Beyblade no me pertenece...
Un capítulo más :D agradezco grandemente a sus lecturas y comentarios. Disfruten el capítulo y espero me dejen conocer sus opiniones, comentarios, sugerencias, propuestas y quejas XDDD a través de un Review.
¡Saludos!
Tus miedos serán los míos, tus batallas serán las mías… No importa si estás lejos, yo aún tu padre seré… Si tu sangre corre por mis venas, orgulloso me sentiré, pero si no… Más te amaré…
-oO0( ¿Papá? )0Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo IV Perdido
– Sí lo es. Algo me ocultas sobre Ritsuka… –
El trayecto de regreso a casa fue muy tranquilo. Tyson y Max durmieron un rato, mientras que Hilari y Ray platicaban sus impresiones sobre Ritsuka y Kazumi; Kenny leía un libro acerca de bestias bit cuando se interesó en la plática que sostenían Hilari y Ray…
– Creo que Ritsuka es un niño muy inteligente. – declaró Hilari.
– Sí, es cierto. Es muy listo y muy activo. – agregó Ray.
– ¿Crees que Kai sea un buen padre? – preguntó la castaña.
– Sí que lo es y yo soy testigo. – saltó Kenny.
– ¿De qué hablas, Jefe? – inquirió Ray.
– El día que se cayó Ritsuka, ¿recuerdan que había ido a dejar los últimos trastos? – asentaron – Pues allí me encontré a Kai, le preparaba de cenar al pequeño. Kai no creo que sea de los que cocinen y eso, además ustedes mismos lo vieron, se ve muy feliz con el pequeño. –
– Es verdad, nunca vi a Kai tan preocupado por alguien. –
– Es porque nunca lo viste preocupado por nadie que no fuera él mismo. – se añadió Tyson.
– También se preocupaba por nosotros, Tyson. – ahora el rubio también se sumó.
– ¿Cuándo se preocupó por nosotros? – replicó.
– Vamos, Tyson, reconoce que Kai siempre se preocupó por nosotros, tan así que perdió a Dranzer por un tiempo. – recordó la castaña.
– Bueno, creo que tienen razón, pero nunca nos trató bien. – se cruzó de brazos. – Cambiando de tema… ¿Cómo creen que reaccionen el abuelo y el Sr. Dickenson acerca de esto? –
– No estoy muy seguro, Tyson, pero espero que no se sorprendan demasiado como para que les de una embolia. – bromeó Ray.
– Muy gracioso, Ray. Yo creo que a todo el mundo le va a parecer increíble, si yo aún no siento que sea real. –
– Max, tiene razón. Me sorprendió mucho el cambio de Kai. –
– Tú cállate, Hilari, si a leguas se te nota que te dieron celos cuando viste a Kazumi – molestó Tyson.
– ¿Yo? ¿y por qué habría de sentir celos de Kazumi? – inquirió la castaña sin entender a lo que se refería Tyson.
– Ni que no supiéramos que estás enamorada de Kai. – luego de decir esto Tyson lanzó una carcajada.
Hilari miró a todos allí en el autobús, la habían descubierto y los ojos de sus compañeros le decían que ellos también lo sabían. Ruborizada a más no poder comenzó a divagar en excusas. El resto del camino fue bastante incómodo para castaña…
– Bien, Kai, ya estamos en casa y creo que es el momento, ¿no? – dijo Kazumi notablemente molesta.
Habían dejado la estación de autobuses hacía más de una hora, tiempo en que Kai había intentado postergar lo inevitable, un silencio total inundó el trayecto a casa.
– Kazumi, no me hagas esto. – pidió con nerviosismo.
– Mira, Kai, soy tu amiga y la nana de Ritsuka, creo que merezco un poco de sinceridad de tu parte. –
– Eso lo sé… – bajó la mirada.
En su cabeza había una revolución interna, una lucha entre decir la verdad y encontrar un apoyo a costa de la seguridad del pequeño; o mentir, perder a una amiga y resguardar la seguridad del pelirrojo…
– Y ¿bien? – presionó.
El tiempo transcurría y el ruso sentía cada vez más la inquisidora mirada de la pelilavanda.
– Kazumi, yo… Yo no quiero que pienses que fui egoísta al no decirte desde el principio, pero la realidad es que tengo miedo de que algo malo le pueda pasar a Ritsuka. –
– ¿De qué hablas? –
– Mira, hace tiempo – tomó lugar en el sofá del estudio – yo estuve entrenando en una abadía, para mi abuelo. –
– Eso ya me lo dijiste. – interrumpió
– En esa abadía sucedieron muchas cosas que no quisiera recordar, que estoy seguro es mejor no hablar. –
– Sigo sin entender. –
– Allí había un hombre a cargo, su nombre era Boris Valkov. Ese hombre buscaba quién-sabe-qué- cosa en nosotros, niños. Nos hizo mucho daño, es por eso que no tengo buenos recuerdos. Si yo expongo a Ritsuka, ellos podrían quitármelo, llevárselo lejos de mí. – sintió un nudo en la garganta.
– ¿Y por qué habrían de hacer eso? –
– Kazumi, yo denuncié a mi abuelo por lo que hacía, por eso desapareció y, luego de eso, recibí amenazas constantes, no quiero poner en riesgo a Ritsuka. – pidió casi en súplica.
Kazumi bajó la mirada, meditaba cada palabra que el bicolor había pronunciado. Estudiaba con detenimiento cada situación. Kai tenía la razón, ella recordaba bien. Hacía unos meses recogiendo la habitación del bicolor encontró un par de sobres dentro de una caja bajo la cama, estaban bien acomodados, en la parte externa tenían escritos con letras de recortes: Para Kai; eso la hizo estremecerse al instante. Ritsuka podría ser el nuevo objetivo.
– Entiendo. – dijo al fin. – Entonces ¿qué propones? –
Tres semanas pasaron desde aquel reencuentro sorpresivo. El torneo estaba a punto de dar inicio. Beyluchadores iban y venían, los fanáticos se acomodaban en las gradas en busca de la mejor vista para la inauguración y los comentaristas anunciaban el pronto inicio. Los equipos conocidos ya estaban allí, al igual que unos cuantos nuevos, futuras promesas dentro del mundo del beyblade, algunos novatos.
Tyson, Max, Ray, Kenny y Hilari ya esperaban ansiosos la llegada de su capitán, estaban en el pequeño camerino que ofrecían a los equipos con experiencia. Eran las cinco y quince minutos, la inauguración sería a las seis y los nervios crecían, Kai siempre había sido puntual. Si previo aviso la puerta se abrió y, para desilusión de los chicos, era el abuelo Granger y el Sr. Dickenson…
– ¡Sr. Dickenson! ¡Abuelo! – expresó Tyson con sorpresa.
– Claro, chico, ¿pues a quién esperabas? – inquirió el abuelo Granger.
– En realidad esperábamos a Kai. – respondió Ray.
– Así que lo pudieron convencer de participar. – afirmó el Sr. Dickenson.
– Así es, Sr. D – Tyson hizo una 'V' de victoria mientras sonreía.
– Me alegra mucho que Kai decidiera participar por última ocasión. Es un alivio que haya accedido, ya que en los torneos pasados por más que insistí, no quiso. – dijo el anciano.
– Bueno, ya tendrá tiempo de explicarle porqué, Sr. Dickenson. – su tono era un poco burlón.
Recibió un golpe en las costillas gracias a la castaña, quien se ayudó con su codo.
– ¡Oye! ¡¿Por qué hiciste eso? – replicó molesto.
– Por hablar de más. – se divirtió Max con la expresión de enojo de su amigo.
El Sr. Dickenson y el abuelo Granger los miraron sin entender la situación…
– Lo que Tyson trata de decir es que Kai quiere explicar personalmente lo que ocurrió y pues creo que a Tyson se le iba a pasar la promesa que hizo de dejarlo dar explicaciones. – intervino el Jefe.
– Bueno, bueno, eso no es muy importante ahora que Kai estará aquí. Me da mucho gusto que cierren esta etapa de sus vidas juntos, como iniciaron. – sonrió el Sr. Dickenson.
En ese momento entro una chica de cabello lavanda hasta los hombros y ojos grises. El abuelo Granger y el Sr. Dickenson la observaron con detenimiento, traía consigo una pequeña maleta al hombro…
– ¡Kazumi! – exclamó Tyson como saludo.
– ¿Tyson? – contestó un poco desconcertada por la emotividad del chico de gorra.
– ¡Buenas tardes, jovencita! – saludó el Sr. Dickenson.
– ¡Buenas tardes! – hizo una reverencia – Usted debe ser el Sr. Dickenson, ¿no es así? – sonrió amablemente.
– Así, es y usted… –
– Mi nombre es Kazumi Hiroza, soy amiga de Kai. – se presentó.
– ¿Así que el chico Kai ya está aquí? – casi afirmó el anciano.
– Sí, así es, no debe tardar… –
En ese momento la figura del bicolor se hizo presente, consigo traía una pequeña mochilita roja, mientras que en sus brazos cargaba un pequeño pelirrojo. El pequeño permanecía dormido, recargando su figurita en el pecho del padre, mientras que la cabecita descansaba en el hombro izquierdo, uno de sus bracitos caía frágilmente al costado, mientras que el otro sostenía un ave rojiza de felpa.
– Creí que esperarías un poco más. – se dirigió Kazumi al bicolor.
– No tenía caso, además ya es muy tarde. – respondió con su tono frío de siempre.
El Sr. Dickenson y el abuelo Granger lo observaron con detenimiento. Lo escanearon de arriba abajo, algo estaba diferente… ¡Claro! ¡El pelirrojo!
– … – se aclaró la garganta el Sr. Dickenson. – ¡Hola de nuevo, Kai! – dijo sin quitar la mirada del pequeño.
– Sr. Dickenson, no esperaba verlo por aquí justo ahora, creí que estaría afinando los detalles de la inauguración. – respondió mientras se sentaba en una de las bancas que había dentro del camerino.
Con cuidado, Kazumi colocó una pequeña manta en la banca y enseguida Kai depositó con delicadeza la figura del pequeño pelirrojo. Sus movimientos eran sumamente cuidadosos para no despertar al pequeño.
– Me alegra mucho volverte a ver, después de estos dos años de retiro, Kai. – el Sr. Dickenson.
– Gracias, supongo. – dijo un poco bajo.
El Sr. Dickenson miró a su amigo, el abuelo Granger, para intentar buscar una manera de indagar en la nueva personita en la habitación, éste entendió enseguida…
– Hace mucho que no te veía, chico. Y dinos ¿quién es ese pequeñín que viene contigo? –
Todos esperaron atentos a la respuesta de Kai, incluso Kazumi lo hizo…
– ¿Papá? – surgió una vocecita adormilada.
El pequeño escuchaba susurros entre sueños, algo interrumpía su siesta…
– ¿Estás bien? – inquirió el bicolor.
– ¿Dónde estamos, papi? – preguntó mientras con su manita alejaba la nubosidad en sus ojitos carmín; miró a su alrededor y vio rostros nuevos.
En un salto el pequeño se pegó al pecho paterno, ocultando así su carita de los presentes. Aferró sus manitas al cuerpo del ruso, mientras éste le brindaba un abrazo protector que lo tranquilizara de su pequeña temblorina.
– Tranquilo, tranquilo. – le decía bajito. – ¿Sr. Dickenson? ¿Sr. Granger? – llamó – Éste es mi hijo, Ritsuka. – pronunció firmemente. – Ritsuka, ellos son el Sr. Dickenson y el Sr. Granger, el abuelo de Tyson. – se dirigió al pequeño, quien aún se ocultaba.
Los ancianos se miraron intrigados. El Sr. Dickenson carraspeó mientras que su amigo, el abuelo Granger, rascaba su nuca como si con ello fuera a comprender mejor la situación.
– ¿Perdón? – pronunció atontado el Sr. Dickenson.
– Ritsuka, su nombre es Ritsuka y es mi hijo. – repitió intentando despegar al pequeño de su cuerpo. – Vamos, Ritsuka, quedamos en que no harías esto. – entre más se esforzaba Kai en despegarlo, el pequeño pelirrojo más se aferraba – Lo siento, es que es muy nervioso. – se disculpó el bicolor, cuando al fin logró separarlo un poco.
Lo miró a los ojos y de sus ojitos carmín unas lagrimitas se formaron.
– Tengo miedo – dijo temeroso.
– Pero no te va a pasar nada – lo consoló. – Anda, saluda al Sr. Dickenson y al Sr. Granger. – ordenó sutilmente, cosa que sorprendió a los mayores.
Ritsuka se paró al frente de los ancianos hizo una pequeña reverencia y se presentó…
– Mu… Mucho gusto – tartamudeó. – Mi nombre es Ritsuka Hiwatari – dijo nerviosos y mirando al piso para enseguida correr tras las piernas de Kai.
Se aferraba con fuerza a su pierna izquierda…
– ¿Y a mí no me vas a saludar? – dijo entusiasta Ray.
El pequeño soltó la pierna de su padre y corrió…
– ¡Tío Ray! – gritó alegremente mientras saltaba para que lo alzara.
– ¡Oye! Te olvidas de mí también. –
– ¡Tío Tyson! – saltó una vez más para correr hacia el chico de gorra.
– Eso es, yo también soy tu tío – repitió orgulloso Tyson, mientras dirigía una mirada de autosuficiencia hacia los demás.
– ¿No piensas saludar a los demás? – inquirió Kazumi.
– Sí – dijo un poco apenado y despacito descendió del abrazo que le brindaba Tyson para saludar a los otros. – Hola, tío Max; hola, tío Kenny; hola, tía Hilari. – su vocecita era muy tierna y amable, aunque a estos tres últimos los saludó con menos entusiasmo que los dos primeros.
– ¡Hola! Rituska, mira que tengo para ti. – anunció Max, mientras de su bolsillo sacaba unas tabletas de chocolate amargo.
Al pelirrojo le brillaron sus ojitos carmín al ver aquello, pero a quien no le causó mucha gracia fue al bicolor…
– No le des chocolotes. – dirigió una mirada casi mortal.
– ¿Por qué? – preguntó desconcertado el rubio.
– Porque tienen mucha azúcar y no quiero que se ponga hiperactivo, no es bueno para su salud. – explicó con su tono frío.
– … – rió un poco Max. – Si es por eso no te preocupes, porque estos chocolates son sin azúcar, mi mamá también me prohibió los dulces. – se carcajeó un poco más.
Kai se acercó al rubio y tomó los chocolates, luego de inspeccionarlos un poco decidió que eran aptos para el pequeño. Tomó una tableta y cortó un trozo pequeño.
– Ten, procura no ensuciarte. – su voz era fría para ese momento. – Agradece a Max.
El pequeño colocó el trozo de chocolate en su boquita y lo saboreó, miró hacia el rubio…
– Muchas gracias, tío Max. – su tono de agradecimiento bien pudo derretir a las personas allí presentes, pues sonaba bastante curiosa además de tierna.
El resto de los chocolates los guardó en la maleta que Kazumi había dejado en la banca…
– … – carraspeó el anciano Dickenson en un intento de llamar la atención del bicolor – Me da gusto conocer al pequeño Rituska, pero me gustaría hablar contigo a solas, Kai. – pidió con nerviosismo.
– Bien. Kazumi, cuida a Ritsuka, no tardo mucho. –
La aludida asentó y vio como el ruso salía de allí, pero…
– No me dejes. – suplicó el pelirrojo.
– No te voy a dejar, solamente iré a hablar con el Sr. Dickenson un momento. – le dijo con una voz cariñosa.
– Quiero ir contigo. – hizo un puchero.
– Tranquilízate, no quiero que hagas un berrinche ahora, – su tono era firme, más bien una orden. – Ve con Kazumi y aguarda a que vuelva. – diciendo esto último revolvió el cabello del pequeño y le hizo un ademán para que fuera hacia donde estaba Kazumi.
Sin reprochar más hizo lo que le mandaron y se agarró de la mano de Kazumi, mientras que sacaba de su pequeña sudadera azul cielo su ave de felpa, la abrazó fuertemente e hizo un ademán de adiós a su papá.
Una vez en la oficina del Sr. Dickenson…
– Disculpa que haya tenido que traerte hasta aquí, pero… –
– Entiendo, necesita una explicación. – interrumpió.
– Si no es mucha molestia, creí que estabas bien, desde que se fue tu abuelo tenía tu tutoría y no me habías comentado nada de esto, ¿qué está pasando? – inquirió preocupado.
– A usted no puedo mentirle, más aún necesito de su ayuda. –
– Espero poder hacerlo si me dices qué está ocurriendo. –
– Es una historia un poco larga. –
– Tenemos hasta la inauguración. Así que tenemos más de media hora. ¿De dónde salió Ritsuka? –
– Bien. Ritsuka es… –
Vio cómo su padre se alejaba por el pasillo, mientras se sujetaba de la mano de la pelilavanda. Bajó su mirada y sintió cómo las miradas nuevamente se iban sobre él, sin embargo la que sintió con más incomodidad fue la que le dirigió el abuelo Granger. Inconscientemente se ocultó tras las piernas de Kazumi al notarlo…
– Vamos, Rituska, no te pasará nada. – lo jaló un poco.
– Me miran raro, Kazumi. –
– Es porque estás muy nervioso, pero todo estará bien. – le sonrió mientras lo miraba divertida.
– Vamos, pequeñín, no te pasará nada, el abuelo está aquí para cuidarte. – pronunció el abuelo Granger, al tiempo que se acercaba al pelirrojo.
Retrocedió unos pasos hasta quedar arrinconado, a lo cual Kazumi no respondió impidiéndole el acceso al Sr. Granger, sino al contrario, le dio espacio para que se acercara al pequeño.
– ¿Quién es usted? – cuestionó muy nervioso, se notaba un ligero temblor en su cuerpecito.
– Tranquilo, Rituska, es mi abuelo. También lo puedes llamar abuelo. – se acercó Tyson.
– ¿Abuelo? – repitió todavía nervioso. – ¿Qué es abuelo? – inquirió dejando su nerviosismo y viendo fijamente a Tyson.
– Creo que no fue muy buena idea decirle eso, Tyson. – se burló Hilari.
– Tú no te burles – la miró con despreció fingido. – Bueno abuelo es, este… Ah… Abuelo es el papá de tu papá. – sonrió ante su propia respuesta.
– ¿Eres el papá de mi papá? – cuestionó tomando más confianza hacia el Sr. Granger.
– No, pequeñín, pero soy el padre del padre de Tyson, Tyson es mi nieto y como eres un niño muy inteligente puedes llamarme abuelo. – le brindó una sonrisa.
En su rostro se podía ver la confusión ante aquellas palabras. Frunció su entrecejo con nerviosismo una vez más. Luego corrió hacia Kazumi…
– Quiero a mi papá. – le dijo mientras la pelilavanda lo alzaba.
– Tranquilo, ahora que vuelva tu papá le preguntas qué es abuelo, ¿correcto? – el pequeño asentó no muy seguro de lo que estaba ocurriendo allí.
– Estoy seguro de que Kai te explicará muy bien lo que es abuelo. – le dijo Ray mientras se le acercaba.
– Tío Ray, te extrañé mucho. – le decía mientras se jalaba para que lo cargara el chino.
La pelilavanda no se negó y le cedió al pequeño.
– ¿Por qué no me platicas qué es lo que has hecho? – preguntó para darle tiempo al abuelo Granger de que se familiarizara con la nueva situación, puesto que estaba seguro estaba igual que ellos cuando recién conocieron al pequeño.
– Pues fui al parque y… – se alejaron un poco en uno de los rincones y se sentaron a platicar en una banca.
Los demás se quedaron viéndolo desde lejos, luego el abuelo Granger habló…
– El chico Kai me ha dejado sorprendido. – dijo rascándose la nuca, tal como su nieto.
– Es por eso que no participó en los torneos pasados, abuelo – acotó Tyson, aclarando las dudas que habían tenido tiempo atrás.
– Sí que era un buen motivo para faltar. –
– ¿Ves cómo Kai no es tan perfecto? Y tú siempre me lo pones como ejemplo. – se quejó.
– Y lo sigo haciendo, mira que valentía de su parte dejar lo que le gusta por una responsabilidad así, además presentar a su hijo sin pena, eso deberías aprender, la responsabilidad. – cruzó los brazos, esperando de antemano la queja de Tyson.
– ¡Pero abuelo! Recuerdas la edad que tiene Kai, ¿verdad? –
– Claro, pequeñín, es un año mayor que tu y a pesar de todo parece todo un adulto responsable. – sin duda alguna eso haría enojar mucho al chico de gorra.
Luego de un rato de asimilar los hechos todos comenzaron a platicar de una manera más normal, sin mirar tan detenidamente al pelirrojo, que para esos momentos estaba sentado a un costado de Kazumi, esperando pacientemente el regreso de su padre. Estaba sumamente callado y quieto, podría pensarse que no estaba allí. Los demás hablaban de las expectativas que tenían sobre el torneo y sobre los viajes que tendrían que realizar, así como compartieron el lugar de la final, Kioto. Kazumi se mostró interesada, puesto que si llegaban a la final podrían volver a casa y festejar allí el triunfo, si es que ganaban y así mismo, darle oportunidad a Ritsuka de alejarse del bullicio que lo ponía tan nervioso.
– ¿Qué te ocurre, Ritsuka? – inquirió Kenny al notar un poco raro al pequeño.
Hacía un rato que mordía su labio inferior y miraba desesperadamente hacia Kazumi, pero esta seguía platicando por lo que no le prestó mucha atención, sus piernitas parecían muy juntas y los movimientos en sus piecitos denotaban nerviosismo, se notaba tenso, al igual que lagrimitas se formaban en sus orbes carmín.
– ¿Kazmi? – llamó el aludido.
– ¿Qué ocurre? – respondió la pelilavanda.
El pequeño no contestó pero de inmediato se dio cuenta de lo que ocurría.
– ¿Qué le pasa, Kazumi? – se interesó la castaña.
– Quieres ir al baño, ¿cierto? – Ritsuka asentó sin dejar de morder su labio inferior. – Debiste decirme luego, pero no te hubieras aguantado, traes tu calzoncito entrenador. – le dijo la pelilavanda.
– Quiero ir al baño. –
– De acuerdo, vamos – se puso de pie.
– Yo puedo llevarlo, Kazumi. – intervino Tyson.
– No te preocupes, yo… –
– Vamos, el tío Tyson puede hacerlo, ¿verdad, Ritsuka? –
El pequeño ya no aguantaba más y asentó con la intención de llegar al baño de la manera más rápida posible. Kazumi accedió no muy convencida. Tyson salió del camerino con el pequeño de la mano. Caminaron unos cinco minutos y no llegaban al baño, el pequeño ya no podía aguantar más, Tyson parecía perdido. Unos pocos metros más adelante encontraron lo que buscaban. De inmediato en pequeño hizo su labor, mientras Tyson husmeaba quién-sabe-qué-cosa en los lavabos, dándole así más 'privacidad' al pequeño. Una vez que terminó se dirigió a Tyson para que lo ayudara a llegar al lavamanos y así tallar sus manitas con jabón. Tyson accedió y pronto terminó aquello. Salieron del baño y avanzado unos tres metros, ya fuera del pasillo que conducía a los baños, el campeón mundial también sintió la necesidad de desahogar su conciencia, por lo que soltó al pequeño Ritsuka de su agarre…
– Espera aquí, no te muevas, ¿de acuerdo? – le dijo al pequeño, este asentó algo confundido. – Yo también tengo que ir al baño – susurró para enseguida correr hacia los sanitarios.
El pequeño se quedó mirando la dirección por donde se fue Tyson, pero pronto su vista se fue empañando de personas, muchas personas. Retrocedió unos pasos. Había tanta gente como jamás había visto, comenzó a temblar…
– Entonces eso es lo que pasó… – meditó unos segundos – ¿Por qué no me dijiste desde hace tiempo? – recriminó un poco.
– No quería molestarlo, pero los chicos llegaron y presionaron mucho. Yo no tenía contemplada esta situación –admitió.
– Entiendo, Kai. Ahora lo más importante es la seguridad del pequeño Ritsuka. –
– Esa será siempre mi prioridad. –
Estaba muy asustado y entre los empujones que recibía perdió de vista el sitio donde Tyson lo había dejado. Buscó ansiosamente a Tyson entre el tumulto, mas las personas que lo miraban se acercaban para tocar sus suaves mejillas y decirle lo bonito que era. La última mujer que lo hizo lo dejó muy adolorido y lo asustó mucho, por lo que salió corriendo ante la mirada atónita de la mujer. Corrió hasta que chocó con alguien: cabello lavanda y ojos grises…
– ¿Estás bien, Bryan? –
– Tú qué crees, idiota – siseó adolorido.
De repente el pelilavanda escuchó un sollozo.
– ¿Estás bien, niño? – preguntó mientras le tendía la mano para que se levantara.
El niño no respondió, simplemente se asustó y se hizo bolita…
– ¿Ves lo que pasa por no fijarte por dónde caminas? –
– Cállate, Spencer. No tengo la culpa de que este niño viniera corriendo sin fijarse por donde iba. – se fijó en el pequeño que aún no se levantaba y temblaba. – Oye ¿estás bien? –
– ¡Quiero a mi papá! – sollozó.
– Bueno, ya sé que debes querer a tu papá, pero ¿dónde está? – inquirió Spencer.
– No seas idiota, Spencer, si venía corriendo es seguro que no sabe dónde está. – le dio un golpe en el brazo. – ¿Cierto, niño? –
El pequeño acentó.
– Y ¿cómo te llamas? – preguntó Spencer.
– Rit… Rit… Ritsuka – tartamudeó.
– Muy bien RitRitRitsuka, ¿cómo se llama tu papá? –
– No seas tonto, no se llama RitRitRitsuka, se llama sólo Rituska. – le propinó otro golpe en la cabeza.
– ¡Oye! – protestó – Yo no tengo la culpa de que lo haya dicho así. –
– No, pero si fueras más inteligente te darías cuenta de que tiene miedo, sólo mira cómo tiembla. –
Spencer miró al pequeño que ya estaba a punto de las lágrimas…
– ¡Oh! Lo siento, no era mi intención. –
Ante estas suaves palabras de Spencer, Ritsuka comenzó a llorar.
– ¿Ves lo que hiciste? Eres un tonto, Spencer. – le dio otro golpe.
– Deja de golpearme, yo no fui quien chocó con él. – se defendió.
– No, pero lo hiciste llorar. –
– ¿Qué rayos ocurre aquí? – intervino una tercera persona.
– ¿Papá? – se despejó el pequeño, mirando fijamente al recién llegado.
– '¿Papá?' ¿Eres el padre de este niño, Yuriy? – inquirió con una ceja levantada Bryan.
– No seas idiota, ¿cómo rayos va a ser mi hijo? –
– Pues su cabello es idéntico al tuyo y tú mismo lo oíste, te llamó 'papá' –
– Yo no tengo hijos, Bryan… Y por cierto ¿de dónde sacaron a este niño? –
– No lo sacamos de ningún lado, chocó con Bryan y lo único que logramos saber es que se llama RitRitRitsuka. –
– Ritsuka, Spencer, Ritsuka. –
– Déjame en paz, Bryan, yo únicamente repito lo que el niño nos dijo. –
– ¡Basta los dos! – se agachó hasta quedar a la altura del pequeño que yacía de rodillas tallando sus ojitos, liberándolos de las lágrimas. – ¿Cómo te llamas, pequeño? –
– Me… Me llamo Ritsuka. – dijo muy nervioso.
– Muy bien, Ritsuka, ¿sabes dónde está tu papá? – movió negando el pequeño – ¿no sabes? – volvió a negar.
– Es obvio que no sabe, Yuriy, por eso está perdido – acotó Bryan, a lo que el aludido envió una mirada denotando un: 'Cállate'.
– Muy bien, ¿cuál es tu nombre completo?, ¿te sabes tu apellido? –
– … - el pequeño asentó. – Ritsuka Hiwatari. – respondió entre suspiritos.
– Muy bien… ¡¿Hiwatari? – se exaltó un poco Ivanov.
– Sí, Ritsuka Hiwatari. – reafirmó el pequeño.
Tyson salió del sanitario muy relajado ahora. Caminó hasta donde había dejado al pequeño, pero ésta ya no estaba allí. Miró a los alrededores y preguntó a varias personas que estaban allí, pero nadie le supo dar razón, salvo una pequeña de unos diez años que apuntó con su manita hacia donde lo vio correr. Tyson emprendió la marcha hacia donde le señalaron. Caminó unos cinco minutos y nada. Se comenzaba a preocupar…
El Sr. Dickenson y Kai se dirigían hacia el camerino, tenía que iniciar el evento y tendrían que reunirse en la explanada todos los equipos.
Kazumi comenzó a preocuparse luego de quince minutos en los que no se veía venir Tyson, Ray intentó tranquilizarla diciéndole que seguramente se había encontrado con un par de fanáticas para dar autógrafos, pero eso no la tranquilizó ni un poco, sin embargo intentó sonreír. La puerta una vez más fue abierta, pero no era Tyson, sino el bicolor. Con la mirada inspeccionó la habitación buscando a su pequeño, mas no estaba allí.
– ¿Dónde está Ritsuka? – preguntó lo más tranquilo que pudo.
– Tranquilízate, Kai, Tyson lo llevó al baño. – respondió Max.
– ¿Hace cuánto tiempo? – su respiración aumentaba su ritmo.
– Tiene más de veinte minutos. – respondió Kazumi esta vez.
– ¡¿Veinte minutos? – gritó. – ¿Dónde rayos se supone que estabas, Kazumi? –
– ¡Cálmate, Kai! Tyson se ofreció a llevarlo al baño, no es tan grave, deben haberse quedado dando algunos autógrafos. – defendió Ray.
En ese momento se divisó la figura del campeón mundial llegar, pero no traía consigo al pelirrojo.
– ¿Dónde está Rituska? – siseó furioso.
– Este… Yo… Bueno… –
– ¿Dónde-está-Rituska? – repitió conteniendo el enojo hasta donde podía.
– Este… – y ya no puedo seguir más ante la mirada de gélida de Kai – Lo perdí – bajó la mirada.
– ¡Maldita sea! – empuñó las manos.
– ¡Calma, Kai! Lo encontraremos, no debe estar lejos. – intervino el Sr. Dickenson.
Sin decir más Kai se dirigió hasta la salida, en donde se topo con un trío de rusos…
– ¿De casualidad de te perdió esto? – ironizó Yuriy.
– ¡Ritsuka! –
En unos segundos el pequeño ya estaba en brazos del bicolor…
– ¡Papá! – dijo llorando el pequeño.
El equipo de rusos se miraron entre sí…
– ¿Es tu hijo? – se atrevió el pelilavanda.
– ¡Kai! – se detuvo ante los presentes Kazumi.
– ¿Se puede saber qué está pasando? – inquirió Spencer muy confundido.
Sin decir una palabra se dirigieron hasta el camerino una vez más, todos estaban sentados esperando una explicación, al menos los rusos.
– Este es Ritsuka y es mi hijo – respondió el bicolor luego de un rato. – Cumplirá cuatro años en un mes y medio, justo cuando termine el torneo. –
– Ya decía yo que esos ojos los había visto en algún lado. – haciendo referencia en los ojitos carmín del pequeño.
– ¡Cállate, Bryan! – le dio un codazo Spencer.
– ¡Basta los dos! – regañó Yuriy.
– ¿Estás bien, Ritsuka? – los ignoró el bicolor, a lo que el pequeño asentó. – ¿No te hicieron nada? –
– ¡Oye! ¿Quiénes crees que somos? – Bryan protestó.
– Nada, me ayudaron a encontrarte – levantó su carita que había mantenido gacha.
– Gracias. – se dirigió a los rusos amablemente.
Esto los desconcertó mucho.
– Ritsuka. – llamó firmemente. – ¿Por qué dejaste a Tyson? –
El pequeño bajó la mirada.
– ¿Por qué lo regañas? – saltó Tyson en defensa del pelirrojo.
– No te metas. – siseó molesto. – Te hice una pregunta – repitió con una mirada gélida.
– Había muchas personas – contestó en un susurro. – Me puse muy nervioso y… – sus ojitos se inundaron de lágrimas; de un salto corrió una vez más a los brazos del bicolor. – ¡Tenía mucho miedo! – comenzó a llorar de nuevo.
– Cálmate – le dijo dulcemente mientras lo abrazaba. – Sabías que esto pasaría, ¿no platicamos de esto? – el pequeño asentó sin despegarse. – ¿Entonces? –
– Tenía miedo – volvió a sollozar.
El bicolor lanzó un suspiro…
– Esto no va a funcionar. – dijo para sí resignado.
– ¿De qué hablas? – inquirió curioso Tyson.
– A Ritsuka le da mucho miedo estar entre tantas personas, si esto sigue así le podría dar un ataque de nervios y no permitiré que eso suceda. – remarcó al final. – Lo siento mucho, pero será mejor que me retire. – dijo un poco decepcionado.
– Pero… – intervino Tyson.
– Kazumi, recoge todo, será mejor volver antes de que anochezca. –
– Como digas. – la decepción también estaba presente en su voz.
– No, yo quiero jugar. – dijo el pequeño despegándose un poco de su padre.
– Ya habíamos hablado de esto y no va a funcionar. – le recalcó con paciencia.
– Me voy a portar bien. – hizo un puchero.
– No se trata de que te portes bien o no, Ritsuka. Se trata de que te asustan mucho las personas, ¿recuerdas lo que te pasó la última vez? – el pequeño bajó la mirada.
– ¿Qué pasó? – cuestionó la castaña.
– A Ritsuka le dio un ataque de pánico, tuvimos que ir al hospital. – contestó la pelilavanda.
– Lamento los inconvenientes… – se disculpaba el bicolor.
– ¡No me quiero ir! – gritó el pequeño mientras saltaba para correr a esconderse tras Ray.
– Ritsuka… –
– No me quiero ir, me prometiste que jugaríamos todos juntos. – siseó molesto el pequeño.
– No hagas esto más difícil. – pidió el bicolor de manera imperativa.
– ¡No! – retó el pelirrojo.
– Si así lo quieres… – se acercó a Ray dispuesto a cumplir con lo que tenía en mente…
– Así no funcionan las cosas, Chico. – intervino el abuelo Granger. – El pequeñín tomó su decisión y según veo tu tienes que cumplir tu parte. – lo miró fijamente.
– Esto no se trata de ver quién cumple el capricho de quién, se trata de su salud y seguridad, Sr. Granger. – le dijo de igual forma.
– Entiendo tu punto, pero ¿qué podría pasarle? Estamos todos aquí para cuidarlo. – dirigió una mirada a todos los presentes.
Kai se incomodó al notar todas las miradas sobre él, incluso la de Kazumi, había perdido los estribos. Suspiró desganado…
– Sé que están dispuestos a cuidarlo, pero no es un juego, no se trata solamente de sus nervios, es más que eso. – dijo apartando la mirada, viendo cómo el pequeño relajaba su agarre del pantalón de Ray. – Se trata del madito pasado. – crispó molesto.
– ¿Boris? – inquirió más con seguridad que de otra cosa.
– Así es, Yuriy. Boris. No quiero que te pase nada malo. – se dirigió con ternura al pequeño.
Sin pensarlo más corrió a abrazarlo.
– Si te preocupa ese infeliz, descuida; nosotros le daremos su merecido. – proclamó Bryan.
– Ahora resulta que te preocupan los niños – molestó Spencer.
– Siempre me han gustado. – todos los presentes le dirigieron una mirada de desconcierto. – ¿Qué? Aaah ¿no me digan que no me creen? – no recibió respuesta, salvo unas miradas – Aunque no lo crean siempre he tenido un afecto por los niños, ya sé que tengo facha de homicida, pero no para con los niños ehh. – su torno era irónico, casi bromista.
– Deja de decir estupideces… – Spencer.
– Por eso se llevan bien con los niños, si ustedes también lo son – siseó Yuriy con una vena saltada en la sien.
– ¿Yuriy? – cuestionó Max.
– ¿Qué? – contestó el pelirrojo de ojos azules.
– ¿Te llamas Yuriy? – se veía desconcertado.
– Sí, mi nombre es Yiriy Ivanov. Tala es un sobrenombre. – explicó sintiendo la necesidad de apartar las miradas de él.
– Ustedes… Son extraños – dijo Hilari.
– Aaah, ni que tu fueras perfecta, niña – se defendió Byran.
– Son irritables. – recomentó la castaña.
– Mira, porrista de… –
– Déjense de tonterías y mejor demos la oportunidad de que Kai diga lo que parece que tiene que decir antes de decidir si se va o se queda. – Yuriy era bastante maduro en sus palabras, ahora sabían porqué era el capitán.
– Yo, no sé… – dudó. – No quiero arriesgarte de esa manera tan absurda. – se dirigió al pequeño.
– Me lo prometiste. – frunció su ceño.
– Ya sé lo que te prometí, pero… –
– Yo quiero verte jugar. – interrumpió de nuevo con su vocecita que clamaba atención.
– Ritsuka… – el pequeño se aferró al bicolor con mucha fuerza. – Ritsuka… – el pequeño se pegaba más. – De acuerdo, tú ganas, pero prométeme que no volverás a hacer lo que hiciste. –
El pequeño se despegó rápidamente para mirarlo a los ojos y asentar gustoso, volviendo a dar un abrazo.
Todos aplaudieron, bueno, quizás a excepción de los rusos que se encontraban allí. Todos dieron un alivio de suspiro, no le causó mucha gracia al bicolor, pero ya habría tiempo para resignarse. Un momento de relajación se comenzaba a dar cuando el pequeño descendió de los brazos de su padre para enseguida llamar su atención tirando del pantalón…
– ¿Qué ocurre? – inquirió Kai al ver que el pequeño miraba al piso avergonzado.
Todos miraron nuevamente al pequeño, en espera de lo que fuera a decir…
– ¿Qué es 'abuelo'? –
El Sr. Granger casi cae de espalda ante la pregunta realizada por el pequeño pelirrojo y los demás únicamente atinaron carcajearse ante aquella duda existencial del pequeño.
– ¡Dejaras de ser Ritsuka! – comentó entretenida con la vergüenza que denotaba el pequeño ante su cuestionamiento.
Gracias ceeles () por tu Review, espero que te siga gustando la historia… Muchas gracias, es un honor que leas esta historia. Ya iremos viendo un poco de lo que esconde Kai sobre Ritsuka… Saludos, ¡nos estamos leyendo!
