Epílogo.

Pasamos casi un día entero buscando personas con vida entre los escombros de la construcción, no sólo nosotros, absolutamente todo hombre, mujer o niño capaz de andar por su cuenta apoyaba de una forma u otra. El bosque de Chapultepec (versión mexicana de Central Park) era utilizado como un gigantesco hospital al aire libre que recibiera a cada lesionado y también hacía las veces de cocina comunitaria. Ahí fue donde pasamos la noche posterior al terremoto prácticamente en calidad de pacientes, dadas nuestras lesiones y el agotamiento crónico que nos aquejaba.

Daba cuenta de algo de sopa sentado en el catre donde mi esposa y mi hija dormían, a mi alrededor andaban médicos, ayudados por voluntarios que iban desde civiles hasta cazadores o incluso narcos. Cada vehículo, sin importar el propósito original que hubiera tenido, era utilizado para labores de rescate o como transporte de víveres y medicamentos… y entre los innumerables camastros: ángeles.

Tanto aquellos que alguna vez había visto, desnudos, inocentes y bondadosos que daban aliento a sus protegidos, como los antes leales a Miguel, que incluso seguían metidos en trajes de campaña, pero cuyas capuchas habían sido retiradas, y cada cierto tiempo alguno salía tranquilamente hacia el firmamento, ayudando a los que se iban primero a llegar a su próximo destino, libres del dolor de lo terrenal.

La luz eléctrica regresó casi doce horas después del siniestro, lo que nos dio la noticia de que más que un terremoto, el Cinturón de Fuego se había sacudido a lo largo y ancho del globo, provocando incontables movimientos telúricos y de distintas escalas. Con alivio escuchamos que Japón había tenido su propia ración, pero que los daños eran mínimos y casi no había cobrado vidas, otros lugares como Alaska, China, Chile, Colombia, Bolivia, Rusia, el oeste de los Estados Unidos y por supuesto México no habían tenido tanta suerte, y los daños iban desde las grandes ciudades, hasta las costas, donde algunos tsunamis se dejaron sentir, siendo particularmente violentos los que azotaron España, Portugal y el Reino Unido, además de que el estrecho de Gibraltar se hizo más estrecho aún, acercando cuatro kilómetros más a España y a Marruecos.

Viéndolo bien, Miguel no estaba tan equivocado: el dolor puede ser uno de los métodos de enseñanza más efectivos en el universo, y comenzaba a ver sus efectos. Esta vez, sin embargo, era diferente: las personas emitían un aura distinta, la ciudad, aunque volcada sobre sus cimientos, daba la impresión de ser un lugar diferente… la gente parecía presa de una epifanía colectiva que los llevaba por un buen camino.

Serían los primeros días de enero cuando finalmente se abrieron las fronteras y los vuelos internacionales comerciales fueron posibles. Para esas alturas nuestras heridas habían sanado casi por completo, sin mencionar que teníamos un excelente médico con nosotros que coadyuvo a que nuestra salud mejorara. Después de una Navidad más bien nostálgica, las autoridades comenzaron a reportar sus avances: Gonzaga volvió a liderarlos y en sólo unos días los grupos rebeldes, ahora sin una cabeza a la cual seguir se habían dispersado, la mayoría se entregó voluntariamente, mientras que el resto fue rápidamente localizado y arrestado. Los laboratorios de polvo de ángel fueron desmantelados uno a uno, destruyéndose su producción en sólo unos días. Muchos cazadores, que desde varias década atrás habían vivido ocultos y al margen de la ley, volvieron a desaparecer entre las sobras, aunque la mayoría lo hizo hasta que las labores de salvamento por los sismos terminaron… según los primeros recuentos oficiales, la capital y el área metropolitana mexicana habían tenido afectación para cerca del cinco por ciento de su población total desde el golpe de estado (ahora finalizado) hasta los terremotos, cantidad duplicada por el número de heridos y damnificados, hablando en números redondos serían quizás un millón de fallecidos y desaparecidos y más del doble con alguna lesión o sin hogar.


¿Qué sucedió con todos nosotros luego de eso? Algo así:

Nos reunimos en casa de Robles una vez que el polvo comenzó a descender, Gonzaga nos pidió fuéramos pacientes para recibir la indicación de volver a nuestro país, pues sin lugar a dudas, el trabajo estaba cumplido. Interpol había mandado personal de apoyo para Haruhi, aunque ella inmediatamente los puso en labores logísticas y documentales para reivindicar el nombre de Gervasio Robles (que ellos tenían por traidor y doble agente), declarando ella misma para que dichos cargos fueran retirados y su maestro recibiera los honores propios de un oficial muerto en acción… y con todo y que Robles no estaba muerto, no volvería a su trabajo o a su vida, Haruhi incluso consiguió que el gobierno de la ciudad (luego de una larga y desesperante hora de hacer su "voz de mando" frente al consejo ciudadano) contara dentro de la planeación para la reconstrucción de la ciudad con una escuela que llevara su nombre, así la leyenda del Pantera trascendería al tiempo.

Leonel y Marina, por su parte, nos deleitaban con historias sobre el cielo y la tierra, aunque no nos hablaban ya del origen de la enemistad entre ángeles y hombres, sino de cómo terminaría el conflicto, cosa que pasaría en los años siguientes. Mucha de la burocracia celestial fue desertando poco a poco a medida que Miguel fue ganando poder, cosa del último milenio. Según ellos dicen, Rafael fue asesinado y Gabriel se exilió al igual que Metatrón. Con la caída y envío de Miguel a rehabilitación (el purgatorio, supongo) Gabriel llegó a tomar su puesto como comandante de los ejércitos celestiales, y estará en la primera línea de defensa cuando el verdadero día del juicio llegue.

—Entonces sólo se necesitaba un cambio de administración—. Dije sintiéndome sorprendido de cómo las cosas en el cielo eran tan parecidas a como son en la tierra. Leonel, en un acto inesperado, dio una palmada leve pero sonora en mi nuca:

—¿Qué no aprendiste nada de este viaje? Lo importante no es quién manda, sino quien obedece, el cambio no está en las propuestas de un gobernante, sino en la convicción de los gobernados, Miguel llegó tan lejos en su loca misión porque se lo permitimos a lo largo de la historia… no existe mayor cómplice del opresor que el oprimido mismo.

—Entendido… pero si es así, ¿qué no corremos entonces el mismo riesgo de que Gabriel cometa los mismos errores?

—Sin lugar a dudas. La historia humana está repleta de errores repetidos una y otra vez, en ocasiones con mayor intensidad que en el pasado, es un ciclo, del cual tarde o temprano nuestra raza aprenderá… aquél que no conoce su pasado, poco o nada puede hacer para cambiar su futuro.

—¿Y tú qué harás para cambiar tu futuro?— Me atreví.

—Conseguir un empleo.

—¿Un empleo?— Pregunté desconcertado al cazador.

—Sí… aunque ignoro a ciencia cierta qué tipo de trabajo podría tomar, pero considerando que no hay registros míos prácticamente en ningún lado, podría pretender ser policía o militar, me desenvuelvo bien en esos ambientes.

—¿Qué pasará con esa encantadora casita en medio de la selva?— Preguntó mi esposa.

—La iré a visitar de cuando en cuando, en especial durante las vacaciones… suena raro viniendo de mí, sin embargo, tengo la impresión de que de alguna manera puedo cooperar para que las cosas cambien…— Reflexivo y optimista tomó su inseparable caja de cigarrillos. —Como les había dicho antes: los cazadores somos lo que queda de un pasado glorioso, pero no necesariamente perdido, creo que en lugar de lamentarme por las batallas perdidas en el pasado y el legado robado, debería tratar de forjar un nuevo legado, no sólo para mí, sino para todos los que nos quedamos en estas tierras, y a las que debemos absolutamente todo. Voy a dejar de ocultarme y a dar lo mejor para poner nuevos cimientos en este lugar devastado… la destrucción fue terrible, pero mis ancestros pensaban que el final no era el final en realidad, sino un nuevo inicio, una oportunidad de evitar los errores pasados—. Dicho eso, lanzó la caja de cigarrillos al cesto de basura. —Todos tenemos derecho a segundas oportunidades, es sólo cuestión de tomar la iniciativa.

—He ido a muchos lugares del mundo tratando de encontrar la verdad—, intervino Marina. —…y cuando estaba a punto de rendirme, llegué a los Estados Unidos hace más de una década, viviendo a partir de ese momento tantas y tan raras aventuras… que llegué a la conclusión que algo tan exquisito como una verdad absoluta no existe. La verdad está dentro de cada corazón y sólo en él puede reconocerse, ha sido maravilloso ver la versión de cada uno en toda esta carrera hasta el día de hoy… creo que en lugar de buscar una verdad absoluta, trataré de encontrar la propia, y es aquí donde comenzaré mi nueva búsqueda… al final, tengo aún mucho tiempo—, tomó la mano de Leonel como siempre, que según sus gestos y leguaje corporal, no parecía resentir los efectos de la magia de la súcubo ya. —y lo haré en tanto Leonel esté por aquí y hasta que llegue su hora de partir.

—¿Y tendrán niños?— Dijo Haruhi entusiasmada.

—Por el método tradicional, no—. Respondió Marina igual de serena que siempre. —Pero hay varios cientos de huérfanos de los cuales podremos comenzar a hacernos cargo.


Hubo unas últimas indicaciones por parte del Maestro Gen a todos los que fuimos sus alumnos. El primero fue Robles, al cual obsequió el cinturón de su shenyi, un gesto sumamente simbólico y que representaba el enorme orgullo que le hacía sentir, además de que le dejaba muy en claro que su etapa como su alumno había terminado al fin. Shi-fu Robles había aprendido todo lo que necesitaba saber. El viejo tuvo un par de sesiones a puerta cerrada con Haruhi, en las cuales le dio instrucción sobre ciertos movimientos en un estilo que no había enseñado ni siquiera a Robles, diciéndole que no debería utilizarlos más que para transmitirlos y que no se perdieran en el tiempo. Luego de eso, una mañana simplemente se fue. Según él mismo había expresado, su camino debía continuar hasta encontrar aquello que estaba buscando.

—Sigo sin entender a ciencia cierta cómo es que sobreviviste—. Dijo Haruhi inquisitiva a Robles mientras nos tomábamos un descanso de arreglar nuestro equipaje para volver a casa.

—No puedo darte muchos detalles, sin embargo… bien, resulta que oficialmente morí el día en que Nanael me llevó, al menos así consta en documentos como mi misma acta de defunción, sin embargo, según la historia, participé en los eventos ocurridos el veintiuno de diciembre, así que cierta corporación de inteligencia de un lugar remoto, tomando una idea de Mikuru se tomó la molestia de fingirme una muerte y reclutarme…— Con los ojos repletos de nueva luz se volvió a la viajera del futuro, quien jugaba una partida de cartas con mi hija, Esperanza, Nagato y Koizumi. —Ella suplicó a sus superiores por mi vida aún al grado de poner en riesgo toda su misión, de muchas formas diferentes y de maneras que quizás nunca en mi vida comprenda, ella me salvó.

—¿Qué será de Esperanza y todas las cosas que dejaste?— Pregunté.

—Por fortuna, ambos se quedarán juntos. Me las arreglé para hacerla heredera de todo lo que poseía en esta época, además de que estoy plenamente convencido de que ya a estas alturas de su vida puede arreglárselas sin mí. Es una buena chica y la quise como a una hija, estará bien… el mundo es un lugar mejor y diferente ahora. Por otro lado, ni crean que se han liberado de mí.

—¿Qué quieres decir?

—Podríamos decir que parte de mis responsabilidades ahora es velar por ustedes, será grandioso, además, tengo muchos deseos de ver el descubrimiento de América, o el asesinato de John F. Kennedy y otras cosas…

—Un momento… ¿no se supone que no son capaces de viajar más allá de hace trece años, cuando Haruhi liberó su potencial?— Cuestioné.

—A menos que…— Intervino Haruhi reflexiva. —¡A menos que algo haya cambiado la noche que enfrentamos a Miguel…!

Robles sonrió ampliamente mostrándonos sus dientes de oro para decir:

Información clasificada.


Faltaría un par de días antes de que volviéramos a Japón cuando un rostro conocido de hizo presente en la casa de Robles (o mejor dicho, de Esperanza), dándonos a todos una sorpresa. Se quedó de pie en el amplio patio interior de la propiedad y no iba sola. Erimi Kimidori nos miraba con su sonrisa serena y a su lado, recién dado de alta del hospital psiquiátrico, estaba Marcos Morales.

—Gracias a tu oportuna intervención, fuimos capaces de recuperar a las dos interfaces que por un momento pensamos perdidas para siempre. Ahora pueden ser restauradas y enviadas a casa.

—¿No se quedarán aquí?— Preguntó nuestra alienígena, acomodándose los espejuelos.

—Sólo por un tiempo más—. Le respondió aquél muchacho. —Las investigaciones en esta parte del mundo han resultado exitosas y no es necesario tener interfaces de combate, así que terminando los asuntos pendientes, nos iremos.

—La entidad que neutralizaste conocida por Nanael, perpetró un daño muy profundo en las terminales atacadas, el proceso de restauración tardará algún tiempo, pero será sanado por completo, luego podrán reintegrarse a sus actividades normales—. Continuó nuestra ex compañera de la preparatoria. —Así que hemos hecho los arreglos para que hoy mismo comience el tratamiento—. Terminadas esas palabras hizo una indicación con la cabeza para que Morales y Nagato la siguieran fuera de la casa y con destino desconocido.

—¿Qué tipo de correcciones nos harán?— Dudo Nagato sin seguirla.

—Toda alteración será corregida—. Dijo apenas volviéndose y retomando la marcha de inmediato.

—Yo… yo no quiero…— Expresó nuestra compañera de brigada.

Si quería la atención de Kimidori, la había conseguido.

—Es imperativo que sean corregidas todas las disrupciones hechas a tu interfaz, no sabemos a en realidad cómo es que reaccionarás al enfrentar…

—¿Enfrentar qué? ¿Una humanidad completa? No soy tan humana como quisiera, fui capaz de restaurar mi conexión con la Entidad para la Integración de Datos por mí misma, y mis habilidades en manejo de información son iguales o mejores que al principio, Nanael, involuntariamente sin duda, trató de quitarme la esencia misma de mi ser… sin saber que sólo la había asentado. Puedo enfrentarlo, quiero mantener los "daños" que Nanael infringió a mi interfaz…

—¿Entiendes que esa forma te hace vulnerable, probablemente…?

—¿Mortal? Lo sé… lo dices como si no hubiera sido así desde que fui enviada aquí…

—Sabes bien que la integridad de esta interfaz está comprometida, y aunque cuentas con herramientas para procurarle salud e incluso salvarla de situaciones críticas, se irá deteriorando al paso del tiempo, perderá fuerza y lucidez, hasta que un día sea incapaz de operar…

—Sí. Envejeceré, y eventualmente moriré, pero justo ahora no tengo tanto miedo a la muerte, tengo más temor a no hacer lo que siento en mi interior como correcto y, ¿Por qué no?, aquello que me hace feliz.

—Nagato…

—Formalmente pido autorización para omitir el proceso de restauración de mi interfaz.

Kimidori comenzó a caminar hacia Nagato, y aunque su semblante y gesticulación no lo indicaban, por primera vez lució molesta, incluso con intenciones de intimidarla. —No puedes pedir algo así…

—¿Ah, no?— Preguntó Haruhi, interponiéndose entre ambas y encarando a Kimidori, que se detuvo en seco ante la mirada atónita de todos los presentes. —Estoy segura de que si hacemos una llamada, podría obtener algo de atención por parte de "tus jefes"… ¿por qué no lo intentamos?

Kimidori amplió su sonrisa, lo que me pareció un indicativo de que estaba nerviosa, y luego de reflexionarlo unos segundos, volvió sus ojos color aceituna hacia el cielo. Largos minutos de incertidumbre pasaron mientras que Nagato presionaba involuntariamente la mano de Koizumi, haciendo que sus dedos comenzaran a ponerse azules.

Kimidori regresó de su trance robándonos a todos el aliento. Sin pronunciar palabra pasó al lado de Haruhi hasta alcanzar a Nagato, e hizo una señal con la mano, como queriendo darle algo. Nuestra alienígena correspondió al gesto tendiendo su palma derecha, donde descansó por tan sólo un instante la yema del índice de la otra interfaz.

—Esas son las nuevas instrucciones—. Dijo al final con voz tenue y retrocedió, encarándonos de nueva cuenta a todos. —Espero que su vuelo de vuelta a casa sea bueno.

Nagato, que se miraba la palma de la mano como tratando de atravesarla con una hipotética visión de rayos X, levantó los ojos por fin al ver a la chica retirarse.

—¡Kimidori!— Esperó hasta que se volviera a verla, luego dijo: —¡Gracias!

Nagato levantó las manos al cielo, presa de una alegría muy humana. Había ganado el derecho a decidir, a ser algo más que esa pieza de ingeniería genética que tenía como única misión observar, a vivir según quisiera. Había ganado su humanidad.


Antes de darnos cuenta, el once de enero había llegado. Junto con él llegó la reapertura de varios servicios y la finalización de las labores de rescate, así como el comienzo del trabajo de la maquinaria pesada para levantar los escombros. El lugar donde alguna vez estuvo la Torre Mayor y que presenció uno de los más trascendentes eventos de la historia había sido ya cambiado por un pequeño parque conmemorativo, con un ágora diminuto al centro. Ese día sería la inauguración del lugar, y el presidente mismo dio un emotivo discurso sobre el futuro, nunca más incierto para los habitantes de estas tierras… sonará ambicioso, pero palabras semejantes sonaban a lo largo y ancho del globo, dichas por otros presidentes, reyes, primeros ministros e incluso el emperador en mi país, ciertamente contagiados por un nuevo espíritu, por una nueva luz.

—Y al final lo lograste—. Le digo a mi esposa que sostiene a Ryoko en brazos.

—¿Lograr qué?

—Cambiaste al mundo al final, hiciste algo diferente con él. El tipo de allá suena convencido de ello.

El mandatario en cuestión estaba a segundos de develar una placa conmemorativa del tamaño de un muro, en el cual se versaba el nombre de al menos unas quinientas personas, todos ellos policías y militares. Tuvimos oportunidad de verla antes, y con algo de tristeza notamos que el nombre de Miguel Buenaventura no figuraba, así que como última travesura, Nagato se las arregló para que su nombre fuera uno de los primeros en la larga lista de letras doradas. La ancha cortina cayó finalmente y una respetuosa ronda de aplausos fue escuchada en medio de la brisa invernal.

—Deberías dejar de ver a ese payaso y concentrarte en donde está el verdadero cambio—. Me dice, luego se gira sobre sus talones, mirando a las personas que asistían al evento. Familias en su mayoría, aún dolientes por sus muertos, acomplejados por el largo camino que les quedaba para tratar de recuperarse y trascender a la tragedia, pero aún así, decididos, emprendedores, con nuevos bríos, más preocupados que nunca por asistirse unos a otros. —En ellos es donde se refleja lo que hicimos, y si logramos entrar en sus corazones y conciencias, aunque sea un poco, toda esta aventura habrá valido la pena.

Robles se abrió paso entre la multitud, y se quedó a unos metros de nosotros, en la misma actitud serena de la que todos habíamos sido contagiados.

—Es hora—. Dijo pidiéndonos con un gesto que lo siguiéramos.

Y en efecto, era hora ya. Una pick-up que ya llevaba nuestras maletas nos llevó a través de las obras de reconstrucción hacia el recién reabierto aeropuerto.


Uno a uno nos fuimos despidiendo de nuestros camaradas temporales. Esperanza parecía particularmente triste, pues a pesar de que Leonel y Marina se comprometieron a velar por ella en la medida de sus posibilidades, al final iba a tener que ver por sí misma en adelante. Abrazó a cada miembro de la brigada y fue particularmente aprehensiva con Ryoko, que como pasa con casi todas las personas con las que ha convivido, terminó por robar su corazón.

—¿Y tú por qué te despides?— Lanzó de pronto Haruhi mientras El Protector abrazaba a Ryoko y le daba consejos sobre su cuidado.

—Porque pasará un tiempo antes de que nos veamos de vuelta, pero Ryoko podrá hablar conmigo siempre que lo desee, además de qué tengo que quedarme aquí y ayudar a la reconstrucción. Perdí mi derecho a servir en el cielo por creer que ayudaba a los hombres, así que…

—Basta, no quiero que te justifiques. Según sé, uno de los primeros pasos para dejar el exilio es haber recuperado tu propósito, y con Ryoko tienes eso garantizado.

—Pero mis responsabilidades aquí…— Trató de refutar el ángel.

—Vamos, no te des tanto crédito, no eres tan necesario aquí, podemos arreglárnoslas sin ti—. Intervino Marina sonriente.

Antes de que pudiera formular una nueva excusa, mi hija tomó su mano etérea, hipnotizándolo con su mirada.

—Por favor, Metatrón-Kun.

Sí, lamento no haberlo aclarado antes, ese es el verdadero nombre del Protector, no era un seudónimo, sino un título, él era literalmente El Protector de la historia celestial antes de su destierro… quizás fuera que mis poderes prestados de cazador comenzaban a decaer, pero vi con toda nitidez como las grisáceas, casi negras alas del guardián aclaraban ligeramente. No parecía plenamente convencido, pero sí sumamente menesteroso. Algo parecido pasaba con Ryoko, que si bien no es indiferente con las personas, puede llegar a ser algo impersonal, excepto con Haruhi, Nagato y yo, al parecer también tenía fuertes vínculos con su ángel guardián.

—Espero que te guste la clase turista, no hay muchos vuelos en primera clase en estas épocas—. Le dije mientras comenzamos a andar hacia la zona de abordaje, dando por hecho que nos seguiría.

—¡Te va a encantar mi país!— Comenzó la niña emocionada mientras tiraba de la mano de Metatrón… —¿Sabes que voy a entrar a una escuela? Nunca había ido a una escuela, porque sé muchas cosas más que los otros niños… pero me gusta convivir con otros niños, ¿A ti te gusta jugar con otros niños? Apuesto a que cuando eras pequeño te gustaba jugar con otros niños… bueno, con otros ángeles… oye, ¿es cierto que los bebés vienen del cielo? ¿Tú has traído a alguno? Aunque no pareces una cigüeña, te ves más grande.

Dejé que la brigada se adelantará mientras reían escuchando el soliloquio con el que mi hija apabullaba al guarda.

—Yo te veré en sólo unas horas, así que ahórrate la despedida—. Dijo Robles, volviéndose a poner las gafas oscuras y yendo hacia la salida de la sala de espera.

—En cuanto a ustedes… ¿volveremos a vernos, cierto?— Dije nostálgico a la jovencita, la súcubo y el cazador. Sólo el tercero respondió mientras los tres comenzaban a seguir a Robles.

—Tarde o temprano, muchacho, sea en esta vida o más adelante.


Y temiendo que la paciencia del ángel no fuera la suficiente para soportar un viaje de seis horas con una Ryoko eufórica, comenzamos nuestro vuelo a casa. Pensaba en todo lo que habíamos tenido que pasar para ganarnos el volver, así como en todo aquello que se perdió en el camino. Marina lo concretó muy bien con sus palabras: algo tan sublime como una verdad absoluta es hasta cierto punto ilusorio, y Haruhi conocía esa realidad, llevándola como estandarte de vida desde antes incluso que yo la conociera. Su propósito de ir siempre tras la búsqueda de cosas extraordinarias estaba íntimamente relacionada con esa condición: el hecho de que el mundo te diga que lo que sea que veas es un engaño o producto de una mentira y que la mayoría así lo crea, no lo hace verdadero. Aparentemente Ryoko, también un paso adelante de mí, tiene en su mente y su corazón la apertura y madurez suficiente para aceptar la realidad más allá de lo que le muestran sus ojos… y sí, de alguna manera podría ser achacado a la ingenuidad propia de un niño, pero… ¿Qué no todos deberíamos en algún momento ser como niños?

El océano pacífico se apoderó del paisaje bajo nosotros un tiempo después y sus aguas parecían tranquilas, tanto así que me hicieron pensar lo que, por otro lado, habíamos ganado. Si bien el vínculo entre Haruhi y yo ya era fuerte, creo que esta aventura lo galvanizó, dándole mayor profundidad y valor, tuvimos que aprender a estar el uno sin el otro, y aunque ese proceso casi hizo que muriera, me ayudó a ver aquello que es importante. Nagato ganó su humanidad, Koizumi una novia de ensueño, Asahina encontró lo que estaba buscando y que erróneamente llegó a pensar que podría encontrar en mí y Ryoko tiene a su ángel con ella… eso último me da qué pensar, creo que ya debe estar haciendo planes al respecto… y también nos había dado el privilegio de un pequeño descanso después de diez años ininterrumpidos.


Unas horas después de dejar el aeropuerto de Narita en Tokio, descendíamos todos del tren en la estación Kouyouen, viendo por primera vez en muchos meses un panorama conocido, y mis recuerdos sobre mi vecindario parecían regresar después de varios siglos de estar guardados en mi memoria. Había algunas señales puestas alrededor de grietas en el suelo y algunas construcciones, pues la agitación del mundo llegó incluso hasta aquí, aunque por fortuna para nosotros, no era ni una fracción de la intensidad con la que se dejó sentir en México. Robles llegó con paso sereno y se apostó delante de nosotros, ya no tenía que preocuparse por usar aviones, el TPDD es un método de viaje muy efectivo.

—Supongo, detective, que ya tiene claro lo que sucederá a continuación—. Dijo el vicecomandante, sonando agotado.

—Sí… tomemos unas vacaciones, chicos, unas semanas. Tal vez unos meses… nosotros volveremos a casa y arreglaremos algunos asuntos, le hace falta una buena limpieza y también tenemos que avisar a nuestras familias que estamos de vuelta, Kyon debe reportarse en la Universidad. Yo voy a pedir algo de trabajo administrativo a la corporación para descansar un poco. En cuanto a Ryoko, comenzará este abril el segundo grado de educación básica, desde hace mucho tiempo pidió entrar a una escuela normal, ya va siendo hora de que lo haga. ¿Qué harán ustedes?

—Francamente lo ignoro…— Respondió primero Nagato, viendo las casas y colinas del vecindario como si fueran nuevas para ella. —Supongo que el límite es la imaginación, tal vez consiga un empleo temporal mientras volvemos a la carga. Además de que quisiera comprar algunos muebles para mi departamento, empiezo a pensar que le falta vida.

—Eso no se arregla con muebles, se arregla con personas… conozco algunos que estarían encantados de "dar un poco más de vida" a tu casa…

—Haruhi…— Intervine para rescatar a la pareja de la vergüenza que comenzaba a poner rojos sus lóbulos auriculares.

—En cuanto a mí…— Habló el ésper luego de aclararse la garganta intencionadamente fuerte. —Pediré una licencia en La Agencia y me uniré a las brigadas de ayuda para quienes resultaron afectados por los sismos aquí en la comunidad.

—Nosotros también tomaremos unas pequeñas vacaciones, por un periodo habrá tranquilidad y podemos dejar de monitorearlos—, dijo Asahina hablando por Robles y ella, adelantándose para abrazarnos.

Ellos serían los únicos que no serían nuestros vecinos, sino que volverían al futuro, no imagino a qué tipo de faenas, y aunque por lo general no parecía molestarle a nuestra compañera volver a casa de cuando en cuando, lucía ciertamente radiante de no ir sola en esa ocasión.

—Supongo entonces que este es el adiós… momentáneo e intrascendente, pero igual el adiós—. Dije tomando las maletas del suelo donde las había puesto.

—¡Pero no se acostumbren demasiado! ¡Su presencia en la próxima misión no podrá ser excusada ni siquiera con la muerte!— Dijo Haruhi con recobrados bríos. —¡La Brigada SOS no es una diversión, es una vocación!

Así, hicimos todos sendas señas con las manos y comenzamos a caminar en direcciones diferentes, dando por terminada la tarea, dándonos un verdadero respiro en muchos años. Quizás debería preocuparme un poco por Metatrón, en especial porque no sé qué tipo de hábitos tiene un ángel guardián, ¿debería acondicionarle una habitación…? Además, estoy seguro que en unos días nuevamente seré incapaz de verlo, cuando estos poderes salgan de mi torrente sanguíneo, pero algo me dice que es digno de toda mi confianza y que Ryoko estará segura en tanto él la acompañe.

—Ya no quiero que me digan Ryoko-Chin—. Exclamó de pronto mi hija, adelantándose y plantándose frente a nosotros.

—¿Y cómo deberemos llamarte en adelante?— Pregunté.

—Ya soy una niña grande, entraré a la escuela en poco tiempo… así que quiero que me llamen Ryoko-Chan.

Que así sea. Hay un matiz de mando propio de su madre más evidente que nunca, como si comenzara a salir de una crisálida, pero al mismo tiempo parece más concienzuda y meditabunda que ella, supongo que es un rasgo obtenido de mí… quiere decir que no tendré que preocuparme por sus posibles ideas apenas comience a socializar con otros niños…

¿O sí debería…?

Epílogo.

Divinidad Condenada.

FIN.


Notas del autor:

Vaya… sí que fue una travesía.

Antes que nada, quiero hacer los agradecimientos, así que helos aquí: para HoTTermanMax, Zakishio, yuki kanade, KnightRyu, -Chan, Dimencio, Mirzam25, LaertesAgape, ziotzae, AleatoryR, Iori Jestez, Zhadow87, Suzumiya Haruhi-chan y montones y montones más de personas que siguieron este relato y dedicaron unas palabras de aliento para impulsar a este perezoso autor a continuar, sin ese aliento, no habría llegado hasta aquí, aquellos que me incluyeron en su lista de favoritos y también a aquellos que dedicaron unos minutos simplemente a leer el trabajo, mi esposa, que sin saber a qué dedicaba mis ratos libres de escritura me ha apoyado incondicionalmente, mis amigos de toda la vida (Lore, Marcos, los roleros y más) por las eventuales anotaciones y comentarios. Y por supuesto, a los que se fueron.

¿Qué sigue de Divinidad Condenada…? Es una gran pregunta. Diera la impresión de que este no es el final de las historias de esta Brigada SOS que ustedes me han ayudado a confeccionar… pero tristemente, así será.

¡Ja! ¡Los engañé! Aunque lo que sí es verdad, es que me tomaré un pequeño descanso, pero en el inter seguiré nutriendo las historias cortas de "Días del Futuro Pasado".

No me canso de repetirlo: Gracias. Han sido una gran inspiración para mí, y espero haber estado a la altura de sus expectativas en estos cuatro relatos largos, no lo olviden, recomiéndenme con sus amigos y los amigos de sus amigos, y todo eso.

Sin más, espero sus comentarios, y no lo olviden: ¡Larga vida y prosperidad!