Si pudiera contar contigo... Si pudiera mirarte a los ojos sin reprochar nada... Probablemente eso no pasará...
Beyblade no me pertenece...
Dejándo un nuevo capítulo... Espero que disfruten de su lectura...
Gracias por sus comentarios y lecturas...
-oO0( ¿Papá? )0Oo-
Capítulo III. Conociéndonos Mejor
El sol comenzaba a iluminar el cielo con intensidad, era temprano para despertarse un sábado, sin embargo el pensamiento agobiante de una de los habitantes de la mansión hizo que se despertara…
Kazumi no podía dormir más, pensaba en lo ocurrido la tarde anterior, en la sorpresiva visita de aquellos amigos del que, hasta el día anterior, había considerado solitario. Se levantó y tomó una ducha, le esperaba un día largo, sabiendo la energía que poseía Ritsuka. Una vez lista, salió de su habitación en dirección a la cocina. Revisó el refrigerador y la despensa, tomó nota de lo que creía haría falta para ese fin de semana, y en especial para ese sábado. Cuando se disponía a salir de casa…
– ¿Kazumi? – se escuchó.
La pelilavanda giró el cuerpo para ver que una castaña también había despertado temprano…
– ¿Hilari? –
– ¡Buenos días! – saludó la castaña – ¿No es muy temprano para estar despierta? – preguntó curiosa.
– ¡Buenos días! – devolvió el saludo – En realidad sí, pero no pude dormir más, así que aprovecharé para ir a comprar lo necesario para ir al parque. – terminó con una sonrisa.
– Ya veo… Dame unos momentos y te acompañaré. –
– No, te preocupes no es necesario… –
– Claro que iré – interrumpió Hilari.
La castaña se apresuró para acompañar a Kazumi y comprar lo necesario. El supermercado no estaba muy lejos y poco más de media hora bastó para tachar todo lo de la lista. EL camino de regreso se hacía corto debido a la conversación que iban sosteniendo…
– Entonces conociste el mal genio de Kai, ¿cierto? – inquirió Hilari.
– Sí, cuando lo conocí tenía un muy mal carácter, supongo que era así con ustedes. –
– En realidad sí, aunque lo conocí poco realmente, pero estoy segura de que era de carácter difícil, pero parece haber cambiado mucho… Todavía recuerdo la vez que intenté presentarme, me ignoró por completo, como si no existiera, de manera que verlo con un hijo y que te presentara con nosotros fue todo un impacto – Hilari.
– Eso pensé cuando vi sus expresiones, no habla mucho de sus sentimientos y ser testigo de la reunión me hace pensar en lo mucho que ha pasado con su vida. –
– Me sigo preguntando por la madre de Ritsuka, ¿tú… sabes algo al respecto? –
– Yo también me lo pregunto, lo único que sé es que murió poco antes de conocerlo y desde entonces evita el tema y a mí no me gusta hacerle pasar un mal rato. –
– Entiendo, a pesar de que Kai es un chico muy frío, se arriesgó a ser feliz y recordar que eso ya no fue posible no debe ser grato… Para nadie… Por cierto ayer Kai se veía cansado ¿le pasa algo malo? –
– ¿Uhmm?... No nada malo, es sólo que no había dormido en dos días y para
cualquiera es agotador. –
– ¿Dos días?, ¿por qué? –
– Verás… Ritsuka perdió a Dranzer y no podía dormir sin él, entonces le pidió a Kai que lo buscara, pero intentamos y no lo encontrábamos hasta ayer, para suerte de Kai; porque Ritsuka lucía bastante bien para no haber dormido. –
– Será un día muy lago. – dijo suspirante.
– Sí, pero son cinco, espero y le demos algo de batalla. –
Sin darse cuenta habían llegado, todo parecía en calma…
– Iré a preparar el desayuno, ¿por qué no despiertas a los chicos para que se alisten?, Ritsuka no debe tardar en despertar y querrá ir al parque enseguida… – dijo Kazumi.
– Sí, claro, los despierto y luego te iré a ayudar…. – asintió la castaña.
– Bueno, estará bien tu ayuda. –
Hilari fue a despertar a los chicos, llegando hasta el más difícil de persuadir…
– ¿Tyson? – dijo la castaña mientras lo removía un poco, mas no reaccionó – ¡TYSON! – gritó con voz enérgica.
De un salto despertó…
– ¡Hilari! ¡¿Por qué tienes que gritarme tan alto? – decía el recién levantado.
– Era necesario para que despertaras, recuerda que hoy iremos al parque para jugar con Ritsuka. – dijo en tono sereno la castaña.
– ¿Ritsuka?... Es cierto, entonces no fue un sueño – decía rascando la nuca.
– No, no era un sueño y al parecer es un niño bastante inquieto, así que mejor ¡APÚRATE! – gritó en el imperativo.
Todos tomaron una ducha mientras Hilari ayudaba a Kazumi, aunque solamente le pasaba las cosas, puesto que la castaña no sabía cocinar. Ya casi para terminar…
– ¿Podrías ir a despertar a Ritsuka y a Kai? Es ya un poco tarde y con el cansancio acumulado, estoy segura de que Kai no se levantaría en días… – decía un poco irónica.
– Tienes razón ¿Cuál de todas esas habitaciones es? –
– Subiendo las escaleras sigue derecho por el pasillo, cuenta seis puertas del lado izquierdo y estarás frente a ella. –
– Es muy grande esta casa – decía Hilari.
– Sí, así es, pero te acostumbras – sonrió Kazumi.
La castaña siguió las instrucciones dadas por Kazumi y cuando llegó a la habitación tocó la perilla para abrir la puerta, pero un ruidito la asustó, luego no escuchó nada y prosiguió. Abrió lentamente la puerta para ver una cama vacía y desarreglada, un poco de cabello bicolor se divisaba en una de las orilla de la cama, se acercó con cautela para descubrir a un ruso en el piso, recargado en el colchón de la cama y profundamente dormido, se disponía a despertarlo cuando un ruidito nuevamente la asustó, volteó en un movimiento rápido y encontró aun pelirrojo parado frente a ella, llevaba su ave de felpa en su mano derecha.
– ¿Quién eres? – preguntó con una vocecita tierna.
– ¿Yo? – titubeó la castaña al sentirse sorprendida.
– ¿Eres amiga de papá? – inquirió de nuevo.
–- Sí, soy Hilari y vine a despertarlos para desayunar – respondió con una sonrisa.
– ¿Hilari? – decía mientras la miraba fijamente.
La chica se quedó perpleja ante esa mirada carmín penetrante…
– ¿Hilari? – se escuchó el bicolor, quien con el alboroto se había despertado –¿Qué haces aquí? –
– Vi… Vine a despertarlos, pero Ritsuka me sorprendió. – respondió
Entonces el pequeño soltó a su afelpada amiga y saltó a los brazos del bicolor que aún yacía en el piso.
– ¡Despertaste! –
– Sí, pero si me sigues sorprendiendo así me dará un infarto – decía con ironía simpática.
La castaña se acercó a levantar el ave afelpada…
– ¡NO! – gritó el bicolor – ¡No la toques! – dijo un poco alertado.
– ¿Que? ¿Por qué? – mientras se detenía en el acto.
Se levantó Hiwatari…
– No le gusta que toquen a Dranzer. –
– ¿Dranzer? – dijo intrigada.
– Sí, Dranzer, ésta amiguita. – explicó mientras la levantaba del piso – Ten la perderás de nuevo si sigues haciendo eso – dirigiéndose al pelirrojo.
– Pero… – remilgó el pequeño.
– Nada de 'peros' y anda, vamos a bañarte – le decía. – Gracias por el aviso, bajamos en un rato más. –
– Sí… Claro, de nada – decía incrédula ante aquella extraña situación.
Estaban todos sentados la mesa cuando el pelirrojo se acercó para tocar el brazo de Tyson…
– ¿Cómo te llamas? – inquirió con sus ojitos carmín fijos en el chico.
– ¿Uhmm? ¿Yo? – señalándose.
– … – asentó con la cabeza – ¿Cómo te llamas? – volvió a preguntar.
– Mi nombre es Tyson y tú debes… –
– Yo soy Ritsuka y aquí está Dranzer. – interrumpió el pequeño mostrando su ave rojiza.
– Pues mucho gusto Ritsuka y… ¿Dranzer? –
– Ya te está presentado a Dranzer. – respondió Kai, acercándose a la mesa.
– ¿Dranzer? – repitió el rubio.
– Y ¿tú quién eres? – le preguntó el pelirrojo.
– ¿Yo?... Soy Max. – respondió.
– Mmm y ¿tú? –
– Mi nombre es Kenny. –
Luego Ritsuka dio unos pasos para ir al encuentro del chino.
– Tu cabello está muy largo – decía mientras lo inspeccionaba con su mano libre.
– Deja a Ray en paz y ven a sentarte – sugirió el ruso.
– ¿Ray? – repitió Ritsuka.
– Tío Ray para ti – le dijo el chino mientras tocaba su cabello rojizo.
– ¿Tío Ray?... ¿Qué es tío? – cuestionó intrigado y mirando a su padre.
– Se le llama tío al hermano de tu padre – respondió ingenuamente.
– Entonces eres hermano de mi papá. – afirmó dirigiéndose a Ray.
– No exactamente – Respondió.
– ¿Entonces? Me están confundiendo – decía haciendo un puchero.
– Deja de incomodar a tu papá con esas preguntas y ven a desayunar – le dijo Kazumi.
– Bueno… Pero me tienen que explicar eso al ratito – recriminó al chino y al padre.
– Sí, al rato te explico – respondió el ruso.
–Eres muy listo Ritsuka – halagó Kenny.
– ¿Listo? – repitió el pelirrojo.
– Será mejor que no le hablen ahora sino quieren terminar contestando todas sus dudas existenciales – indicó irónicamente.
– ¿Existenciales? – repitió una vez más.
– ¿Ven alo que me refiero? –
– No deberías cuartar su libertad de expresión – sugirió Hilari.
– ¿Libertad? – repetía el pelirrojo.
Entonces una discusión acerca de la libertad de expresión de pequeño Ritsuka comenzó. A cada término nuevo que escuchaba el pelirrojo repetía un tono de pregunta hasta que dejó de entender por completo.
– ¡Papá! – gritó enojado.
Todos guardaron silencio, el bicolor lo volteó a ver, por unos instantes había olvidado su presencia.
– ¿Qué sucede? – preguntó intrigado el padre.
Con un tono rojo de enfado y mordiendo su labio inferior, su respiración comenzó a ser más fuerte. Los invitados reconocían un poco aquellas expresiones, era enojo.
– ¡Cálmate, Ritsuka! – se escuchó decir a la pelilavanda, mas sus intentos no parecieron funcionar, al contrario, el chiquillo se privó más, una vez que todos estaban seguros de lo que venía por parte del pequeño…
– ¡Cálmate! – le sugirió dulcemente el ruso mientras lo alzaba, el pequeño no opuso resistencia y una vez estando sus ojos a la altura de los de su padre comenzó a llorar. Todos respiraron con alivio al tiempo oque observaban cómo Ritsuka abrazaba a su papá y escondía su carita en el pecho de aquel…
– ¡No les entiendo! – sollozó entre el llanto, el bicolor daba pequeñas palmadas en la espalda.
– Más tarde te explicaré todo, ahora desayuna – agregó con paciencia.
Con su manita libre secó sus lágrimas, luego Hiwatari lo sentó en su lugar…
– Eres muy berrinchudo – le dijo Kazumi mientras que con una servilleta limpiaba su carita.
– Ya no lo regañes, si no va a comenzar de nuevo – sugirió el bicolor.
– Tienes razón – asentó Kazumi.
– ¡Qué chico tan… tan…! – tartamudeaba Ray.
– ¿Tan qué? – preguntó el pelirrojo que ya se encontraba más tranquilo y desayunando.
–… ¡Tan bonito! – terminó con nerviosismo.
El desayuno se llevó acabo con serenidad, en ese punto nadie aparentemente quería probar suerte con Ritsuka, pues parecía haber heredado el carácter del ruso. Ya todos habían terminado y sólo faltaba ponerse en marcha al parque.
– ¿Ya? – preguntó Ritsuka a la pelilavanda.
– Eso parece, acomodaremos las cosas en la camioneta y nos pondremos en marcha – respondió.
– ¿Papi? – mientras tiraba del pantalón de éste.
– Dime – respondió el bicolor.
– ¿Ya nos vamos? –
– No seas impaciente, me acompáñame por la camioneta para irnos. –
– ¡Sí! – asentó entusiasmado.
– ¿Camioneta? – preguntó Tyson – Pues ¿dónde está el parque? –
– Está a una hora de camino – respondió la pelilavanda.
– ¡¿Una hora? – exclamó Kenny.
– Es que es el parque favorito de Ritsuka y probablemente les guste tanto como a él, es muy tranquilo y será perfecto para pasar el día – acotó Kazumi.
Hiwatari había ido por la camioneta, mientras todos preparaban las cosas que pensaban llevar, Kazumi y Hilari se encargaron además de la comida.
– Ya está todo listo – dijo la pelilavanda.
–- Bien, entonces vámonos – agregó el bicolor.
Uno a uno fueron subiendo a la camioneta, era bastante amplia pues no hubo necesidad de ir uno sobre otro. Kenny, Tyson y Max iban en los asientos traseros; luego Hilari, Ritsuka y Kazumi en los de en medio; finalmente Ray de copiloto y el ruso como chofer.
– ¿Vas a manejar tú? – remilgó Tyson.
– ¿Tienes algún inconveniente? – con tono irónico.
– No sabía que manejabas. – respondió con aire de celos y cruzando los brazos.
– Pues ya ves que sí, ahora deja de comportarte como un niño y guarda silencio – todos reconocían esas palabras, no había cambiado del todo.
El camino se llevó a cabo sin contratiempos, salvo alguna expresión de incomodidad por parte de Tyson hacia Hilarii o hacia Kai. Arribaron al parque, era muy grande y alejado casi en su totalidad de la civilización. A primera vista parecía un poco abandonado, pero al adentrarse un poco más se podía apreciar su belleza: prados verdes, acorde a la temporada, árboles gigantescos y frondosos; tenía también algunas mesas de concreto, no hacía mucho habían servido para realizar reuniones; también había un beyestadio de un tamaño relativamente grande. Todos estaban asombrados. Descendieron de la camioneta para sentir enseguida la ligereza del aire y cálidos rayos del sol del medio día. Bajaron las cosas para instalar un breve campamento para estar cómodos durante su breve estancia. Ritsuka estaba husmeando a los alrededores sin alejarse demasiado, todos se sentaron a mirarlo por unos minutos…
– Entonces ¿Quién irá primero? – preguntó Kai con ironía.
– ¿Qué? – preguntó Ray sin entender a lo que se refería.
– ¿Quién jugará primero con Ritsuka?, dijeron que jugarían con él y por lo que veo los está esperando. –
– Pues vamos todos – sugirió Kenny.
– Lo mejor será que lo hagan por turnos, es un niño con mucha energía y estoy segura que si vamos todos terminará con nosotros en menos de una hora – propuso Kazumi.
– Entonces seré yo – se levantó Max – verán que no será suficiente tanto para agotarlo.
– Sí, como digas – sollozó con sarcasmo el ruso.
Pronto se acercó Max al pelirrojo…
– ¿A qué quieres jugar? – preguntó el rubio con una sonrisa.
– Mmm... – dudaba el pequeño
Por respuesta recibió una palmada en el brazo, señal del típico juego de 'la roña'. Max lo persiguió unos cuarenta minutos continuos, pero no lograba alcanzarlo, se detuvo para rendirse en el juego. Intentó cambiar de actividad por una que le permitiera recuperar el aliento, entonces el pequeño sugirió 'las escondidillas'. Max estaba de acuerdo, así que comenzó a contar y Ritsuka desapareció. Pasaron treinta minutos y no había señales del pelirrojo, ningún murmullo, ni risa que delatara su ubicación. Max comenzó a angustiarse al no dar con el pequeño, su frente sudaba frío, hasta que decidió ir por ayuda…
– Chicos no encuentro por ningún lugar a Ritsuka – dijo apenado.
– ¿Las escondidillas? – preguntó Kazumi.
– Sí, ¿cómo…? –
– ¿Por qué no te sientas y tomas un descanso? – sugirió el bicolor refiriéndose a lo exhausto que lucía el rubio.
– Pero… –
– Kai lo encontrará – interrumpió Kazumi.
El ruso se puso de pie entonces y desapareció caminando sin prisa alguna, luego de cinco minutos volvió…
– ¿Dónde lo encontraste? Lo busqué por todas partes... – decía Max angustiado todavía.
– Estaba en los juegos, me cansé de esperar en el árbol y como no llegabas fui a jugar – respondió el pelirrojo – Ahora ¿Quién va a jugar conmigo? – decía mientras daba vueltas con su ave de felpa en mano.
– Vamos jefe – propuso Hilari. – Veamos si podemos aguantar el ritmo de Ritsuka. –
– Pero…– titubeaba Kenny.
– Nada de 'peros', vamos será divertido – interrumpió Hilari las réplicas y llevando casi arrastrando al chico de las gafas.
Ritsuka tomó a Hilari de la mano para dirigirse a los juegos, desaparecieron una vez más de la vista de los demás chicos.
La conversación que se llevaba a cabo en la espera del próximo turno se tornaba graciosa, relatando las vivencias de Rey en su pueblo, narrando un poco de su noviazgo con Marayah, se sonrojaba cada vez que la mencionaba, pero eso lo hacía feliz. Pasó poco más de una hora cuando se vislumbró a un pequeño pelirrojo volver.
– ¿Ritsuka? – Tyson asombrado – ¿Dónde están los chicos? –
– Se quedaron en los juegos, me dijeron que les diera tiempo para reponerse, pero hace ya media hora y no se levantan… Ya no quieren jugar conmigo – dijo triste al final.
Las miradas de sorpresa ante la resistencia del pequeño eran evidentes, iban conociendo al pelirrojo…
– ¿Qué ledas a eso niño Kai?, por más que intenté seguirle el paso fue imposible y apenas va a cumplir cuatro – decía Max.
– Bueno… – Kai.
– Y ¿ahora quién sigue? – interrumpió el pelirrojo.
– ¡Ritsuka! – se escuchó una voz cansada.
– ¡Hilari! ¡Kenny! – dijo alegre al verlos acercarse – ¿Vamos a jugar ya? Preguntó entusiasta.
– Lo siento Ritsuka, pero ya no puedo ni con mi alma – respondió el jefe.
Hilari y Kenny venían apoyándose uno a otro, incrédulos de la energía inagotable del pequeño…
– Ya se cansaron también – con su carita triste – ¿Entonces quién sigue? – regresando a su característica alegría.
– Yo creo que por ahora nadie, ya es tarde y deberíamos comer algo, si no los chicos se desmayaran de tanto que hacer contigo – sugirió la pelilavanda.
– Bueno – suspiró y acercándose al lugar de su papá. – Es muy temprano y me estoy aburriendo – le comentaba al bicolor.
– Es porque no saben jugar contigo, deberías dejar que elijan la actividad ellos – argumentó el ruso.
– Pero ellos son los que dicen que decida yo – decía.
– Bueno están tratando de ser amables contigo, pero mejor deja que ellos elijan, tú solamente sugiere – terminó el bicolor.
– Bueno – se encogió en hombros.
El bicolor y la pelilavanda se encargaron de servir la comida, atónitos ante el gesto del ruso. Murmuraban sobre Ritsuka, mientras este estaba dando rondines en busca de algo que hacer…
– Te sugiero que no corras tras él, no lo alcanzarás – aportó Max – para ser tan pequeño corre y muy rápido y ni se diga para esconderse, ni respira. –
– No seas exagerado Max – le dio Tyson una palmadita a Max – Es sólo un niño – le decía.
– Ya te quiero ver cuando sea tu turno – Kenny – Nosotros ni siquiera corrimos y casi nos mata de un infarto, no quiero pensar como es jugar con él todos los días. –
– Es sencillo, relativamente – respondió el ruso, mientras pasaba los platos – Entre más pasa tiempo con él te acostumbras a toda aquella energía. –
– Imposible que juegues todo el día con él – Max asombrado.
– Es posible, sí, pero no es recordable, por eso Kai estaba tan mal ayer – respondió la pelilavanda.
– ¿Ayer?... Es cierto, te veías muy ojeroso ¿qué te pasó? – inquirió Ray.
– Perdió a Dranzer – el bicolor – No lo encontraba por ningún lugar y sin el ave no puede dormir, dice que es porque Dranzer le teme a la oscuridad, entonces tuvimos que buscarlo, pero no aparecía, por lo tanto no durmió dos noches, en las que me pedía en súplica encontrara a Dranzer porque, estaba seguro, moría de miedo. –
– Así es como Kai no durmió y ayer que al fin lo encontré pudo dormir – agregó Kazumi.
– Admirable – Hilari – Dos días sin dormir y con Ritsuka… –
– Es una suerte que no haya dormido lo suficiente, tal vez hoy sí se rinda – rió el ruso.
– Quieres decir que… – Tyson.
– Está cansado. – terminó el bicolor.
– ¡¿Qué? – exclamó Ray con los ojos desorbitados.
– ¿Ya vamos a comer? – Ritsuka, se había acercado mientras hablaban y ahora miraba atento las expresiones de asombro de aquellos.
– Ya – dijo Kazumi y sentándose dispuesta para comer.
El pelirrojo se sentó a lado izquierdo de su padre, como acostumbraba…
– Y ¿qué has pensado Kai? ¿Competirás con nosotros en el próximo torneo? – inquirió Tyson mientras devoraba un emparedado de carne.
– No estoy seguro… Como te darás cuentas, tengo mucho que hacer y el BeyBlade requiere entrenamiento y éste tiempo, además… –
– Deja de poner tantos pretextos y hazlo. No se acabará el mundo por un verano que tomes libre – interrumpió la pelilavanda. – Será bueno que también Ritsuka te vea en una verdadera beybatalla, es justo. –
– ¡Ya terminé! – dijo Ritsuka – ¿Vamos a jugar? –
– Todavía no, tienes que esperar a que no estés tan lleno o te dolerá el estómago – respondió el bicolor.
– No puedo creer que te hayas terminado todo tan rápido – recriminó Kazumi.
– Pensé que cuando terminara íbamos a jugar, pero no han terminado y mi panza está llena. –
– Estómago – corrigió el ruso.
– Eso… Está lleno – se acomodó el pelirrojo. – Voy a llevar a Dranzer al beyestadio mientras alguien decide jugar conmigo. –
– Está bien, pero no te vayas a ir – recomendó el padre.
Ritsuka entonces se acercó al beyestadio y comenzó un diálogo con su ave amiga.
– ¡Vaya con ese hijo tuyo! – exclamó Tyson.
– ¿A qué te refieres con eso? – preguntó exaltado el ruso.
– Cálmate, es que sigo sin creer lo que pasa. Estás muy cambiado, digo, me acostumbre a tu sarcasmo, a tu típico 'déjame en paz', ya sabes a tus acciones raras, es como si te hubieran cambiado. –
– ¿Cambiado?… No he cambiado del todo, es sólo que he aprendido nuevas cosas… Tú sabes… Ser padre implica muchas cosas… –
– Pues no puedo entenderte, ¿por qué ser padre tan joven? Digo, pudiste esperar un poco, pero tener dieciocho años y un hijo de cuatro es irresponsable de tu parte – regañaba a Kai.
– No me hables de responsabilidad – replicó algo molesto – Lo que yo haga con mi vida no es tu problema. – agregó ya con frialdad.
– Ahí vas de nuevo… ¿Ves? Eso es inmaduro… Yo creo…–
– ¡Basta Tyson! – interrumpió Hilari – Las decisiones de Kai son eso sus decisiones… –
– ¿Ritsuka? – clamó Kazumi, interrumpiendo toda discusión.
El bicolor volteó hacia el beyestadio para ver que Ritsuka no estaba…
– ¿Ritsuka? – se acercó al lugar… – ¿Ritsuka? – volvió a llamar, su voz se tornó angustiosa.
–- Estaba aquí hace un momento – dijo Tyson acercándose a donde estaba Kai.
Hiwatari comenzó a buscar con prisa por los alrededores, pero Ritsuka no estaba. Respiró profundo y lo fue a buscar a los juegos, mas no esta allí. Todos estaban buscándolo todos gritaban el nombre del pequeño, pero no respondía. Kai comenzó a sentir una opresión en el pecho, algo dentro de él parecía volcarse en miedo…
– ¡Papi! – era Ritsuka saliendo de entre unos arbustos que estaban varias decenas de metros del parque.
– ¡Ritsuka! – corrió el bicolor para lazarlo y aprehenderlo entre sus brazos.
El pequeño correspondió, se veía asustado, estaba llorando. Hiwatari acariciaba su nuca buscando darle consuelo al pequeño, quien estaba templando...
– ¡Papá! – sollozaba entre llanto, mientras lo abraza más fuerte.
– ¿Dónde estabas? ¿Por qué te fuiste sin avisar? – interrogaba angustiado, intentaba reponerse de una mala situación.
– ¡Papi! – era lo único que decía.
Rápidamente habían llegado los chicos. Kazumi trató de brindarle una caricia para darle consuelo, pero el pequeño se erizó al grado de casi enterrar los frágiles deditos en el bicolor.
– ¿Qué te pasa Ritsuka? ¿Qué tienes? – inquirió asustado el padre.
El pequeño no respondía y sólo lloraba. Max y Ray corrieron hacia el arbusto de donde había salido, pero no encontraron nada.
Luego de que todos revisaran la zona y no encontrar nada, regresaron hacia el pequeño campamento. Ritsuka se había calmado un poco y ahora únicamente jalaba aire con fuerza…
– ¿Estás más tranquilo? – preguntó Kai.
Asentó con la cabeza, al tiempo que limpiaba sus lágrimas.
– ¿Puedes decirme por qué llorabas? – inquirió el bicolor.
Asentó de nuevo…
– Es… Que… – jalaba aire con cada palabra – Alguien… Me… Estaba… Llamando… y yo… Quería… Ver… Quién… Era… –
–- Pero ya te he dicho que no hables con extraños y peor aún que los sigas o vayas con ellos – decía conteniendo el enojo.
– Es… Que… Me llamó por mi nombre… – pudo articular con mayor facilidad.
– ¿Tu nombre?... ¿Viste quién era? – peguntó exaltado por la intriga.
A ésta acción los demás reaccionaron volteando a ver al ruso que parecía esta vez más angustiado, tal vez temeroso de escuchar algo…
– No, cuando me acercaba se alejaba y cuando llegué al arbusto un gato me rasguño… – dijo con sus ojitos todavía llorosos y una vocecita tímida.
El bicolor suspiró…
– ¿Dónde te rasguñó? – preguntó.
– Aquí… – el pelirrojo señalaba su frente.
– Pues no tienes nada – dijo Hiwatari después de revisarlo – ¿Estás seguro de que fue un gato? –
– Sí – decía mordiéndose el labio inferior para no llorar de nuevo.
– Y ¿dónde está el gato? –
– No sé, me rasguño y se fue… Me dolió mucho – volvió a soltar el llanto.
– No tienes nada, creo que estás exagerando – le dijo la pelilavanda.
– Me dolió mucho – sollozaba.
– ¿Qué te parece si mejor vienes a jugar conmigo para que se te pase el susto? – le propuso Ray extendiendo sus brazos para cargarlo.
– ¿Jugar? – lo miró, paró su llanto – ¿Vas a jugar conmigo? – preguntó chiqueado.
– Sí, claro, eso estabas esperando ¿no? – dijo dirigiéndole una sonrisa.
– ¡Sí! – respondió entusiasta y olvidando lo que le había pasado.
Ritsuka se jaló un poco del abrazo paterno para pasar al los de Ray. Kai cedió al pequeño sin inconvenientes.
– Entonces ¿a qué quieres jugar? – inquirió Ray mientras daba la vuelta para ir a jugar con el pelirrojo.
– Dijo mi papá que mejor decidieras tú… – respondió.
– ¿Yo?... –
Pronto Ray y el pequeño estuvieron fuera de la visión del resto del grupo.
– Creo que lo has mimado mucho, Kai – habló la castaña…
– ¿Mimado? – replicó la pelilavanda – Es que no conoces a Kai, sólo lo mima los fines de semana, son sus días especiales y más los sábados. –
– ¿Los fines de semana? ¿Cómo que los fines de semana? – preguntó Tyson.
– ¡Ah, ya entiendo! – exclamó Kenny. – He leído que los niños no deben ser tan mimados por sus padres todo el tiempo y se propone asignar días especiales para los niños, siempre y cuando hagan sus deberes y se porte bien. ¿No es así Kai? –
– Algo así, realmente fue sugerencia del psicólogo – asentó el bicolor.
– ¿Psicólogo? ¿Llevas a Ritsuka al psicólogo? – inquirió Max.
– Sí, el pediatra me dijo que era bueno. –
– ¡¿Pediatra? – exclamó Tyson.
– Sí, Tyson, el pediatra es el médico con especialidad en niños – le explicó Hilari.
– Ya sé qué es un pediatra… No creí que Ritsuka estuviera enfermo y loco, talvez sea por tenerte como padre, pero…–
– Ritsuka no está enfermo y no está loco, Tyson – reprochó molesto.
– Sí, Tyson, los niños deben ir a revisiones periódicas con el pediatra. ¿Cierto Kai? – interrumpió Max – No necesariamente tiene que estar enfermos. –
– Tyson, te sugiero que si tienes comentarios al respecto me ahorres la molestia de mandarte al demonio – puntualizó con su acostumbrado tono frío.
– ¡Qué genio el tuyo!, pobre Ritsuka… –
– ¡Déjalo ya en paz, Tyson! – exclamó Hilari.
– Mejor cuéntanos Kai un poco de lo que has hecho en este tiempo, no nos has dicho mucho – interrumpió Max la discusión.
– No hay mucho que contar, todo está normal – dijo serio el ruso.
– ¿Acaso has abandonado el BeyBlade? – inquirió Kenny.
– No lo he abandonado, pero no tengo mucho tiempo para practicarlo, ahora sólo me queda tiempo para medio mantenerme en forma – contestó más sereno.
– Quieres decir que todavía lo practicas ¿verdad? – preguntó la castaña.
– Sí, pero como dije antes, no tengo mucho tiempo. – repitió.
– Debe ser agotador cuidar de Ritsuka, se ve que es un niño muy inquieto, tal vez hiperactivo – Max.
– Sí, es por eso que contraté a Kazumi, así puedo hacer más cosas sin afectar tanto a Ritsuka – agregó el ruso.
– Imagínense qué haría Kai con Ritsuka, solos, probablemente se haría loco. –- añadió Kazumi.
– No exageres, lo más seguro es que yo lo hiciera loco a él – ironizó Kai.
– Eso es verdad, eso sí es creíble… Dejando a un lado todo esto… Mejor cuéntanos que haces, ayer traías puesto tu uniforme ¿cierto? – Tyson.
– Sí, estoy por terminar la preparatoria. No me dio tiempo de cambiarme ayer, por suerte era viernes y Kazumi no tuvo clases. –
– Así que también estás estudiando… – Hilari dirigiéndose a Kazumi.
– Sí, también estoy por terminar la preparatoria, estoy en la misma escuela que Kai, él la paga. – respondió la pelilavanda.
– ¿Tú? – Tyson volteó hacia Kai.
– ¿Tienes algún problema con ello? – respondió ante la mirada.
-– Tu abuelo sí que te dejó bastante dinero Kai, al menos algo bueno te dejó. – Tyson.
– ¿Voltaire?... Hace mucho que no sé nada de él. – dijo Hiwatari.
– ¿Entonces? ¿Cómo puedes vivir en una casa como esa, tener niñera, una lujosa camioneta y pagar las colegiaturas? – interrogó Tyson.
– Eso no es tu asunto – cruzando los brazos.
– ¿Qué tiene de malo saberlo? – inquirió de nuevo Tyson.
– Vamos Kai, tus amigos se alegraran y me darán la razón al saberlo. – intervino la pelilavanda.
– ¿Alegrarnos de qué? ¿Te ganaste la lotería? – esta vez preguntó Max.
– No, nada de eso, cuéntales Kai – insistió Kazumi.
– Mi padre ha vuelo – dijo casi en susurro.
– ¿Tú padre? Yo creí que había muerto – Tyson.
– Pues casi – agregó con un tono de resentimiento.
– Y ¿dónde estuvo todo este tiempo? – inquirió Hilari.
– No sé, no he hablado con él y no pienso hacerlo. – dijo tajante.
– Ese orgullo tuyo no te dejará nada bueno – Kazumi.
– Hasta donde sé, tampoco estás en posición de recriminarme nada. –
– Sabes que soy tu amiga y te digo lo que pienso. –
– Ya losé, por lo tanto deberías entenderlo mejor. –
– Lo entiendo y por eso te lo digo, eres un orgulloso. –
– No, no lo entiendes. Y sí, soy orgulloso. –
– Eres un… –
– ¿Por qué se están peleando? – interrumpió Ritsuka.
Sin darse cuenta habían pasado casi dos horas, en las que los últimos minutos se había comenzado una discusión entre Kai y Kazumi. Llegaron al punto de estar de pie frete a frente y mirándose a los ojos como dos fieras, hasta que Ritsuka los detuvo con su pregunta.
– ¿Qué ocurre Kai, por qué estaban discutiendo? – preguntó Ray, quien cargaba una vez más al pelirrojo.
– No estábamos peleando – respondió el bicolor a su hijo, ya se había serenado un poco, la presencia del pequeño lo obligaba a un comportamiento menos agresivo.
– No, Ritsuka, tú papá y yo sólo hablábamos – agregó Kazumi.
– Bueno – dijo Ritsuka encogiéndose en hombros. – ¿Papi? –
– Dime. –
– El tío Ray dice que Driger es más fuerte que Dranzer, ¿es cierto? –
– ¡¿Qué? … No, claro oque no, Dranzer es más fuerte porque te protege a ti – le respondió con una sonrisa.
– ¿Ya ves? Te dije que Dranzer es más fuerte – el pelirrojo se dirigía a Ray – ¿Tío Ray? –
– Dime pequeño. –
– ¿Me vas a enseñar un día a Driger? – preguntó con mirada inocente.
– Claro que sí, te lo mostraré ahora mismo. –
– ¡Gracias tío Ray! –
– ¿'Tío Ray'? ¿De dónde sacas eso, Ritsuka? – preguntó Hiwatari.
– El tío Ray me explicó qué era tío y me dijo que le podía decir 'tío Ray'.
El bicolor hizo una sonrisa, parecía no disgustarle la idea.
– Esta vez te equivocas Ray – soltó Tyson – Me toca jugar a mí. –
Ritsuka lo volteó a ver, ladeó un poco la cabeza…
– ¿Vas a jugar conmigo? – dijo apuntándose.
– Claro Ritsuka, te mostraré lo que es jugar, el tío Tyson lo sabe bien. –
– ¿Tío Tyson? – repitió el pelirrojo, parecía no entender.
– ¡Vamos! – gritó Tyson quitándole al pequeño Ritsuka a Ray.
– ¡Tyson!, te cuidado, no es un juguete – regañó Ray.
El pequeño se fue en brazos de Tyson, iba un poco desconcertado ante esa situación. Ray se sentó, suspiró profundamente…
– No sé que hubiera hecho si Tyson no se lo hubiera llevado. Ese niño es inagotable. – dijo Ray.
– ¿Verdad que es increíble su resistencia? – Max.
– Sí, ahora los entiendo, me costó mucho seguirle el paso, ¿así eras de niño, Kai? – preguntó Ray en broma.
– ¡No! – contestó cortante.
– ¡Tranquilízate! – pidió Kazumi – Es sólo una pregunta en broma, Kai. –
– Sí, Kai, no es para ofenderte – dijo Ray un poco apenado.
– Lo sé – dijo un poco nostálgico –… Es sólo que Ritsuka parece feliz, eso me hubiera gustado – dijo.
– No quería recordarte cosas tristes – se disculpó Ray.
– No es su culpa que no quieras hablar de eso con nadie, si tan sólo hablaras, nadie te lastimaría con palabras, Kai – Kazumi.
No respondió, solamente volteó a ver hacia donde se encontraba Ritsuka jugando con Tyson…
– No tuve una infancia, que recuerde, – dijo bajito – yo sólo recuerdo vagamente la abadía, no recuerdo a mi madre, ni a mi padre… – su respuesta habría tardado un momento en ser formulada.
– Eso fue muy valiente, Kai – asumió Max. – Es bueno saber que puedes hablar de tus sentimientos, a Ritsuka le hace bien. –
– No fue tan difícil ¿cierto? – inquirió Kazumi.
– ¡Papi! – gritó Ritsuka, corría hacia el bicolor. – ¡Papi! - dijo cuando al fin llegó hasta su padre – ¡Papi! Tyson va a jugar conmigo, préstame a Dranzer – se veía muy entusiasmado.
– ¿Dranzer?... ¿Para qué quieres a Dranzer? – inquirió Kai.
– Tyson dice que para que salga Dragoon tiene que pelear contra alguien fuerte. Préstame a Dranzer… – pidió dulcemente.
El bicolor se levantó entonces, tomó a Ritsuka de la mano y se dirigió hacia el beyestadio, donde estaba Tyson. Los demás lo siguieron, eso no pintaba bien…
– ¡Tyson! – llamó con voz firme Hiwatari.
– ¿Kai? ¿Vas a pelear conmigo para poder enseñarle a Dragoon a Ritsuka? – preguntó entusiasmado.
– ¿Estás seguro de querer pelear? – preguntó seriamente.
– ¡Claro viejo! – exclamó Tyson – Será un buen espectáculo para Ritsuka. –
– ¡Bien! – Hizo una breve sonrisa. Buscó en la bolsa de su pantalón, sacó su BeyBlade, Dranzer, y su lanzador. – Ten Cuidado – dijo mientras le entregaba las cosas a Ritsuka.
– ¡Gracias Papi! – respondió el pequeño.
Ritsuka se colocó en posición para lanzar a Dranzer…
– No bromees conmigo Kai, ven y muéstrale a Ritsuka – exigió Tyson un poco ofendido.
– No bromeo Tyson, Ritsuka dijo que le mostrarías a Dragoon, ahora cumple – dijo Kai algo divertido.
– Kai, no creo que sea prudente que Ritsuka pelee contra Tyson – dijo Hilari.
– Kai sabe lo que hace – respondió Kazumi.
– Y ¿bien?, ¿vas a jugar conmigo? – decía Ritsuka con ternura.
– Después no me culpes si le pasa algo a Ritsuka… – advirtió Tyson.
– No te preocupes Tyson, Ritsuka estará bien – respondió con ironía – Ritsuka, no olvides, con cuidado – le dijo el bicolor mientras se alejaba unos pasos y se cruzaba de brazos.
– ¿Listo Ritsuka? – rió un poco Tyson.
– ¡Sí! – gritó el pequeño.
– ¡Let it Rip! – gritaron los dos.
Los beyblades chocaron ante el lanzamiento preciso, provocando una fuerte ráfaga que hizo que Tyson y los chicos se cubrieran del polvo levantado. Ritsuka perdió un poco el equilibrio, pero enseguida se posicionó bien…
– Te dije que tuvieras cuidado – dijo Kai fríamente a su hijo.
– ¡Ya sé! – exclamó el pequeño – ¡Pero ya no me caí, papi! – dijo sonriente.
Kai hizo una sonrisa, su orgullo había incrementado.
– ¡¿Le enseñaste a jugar BeyBlade? – Ray incrédulo.
Kenny sacó su Laptop enseguida…
–¡ Esto no es posible…! – pensaba Tyson mientras mantenía la boca abierta, paralizado de la impresión.
Sin darse cuenta Dragoon estaba siendo totalmente repelido por Dranzer, ciertamente Tyson no lo veía venir…
– ¡Vamos Dragoon! – gritó.
– ¿Papi, puedo? – preguntó Ritsuka.
– Sí, pero esta vez, sí ten cuidado – le sugirió el bicolor.
– ¡Sí! –
– ¿De qué estás hablando? – cuestionó Tyson muy intrigado.
– ¡Dranzer! – el pequeño estaba invocando a la bestia sagrada. Sin preámbulos ni dudas el ave de fuego surgió, se vía más grande que de costumbre – ¡Flecha de fuego! –
– ¡Imposible! – Tyson estaba atónito ante la aparición de Dranzer y no sólo él, sino los demás presentes también. – ¿Cómo…? – en ese momento reaccionó – ¡Dragoon, ataque tornado! –
El choque de ambas bestias fue colosal. La visión era imposible, poco a poco el polvo se fue disipando, se volvía más claro. Tyson estaba en el suelo sentado y sobándose la cabeza…
– ¡Ritsuka! – corrió el bicolor al ver a su hijo en el piso, intentado levantarse.
El pequeño no permitió que lo tocara valiéndose de su manita. Kai no podía ver sus ojos, se escondían tras su rojizo flequillo.
– Ritsuka ¿estás bien? – haciendo un nuevo intento por revisarlo.
– No le gané… – dijo en un hilo de voz.
– Ritsuka… – dijo el padre, entonces el pequeño dejó rodar sus lágrimas sobre su rostro polvoriento. Sin más lo alzó y lo abrazó – Lo hiciste bien – le dijo. Ritsuka abrazó a su papá.
– ¡Ay! – se quejaba Tyson - ¡¿Qué rayos fue eso? – se levantó de un tirón.
Los beyblades estaban fuera del beyestadio, ambos sin girar.
– ¿Qué fue eso? – preguntó Hilari desconcertada.
– Kai, le está enseñando a jugar BeyBlade a Ritsuka, pero parece que no le está prestando atención durante el entrenamiento. – respondió Kazumi. Se acercó para levantar los beyblades del suelo.
– ¿Qué fue todo eso, Kai? – preguntó Max.
– A Ritsuka le falla el lanzamiento y los ataques con Dranzer… –
– ¿Cómo es que tiene tanto poder? – interrumpió el Jefe.
– ¿De qué hablas Jefe? – inquirió Ray.
– Ritsuka ha logrado lo que ustedes no han podido en tres torneos y tan solo tiene tres años, bueno casi cuatro… –
– ¡¿Qué? – gritó Tyson.
– Kai, ¿cómo es eso posible? – Ray.
– Ritsuka quería aprender, al menos él sí me escucha para entrenar – dijo burlándose de sus compañeros.
– Será mejor volver a casa, ya es muy tarde y creo que Ritsuka ya tuvo por hoy, ¿no es así Kai? – dijo la pelilavanda.
Ritsuka se había quedado dormido mientras su papá lo alzaba y lo acomodaba.
– Sí, creo que es la primera vez que se cansa – dijo el bicolor.
Ritsuka se veía cansado, su cuerpo lo demostraba.
– Será mejor recoger todo esto e irnos a casa – terminó Kazumi.
– Vamos Tyson, ayudemos a recoger las cosas, mientras Kai cuida su hijo – sugirió Ray.
– Pero…–- Tyson no reaccionaba del todo a aquella batalla.
Kazumi le entregó su BeyBlade y guardó el de Kai en su bolsillo.
Kai se dirigió hacia la camioneta, buscó una manta y cubrió al pequeño. Una vez que todo estuvo en la camioneta fue el tiempo de acomodarse de nuevo: Kenny, Tyson y Max en los últimos asientos, Hilari en los de en medio y Ray de copiloto. Kai se acomodó al lado de Hilari y Kazumi tomó el control del vehículo…
– ¿No vas a manejar, Kai? – peguntó Tyson.
– Kai me enseño a manejar, Tyson, no corres peligro – le respondió la pelilavanda irónica.
Ritsuka dormía placidamente en los brazos de aquel ser que llamaba padre, aquel que miraba tiernamente a un pelirrojo…
– ¿Papi? – preguntó Ritsuka adormilado, se había despertado…
– Dime. –
– ¿Me cantas mi canción? – con cuidado sacó su ave de felpa, la había guardado entre su camiseta y su sudadera durante la tarde, la abrazó, para luego mirar por una respuesta.
– Pero ¿te dormirás? –
– Sí – respondió en un bostezo. Entonces Kai hizo una sonrisa.
– …
No importa lo que suceda
Yo siempre te protegeré
Si la oscuridad de asusta
La luz encenderé
Si el miedo te invade
Tu mano sostendré
Y aunque te molestes conmigo
Yo te entenderé
No importa lo que pase
Porque tu padre yo siempre seré.
Enfrentaremos juntos las adversidades
No habrá nadie que me aleje de ti
Siempre a salvo del peligro te guardaré
Por tus sueños velaré
Y a los ladrones de ilusiones alejaré
Y al despertar por las mañanas
A tus ojitos decir 'hola papi' veré
En mis brazos te envolveré (abrazó fuertemente a Ritsuka)
Y un beso en la frente te daré (besó dulcemente su frente)
Y ahora duerme hijo mío
Que yo te protegeré
Y recuerda siempre
Yo nunca te abandonaré
… –
Kai le cantó a su hijo, en tono quedo para arrullarlo. El pequeño tenía una expresión de tranquilidad y felicidad. Acurrucado en los brazos del ser que más parecía amar. El bicolor velaba por su sueño, lo sostenía con cuidado, como quien acuña el tesoro más preciado. Todos lo miraban, no podía creer lo que había escuchado: Kai con Ritsuka cantando para arrullarlo. Kazumi miró a cada uno por el espejo retrovisor: Max recordaba a su madre y a su padre, sus ojos cristalinos lo delataban; Kenny apretaba su laptop, también le había llegado aquella melodía. Tyson no podía entender nada, Kai amaba a su hijo, nunca lo creyó poder ver, Hilari sonreía ante aquella muestra de sutiliza, muestra de amor.
– Eso fue hermoso Kai – soltó Ray.
El ruso se despabiló, se había olvidado de las personas a su alrededor, tal y como solía hacerlo al cantarle a su hijo.
– Gracias, supongo – respondió con un leve rubor que fue desapareciendo mientras fijaba la vista en su pelirrojo.
Kazumi se sintió orgullosa, su amigo comenzaba a permitirse sentir ante los demás. El regreso fue silencioso, nadie quería despertar al pequeño. Una vez en la mansión, todos bajaron las cosas, incluso Kai con el pelirrojo en el brazo bajaba lo que su mano libre podía cargar.
– Creo que es todo, lo mejor será cenar algo, pasamos todo el día fuera y supongo que una tarde como esta merece un buen final – sugirió Kazumi.
– Supongo que tienes razón. Iré a acostar a Ritsuka en su recámara, no creo que despierte hasta mañana – asentó el bicolor.
Hiwatari salió de la sala, todos se encontraban allí. Luego de breves minutos volvió, ahora sin el pequeño.
– Estaba pensando en ordenar algo, ¿qué opinas, Kai? – inquirió la pelilavanda.
– Por mí está bien, y ¿tú, Tyson? Eres el que más come, ¿por qué no nos sugieres algo? – ironizó Kai.
– Muy gracioso… Pero ya que preguntas… Creo que pizza estará bien, con pepperoni, para empezar; una rica hawaiana, y… – Tyson.
– Tal vez quieras pedir una de cada una... – bromeó Ray.
– ¡Excelente idea, Ray! – asentó Tyson con una chispa en la mirada.
– Eso sí, que tenga ¡Catsup! – agregó Max,
El bicolor realizó una llamada, la pizzería, le harían una promoción especial pues era un pedido bastante grande, las bebidas eran gratis además de un regalo adicional. Tras treinta minutos de espera la cena llegó…
– Te has vuelto muy complaciente, Kai, mira que ordenar tantas pizzas sólo por Tyson es inverosímil – declaró Hilari.
– Supongo que, como a los niños, a Tyson también le hace falta su día especial – dijo burlándose. – Realmente no acostumbro esto, pero dada la ocasión y el día extenuante, era la mejor opción. – contestó el ruso.
– Además te dieron un buen descuento, ¿no es así?... Por cierto ¿qué clase de premio es? – cuestionó Kenny,
– Bueno, no lo sé, viene en esta caja – dijo sosteniendo un paquete rectangular, unos treinta centímetros de altura. Lo destapó con cuidado, era un poco pesado… – ¿Una botella? – dijo desconcertado.
– ¡Vaya! – exclamó Tyson, creo que quieren que realizamos un brindis – rió.
– No seas bobo, Tyson – pidió Hilari – Debieron creer que tendríamos una fiesta. –
– Es probable y ¿de qué es la botella? – pregunto Ray.
– Es Whisky – contestó Kazumi, que le había arrebatado la botella a Kai para echarle un vistazo.
–- Bien, ya vimos que era la sorpresa, una botella de Whisky – dijo Kai recuperando el regalo, se puso de pie y se dirigió a la cocina.
– ¿A dónde la llevas? – preguntó Tyson.
– No voy a permitir que se embriaguen mientras mi hijo duerme – proclamó el bicolor.
– Tienes razón Kai, y conociéndote Tyson, no dudo que con unas copas encima armes un escándalo – puntualizó Kenny.
– Además no es muy sano, creo… – agregó Max.
– Tyson, deberías razonar más, ¿en qué cabeza cabe que Kai quiera un chico ebrio en su casa? – regañó Hilari.
– Mejor dejémonos de discusiones y comamos pizza – sugirió Ray.
Todos estuvieron de acuerdo. Mientras comían platicaban sus impresiones sobre Ritsuka. Llegaron a la conclusión de que era hiperactivo y alegre, con el carácter y determinación de Kai. Reían y comían, la noche parecía acompañaría a los chicos en su charla.
