Vaya que han sido unos días de locos... pero al final, aquí esta: capítulo 12 listo. ¡Disfrútenlo y no olviden comentar!
Capítulo 12.
De no ser por los puntos de control policiacos, las calles de la ciudad no daban muchas muestras del sitio al que eran sometidas. En lugar de eso, una cantidad modesta de automóviles viajaban por las principales avenidas. La legislación emergente había hecho que los pobladores no salieran de sus barrios en la medida de lo posible, y los cercos policiacos llevaban a cabo estrictos controles para circular. La Brigada SOS original (excepto por Ryoko) y Buenaventura viajábamos en el auto de Robles, fuimos detenidos y revisados unas cinco veces antes de comenzar a recorrer una de las principales vías de entrada y salida de la ciudad, al nororiente de la misma.
—Es igual al día que te perdiste—. Me dice Haruhi en japonés mientras ambos observamos a Buenaventura al volante, con Koizumi como su copiloto. —Es un día muy luminoso y tranquilo, espantosamente contradictorio—. Por algún motivo aún se muestra escrupulosa en compañía del ex policía y se dirige a los miembros de la brigada en japonés, y procura hablar con el mexicano lo menos posible, sin embargo, lo ayuda. No creo qué sienta desconfianza, más bien me da la impresión de que aún está resentida con él.
—Espero que eso no sea un presagio—. Le respondo registrando lo agradable del clima.
—Maldita sea, lo detesto—. La voz fue la de Nagato, lucía muy estresada y masajeaba sus sienes con desesperación. —Cada vez me es más difícil ver cualquier cosa más allá de mis ojos. Lo lamento, comandante Buenaventura, no puedo saber nada sobre la zona que me pidió revisara.
—Hazme un favor, niña.
—¿Qué cosa comandante?
—Que dejes de llamarme comandante.
—De acuerdo coman… señor Buenaventura.
—¿Algo que debamos saber, Mikuru?— pregunta Haruhi.
—Ojalá—. Dice la viajera del futuro con cansancio. —No he podido comunicarme con mi época desde hace varias semanas, sólo eventualmente recibo alguna instrucción, y no estaba preparada para los eventos de este periodo en particular. Lamento no ser de ayuda.
—Estamos muy cerca, prepárense—. Dice el conductor mientras revisa el arma dada por Robles y da la vuelta para tomar una curva alrededor del busto monumental de un héroe nacional, y al terminar dicha ronda subimos por un casi desierto puente vial, desde cuya cima podía verse una representación de arte moderno en rojo brillante de un coyote, un par de kilómetros hacia el norte siguiendo la misma avenida.
—Según Gervasio, adelante está el último retén policiaco. Desde antes del golpe de estado esta era ya una zona conflictiva, así que pasando ese último punto de control, estaremos solos. Espero al menos tengas un buen plan—. Susurró mi esposa.
El último punto de control apareció precisamente debajo del gigantesco coyote escarlata, los soldados de dicho retén parecían mejor armados que sus predecesores. Buenaventura bajó del vehículo y caminó hasta los militares y dialogó con ellos, haciéndoles saber que él vivía en ese vecindario y necesitaba ir por familiares. Su carnet electoral y la mención del general Gonzaga le granjearon el acceso luego de varios minutos de negociación y una lapidaria advertencia de que lo que fuera qué pasa ahí sería sólo, y sólo nuestra responsabilidad, aún así pedimos que cuidaran nuestro transporte para incursionar a pie. Comenzamos a hacer camino entre calles aún más abandonadas y derruidas si es que eso era posible. Manzanas enteras habían sido dejadas en el absoluto olvido, seguramente los pobladores optaron por huir a otros lugares y había autos inservibles haciendo barricadas. El viento era el único generador de sonidos mientras andábamos detrás del gigante que cada vez lucía más presuroso y se abría paso entre los escombros de aquella serenidad no natural. Todos íbamos preparados para alguna confrontación o emboscada, pero el hecho de que no hubiera ruidos o cualquier otro indicativo de actividad de la guerrilla en las inmediaciones hacía aún mayor la inquietud, así que sin poder evitarlo caminaba con una mano sobre la tsuka de mi daito y veía a mi esposa andar igual de cuidadosa, lista para desenfundar en cualquier momento.
—Un par de calles más—. Indica silenciosamente Buenaventura y desenfunda mientras nos señala las partes más altas del edificio, diciéndonos que fuéramos cuidadosos.
La calle por la que accedimos tenía el doble de carriles que las otras, y lucía extrañamente tranquila, limpia y las casas no parecían haber sufrido el daño del asedio de los días recientes, los árboles en las aceras parecían haber recibido todos los cuidados e incluso los autos estaban meticulosamente aparcados. Ese panorama lejos de relajarnos aumentó nuestra precaución, apaciguando aún más nuestro paso. Buenaventura se detuvo abruptamente y Haruhi tomó mi mano, haciendo que parara e indicándome que mirara adelante.
—Te tomó tu tiempo llegar—. Dijo un tipo de pie a unos metros de nosotros cubriéndose de las inclemencias del sol bajo la copa de uno de los árboles.
La ropa casual que vestía definitivamente habría confundido a cualquiera, pero no olvidaría ese largo cabello platinado y su voz luego de que diera la orden de matarnos a todos en las montañas del sur hace unos meses. Ante la aparición de Nanael desenvainé y Haruhi desenfundó, igual que Buenaventura, y el resto de la brigada se puso en guardia, Nagato y Koizumi vigilaban el aire, en busca de un hipotético equipo de ángeles que pudiera llegar en respaldo de nuestro contrincante.
—Mis soldados se han ido ya, el trabajo está hecho—. Dijo con voz fría sin siquiera cambiar de posición.
Aunque está de espaldas a mí, pude notar que el ex policía se puso pálido y apuntaba al ángel con la mano apenas perceptiblemente temblorosa.
—Si te atreviste a hacerles daño, juro que voy a buscarte y…
—No vas a tener que hacerlo. No voy a moverme de aquí—. Respondió el ángel dibujando una sonrisa cínica con un dejo de sadismo en la voz, luego reparó un momento en nosotros, mostrándonos las marcas de las uñas de Nagato en su mejilla y lanzando un beso al aire para ella.
Buenaventura hizo carrera hacia la que supuse debió ser su casa, una no muy grande y de dos plantas que lucía tan bien cuidada como las otras, nosotros lo seguimos de cerca, sintiendo su incertidumbre, casi palpable.
Como era de esperarse, no tenía llaves, pero luego de verlo derribar un muro de hormigón en el desierto, la puerta aluminio no representó ningún reto, y ante la primera embestida del obeso policía las bisagras saltaron por los aires. Su inquietud devino en desesperación al no escuchar reacción dentro del lugar, comenzó a gritar nombres y al no recibir respuesta se fue escaleras arriba seguido por Koizumi; Nagato y Asahina fueron por la derecha, y mi esposa y yo fuimos hasta la estancia. El lugar parecía completamente desierto, pero no había señal alguna de lucha o escape, la luz entraba con fuerza por el encaje de unas cortinas muy blancas que se mecían al capricho de las últimas brisas del otoño. El grito apagado de Asahina nos hizo correr hacia el área de estacionamiento donde ella y la alienígena estaban. Buenaventura nos alcanzó ahí donde ambas mujeres asistían a un hombre tendido sobre el suelo. Cuando lo vi a mayor detalle sentí escalofríos.
El hombre tenía una configuración física parecida al del ex policía, aunque lucía más joven, pero eso no fue lo que me asustó: al verlo más de cerca noté que el hombre literalmente había sido molido a golpes, y por la forma en que sus articulaciones y miembros se deformaban, no debía tener un solo hueso sano en el cuerpo. Agonizaba.
—Estábamos a punto de irnos, Mike… simplemente cayó del cielo… perdóname…— Imploraba el infeliz, haciendo insoportable la escena para Asahina, que tuvo que abandonar el lugar.
—No te disculpes. ¿Dónde están?— Preguntó Buenaventura hincándose a su lado.
—En el refugio. No creo que las hayan encontrado… hermano… por favor… no me dejes así…
—Tranquilo, pronto terminará—. Buenaventura se levantó y nos indicó con un gesto que lo dejáramos solo con aquél que presumiblemente era su hermano. Sin objetar salimos del lugar y una vez afuera lo escuchamos decir unas últimas palabras: —Gracias por cuidarlas… saluda a mis papás de mi parte…
Haruhi me miró alarmada, y antes de que cualquiera pudiera hacer alguna conjetura, se escuchó un disparo, tan sonoro y espantoso que pensé que rompería mis tímpanos. Haruhi cerró los ojos, Nagato se quedó rígida, pero podía ver en sus ojos el horror y Koizumi de inmediato la tomó en brazos, Asahina parecía estar al borde del desmayo… esa había sido, y por mucho, una de las peores escenas que me hubiese tocado presenciar, y por desgracia para mí, el día no había hecho más que comenzar.
Buenaventura salió de la habitación más pálido de lo usual, pero de alguna forma que no me explico, parecía conservar el aplomo. Se quedó mirándonos por unos segundos y luego se dirigió a mi esposa y a mí:
—Esta casa tiene un sótano, ahí escondieron a mis niñas. Vamos a ir por ellas y quiero que las saquen de aquí mientras distraigo a Nanael.
Sólo asentimos, no me sentía con autoridad moral o de ningún otro tipo para contravenir sus indicaciones, así que comenzamos a seguirlo a un patio posterior donde hayamos una trampa de concreto que sin duda conducía a dicho sótano.
—No lo haga…— Dijo Nagato justo cuando el hombre estaba por levantar la tapa.
—¿Qué pasa?— Preguntó Haruhi, augurando lo peor.
—No… no hay nadie ahí—. Es raro, la Nagato sin sentimientos a flor de piel solía decir las cosas directamente, pero eso sonaba más como una mala excusa. El ex policía lo notó y con mayor premura abrió la trampilla.
Los seis bajamos a la carrera por las escaleras de metal hasta llegar a una habitación subterránea diminuta, pero aún así bien iluminada y con muros en colores claros. Al fondo de la estancia, en un pequeño sofá, estaban las dos niñas rubias que había visto en la fotografía que Buenaventura tenía en su oficina.
Algo estaba mal… terriblemente mal. El gigantesco hombre se acercó a ellas y se hincó a sus pies, notando antes que nosotros la tragedia. Ambas niñas estaban sentadas una junto a la otra, con los ojos cerrados, pálidas… ninguna de las dos se movía. Ninguna de las dos hacía nada. Ninguna de las dos respiraba. Cuando lo noté, fui yo quien estuvo al borde del desmayo, la empatía me jugó la mala broma de mostrarme a mí mismo en los zapatos de aquél desdichado, imaginándome con el alma rota contemplando el cadáver de Ryoko.
Pasó sus manos gigantescas con delicadeza por los rostros fríos de sus gemelas, la respiración comenzó a fallarle y graves lamentos escaparon de su pecho. Estaba hecho. Habían destruido al hombre.
—¡Alto!— Gritó Haruhi alcanzándolo un instante antes de que él pusiera el cañón del arma contra su sien. —¡No es la solución!
—¿SOLUCIÓN? ¡NO SEAS ESTÚPIDA! ¿QUÉ TIPO DE SOLUCIÓN PODRÍA TENER ESTO?— Le contestó completamente fuera de sí mientras luchaba por recuperar su arma.
—Allá afuera está el responsable… sé que no puedes hacer que ellas vuelvan, pero hoy podemos evitar que alguien más muera por su causa… nosotros te acompañaremos.
Yo asentí en apoyo, y los demás de inmediato aceptaron la campaña. Esto va más allá de cualquier cosa… Buenaventura pudo ser muchas cosas a lo largo de su vida, pero esto simplemente no tiene ninguna lógica ni razón de ser… ninguno, y me refiero a absolutamente ninguno… ningún hijo debería pagar por los errores de sus padres.
Le tomó un par de minutos reponerse por completo, o al menos pensar con algo más de claridad, porque difícilmente alguien podría reponerse de lo que a él le está pasando, de sentirse como Dédalo, viendo las alas de Ícaro flotando sobre la mar. Haruhi le devolvió el arma y con paso firme, pero lento regresó al nivel superior, donde husmeó unos minutos para volver con un morral de cuero de contenido desconocido.
—Nanael no ha obtenido aún lo que vino a buscar, de otra forma, ya no estaría aquí.
—¿Y qué es lo que está buscando?— Preguntó mi esposa dando un chequeo rápido a su arma de cargo.
—A ti, por supuesto. De alguna forma sabía que vendrías, yo les advertí que debía venir solo. Acabar con él va a ser imposible, pero si lo lastimamos lo suficiente al menos ustedes podrían escapar, y cuando lo hagan, deberán irse del país de una vez por todas.
—Ya habíamos hablado de eso y no vamos a…
—¿No ha sido suficiente ya…?— Dijo el hombre cerdo sin perder los estribos esta vez. —¿No han muerto ya las suficientes personas para que de una buena vez te des cuenta de que no puedes ganar aquí? ¿Cuántos más sacrificios debes ver?— No le dio oportunidad a Haruhi de responder, en lugar de eso, fue nuevamente escaleras arriba, dándonos nuevas instrucciones: —Vayan afuera y confróntenlo. Le gusta jugar con sus presas antes de matarlas, eso me dará tiempo suficiente para crear una buena distracción.
Obedeceríamos sin lugar a dudas, y con ese conocimiento siguió su marcha sin confirmar las órdenes, y justo antes de que se perdiera en el piso superior, Haruhi trató de persuadirlo una vez más:
—Lo lamento… lamento de verdad todo lo que tuviste que perder… pero aún estás a tiempo, aún puedes hacer que valga la pena, aún puedes redimirte.
Se volvió una vez más hacia nosotros, y se retiró las gafas, pareciendo más humano que nunca.
—La redención nunca fue una opción.
Afuera, el ángel nos esperaba ya. Al menos eso fue lo que supusimos Asahina y yo, al ser los únicos incapaces de verlo. Haruhi iba al frente del grupo y miraba un punto indeterminado a unos metros del suelo, sobre la avenida, donde seguramente el ángel flotaba cerrándonos el paso de regreso.
—¿Crees poder cubrirnos, Yuki?
—Sí, aunque no tanto como yo quisiera… cosa de un par de minutos y a riesgo de quedar inconsciente.
—Con eso será suficiente. Koizumi, protege a Mikuru y a Kyon.
Caminó decidida dejándonos atrás y no desenfundó su arma. Koizumi tocó mi hombro abriendo un poco el panorama ante mí. La ropa casual de Nanael había desaparecido, de nueva cuenta vestía la brillante armadura de color indefinido y miraba sonriente como Haruhi se acercaba a él, aparentemente muy interesado en un mano a mano con ella. A una distancia razonable el uno del otro, comenzaron la danza, caminando uno alrededor del otro, examinándose. Si Haruhi había aprehendido debidamente las palabras del Protector, sin lugar a dudas podría darle una buena pelea a aquel arrogante y despiadado esbirro de Miguel, aunque aún rondan en mi cabeza las palabras de Buenaventura: matarlo sería imposible… pero ¿por qué? La respuesta llegaría pronto.
El potente equipo de sonido de la casa de Buenaventura casi hizo que el corazón se me saliera del pecho, una grabación más o menos vieja comenzó a sonar al mismo tiempo que Haruhi y Nanael intercambiaron la primera tanda de golpes, reconozco al cantante, es Elvis Presley… una de sus mejores canciones:
If time were not a moving thing, and I could make it stay, this hour of love we share would always be,
There'd be no coming day, to shine a morning light, and make us realize our night is over.
Si el tiempo no se moviera, y pudiera detenerlo, estas horas de amor que compartimos podrían ser eternas
No habría un mañana anunciado por un brillante amanecer, que nos hiciera darnos cuenta que nuestra noche terminó.
Nanael no era precisamente un peleador privilegiado, si fuera humano, Haruhi le habría partido la cara desde la primera embestida, sin embargo, su resistencia angélica natural y su armadura le permitían recibir los golpes sin preocuparse demasiado por los daños. Haruhi incluso hizo una mueca de dolor al sepultar su puño a la altura del riñón de su contrincante, en la aparentemente suave cota de malla que cubría dicha parte de su cuerpo. Él sonrió abiertamente y aprovechando el estupor de mi esposa intentó abofetearla con el dorso de la mano, aunque Haruhi fue mucho más rápida y evitó el golpe, haciendo trastabillar a su oponente, haciendo que quedara en una posición ridícula. Enfurecido ante ese hecho se lanzó tras ella, pretendiendo atinar aunque fuera una vez.
When you walk away from me, there is no place to put my hand, except to shade my eyes against the sun
That rises over the land, I watch you walk away, somehow I have to let you go, cause it's over
Cuando te vas, no hay otro lugar donde poner mis manos más que haciendo sombra a mis ojos contra el sol
Que se levanta en el horizonte, te veo marcharte, y de algún modo debo dejarte ir, porque se terminó.
Ante el fracaso, frustrado y acostumbrado a ganar, comenzó a jugar sucio. Levantó sus manos haciendo que una corriente de aire levantara los autos aparcados, lanzándolos contra nosotros tratando de distraer a Haruhi, Nagato parecía estar haciendo un gran esfuerzo al repelerlos.
—Déjame ayudarte—. Dijo Koizumi, a punto de emprender el vuelo.
—No, debes reservar todas tus energías, podríamos necesitarlas para escapar—. Contestó ella, y era muy cierto. Además de que si se va, no podré seguir viendo el encuentro, digno de un pay per view.
If you knew just how I really feel, you might return and yet, there are so many times that people have to love and then forget
Oh there might have been a way somehow, I have to force myself to say "it's over"
Si supieras como me siento en realidad, probablemente regresarías, hay tantas veces en que la gente debe amar y olvidar
Debe de haber algún modo, debo forzarme a mí mismo a decir: "se terminó".
Un objeto diminuto y metálico voló desde algún lugar arriba, golpeando ligeramente el yelmo de Nanael, lo suficiente para llamar su atención y la de todos. Pensé por un momento que sería metralla o escombros de los últimos destrozos provocados por el ángel, pero no era así. Todos nos giramos arriba, sobre una de las construcciones, desde donde el objeto había sido lanzado.
—¿Te acuerdas de mí, imbécil?— Exclamó Buenaventura desde la altura, como un extra llevaba encima un chaleco de periodista.
—Pensé que ya te habrías suicidado para este momento.
—En un momento, hay algo más importante que hacer.
So I turn my back, turn my collar to the wind, move along in silence, trying not to think at all
I set my feet before me; walk the silent street before me, now it's over
Así que me doy la vuelta, girando mi cuello al viento, moviéndome en silencio, tratando de no pensar en absoluto
Veo mis pies delante de mí, caminando en la silenciosa calle ante mí, ahora que se terminó.
Viendo que Nanael concentró su atención en el ex policía Haruhi nos hizo un guiño para que nos preparáramos a correr. Se lanzó como una bestia hacia el ángel, y aprovechando el espacio abierto en su defensa y el conocimiento dejado por Nagato en el pasado, concentró un solo golpe en su rostro, único punto vulnerable a causa de la armadura, logrando aturdirlo lo suficiente para emprender nuestra huida. Y mientras Haruhi corría hacia nosotros y tomaba mi mano para arrastrarme dada su mayor velocidad, pude ver de reojo a Buenaventura, saltando los cerca de diez metros que lo separaban del suelo, cayendo directamente sobre el ángel.
If time were not a moving thing, And I could make it stay, This hour of love we share, Would always be
There'd be no coming day, To shine a morning light, And make us realize our night is over.
Si el tiempo no se moviera, y pudiera detenerlo, estas horas de amor que compartimos, pudieran ser eternas
No habría un mañana, anunciado por un brillante amanecer, que nos haga darnos cuenta que nuestra noche terminó.
Escuché a Nanael rabiar de impotencia, y un segundo después un grueso árbol arrancado de raíz pasó volando sobre nuestras cabezas, casi aplastándonos en el proceso y bloqueando la salida de la calle, si bien el obstáculo no nos detendría, si nos retrasaría unos segundos. Mientras escalábamos sobre las ramas y los autos arrastrados miré a los contendientes pelear, el gordo tenía a Nanael con el rostro en el suelo y le aplicaba algo parecido a una llave de inmovilización a las alas. Justo cuando pensaba que el cuadro era cómico, el ángel hizo un rápido giro, desenvainando la espada que llevaba en el cinturón e hiriendo con ella el abdomen de Buenaventura.
—¡D-debemos volver!— Grité viendo al hombre caer de espaldas, gravemente herido, quizás de muerte.
Pero antes de poder reiterar mis palabras, el ángel se puso de pie y sepultó su estoque una vez más en el abdomen de nuestra distracción. Inmediatamente después, se volvió hacia nosotros, furioso… y seguramente vendría a buscarnos.
No había terminado de dar el primer paso cuando Buenaventura, al que momentos atrás creí muerto, saltó sobre él, abrazándose de la espalda del sádico ser divino, haciéndolo caer de bruces.
—¡Muere de una maldita vez y ve al infierno, insignificante desperdicio de materia orgánica!— Exclamó exasperado al no poderse librar del peso del gigantesco hombre.
It's over…!
¡Se terminó…!
—Te estaré esperando allá…— Respondió él dificultosamente.
Extrajo de su ropa mi cuchillo de supervivencia, había olvidado que él lo tenía, y reuniendo todas las fuerzas que seguramente le quedaban atravesó la armadura, el brazo del ángel y el asfalto. Nos miró por última vez, indicándonos sin palabras que nos diéramos prisa.
—Debemos correr—. Indicó Nagato, haciendo que apretáramos el paso.
Superamos el obstáculo y comenzamos a correr tan rápido como nuestras piernas nos lo permitían.
—¿Qué está pasando, Nagato?— Pregunté, tratando de entender la escena.
—El chaleco del señor Buenaventura carga alrededor de quince kilogramos de Semtex, además de que hay una fuga masiva de gas propano en su casa, seguramente preparada por él. La explosión, potenciada por el gas, la temperatura y el combustible de los vehículos y de las otras casas tendría la suficiente potencia para generar una primera explosión que consumiría todo el combustible, tanto el líquido como el que ahora mismo está en el aire, capaz de carbonizar la piel humana en una exposición de cero punto cincuenta y dos segundos.
Hubo un sonido que yo relacioné con un trueno, y sólo décimas de segundo después una explosión ensordecedora que cimbró el suelo bajo nuestros pies e hizo saltar los autos un par de centímetros, y la siguieron algunos otros estallidos más pequeños. Habíamos logrado quedar fuera de la flama inicial, que sin lugar a dudas nos habría matado, pero una fuerte onda expansiva nos derribó a los cinco, reparé entonces en el aire donde varias toneladas de escombros incendiados comenzaban a descender, la explosión había sido tan potente que incluso pudo lanzar un jeep por los aires, vehículo que caía en llamas directamente hacia nosotros. Por fortuna, en la Brigada tenemos un ser que viene de las alturas del cielo, es atento y amable, y está siempre previniéndonos para evitar que cosas malas nos pasen… vaya, la descripción de Nagato concuerda perfectamente con la de un ángel guardián… debieron traspapelar su solicitud al inicio de todo.
Reincorporándose de un salto, la alienígena se interpuso entre el auto volador y nosotros, haciendo su rapidísimo mantra que congeló la caída al instante y un momento después haciéndolo caer a una distancia segura de nosotros. Terminado el trabajo, se miró las manos, confundida.
—¿Estás bien?— Preguntó solícito Koizumi.
—Eh… sí… muy bien, de hecho… por un momento recobré mi capacidad de edición de datos casi totalmente… aunque se han ido de vuelta.
Reemprendimos la marcha a toda prisa hasta que vimos el retén militar al pie del coyote mientras los soldados nos miraban con curiosidad. Solicitamos las llaves del auto de Robles y sin haber terminado de decir "gracias" nos habíamos montado en él y yo conducía lo más rápido posible, entre calles cada vez más transitadas.
Algunos kilómetros más adelante, habiendo recuperado todos el aliento, un silencio incómodo nos mantenía expectantes, fue Asahina quien lo rompió con la pregunta que a todos nos estaba torturando:
—Eh… Nagato… ¿E-el señor Buenaventura…?
Nagato no respondió con palabras, se limitó a negar con la cabeza, todos entendimos de inmediato lo que eso significaba.
—Al menos espero que…— Intenté decir, Nagato me interrumpió:
—Fue tan rápido que las terminales nerviosas de su cuerpo se desintegraron antes de poder mandar el estímulo de dolor a su cerebro y…— Se detuvo abruptamente tras darse cuenta que estaba siendo muy poco sensible con sus tecnicismos. Recapituló y cerró diciendo: —No sufrió.
Entiendo lo que dice, pero no estoy de acuerdo. Creo que ya bastante había sufrido antes del estallido, y esa muerte rápida y heroica sólo había sido el alivio que necesitaba al final.
—¡Es él!— Gritó Haruhi repentinamente apuntando al cielo, aunque como era de esperarse, no fui capaz de ver lo que ella señalaba.
—¿Quién?
—Nanael… se ve malherido…— reflexionó unos segundos y luego su rostro de vació de color, como su hubiera tenido una epifanía, o más bien una condena. —¡Acelera!— Me ordena exaltada y yo la obedezco.
Pasó menos de un segundo para que cayera en cuenta de la razón de su intranquilidad. Según la trayectoria que los ojos de Haruhi siguieron, pasó volando sobre nosotros y en dirección al austral: a la casa de Robles, a donde estaba Ryoko.
¿Se supone que eso es un ángel? ¡Por todo lo bueno y decente que hay en el mundo, es un psicópata! ¡Ese engendro mata niños sin ningún tipo de contemplación! Sin embargo, mi intuición me dice que no debo dejarme llevar por lo que pienso sólo de él, después de todo, el sólo es un soldado más… si Nanael muestra una conducta tan aberrante y antinatural ante la vida, tiemblo de pensar que habrá en la mente de Miguel… ¿Qué fin podría ser tan legítimo como para justificar toda esta barbarie?
Decidí dejar esas reflexiones para después, cuando de verdad fuera necesario, porque en ese momento sólo podía y debía preocuparme por el bienestar de Ryoko, aunque tengo la confianza de que no podría estar en mejor cuidado que con El Protector, Leonel y Marina, eso sin contar a Robles, Gen e incluso a Esperanza. Quizás en algún momento de la vida han experimentado esa sensación de que las cosas están mal, pero de alguna forma difícil de explicar sienten que no es tan terrible, que pueden darse el lujo de estar sosegados aún ante un panorama oscuro y hostil. En el momento en que atravesaba a toda velocidad el laberinto de calles hacia la casa de nuestro anfitrión tenía esa sensación, así que me concentré más en conducir sin atropellar a algún inocente o estrellarme que en pensar en si Ryoko estaría bien o no. Creo que en mi tiempo en este país y en compañía tan curiosa como la que he tenido he aprendido a confiar más en mis instintos y me agrada el camino por el que me llevan. El único nombre que se me ocurre para dicha condición ahora mismo es "comunión", pues al parecer no soy el único en estarlo experimentando, y aún a reserva de que Nanael es algo más que peligroso, tanto la brigada como yo estamos tranquilos, lo que sin lugar a dudas nos hará más fácil concentrarnos y enfrentarlo.
No parecía haber signos de pelea en casa de Robles, sin embargo, algo estaba fuera de lugar. Fue hasta que estuvimos a un tiro de piedra de la propiedad que vimos lo que de verdad pasaba. La puerta principal había sido derribada y un encapuchado con un rifle de asalto la custodiaba. Lanzando una advertencia rápida pedí a mis acompañantes que se sujetaran y aceleré, intentando arrollar al tipo, pero fue más rápido que yo y saltó a un lado antes de que el auto se impactara contra el muro. Saltamos los cinco del vehículo y desenvainé el daito mientras corría al encuentro del custodio. Disparó algunas veces, pero mi espada me permitió desviar algunos tiros. La eterna ventaja que tengo contra oponentes que no me conocen es la sorpresa. Ninguno espera que corra hacia una ráfaga de balas sólo auxiliado con una espada, y el hombre que tenía enfrente no era la excepción. A un par de metros de chocar con él y aprovechando una jardinera de concreto a su lado, salté sobre su cabeza haciéndome un ovillo y dando un giro de trescientos sesenta grados, pero dejando la hoja de la espada hacia afuera, la cual hizo un corte preciso en la espalda del criminal antes de que yo aterrizara acuclillado tras él, inutilizando por algunos meses los nervios de su columna. Sin poder explicarse la repentina falta de control sobre sus piernas se fue de bruces, momento que aproveché para regresar a él y desarmarlo.
Haruhi ya hacía lo propio repartiendo disparos por la propiedad, mientras que Koizumi entraba por el techo de un salto, Nagato protegía a Haruhi con un cada vez más pequeño escudo de energía y Asahina noqueaba a cuanto maleante se le pusiera en el camino.
Un cazador salió a nuestro encuentro desde dentro de la casa, apuntando a mi esposa con su rifle de repetición, objetos que cada vez detesto más, pero antes de que siquiera pudiera jalar del gatillo, una sombra lo atravesó (literalmente) de lado a lado. Confundido se miró al abdomen mientras nosotros veíamos sorprendidos al maestro Gen, ligeramente agazapado frente a nosotros, como si simplemente se hubiera materializado ahí, pero en realidad él era la sombra que pasó a través del maleante. Un par de segundos después escuchamos claramente el sonido de al menos una docena de golpes en el torso del encapuchado, que cayó inconsciente al instante.
—Asombroso…— Musitó Haruhi Luego de ver tal técnica en tan perfecta ejecución.
—No tanto—. Dijo el viejo cruzando los brazos debajo de las largas mangas de su shenyi. —Si la velocidad de impacto supera sólo por un poco la velocidad del sonido, logras efectos espectaculares con poco esfuerzo. Debiste verme hacerlo en mis mejores años.
Golpes de efecto retardado… impresionante.
—¿Dónde está Ryoko?— Pregunté luego de revisar las habitaciones de arriba, igual de revueltas.
—En otra casa, Esperanza y El Protector la llevaron a visitar a otros niños para jugar, no estaban aquí cuando todo pasó, volverán en cualquier momento.
—¿Cómo es que ningún vecino se dio cuenta y no vinieron a ayudar?— Lanzó Haruhi.
—Porque no llegaron por la calle, literalmente aparecieron a las puertas de la casa y la echaron abajo casi sin hacer ruido, Gervasio y yo nos dimos cuenta, pero ya habían comenzado a hacer destrozos.
—Supongo que no contaba con que Leonel y yo estábamos aquí—. Dijo con suavidad Marina.
—Además, no venían solos, alguien los trajo—. Intervino Leonel, había un par de cicatrices nuevas en su rostro—. ¿Dónde está Buenaventura?— No respondimos, y aunque el cazador parecía lamentar la baja, no lucía sorprendido. —Ya bastante había hecho con deshacerse de Zofiel, lo que hiciera después de eso era ganancia… ¿y sus hijas…?
Ante esa pregunta nos embargo un abatimiento que era imposible de esconder. Ese miserable ángel homicida había extinguido a una familia entera sin dudarlo, y de no haber sido por la suerte de que Ryoko no estuviera en casa, quizás estaríamos enfrentando algo igual de horrible.
Se escuchó una exclamación afuera en la entrada principal. Esperanza, con Ryoko de la mano (y seguramente custodiada por un Protector invisible para mí) atravesaban la puerta derribada y llegaron hasta nosotros.
—Creo que no debo ahondar en lo que es evidente, ¿verdad?— Dijo Robles, mirando con desazón los destrozos en su casa. —Este ya no es un lugar seguro. Deben irse cuanto antes, quizás todos deberíamos…
—Pagaremos hasta el último centavo por los daños a tu casa…— Trató de disculparse Haruhi, el policía la detuvo con un gesto.
—Eso no es importante, Haruhi, lo que me pone nervioso es la seguridad de toda la gente que vive aquí—. Comenzó a caminar hacia la calle. —Mientras estemos aquí, todas estas personas estarán en peligro, creo que si nos vamos, los dejarán en paz. Debemos ir con Gonzaga y ver la forma de salir del país.
El universo nos lo gritaba: Buenaventura, Robles, mi propio sentido común. Era hora de retirarnos. Nadie más debería morir por nosotros. Y si ese conocimiento es real y absoluto, ¿por qué siento que está terriblemente equivocado?
—¿Por qué sigues negando lo que es evidente?— Esa frase resonó en una voz que nunca había escuchado, y lo más aterrador es que sonó directamente dentro de mi cabeza. Incluso los que no contamos con ninguna habilidad especial la escuchamos, tomé a Ryoko en brazos y los doce instintivamente nos hicimos un corrillo a mitad de la calle. —Ya has hecho bastantes favores a esta raza… debes dejar de negar lo que eres y cooperar con algo más grande… tú siempre has deseado cambiar al mundo, yo sé cómo hacerlo, sólo debes venir conmigo.
—¿Quién eres?— Gritó mi esposa al cielo.
¿Recuerdan que hablé del clima de ese día? Seguía tan claro como antes de los trágicos eventos que rodearon a la familia Buenaventura… un sol luminoso y un cielo casi sin nubes… hasta que Él apareció.
El sol se opacó en un instante ante una imagen gloriosa digna del relato bíblico mismo. La luz blanquísima se abrió desde el cenit haciendo desaparecer todo ruido de las inmediaciones del lugar… si me hubieran dicho que estábamos solos en el mundo en ese momento, lo hubiera creído.
Majestuoso y aterrador a la vez, bajando del cielo lentamente, metido dentro de una armadura que parecía hecha con piel misma de dragón y otras bestias, yelmo y botas aladas, lanzando desde detrás de su cabeza un fulgor casi imposible de ver, seis alas nacían de su espalda y cada una de ellas estaba cubierta de ojos…
Así qué ahí estaba la llave maestra, el titiritero detrás de todo, a quién debíamos en algún momento llevar ante la justicia.
Señoras y señores: con ustedes, el mismísimo Arcángel Miguel.
Capítulo 12.
Fin.
Diclaimer: La canción "It's Over", interpretada por Elvis Presley el 14 de enero de 1973, como parte del concierto "Aloha From Hawaii via satelitte" (disponible en Youtube).
