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Capítulo 15.
Comenzó la confrontación. Teníamos que ser doblemente precavidos, pues los cazadores de Cooper, ignorando al desafortunado capturado por la bestia, comenzaron a cruzar fuego con nosotros, el mismo Cooper había desenfundado dos pistolas y jubiloso apuntaba a quien se le pusiera enfrente, sin importar si era propio o adversario. Así, obligados a salir del resguardo, esquivábamos balas y los asquerosos tentáculos que salían del techo, a sabiendas del destino que nos aguardaba de ser alcanzados por alguno. Gracias a la mayor velocidad y fuerza cortesía de la máscara, pude evitar con éxito uno de los apéndices lo suficientemente rápido para girar sobre mis talones y partirlo por la mitad con el daito, dejando la mitad cercenada agitarse antes de marchitarse y morir… entonces no era precisamente un enemigo invencible…
—¡Podemos matar a esta cosa!— Avisé mi compañeros.
Cooper me miró y noté algo que podría servirnos como ventaja: tenía que concentrarse para ordenar a su horrenda mascota que nos atacara, di cuenta de ello porque hizo un guiño para lanzar tres tentáculos sobre mí. Una espada por mano salté directo hacia ellos para acabar con dos de ellos en un solo movimiento y así lo hice, sin embargo, el tercero fue algo más rápido que yo. Solté el shoto en el momento en que el monstruo cerraba la ventosa sobre mi mano y perdiendo la espada entre sus fauces, justo pensaba que la había perdido para siempre cuando el afilado kukri del Protector decapitó a la bestia, a mano desnuda hurgó entre la carne demoniaca y me extendió la espada perdida.
—No querrás irte sin esto. Este humano presuntuoso es apenas el primero de los esbirros de Miguel—. Sin más, extendió sus alas para seguir atacando al monstruo.
Al volverme sobre mi derecha vi a Haruhi sometiendo a mano limpia a un cazador hasta la inconsciencia, precisamente en el momento en que el hombre caía a sus pies uno de los tentáculos volaba directo hacia su espalda. Mi intención de correr a rescatarla terminó en el momento mismo que la vi empuñar con una sola mano la escopeta y meterla dentro del hocico del monstruo, disparando al instante siguiente haciendo saltar por el aire las tripas y humores del mismo, provocando un verdadero baño de sangre. Nagato y Koizumi hacían uso de sus habilidades para destruir tantos miembros del demonio aquél como les era posible, pero parecía tener un efecto semejante al de la hidra mitológica, a medida que cortábamos una cabeza, tres venían en sustitución.
—Esperaba algo más desafiante de los descendientes de los legendarios Nahuales—. Decía Gen mientras se abría paso entre los cazadores, se dirigió a Leonel y Asahina: —Yo sólo puedo con ellos, encárguense de los gusanos…— Por último, habló a Robles: —Gervasio, ve por el americano.
—¡Sí, Shi-fu!
Y mientras nosotros soportábamos el asedio de los cazadores y el engendro traído por el norteamericano, Robles se abrió paso hacia Cooper, que notándolo concentró el fuego de sus dos armas sobre el ex agente de Interpol. Aunque seguramente Robles estaba equipado con potenciadores como los que había visto en otros agentes del futuro, no los usó sino hasta que comenzó a repeler con ellos las balas de su contrincante, cerrando la distancia entre ambos a cada zancada, y estando ya bastante cerca, Robles plantó las manos en el suelo e hizo un salto felino que libraría sin problemas el espacio que los separaba.
La sorpresa me golpeó en el estómago al ver en pleno vuelo al Pantera al momento mismo en que Cooper lanzaba uno de los miembros de la bestia hacia él por su derecha, por un momento pensé que sería el fin del maestro de Haruhi, pero el destino tenía otra versión de la historia… y sería contada por Asahina. El ángel del té se materializó a milímetros de Robles, volando en paralelo con él y hundió ambos puños en un golpe de martillo sobre la parte frontal de la bestia, despedazándola al momento y desapareciendo de inmediato.
Robles aterrizó sepultando su puño en el hombro derecho de Cooper, haciéndolo perder una de sus armas, y comenzó una contienda mixta simplemente épica. Cooper, como cazador que era tenía las habilidades, velocidad y fuerza propias de sus ancestros, además de que tenía un arma de fuego y a su mascota. Aún así, Robles intentaba (y eventualmente conseguía) conectar un buen golpe sobre la humanidad de su contrincante, el cual respondía a los golpes con igual fiereza, aunque de cuando en cuando empuñaba la pistola y trataba de atinar a bocajarro al mexicano, sin contar que en más de una ocasión invocó a alguno de los tentáculos del monstruo, el cual terminaba por lo general sometido a manos de Asahina, que aparecía intermitentemente para dar apoyo a su pareja… o colega… o lo que sea que fueran.
—¿Sabes una cosa, Mikuru…?— Comenzó a decir agitado Robles mientras bloqueaba los golpes que Cooper intentaba conectarle, —Desde que llegaste a México he querido contarte una historia…
—¿Qué historia?— Preguntó apareciendo la viajera del futuro, reduciendo a uno de los tentáculos y haciendo otro salto hacia otro objetivo.
—Sobre un hombre en la mejor época de su vida y una bellísima jovencita que un buen día se conocen…— Antes de terminar la oración el pie del estadounidense se hundió fugazmente en su estómago, a lo que el mexicano respondió con una sonrisa, repeliéndolo y haciéndolo exasperarse —…y una noche, después de un largo día de trabajo, salen a tomar un café…
—Suena interesante…— Respondió ella apareciendo para interceptar con la mano una bala. —¿Y qué final tiene esa historia…?
—No lo sé… ¿Por qué no vamos a tomar un café cuando todo esto termine? Con algo de suerte podríamos averiguarlo.
Dicha la frase, Robles conectó un uppercut poderoso en el abdomen de Cooper levantándolo varios centímetros del suelo y haciéndolo caer sobre su espalda, luego se giró sobre sus talones para encarar a Asahina, que con un golpe de hombro lanzaba a un cazador contra un muro a muchos metros de distancia. Ambos relajaron la postura, frente a frente, sólo separados por un metro de espacio vacío… otra vez ese efecto semejante a si el tiempo se detuviera.
—Me encantaría—. Dijo al fin nuestra compañera, mostrándole esa perfecta sonrisa de dientes blancos como perlas.
Luego de que Robles correspondiera al gesto mostrando su par de dientes de oro, ambos volvieron a sus respectivas batallas, regresándole a la escena el tiempo y el sonido.
En un afortunado movimiento Robles alcanzó la mejilla de Cooper con un devastador puñetazo que logró desubicarlo, e inmediatamente después lo castigo con una serie de al menos media docena de golpes con la misma intensidad que amenazaron con hacerlo caer, en su desesperación, Cooper trató de dispararle, pero sólo consiguió que su brazo fuera atrapado y desarmado para luego terminar de espaldas en el suelo.
Confiado, Robles se acercó a levantarlo por las solapas. Cooper estiró el brazo sacando de su cinturón su carta del triunfo: el revólver de emergencia robado a Haruhi la noche que raptó a Ryoko. Hizo dos disparos contra Robles, quien reaccionó justo a tiempo para detener las dos ojivas que de cualquier manera poco o ningún daño le hubieran causado… pero, por supuesto, eso sólo había sido una distracción:
Uno de los tentáculos de la criatura se lanzó contra la espalda de Robles lo suficientemente rápido como para no permitirle esquivarlo, por un momento que nos dejó sin aliento Cooper pareció complacido, sin embargo, su alegría fue fugaz. Asahina apareció una vez más, pero no atacó al gusano, sino que tomó a Robles una fracción de segundo antes de ser alcanzado, llevándolo a nuestro lado. El rostro de Cooper se inyectó de horror al ver a su propia bestia abalanzándose contra él.
La ventosa se abrió aspirando más de la mitad inferior del cuerpo del ex agente de la DEA, sólo dejando fuera parte de su tórax y el brazo derecho, en el cual aún tenía el diminuto revólver. Lo escuchamos gritar de dolor pues seguramente comenzaba a ser devorado en ese momento, instintivamente me encaminé a tratar de cortar el brazo demoniaco, pero Leonel me detuvo, indicándome con la mirada que era tarde ya.
Robles y Asahina dedicaron una última mirada al traidor y al igual que nosotros, le dimos la espalda. Tenía la pequeña pistola en la mano, así que la única inferencia lógica para evitar el dolor sería que se diera un tiro en un ojo o en la boca para morir rápidamente… ¿por qué tiendo siempre a pensar lo mejor de la gente…?
—¡Hijo de perra!— Exclamó El Pantera al tomar en brazos a Asahina, quien estuvo a punto de ser alcanzada por un disparo hecho por Cooper.
Él rió en su agonía con cinismo, y acto seguido, se puso el cañón en la boca, apuntando hacia su paladar, sin embargo, poco previsor, no tomó en cuenta que con los dos disparos hechos a Haruhi y a mí unos días atrás, los dos hechos a Robles como distracción para atraparlo, y el tiro desperdiciado en Asahina, el barril del revólver se había vaciado. Aterrorizado jaló el gatillo una y otra vez, comprobando que no había más balas y con el rostro suplicante nos vio comenzar a marchar de nueva cuenta.
—¡E-Esperen…! ¡No… no pueden dejarme así!— Clamó, pero lo ignoramos. —¡NO PUEDEN DEJARME AQUÍ…! ¡SÉ QUE LO DESEAN! ¡MÁTENME!— Dio un lamento estridente, seguramente sintiendo como sus entrañas comenzaban a ser succionadas de su cuerpo. —ROBLES! YOU BEANER SON OF A BITCH! DON'T YOU REMEMBER THE KIDNAPPING! THE BROKEN BONES! THIS IS YOUR CHANCE FOR REVENGE! JUST KILL ME!
El capitán endureció su gesto ante el recuerdo de su captura a manos de Nanael, y según lo que pude entender, su torturador no fue otro que Cooper. Sin embargo, no se volvió, ninguno lo hizo. El monstruo parecía demasiado distraído comiéndose a Cooper como para reparar en nosotros, así que pudimos abandonar el nivel ignorando tanto como nos fue posible los últimos lamentos del gringo traidor.
Los siguientes pisos tenían guardias semejantes, y para su desgracia cometieron el error de subestimarnos, de tal suerte que a medida que nos aproximábamos al piso treinta comenzaron a ir escaleras arriba, escapando de nosotros. Justo en el pabellón de piso treinta y dos, y luego de repeler con facilidad a un pequeño pelotón de guardias, sufrimos un derrumbe que tiró buena parte del techo sobre nosotros, y de haber sido alcanzados por la avalancha de escombros el resultado pudo ser potencialmente mortal. Sin embargo, la estructura principal del edificio no se vio comprometida y pudimos seguir nuestra marcha.
—¿Crees que el derrumbe sea una señal de que debemos ir por otro camino?— Pregunté a Haruhi, que miraba con aprehensión las escaleras.
—No… es la indicación de que estamos por llegar a un lugar importante y alguien no quiere que nos acerquemos.
Comenzamos a subir por las escaleras alertas de cualquier cambio, y fue precisamente cambio lo que experimentamos a medida que subíamos… la oscuridad comenzó a hacerse densa con cada escalón que ganábamos, hasta que cerca de la cima se hizo tan pesada que era difícil verse la palma de la mano puesta frente a los ojos.
Apenas los nueve terminamos de subir, fue como si las escaleras nunca hubieran estado ahí. Koizumi creó una esfera de energía sobre su derecha, intentando con ello iluminar aunque fuera parcialmente las penumbras. La luz emitida era buena, sin embargo, no logró siquiera hacer visible su cuerpo completo. Era una oscuridad no natural que comenzaba a ponerme de nervios. Sentí un tirón en mi hombro, y aunque no era algo de qué asustarse, si era de temer.
—Me siento mal…— Musitó Nagato luciendo exageradamente pálida al fulgor de la mortecina de luz del ésper y apoyándose en él y en mí.
Su respiración errática, sus ojos casi cerrados y la profusa hemorragia nasal de la que era víctima me hicieron pensar en alguien enfermo de muchos años. Koizumi de inmediato puso el pañuelo que siempre carga en el rostro de ella, dejando que la esfera de luz escapara de su mano y volara libremente por la enorme estancia, aunque seguía sin mostrarnos nada.
Algunos metros más lejos la esfera se detuvo, iluminando una mano que la sostenía flotando a unos centímetros de distancia. Una mano acorazada en un metal de color indefinido, firme, poderosa, y sin embargo herida y aún sangrante.
—Los humanos tienen dones que no se imaginan siquiera, privilegios dados por El Padre que muchos de mis hermanos envidian desde tiempos inmemoriales—. Nanael abrió parcialmente la luz en torno a él al mismo tiempo que desintegraba la esfera cerrando el puño. —Se dice que si una herida es hecha con odio auténtico, dicha lesión nunca sanará—. Al verlo más cuidadosamente comprendí de lo que hablaba. He visto en mi tiempo aquí aquellas dotes que un ángel tiene por naturaleza, El Protector ha sido herido de bala, por punzo cortante e incluso detuvo una explosión con su cuerpo, y aunque las heridas fueron graves y dolorosas, se recuperó siempre en tan sólo unos días o incluso en horas. Nanael, sin embargo, aún se veía maltrecho por su último choque con Buenaventura, su cabello y alas aún estaban quemados, las feas magulladuras en su antes perfecto rostro seguían frescas y el brazo atravesado por mi cuchillo todavía sangraba. Eso, lejos de hacernos pensar que teníamos ventaja sobre él, nos hizo guardar mayor cautela. —Es inútil, nada cambiará hoy, y con su llegada sólo han adelantado su muerte, en lo que a mí concierne es mejor. No quedará en la tierra nadie que se trate de sublevar contra el nuevo orden de las cosas. Con su arrogancia y estupidez han desmerecido todos y cada uno de los dones otorgados por mi Padre y ustedes comenzarán a pagar con su muerte toda la sangre bendita que han derramado desde el inicio del tiempo…
Por un momento pensé que su técnica sería sermonearnos hasta morir, sin embargo el ésper, sorprendiéndonos a todos, había lanzado una inesperada saeta de luz blanca que chocó contra el pecho del ángel, robándole un lamento ligero y confuso. Koizumi cargó un segundo haz de energía, listo para disparar:
—Por lo general disfruto de una buena discusión, pero justo hoy todos llevamos algo de prisa… ¿Te importaría si comenzamos?
Aún atónito por lo poco político del comportamiento de nuestro compañero me preparé para la batalla, la luz deficiente me provocaba algo de temor, más que otra cosa por el miedo a herir accidentalmente a cualquiera de mis compañeros. Haruhi, sabia como se había vuelto en este viaje, tomó mi mano para reconfortarme, diciéndome sin palabras a través de esos ojos dorados que parecían emitir su propia luz que nada debía temer.
Nanael tomó la estafeta lanzándose furioso sobre Koizumi y Nagato, emprendiendo vuelo el primero justo a tiempo para evitar ser atrapado y llevando dentro de su esfera de luz carmín a su casi inconsciente novia, e inmediatamente lanzando varios disparos de energía contra el maltrecho ángel, que parecía resentirlos más de lo que hubiera esperado. Sin pensarlo, Leonel y Haruhi comenzaron a disparar al ángel, aunque sabiendo que su armadura aguantaría el fuego sin problemas. Nanael reanudó el vuelo tratando de alcanzar al ésper y desenvainando la misma espada con la que hirió a Buenaventura y a Robles en el pasado, Koizumi, notando la diferencia de velocidad entre el ángel y él buscó refugio, hallándolo justo donde yo esperaba.
Koizumi voló en picado hacia mí y pasó rasante al suelo a mi lado al mismo tiempo que el ángel lo alcanzaba preparado para recetar un poderoso mandoble sobre la pareja, el cual pude interceptar con el daito. El impacto fue brutal, por un momento pensé que los músculos de mis brazos cederían ante la potencia del bloqueo, pero no fue así, y mi fiel espada tampoco resultó dañada como lo hubiese esperado. Aprovechando la estupefacción de mi contrincante intenté desarmarlo, pero no me fue posible, en su lugar, logré golpear su barbilla con la tsuka del daito y hacerlo retroceder unos metros de un puntapié en el pecho. Fue en ese momento en el que comencé a entender parte del éxito de aquél violento ser angélico… al momento en que mi pie se separó del peto de su armadura fui atacado por un dolor agudo en dicho miembro.
Enfurecido, levantó ambas manos al cielo y luego golpeó con ellas el suelo bajo sus pies, haciendo que el mármol al menos a diez metros a su alrededor volara hecho polvo, y derribándonos a todos los cercanos en el proceso, para de inmediato volver a cargar contra el vicecomandante de la brigada. Esa vez, sin embargo, Leonel se prendió de sus hombros bloqueando con su cuerpo las alas de Nanael, haciéndolo caer de bruces, no obstante, su ventaja fue sólo momentánea, Nanael abrió las alas en un movimiento contundente que arrojó al cazador decenas de metros atrás, botando en repetidas ocasiones hasta que uno de los muros lo detuvo. Haruhi intentó ponerse en su camino ignorando su fuerza, ya anteriormente habían luchado cuerpo a cuerpo, pero esta vez el ángel no parecía tener intenciones de jugar con nosotros, así que sin miramientos hizo un movimiento de manos a distancia que proyecto a Haruhi fuera de su camino, y no se detuvo hasta quedar a un par de metros de Leonel, que se levantaba dificultosamente con la espalda apoyada al muro.
Levantó la espada por arriba de su cabeza, listo para asesinar ahí mismo al cazador, el cual lo miraba sereno, inamovible, sin el mínimo rastro de temor en los ojos aún sabiéndose condenado, miré a la concurrencia, Haruhi trataba de reincorporarse a unos metros, al igual que yo y El Protector, y por algún motivo que desconozco, tampoco podíamos movernos a voluntad; Asahina, Robles y Gen, incapaces de ver al verdugo se miraban confundidos entre ellos…
—¿Qué es lo que nos estás haciendo? ¡Miserable tramposo! ¡Pelea justo!— Comenzó a gritar Haruhi mientras luchaba por ponerse de pie, paralizada igual que el resto.
Sin embargo, el ángel no asestó el golpe mortal. Luego de unos segundos de incertidumbre, noté que tampoco él podía moverse.
—Ustedes no entienden la lección, ¿verdad?— Se vuelve furioso hacia algún punto detrás de él, en las alturas. Al seguir su mirada me encontré al ésper flotando, en cuyos brazos Nagato hacía un cántico que mantenía atados con algo parecido a una cuerda vaporosa su mano con el brazo del ángel. —Bien, que sea como tú lo quieres… ¡Vengan a mí!
Y a su orden, Koizumi y Nagato son arrancados del aire, impactándose ambos sobre el frió mármol, Koizumi tuvo el suficiente cuidado de caer primero para evitarle lesiones a Nagato, pero ella lucía demasiado débil ya. Nanael no tuvo que volar para alcanzarlos, llegó con paso sereno y envaino su sable de vuelta, levantó luego a Nagato del cabello, sacándole un lamento tenue en el proceso.
—¡Suéltala, bastardo!— Grita el ésper incapaz de defenderla, ahora también paralizado como nosotros.
—Claro que la soltaré, ¿tanto afán tenías de verla vivir como una humana…?— gesticulo con su mano libre, lo que hizo flotar al ésper hasta tenerlo completamente erguido y rígido como tabla. —Bien… ¡Vela morir como humana entonces!
Mi corazón se contrajo cuando vi al ser alado levantar a Nagato por encima de su cabeza como si no pesara un gramo para luego lanzarla con brutalidad sobre el suelo frente a él, haciéndola dar un tumbo que la lanzó varios metros lejos. Burlón la incitó a que se levantara, y ella así lo hizo. Nagato se reincorporó y con la manga de su blusa limpió la sangre que no dejaba de salir de su nariz, y que en ese mismo momento comenzaba a caer de su oído derecho, ignoro si por su misma debilidad o por el castigo propinado por Nanael.
—No tienes oportunidad—. Comenzó Nagato con voz tambaleante mientras se concentraba para hacer un cántico. —Sométete ahora y… ¡OOFFF!
El ruido fue producto del aire escapando de sus pulmones al recibir el puño de Nanael en el estómago.
—Criatura arrogante—. La reprendió el ángel mientras daba otro golpe a su mejilla, haciéndola caer sobre una de sus rodillas. —¿Tienes idea de a cuantas aberraciones como tú he vencido?
—Dos—. Respondió ella presta, poniéndose de pie con dificultad.
—Justamente… esta vez, sin embargo, voy a disfrutarlo tanto…— Con crueldad tomó el cuello de la alienígena obligándola a volverse a Koizumi—. Este rostro… es lo que los humanos pueden considerar como atractivo… disfrútalo por última vez, muchacho.
Y si bien el comportamiento previo de nuestro contrincante me parecía ya de por sí deplorable, lo siguiente fue simplemente infame. Aprovechando la prácticamente inexistente capacidad de Nagato, comenzó a golpearla con brutalidad, hasta que la extraterrestre no tuvo fuerzas para mantenerse en pie, y aún cuando Nagato cayó derrotada sobre su espalda, Nanael se montó sobre ella para seguirla castigando. Mi corazón estaba roto, creo que no había respirado por un tiempo considerable, veo a mi esposa frente a mí y del lado opuesto a donde el suplicio se está llevando a cabo, sus ojos están abiertos al máximo y caen lágrimas de rabia por sus mejillas, Asahina está oculta en el regazo de Robles, que no puede siquiera mirar la escena, Gen, por primera vez luce abatido y mantiene los ojos cerrados, Leonel y El Protector gritan improperios y luchan por moverse… Koizumi implora a gritos que la tortura termine.
Por minutos que parecieron una vida entera Nanael se dedicó a reducir a Nagato, pareciendo satisfecho consigo mismo por su actuar. Nuestra compañera no emitía sonido alguno, sólo ocasionalmente alguna de sus manos se levantaba errática y trataba de alcanzar el rostro de su agresor, intentando repelerlo, pero sin lograr el efecto deseado… mi estómago se revolvía casi al mismo nivel que mi garganta se anudaba al ver los nudillos ensangrentados del ángel, nunca había presenciado algo parecido, y creo que la palabra que describiría la escena con más precisión que "golpiza" sería "violación".
Considerando que nuestra compañera ya parecía tener las mismas facultades que un ser humano normal, comenzaba prepararme emocionalmente para lo peor… cuando finalmente terminó, me era imposible ver algo más que los pies de Nagato, el resto de ella estaba parcialmente hundido en el mármol destrozado del suelo… no se movía más. Koizumi comenzaba a quedarse afónico por las súplicas gritadas al aire. Nunca pensé que llegaría este día, y peor aún, nunca pensé que lo presenciaría. Embargado de orgullo Nanael nos liberó a todos de sus invisibles ataduras y nos instó a atacarlo, pero eso no fue posible de inmediato, pues Koizumi se lanzó hacia él disparando una marejada de energía de la que todos tuvimos que cubrirnos, y al ángel mismo le costó algo de trabajo no ser arrastrado. Aún con eso seguía luciendo jubiloso mientras que el fuego concentrado de Haruhi y Leonel hacía saltar chispas de su armadura… esa armadura… si tan sólo pudiéramos hacerla desaparecer, o aunque fuera retirar una parte de ella…
Pensaba en eso cuando el piso bajo los pies de Koizumi se pulverizó y arrojó varios metros a nuestro compañero.
—¡Este será siempre el resultado!— Gritó el ángel, henchido de gozo alcanzando a ésper y golpeándolo tanto como le era posible. —¡Nunca fueron una amenaza para nosotros! ¡Cuando el Sexto Sol se levante hoy, la era del hombre habrá llegado a su fin! ¡Aprenderán a respetar y a temer al Padre de una vez por todas!
Las municiones de Haruhi y Leonel finalmente se agotaron, Koizumi peleaba contra Nanael como un diminuto David enfrentando a Goliat en una batalla perdida, pues aún todo el dolor y desprecio vertido sobre el ángel no parecían suficientes para someterlo. Desesperada, Haruhi intentó saltar sobre él, impactando con su puño su omóplato, pero sólo consiguió ser repelida con las alas quemadas del esbirro de Miguel.
—¡Maldita sea…!— Exclamó Haruhi mientras la ayudaba a levantarse. —Esa armadura te lastima cuando la tocas…
—Entonces es hora de sentir algo más de dolor… ve con Leonel y empújenlo hacia mí—. Indiqué.
Sin cuestionar corrió hasta el cazador, aprovechando que Koizumi distraía a su adversario exitosamente ambos se lanzaron al mismo tiempo contra él, si bien no resultaba lastimado, sin lugar a dudas podrían aturdirlo por unos segundos, que era justo y lo único que necesitaba.
Haruhi y Leonel se impactaron con todo su peso en el costado derecho del ángel, haciéndolo trastabillar, Koizumi, comprendiendo la estrategia reunió la energía que le quedaba e hizo un demoledor disparo de luz a su estómago que lo lanzó directamente hacia donde yo lo esperaba. Me crucé en el aire con él aprovechando su distracción y con toda la fuerza que me fue posible hice un par de cortes sobe su tórax, un dolor sólo comparable con haber fracturado los huesos de mis brazos me arrancó un lamento y me hizo caer de bruces, soltando mis espadas. Nanael se levantó inicialmente confundido, pero luego me miró con desdén, sonriente.
—¿Eso es lo mejor que puedes hacer?— Me pregunta mientras camina hacia mí, desenvainando de nueva cuenta su espada, y pateando las mías fuera de mi alcance. —¿Has oído el dicho "El que a hierro mata, a hierro muere"? igualmente morirás, pero tal vez debiste apuntar mejor y cortar mi carne para que valiera la pena.
—¿Qué te hace pensar que intentaba cortar tu carne?— Pregunté sobreponiéndome e intentando levantarme.
En ese preciso momento Haruhi llegó y se apostó a mi lado, Koizumi la imitó poniéndose frente a mí y Asahina se materializó a mi costado también. Nanael iba a hacer un nuevo comentario sarcástico cuando el peto de su armadura se partió ruidosamente en forma de cruz y buena parte de ella cayó al suelo dejando al descubierto su pecho. Nunca subestimes espadas benditas por Nagato. Antes de que el ángel pudiera salir de su sorpresa un par de saetas de luz lanzadas por Koizumi lo impactaron de lleno en el pecho, aunque no lo derribaron, provocaron lamentos de dolor real mientras retrocedía torpemente un par de pasos.
—Ustedes… es conmovedor que se reúnan de esa forma en torno a su amiga muerta… descuiden… pronto la alcanzarán… ¡Los voy a…!
Su grito de guerra se detuvo, y se volvió hacia su pie derecho… era simplemente increíble.
—D-deja…— Era Nagato. Estaba colgada de la pantorrilla del ángel, su rostro apuntaba hacia el piso, su cabello estaba empapado en sangre… aún así seguía con vida… —…deja…
—¿Por qué no sólo mueres y dejar de avergonzar a tus amigos, aberración?— Nagato no se soltó. No creo siquiera que haya prestado atención a las palabras de su verdugo… parecía decidida a tomar todo el aire que pudiera en sus pulmones antes de proseguir.
—¡Yuki! ¡Déjanos hacernos cargo a nosotros!— Exclamó Haruhi preparándose a dar el primer paso a cargar contra Nanael.
—¡Yuki-Chan!— Añadió Koizumi en el mismo tono suplicante. —¡Ya has hecho suficiente…!
Y ante sus palabras, Nagato pareció haber recobrado el aliento. Se aferró a la pantorrilla del ángel con tal fuerza que el metal de la pernera se abolló bajo sus dedos. Finalmente y sin levantar el rostro gritó a todo pulmón:
—¡DEJA A MI FAMILIA TRANQUILA!
Nagato se reincorporó revitalizada, cargando desde la pierna al ángel y luego lanzándolo con fiereza contra uno de los muros, provocando un derrumbe importante sobre el mismo.
—¡Eso es Yuki!— Gritó Haruhi feliz mientras Nagato nos daba la espalda, recuperando poco a poco el aliento. —¡Ahora vamos a…!
Se detuvo ante una gesticulación de la mano de la alien, quien luego dijo con voz serena:
—No es necesario que se muevan.
Escuché el murmulló de uno de sus cánticos en el momento mismo que Nanael salió de la pila de ripios que lo sepultaba, varias toneladas de escombro se detuvieron a menos de un metro del cuerpo de Nagato… quizás sería mi imaginación, pero por algún motivo que desconozco parecía no sólo estarse recobrando de sus heridas, sino de ese estado de debilidad que gradualmente la había disminuido… mientras hacía esa reflexión una viga de hormigón impactó al ángel y comprimiéndolo contra uno de los muros.
Lo comprendí todo entonces. Siempre fue Nanael. Desde que él se dio cuenta de que Nagato venía con nosotros se encargo de debilitarla lentamente, hasta hacerla inoperante contra él, al igual que lo hizo con las otras terminales TFEI dispuestas en este país, y quizás de no haber sido por Buenaventura y su último ataque contra él, habría asesinado a Nagato sin problemas. Sin embargo, debilitado por esa circunstancia y herido por Koizumi, su influencia sobre nuestra alienígena comenzó a decaer, y entre Nagato más lo lastimaba, ella recuperaba más las fuerzas. Terminaba de quedarme claro cuando noté que el enfrentamiento era ya bastante justo, de tal suerte que incluso nosotros, ahora reunidos con Gen, El Pantera y El Protector, éramos protegidos por Nagato.
Unos instantes después la balanza comenzaba a inclinarse del lado de la alienígena ante un cada vez más irritado Nanael que lanzaba sus ataques con ira mal contenida, escombros volaban a lo largo y ancho del lugar pulverizándose o simplemente siendo proyectados contra uno y otro contendiente, rayos de luz blanca que hacían efectos estroboscópicos y ruidos extraños combinados que eran amortiguados al igual que la metralla que eventualmente caía sobre nosotros, hasta que finalmente el ángel cometió la equivocación que lo condenó. Se acercó lo suficiente a Nagato como para permitirle alcanzarlo con sus propias manos, el ángel reparó en su error cuando era tarde ya. Nagato hundió los dedos en la carne de su pecho, levantándolo unos centímetros del suelo, cosa impresionante considerando que Nanael era mucho más alto que ella. Gritó entonces como no lo había escuchado y alcanzó a liberarse por un instante.
—¡A-ALÉJATE DE MÍ, MONSTRUO DEL ABISMO!— Exclamó con miedo legítimo mientras intentaba alejarse, pero Nagato volvió a tomarlo por el cuello. Mi visión amplificada me regaló con un espectáculo que pocos serían capaces de ver.
Mientras Nanael daba alaridos aterrorizados, su cabello comenzó a regenerarse al igual que sus alas, pero al mismo tiempo, las plumas reconstruidas se volvían diminutas e innumerables chispas de luz como las que escapan de una fogata, y poco a poco la estructura ósea misma de sus miembros extra comenzó a desvanecerse en el aire. La armadura cayó de sus hombros y brazos, al tiempo que eso pasaba, la ropa y el cabello de Nagato flotaban como si estuviera en medio de una zona sin gravedad. La sangre derramada sobre su rostro, ropa y cabello parecía filtrarse de nueva cuenta dentro de su cuerpo, e incluso su atuendo quedaba libre de suciedad. Alrededor de nosotros, la oscuridad comenzó a ceder, los ventanales del amplio pabellón donde estábamos aparecieron de nueva cuenta regalándonos la vista de la ciudad atribulada bajo nosotros, el hormigón, acero y mármol volvían a su lugar original, como si nunca hubiera habido confrontación ahí. La batalla terminó cuando Nagato soltó finalmente a Nanael, que cayó sentado frente a ella, en una especie de trance.
—¿Q-qué…? ¿Qué fue lo que me hiciste?— Preguntó con voz siseante viendo con aprehensión a la joven mujer frente a él, regia y omnipotente como siempre había sido.
—Ya que tanto desprecias a los humanos, tendrás que vivir como uno de…— Se detuvo a reflexionar la palabra con la que cerraría su frase, supongo que usualmente usaría un "como uno de ellos", pero me gustó su resolución: —…como uno de nosotros—. Sabiendo al adversario derrotado, se volvió hacia nosotros sonriente, extrayendo algo de su bolsillo. —Y esta vez no olvidé las gafas.
Los ojos desorbitados del hombre que finalmente era visible para todos los presentes miró aquí y allá, como si padeciera alguna suerte de ceguera, luego comenzó a correr hacia las escaleras, tratando de huir hacia los pisos inferiores. Estoy seguro que más de uno pensó el dispararle, pero ninguno lo hizo… en principio porque no había más balas ya, pero principalmente porque él ya no era un peligro para nadie.
Victoriosa se acercó a nosotros, y la escena se antojaba para un abrazo grupal, pero ella tenía otros planes. Directamente se entregó a los brazos de Koizumi, maltrecho, lastimado y sucio por la batalla, besándolo con ternura y diciendo leves palabras de agradecimiento. Y luego de las afirmaciones positivas y felicitaciones del grupo, volvimos a la realidad.
—Nanael no es más un peligro, pero mientras estuvimos dentro de su limbo, nuestra presencia aquí fue delatada—. Comenzó la alien mirando por uno de los enormes ventanales. —Un pelotón de rebeldes ahora mismo sube las escaleras para alcanzarnos, estarán aquí en trescientos quince segundos. Ninguno de ellos es cazador, sin embargo, son una fuerza considerable como para intentar enfrentarlos al mismo tiempo que tratamos de someter a Miguel.
—¿Qué es lo que propones?— Preguntó mi esposa.
—Es obvio, ¿no?— Respondió El Pantera por nuestra alienígena. —Debemos separarnos. Tú y Kyon deben ir por Ryoko, y llevarán como respaldo a Leonel y al Protector. El resto nos quedaremos aquí y formaremos una trinchera para evitar que los alcancen.
No teníamos mucho tiempo, así que ni Haruhi ni yo objetamos. Comenzamos a prepararnos para seguir escaleras arriba cuando Nagato llamó nuevamente nuestra atención.
—Armas, por favor—. Dijo al notar que Haruhi me pedía el shoto, puesto que las balas se habían agotado.
Frente a ella flotaron la Desert Eagle yla Mossberg 590 de Haruhi, la escopeta homónima y el machete de Leonel, la Colt Python y el Kukri del Protector, y por supuesto, mis espadas. Hizo un cántico rápido que las hizo destellar por un par de segundos y luego nos invitó a recuperarlas.
—Balas infinitas, hojas indestructibles y filos perfectos—. Dijo Nagato al vernos examinar nuestras armas. —Y un extra para ti—. Dijo señalando mis espadas. Extraje la hoja de la vaina y sentí una casi imperceptible vibración. Nagato, solícita explicó: —Apenas las saques de la vaina vibrarán a velocidad supersónica y la hoja se calentará a mil doscientos grados Celsius, es por demás decir que cortarás el concreto como si fuera mantequilla caliente.
—¡Qué curioso!— Dijo Asahina cuando el sonido de pasos subiendo se hizo audible para nosotros algunos metros abajo, sonaba en efecto como un pelotón bastante numeroso.
—¿Qué te parece curioso?— Preguntó Robles mirando con aprehensión las escaleras que pronto se llenarían de mercenarios.
—Que el final sea así… me lo imaginé de muchas formas, pero no así… de ninguna manera es una queja, creo que la mejor forma de morir es al lado de los amigos.
—¿De verdad crees que esto será todo, pequeña?— Intervino el maestro Gen luego de toser un par de veces, pero recuperándose al instante y mostrando esa enigmática sonrisa arrugada. —Yo soy muy viejo y estoy muy enfermo, y aún así tengo la impresión de que esta no será mi última batalla, ¿Qué podría esperar una jovencita que recién ha comenzado a vivir?
—Es verdad—. Dijo Haruhi retirándose momentáneamente la máscara y sonriendo a quienes se quedarían a resguardar nuestro ascenso. —Este no es un adiós. Nos reuniremos en poco tiempo y discutiremos el tomar unas vacaciones.
—Debemos seguir—. Expresó El Protector con voz baja y profunda. A su indicación comenzamos a andar hacia el acceso al piso superior.
Al pasar Leonel al lado del guardián alado le estiró un puño cerrado que el otro golpeo sonoramente con una seña igual.
—Como en los viejos tiempos—. Decía Leonel al ángel con una sonrisa melancólica en la cara. —¿No extrañabas todo esto?
—No.
—Tienes razón, yo tampoco.
Habiendo dejado a nuestros amigos algunos pisos abajo escuchamos los disparos de la recién iniciada pelea, la última vez que miré atrás, Nagato me regresó la mirada momentáneamente, luego hizo un movimiento con la mano y las escaleras se volvieron un fino polvo, haciendo los pisos superiores inaccesibles para quienes se quedaron abajo. Poco después el edificio entero se sacudió al mismo tiempo que uno de los gigantescos ventanales pisos abajo reventaba lanzando su cristal destrozado al vacío.
—Parece que la fiesta ya comenzó allá abajo…— Dijo Haruhi con voz baja sin dejar de subir por las desiertas escaleras al frente de nosotros.
Estábamos ya en el piso cincuenta y tres, sólo a un par de pisos del nivel superior y la vista de la ciudad desde ese lugar era simplemente imponente. El último pabellón era una lujosa nave de oficinas con escritorios muy separados unos de otros, no parecía haber señales de confrontaciones previas e incluso el aire acondicionado del edificio hacía su casi imperceptible sonido sólo interrumpido por nuestras pisadas. Inconscientemente me acerqué al muro de cristal, mirando a través de él la ciudad. Se escuchaba el ruido de la batalla a la distancia, algunos autos corrían por las avenidas, había luces multicolores de las torretas de vehículos policiacos y de rescate, y conatos de incendio en algunos lugares distantes. Todos, incluyéndonos a nosotros, peleábamos una batalla, ya fuera defendiendo el hogar, protegiendo a los amigos o tratando de rescatar a los hijos, todos teníamos nuestra razón. Era reconfortante ver que nadie tenía ánimos de abandonar su motivo.
—Ya están aquí…— Nos indicó nuestro ángel, entreabriendo ligeramente sus alas y jalando el martillo de su revólver.
—Nosotros también—. Respondió con aplomo Haruhi, jalando la corredera de la escopeta.
—¿Alguien gusta un cigarrillo?— Preguntó Leonel mientras encendía uno en sus labios.
—Esa cosa va a matarte—. Le respondí.
—De algo he de morir.
Algo parecido a una lata de soda salió volando en nuestra dirección, y humeaba de uno de sus extremos… el truco más viejo del mundo: lacrimógeno. Sin mostrar un ápice de preocupación, El Protector lo tomó con la mano y lo devolvió haciendo salir a al menos medio centenar de cazadores del lado opuesto del pabellón y comenzando con ello el tiroteo. El contingente era diferente esta vez. Todos eran cazadores, lo noté porque uno de sus líderes dio indicaciones inmediatamente señalando a nuestro ángel para que una fracción de sus hombres trataran de derribarlo, pero lo que realmente los hacía especiales era su organización: estaban demasiado bien coordinados como para ser maleantes comunes, eran mercenarios profesionales, lo suficientemente certeros como para hacernos ocultarnos dada su gran puntería, además de que iban equipados con trajes especiales e incluso googles de visión nocturna . Y aún a pesar de nuestra desventaja numérica, comenzamos a hacer estragos entre sus filas.
El Protector se encargaba de herir desde el aire a los que quedaban descubiertos, uno de esos sujetos estuvo a punto de atinar una ráfaga en la humanidad de Leonel, que sin ayuda de su máscara era un poco más lento, sin embargo, el brazo que cargaba el rifle de repetición del maleante fue inmolado de un solo tajo por el kukri del ángel, que seguía guardando uno de los compromisos hechos a Haruhi: nadie moriría en nuestras manos ese día. Asombrados por el poder y resistencia de nuestro cuarteto, los maleantes decidieron ser un poco más cautelosos, cosa que Haruhi y yo aprovecharíamos teniendo por ventaja al guardián de Ryoko al ser el único que podía volar. Viendo un espacio en la defensa del grupo que había reducido en una cuarta parte de su tamaño original en sólo unos minutos, ambos salimos corriendo para travesarlo, tomando a nuestro favor nuestra mayor velocidad y pericia, Haruhi hizo tres disparos bajos y certeros a un grupo de mercenarios, nueve de ellos cayeron en el acto, pues los perdigones de la escopeta hacían extensivo el daño de sus disparos.
Antes de tomar prestados los poderes de un cazador me sentía orgulloso de poder interceptar un par de balas con mis fieles espadas… estaba algo más que orgulloso y extasiado esa noche, ya que mis muñecas prácticamente se movían solas, interponiendo las hojas de mis daisho en el camino de las ráfagas de los rifles de repetición, e incluso haciéndome capaz de devolver algunas a quienes me disparaban, sintiéndome por un momento como un viejo maestro y amigo que dejé de ver en la universidad…
Unos pasos antes de alcanzar las escaleras que nos llevarían al pent-house quedé en un pequeño conflicto con dos cazadores. Debo admitir que eran lo suficientemente diestros como para hacerme tener una pelea seria aún con todas las ventajas que tenía. Ambos enfundaron sus armas y desenvainaron sendos machetes que, aunque resultaban dañados con el toque de mis espadas, resistían mis ataques. Coordinados como gemelos no me daban un solo espacio de ventaja y tenía que tratar de bloquearlos casi simultáneamente. En una décima de segundo vi mi oportunidad de vencerlos. Aprovechando que uno de ellos dio un paso al frente muy cerca de mí tratando de alcanzar mi cuello con su arma, giré el shoto sobre mi mano izquierda y tal como había hecho en ocasiones anteriores, lo sepulté en su pie, atravesándolo hasta el suelo e inmovilizándolo. Hice un giro de trescientos sesenta grados con el que intenté herir e inmovilizar a ambos, teniendo éxito con el primero, pero el segundo, más listo, dio un giro hacia mí para robar el shoto del suelo. Alcancé a interceptarlo antes de que se reincorporara, haciendo un único movimiento que quitó la espada de las manos del ladrón y lanzándola varios metros en el aire. Él, presto, comenzó a intercambiar técnicas conmigo, sólo tuve que hacerlo retroceder unos pasos para recuperar la espada voladora y sin mayor esfuerzo golpear la coronilla de mi contrincante con el mango, logrando dejarlo inconsciente al fin.
A marchas forzadas nos abrimos paso a través de las amplias escaleras, a donde sólo éramos ya perseguidos por una docena de cazadores que aún podían continuar, pues el resto yacía en el suelo, heridos y en el mejor de los casos, inconscientes. Las estrellas quedaron a la vista una vez que los cuatro llegamos al pent-house, que era el nivel más alto y que tenía una monumental ventanal por techo. Había por lo menos tres helicópteros rodeando el edificio, sin embargo, lo que realmente me inquietó fue el escuadrón alado que volaba en círculos sobre nuestras cabezas, además de que no había señal de Miguel. Fue cosa de sólo unos segundos para que aquellos entes voladores, ataviados igual que los cazadores, descendieran por las ventanas abiertas del techo y aterrizaran haciendo una ronda alrededor de nosotros, empuñando todos ellos sendas espadas celestiales y tomando posición de batalla mientras nosotros juntábamos nuestras espaldas unos con otros, viendo como un contingente de cazadores equipados con rifles de asalto se apostaba detrás de los ángeles recién llegados.
En el centro de la nave había un cuarto diminuto que de ninguna manera me pareció consistente con el resto del arreglo del lugar, como si hubiese sido erigido sólo unas horas antes y tenía una única puerta. Sin pensarlo mucho corrimos hasta llegar a dicha puerta y fui yo quien tomó el picaporte y lo giró, abriéndola.
En un santiamén ya estábamos los cuatro "dentro", dejando afuera a los ángeles y a los cazadores. El lugar era más amplio de lo que parecía, apenas si había luz y a pesar de lo delgado de los muros, el ruido del exterior había sido aislado por completo, haciéndolo inaudible para nosotros.
—Silencio, van a despertarla—. Dijo una voz a unos metros delante de nosotros.
Nuestros ojos se acostumbraron poco a poco a la poca luz, y finalmente pudimos verlo: Un hombre estaba ahí, nada fuera de lo normal en realidad, y estaba sentado en una cama, donde Ryoko dormía plácidamente sin ningún tipo de preocupación.
—Devuélveme a mi hija—. Ordenó Haruhi, apuntando al que sin lugar a dudas era Miguel.
—¿Devolvértela? Nada en este mundo te pertenece, absolutamente todo se te ha prestado, incluso la vida mortal que tienes es sólo un préstamo temporal. Sabiendo eso, ¿cómo es que me pides te devuelva algo que nunca ha sido ni será tuyo?
—No tengo tiempo para esto, danos a Ryoko—. Dije yo mientras me acercaba y preparaba mi arma para un mandoble contundente.
—No seas tan arrogante, mortal, no estás en posición de hablarme así. ¿No han tenido suficiente ya?— Se volvió a mi hija y acarició su cabello con ternura que parecía auténtica. —Viene de una experiencia traumática, por un momento los creyó muertos a ambos, pero de alguna forma que no entiendo, sabía que seguían vivos… y tenía la fe ciega de que vendrían por ella—. Miró a Haruhi con cierto nivel de curiosidad en la mirada. —No comprendo cómo lo lograste, no tenías ninguna necesidad de mezclarte con ellos, a ninguno de los de nuestra clase le preocupan, ellos son sólo el caldo de cultivo donde unos cuantos trascienden mientras el resto se revuelve por la eternidad. Nosotros no tenemos la obligación de cuidarlos, asistirlos ni ninguna otra cosa… son inferiores.
—Basta de estupideces, si somos tan inferiores, ¿por qué estás aquí?, ¿por qué insistes en dominarnos?
—Deja de hablar como si esto fuera algo ajeno a ti, Haruhi, tú no eres uno de ellos…— Se levantó finalmente y caminó hacia nosotros, pero sin cautela, descuidadamente. —La primera vez que te vi, pensé que simplemente eras un espíritu travieso y juguetón, como Loki… pero el tiempo pasó e hiciste muchas cosas que ninguno de nosotros siquiera imaginó… no sólo optaste por llevar una vida mortal, cortaste voluntariamente tu vínculo con tu verdadero origen y lo olvidaste por completo, viviste como uno de ellos…— su gesto se oscureció momentáneamente al girarse hacia mí: —incluso los amaste… mismo error que cometiera mi padre pequeño al venir a este mundo y sufrir por ellos horrores de los que aún no me recupero… tú incluso hiciste algo más: procreaste con uno de ellos, condenaste tu divinidad atándote a un humano…
—Y obteniendo algo más sublime que nada que este mundo haya visto antes—. Interrumpió El Protector. —Por eso es tan grande tu afán, ¿no es así? Por eso no puedes dejarla ir sin hacerla parte de ti. Esta niña es la mezcla del origen de la vida, que es El Padre, y el origen del conocimiento, que es la humanidad… esta niña es algo nuevo y desconocido en el cielo o la tierra. Y tú pretendes usarlo en tu beneficio… he conocido hombres malos, he derrotado demonios… pero tú eres el peor.
—¿El peor? Lo único que persigo es que esta raza deje de destruirse a sí misma, que finalmente la creación tema a su creador … ¡soy el más grande de los filántropos…! Y salvaré a su raza, aún si no desea ser salvada. Sin embargo, no espero que sus mentes terrenales entiendan la grandeza y desinterés de mis acciones, y si no puedo convencerlos de que vean la luz a través de mis palabras, deberán entonces aprenderlo por la mala. Vayan allá, donde hay muerte y dolor.
Como jalados por una mano gigantesca fuimos lanzados al exterior, cayendo sobre nuestras espaldas, al lugar donde ángeles y cazadores nos esperaban. Resueltos comenzamos a pelear, pues la pequeña habitación se encontraba ahora fuera de nuestro alcance, y debíamos llegar a ella de nueva cuenta.
Miguel mismo volaba en círculos en el amplísimo techo vestido en aquella armadura exagerada y repleta de piezas aún vivientes de otros dioses al tiempo que extendía sus seis alas y miles de ojos nos miraban en ellas, ocultando su rostro en el yelmo, pero principalmente en la blanquísima luz que despedía, gritaba órdenes a sus ángeles en lengua divina que aunque podíamos escuchar, no comprendíamos. Y con todo y él, nuestra determinación era mayor: ya habíamos visto a Ryoko, sabíamos que estaba con vida, y no había forma de evitar que llegáramos hasta ella, situación que le hicimos patente al reducir sus tropas a la mitad en sólo unos minutos, y los primeros cazadores comenzaron a emprender la huida a pisos inferiores, mientras que algunos ángeles retomaban el vuelo para no volver a bajar.
—¡No deben temerles!— Clamaba con voz estruendosa cual relámpago, miró al Protector, que parecía decidido a llegar hasta el final. Se dirigió a él, deteniéndose por fin, iracundo, viendo como sólo algunos de sus ángeles y cazadores se mantenían leales. —Ya nos traicionaste una vez… esta es la única oportunidad que tendrás para conseguir el perdón… aún puedes unirte a mí, aún puedes ayudarme, volver a tener un propósito…
Su discurso fue interrumpido por un disparo certero que atravesó de lado a lado su hombro, ignorando por completo la armadura.
—Él ya tiene un nuevo propósito, idiota—. Dijo Haruhi, cuyo cañón humeaba. —¡Es el ángel guardián de mi hija!
Miguel se miró la herida con una mezcla de confusión y dolor (al menos eso asumí dado su lenguaje corporal, me resultaba imposible ver sus facciones). Diminutas gotas luminosas y blancas cayeron al suelo, luego el mismo comenzó a descender sin siquiera mover las alas, directamente hacia el diminuto cuarto.
—No tengo tiempo para esto… quédense aquí para presenciar el final de su era, seres insignificantes—. A un movimiento de su mano Ryoko flotó hasta sus brazos, dormida, haciendo que el corazón se me encogiera. —¡Feliz Apocalipsis!
Salió disparado hacia el firmamento en un santiamén, tan poderoso y veloz que los amplios tragaluces, las ventanas y prácticamente cualquier cosa que estuviera en el pent-house fue despedazado en el acto, el pequeño cuarto se hizo astillas, muchos cazadores y ángeles salieron proyectados por las ventanas hacia el vacío junto con la mayor parte del menaje del lugar. Instintivamente abracé a Haruhi, poniéndola bajo mi cuerpo cuando vi los afilados trozos de vidrio del techo siendo lanzados hacia todos los que aún nos manteníamos en el lugar. Pude sentir claramente como mi espalda y mi nuca fueron acribilladas por varias decenas afilados trozos de cristal, escuché de Haruhi un lamento apenas audible y percibí como sus piernas flaqueaban bajo mi peso… mis piernas también habían perdido las fuerzas y caímos ambos, yo sobre ella, afanosamente tratando de protegerla, aunque fracasando.
Al final, para evitar asfixiarla con mi peso me giré, quedando tendido a su lado, viendo de reojo que a pesar de mis esfuerzos, Haruhi apenas si podía mantenerse despierta. Estaba malherida, tanto como yo. Arriba en el cielo, cada vez más distante veo a Miguel ascender… tiene a mi pequeña, y aunque el deseo de llegar a ella y traerla de vuelta es legítimo, mi cuerpo está demasiado lacerado para continuar. Haruhi cierra los ojos, pero presiona mi mano con las pocas fuerzas que le quedan…
—D-debemos ir por ella, Kyon…— Me dice sin abrir los ojos.
Las palabras no me salen. Es porque entre otras cosas, tengo un nudo inmenso en la garganta que no me permite decirle que estoy demasiado herido y cansado como para continuar… que parece que al final daré mi vida en pos de mi familia, pero que no será suficiente, que Miguel logró su cometido, llevándonos a la muerte y tomando aquello que más amamos en el proceso. Maldita sea. Fallé.
Escucho señales de vida a la distancia. Levanto la cabeza tanto como puedo y veo a Leonel, El Protector va apoyado en su hombro, apenas pudiendo caminar, pero definitivamente ambos en mejor forma que nosotros, llegan hasta nosotros, y de alguna manera no parecen sorprendidos de vernos con vida. Intenté decir algo, pero Leonel se me anticipó y con un gesto me pidió silencio mientras ayudaba al ángel a sentarse junto a nosotros.
—No deben hablar, conserven toda la energía que puedan, que la travesía aún no acaba—. Mientras decía eso alcanzaba el kukri que El Protector le tendía. —Me parece que ya habían escuchado que esa máscara amplifica algunas facultades… sin embargo, cuando combinan lo mejor de lo terreno y lo celestial, el resultado es difícil de explicar—. Miró directo a los ojos de aquél ángel con quien había hecho tan grande amistad a través de los años. —¿Estás listo?
—Hazlo, y hazlo de prisa—. Respondió el ángel decidido mientras relajaba los brazos y las alas.
Sin poder dar crédito a la escena que estaba presenciando, vi a Leonel levantar el kukri por encima de su cabeza, para luego dejarlo caer en un único golpe decidido sobre el pecho de su amigo, provocando un ligero salpicón de sangre divina y aromática.
—¿Qué están haciendo?— Pregunté sin entender.
—D-dándoles una última oportunidad…— Respondió El Protector debilitado por la herida. —Deben… deben ir por Ryoko… ella es mi protegida… y cuidaré de ella del modo que sea necesario… es por eso que les doy la mitad de mi corazón.
Escapó un lamento ahogado de sus labios. Leonel hacía el trasplante con pericia, cortando dentro del pecho del ser angélico hasta que extrajo algo apenas un poco más pequeño que su puño, sin lugar a dudas medio músculo cardiaco del ángel que no hablaba más, seguramente inconsciente, o tal vez muerto… sé que El Protector sana rápido, pero una cardiotomía se me hacía demasiado incluso para él.
Leonel manipuló lentamente la pieza aún palpitante y con cuidado lo partió por la mitad. El primero de los fragmentos fue puesto en los labios de mi esposa, que luego de ingerir incidentalmente las primeras gotas de sangre santa recuperó parte de las fuerzas, y sin abrir los ojos apresuró el resto de la carne, y un instante después había desaparecido por completo. Yo fui un poco más renuente, con algo de repelús tomé de las manos de Leonel el trozo de músculo… el contraste simplemente era demasiado: era un trozo de carne cruda y aún tibia, pero despedía un aroma que si bien no era apetitoso, no era desagradable. Pensarlo demasiado sería un error, así que cerrando los ojos llevé la pieza a mi boca, masticándola lo menos posible y tragándola, sorprendiéndome por la suavidad y el sabor… creo que ya he visto casi todo… estoy comiendo carne de ángel… no sólo carne, un corazón, dado voluntariamente.
Pasaría unos segundos después de consumirla para que sintiera el primer efecto. Algo pasó dentro de mí, en mi cerebro, en mi mismo corazón. Las astillas de vidrio cayeron de mi espalda, y sentí el impulso de levantarme… al hacerlo reparé en Haruhi y pude verla en una forma sin lugar a dudas más apegada a su verdadera naturaleza. Estaba de pie y tampoco sufría ya lesiones, la única sangre en ella eran los diminutos reguerillos que caían de la comisura de sus labios y que era del Protector. Dicha sangre se absorbió de inmediato y luego noté que su rostro no sólo era su rostro… ella parecía igual de extrañada y miraba su reflejo en un ventanal delante de nosotros. Me giré y me encontré su reflejo: ella estaba ahí, hermosa, majestuosa y celestial, el traje de infiltración se había ido, sustituido por un hermoso traje blanco con cenefas aztecas, pero de corte más bien oriental, lejanamente semejante a una yukata. Hasta ahí, todo bien… el problema era el ente que estaba a su lado: había visto en antiguos códices a uno de ellos, el guerrero jaguar, aunque su vestimenta más que parecer un atuendo parecía ser de verdad su piel, de pelaje dorado y repleto de manchas negras, además de una máscara que combinaba muy elocuentemente los rasgos humanos con los del felino en cuestión, y al igual que pasaba con Haruhi, vestía una extraña combinación de algo parecido a un hakama con motivos prehispánicos, además de que cargaba mis espadas por algún motivo que no entendí de inmediato …
Un momento…
Qué me parta un rayo…
Soy yo…
—Sobran las palabras, así que sólo vayan tras él y traigan a Ryoko a salvo.
—Pero…— ¡Rayos! ¿Esa es mi voz? Suena genial. —¿El Protector y tú…?
—Estaremos bien.
Haruhi se hincó a un lado de ángel inconsciente y acarició su cabello maternalmente.
—Gracias… descansa, porque a mi regreso hablaremos en serio sobre las cláusulas de tu ingreso a la Brigada, has todo lo que Leonel te indique, y pase lo que pase no vayas a la luz—. Se volvió al cazador, que encendía un nuevo cigarrillo. —Cuida bien de él.
—Lo sabes, ¿no es así?— Preguntó al vernos a punto de partir. —El Protector nunca me ha dicho su nombre, pero supongo que ahora que hay una parte de él en ti, debes saberlo.
—Te lo diré cuando volvamos.
Yo también lo sabía ya, lo había escuchado antes… deberíamos preguntarle apenas estuviera consciente de nuevo para confirmar mi teoría. Haruhi llegó hasta mí y tomó mi mano, viendo hacia el firmamento, que de pronto parecía más cercano y alcanzable que nunca.
—¿Estás listo?
—Más o menos… ¿Sabes llegar a donde debemos ir?
—Creo saberlo… es curioso, pero tengo la impresión de que no es la primera vez que recorro ese camino…
¿Recuerdan a Peter Pan de Barrie? Sus indicaciones hacia Nunca Jamás habrían sido algo insuficientes si hubiera intentado llegar a donde nosotros. Al momento en que Haruhi tiró de mi mano, sólo tuve que parpadear una vez para que el cielo nocturno deviniera en un negro absoluto, sólo opacado por infinitos puntos luminosos multicolores, tímido miré hacia abajo, donde pude ver una diminuta canica azul, verde y blanco perderse a la distancia. Según Einstein, aquello que siquiera se acerque a la velocidad de la luz verá su entorno distorsionado, y las aparentes constantes del universo no aplicarán de igual manera a dicha entidad… lo estaba comprobando, sentía un vértigo indescriptible mientras nos abríamos paso entre clústeres de estrellas y nubes de gas dibujando una parábola con nuestro recorrido, y cuando estuvimos en la cima de dicha parábola (o en la parte más baja, sería difícil decirlo con precisión), vi el panorama cual era en realidad. Estuvimos quietos quizás un par de segundos, siendo claramente visible a mis ojos la perspectiva del enorme brazo espiral iluminado por las estrellas de nuestra propia galaxia… una imagen tan memorable, grandiosa e indescriptible que aún me arranca escalofríos del sólo recuerdo. Sin recuperarme de la visión comenzó una caída libre guiado de la mano de Haruhi que nos llevaría al corazón mismo del gigantesco monstruo de gas y rabiosas estrellas incandescentes, a un lugar cada vez más iluminado y caliente, donde podía presenciar desde el irresistible estallido de supernovas hasta el nacimiento de mundos diminutos y potencialmente vivos… si es que Haruhi no es ajena a todo esto, comienzo a preguntarme como es que lo desdeñó…
Comenzamos a detenernos en lo que bien podría identificarse como una formación de gases, mirando a lo que sin lugar a dudas sería el centro de la Vía Láctea misma, y a una distancia considerable de nosotros dos ocurría una analogía directa a nuestra situación: el infame agujero negro que era origen y fin de la galaxia misma remolcaba absolutamente todo a su alrededor hacia su interior, devorando estrellas, gases y mundos dentro de sí mismo… y una de sus víctimas potenciales era un pulsar, pequeño, hermoso, de luz blanquísima… había llegado el momento.
Seguramente mejor preparada que yo para un paisaje cósmico como el que tenía enfrente, Haruhi cayó directamente sobre Miguel, que oportunamente se cubrió de un ataque que buscó su cabeza. Ahí estaba el malo, en la mitad de coloridas nubes, sin embargo, no había señales de Ryoko, aunque sabía en mi corazón que estaba en ese mismo lugar. Sin reservas esta vez, Miguel desenvainó y por primera vez entablamos un combate con él, yo usando mis espadas, mientras que Haruhi bloqueaba e intentaba golpear a mano desnuda.
—Este es tu lugar, Haruhi… no… recuerda tu verdadero nombre, tu auténtica procedencia.
—Yo tengo un nombre, imbécil: Suzumiya por mi padre y Haruhi por elección de mi madre.
—Claro que no: tu nombre fue elegido por ti misma antes de que el tiempo comenzara a correr, si te esfuerzas un poco podrás recordarlo perfectamente.
Dichas esas palabras voló justo a tiempo para evitar un corte potente recetado por mí que partió varios kilómetros de polvo estelar.
—Me instas a venir aquí, a recuperar mi origen, ¡Devuélveme a mi hija entonces! ¿No es ella algo que te ata a lo terreno tanto como a mí?
—¡No lo comprendes! ¡La misión encomendada por mi Padre es el cuidado de esa especie inferior que tú procuras con tanto afán! Pero los humanos son necios, estúpidos y auto destructivos, están matando al mundo que El Padre les concedió aún a sabiendas de que eso los llevará a su propia extinción, y sólo parecen aprender a través del miedo y el dolor… siendo así las cosas, seré yo quien les muestre el amor del Padre… y tu hija tiene todo ese conocimiento sobre lo humano condensado en su interior, sólo a través de ella podré tocar el alma de la humanidad como El Padre mismo no lo ha logrado… ¡Ella vivirá para siempre en mí y el Sexto Sol será completamente dedicado a la restauración de su raza…!
Finalmente se enfermó de poder, no pudiéndolo ocultar más levantó sobre su derecha una lucecita diminuta en tamaño, pero cuyo resplandor fácilmente opacó el de las estrellas circundantes y pintó de plateado las nubes de gas y polvo en el negro espacio. Por supuesto: nuestra Ryoko. Aún ciego por su repentino frenesí no reparó en mi cercanía y di el primer golpe exitoso sobre él.
Incrédulo miró como una de las seis alas de su espalda se desprendía, y aunque pensé que simplemente flotaría hacia el infinito, el miembro comenzó a deshacerse… pero no se desintegró, en lugar de eso, devino en una pequeña bestia de luz que apenas cobró forma por completo, voló por el vacío, escapando. Era obvio entonces: su éxito estaba en que no era sólo un ángel, sino que tenía por dentro y fuera todos aquellos dones hurtados de divinidades viejas y derrotadas, y si habían entrado en él, también hallarían la forma de salir… yo aún estaba en esa reflexión y él seguía estupefacto por el ataque cuando Haruhi llegó de un salto, haciendo que su puño derecho se incrustara en la sien del aún perplejo arcángel, arrancándole un lamento, un buen trozo de yelmo y una parte importante de la piel y el cabello… simplemente un impacto temible que sacudió el vacío.
Por fin dándose cuenta del error de su exceso de confianza, intentó escapar una vez más, guardando la lucecita dentro de su peto y mirando hacia una dirección indefinida con cierta desesperación… amante de los rituales y simbolismos como él era, seguramente estaba esperando el momento exacto para darse un festín con mi pequeña. Sin embargo, no había escapatoria, lo que quisiera hacer, debería intentarlo ahí mismo, con nosotros tratando de detenerlo a cada momento, así que a la primera intención de emprender el vuelo, fue golpeado por mi esposa, tratando afanosamente de tomar la pequeña luz de la coraza donde la había ocultado; sin embargo, no sólo teníamos que confrontarlo cuerpo a cuerpo, el tipo hacía uso de su magia, en lo que seguramente sería un regio espectáculo de luces visible dentro de muchos años en la Tierra… así, finalmente pude ver lo que estaba esperando, y tomaría sólo unos segundos más para que se concretara.
Mirando en dirección a donde hipotéticamente estaría casa se comenzaba a dibujar una línea recta formada por varios astros, entre ellos, indudablemente estaría nuestro sol, y eventualmente nuestro propio planeta… la alineación, el final de una cuenta larga maya, el final del Quinto Sol. Me preparaba para llegar hasta Miguel y tratar de detenerlo de una vez por todas, pero ese día me tenía preparada una última sorpresa.
—¿Suzumiya?— Preguntó con voz calma la mujer enfundada en el traje cian pálido mientras se retiraba el mascarilla.
—Sí, soy yo—. Le respondí nervioso, poniéndome de pie como impulsado por un resorte.
—Hemos terminado…— Comenzó a decir sonriente, aunque no terminó su frase.
Un instante después corría por los pasillos hacia donde sabía que estaban ambos… quizás empujé a un par de personas en el camino, me disculparía luego, pero en ese momento había algo mucho más importante que hacer. Llegué a la puerta número 4-01… cuarto nivel, habitación uno, un mordaz juego de palabras para nosotros, porque nos conocimos un primero de abril… ¿qué era esa sensación orgánica que me mantenía clavado al suelo…? No creo que fuera miedo, aunque era mucho más intenso e incapacitante que el peor terror que hubiera experimentado hasta entonces… vamos… sólo debía empujar la puerta… llamaría primero…
—Adelante…— Era la voz de Haruhi luego de que me escuchara dar un par tímido de golpes en la puerta. Su voz sonaba diferente, hermosa, inspirada, así que abrí.
La luz de las persianas abiertas de las amplias ventanas al fondo de la habitación le dio cierto toque irreal a la escena. Haruhi estaba ahí, aún lucía agotada, un par de sondas salían de su cuerpo, algunos cabellos escapaban de la cofia, bajando por su rostro aún empapado en sudor, estaba sentada… y no estaba sola.
—Ven a ver…— Me dijo levantando el rostro del pequeño huésped en sus brazos.
Me acerqué sin poder dar crédito… de verdad, la vida es un milagro, y no sólo estaba presenciándolo, de alguna forma yo había sido parte de él. A llegar a su lado, la vi por primera vez y la vida ganó un sentido mayor, todo era importante, todo valía la pena. Un rostro pequeñito se asomaba de las toallas, mostrándonos una abundante cabellera castaño oscuro que cubría toda su coronilla y unas curiosas cejas finas y largas arriba de unos ojos aún cerrados. Sin poder evitarlo toqué con la yema de mi pulgar su mejilla, casi abarcándola en totalidad, haciendo que diera un respingo.
—Sabe que eres tú…— Dijo Haruhi admirada de su propia creación.
—Por supuesto que lo sabe… por todos los cielos… es perfecta… porque es niña, ¿cierto?
—Sí.
—¿Y ya decidiste como llamarla?
—Había pensado en llamarla Yuki o Mikuru, pero creo que no sería justo para ninguna de las dos chicas… también pensé en el nombre de tu hermana o el de alguna de nuestras madres… y llegué a la conclusión de que aprobarías junto conmigo la resolución a la que llegué: Ryoko.
—Es ideal—. Le dije mientras tomaba con delicadeza a la bebé y la acomodaba en mi regazo, mirándola: —Ryoko Suzumiya—. Repetí al tiempo que abrió quizás por primera vez sus ojos ámbar, mirándome por un par de segundos.
Con cuidado me senté al lado de Haruhi pasando mi brazo por arriba de sus hombros, y ambos sujetamos a aquella obra de arte viviente. Todo era perfecto. El mejor momento de mi vida.
Recuerdo perfectamente ese día… me volví hacia la ventana a ver el cielo límpido y azul, agradeciendo a la vida por todo… y ahí encontré la inconsistencia: el cielo no era azul, era negro y estrellado… eso no era real, era únicamente un recuerdo… una distracción. Asombrado me volví hacia Haruhi, sonriente y con esa mirada que suele ponerme cuando está pensando en una nueva aventura:
—Sí, Kyon, esto es sólo un recuerdo… ¡Así que deja de perder el tiempo conmigo y ve a patearle las pelotas a ese pendejo!
Mis ojos se abrieron regresándome al sitio de nuestra pelea, estaba sobre mis rodillas y mis espadas yacían flotando a mis costados, delante de mí, no muy lejos, Haruhi parecía en un trance semejante al mío, aunque ella no había despertado… peor aún, Miguel estaba de pie ante ella, espada en alto, listo para acabarla…
Sobre mi cadáver.
Tomé el datio y me levanté de un salto, dispuesto a evitar la ejecución, y en el momento mismo que el sable angelical caía hacia la cabeza de Haruhi, me interpuse entre ambos, usando toda mi fuerza y la que la máscara y el corazón del Protector me daban lancé un feroz golpe con mi arma, haciendo chocar las hojas de ambas. Según Nagato, la hoja de mi daito era indestructible… esa condición falló, porque la espada se hizo polvo en el acto, pero cobró una buena recompensa.
Miguel retrocedió un par de pasos, asombrado, sujetando con incredulidad el mango de su propia espada forjada por ángeles, cuya hoja se había desintegrado junto con la mía. Iba a voltear a despertar a mi esposa, pero no fue necesario. Haruhi, regresando de su ensoñación (qué ignoro cuál fue) se lanzó como una flecha hacia el aún sorprendido arcángel y con aplomo hundió el puño en su estómago lanzándolo a una distancia considerable. Ya el hecho de estar en medio de la nada, flotando en el espacio, le daba el toque de irrealidad al momento que necesitaba para volverme loco, pero si no hubiera sido suficiente, el espacio empezó a cambiar… las imágenes de las nubes de polvo y gas estelar circundante se combinaron en poco tiempo con mis recuerdos y seguramente los de Haruhi mientras en ángel era castigado a golpes por mi esposa… vaya, verla dar una golpiza tal como la que le estaba propinando a Miguel… volví a enamorarme de ella. El ángel comenzó a defenderse, yo busqué mi shoto, seguramente flotante en las inmediaciones, y al encontrarlo, volví a buscar pelea con Miguel.
—¡Ya es tarde!— Gritó repentinamente eufórico, haciendo un movimiento con ambas manos y las cinco alas que le quedaban, provocando una poderosa onda expansiva que arrojó a Haruhi, pero de la que yo pude protegerme sin ser lanzado. —¡La alineación está completada!— Dichas esas palabras, hurgó en su pecho y volvió a mostrar la representación espiritual de Ryoko, acercándola a su rostro.
Estoy absolutamente seguro que iba a decir una frase o una burla, pero no se lo permití, hice un último salto empuñando mi espada corta y ataqué el brazo que cargaba a Ryoko, alcanzándolo desprevenido. Por un momento pensé que había cercenado su brazo completo, pero no fue así, el brazo y la mano estaban de hecho intactos, pero la armadura que los cubría se había partido limpiamente, destruyendo en el proceso la espada que me quedaba, y haciéndolo soltar a Ryoko, que flotó lentamente a la deriva… ella estaba segura en tanto no fuera sujetada por Miguel… era el momento de hacerlo pagar.
Invadido por una ira animal lancé mi puño contra el pecho de nuestro adversario, sabiéndolo de alguna forma vulnerable, y con asombro noté que la armadura comenzaba a ceder… el pedazo mismo que había desprendido con mi última espada había recobrado también una forma previa original que escapó hacia el infinito, Haruhi también recetaba cuanto golpe le era posible, sacando con el último su yelmo, que se hizo una nube luminosa que dio algunos giros en espiral antes de perderse en el cenit. Miguel comenzaba a asustarse, y gritó algunas palabras en lengua divina… llámenme prejuicioso, pero por el tono en que eran dichas, seguramente eran maldiciones e improperios, pero lo ignoramos tanto como nos fue posible… lo habíamos logrado, lo estábamos reduciendo, desnudándolo de esa armadura donde tenía cautivos a tantos espíritus y donde quiso atrapar a mi Ryoko también.
—¡Ustedes no entienden! ¡Están cometiendo un error! ¡Están condenando a su especie…!— Miró a mi esposa, por primera vez suplicante. —¡De este humano lo entiendo…! ¡Pero tú…! ¡Tú, Amaterasu! ¡Deberías entender lo que trato de lograr!
El ángel cayó hincado a los pies de mi esposa… vaya… Amaterasu… creo que era de esperarse.
—Claro que entiendo lo que intentas, Miguel…— Dijo ella serena, como si no acabara de esforzarse por darle una paliza. —Intentas remediarlo todo como otro imbécil en la historia… sólo que tú lo llamas "restauración de la raza humana…" él lo llamaba Reich. Los tipos como tú me enferman… vuelve al cielo, o al lugar del que hayas salido, nadie te necesita allá en la Tierra, ni siquiera les caes bien, ¡ve y pregona tu megalomanía con alguien a quien le importe…! Ah, casi lo olvido…— Se preparó y tomó impulso, y lanzó un devastador golpe final que liberó al resto de los seres que quedaban en la armadura: —¡MI NOMBRE ES HARUHI SUZUMIYA!
Sólo quedaba un par natural de alas en la espalda de Miguel, que cayó indefenso y desnudo… derrotado al fin.
Haruhi y yo nos miramos, sólo quedaba una cosa por hacer. Ambos caminamos hasta alcanzar aquella lucecita celestial que giraba alrededor de nosotros, como flotando producto de un sueño bello y reparador, al mismo tiempo ambos la tomamos.
El espacio sideral desapareció de nuestra vista, césped verdísimo recibía a nuestros pies junto con un cielo azul y luminoso, apenas cubierto por algunas nubes pequeñas y esponjadas, junto con montañas que se cubrían parcialmente con su sombra… en brazos de ambos estaba Ryoko, plácidamente dormida, vestida con la misma ropa que llevaba cuando Cooper la secuestro… levanté una vez más la vista, y repentinamente esos recuerdos me parecieron sumamente lejanos.
—¿Qué lugar es este?— Preguntó Haruhi embelesada por el paisaje.
Traté de encontrar alguna referencia de nuestra ubicación, pero no pude reconocer nada. Sólo Miguel seguía desmayado entre las hojas de césped y alguna flor silvestre.
—Esto es simplemente sorprendente—. Dijo una voz a la distancia. Su portadora caminaba con calma hacia nosotros. —Nunca dudé que podrían vencer a Miguel, pero ustedes fueron aún más lejos… hicieron posible su redención, cosa que tardará un tiempo, quizás unos milenios, pero no dudo que los resultados serán buenos, ningún tiempo es demasiado para alguien con vida eterna…— Se agachó a su lado, examinándolo con curiosidad, luego nos miró con su sonrisa de tulipán.
—¿Lo hicimos?— Pregunté a Asakura.
—Por supuesto que lo hicieron. Le dieron una cuenta larga más a los humanos, preservaron el don que los hace tan especiales en el universo: la libre voluntad. Han hecho una obra inmensa y de mejor manera de lo que todos hubiesen esperado.
—¿Y ahora que sigue?— Preguntó mi esposa.
—Esa es decisión suya—. Se giró sobre sus talones, mostrándonos las marcas del sendero por el que ella misma había llegado a nosotros, y varias decenas de personas más venían también a nuestro encuentro. —Su labor en la tierra terminó más que satisfactoriamente: salvaron a sus amigos y colaboradores más cercanos, devolvieron al camino de la luz a dos ángeles, forjaron un futuro para todos los que quedaron allá… terminaron el Sol del Movimiento, dando paso a una nueva era de luz como su especie no ha visto en milenios.
—¿Este es el final? ¿Moriremos?— Ese fui yo.
—¿Por qué sigues uniendo el término de muerte con el de final? No, Kyon, la muerte no es el final, ni siquiera es un descanso, es sólo una etapa más de un viaje que no terminará nunca y que se hace más sorprendente y fascinante según avanzas… y aquí comienza el siguiente paso.
La gente se apostó a nuestro alrededor. No reconocí a la mayoría, pero me conmovió ver a los que sí pude reconocer: Miguel Buenaventura, acompañado de sus hijas y su hermano menor, además de aquél hombre raro que nos ayudó en el desierto, también Yáñez y Gutiérrez… todos los que se adelantaron en los últimos días estaban ahí, luciendo sanos, felices y esperanzados.
—Entonces… allá adelante…
—Sí, Suzumiya… más aventuras, como las que nunca has tenido.
—¿Qué será de nuestros amigos?— Dudé nuevamente.
—Tendrán vidas probablemente muy largas, pero tarde o temprano nos alcanzarán aquí, además, de este lado el concepto de tiempo es un tanto diferente, apenas si darán cuenta de él para ver a todos de vuelta.
—¿Qué hay de Yuki, ella no…?— Preguntó mi esposa un tanto apesadumbrara. Asakura la detuvo con un gesto de la mano.
—Yo soy igual que ella, y estoy aquí, ¿no es así?
Cumplido el trabajo estaba… entre las muchas creencias que tengo sobre la vida, comulgo con la idea de que existe un propósito, o de otra forma ni siquiera habríamos aparecido sobre la faz de la Tierra, y una vez que cumples con ese propósito o alcanzas la meta de tu misión, tienes la opción de partir. De alguna forma, la parca explicación de Asakura refuerza mi teoría: tanto Haruhi como yo, y muy seguramente Ryoko terminamos ya nuestra labor allá abajo, y quizás haya llegado el momento de emprende la marcha. El sólo camino delante de nosotros se me antojaba fascinante y atractivo, la compañía me parecía un regalo, y ya para ese momento toda la angustia, el dolor y el stress de los días previos se habían ido. Ryoko despertó perezosamente y luego de comprobar que ambos estábamos con ella, miró también hacia el horizonte, de alguna manera pareciendo familiarizada con él, como si recordara un lugar que visitó en un sueño o como su tuviera un déjà vu.
—Es hora de que nos vayamos, Ryoko-Chin—. Dijo Haruhi con inusitada tranquilidad mientras depositaba a la niña en el suelo.
—¿Mis tíos no vendrán?— Preguntó con inocencia colgándose de la mano de ambos.
—Hoy no, Ryoko-Chin, pero nos alcanzarán en un tiempo.
—¿Y a dónde iremos?
—Adelante.
Ryoko se soltó de nuestras manos y caminó con sus pasitos cortos algunos metros, pasando entre los pies de los demás, explorando el nuevo y aparentemente infinito panorama ante nosotros, inquisitiva, curiosa. Pasaron unos segundos de incertidumbre y finalmente se volvió hacia nosotros, radiante… apenas unos segundos atrás había visto de cerca el corazón de la galaxia, y su luz no se comparaba con la sonrisa con la que mi hija nos obsequió:
—¡Vamos entonces!
Hubo una exclamación colectiva de júbilo, y todos comenzaron a seguirla… este era entonces el día tan mencionado en el pasado… el destino del mundo al final si estuvo en manos de Haruhi, y no sólo la Brigada SOS había conseguido evitar que colapsara en un desvarío emocional de ella, sino que había logrado darle la estabilidad suficiente para que ella misma le procurara un futuro… y es tiempo de que vuelva al infinito, a las estrellas que le dieron origen y que nos muestre aquellas cosas que sin duda superan al tiempo, el espacio y el entendimiento de un rudimentario razonamiento humano como el mío.
—¿Papá?— Lanzó Ryoko al verme inmóvil.
—¿Sucede algo, Kyon?— Secundó Haruhi.
—El noviazgo…— Respondí torpemente.
—¿Perdona?— Preguntó Haruhi divertida.
—¡El noviazgo…! Ahora que lo pienso, creo que nunca tuvimos uno en forma… salimos un tiempo y todo eso antes de que Ryoko llegara a casa por primera vez, pero… me gustaría presenciarlo más tiempo y más de cerca…
—Creo que es un poco tarde para nosotros, tonto—. Respondió ella sin terminar de entender mi parloteo.
—¡Sé que es tarde para nosotros! Y no pretendo que volvamos a esa etapa, mi trabajo me costó tener una familia… pero Nagato y Koizumi harán algo maravilloso en un futuro no muy lejano, estoy convencido de ello… y Asahina y Robles se ven tan enamorados, que no quisiera perderme alguna escena cómica que terminaría con él partiéndose de risa y ella poniéndose roja como un tomate… quiero conocer al puberto inmaduro que llegará a cenar a nuestra casa en unos años pretendiendo cortejar a Ryoko, para que ambos los acribillemos con preguntas vergonzosas…
—Pero tú escuchaste a Asakura, ¡nuestra misión está hecha! ¡Debemos partir!
—No, dijo que como nuestra misión estaba hecha, podíamos tomar la decisión…
Abordada por una inquietud semejante a la mía, se volvió a nuestro guía, que sonreía flamantemente, dándome la razón con un asentimiento.
—Yo también quisiera volver con mis tíos, y mis abuelos, y a ver a Shamisen…— Dijo Ryoko, reconsiderando.
—Y no lo niegues…— Completé rematándola y tendiendo mi mano a ambas: —…te mueres por averiguar qué pasa en Silent Hill.
Esa era su kryptonita y yo lo sabía, si hay algo que ella deteste es dejar cosas incompletas, sobre todo si es algo tan fascinante. Caminaron ambas hacia mí, tomé en brazos a Ryoko y encaramos a aquellos que no regresarían.
—Nos volveremos a ver, ¿cierto?— Lancé mirando con irremediable nostalgia a Asakura, el paisaje a sus espaldas comenzó a hacerse difuso, dando nuevamente paso a la luz de incontables astros.
—Por supuesto. Hasta entonces, no dejen de mirar las estrellas.
Haruhi se abrazó a mí, y ambos resguardamos a Ryoko. Luego ella dijo:
—Pues listos o no… ¡Aquí vamos!
Y nuevamente el vértigo, la velocidad indescriptible, el paso a través de los brazos nebulosos de la Vía Láctea… ¿qué es esta sensación…? Acabamos de postergar nuestro paso a la eternidad, a lo desconocido… y estoy extrañamente emocionado de volver…
El negro sideral se atenuó un tanto, pude ver la luna en su fase creciente… ¡maldita sea, estamos en caída libre! Lo noté al ver la antena del mismo edificio del que habíamos salido, y aunque en un principio pensé que nos estrellaríamos como insectos en un parabrisas con el helipuerto, grande fue mi sorpresa el ver que atravesábamos uno a uno los niveles del edificio, y no porque fuéramos etéreos… los niveles del edificio cedían a medida que lo atravesábamos… por supuesto, no éramos nosotros lo que lo derribaba, era algo más, ajeno a nosotros… el ensordecedor ruido del concreto haciéndose polvo y el cristal templado volviéndose astillas… luego, cubiertos bajo la mole de escombros, llegó un silencio sepulcral… sólo entonces noté cuan cansado estaba… Haruhi también… así que sin poder evitarlo, dormimos.
Habrán pasado… ¿unas horas…? ¡Ah! ¿A quién engaño? Había perdido la noción del tiempo, y al despertar comprobé que lo último que vi no era un sueño… sin embargo, todo estaba oscuro… la máscara no estaba más sobre mi rostro, sólo llevaba encima el traje de infiltración y sobre mi pecho sentía la respiración rítmica de Ryoko.
—¿Kyon…? ¿Estás…?
—Estoy bien—. Respondí tratando de alcanzar con la mano el rostro de Haruhi a ciegas.
Luego de confirmar que estaba bien, teníamos el siguiente problema encima:
—¿Dónde estamos…?— Lanzó ella adelantándoseme.
—En la Torre Mayor, supongo, o lo que queda de ella… ¿Qué mierda pasó aquí…?
—¡Hola!— Escuchamos en un grito distante, aunque de voz familiar! —¿Hay alguien ahí?
Vaya… eso si que era inesperado… ¡éramos supervivientes!
—¡Aquí!— Gritó Haruhi más intuitiva que yo.
—¡Es Suzumiya!— Dijo alguien a la distancia.
Pasó en sólo unos segundos, pude escuchar el escombro moverse como si fuera remolcado por un tractor gigantesco, pero equipado con un chasis y motor de carreras, y luego de que una nube de polvo que nos hizo toser un poco nos abordara, una gigantesca trabe de hormigón se levantó frente a nosotros, permitiéndonos ver de nueva cuenta el cielo nocturno. Había al menos una veintena de personas, algunos eran rescatistas, policías y bomberos, otros parecían simples civiles, y con sorpresa noté que un par de ellos eran cazadores, de aquellos que Miguel había reclutado… todos parecían muy asombrados, no por que estuviéramos los tres vivos, sino porque Nagato levantaba con sus solas manos la viga que sin duda pesaría varias toneladas. Sin embargo, ella los ignoró, y sin esforzarse siquiera un poco, lanzó el trozo de la construcción lejos y con el rostro iluminado de júbilo y cubierto de polvo se abalanzó sobre nosotros, tomando a Ryoko y pasándola a Koizumi.
Ayudados por La Brigada, caminamos hasta un pequeño montículo de despojos de la construcción, que inocentemente pensé sería la única abatida… al llegar, pude ver la magnitud del desastre… conatos de incendio a la distancia, nubes de polvo iluminadas por luces de torretas y el escándalo de maquinaria pesada trabajando por todos lados… rescatistas, civiles, criminales y todo tipo de personas, trabajando hombro con hombro para sacar sobrevivientes de los escombros…
—¿Qué demonios pasó aquí, Nagato?— Cuestioné sin terminar de comprender.
—Diez punto uno en escala de Richter por dos minutos y medio, eso fue lo que pasó—. Respondió ella retirándose las gafas y limpiándoles el polvo. —Me encantaría llevarlos a descansar, pero como podrán darse cuenta, necesitamos manos aquí.
—Y bastantes…— Nos dijo con voz cavernosa el Protector… vivo, por supuesto, pero aún débil. —Así que si no les molesta…
A poner manos a la obra… la ciudad estaba devastada, mucha gente murió hoy, pero por algún motivo que no logro entender… daba la impresión de que todo estaría bien…
Capítulo 15.
Fin.
