Porque en algún momento esperé un abrazo y recibí un grito... Porque esperé una sonrisa y recibí un regaño...

Beyblade no me pertenece...


-oO0( ¿Papá? )0Oo-

Por Kiray Himawari

Capitulo II. Triste Revelación

La noche poco a poco había caído cubriendo la ciudad con una oscuridad y frescura agradable, en aquella mansión las luces de la sala habían sido ya encendidas para dejar observa los rostros ente sí.

– Creo que tus amigos están muy sorprendidos, ¿qué tanto les has hecho? – preguntó Kazumi en burla para acabar con esa tensión que se sentía.

– No les he hecho nada – respondió encogiéndose en hombros.

– No sé que decir… –Tyson.

– Nunca has sabido qué decir en situaciones como éstas. – agregó con ironía más creíble para los demás.

– Es porque nunca había estado en una situación como esta. – respondía defendiéndose.

Kazumi miraba entretenida los diálogos de Tyson, mientras que en su mente pensaba en qué era lo que les sorprendía tanto, además del cambiado carácter que parecían reconocer.

– Estás irreconocible – dijo Hilari.

– ¿Irreconocible? – repitió un poco confundido.

– Sí Kai, hasta donde recuerdo eras del tipo que odiaba socializar con nosotros, de los que veían un niño y casi con la mirada los fulminaban y, de buenas a primeras, dices 'mis amigos', cuando estuvimos esperando tres años esas palabras brotar de tus labios y, por si fuera poco, con un niño que resultó ser tu hijo… – dijo Tyson ya sin aire en los pulmones y con un notable enojo.

Kai se quedó pasmado ante aquél discurso que parecía entender, pero que no había meditado antes…

– ¡Tranquilízate Tyson! Kai está poniendo de su parte para platicar con nosotros y lo único que estás haciendo es irritarlo – sugirió Hilari.

– Sí, Tyson, no te pongas así, debe haber una buena razón para esto… –- agregó Max.

– ¿Uhmm? – sollozó Tyson con mirada confusa.

El semblante amable e irónico que hacía un rato había tenido Hiwatari se había esfumado, ahora sólo quedaba una mirada escondida tras el flequillo grisáceo.

– ¿Estás bien? – preguntó la pelilavanda buscando sus ojos.

– ¿Kai? – pronunció Kenny.

– ¿Amigo? – agregó Ray.

Todos lo miraban preguntándose lo que había pasado.

– Han pasado… dos años… – pronunció sin cambiar su semblante –…. Dos años… difíciles… –

– ¿Kai? – Tyson sorprendido.

– No es necesario que nos des explicaciones, si no deseas hacerlo… – decía la castaña para minimizar la situación – …creo… –

– No está bien… Merecen una explicación – interrumpió el bicolor.

Todos sintieron una sensación de nostalgia…

– Como todos ustedes saben siempre me ha costado comunicarme con las personas, sin embargo las circunstancias me han servido para expresarme con ustedes un poco más – decía regresando la mirada hacia los rostros presentes. – Muchas cosas me han cambiado, entre ellas mi hijo, Ritsuka. – sonrió brevemente – Es un niño muy alegre… Además Kazumi también ha colaborado – decía mientras la miraba – pero lo más importante después de esos tres años, es lo mucho que aprendí de ustedes… – guardó silencio unos segundos. – … Me demostraron que son mi amigos… Es sólo que no podía aclarar en mi mente cómo podían serlo… No es un secreto lo orgulloso que soy, mas no era todo… No podía concebir que… Bueno… Me aceptaran como soy… Nunca les he mostrado mi afecto, claro está y como mi mente estaba confusa decidí alejarme un tiempo y analizar la situación, luego las circunstancias me traen hasta aquí, al igual que ustedes. –

– ¿Kai? – los labios de Tyson le temblaban de una alegría nostálgica.

– Me alegra saber que ahora estamos bien. – dijo Ray espontáneamente.

El bicolor mostraba una sonrisa que ya durante esa noche especial había lucido. La conversación comenzó entonces a tornarse emotiva expresando el sentir de los recién reencontrados, todos soltaba algunas sonrisas que demostraban las gracias por aquellas sinceras palabras, poco a poco la conversación se tornó a relatar las anécdotas del torneo pasado, el cual ganaron con obviedad los G-Revolution. Habían transcurrido dos horas cuando ahora el foco de atención era Kazumi, que parecía ensimismada…

– Pero dinos Kai, ¿cómo es que conociste a Kazumi? – preguntó Ray cortando así el pensamiento de ésta.

Reaccionó la pelilavanda…

– ¿Kazumi? – repitió el ruso – Bueno… –

– Déjame contarles la graciosa historia… – interrumpió la chica de ojos grises que, hasta hacía unos segundos, no había hablado.

– Claro – asentó el bicolor.

– Bueno, hace dos años más o menos… –

Dos años atrás una chica menuda tocaba de casa en casa en busca de empleo, al no tener mucha preparación académica y dada las circunstancias se había visto en la necesidad de buscar empleo como ayudante doméstica. Lo más difícil no era no estar preparada, sino que peor resultaba el no contar con alguna referencia que avalara el trabajo a desempeñar y con obviedad es que no la tenía. En una de las casas en donde había conseguido una oportunidad fue despedida al notar que el dueño de la casa veía a la chica más que a una simple sirvienta, pues ciertamente era bonita, y de no haberla corrido ella hubiera salido huyendo del lugar, ya que se traba de un hombre libidinoso. En otra casa la habían echado con el pretexto de la desaparición de un reloj, el cual había sido extraviado por la hija de la señora de la casa. Con mucha desilusión y pocas esperanzas pensó en buscar por última vez un empleo para sobrevivir en un mundo tan cruel. Su vida familiar no era algo digno de ser recordado, pero no quería pensar en ello. Ya sin ánimos toco la puerta de aquella mansión, la cual se escuchaba silenciosa y lucía un poco desatendida; un chico con ojos carmín abrió ligeramente la puerta, no asomando más que una parte de su figura…

– ¿Sí? – dijo con un tono frío y de fastidio.

– Yo… – titubeaba la chica.

– No tengo todo el día. – agregó ya molesto.

– Estoy buscando trabajo… – respondió sabida de la respuesta negativa.

– ¿Qué clase de trabajo? – preguntó sin inmutarse, ni siquiera parecía interesado.

– Sé cocinar, lavar… Bueno busco trabajo como sirvienta. – terminó con la mirada al piso.

– ¿Sabes cambiar pañales? – cuestionó el chico en el mismo tono de desinterés.

La chica creyó que se burlaba de su necesidad, mas su desesperación hizo que guardara sus estribos contestara de una manera suave…

–… Sí, claro… – respondió insegura.

Entonces el chico abrió la puerta dejando ver al niño que portaba en brazos. Su cabello azul y gris era peculiar al gusto de la chica.

– Pasa. – pidió el bicolor.

Con desconfianza la chica menuda y de cabello color lavanda entró a la mansión, la cual lucía desordenada…

– Ten... – una vez más a la chica – Cuídalo mientras recojo todo esto – le dio al niño en brazos, estaba dormido.

– Pero… – reprochaba sin entender la situación.

– Dijiste que sabías cambiar pañales y yo necesito una niñera no una sirvienta, supongo que ese empleo estará bien para ti. – pronunció en un tono frío y lanzando una mirada igual de gélida a su voz.

– Pero… – un llanto por parte de la criatura comenzó y esto molestó al bicolor.

– Ya lo despertaste, ahora tendrás que dormirlo de nuevo – rezongó molesto el chico.

– Tal vez tenga hambre… – supuso la chica.

– No, comió hace una hora, además no me preguntes eso, para eso te he contratado. – replicó el ruso.

El llanto se intensificaba. La revisión del pañal fue el primer paso para interpretar el llanto incesable del pequeño que no parecía estar despierto del todo, no era el pañal. Luego un biberón fue traído para comprobar la hipótesis ya refutada, no funcionó... Pasaron más de veinte minutos sin lograr una acción acertada y el bicolor comenzaba a desesperarse…

– Dijiste que sabías cuidar niños – reclamó el bicolor.

– No, yo dije que sabía cambiar pañales… Además es algo que no había visto… – meditó unos segundos – ¡Ya sé! – aparentemente una idea llegó de repente. – Detenlo un momento… – dijo mientras devolvía al pequeño a los brazos del chico.

El llanto se detuvo a penas estuvo en brazos del bicolor, el suceso dejó plasmado a ambos personajes…

– ¿Es tu hijo? – peguntó desconcertada la pelilavanda.

– …Así es como lo conocí y descubrí que era el padre del pequeño Ritsuka. – concluyó Kazumi.

– ¡Qué raro! – exclamó Tyson – Entonces cuando lo conociste era igual de gruñón que con nosotros… – dijo burlándose.

– Eso parece – asentó la chica sonriendo.

La narración de Kazumi había cautivado a los chicos, más a una de las presentes que sintió una duda…

– Significa que para cuando empezaste a trabajar aquí ya Kai tenía a Ritsuka… – acotó la castaña en tono serio.

– Sí, así es. – contestó un poco intrigada

Todos cambiaron sus expresiones alegres por unas más serias ante aquel comentario.

– Y… – dudando – ¿Qué hay de la madre de Ritsuka? – inquirió en tono bajito, lo suficientemente audible por el silencio gobernante.

Miraron a Kazumi, agachó la cabeza para luego voltear hacia Kai. Éste ocultó la mirada tras su grisáceo flequillo…

– Lo siento, fue una pregunta imprudente, – se disculpó la castaña – no era mi intención… –

– Murió…– respondió Kai. – Su madre murió poco antes de conocer a Kazumi… – dijo con la voz entrecortada.

Una vez más un silencio, esta vez impregnado de tristeza, se hizo presente. Todos bajaron las miradas no entendiendo tan claramente la situación cuando…

– ¿Papi? – era Ritsuka, se había despertado, contemplaba a su padre con rareza. –… Dranzer no puede dormir. – continuó.

– ¿Por qué? – preguntó el ruso, cambiando su tristeza por un cálido recibimiento para el pelirrojo.

– Le tiene miedo a la oscuridad – respondió el pequeño.

– Y ¿qué puedo yo hacer? – decía con una sonrisa que le costaba fingir después de aquella plática.

– Pues… Dranzer siempre duerme mejor cuando duermes conmigo – respondió mientras se acomodaba entre los brazos del bicolor.

– Deja platicar un poco más a tu papá – agregó Kazumi.

– Pero… – decía el pelirrojo.

– Deberías ir con Ritsuka, Kai. – expresó Tyson.

Todos voltearon a verlo, incluso el bicolor.

– Es cierto, además ya es muy tarde… – añadió Ray.

Pasaba de la media noche…

– Además recuerda que mañana iremos al parque – recordó Max

–- Sí, debemos descansar si queremos divertirnos mañana – acotó Kenny.

– Y mira tus ojeras, – le decía la pelilavanda al ruso – no has dormido casi nada, mañana no te querrás levantar temprano. –

– Lo había olvidado – respondió el bicolor. – Entonces voy a hacerle compañía a Dranzer ¿cierto Ritsuka? –

– ¡Sí! – respondió el pequeño seguido de un bostezo.

El anfitrión se levantó con el pequeño en brazos…

– ¡Hasta maña! – fue lo último que se le escuchó decir mientras llevaba a su hijo a dormir.

– ¡Hasta mañana, Kai! Descansa… – respondió y agregó Hilari.

Una vez que los Hiwatari se habían ido de allí…

– Es un tema difícil para Kai – dijo Kazumi.

– Lo entendemos bien. – comunicó Kenny.

– Será mejor recoger todo esto e irnos a dormir – propuso Hilari.

– Sí, será mejor que vayan a descansar, no conocen a Ritsuka y si no me equivoco será un día bastante largo – poniéndose de pie la pelilavanda.

– Te ayudaremos – dijo Hilari.

– Gracias, pero no es necesario… –

– Vamos, te ayudaremos a recoger todo esto. – interrumpió Tyson.

– Vaya, Tyson, ¡quién lo diría! Ahora el cambiado eres tú… – se burló Ray.

– ¡¿Qué? – gritó.

Así continuó el rato en que recogieron y lavaron los trastos de la cena, acomodaron y limpiaron el lugar. Kazumi agradeció la ayuda. Los despidió y cada uno se fue a dormir. La mansión se oscureció. Hilari pronto cayó en sueño al igual que los cuatro Bladebreackers que compartían habitación; Kazumi también extendió los brazos para recibir un lindo sueño; mientras padre e hijo dormían en vigilia del ave de felpa que temía a la oscuridad…