Antes que Nada.
In Memoriam: Irene Reyes *20/10/1956 - †01/04/2012.
Porque sólo perece aquéllo que hemos olvidado.
Gracias por todo, madre.
Capítulo 14.
Templada, agradable, muy refrescante de hecho dada la temperatura del ambiente, bajo un cielo en brillante azul y montañas de verdor como no había visto muevo mis pies a través del agua cristalina del vado. Reconozco este lugar, es la selva de los Chimalapas, donde hace unas semanas estuvimos.
—¿Qué tal el agua?— Pregunta una acompañante que camina a mi mismo paso, pero en la orilla.
—Eh… bien, supongo… ¿Dónde estoy?
—En un lugar feliz y especial para ti por lo que veo. No podía perderme la oportunidad de verlo con mis propios ojos.
—Sí… un disparo en el cuello… ¿Acaso estoy…?
—No, no estás muerto. Al menos eso creo—. Dijo tranquila y juguetona Asakura sin dejar de andar.
—Entonces nuevamente es el sueño. ¿Vienes a darme una nueva advertencia?
—No en realidad. Todas las precauciones que debías tomar fueron tomadas, este es uno de los resultados, sin embargo, aún no es el definitivo, aún hay esperanza.
—¿Y cómo de qué porcentaje estamos hablando?
—Según el tamaño de tu convicción y la de Suzumiya. ¿Amas a tu familia?
—Es por lo que vivo.
—Entonces tus posibilidades son alentadoras.
—Ellos se llevaron a Ryoko, ¿Tienes alguna idea de a dónde podría estar?
—Por desgracia, no—. Siguió caminando unos pasos. —Pero te puedo dar buenas noticias: él no le hará daño, como bien sabes, la necesita viva y sana, pero debes darte prisa.
—¿Cuánto tiempo ha pasado ya?
—No lo sé, el tiempo es un término sumamente impreciso dentro de la cabeza de cada persona, sin embargo tengo la certeza de que aún tenemos oportunidad—. Finalmente me mira conciliadora y tranquilizante, sonriendo con discreción. —No sabría como pedirte que hicieras nada más, todos han mostrado más coraje y entereza de la que pude haber esperado… así que sólo puedo decirte que estamos muy cerca del final, y que Ryoko-Chin es la esperanza misma para toda tu especie y todas las criaturas que la rodean. Sé que no debo hacer esta petición, pero aún así te la diré: salva a Ryoko… si sienten que se quedan sin fuerzas, que el aliento los abandona, no duden ni por un instante en recibir el corazón que aquellos que los quieren les ofrecerán.
—¿Eso qué significa? Sería grandioso si dejaras de hablar con metáforas.
—Esta no es una metáfora. Es hora de que vuelvas, da este mensaje a Suzumiya por mí. Dejo todo en tus manos.
—¡Está reaccionando!— Escuché en una discreta exclamación, aunque no podría decir a ciencia cierta de quién.
De inmediato escuché las pisadas de varias personas acercándose a mí. Involuntariamente dejé salir un sonido y finalmente pude abrir mis ojos doloridos por el ataque de la luz. Frente a mí estaba un techo de paja por el cual se colaban rayos de luz que iluminaban las diminutas partículas flotantes del aire.
—Bienvenido de vuelta—. Dijo un hombre a mi derecha, aunque no me giré hacia él de inmediato. Me volví al lado opuesto, desde donde la mano de mi esposa acariciaba mi cabello con ternura.
—Miserable holgazán. Pasaste casi una semana dormido.
—H-Haruhi… estás bien…— Es una memoria aterradora, pero recuerdo a Cooper disparando directamente en su pecho con la pistola de emergencia de ella, y ella no parece ni siquiera lastimada…
—Es todo un milagro, ¿no?— Dijo el hombre que me había dado la bienvenida y por fin me volví a verlo.
De acuerdo, ya estaba asustado: el hombre no era otro que Robles, sonriente y en perfecto estado de salud. Ante mi estupefacción, Haruhi salió un momento de mi campo de visión y volvió con algo de agua. Apenas la bebí, me senté en el camastro notando con sorpresa que no estaba tan cansado o débil como hubiera esperado. Hubo una última peculiaridad que terminó de hacer incomprensible la escena. La Brigada SOS estaba ahí, junto con nuestros colaboradores más cercanos: Leonel, Marina, el maestro Gen. Todos ellos pudieron estar dentro de lo supuesto y creíble. Confundido revisé que Haruhi no estuviera tocándome y había pasado ya el tiempo suficiente para que fuera una reminiscencia de su poder.
—Puedo verte…— dije para tratar de salir de dudas.
—Así parece ser—. Respondió El Protector con su usual seriedad.
—Bien, no estoy herido, Haruhi tampoco, puedo ver al Protector; y no es que no me alegre verlo capitán Robles, pero lo creía muerto, así que a menos que me den una INCREÍBLEMENTE CREÍBLE explicación, pensaré que de verdad morí junto con todos ustedes.
—Bien, una pregunta a la vez, y he aquí las respuestas—. Comenzó Robles, que lucía particularmente feliz de poder despejar mis dudas: —No, Kyon, no estás muerto, aunque te faltó muy poco, recibiste un disparo a quemarropa en el cuello, pasó rozando tu yugular, y aunque no la perforó, si que perdiste sangre—. A sus palabras me llevé una mano al cuello para palpar una diminuta cicatriz circular a unos milímetros de mi manzana de Adán. —Si embargo, pasaste varios días inconscientes. Tu segunda y tercera preguntas tienen una misma respuesta: muéstrale Haruhi.
La miré y ella se volvió hacia el antiguo y descuidado buró a un lado de mi camastro. El reproductor multimedia de Haruhi estaba ahí… guardado a la altura de su pecho la tarde que todo pasó. El cristal templado estaba hecho astillas y se podían ver a través de él los componentes internos del aparato, la ojiva aplastada aún se comprimía contra el fondo de acero inoxidable del aparato, que detuvo su trayectoria. La bala nunca tocó siquiera la piel de Haruhi.
—Un calibre tan pequeño no puede siquiera atravesar un hueso—. Comenzó a explicarme mi esposa. —Sin embargo, la sorpresa y la distancia me hicieron trastabillar y caí golpeándome la nuca. Quedé inconsciente por unos segundos, cuando desperté, te desangrabas a mi lado y Cooper había escapado. ¿Sigue sin gustarte mi reproductor o me comprarás un nuevo iPod?
—¿Comprarte uno nuevo? ¡Compraremos acciones en Apple!
Entonces aquella convicción de Haruhi de no matar a nadie en su línea de trabajo le había pagado con creces en karma… si su revólver hubiera sido de un calibre apenas mayor, el aparato no habría detenido la bala y seguramente hubiera terminado alojada en su corazón. Parece que ser un buen policía al final si tiene sus beneficios.
—Y es esa misma razón la que hace que puedas verme—. Intervino El Protector caminando hacia mí.
¿Recuerdan que en alguna ocasión mencioné que Haruhi y yo tenemos distinto tipo de sangre? Ella es tipo O y yo AB, o lo que en términos simples sería que si yo me desangro, ella puede rellenarme como a un encendedor. Me explicaron que no habría sobrevivido sin el litro y medio de sangre que recibí de ella y que no sólo me tenía de vuelta a la vida, sino que me había dado por el tiempo que tardara en asimilarse en mi cuerpo una de sus facultades en específico. Dicho eso, El Protector me tendió la mano y nos dimos un fuerte apretón… puedo verlo, puedo tocarlo y si me hiciera el propósito, podría lastimarlo… por tiempo limitado y prácticamente por accidente, era un cazador de ángeles.
—Eso es fascinante, sin lugar a dudas, pero falta mi última pregunta... ¿Cómo volvió, capitán Robles?
El capitán sonrió y se volvió hacia la viajera del tiempo, fue ella quien relató:
—Esa espantosa noche mis superiores me mandaron las coordenadas donde Nanael había llevado a Gervasio, y se me dio la orden de ir por él, sin embargo, no se me dio la orden directa de… bueno, matarlo… se me ordenó que lo llevara a otra ubicación y así lo hice.
—¿Y a dónde lo llevaste?
—Al Golfo de México, casi en el límite con la mar Caribe.
—Ahí, simplemente me dejó caer a la mar, con todo y la silla a la que estaba esposado—. Continuó Robles. —Por un momento de verdad pensé que moriría, me hundí algunos metros antes de que llegaran por mí.
—¿Quién llegaría por ti a la mitad del océano?— Pregunté.
—Me llevaron a otro lugar—. Siguió él ignorando mi pregunta. —No supe cuanto tiempo pasó, pero estoy seguro que fueron varias semanas, luego de recuperarme por completo me explicaron cómo es que había llegado ahí, qué es lo que había pasado conmigo y… bueno, me ofrecieron un empleo…
—¿Qué clase de empleo…?— Eso sonaba sumamente sospechoso… para bien, pero igualmente sospechoso.
El viejo mentor de Haruhi sonrió haciendo destellar sus dientes de oro, para responder:
—Información clasificada. Sólo les puedo decir que tengo por colega a una chica en la que tengo puesto el ojo desde hace algún tiempo.
Ante el arrobo de Asahina y de sentir como una inmensa carga se liberaba de mis hombros, me sentí con fuerzas para levantarme. Nuevamente estábamos en medio de la selva, en la vieja cabaña de Leonel, me fue aclarado que era ya veinte de diciembre y que estábamos apenas sobre tiempo para ir a buscar a Ryoko y traerla de vuelta.
Salí del jacal y me quedé por algún tiempo serenándome con los cantos de las aves y las nubes que pasaban con prisa por el cielo.
—Es el día, ¿cierto? Todo se definirá hoy…— Pregunto a un hipotético interlocutor. Un sexto sentido que no tenía hasta ese día me indica su presencia.
—Sí. Es el gran día—. Responde El Protector mirando los campos infinitos a mi lado.
—¿Vendrás con nosotros?
—La duda ofende. Por supuesto que lo haré. Como te había dicho, perdí mi propósito de existir al no cuidar a nadie, pero Ryoko sólo tuvo que convivir conmigo un poco para regresarme las ganas de vivir y de servir a una causa legítima. Voy a ofrendar mi vida gustosamente en la campaña de traerla de vuelta, además, tengo algunos asuntos que discutir con Miguel—. Se detuvo por un momento y su voz se hizo un tanto más sombría. —Seré franco: Miguel es demasiado poderoso, los ángeles que le son leales son guerreros expertos que han sometido en más de una ocasión a los ejércitos del infierno mismo, y se ha encargado de reclutar y entrenar a cada cazador de ángeles que ha podido convencer. Nuestra desventaja contra él es abismal y nuestras posibilidades de volver victoriosos son mínimas.
Por un impulso incomprensible aún para mí, puse mi mano sobre el hombro del rudo ángel redimido y sonreí con una repentina y gratificante confianza:
—Una campaña suicida, contra un enemigo invencible, siendo superados en número y recursos, y siendo además una carrera contra reloj… eso, Protector, es lo que la Brigada SOS define como "aventura". Si te interesan ese tipo de emociones, tal vez debas llenar una cédula de suscripción a nuestro club.
—Eso lo discutiremos con calma después de volver—. Intervino Haruhi desde la puerta de corteza. —Vengan adentro, debemos planear la estrategia, además, tenemos un invitado.
Una vez todos reunidos de vuelta pudimos ver de quien nos hablaba Haruhi. El general Gonzaga sonreía con asombro, seguramente habiendo viajado desde la ciudad de México vía TPDD, nos miraba curioso, aunque sumido en un cauteloso silencio.
—Bien, ya que estamos todos reunidos, esto será lo que haremos…—Comenzó Haruhi: —Según la información proporcionada por los agentes Asahina y Robles, la fase final de la operación de Miguel comenzará en unas dos horas en la ciudad de México, sin embargo, es una gran ciudad, no sabría donde comenzar a buscarlo.
—No será necesario hacer una búsqueda tan profunda—. Intervino El Protector. —Miguel es un apasionado de los símbolos, ha sido su manera de interactuar con los humanos y otras formas de vida desde siempre. Seguramente buscará un lugar alto para hacer el sacrificio… de serle posible, buscará el sitio más alto de la ciudad, y será mayor el significado si aparte es un lugar creado por el hombre.
Bueno, eso disipa una duda: el lugar creado por el hombre más alto de esa ciudad.
—La Torre Mayor—. Dijo Haruhi recordando dicho edificio, de más de doscientos metros de alto. —¿Estás absolutamente seguro?
—Pongo mi membrecía en tu club como garantía.
Noté que todos prestaban atención al Protector, incluso Gonzaga, en cuyos hombros descansaban las manos de Marina. Haruhi continúo.
—Seguramente el lugar estará custodiado cuando lleguemos, así que tengo algo planeado para que sirva a un doble propósito, es aquí donde es tan importante su participación, general—. El viejo militar hizo su gesto más solemne y escuchó a mi esposa con atención. —Reúna a todas las fuerzas que pueda, ejército y policía, convoque a la población civil y exhórtelos a pelear. Sáquelos de sus casas y trabajos, hágales ver que sólo ellos pueden defender sus hogares y su forma de vida. No irá sólo, Marina lo acompañará y ayudará a convencerlos. Sé que será complicado, pero no dudo ni por un momento que lo lograrán. ¿Cuento con usted, general?
—Claro—. Respondió él, resuelto, perdiendo esa apariencia de anciano frágil y lanzando por los ojos un fulgor comparable al de Haruhi, listo para volver a la acción. —Comprendo que no tengo más que unas horas para hacerlo, así que si el resto de sus planes no me involucran, desearía volver a la ciudad y comenzar a trabajar de inmediato.
—Entendido, general.
Dicho eso, Robles tomó el hombro de él y la mano de Marina, desapareciendo los tres y sólo un parpadeo después el ex agente de Interpol se materializó de vuelta.
—En cuanto a nosotros, entraremos al edificio apenas las revueltas comiencen y lo tomaremos, no sabemos que encontraremos ahí, así que deberán tener los ojos bien abiertos.
—Alertas como si se hubieran "echado un mañanero" antes de salir de casa—. Dijo Robles haciendo reír a la concurrencia, luego Haruhi continuó.
—Sé que nuestro enemigo es más grande que en ocasiones anteriores, y también que nuestros recursos y habilidades están reducidas, pero no sólo creo que podemos darle una buena pelea, tengo la certeza de que los venceremos… pensamos en un principio que este sería sólo un usual conflicto de drogas y mafias, pero ya descubrimos que es algo mucho más grande, y que toda la humanidad depende una vez más de nosotros, y no sólo eso: la vida de alguien a quien amamos está por ser sacrificada, y eso es algo que no podemos permitir. Aún si alguno cree que estamos atentando contra lo sagrado, sepan que no es así, fueron ellos quienes malbarataron su santidad, condenando su divinidad, y que nosotros podemos corregir eso—. Se detuvo un instante, reflexiva. —Una vez más, no tengo palabras para agradecer lo que hacen por nosotros, y sólo espero poder recompensarlos a todos una vez que esto termine. ¡Es hora de partir, chicos!
—¡No tan rápido!— Exclamó Leonel. —Supe que ese gringo sinvergüenza te robó un revolver, así que tengo algo que quizás pueda ayudarte—. El cazador sacó de uno de los cuartos una escopeta nueva igual a la que él mismo cargaba todo el tiempo, una Mossberg 590. La alcanzó a Haruhi junto con un cinturón de municiones. —Quizás la "chaquetera" no sea tan sutil como tu otra arma, pero sin lugar a dudas es muy efectiva—. Ella dio el visto bueno a su nueva adquisición mientras el cazador continuaba: —Ahora bien, la principal tarea que tenemos es rescatar a Ryoko, por fortuna tú tienes las habilidades de una cazadora, y por un venturoso giro del destino, Kyon también—, trata de definir "venturoso" cuando recibes un disparo casi letal en el cuello… —quizás ustedes no lo sepan, pero existen algunas formas de potenciar el poder natural de un cazador, los antiguos brujos solían utilizar accesorios creados con métodos desconocidos.
—¿Qué tipo de accesorios?— Pregunté yo.
—De muchos tipos, desde bastones, gargantillas o amuletos y hasta partes de animales, pero había un tipo que era particularmente popular y efectivo en aquel entonces.
—¿Y qué eran?— Reviró Haruhi, interesada.
—Máscaras—. Respondió el protector mientras llenaba de balas el barril de su Colt Python. —Los Nahuales más poderosos fabricaban máscaras con la efigie de sus viejos dioses, de formas desconocidas las imbuían con poderes ocultos y luego las utilizaban para potenciar sus habilidades natas a niveles muy peligrosos. Desde la década de los veintes del siglo XVI y hasta principios del XVII se libró una de las más sangrientas etapas de guerra entre esos Nahuales y los ángeles, muchos de mis congéneres murieron en ese periodo, y sintiéndose superados tuvieron que acudir a la Santa Inquisición para equilibrar la balanza. Fue un periodo oscuro donde morían ángeles, brujos e inocentes, casi todas las máscaras fueron halladas y destruidas por los inquisidores.
—¿Casi todas?— Preguntó Haruhi suspicaz.
—Me fueron heredadas dos de esas máscaras a mí hace unos años, un jaguar y un chaneque, por desgracia, durante la Operación Bolívar perdí una al morir su portador, mi amigo Román—. Dijo Leonel.
—¿La otra era la máscara que utilizaste el día que atacaron las bases policiacas?— Preguntó Koizumi, recordándonos que estaba ahí.
—Justamente—. Dicho eso, la mostró a todos. En efecto, era una hermosa pieza hecha de madera y arcilla, los colores eran intensos considerando que tenía medio milenio de vida y que nunca había pasado por una restauración. —Es una herramienta que no puede ser ignorada… y es por eso que quiero dárselas.
—¡Pero Leonel…!— Intentó negarse Haruhi, él la detuvo con un gesto de manos mientras ponía la pieza sobre la mesa.
—No hay campaña más sagrada que aquella que se emprende en nombre de un ser amado, más aún cuando hablamos de un niño. Lo correcto es que uno de ustedes la lleve… sería grandioso tener la otra y ponerla a su servicio…
—Espera, creo que eso tiene remedio…— Apuntó Haruhi mientras salía como un bólido hacia la que asumo fue la habitación donde durmió.
Regresó un momento después con nuestra improvisada maleta en las manos… demonios, hay rastros de mi sangre seca sobre ella. Sólo tuvo que abrirla para que saliera a la luz el objeto que buscaba. Sacó la máscara con la efigie de la mujer joven que trajimos desde Teotihuacán y la puso junto a la otra, el último favor que nos había hecho mi hija, disfrazado de un capricho. Al verla, Leonel se acercó y la examinó con los ojos muy abiertos.
—¡Es legítima!— Exclamó admirado. —¿Dónde la consiguieron?
Contamos la historia y él la escuchó incrédulo.
—Entonces supongo que eso resuelve nuestro predicamento, ¿No es así? Terminemos los preparativos. Si alguien tiene alguna duda, es momento de expresarla—. Resolvió la detective a punto de cerrar la asamblea.
—Eh… yo tengo un par de dudas…— Dijo con timidez Asahina. Una vez que tuvo la atención de todos, preguntó: —¿Qué significa la expresión "echarse un mañanero" y por qué le dicen "chaquetera" a la escopeta?
Estaba quizás en la última palabra de su pregunta cuando notó que todos, salvo por Robles habíamos abandonado la estancia. Debería ser él quien diera tan penosas explicaciones.
Quizás era una nimiedad, pero nunca me gustaron los trajes de infiltración. Lo que teníamos a la mano en ese momento eran un par de trajes de campaña que alguna vez pertenecieron a Leonel y que gustoso nos ofreció para cargar con toda la parafernalia que llevábamos para nuestra pequeña guerra personal. Acomodaba mi fiel daisho a mi cintura y dejaba sobre nuestra cama la funda magnética que por tantos años dio hogar a mi ahora perdido cuchillo de supervivencia, que tan buen servicio me dio por tantos años y no pude evitar sentir algo de nostalgia por él; un sentimiento semejante parecía embargar a Haruhi al dejar en el mismo lugar el soporte de tobillo donde solía llevar su útil calibre .22, y ahora colocaba en una correa la enorme escopeta colgando de su espalda. Dio un último ajuste a su Desert Eagle y dispuso media docena de cargadores de repuesto en el cinturón junto con cerca de treinta cartuchos para la Mossberg.
Sintiéndonos listos, se sentó frente a mí sobre la tierra suelta de la habitación, y yo la imité.
—Las amo, muchísimo.
—Lo sé, por eso iremos por Ryoko-Chin… ya te perdí a ti una vez y casi muero de pena… no soportaría que pasara una segunda vez.
—Además, sería un problema intentarlo de nuevo, la verdad es que Ryoko nos salió muy bien.
—Idiota…— Dijo sonriente. —Eso es lo que te hace tan especial… sin importar cuán triste o enojada esté, siempre encuentras la forma de hacerme sonreír…
Se acercó y con delicadeza puso una de sus manos sobre mi mejilla regalándome con un beso suave.
Salimos y encontramos al resto de la brigada lista para la acción. Sin embargo, era Nagato quien parecía un tanto dubitativa de emprender la marcha.
—Yuki… si no te sientes segura podrías darnos apoyo desde aquí…— Comenzó Haruhi comprensiva.
—De ninguna manera—. Respondió nuestra alienígena determinada y hasta cierto punto pareciendo ofendida. —Tengo un compromiso con Ryoko-Chin… lo voy a cumplir a como dé lugar.
—Y no lo harás sola—. Dijo Koizumi tomándola de la mano.
Salimos al patio en medio de la selva, Asahina daba indicaciones a todos, entre ellas que se tomaran de las manos, pues estábamos a punto de hacer el salto espacio temporal que nos llevaría hasta la ciudad, el sol comenzaba a caer por el horizonte, un atardecer montañés muy hermoso, por cierto.
Justo Haruhi y yo nos tomábamos de la mano y nos acercábamos al grupo cuando el ángel llamó nuestra atención.
—Ustedes no. Me gustaría mostrarles otro medio de transporte—. Dijo El Protector enigmático dándole un guiño a Leonel, que le regresó una sonrisa a su amigo de tantos años.
Haruhi asintió e indicó con un gesto a los demás que podían marcharse, y sin hacer ruido siquiera la compañía desapareció, dejándonos sólo a nosotros tres a mitad de la jungla.
—¿Y cómo es que vamos a viajar nosotros?— Dice mi esposa mirando al ser divino.
—Ya lo verán… máscaras, por favor.
Contagiados por la misma inquietud, ambos miramos nuestra respectiva máscara con algo de aprehensión. Sin lugar a dudas, artesanos virtuosos las habían tallado en madera y obsidiana, pero fuera de eso no parecían muy diferentes a cualquier otra antigüedad que hubiéramos visto antes. También noté que no tenían cuerdas de ajuste, por lo que sería particularmente difícil sujetarlas a nuestras caras… o al menos eso pensaba. Siempre más valiente que yo, Haruhi colocó la pieza sobre su rostro, y con sorpresa noté que la máscara no se movió de su lugar, y a pesar de que me era imposible ver sus gestos, pude ver que estaba sorprendida. Era mi turno de imitarla.
Comprendí todo en el instante que la madera tocó mi piel. Mis ojos se abrieron como nunca antes, y no me mal entiendan, no es que los haya abierto desmesuradamente… en realidad mis ojos se habían abierto de tal suerte que podía ver otros espectros de luz que un ojo mortal no podría ver. Me miré las manos, aunque no lucían diferentes, no así con mis acompañantes: El Protector parecía hecho de luz, aunque aún podía ver a detalle sus facciones… después de todo es un ángel, de alguna manera eso justifica que los llamen "seres de luz"… el panorama con Haruhi era muy diferente. Ella estaba ahí, sólo de pie, y sin embargo, el aire, o más bien lo que la rodeaba… rayos, no sé cómo explicarlo… su silueta distorsionaba el ambiente, como si la luz, la gravedad, e incluso el tiempo no fueran iguales para ella… ella los cambiaba… o quizás creaba nuevos… es algo que tal vez nunca sepa.
El Protector miraba nuestro asombro complacido.
—Y esa es sólo una pequeña muestra de lo que pueden hacer, aún pueden alcanzar niveles mayores… pero por ahora, concentrémonos en llegar a la ciudad.
—Sigo sin entender como haremos eso, está a más de seiscientos kilómetros…
—Sólo síganme.
Se puso de pie a unos metros de nosotros y extendió sus alas. Sin embargo, con mi visión amplificada noté que no sólo eran los miembros cubiertos de plumas que aparentaban para mis ojos mortales, al extenderse devinieron en lenguas de fuego que se extendieron al firmamento… y aún no pasaba lo mejor.
Sin hacer otro aviso emprendió el vuelo, y nosotros lo seguimos… cómo hicimos eso, se preguntarán… pues bien, decir que volábamos sería impreciso, la sensación era diferente, era como correr en el aire, o más específicamente como si nuestros miembros inferiores fueran el aire mismo, nos sentimos ligeros, capaces, sabios, incontenibles mientras montañas, valles y ciudades pasan bajo nuestros pies… no sólo nuestras capacidades físicas, nuestras mentes también eran más veloces, nuestros conocimientos más profundos…
Éramos invencibles, invisibles
We were wise, obliterating, almighty
Watashitachi wa hi no ame
tiejekamej, uitstlampa tlalpitsa
Watashitachi wa Nahuales…
I feel Chingón...
Corrimos livianos como el viento mismo, siguiendo el rastro incandescente multicolor dejado por las alas de nuestro guía, que partía en dos el cielo vespertino, y aunque sólo miraba los lugares que pasaba por fracciones de segundo, podía conservar en mi memoria a detalle cada peculiaridad, por eso mismo pude reconocer a los majestuosos titanes que custodiaban desde tiempos inmemoriales la ciudad a la que entrábamos, y ambos volcanes parecían particularmente felices de vernos llegar.
Un viejo edificio a unos cientos de metros de nuestro destino nos recibió, y el resto de nuestros compañeros ya nos esperaba ahí. Aquella avenida era una de las más concurridas y emblemáticas de la ciudad antes de todo el entuerto, y en esta ocasión, el Paseo de la Reforma presenciaría un evento único en la historia, el sol daba los últimos rayos de ese veinte de diciembre y desde nuestra perspectiva se ocultaba detrás del coloso de acero y hormigón que intentaríamos tomar esa noche… sí, era una construcción moderna y bien diseñada, sin embargo, dado el contexto parecía más una fortaleza impenetrable, hostil y siniestra que lanzaba destellos de su luz fluorescente a la cada vez más extendida oscuridad. Aún sin haberme recuperado del estupor del viaje, levanté la máscara, poniéndola sobre mi frente. El Protector me explicaría que mientras la llevara en el rostro sería invisible para ojos humanos e incluso para algunos ángeles, Haruhi me imitó y comenzamos a repasar la orden del día.
—El plan se realizará con aparente sencillez. Una vez que comiencen las revueltas, buena parte de los efectivos que custodian este edificio irán a dar respaldo a los rebeldes, lo que nos dará el mínimo de ventaja necesario para entrar—. Comenzó Koizumi, aparentemente el plan ya había sido cuidadosamente pensado mientras estaba inconsciente. —No ha habido una instancia aliada que haya podido siquiera averiguar la distribución de los pabellones de esta construcción, nada de mapas viejos ni planos, así que iremos a ciegas una vez que entremos. Lo único que tenemos como certeza es que nuestra cercanía a nuestro objetivo será proporcional a la altura que alcancemos, y tenemos la idea de que Miguel y Ryoko podrían estar en el área correspondiente al Pent-house o al helipuerto, ignoramos qué tipo de seguridad interna tendrán, pero algo me dice que enfrentaremos a muchos ángeles y cazadores, quizás veamos a "viejos amigos" ahí adentro, y por supuesto, debemos estar alertas por cosas que no podamos ver o prevenir.
—Lo único que resta ahora es esperar—. Dijo Nagato, que ya lucía algo cansada mientras nos hablaba. —Estoy haciendo una pequeña pantalla de invisibilidad que evitará que seamos vistos mientras incursionamos, sólo que esta vez tendrán que quedarse todos muy cerca de mí, eso evitará que me agote y no pueda ayudarlos allá adentro.
—¿Cuál será la señal?— Pregunté sin dejar de ver con aprehensión nuestro objetivo.
—Bengalas. Una vez que la primera salga al cielo esperaremos cinco minutos o salida de vehículos para hacer nuestra entrada.
Miré mi reloj y comprobé la hora: seis de la tarde con veinte minutos…
—Bueno, chicos, en Inglaterra ya pasa de media noche, lo que significa que al menos para el cómputo moderno, ya es veintiuno de diciembre, esperemos que aún no sea tarde.
Y junto con esas palabras y una luminosidad poco común vimos la primera bengala partir el cielo al oriente de la ciudad, luego esperamos interminables segundos a que algo sucediera. Los primeros vehículos hicieron rugir sus motores dirigiéndose al área en cuestión, y algunos instantes después, al menos un par de docenas de luces semejantes silbaban en todas direcciones. Gonzaga había hecho su parte con gran efectividad, la revolución había comenzado.
—Es hora…— Puntualizó Haruhi a punto de volver a poner la máscara sobre su rostro.
—¡Un momento, por favor!— Dijo Asahina con su vocecita dulce haciéndonos detenernos antes de emprender la marcha. Al volvernos a verla, la encontramos con viéndonos con esa mirada limpia y afectuosa mientras levantaba el meñique de su mano derecha a la altura de su rostro. —Hagamos un juramento… traigamos a Ryoko-Chin de vuelta, y volvamos nosotros también… la Brigada SOS aún tiene muchas misiones que cumplir.
—Y también quiero que juren algo más—. Complementó Haruhi. —No quiero que maten a nadie… creo ya habérselos dicho antes, pero no somos asesinos…
Conmovidos, volvimos sobre nuestros pasos y enganchamos como pudimos nuestros meñiques, y luego invitamos al resto de nuestros camaradas a hacerlo también, y según la tradición infantil de mi país, entonamos (los que la conocíamos) la canción de las promesas:
Yubi kiri genman
Uso tsuitara
Hari sen bon nomasu
Yubi kitta
Dedito cortado
Si dices una mentira
Te haré beber mil agujas
Y te cortaré el dedito.
Terminado el enternecedor ritual, las máscaras volvieron a los rostros y los demás se tomaron de las manos…
Apenas nuestros pies tocaron el suelo de la recepción, Nagato levantó el camuflaje desatando el infierno sobre nosotros. Los pilares de hormigón que atravesaban la estancia evitaron que fuéramos acribillados en el acto y nos miramos algo sorprendidos los unos a los otros mientras nos resguardábamos de interminables ráfagas que hacían saltar los azulejos del suelo y los muros. Una compañía de una veintena de hombres nos esperaba ya y no reparaban en municiones para tratar de repelernos. Gen, tranquilo, extrajo las manos de su viejo shenyi.
—Tal como lo practicamos, chicos—. Dijo con su voz cansada mientras una sonrisa atemorizante marcaba aún más las profundas arrugas de su rostro.
Asahina y Robles saltaron de los pilares provocando una nueva tanda de ráfagas de rifles automáticos, y Gen caminó con tranquilidad tras ellos. Al asomar la cabeza pude ver claramente como nuestros artistas marciales sometían a fuerza de puños a la primera guardia, tomándole sólo unos segundos reducirlos por completo. Con alivio vi que no hubo necesidad de dejar ningún cadáver sobre el camino.
—Eso nos lleva al siguiente nivel…— Dijo el pantera acomodándose las solapas del saco. —¿Ascensor o escaleras?
—Detesto los ascensores—. Dijo Haruhi haciéndonos marchar a las escaleras más cercanas.
No era que me molestara que fuera así, pero estaba resultando muy fácil… fue cerca del piso diez, luego de no haber tenido la necesidad siquiera de gastar una bala o desenvainar el daito que apareció la primera amenaza seria.
Tal como era de esperarse, nuestro recibimiento fue dado por un batallón de fusilamiento, sin embargo, no se molestaron en dispararnos, parecía más bien un equipo de respaldo. La otra anormalidad que realmente puso mi piel de gallina fue lo que estaba adherido al techo y los muros del lugar… era semejante a la piel de un animal, ulcerado, viscoso, maloliente y palpitante… algunos apéndices espasmódicos bajaban, y terminaban en algo parecido a la ventosa bucal de una sanguijuela.
—¿Bellísimo, no?— Preguntó el primero de nuestros "viejos amigos" saliendo por fin a escena. —Una vez que el nuevo orden sea establecido en el mundo, este será mi trabajo de tiempo completo.
—Cooper…— Musitó Robles mientras se tronaba los puños. —¿Me dices que esta abominación te obedece?
—Más o menos… le falta aprender modales, pero tendré tiempo y muchos conejillos de indias para entrenarlo…— Dijo abriendo los brazos y sonriendo abiertamente. —No tienen oportunidad, no pasarán de este piso… ¡Las llaves del infierno me han sido otorgadas y sólo yo domino a las criaturas de la oscuridad!
Una carcajada estridente siguió a esas palabras y algunos de esos asquerosos apéndices se dispararon hacia el suelo. Logramos ponernos a resguardo justo a tiempo, no así uno de los cazadores de Cooper, alcanzado y succionado por los hombros. El apéndice lo llevó hacia el techo mientras lo sorbía con ansia, todo esto mientras el hombre profería aterradores alaridos de miedo y dolor y disparaba aleatoriamente al aire. Presa de un terror orgánico vi como aquél brazo-boca monstruoso devoraba al desafortunado, y tan sólo un minuto después de que los gritos cesaran, por la misma cavidad que habían entrado, excretó los huesos aún sanguinolentos y humeantes de su accidental víctima…
Capítulo 14.
Fin.
Hola de nuevo y esperando les haya agradado este capítulo, espero sus comentarios...
Han sido días difíciles, sin embargo, son precisamente las vicisitudes propias de la vida las que nos fortalecen. ¡Hasta la próxima actualización!
