edad de la Brigada, fue reclutada para ser la mascota del club y hacer las veces de camarera, además de procurarnos recursos forzada por Haruhi a través de su gran belleza. La verdad es que ella es una agente venida de algún punto en el futuro, su misión era descubrir por qué la gente de su época era incapaz de ir a un pasado más lejano de aquel en que Haruhi liberó su potencial y cómo es que Haruhi estaba involucrada en ello. A pesar de su apariencia y personalidad, es una mujer inteligente, determinada y valiente, que ha desarrollado una fuerte conexión con la brigada, al grado de retar a las propias leyes impuestas por su tiempo para colaborar con los objetivos y la seguridad de todo el equipo.
Itsuki Koizumi: apuesto, elocuente y astuto, fue un alumno cuya única peculiaridad fue haber entrado ya avanzado el semestre y por ello reclutado para la Brigada SOS como el "misterioso estudiante de intercambio", a lo cual accedió sin oponer resistencia en absoluto, incluso de buena gana. Al igual que el resto de los miembros del club, había algo especial en él, era un ésper, un ser con poderes paranormales los cuales sólo podían manifestarse bajo ciertas condiciones. En la actualidad puede hacer uso libre de esos poderes que, dicho sea de paso, provienen de la misma Haruhi, y que se han ido fortaleciendo en la medida que ella toma pleno control de sus habilidades, la Agencia a la que él rinde cuentas provee de recursos materiales, logística y trabajos de inteligencia a la brigada.
Ryoko Suzumiya: Pequeña, preciosa y adorable, a sus siete años cuenta con un coeficiente intelectual que ha fluctuado entre los ciento veinte y los ciento cuarenta y cinco según su estado de ánimo aunque se sospecha que es mayor y por voluntad muestra sólo una pequeña parte, poseedora de memoria eidética visual y auditiva además de una mente precoz e intuitiva, pero al mismo tiempo ingenua, humilde e inocente. Es producto del amor de Haruhi y un idiota que se cruzó en su camino, fue concebida tres años después de la fundación de la brigada.
Yo: Única persona normal de la Brigada SOS, el idiota que se cruzó en el camino de Haruhi, ahora su esposo y padre de Ryoko… es increíble lo poco puedo decir que mí.
Sin embargo, en esta aventura no estamos solos, nos acompañan:
Gervasio Robles "El Pantera": Policía ejemplar de Interpol Américas, aunque fue un delincuente convicto de poca monta en sus mocedades, acusado injustamente de un homicidio. Hombre alegre y leal, maestro de artes marciales y antiguo mentor de Haruhi en combate. Fue comisionado a la investigación de una nueva droga, y a sabiendas que se requería a un equipo especial para develar el misterio convocó a la Brigada SOS sin imaginar las dimensiones que alcanzaría el entuerto, y sin imaginar la peculiar naturaleza de la brigada.
Leonel Arcángel: En apariencia, sólo un campesino mexicano refugiado en la selva de su país. En realidad es un cazador de ángeles retirado, descendiente lejano de una poderosa estirpe de hechiceros nativos conocidos como Nahuales, capaces de enfrentar a las divinidades venidas de Europa. De carácter reservado, y partidario de la sinceridad directa o hasta hiriente, buscando la redención para los crímenes de su vida previa, decide cooperar con la Brigada SOS, que se las arregló para regresarlo de su destierro auto impuesto e instruir a Haruhi sobre una habilidad que nadie, ni siquiera ella, sabía que tenía.
Marina: Mujer misteriosa y normalmente callada, hermosa a su modo, políglota y culta. La verdad es que ella es una súcubo venida desde medio Oriente, descendencia directa de Lílith, compañera de vida de Leonel y presumiblemente con una edad que contemplaría un par de milenios de vida. Amorosa y serena, la verdad sobre sus habilidades y poderes aún es una incógnita.
El Protector: Ángel guardián exiliado del paraíso, algunos años atrás fue traicionado por las huestes celestiales más altas y obligado a trabajar por engaño, cooperando sin saberlo en la "Operación Bolívar", lo cual provocó el inicio del genocidio de ángeles. De gestos y carácter duro e irascible, aunque dada su naturaleza, es un ser condescendiente y bondadoso a su modo. Oculto junto con Leonel y Marina en la selva, un buen día escuchó el llamado de Ryoko y desde entonces ha estado al tanto de ella.
Capítulo 5.
Otro día por la mañana. Para evitar cualquier tipo de suspicacia, la brigada y sus colaboradores decidimos por unanimidad no dar señales de vida al exterior por un par de días, los cuales pasamos recluidos en casa de nuestro anfitrión. Luego iríamos a ver a Gonzaga para averiguar si él sabía algo sobre el particular grupo de choque que fue a buscarnos a la jungla. Sin embargo, dentro del espacio donde habitábamos había suficientes preguntas para mantenernos distraídos mientras volvíamos a dar la cara.
La primera de esas preguntas había sido respondida ya: Haruhi en efecto tiene los dones de un ancestral cazador de ángeles. Puede verlos, escucharlos, sentirlos… tocarlos, lastimarlos, herirlos… matarlos. La buena noticia es que Haruhi, con todo y ese particular demonio que habita en su interior, es una buena persona que nunca ha tenido (y espero que nunca tenga) la necesidad de matar.
Otra interrogante fue la reacción de Ryoko a la batalla: Marina nos explicó que los lamentos angelicales son inaudibles para las personas comunes, un ángel en estado natural permanece inconsciente e insensible, condición que termina cuando es tocado por un cazador, sólo entonces puede sentir dolor, y cuando eso pasa, el corazón de los que le rodean lo resiente, en especial resulta insoportable para los niños y las mujeres embarazadas… y yo expuse a eso a mi hija…
Y por supuesto, están los asuntos pendientes: ¿Por qué un escuadrón de ángeles y uno de policías llegó a buscar pelea? ¿O por qué el TPDD de Asahina decidió fallar justo en el momento en que lo hizo? ¿Qué saben sobre nosotros? ¿Qué pretenden obtener de nosotros? Ah, y cuestión no menos importante: ¿Qué fue lo que aquél ángel llamado Nanael le hizo a Nagato?
Como es común, al tratar de abrazar a Haruhi por la mañana mi brazo rodeó la nada de una cama vacía. Luego de que el inclemente sueño me ignorara, opté por bajar. La comúnmente silenciosa casa de Robles ahora era perturbada por la actividad incesante de once personas. Mi primera parada fue el jardín, donde Marina y Leonel daban instrucción a mi esposa sobre como explotar el potencial que ella desconocía tener. Me senté en el césped junto a ellos mientras escuchaba hablar al viejo cazador:
—Los ángeles no son etéreos, pero a diferencia de nosotros que nos componemos de materia orgánica, ellos son de materia divina, mucho más ligera e inconsistente. En teoría, cualquiera ser humano que tenga algún compromiso, creencia o simple conocimiento de la fe judeocristiana tiene derecho a un ángel guardián, esa fue la norma que puso… bueno… "Él"…— dijo señalando al cielo.
—¿Por qué hay cazadores de ángeles entonces? ¿No se supone que "Dios" tiene el poder suficiente para poner todo en paz…?
—Quizás deberías dejar de pensar en "Dios" como un ser todopoderoso y repleto de misericordia y comenzar a verlo como algo parecido a un padre desinteresado… y no de todos. ¿Han escuchado todas las leyendas del génesis que existen alrededor del mundo? Bueno, pues todas son reales, la leyenda de los pieles rojas y como fueron hechos de tierra y cocinados al norte de este continente, el dios judeocristiano que formó a su hombre y a su mujer a base de barro en algún lugar de Palestina, la creación de Japón con Izanami e Izanagi formando el archipiélago del que vienen, el árbol Yggdrasil yace oculto en alguna parte del norte de Europa, se dice que es un oasis en medio del frío de los fiordos, y por supuesto, los hombres de maíz cultivados por Quetzalcóatl. En efecto, suena un poco loco, pero estamos en un mundo originalmente creado por dioses que poco a poco han ido haciéndose débiles o invisibles en tanto la humanidad va ganando conocimientos, y que cada determinado tiempo regresan a recordarnos nuestro origen cuasi divino.
—Bien, si ese es el caso, ¿Por qué personas normales como tú o como yo tienen la capacidad de alcanzarlos?
—¿Normales? No seas modesta. Yo soy consciente de que por mis venas corre sangre santa, pero los dioses de donde procede ha sido sometidos y olvidados, siendo sólo un minúsculo reflejo el que queda en mí. De ti ni hablamos, tengo la impresión de que más que una descendiente de dioses eres… bueno, algo de mayor seriedad.
Hubo un repentino silencio. Mis tres acompañantes se volvieron hacia un punto en el centro del amplio jardín. Escuchamos el silencio.
—De acuerdo—. Dijo mi esposa a la nada y se puso de pie, avanzando hacia el sitio en cuestión.
La miré caminar, sentí entonces la mano de Marina sobre la mía ampliando mi visión a espectros de luz que normalmente no puedo ver, haciendo visible al Protector. Comienza a irritarme esta incapacidad mía de saber donde está por mí cuenta.
—No nos es muy útil en este momento saber sobre historia. Sería más práctico si simplemente aprendes lo esencial ahora.
—Define "esencial".
—Como pelear con un ángel, por ejemplo.
—No luces muy diferente a nosotros, he peleado con tipos más grandes y fuertes que tú.
El Protector arqueó una ceja, dando un gesto condescendiente a las altaneras palabras de Haruhi.
—Muéstrame entonces.
Una sonrisa apenas cargada con una pequeña dosis de cinismo apareció en los labios de Haruhi mientras hacía ejercicios de calentamiento en sus hombros.
—¿Le gusta ser golpeada?— Me pregunta Leonel mirándolos con atención.
—No. Es afecta a golpear a los bravucones.
Esperé una respuesta, mas no la hubo. Aparentemente el cazador conocía las habilidades del ángel exiliado, se concentró en observar a los dos contendientes.
—El Protector fue entrenado en Israel…—Susurró un momento después.
—Haruhi detesta perder.
Una finta de patada sobre la espinilla derecha del ángel y de inmediato un golpe combinado al cuello. La he visto hacerlo cientos de veces y por lo general hacen terminar un encuentro apenas unos segundos después, dejando como resultado a una Haruhi aburrida y a un oponente inconsciente. Sin embargo, esa vez sería muy diferente. El ángel no cayó en el engaño del puntapié, y recibió con una defensa más que sólida el ataque de mi esposa, y en un parpadeo, apenas haciendo uso de la fuerza plantó su puño en la nariz de ella, arrancándole una maldición.
—Eso es trampa, estás leyendo mi mente o algo así.
—Claro que no, soy un ángel, no un psíquico. Eres demasiado transparente y predecible.
Ella lo escuchó mientras se limpiaba la sangre de la nariz con el dorso de la mano, para volver a la carga de inmediato. Muchos golpes, muy rápidos, todos con la capacidad de dejar en el suelo a un hombre, por desgracia, ninguno logró llegar a su destino, El Protector apenas si movía las manos, pero a diferencia de Robles, no tenía concesiones cuando encontraba un hueco en la defensa de la detective. La alcanzó en varias ocasiones, hasta que acomodó un gancho a su riñón izquierdo que me pareció excesivamente fuerte, haciéndola apoyarse sobre una rodilla mientras se sujetaba el costado. Mi primer impulso fue levantarme y reclamar al contrincante, pero Marina me detuvo.
—El otro policía dice cosas grandiosas sobre ti, creo que estaba exagerando.
Ante la mención de su viejo instructor, Haruhi recuperó las fuerzas y siguió el ataque, cada vez más rápido, pero menos preciso, eventualmente la escuchaba gruñir por el esfuerzo. Estaba perdiendo, y también…
—¿Te estás enojando? Esperaba más de ti.
El siguiente asalto de mi esposa fue acompañado por un franco grito de rabia, logrando por un momento brillante romper la defensa del Protector consiguiendo dejar al descubierto su nuca, donde ella se preparó para asestar un terrible golpe con ambas manos. Por desgracia, eso no sucedió.
Haruhi salió volando al menos dos metros hacia lo alto y varios más hacia atrás, cayendo sobre su espalda y girando sobre el piso. Él simplemente había estirado las alas, recetándole un golpe contundente en el estómago.
—Concéntrate.
—¿Concentrarme? ¡Estás haciendo trampa!
—¿Eso crees? No sé si lo notaste, pero tengo dos miembros más que tú—. Comenzó a caminar hacia ella, que aún no reunía el aplomo suficiente para ponerse de pie. —¿Crees que enfrentarás a ladronzuelos o matones de pacotilla como los que acostumbras enfrentar?— Preguntó con voz profunda mientras la levantaba del suelo por las solapas. —Si no estás preparada para admitir que no tienes el nivel, en lugar de ayudar, serás un lastre. Estamos aquí por ti, y ahora ellos saben que estamos envueltos, lo menos que espero de ti es que te comprometas lo suficiente. Ahora admite que no estás lista—. Haruhi lo miró en silencio, con los ojos húmedos y el enojo enrojeciendo su rostro. No respondió. El Protector le propinó una bofetada, haciendo que yo me pusiera de pie. —¡Dilo!
—¡No estoy lista!— Le espetó al fin, consiguiendo que el exiliado la soltara.
Ella quedó débilmente de pie, aún sujetándose el costado y a punto de romper a llorar.
—Que puedas aceptar eso ya es un avance bastante importante. No pienses que pretendo humillarte, pero si no estás realmente preparada para enfrentar al enemigo común que tenemos enfrente, tú y todo lo que amas podría ser destruido. Ellos no tendrán contemplaciones si por descuido o soberbia pasas por alto algo tan obvio como contar el número de sus miembros—. Tomó a Haruhi por los hombros, observándola. —Perdóname por ser tan duro, pero si realmente has entendido lo que traté de enseñarte hoy, podrás enfrentar cualquier cosa…— Se volvió también hacia mí para decir: —No sé por qué Miguel está buscándolos, pero de lo que si tengo la seguridad es que sea lo que sea que pretenda obtener de ustedes, se los arrancará en todo sentido y contexto a menos que estén preparados para hacerle frente… créanme si les digo que los hará ver el infierno en la tierra si es necesario para él.
Soltó a mi esposa, que luego de esas palabras y tener las manos del ángel en sus hombros, parecían haber sanado sus lesiones, aunque esa expresión de desazón seguía inundando su rostro.
Con eso terminó su primera sesión de entrenamiento. Entramos a la casa y el cuadro resultó reconfortante y extraño al mismo tiempo. Nagato estaba sentada en el sofá, parecía un tanto somnolienta y Ryoko estaba sentada sobre sus piernas. Mi hija parecía encantada con el repentino cambio de la alienígena, ninguna hablaba, pero Ryoko acariciaba sus mejillas, como tratando de estudiar los gestos nuevos en el rostro siempre tan estoico de su querida tía Yuki, eventualmente se acercaba y besaba con delicadeza sus mejillas, tal como acostumbraba hacer con su madre y conmigo. Haruhi llamó a Ryoko para llevarla arriba y cambiarla de ropa antes de desayunar.
Nagato miró hacia las escaleras con la expresión repleta de una aprehensión que no había visto en ningún otro miembro de la brigada antes.
—Es una criatura maravillosa. La forma en que los humanos se reproducen es lo más parecido a un milagro entre todas las cosas que hay en el universo.
—En realidad no es tan difícil.
—No me refiero sólo a la genética. Pareciera que ustedes transmiten sus patrones de conducta, pero en realidad su descendencia es más como una versión mejorada de ambos. Junto con el libre albedrío, ninguna especie en el espacio conocido tiene esa facultad. Esa es una de las cosas que más admiro… y envidio de ustedes.
—Sigo pensando que estás elevándolo demasiado. Incluso deberías considerar tener uno propio.
—No puedo.
—¿El asunto de que tu misión es observar?
—No. Literalmente no puedo, aunque mi cuerpo es integralmente humano, hay algunas restricciones impuestas sobre mí, entre ellas, la capacidad de procrear—. Retiró su mirada de la mía y por un momento lució triste ante sus propias palabras.
—¿Cómo te sientes?— Pregunté a la extraterrestre para sacarla de su repentina zozobra.
—Supongo que como siempre…— dijo con un casi imperceptible dejo de timidez, pero mirándome a los ojos nuevamente. —Siempre me pregunté cómo sería ser como ustedes, estar todo el tiempo a merced de lo que siento… es desconcertante, tengo una profunda y constante sensación de… vulnerabilidad.
—Te acostumbrarás en poco tiempo. ¿Qué tal experimentar el dolor?
—Siempre he sentido dolor, pero no como tú lo experimentarías. Muchas cosas eran así antes de que ese ente me hiciera lo que sea que me haya hecho.
—¿Fue la puñalada?
—No, parece que eso sólo lo hizo por herirme… pude sentir a través de sus manos una energía que me atravesó… en todo sentido, cambió patrones de reconocimiento de datos y apreciación cognoscitiva…— Sí, definitivamente sigue siendo Nagato, sigue con esa terrible costumbre de escoger palabras al azar… —mis protocolos de comunicación con la EID, el status de sincronización entre mi interfaz y mi sistema nervioso central… básicamente…
—Te hizo humana.
—No del todo—. Dijo haciendo aparecer un adorable gesto de desconcierto en su delicado rostro. —Sigo conectada a la EID, más aún, conservo mis habilidades para edición de datos, y de hecho ahora mismo sigo corriendo diagnósticos para saber qué más fue lo que alteró en mí.
Justo terminaba ese enunciado cuando Koizumi se nos unió, dándole a Nagato un diminuto estuche de plástico. Luego de agradecer, extrajo el contenido del mismo. Un par de gafas con algo de aumento que montó sobre su rostro.
—¿Gafas?— Cuestioné divertido.
—Sí… de hecho, siempre las necesité y las cargué conmigo, tengo algunos grados de astigmatismo e hipermetropía, pero hace muchos años me dijiste que me veía mejor sin ellas—. Se volvió al atento ésper, que por algún motivo que puedo imaginar, parecía no caber en sí mismo de felicidad. —Pero acabo de descubrir que alguien aquí sí tiene debilidad por las chicas con gafas.
¿Quién iba a imaginarlo…?
Terminado el desayuno del día, tuvimos una pequeña asamblea para determinar el itinerario inmediato del equipo.
—Lo mejor será que Leonel y Marina no salgan de casa por unos días, al menos hasta que descubramos qué tanto es lo que Miguel sabe sobre ellos y su ubicación—. Comenzó Robles. —Tenemos que reportarnos con Gonzaga mañana, nuestra versión será que regresamos hoy por la noche, aunque me inquieta el hecho de que su gente va a encontrar mi camioneta y seguramente querrá saber por qué la dejamos allá… ya pensaré en algo.
—También deben averiguar cuál de los miembros del equipo de investigación en el que trabajan está comprado por Miguel—. Agregó Leonel. —No me creo que hayan sabido donde estábamos sólo por intuición.
Haruhi, Robles y yo compartimos una mirada, probablemente pensando lo mismo… entre los federales, la DEA, la policía local y el ejército, los tres apostamos por Buenaventura, bien conocido por su poca honestidad.
—Mi agencia está tratando de averiguar por qué dejó de funcionar el TPDD esa tarde. Mandarán personal de respaldo a contactar conmigo para resolverlo—. Intervino Asahina, con una mueca de preocupación.
—Fue sabotaje, ¿cierto?— Lanzó Haruhi suspicaz, oscureciendo aún más el gesto de la viajera del tiempo, que respondió llanamente:
—Hay que hacer una investigación más profunda.
—Yo necesito hacer una pequeña incursión—. Dijo Nagato, haciendo que todos nos volviéramos hacia ella. La monotonía se había ido, su voz era más bien melódica, aunque parecía llevar cierto nivel de vergüenza aún. —Debo viajar al norte de la ciudad, cerca de donde el señor Robles nos llevó cuando llegamos. Anoche hice un escaneo modular y encontré a una de las interfaces puestas en este país, entrevistarme con ella podría ayudarme a resolver las fallas en mi capacidad de modificación de datos y a disminuir el ruido que interfiere con mi capacidad de procesamiento de información.
Establecido el acuerdo, la brigada SOS guiada por Robles haría un pequeño viaje al norte de la ciudad siguiendo las instrucciones de Nagato, mientras que Ryoko era dejada en custodia del Protector. Justo estábamos por salir de la casa y abordar el otro auto del policía (un compacto), cuando el timbre de la casa sonó, poniéndonos a la expectativa.
Robles nos indicó a señas que entráramos de vuelta a la casa mientras esperanza abría, desde uno de los cuartos superiores había una excelente vista del estacionamiento y la entrada detrás de un cristal polarizado.
Esperanza abrió. Detrás de la puerta se asomó la porcina faz de Buenaventura, acompañado de un patiño que había visto antes, pero que ahora parecía revelarse como su hombre de confianza, un tipo delgado de cabello lacio y escurrido, con un curioso bigote lejanamente parecido al que acostumbraba Hitler.
—¿Está tu patrón?—Preguntó apático mientras se asomaba indiscreto al interior de la propiedad.
—No. Pero llegará esta noche, ¿algún mensaje?
Se volvió al otro policía y negó con la cabeza, acto seguido alcanzó un juego de llaves a esperanza.
—Dile que encontramos su camioneta.
Ambos echaron un nuevo vistazo al interior tanto como pudieron.
—¿Puedo ayudarlo en algo más, comandante?
—También dile que lo esperamos mañana en el cuartel y que Gonzaga quiere su informe.
Sin otro pretexto para seguir su incómoda inspección, dijo una frase ininteligible de despedida y se marchó.
Entonces eso sólo refuerza nuestra teoría… él sabe algo, de otra manera, ¿cómo encontró la camioneta de Robles…? Un solo auto en medio de una cadena montañosa donde él no tenía absolutamente nada que hacer…
—Apuesto un mes de sueldo a qué él era uno de los policías encapuchados que llegaron al pueblo ese día—. Comentaba Robles minutos después, mientras conducía el compacto.
—¿Te das cuenta de lo que eso podría significar?— Respondió Haruhi con un gesto sombrío. —Alguien saboteó el TPDD de Mikuru, Buenaventura está de alguna manera vinculado con quien sea que nos está buscando, y las habilidades de Yuki están interferidas. ¿No es una gigantesca coincidencia que estas cosas estén pasando justo ahora?
—Tiempo al tiempo, detective. Mañana vamos a tener una larga plática con Buenaventura, eventualmente cometerá algún error y nos enteraremos de lo que sabe o hace. Es un tipo malo, sin lugar a dudas, pero también es muy torpe y visceral, con el estímulo correcto podemos obtener mucha y muy buena información de él… por cierto, ¿Exactamente a dónde vamos?
Nagato extrajo un papel donde anotó la dirección que estábamos buscando. Luego de que Robles leyera por segunda vez la letra de nuestra compañera, en un casi perfecto estilo cursivo que me recordó unos documentos del siglo XIX que vi alguna vez en un museo, preguntó viendo a la alíen a través del retrovisor:
—¿Estás absolutamente segura?
—En un noventa y… es decir… estoy segura.
La razón del desasosiego del capitán nos contagió tan pronto llegamos al lugar en cuestión cerca de una hora después. Un viejo y deteriorado edificio de estilo colonial abría sus puertas a nosotros bajo el sol agobiante de una tarde particularmente despejada. De acuerdo, lo del edificio lo entiendo, pero el encabezado sobre el gran portón de la construcción me hizo desconfiar por primera vez del agudísimo sentido de orientación de nuestra extraterrestre. El rótulo rezaba algo como:
"Hospital Psiquiátrico Gustavo Baz Prada"
—¿Un manicomio?— Dijo Robles anticipándose a la pregunta que todos queríamos hacer. Nagato asintió en silencio, como acostumbraba hacer, pero esta vez se transparentaba un dejo de incertidumbre detrás de sus espejuelos.
Ella lideró la comitiva a través del jardín que se anteponía a la recepción de la clínica hasta llegar a la larga barra, donde una enfermera algo pasada de peso y de expresión aburrida miraba un pequeño televisor empotrado al muro contrario.
Nagato comenzó el diálogo con un saludo formal y luego pidió visitar a uno de los internos. La regordeta mujer nos inspeccionó a todos, supongo que llamó su atención que casi todos éramos extranjeros. Hizo la siguiente pregunta a sabiendas de que la única respuesta posible era un "no":
—¿Son familiares del señor Morales?
—Es un viejo conocido.
—Eso pensé. Lo trajeron aquí hace casi un año, y desde entonces hasta hoy nadie ha venido a visitarlo. Tampoco ha sido cubierto el importe de su tratamiento… pero supongo que eso tendrá que esperar a que un pariente venga.
Luego de hacer a Nagato llenar un par de formas, pidió a uno de los encargados que nos guiara hasta el paciente. Nos llevó a través de los cuidados jardines interiores donde un gran número de pacientes deambulaban o yacían bajo el favor de un sol más bien agresivo. El contraste era desconcertante, por un lado, el lugar estaba lleno de tranquilidad y el ambiente era apacible, por otro, salvo por algunos enfermeros, el lugar rebosaba de personas enfermas… resultaba perturbador.
Fue hasta el tercero de esos pabellones que nuestro guía se detuvo y señaló con el dedo a un hombre que dudo mucho superara mi edad.
—¿Cuál es el diagnóstico?— Preguntó Nagato, que pareció conmovida por un momento.
—Esquizofrenia a grandes rasgos, tiene una aguda depresión y a veces deja de comer por días, luego parece olvidarlo todo y tiene momentos de lucidez en los cuales se vuelve un mitómano sumamente convincente, tiene fantasías recurrentes de extraterrestres y seres celestiales. Llegó aquí cuando la policía lo arrestó por desorden público en un episodio psicótico. Descuiden, no es peligroso.
Estrenando su actitud cautelosa, Nagato comenzó a andar hacia el hombre aquel. Un vistazo más cercano nos mostró a un joven bien parecido de piel color trigo, cabello castaño y ojos color miel que miraba al césped con una infinita nostalgia. Nagato llegó hasta su silla y se acuclilló delante de él, que en ningún momento dio muestras de haber notado nuestra presencia.
—¿Marcos Morales?— Preguntó con voz intencionadamente baja. El chico finalmente movió la cabeza para encarar a nuestra compañera, aunque su gesto seguía inamovible.
—¿Te conozco?
—¿La mano derecha conoce a la izquierda?— Vaya… ignoraba que gustara de hacer metáforas. —Lo averiguaremos en un momento… solicitud de sincronización…
El joven se levantó. Sin embargo, a diferencia de lo que había presenciado en el pasado con otros "familiares" de Nagato, él no miró al cielo.
—Todo mundo aquí insiste en que estoy loco… pero tú eres la prueba… eres una terminal, ¿verdad?
—Igual que tú…
—Ya no más…— Con delicadeza puso sus manos sobre los hombros de Nagato. —Hace un año perdí mi conexión con la EID, pero es bueno saber que no estoy solo y que no estoy loco… extraño ir a casa.
Pasamos los siguientes minutos en la recepción, consiguiendo un permiso para sacar temporalmente a la terminal huérfana del hospital, favor que nos costó que Robles registrara su domicilio, dejara un carné electoral y la promesa de devolver al interno un par de horas después. Llegamos al área urbana más cercana y buscamos un lugar donde comer. Quizás fuera mi imaginación, pero Marcos parecía agradecido.
—¿Qué fue lo que te sucedió?— Preguntó con su usual (y mal sana) curiosidad mi esposa una vez terminadas las viandas.
—La EID mandó un par de terminales a este punto del planeta hace muchos años, buscando el potencial de la auto-evolución. Encontramos una posible fuente en algunas entidades inteligentes que, aunque están presentes en casi todo el globo, tenían una actividad inusual en este país.
—Los ángeles—. Concluyó Haruhi anticipadamente.
—Uno en particular. A pesar de que nuestro conocimiento y entendimiento sobre los ángeles era limitado, la simple observación exponía una marcada diferencia entre el ente llamado Miguel y sus congéneres. Es más inteligente y capaz que los otros, y llegar hasta él es casi imposible. Fue precisamente en un intento de alcanzarlo y negociar con él que se cerró mi conexión con la EID.
—¿Qué sucedió con la otra interfaz?— Cuestionó Koizumi, interesado.
—Entre ambos entablamos un combate con un subordinado de Miguel que respondía al nombre Nanael. La terminal que me acompañaba fue destruida en la confrontación, yo logré escapar, pero mi vínculo con la EID se había dañado más allá de lo reparable. Al igual que tú sientes justo ahora, los protocolos de transferencia de datos con la EID están alterados en toda el área que comprende este país, de alguna manera saben sobre nosotros aunque nosotros no conocemos nada sobre ellos.
—¿Quedó algo de la otra terminal?— Lanzó Nagato, por primera vez preocupada.
—La interfaz orgánica fue destruida, su carga de datos existe aún, pero está bloqueada en la interferencia que hay en esta área geográfica, cuando yo perdí mi conexión perdí también la capacidad de ayudarla a regresar—. Aunque su historia se antojaba desgarradora, dejó salir un gesto esperanzado cuando miró nuevamente a la silenciosa alienígena. —Parece que tú podrías hacer la diferencia después de todo. Tú podrías enfrentar a ese ente y en el mejor de los casos romper esta interferencia… a menos, claro, que te hayan enviado aquí con otra misión.
—Vine aquí por mi cuenta para ayudar a mis amigos, y por supuesto que quiero ayudarte a ti y a la otra terminal, pero ¿qué podría hacer yo donde dos de ustedes, más especializados que yo, no pudieron hacer nada?
—¿Más especializados?— Intervine yo, intrigado… Nagato me parece de por sí demasiado especializada.
—Dependiendo del lugar y misión de las terminales dispuestas en este planeta, son dotadas de una especialización. Cuando nos conocimos te dije que yo era especialista en manipulación y alteración de datos. Dado el entorno violento y peligroso de este país, las dos terminales dispuestas aquí son… o más bien, eran especialistas en combate y reacción frente a hostilidades.
—Espero de verdad que tengan más suerte que nosotros, y ojalá pudiera ofrecerte algo más que una triste historia y una carga más pesada aún de responsabilidad, sólo puedo decirte que debes tener cuidado con ese ente, la única información útil que tengo al respecto es que a diferencia de otros ángeles parece disfrutar del dolor que provoca, y es quizás el más leal a Miguel.
Ese Miguel suena como un auténtico bastado y aún no lo he visto siquiera.
Un tiempo después, dejábamos a la interfaz perdida de vuelta en la clínica, y esta vez hubo una despedida más bien emotiva de nuestra siempre tan callada alíen, que tomó las manos de aquél solitario joven:
—Para tu mayor seguridad, lo mejor será que permanezcas aquí mientras resolvemos la situación. Volveré a visitarte.
Se abrazaron y comenzamos a andar hacia la salida luego de que Robles recuperara sus pertenencias. Llamé la atención de mi esposa que, en el mismo canal que yo, extrajo lo que traía en su bolso y yo vaciaba mi billetera, el conjunto obtenido fue puesto en manos de la alienígena, que presta volvió hasta la barra de la recepción, con la enfermera obesa.
—Espero que con esto pueda cubrir al menos una parte del tratamiento—. Dijo con algo de timidez luego de depositar los cerca de dos mil dólares en manos de la asombrada mujer.
El regreso fue particularmente silencioso, considerando que desde que su carácter fue alterado, si bien Nagato no era precisamente parlanchina, se había vuelto una buena conversadora, muy elocuente, por cierto, y tan agradable como Asahina. Ahora lucía preocupada y hasta cierto punto triste, y no participaba en las conversaciones eventuales que se iniciaban en el camino. A ratos Koizumi ponía una mano sobre su rodilla para regresarla a la realidad y reconfortarla sin palabras. El resto de la tarde lo pasamos en una tensión poco común. Incluso Robles, no letrado en asuntos extraordinarios como el que nos aquejaba, parecía inquieto mientras aporreaba el teclado de la computadora, escribiendo el informe que entregaría a Gonzaga el día siguiente.
Haruhi, Ryoko, Koizumi y Nagato jugaban alguna suerte de juego de mesa mientras que Asahina, solitaria en el sofá, parecía ensimismada; he visto esa expresión en su bonito rostro antes, en realidad no está reflexionando ni nada parecido, más bien está escuchando a sus jefes por medio de ese moderno dispositivo de audio dentro de su oído, supongo que averiguando sobre la sospechosa falla del TPDD. Yo, por mi parte, hacía lo propio escribiendo las notas del día en mi fiel computadora portátil. ¿Qué sería de nuestras historias si un día dejara de documentar todo lo que vivimos? Llegó la hora de dormir de Ryoko, conducida arriba por Marina.
—Suzumiya…— Llamó la atención nuestra viajera del futuro. Todos nos concentramos en ella—. Parece que mi TPDD fue saboteado tal como pensabas, pero según parece, no fue intervenido por otros agentes en esta época… fue inutilizado de otra manera.
—Bueno, eso aclara la duda, aunque francamente no me sorprende—. Dijo Haruhi apelando a lo que para ella era obvio.
—Pues debería sorprenderte—. Retomó Asahina oscureciendo su tono de voz. —Lo que estoy diciendo es que nadie, absolutamente nadie en esta época tiene la tecnología para intervenir un dispositivo TPDD. Lo único que podría explicarlo es que alguno de los agentes del futuro esté cooperando con el otro bando sin involucrarse directamente, trataré de buscar a los agentes dispuestos por aquí.
Pasado el incidente, volvimos a nuestras conversaciones. Esta vez era Marina la que departía con nosotros mientras Robles, Leonel, Koizumi y Asahina hacían otro tanto.
—¿Y exactamente qué es lo que hace una Súcubo?— Preguntaba mi esposa.
—¿Qué sabes al respecto?— Respondió la fenicia.
—Hasta donde sé, son demonios que se introducen dentro de los sueños de los hombres, haciéndolos tener sueños húmedos y… engendrando con ellos.
—Bueno, supongo que es parte de lo que se cuenta. En realidad es algo un poco más complicado. Tenemos la habilidad de influir en los sentimientos de los varones, y por alguna razón únicamente de ellos, no tenemos ningún poder sobre las mujeres. La inquisición se encargó de satanizar nuestros dones relacionándolos únicamente a la índole sexual, aunque podemos hacer muchas cosas más. Por contacto podemos manipular la producción hormonal y con ello cambiar el humor y el carácter de los hombres, cosas tan sencillas como hacerles perder el conocimiento o hasta hacerles sacar las agallas que no sabían que tenían, en palabras sencillas podemos mover a nuestro antojo los sentimientos y acciones de los hombres.
—Vaya, eso de manipular la voluntad de los hombres suena grandioso—. Respondió la detective con un gesto diabólico. Marina me miró un instante.
—No pareces tener problemas para lograr que los hombres hagan lo que quieres—. Dejó salir un profundo bostezo y miró a Koizumi, distraído en su propia charla. —Supongo que los ejemplos son mejores que las palabras. Hasta mañana.
Se levantó y comenzó a caminar hacia la otra tertulia y luego de dar las buenas noches tocó sólo momentáneamente la parte posterior del cuello del ésper. Mi imaginación, tal vez, pero un brillo distinto iluminó los ojos del hombre de poderes paranormales, se volvió un segundo hacia nosotros, mirando fijamente a Nagato, haciendo que diera un respingo. Puedo imaginar lo que Marina le hizo al ésper, pero no quiero saber los detalles.
Robles fue el siguiente en levantarse, pero antes de subir entró unos instantes al gimnasio de la casa, lo sé porque Haruhi se fue detrás de él y yo con ella. Observó al policía sin decir nada por unos instantes. Robles se quedó quieto al centro de la estancia, mirando a Haruhi con ese gesto sereno y condescendiente del que sólo los años te pueden dotar, ella nuevamente tenía ese gesto desvalido que le vi por la mañana.
—¿Hay algo que pueda hacer por ti?— Preguntó él.
—Sí…— Haruhi se descalzó y caminó al centro del lugar, a unos pasos de Robles. Se sentó sobre sus rodillas y plantó los puños a sus costados, luego arqueó su espalda hasta que su nariz quedó a milímetros del suelo. —Robles Shi-Fu… necesito retomar mi entrenamiento. ¿Me aceptaría?
Él sonrió.
—Mañana a primera hora.
Pasarían unos minutos más mientras todo mundo terminaba de prepararse para dormir cuando Haruhi me arrastró escaleras arriba, más no a nuestra habitación, entramos en la que ocupaban Nagato y Koizumi.
—Explícame de nuevo ¿por qué estamos aquí? ¡Ah, claro! Podrías explicarme de nuevo si me hubieras explicado una primera vez.
—¿No puedes simplemente seguir mis indicaciones callado? Ayúdame a buscar un estuche de lentes.
—No sé si lo notaste, pero Nagato los lleva puestos, así que no creo que estén aquí. Por otro lado, no encuentro una buena razón para hurgar en las pertenencias de nuestros amigos.
—Conociendo a Yuki, sin lugar a dudas tiene un repuesto aquí. ¿Quieres una buena razón? Vi como mirabas a Yuki cuando se puso las gafas…
—Eso no es…
—Imagínate a una estudiante de gafas… o a una maid…— acercó su rostro a mi oído… —diciéndote: "Sí, amo…" a cada… sucia, bizarra y excitante petición que hagas…
Silencio. Un segundo. Dos segundos. Tres segundos.
—Tú busca en el tocador, yo buscaré en el clóset—. Respondió mi debilidad por mí.
No habían pasado ni diez segundos de nuestra búsqueda cuando Haruhi entró a toda prisa al armario y cerró tras ella, quedando ambos muy juntos considerando que el espacio disponible no superaba el metro cuadrado.
—¿Qué dem…?— Su respuesta fue cubrir mi boca con su mano justo en el momento en que escuchamos la puerta abrirse de nueva cuenta.
—I-Itsuki… espera…— Dijo la voz entrecortada de Nagato.
No es cierto… esto no va a pasar… ¡Sáquenme de aquí!
Capítulo 5.
Fin.
¡Capítulo 5 listo! Espero lo estén disfrutando, espero también los comentarios al respecto. ¡Hasta la próxima!
