Oh, sí, capítulo 6... la tranquilidad está por terminar... tengo la impresión de que a muchos lectores les pareció atractiva la idea de leer un lemon sobre la otra pareja de esta historia, así que me tomé la libertad de intentarlo, un reto particularmente difícil dado que se tiene que contar desde la perspectiva de un tercero que es parte de la historia misma... veamos como quedó y me cuentan qué opinan al respecto. Muchas gracias por seguir apoyándome con sus comentarios, los tomo muy a consideración. Ojalá disfruten de este episodio.


Capítulo 6.

Conozco ese sonido… labios que besan apasionados y el jaleo que produce la ansiedad, además de la lucha contra la ropa. Eventualmente puedo escuchar la voz entrecortada de ambos tratando de decir cualquier cosa mientras son interrumpidos por los besos del otro. Hubo un apenas perceptible sonido plástico y un instante después se escuchó música de jazz en la estancia, regresándome la capacidad de respirar sin temor a ser descubierto.

—Vaya que Koizumi es apasionado…— Susurra Haruhi a mi oído. Mi espalda quedó contra la puerta del armario y me resulta imposible ver lo que sucede en la habitación, no así ella, que puede ver toda la escena a través de las rendijas de madera.

—Guarda silencio… además, dudo que todo el mérito sea suyo, Marina debió haber cambiado algo en él.

El ruido de algo de tela resonó a unos milímetros de nosotros y por fuera del armario.

—¿Qué fue eso?— Pregunté tan bajo como pude.

—Unos pantalones y ropa interior.

—Maldita sea… ¿de quién?

—Pues a menos que Koizumi tenga el fetiche de usar pantaletas… vaya… Yuki de verdad es… muy linda… y a él no le vendría mal levantar pesas de vez en cuando…— No me lo creo. Nagato está desnuda a unos metros de nosotros. Pensaba en eso cuando reparé en la diabólica mirada que mi esposa me dedicaba. —Deja de imaginártela, pervertido… aunque… su piel es blanca y parece muy suave desde aquí. Deberías verla, le dan escalofríos cada que él pasa sus manos sobre su abdomen… o sus pechos… son pequeños, pero muy bonitos…

—Tal vez deberías dejar de hablar…— Le digo con voz entrecortada… esta situación está teniendo efectos físicos en mí.

—Pues no pareces estarla pasando mal mientras te lo describo…— Susurra sonriente mientras acaricia mi entrepierna, dando cuenta de que ya estaba a tono.

—No…— Es la voz del ésper—. Déjatelas puestas…

—¿De qué habla?— Pregunto.

—De las gafas… vaya, todos los hombres son unos pervertidos…

—Pero eso te encanta, ¿no?

—Tus perversiones en particular son lindas y divertidas. Oh…— Hizo esa expresión al mismo tiempo que escuché la delicada voz de Nagato lanzar un pequeño lamento al aire.

—¿Qué sucede?

—Está tocándola… en su "lugar especial…"

—D-despacio… ¡Nhh!— Escucho decir (y gemir) a la alíen. Puedo escuchar el roce de la piel y otros sonidos un tanto más lúbricos provenientes de la acción que Haruhi me describió… yo ignoraba tener un oído tan fino.

—Eso es muy atrevido…— Dice nuevamente mi esposa, esta vez no esperó a que yo preguntara. —Está haciéndole eso que tú me haces con la boca… sólo que ella está bocabajo…

Un doble impulso se apodera de mí. El primero me dice que debo taparme los oídos e ignorar esta franca violación a la intimidad de mis dos compañeros, pero el otro me insta a seguir escuchando las obscenas descripciones de Haruhi… ¿Haruhi…?

—¿Q-qué estás haciendo…?— La cuestiono sorprendido.

No me respondió, pero me miró a los ojos con un gesto completamente sonrojado y repleto de vulnerabilidad, con una expresión que gritaba algo así como: "perdona por ser tan débil". Su mano izquierda se apoyaba en mi hombro, la derecha se había hecho camino por debajo de sus jeans y se movía rítmicamente sobre su zona íntima, luego volvió a centrar su atención en lo que pasaba afuera. Poco a poco, los gemidos que venían de una voz que jamás pensé escuchar se hacían más rápidos y profundos, y de alguna manera que no me explico, la temperatura seguía subiendo, en tanto que los labios de mi esposa musitaban a mi oído lo que sus ojos veían.

—¡Ah…! ¡Espera… no…! ¡Nhh…!— Su voz se escuchaba interrumpida por algo.

—Mordió una almohada—. Me explica Haruhi, pero sus labios cayeron sobre mi hombro esta vez. —Cielos… nunca había visto a Yuki con la cara tan roja…

Y lo que era un lamento apenas audible, se convirtió en un franco jadeo… eso pasaba afuera, claro, mientras Koizumi devoraba a Nagato como si no hubiera un mañana (esas fueron las exactas palabras de Haruhi), haciéndola llegar a lugares que estaban fuera de su alcance antes… y mientras eso pasaba, yo tuve que morderme la lengua para evitar que se me saliera un grito de dolor. ¿La razón? Haruhi me mordió en la clavícula hasta sangrarme.

—¿Qué pasa contigo…?— Murmuré en reclamo, conteniendo lo más que pude mi voz.

—Me vine…

—¿Perdona…?

—Por todos los cielos… ¿qué pasa con ella?— Dijo Haruhi ignorando mi pregunta. —Nunca había visto esa mirada en Yuki… da miedo.

—¿Qué estás haciendo?— Preguntó Koizumi… aparentemente Nagato estaba devolviéndole el favor. —Detestaría racionalizar en un momento tan especial, pero… Uh… ¿cómo aprendiste a hacer eso…?

La respuesta de la alien fue antecedido por el sonido de una paleta de caramelo… no me hagan entrar en detalles…

—¿Crees que la información que puedo obtener de la EID consiste sólo en números? Hay muchas cosas que aprendí hoy que estoy seguro te encantará comprobar conmigo.

Y la mano de Haruhi que descansaba sobre mi hombro cubría ahora su boca, estaba asombrada, bastante, yo estaba sorprendido y sólo escuchaba los lastimeros lamentos del ésper que parecía luchar (y estar perdiendo) contra lo inevitable.

—Caray… y yo pensé que yo era talentosa…— Dice Haruhi, haciéndome recordar cosas lindas que pasan entre nosotros dos. —…y eso definitivamente debo aprender a hacerlo…

—Y-Yuki… detente… estoy por…

Egtá benfgugtosaaminoáfido'fosfogopotafio… nada potencialmente peligofo

—¡Ah!

Deha de guefiftigte'…— Se retira y toma aire… o al menos eso asumí que pasaba. —Y por la expresión en tu rostro, te encantaría terminar en mi boca, ¿verdad?

—¿Por qué a todos ustedes les excita que les digan cosas como esa?— Me reprocha Haruhi.

—Porque sé que a ti te encanta decir cosas de ese tipo… y también que te las diga.

—No es verdad… me gusta más que seas romántico y lindo, como lo eres normalmente, que me digas cosas como que soy bonita y…

—¡Ah! ¡Cielos!— El grito del ésper. Debió pasar algo muy intenso por allá afuera.

—¿Estuvo bien…?— Un pequeño silencio luego de la pregunta de la alien, algo de ruido de movimiento. —Eh… ¿no se supone que deberíamos esperar unos minutos a que te recu…?

—Válgame, vaya que Koizumi está motivado—. Me cuenta Haruhi. —Le está dando la vuelta y la está acomodando para…

—Ah… I-Itsuki… más despacio…

Podía escuchar lo que pasaba, y entre los (debo admitirlo) estimulantes gemidos de Nagato y la respiración agitada de Koizumi era difícil no imaginarse la escena.

—Nunca pensé que vería algo así alguna vez…—Musita la mujer frente a mí… cielos, luce tan encantadora… pienso en eso mientras observo cómo se prepara para volver a tocarse… —E-espera, ¿qué haces…?

—Me uno a la causa común—. Le respondo con seriedad. Está sorprendida, supongo que tiene que ver con que soy yo quien la toca esta vez. ¿Qué más da? Ya estamos aquí, después de todo. —Sólo sigue contándome que pasa allá afuera.

—De acuerdo… él la tiene de espaldas sobre la cama… y a pesar de que parece un tanto inexperto, no lo está haciendo tan mal.

—No es lindo que tu esposa te diga que otro hombre lo hace bien.

—Tarado… no dije que lo hacía bien, dije que no lo hacía tan mal… para compararse con mi hombre le faltan como diez años… y diez centímetros… ¡Nnh! ¡Justo ahí!

—Buena respuesta.

—Esto es quizás lo más raro que hemos hecho… espiar a una amiga cercana no es correcto… y aún así…

—¿Y aún así?— Pregunto mientras tomo su mejilla con mi mano desocupada y dirijo su rostro hacia el mío para besarla.

—Aún así estoy empapada… me alegro de que estuvieras aquí, si no, no sería igual.

Dejamos de prestar atención a la pareja afuera por unos instantes y nos dedicamos a nosotros mismos, nos resultaba un tanto inconveniente hacer algo más, pero yo estaba encantado con la idea de seguir jugando y arrancándole suspiros con mis dedos a la mujer de mi vida.

Y con una sincronía que a veces no entiendo, escuché el aumento del ritmo en la cama a unos metros de nosotros al mismo tiempo que mi esposa presionaba mi mano contra su vientre, a punto de estallar.

—¿Qué… qué me pasa?— Dice Nagato afuera, en un encantador tono de confusión, conteniendo la voz tanto como puede.

No hubo otro diálogo, sólo exclamaciones, faltas de aire, suplicantes… y el sonido de un golpe…

—Le dio una palmada…— Me susurra observando la escena entreabriendo su ojo izquierdo, más concentrada en su propio placer. —Y a ella le gustó… creo que eso la está haciendo llegar a…

—¡Ah!— Fue un gemido compartido. Fueron ambos (o quizás sea más justo decir que fueron los tres).

Escucho más presión sobre la cama y luego respiraciones agitadas que recuperan el ritmo poco a poco. Haruhi llegó también a donde quería llegar.

Y luego de relajarnos también, la claridad regreso a nuestras mentes. La primera pregunta me asalta entonces… ¿cómo se supone que vamos a salir de aquí? Sólo espero que Nagato no se haya dado cuenta. La expresión ligeramente asustada de Haruhi me indicaba que pensaba lo mismo que yo. Luego de un expectante silencio, escucho que alguien se levanta de la cama, unos pasos descalzos se aproximan a nuestro escondite, haciendo que mi esposa y yo contengamos el aliento. Y sucede entonces. La puerta se abre.

—Y-Yuki… nosotros…— Intenta disculparse Haruhi.

—Lo sé…— Dice en voz baja. Estoy de espaldas a ella, pero al escuchar esa frase me giro para verla.

Está de pie ante nosotros, vestida únicamente con una sábana que se enredaba alrededor de su menudo cuerpo y con su corto cabello violáceo desordenado. Sus ojos tenían un brillo que no habíamos visto antes.

—Nagato… no sé qué decir—. Me disculpo sin mirarla a la cara… esto es muy vergonzoso. —Y Koizumi…

—No deben preocuparse por él, dormirá por quince minutos más, lo desmayé para procurar una salida decorosa de ustedes de aquí.

Y encima de todo, nos encubre. Como niños regañados comenzamos a caminar hacia la puerta, bajo la mirada benévola de nuestra compañera alienígena que había sacado nuestro lado voyerista.

—Suzumiya—. Nos llama un instante antes de llegar a la puerta. Ambos nos volvemos. —Creo que vinieron por esto, tendrán que explicarme luego porque.

Le tendió a Haruhi el estuche con un repuesto de sus gafas. Mi esposa agradeció ligeramente confundida y abandonamos la habitación en camino a la nuestra. En el camino me dice:

—No sé tú… pero yo…

—Sí, yo también quiero… date prisa…

De vuelta en nuestra alcoba, no es necesario un preludio, tuvimos ya uno bastante intenso en el clóset de Nagato, así que apenas desnudos, ella se recuesta frente a mí, pidiéndome suplicante que la haga mía. Mi virilidad esta vez no invade su cuerpo del modo tradicional; con los años he aprendido a como penetrarla por su otra cavidad, no sólo evitándole el dolor, sino logrando además proporcionarle más placer. Así, mientras sujeto sus corvas manteniendo sus piernas en alto, me hago camino con pasión a través de sus entrañas y ella usa sus manos para estimular su botón de placer, mirándome fijamente, dándome una lección sobre cómo debo tocarla. Escucho el obsceno ruido de nuestra unión junto con sus suspiros, hoy más lascivos que otras veces mientras veo como remoja sus dedos con la lengua y vuelve a utilizarlos para jugar con su femineidad y como se muerde los labios en tanto que lo hace, haciendo su estampa más erótica de lo que puedo soportar, al tiempo que mis muslos sienten el delicioso roce de su trasero y observo el vaivén de sus bellísimos senos. Tiene un nuevo orgasmo que rebosa de humedad su sexo y empapa sus dedos, que la hace exclamar frases que no alcanzo a entender, y cuando se relaja, abre con sus manos los labios de su intimidad, mostrándomela, estimulándome así para que la alcance. Tengo yo mi momento entonces, depositando en su interior todo lo que tengo.

Nos quedamos tan inmóviles como la agitación de nuestra respiración nos lo permitió, mirándonos, sonrientes y satisfechos.

—Espera…— Me pide al sentir que voy a separarme de ella. —Quédate así un poco más.


La mañana llegó un poco más temprano ese día, por fortuna, no me quedé solo en cama por mucho tiempo. Haruhi tiró de mí en el momento mismo en que la oscuridad de la noche comenzó a ceder, llevándome casi a rastras al jardín de la casa. Y aunque no me hubiera sorprendido en absoluto que fuéramos los únicos idiotas despiertos tan temprano, Robles y Asahina estaban ya de pie, esperándonos y debidamente ataviados con sendos pijamas chinos (cuyo nombre de momento no recuerdo)… ¿de dónde sacó Asahina uno? En fin… y a la aún inexistente sombra del único árbol había un hombre de madera de entrenamiento.

—¿Estás lista?— Preguntó el policía subiendo sus mangas e indicando a Asahina que se pusiera de pie junto a Haruhi.

—Por supuesto. No creas que soy grosera, pero… ¿es que aún hay movimientos que puedas enseñarme?

—Lo más seguro es que no, pero los "movimientos" son la parte sencilla, cualquiera puede aprender matemáticas o física y jactarse de ser un genio en esas disciplinas, cuando en realidad no ha comprendido la esencia de la ciencia que estudia. Con las artes marciales pasa exactamente lo mismo, un aprendiz talentoso puede aprender todos los movimientos, formas y regiones vulnerables del cuerpo, pero dejan de lado la verdadera profundidad y complejidad… ¿qué tipo de metáfora podré usar para ejemplificarlo?— Se quedó pensativo unos segundos. —¿Qué pasaría si un día le enseñaras a Ryoko como usar fósforos y en un descuido la dejaras sola en una enorme tienda de juegos pirotécnicos?

—Prendería algunos… porque se le ha enseñado a que todo es bueno en tanto no se abuse de ello.

—O en tanto no se subestime. Muy pocas personas son capaces en realidad de discernir donde una virtud puede comenzar a convertirse en un abuso, y la verdad es que tengo la inquietud de no haberte enseñado correctamente dónde está esa delgada línea. Siempre se te dieron naturalmente las artes marciales, muchas veces me superaste en muchas técnicas con sólo conocerlas, y eso te hizo excesivamente confiada de ti misma. Pero ha llegado el momento que aprendas algo más. Que aprendas acerca de la humildad, acerca de perder y ser una buena perdedora, acerca de la pureza de la batalla, más no como una herramienta para buscar la victoria, sino como un medio para equilibrar el universo donde se desarrolla tu realidad.

Luego de ese discurso, fue cosa de minutos para que pasaran del diálogo al tranquilo silencio donde Haruhi y Asahina imitaban las elaboradas formas corporales que el policía hacía con gracia. En eso y otras cosas consistiría la actividad matutina de los próximos días: algo de formas y mucha filosofía.

—Quizás no sea necesario que lo mencione, pero esta vez es diferente a hace algunos años—. Comenzó Robles cerca de una hora después, terminando la clase del día. —Esta vez no solamente voy a pedirte tu completa atención y obediencia, sino también un voto de silencio en el tiempo que estemos entrenando… y también…— Se giro a verme. —Lo lamento chicos, pero requiero de su absoluto celibato.


Unos minutos antes de las siete de la mañana nos disponíamos a buscar a Gonzaga y a averiguar lo que nos pasó en las montañas días atrás. Charlando sobre ese tema, Haruhi arrastró a Asahina escaleras arriba para implementar una estrategia que formuló apenas identificamos a Buenaventura como el presunto traidor… me imaginé que sería algo así, aunque la idea no terminaba de convencerme.

Robles no pretendió ocultar su admiración y silbó cual ruiseñor al ver a Haruhi bajar ataviada con una minifalda de mezclilla que parecía más un cinturón muy ancho, en conjunto con unos zapatos altos que exaltaban la belleza de sus torneadas piernas y hacían imposible pasar por alto la perfección de sus caderas. La viajera del tiempo bajó junto con ella ligeramente arrobada, luciendo una blusa diminuta con un escote algo más que pronunciado y que dejaba también al descubierto su bonito abdomen.

—¿Y se vistieron así porque…?— Pregunté aún cuando la respuesta era obvia.

—Persuasión—. Respondió presta mi esposa. —Buenaventura es hombre, como todos los hombres tiene debilidades, así que debemos ser más listos que él y atacarlo con esa debilidad.

—¿Y si es gay?

—No lo creo, ¿No viste el morbo en sus ojos al mirarme cuando nos conocimos?

No sé qué me molesta más, confirmar mis sospechas en cuanto a la impresión que mi esposa creo en Buenaventura o el hecho de que ella sea consciente de ello y trate de sacar ventaja. Aunque es un ejercicio mental inútil, si algo tiene esta mujer, además de una seria falta de sentido común, es un pragmatismo que reta todos los niveles de la lógica convencional, así que dando mi visto bueno con un mohín comenzamos a caminar hacia la recién recuperada camioneta mientras doy buena cuenta del movimiento de las caderas de Haruhi.

Hicimos el camino al cuartel de la policía en un reconfortante silencio. Robles prácticamente obligó a Haruhi a llevar su saco sobre las piernas para evitar estrellarnos en el camino, aunque de todas formas me sentía en riesgo al sorprender al capitán compartiendo miradas con Asahina a través del retrovisor… parecen unos adolescentes… consigan un cuarto. Koizumi dormía, imagino que su faena no terminó anoche cuándo abandonamos furtivamente su habitación. Nagato no parecía cansada, aunque miraba sonriente hacia la calle a través de la ventanilla. Conozco ese sentimiento, gratificante y que pone de buen humor, más que en cualquier otro miembro de la brigada, me alegro verlo en el rostro de ella. La miraba de reojo en el momento en que ella se volvía hacia afuera, la verdad es que me aún me sentía avergonzado por lo que habíamos visto la noche anterior y me tomaría unos días más recuperarme por completo. Supongo que muchos de ustedes han pasado por una situación semejante: al momento que una persona ajena a tu familia deviene en un amigo cercano, queda completamente asexualizado. Sí, cuando conocí a Haruhi, Nagato y a Asahina, había en mí una fuerte pulsión erótica hacia ellas, pero el paso del tiempo eso cambió, convirtiéndose en amor para la primera y un profundo respeto hacia las otras dos. Ignoro qué mensaje habremos dado a la alienígena con lo que pasó, sólo espero que no sea que somos unos pervertidos irremediables… quizás sea cierto, pero no me gustaría que ella pasara eso de mí.

—Lo lamento, me quedé dormido…— Se disculpa el ésper con voz cavernosa luego de soltar un profundo bostezo. —…supongo que es deuda de sueño, no he dormido adecuadamente en estos días.

—No tienes que justificarte—. Es en serio, ni si quiera lo intentes, sé más sobre tu vida sexual de lo que me gustaría saber. Quisiera alguna conversación contigo que no requiera salir a relucir en alguna terapia en el futuro.

—Qué curioso. Nagato parece muy descansada—. Agregó inocente la maestra del té, haciendo aún más incómoda la situación, al menos para Haruhi y para mí… de acuerdo, a Haruhi no le importa, más incómoda para mí. —Ah… lo siento, dije algo indebido…

—Para nada. Es normal que Itsuki resienta con mayor fuerza la falta de sueño, a diferencia de él, yo tengo controles que previenen que mi cuerpo caiga víctima del agotamiento o las enfermedades.

—Yo siempre me imaginé a los extraterrestres como enanitos verdes con ojos como semillas de mamey. Si hubiera tenido que adivinar quién era la marcianita, hubiera apostado por Mikuru—. Intervino Robles, que parecía estar tomando bastante bien la revelación de la vida fuera de este planeta.

—¿Mikuru? ¿Qué te haría pensar que Mikuru es extraterrestre?— Preguntó Haruhi divertida.

—Bueno… su belleza… definitivamente está fuera de este mundo…

De acuerdo, eso fue dulce… lo suficiente para sufrir de un coma diabético. Detén el auto, bajaré aquí… es más, no lo detengas, bajaré así, con algo de suerte moriré por el golpe.

La jocosa charla que había puesto de todos colores el rostro de la chica venida del futuro terminó abruptamente al salir a nuestro paso el cuartel al que nos dirigíamos, entonces cayó sobre nosotros un silencio un tanto más cauteloso.

Recorrimos el mismo camino que hicimos la primera vez, e incursionamos hasta el búnker, donde el viejo general nos esperaba en medio de una charla con Cooper.

—El capitán Robles y sus colegas. Me cuentan que ha estado ocupado en la provincia, tanto que olvidó su camioneta por allá. —Saludó incisivo el militar ofreciéndonos asiento con un gesto.

—Sufrió una avería, y como el pueblo donde estaba no tenía un mecánico, decidí dejarla y mandar luego por ella. Al final regresamos en autobús.

—Es curioso que lo mencione. El reporte de quien lo encontró es que el vehículo estaba en perfectas condiciones.

—Es culpa del fabricante… creo que nunca terminaré de comprender estos nuevos autos con computadora… por cierto, ¿quién lo halló?

Gonzaga miró al capitán arqueando una ceja, suspicaz, un tanto renuente a responder.

—El comandante Buenaventura estaba en un operativo por la región, fue él quien la encontró e incluso se ofreció a entregársela personalmente.

—Sí, mi ama de llaves la recibió. Quisiera agradecerle en persona, ¿está él por aquí?

—Claro… pero primero lo primero. Según lo que usted me dijo, se llevaría a sus colaboradores para buscar información sobre estos mercenarios que corren los laboratorios del "polvo de ángel". ¿Encontró algo?

—Seguimos investigando, estamos muy cerca.

—Mire Robles. Entiendo que tenga cierto recelo en compartir la información que llega a sus manos, pero debe ser consciente de que todos estamos del mismo lado. Quiero acabar con estos animales al igual que usted, y si sabe algo, por pequeño o inverosímil que sea, debo saberlo. Sólo juntos tenemos una oportunidad de sacar esta abominación de las calles, y le digo esto porque usted también es mexicano, la ayuda de fuera es bien recibida, pero sólo nosotros podemos resolver definitivamente nuestros problemas.

—Le informaré todo lo que averigüe, general—. Cerró Robles, condescendiente.

El militar era, en efecto, un hombre duro, algo tiránico, machista y anticuado, sin embargo, parecía hablar con la verdad.

Pasaría un rato más en una charla en una tónica semejante hasta que Gonzaga nos despachó a todos. Salimos de su improvisada oficina seguidos de cerca por Cooper, que se apresuró hasta quedar hombro con hombro con Robles.

If you're looking for Buenaventura, he's up on the office.

Thank you, entrometido—. Respondió el capitán con cierta acidez.

—Yo sólo estoy tratando de ayudar.

—Por eso te agradecí. El problema con ustedes es que creen que pueden ayudar a todos, creen que son la policía del mundo…

—Tratamos de ayudar a su país hasta que tenga la capacidad de…

—¿De fingir atentados terroristas contra nosotros mismos como ustedes? No gracias, podemos y preferimos cuidarnos solos.

—¿Cuidarse solos? ¡Aquí tienen las corporaciones más corruptas del mundo! No podrían cuidarse solos aunque quisieran… y yo que ustedes, me cuidaría de Buenaventura. Have a nice day.

Robles siguió con la mirada al norteamericano hasta que se perdió escaleras arriba. Nadie hablaría de esa charla durante ese día, teníamos cosas más importantes de que preocuparnos al momento.


—Llegó la hora, Mikuru. Actitud de mujer fatal—. Disparó Haruhi mientras se quitaba la gabardina.

La viajera del tiempo dio un asentimiento dudoso, pero luego de unos segundos su paso y postura cobraron aplomo.

Esta vez eran Haruhi y Asahina las que lideraban nuestro grupo, y huelga hablar del efecto logrado, que derramaba tazas de café y generaba errores ortográficos de cuanta mirada masculina se encontraba con ellas, mientras que nuestras divas caminaban con aire divino entre los cubículos.

Encontramos a Buenaventura unos pasos después. Charlaba precisamente con el policía que lo acompañó a casa de Robles para dejar su auto, y dejaron de hablar en el preciso momento en que atravesamos la puerta… demonios, puedo sentir como mira a mi esposa de pies a cabeza aún debajo de esas feas gafas oscuras que no se quita para nada, el otro patán incluso hace una exclamación que no alcancé a comprender (cosa que de alguna manera agradecí). No fue sino hasta después de que Robles cerrara la puerta intencionadamente fuerte que ambos brutos se volvieron hacia el capitán.

—Gracias por llevar la camioneta a mi casa… qué raro que la hayas encontrado, ¿no?

—Toda una coincidencia—. Respondió el enorme hombre haciendo una seña al otro para que se fuera, orden obedecida al momento. —Por casualidad estaba en la región en medio de un operativo.

—Por favor, comandante…— dijo mi esposa en voz baja mientras rodeaba el escritorio y se sentaba sobre el mismo, a sólo unos centímetros del interrogado. —Todos aquí sabemos que no estaba allá por casualidad… ni siquiera me parece que usted sea una persona que crea en casualidades.

—Ahora si me diriges la palabra—. Dijo él, incisivo, mirándola directo a los ojos por encima de sus lentes. —De acuerdo, estaba ahí por ustedes.

—Antes de que sigas hablando, ¿entiendes que podríamos reportarte y arrestarte aquí mismo si es que…?

—Inténtalo si quieres, Pantera. No sé que tanto sepas, pero nos estamos metiendo en asuntos muy serios… estamos tratando con gente muy, muy peligrosa. Esas aberraciones que los atacaron ese día… los he visto antes, desde hace muchos años de hecho, custodiando cargamentos de drogas desde Colombia hacia Estados Unidos y repitiendo la ruta de regreso con cargamentos de armas.

Nos miramos unos a otros, sorprendidos por la revelación.

—¿Entonces tú también puedes ver ángeles?

—No sé que sean esas cosas… soy ateo, no creo en pendejadas. E incluso si fuera religioso, los creyentes dicen que los mentados ángeles son todo bondad, que nos cuidan y guían… pues hasta donde yo he visto, se están encargando de hacer la franquicia de drogas más grande del mundo, andan armados, sometiendo a los pocos policías honestos que quedan y matando a la milicia y los extranjeros que se meten en asuntos que no son suyos, tal como ustedes están haciendo ahora.

—¿Y tú eres algo así como uno de esos pocos policías honestos de los que hablas?— Preguntó Robles sin poder ocultar por completo cierto tono sarcástico.

—No, Pantera, soy un mal policía—, se exaltó, repentinamente acalorado, —he hecho muchas cosas a lo largo de mi vida que no me enorgullecen, he extorsionado, torturado, asesinado… uno debe hacer lo necesario para sobrevivir aquí.

—Entonces no estoy entendiendo algo…— Intervine yo, tratando de atar cabos. —…está confesándonos que nos siguió hasta la selva, que es un cazador de ángeles y que es un policía corrupto… ¿Por qué?

Las porcinas facciones del hombre aquél se suavizaron momentáneamente y giró un diminuto marco metálico donde una fotografía mostraba a un par de mellizas idénticas, aunque demasiado lindas para ser parientes del desgarbado comandante… o al menos esa fue mi primera impresión.

—Hace quince años me enamoré de una belleza que vino desde Ámsterdam. Me dio un par de hijas maravillosas… luego la perra se largó en la primera oportunidad. Y aún así, mis niñas son lo único que me hace levantarme por las mañanas—. Tomó una pausa, reflexivo. Por primera vez, al menos a mis ojos, pareció humano. —Quién lidera esta operación es un capo al que todos conocen como "Miguel". De alguna manera se enteró que ustedes estaban aquí y por algún motivo quería que fueran llevados a su presencia. Sea lo que sea que pudieran darle, lo interesó de una forma que no se había visto antes, así que movilicé a un equipo para buscarlos y traerlos a salvo.

—No es que no lo agradezca, pero ¿por qué ayudarnos?

—Si el tal Miguel consigue lo que busca en ustedes, este país, quizás todo el continente será suyo… es tarde para mí, pero quisiera que mis hijas tuvieran un buen lugar para vivir. Como entenderán, no lo hice por ustedes en realidad. Esto es algo que no he hablado con alguien más, más les vale no difundirlo.

Supongo que sus palabras son sinceras, sin embargo, al igual que al resto de los presentes, me costó un poco de trabajo creer lo que nos decía. Entre los seis intercambiamos miradas dudosas en tanto el policía nos ignoraba, ahora aparentemente absorto en sus propios pensamientos. ¿Sería realmente una buena idea creer en él? Después de todo, es un policía corrupto, ha reconocido su poca honestidad y sin reparos a confesado que ha hecho cosas atroces a lo largo de su carrera. ¿Una revelación de su propia consciencia es una prueba de que realmente está de nuestro lado y es digno de confianza…? Supongo que el tiempo lo dirá, porque de momento no tenemos otra opción. Dejando de lado el rol seductor que las mujeres del equipo habían adoptado, Buenaventura nos contó con cierto recelo su papel actual, y resumiéndolo, podría decirse que era algo así como un doble agente. Formalmente tomaba partido en las operaciones clandestinas de la policía bajo órdenes de Miguel y sus hombres, pero por iniciativa propia vigilaba y ayudaba al ejército y otras corporaciones, dando pistas sobre ubicaciones de laboratorios y líderes. Pero lo más interesante de su intrincado discurso estaba justo al final.

—Mañana va a ser un día importante para toda la operación. No voy a arriesgarme a que le digan a quien no debe saber lo que pasará, así que únicamente tengan en cuenta mis palabras: mañana, por ningún motivo deberán venir a este cuartel. Todo esto iba a pasar aún a pesar de ustedes, pero llegaron y son como un adicional para Miguel, y créanme si les digo que no es un tipo que guste de quedarse sin lo que desea—. Miró directamente a Robles para lanzar la siguiente aseveración: —Si algo sale mal, te responsabilizaré a ti por ello, Pantera.

—Bien, si todo lo que nos dices es cierto, ¿No sería más fácil difundir lo que sabes y cooperar con Gonzaga, Cooper y los otros?— Cuestionó mi esposa.

—Me lo dice la misma persona que enfrentó a cincuenta criaturas aladas y luego desapareció del lugar como si nunca hubiera estado ahí. Es la más inverosímil de las historias, yo mismo no termino aún de creerla, ¿De verdad crees que un viejo lobo como Gonzaga o un escéptico que piensa que somos primates como Cooper van a creer una sola palabra de lo que les digamos, más cuando no pueden siquiera ver las pruebas? Necesito estar adentro de ambos grupos si quiero lograr mi objetivo, y eso no pasará si me mandan a casa creyéndome loco. Yo ya les advertí, si aún así insisten en involucrarse en esto, yo negaré todo. Esta conversación ha terminado.

—De acuerdo—. Dijo Robles aún sin estar plenamente convencido y abrió la puerta del cubículo.

—Espera… volvió a atacar Haruhi alcanzando al capitán. —¿Sólo vamos a creerle? ¿Y vamos a hacer lo que nos dice? ¡Me niego! ¡Este tipo sabe mucho más, no podemos sólo irnos dando por buenas sus palabras, debemos saber más!

—Eso pasa cuando tienes a mujeres trabajando contigo—, atacó el policía, exaltando sus facciones cerdosas y mostrándonos una nueva virtud: su misoginia—, creen que lo saben todo y que pueden manejarlo, hazme caso, Pantera, no se involucren más.

—¡Podemos manejar cualquier cosa!— Reviró la detective con fiereza. —Ningún policía mediocre y menos uno que se reconoce como traidor nos va a decir que tenemos que hacer.

—¡No puedes con esto! ¡Nadie puede! ¡Mejor hazte a la idea de que tienes que creer en mí y en la poca información que puedo darte, no me importa en absoluto que pase con ustedes, pero tu estupidez puede costarme todo lo que he trabajado hasta hoy, así que deja tus pataletas infantiles y consíguete un hombre de verdad, que se nota que buena falta te hace!

Esa fue la gota que derramó el vaso. De entre todas las cosas que Haruhi detesta, Buenaventura era digno representante de todas y cada una de ella: la mentira, la traición, el machismo y la estúpida creencia de que por ser varón se es superior. Mi esposa deshizo lo andado hasta quedar frente a frente con el obeso policía, con un aplomo que me hizo temer que lo golpearía sin importarle que fuera casi medio metro más alto y con más del doble de peso, haciéndolo trastabillar y caer sentado sobre su silla, ella plantó su pie sobre el asiento y acercó su rostro al de él con tal seguridad que él tuvo que girar hacia otro lado. Luego dijo:

—¿Ve al hombre de allá, comandante? El payaso junto a la puerta—. Me señaló. —Ese es mi hombre, le mentiría si le dijera que tiene un pene gigantesco, pero lo importante no es el tamaño… sino que el de él se pone tan duro que a veces creo que me va a partir por la mitad, y no sólo eso, sin importar por donde me lo meta, lo mueve tan deliciosamente que me tiene dando gritos en menos de cinco minutos, y no sólo eso, de verdad le preocupa que lo esté disfrutando, antes de hacérmelo me toca con toda la ternura y delicadeza del mundo y me dice cuan hermosa le parezco, haciendo que me vuelva loca en un instante, que muera de ganas por hacerlo de nuevo apenas termina. Y no sólo es magnífico en la cama, es un hombre atento, responsable, divertido, culto y un padre maravilloso. Ése, comandante, es un hombre de verdad… y creo que es a usted al que le hace falta conocerlo.

Todos quedamos en silencio. Esas últimas frases fueron dichas a un volumen muy alto, afortunadamente los muros transparentes de kévlar absorbieron el ruido y nadie fuera de la pieza escuchó nada. Asahina se cubría la boca, algo asustada, Nagato miraba la escena con serenidad, aunque apostaría un riñón a que estaba a punto de romper en una carcajada mientras que a Koizumi poco le faltó para ocultarse detrás de ella, Robles simplemente sonreía rascándose la nuca. Haruhi se reincorporó y cruzó los brazos frente a su pecho, esperando una respuesta del comandante, respuesta que no llegó. Sintiéndose vencedora volvió a caminar hacia la puerta dando por finalizada la discusión.

—Hagan lo que plazcan—. Dijo Buenaventura viéndonos marchar. —Pero recuerden: yo no soy su aliado, mi causa es independiente de la suya y si tengo que pasar por encima de ustedes para lograrla, lo haré.

—Haga lo que deba, comandante, que nosotros lo haremos también—. Respondió mi esposa. Luego pasó a mi lado y me miró por un instante. —Y tú quita esa ridícula sonrisa de tu cara. La mitad de lo que dije ni siquiera es verdad—. Me dice en japonés mientras su rostro adquiere cierta coloración.

—De acuerdo—. Contesté, aunque no podía dejar de sonreír.

—Es en serio.

—Claro que sí.

Me dejó atrás haciendo un mohín, poniéndose de vuelta la gabardina y acomodando su cabello, impregnando nuestro camino con su perfume en tanto la comitiva la seguía.

—Esa última revelación no me la esperaba—. Me dice el ésper minutos después, emparejándose conmigo en el estacionamiento.

—Yo tampoco. Es vergonzoso.

Koizumi espero unos segundos antes de volver a hablar, aunque parecía muy divertido por lo que recién escuchó.

—Si todo lo que dice Suzumiya es cierto, tal vez podrías darme algunos consejos…

—Bien, aquí el primero: tírate de un puente—. Lo que pasa en mi alcoba es mi problema… demonios… lo que pasa en la suya, también… trágame tierra.


La casa de Robles nos recibió con una sorpresa un tanto desagradable. Al llegar, Ryoko lloraba en el regazo de Marina, no en una rabieta, más bien padecía una especie de nostalgia incontrolable. De vernos, inmediatamente caminó hacia nosotros, Haruhi la tomó en brazos y la pequeña hundió su rostro en el cuello de ella para comenzar a sollozar una vez más.

—¿Qué pasa Ryoko-Chin? Papá y mamá ya están aquí.

—No… no sé… no puedo dejar de llorar…

—¿Por qué?— Pregunté.

—Porque estoy triste…

—¿Y por qué estás triste?— Preguntó su madre.

—Porque no puedo dejar de llorar…

Hablar en círculos… lo hace a propósito, aunque supongo que a pesar de su gran inteligencia, hay cosas que no puede verbalizar aún, hablar de los sentimientos suele tener ese resultado. Durante el día, Haruhi se enteraría de labios del ángel guardián de mi hija que desde que despertó había tenido ese humor, y que había intentado en repetidas ocasiones y a hurtadillas llamar a nuestros móviles.

—¿Recuerdas la última vez que tuvo ese humor?— Preguntaría Haruhi un poco después. Temía que hiciera esa pregunta.

—Sí… no se separó de ti para nada, era como si hubiera sentido que algo malo iba a pasarte…

—Fue cuando le diagnosticaron cáncer a papá. Lo mismo pasó Koizumi cuando terminó en el hospital por intoxicarse con alcohol la primera vez—. Me miró confusa y ansiosa, supongo que mi gesto era el mismo. —¿Qué hacemos…?

—Esperar a que nos revele quién será esta vez… espero que sólo sea una coincidencia—. Lo espero de verdad.


Tiempo de reflexionar… mañana es un día importante, me pregunto qué será aquello de lo que nos trató de advertir Buenaventura… ir contra las indicaciones de Haruhi sería una campaña perdida, así que igual haremos lo que ella nos dice, no puede salir tan mal después de todo, tenemos un equipo bastante competente en situaciones de crisis, aunque tengo la sensación de que esta vez deberíamos ser más cautelosos, Nagato no tiene sus habilidades al máximo y Asahina podría volver a tener problemas de sabotaje… reflexionaba sobre eso alrededor de las siete de la noche, luego de cenar algo y cayendo en cuenta de que la zozobra que azotaba a Ryoko estaba haciendo también mella en mí, haciéndome incómoda la convivencia…

—Deberías entrenar un poco con nosotros—. Me dice Asahina luego de que Robles les diera un receso. Haruhi está sentada debajo del árbol al centro del jardín y meditaba, en el voto de silencio que Robles le impuso.

—El Kung-fu no es lo mío.

—Pero sin lugar a dudas te ayudaría a distraerte un poco—. Acarició el cabello de Ryoko, que estaba inmóvil y ensimismada sentada a mi lado con la cabeza sobre mis piernas. —¿Podrías traerme un poco de agua, Ryoko-Chin?— La niña se levantó de un salto y entró a la casa. —No se ha separado de ti en todo el día… supongo que los extraña cuando tenemos tanto trabajo.

—Ojalá sea sólo eso—. Si no era así, es probable que algo esté sobre mi cabeza sin saberlo yo…

—Esa facultad seguramente la heredó de Suzumiya, no podría describirlo, pero es como un tipo de precognición, es algo que aún en mi época no podemos explicar… Suzumiya tiene un poder semejante, pero en los últimos años ha ido perdiéndolo.

—¿Haruhi está perdiendo sus poderes?

—No es eso. Se ha distraído en otras cosas y no escucha a su intuición con tanta atención como antes. En parte con su entrenamiento Robles trata de corregir ese vicio.

Unos minutos después, las dos mujeres hacían bloqueos por turnos con el capitán, y esta vez había una peculiaridad. Hacían un ejercicio muy sencillo de manos, Asahina lo completaba sin problema alguno, pero en más de una ocasión vi a Robles reprender a Haruhi.

—De nuevo—. Decía él, interrumpiendo la simulación. Ella asentía en silencio puesto que no podía hablar, pero podía ver la irritación en su gesto. —Comprende, Haruhi, el punto no es hacerlo más rápido, sino hacerlo en el momento justo… si te adelantas o atrasas, la ventaja será de tu oponente… una vez más.

Ambos volvieron a mover las manos, pero en tres ocasiones diferentes, el puño de Robles quedó a milímetros del rostro de Haruhi, que bufó la última vez aún sin hablar.

—Eh… ¿podría…?— Intervino Asahina tímidamente, haciendo maestro y alumna se volvieran hacia ella. —¿Podría intentarlo?— Robles puso sus manos en la espalda y retrocedió para que la viajera del tiempo y su líder de brigada quedaran frente a frente, luego ambas adoptaron la postura y comenzaron lentamente la simulación. Asahina cerró los ojos, desconcertándonos a todos los presentes, luego comenzó a hablar: —Supongo que has escuchado esto antes… No te establezcas en una forma, adáptala y construye la tuya propia, y déjala crecer, sé como el agua. Vacía tu mente, se amorfa, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede chocar. Sé agua…*

Las palabras hicieron el milagro. La forma fue hecha por ambas mujeres en un ritmo perfecto que hizo que mi esposa abriera los ojos tanto como pudo para luego dejar salir una luminosa sonrisa. Luego recupero la seriedad y clavó la mirada en los ojos castaños de Asahina, que de inmediato puso un gesto algo temeroso. Un instante después, la mano izquierda de Haruhi se cerraba sobre su puño derecho mientras hacía una reverencia solemne de cuarenta y cinco grados frente a la maestra del té. Con todas sus reservas, Haruhi intentó tratar a todos los miembros de brigada con cierto nivel de dignidad, por algunos años Asahina fue la excepción, y ese día, por primera vez desde que se conocen, Haruhi le daba un lugar más alto… por primera vez estaba reconociendo que había recibido una gran lección y no fue de quién ella esperaba obtenerla, por primera vez estaba tratándola como a un verdadero igual, estrechando aún más el lazo que las vinculaba.


La noche llegó sin incidentes. Haruhi dio la orden de dormir temprano con el afán de llegar antes que todo el mundo a los cuarteles y descubrir de una vez por todas que era lo que iba a pasar, y así lo hicimos… aún Robles, siendo el señor de la casa, atendió la petición, y cerca de las nueve de la noche, Haruhi y yo recostábamos a Ryoko en la habitación que había pedido, pero hubo un cambio al final del día. Luego de besar su frente, Haruhi y yo estábamos por salir de la habitación, ambos nos detuvimos al escuchar la ansiedad que entrecortaba la respiración de nuestra hija, otra vez víctima de un ataque de llanto. Regresé por ella y la tomé en brazos para llevarla a nuestra habitación para que durmiera con nosotros.

Y así, con esa sensación que la atormentaba, Ryoko terminó dormida entre nosotros dos, con la cabeza hundida en mi pecho, en medio de sueños que le permitían dormir, más no descansar.

Capítulo 6.

Fin.


Pues aquí lo tenemos. El próximo capítulo comenzará un arco que me entusiasma mucho, así que manténgase al pendiente.

Por cierto, hay un diálogo apenas una líneas arriba de esta que está marcado por un "*". Esa frase no es mía, es del mismísimo Bruce Lee para la televisión canadiense en la última entrevista que daría, en diciembre de 1971.

¡Nos vemos en la próxima actualización y espero sus comentarios!