Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de: Hannika Adreatos

Agradecimientos: ceeles y sweetcarmenn por pasar a dejar su review en el capítulo anterior. Igualmente gracias a las personas que pasaron a leer este fic n_n


Mientras te observo jugar veo el hombre en el que te convertirás… Tus tropiezos se convierten en errores de los cuales aprenderás… Al levantarte miro la fortaleza que tendrás.

Orgullo de sangre y crianza…


-oO0( ¿Papá? )0Oo-

Por Kiray Himawari

¿Qué es 'abuelo'? –

El Sr. Granger casi cae de espalda ante la pregunta realizada por el pequeño pelirrojo y los demás únicamente atinaron carcajearse ante aquella duda existencial del pequeño.

¡Dejaras de ser Ritsuka! – comentó entretenida con la vergüenza que denotaba el pequeño ante su cuestionamiento.

Capítulo VI ¡Quiero Ver Darinka!

La paciencia era su arma más preciada, Ritsuka era su hijo. De alguna manera había logrado controlar su temperamento ante el pequeño. Cada explicación se convertía en sabiduría y enseñanza para el pelirrojo y en un lío para Kai. Esta última explicación había sido complicada, al fin de cuentas a Kai tampoco le quedaba muy claro lo que era un abuelo, hasta donde supo un abuelo era una persona que se aprovechaba de las habilidades del nieto para su propio beneficio, fue entonces que agradeció conocer al Sr. Granger. El abuelo de Tyson era sin duda un hombre amable, hospitalario, afectivo y responsable, él era un ejemplo de lo que familia y abuelo significaban. Su respuesta logró un impacto inesperado en el pequeño. No sonrió, ni lloró únicamente se limitó a observar al mayor. Miró sus ojos marrón, su cabello cano, sus cicatrices del tiempo, su semblante entusiasta y su sonrisa… Nunca había visto a un hombre así. Corrió hacia Kai y lo abrazó fuertemente. Sí, sabía que necesitaba tiempo para adaptarse a los nuevos cambios. Desde la muerte de Hannika había intentado darle un hogar verdadero, un hogar que él jamás había conocido a ciencia cierta. Desde las visitas al pediatra hasta las idas al psicólogo, todo movió sus expectativas de vida. Ser padre era más duro de lo que jamás imaginó. De allí que comenzara a cuestionarse acerca de su propio padre ¿lo había abandonado por qué razón?, ¿había sido padre muy joven? Y es que en su cabeza repasó esas preguntas tantas veces que se sorprendió extrañando lo que nunca tuvo. La primera semana sin Hannika fue lo más difícil que jamás enfrentó. Los llantos constantes, el cambio de pañales, la comida, la siesta… Todo era un caos. La angustia lo asaltaba, no sabía como reaccionar, apenas tenía quince años y ya había quedado con la responsabilidad completa de un pequeño. La escuela comenzó a ser un desastre, los constantes desvelos le impedían mantenerse despierto al cien por ciento, las tareas se convirtieron en una carga abrumadora, los trabajos en equipo e individuales pasaron a último término, el resultado fue un promedio mediocre el primer semestre, si no es que casi reprobatorio, a cargo de Ritsuka. Fue necesario asistir a terapia. El psicólogo no lograba entender porqué un chico como Kai actuaba de esa manera, era perfeccionista, fuerte, inteligente, joven y con un futuro muy prometedor y a la vez contradictorio. Apenas alcanzaba los quince años y ya era padre por decisión ¿propia?, no había nada que le diera un indicio de locura o desequilibrio, todo lo contrario, se hallaba frente a un chico responsable y admirable. Hannika sin querer trajo a su vida la estabilidad y equilibrio que necesitaba, sí, Hannika trajo consigo a Ritsuka.

Sin mucho tiempo para reaccionar Kai se vio obligado a dejar a Ritsuka con Kazumi, la inauguración del torneo debía dar inicio. Con tristeza vio a su padre alejarse a través del pasillo. Se ocultó tras Kazumi y despacio avanzaron hasta las gradas VIP del estadio. Se acercó hasta el barandal que impedía la caída a la arena de juego y esforzó su vista para encontrar a su papá. Había demasiadas personas y cada una de ellas le asustaba a pesar de estar lejos de ellas. Hilari observó su actitud, nunca había visto a un niño como Ritsuka.

Hilari recordaba las actitudes de su amigo: Frío, distante, callado y extremadamente reservado. Cada que repasaba eso en su mente venía ese sentimiento de culpa, ¿cómo es que nadie de los que decían ser sus amigos se dio cuenta de que Kai estaba enfrentando la paternidad en completo aislamiento? Quizá si se hubieran percatado el pequeño sería más sociable, menos temeroso de las personas a su alrededor. Desde que les fue presentado el pelirrojo, habían notado actitudes inseguras y muy propias de un niño con un padre como Kai. Era difícil aceptar que él no necesitaba ayuda con un niño. En contra de lo que muchos pensaban, había logrado hacerse responsable de un niño, había cambiado sus actitudes e incluso se había convertido en un hombre cariñoso. El sólo pensar en ello la hacía sonrojarse, sí, Kai era ahora un hombre, aunque un hombre con responsabilidades fuertes las cuales, si lo pensaba detenidamente, no sabía si ella estaría dispuesta a asumir. Miró una vez más a Ritsuka y sonrió para sí.

Poco a poco los equipos fueron integrándose a la arena de juego, evidenciando algunas rivalidades entre ellos con miradas hirientes y gestos poco razonables, ¡eran unos chiquillos! Los Bladebreackers se acercaron al centro, sería turno del discurso anual de Tyson, ya lo sabían, él era el campeón mundial desde hacía cuatro años y ésta sería su quinta y última vez, si lo lograba, ¡sí!, lo lograrían, eran el mejor equipo. El Sr. Dickenson, una vez dicho el discurso, dio la señal de inauguración y los fuegos artificiales se vislumbraron en el cielo. Ritsuka los vio y quedó perplejo, ¡eran tan bonitos! Lo más parecido que conocía eran los colores con los que iluminaba sus dibujos en casa; en sus ojitos carmín podían verse reflejados esos colores vivos y especiales. Kazumi veía entretenida el espectáculo de Ritsuka quien mantenía su boquita abierta del asombro, su cuerpo estaba totalmente relajado y su mirada fija en los colores, sí, Ritsuka amaba los colores y verlos de esa manera era un deleite.

Kenny también supo reconocer esa actitud del pequeño. Angustia de no ver a su padre y un gran alivio y orgullo al verlo salir por la entrada principal. El semblante de Kai en apariencia era el mismo de siempre, pero estaba seguro de haberlo visto voltear en un sin fin de ocasiones hacia donde estaba el pequeño pelirrojo, lo cuidaba desde su lugar. La ansiedad de correr y abrazar a su papá estaba cada vez más latente. Pequeños saltitos y vistas de un lado a otro buscando la manera de llegar hasta el bicolor eran las pruebas de querer correr y encontrarlo. Ritsuka de vez en vez volteaba hacia Kazumi buscando la aprobación para darle alcance, pero la negativa de ésta lo orillaba a desechar su frenetismo. En cuanto los fuegos artificiales se plasmaron en el cielo vio como todos esos sentimientos se iban, no había ansiedad, ni angustia, no había desesperación, ni tristeza, únicamente había asombro y admiración por tan bello espectáculo; a Ritsuka le gustaban los colores.

Su experiencia era basta, los años jamás pasan en vano, pero la vida siempre da sorpresas y en ocasiones las sorpresas son gratas, difíciles y satisfactorias, de esa manera es como podía describir la sorpresa que se llevó con el bicolor. Siempre creyó leer cada actitud del chico, había entablado algunas conversaciones con él y sentía que lo conocía un poco más que sus amigos. Sus actitudes eran su único medio de protección de las personas y hasta hacía unas horas se dio cuenta de lo mucho que las personas podían ocultar para mantenerse a salvo, las personas eran capaces de darlo todo para procurar el bienestar de los suyos, sí, ahora comprendía porqué Kai mantenía su distancia con todos, protegía a su hijo. Sonrió al notar el asombro del pequeño ante los fuegos artificiales, era un niño enternecedor.

Poco a poco los fanáticos fueron desalojando el estadio y los equipos de igual forma lo hicieron. Cada uno fue a recoger sus cosas, los Bladebreackers llegaron al pequeño lugar que les había sido asignado. Ya esperaban el Sr. Granger, Kenny, Hilari, Kazumi y Ritsuka quien apenas divisó la figura de su padre corrió a su encuentro. Kai sintió el peso del pequeño y sin más correspondió a la petición implícita. Ya en sus brazos se sintió feliz, había sido un día muy extraño en el que lo había visto desaparecer, pero ahora, justo así, quería que siguiera toda la vida, que estuviera a su lado siempre, que esa seguridad y calidez jamás se alejaran de él. El bicolor sintió la relajada sonrisa de su pequeño, sí, también lo había extrañado mucho. Recargó su cabecita en el hombro. Sintió su respiración suave y cálida en el cuello, a la vez que sentía la serenidad volver a su cuerpo, cada momento en el que no estaba cerca la sensación de temor le embargaba de golpe, ahora así, justo así, quería sentirse siempre con esa pequeña persona queriéndolo y extrañándolo a cada minuto, se sentía útil, se sentía feliz.

Recogieron la mochilita roja, la mochila que traía consigo Kazumi y las herramientas de Kenny. Llegaron al estacionamiento en donde la camioneta de Kai aguardaba, había decidido viajar lo más cómodamente posible mientras se pudiera, el estar en un autobús implicaba estar rodeados de muchas personas y eso no era sano para Ritsuka. El bicolor ofreció llevarlos hasta la casa de Tyson, donde se quedarían mientras los viajes comenzaban. Kai recorría las calles por las que solía pasar cuando habían sido equipo tiempo atrás, tenía dos años que había dejado todo para dedicarse al cien por ciento a Ritsuka. Su casa, escuela y amigos se habían quedado en Tokio. En poco tiempo llegaron y Ritsuka se sentía nervioso, pero a la vez emocionado de conocer la casa de Tyson, ya que su corta vida siempre se ha había desarrollado en Kioto, en su casa, en el orfanato y en el parque, su lugar favorito. Se veía un lugar grande con jardín y un pequeño estanque al frente. Todos descendieron y comenzaron a pasar cuando Kai se despidió…

– ¿Qué? ¿Por qué? ¿No piensas quedarte con nosotros? –

– Agradezco tu oferta, pero no quisiera ocasionar molestias, Tyson – respondió.

– No es ninguna molestia, dices muchas tonterías, Kai. – rió naturalmente.

Ritsuka estaba parado a un lado de Kazumi, sostenía su mano, y su mirada era de confusión, no entendía muy bien lo que estaba pasando, era la primera vez que veía a su padre interactuar con tantas personas fuera de la escuela, del trabajo y del orfanato.

– ¿Papá? – llamó el pelirrojo.

– ¿Qué ocurre? – atendió antes de seguir su conversación con Tyson.

– Tengo hambre – en sus ojitos se veía algo de tristeza.

– Debemos irnos – dijo una vez más.

– ¿Por qué insistes en irte? – preguntó Tyson.

– En verdad agradezco el gesto, Tyson, pero no quiero ocasionarles molestias, no sólo soy yo, también están Kazumi y Ritsuka. –

– Pero no tienes porqué irte, la casa es grande y estoy seguro que al abuelo no le molesta, ¿cierto, abuelo? –

– Tienes toda la razón, pequeño. No tienen porqué irse, será un placer que se queden en casa, sirve que conozco más a este niño tan bonito. – se acercó a Ritsuka y revolvió su cabello rojizo, éste no retrocedió más, lo cual le dio mucho gusto al Sr. Granger.

– Gracias, pero… –

– Vamos, Kai, prometo no roncar tanto. – intervino Tyson una vez más realizando con los dedos índice y medio una 'V' de victoria.

– Yo… –

– ¿Papá? – volvió a llamar – Tengo hambre – repitió.

– Muy bien, Ritsuka, porque no me acompañas a la cocina y veremos que puedo darte. – esta vez el Sr. Granger cargó al pequeño, no opuso resistencia, mas le pareció extraño, volteó enseguida para ver la aprobación de su padre, después de todo ese hombre mayor seguía siendo un extraño.

– Vamos, Kai. – dijo Ray mientras seguía el camino del resto.

Ya todos estaban ingresando a la casa a excepción de Kazumi y de él. Kazumi esperaba las indicaciones de Kai.

– ¿Entonces? – lo despertó de su ensueño.

– ¿Entonces? – se preguntó a sí mismo. Luego de unos minutos reaccionó – Sólo entra – dijo casi de mala gana.

Kazumi pudo ver la expresión que en raras ocasiones hacía, y eso sólo podía significar una cosa… A Kai no le agradaba la idea de ser tan sociable. Desde que se conocieron Kazumi fue testigo de muchos de los cambios que tuvo Kai, se hizo partícipe de las rutinas con las que él vivía, atendía las exigencias que tenía y sus costumbres poco comunes. Al principio fue complicado, Kazumi venía de una familia totalmente disfuncional; su madre había sufrido violencia física y emocional, las consecuencias la acompañarían por el resto de su vida y era por eso que Kazumi prefería dejar sólo los recuerdos agradables, acostumbrada a buscar lo bueno en medio de toda la desgracia, esa había sido su única forma de poder salir adelante, la única manera de sobrevivir en su mundo. Caminó tras Kai para adentrarse en aquella casa pacífica, pues en verdad se notaba la espiritualidad con la que se manejaba el lugar, el estanque con los pequeños peces y la tranquilidad del agua, el viento suave rozaba las verdes hojas de los árboles. Llegaron hasta la estancia Kai ya se había apropiado de una de las esquinas, como era costumbre, lo mismo hacía en el orfanato. Tyson les ofreció asiento mientras su abuelo se ocupaba de la cena y de Ritsuka, ya que había adoptado la posición de atender al pequeño pelirrojo quien ya había expresado su necesidad de alimentos. Ritsuka aún estaba en brazos del abuelo Granger, no estaba seguro de lo que estaba pasando, pero ver a su padre cerca le daba tranquilidad, era obvio que Kai no permitiría que le pasara nada, lo sabía.

– Bájame – pidió en un susurro.

– ¡Ah, claro! Lo había olvidado, pequeño. – sonrió.

Con cuidado lo bajó, a su edad era seguro que debía cuidarse de las cosas que levantaba y de cómo las bajaba, además no se trataba de un objeto sino de un pequeño niño de tres años, pelirrojo y muy lindo. Cuando estuvo en el suelo se quedó quieto, no corrió ni comenzó a husmear por todo el lugar como lo hubiera esperado cualquiera, contrario a los que muchos pensarían caminó hacia donde estaba Kazumi, tomó su mano y se sentó a su lado.

– ¡Eres un niño muy bien portado! – exclamó el Sr. Granger. – Se ve que lo has educado muy bien, Kai. –

Antes de que se pudiera producir una respuesta por parte del bicolor la presencia de una persona en la casa fue evidenciada.

– ¡Hiro! – saltó Tyson con alegría al notar la presencia de su hermano en casa.

– Tyson – respondió sorprendido del abrazo que su hermano le propino.

– ¿Hace cuánto llegaste? – se apresuró a interrogar.

– Llegué hace unas horas, estaba seguro que te daría gusto, además veo que te sorprendió, supongo que el abuelo no te dijo nada. – rió.

– ¿Lo sabías, abuelo? –

– ¡Claro, Tyson! Simplemente supuse que estarías muy nervioso durante tu discurso si esperabas que arribara Hiro, además fue una bonita sorpresa, ¿no crees? –

– En realidad es una sorpresa grata… – sus palabras fueron interrumpidas debido a la atención que ahora prestaba a la expresión de Hiro.

Hiro vio a un pequeño pelirrojo, calculando unos tres años, correr hacia una de las esquinas de la estancia donde se encontró con Kai. Lo inquietante no fue ver a Kai en la esquina, sino la acción del niño pelirrojo corriendo hacia el bicolor y más asombroso aún verlo ocultarse tras las piernas del mismo. El silencio fue evidente, probablemente se habían acostumbrado rápidamente a la situación y no notaron el hecho hacía dos años que Hiro no sabía nada de Kai y verlo allí con un niño tras sus piernas no era algo normal.

El bicolor sintió el temblor repentino de Ritsuka, lo que lo llevó a la acción de cargarlo y ver cómo el pequeño escondía su rostro en su pecho. Lo abrazó fuertemente…

– Hiro… – llamó con tranquilidad mientras caminaba hacia donde se encontraba.

– Kai… – respondió por la inercia, pues no dejaba de observar al pelirrojo.

– Tyson, iré por las cosas a la camioneta. – continuó su camino ignorando estoicamente a Hiro.

Tras él fue Kazumi, Ritsuka seguramente no dejaría ni un segundo a Kai. En la estancia era obvia la confusión que sufría Hiro, ¿qué era lo que estaba pasando?

– Creo que hay algo que deberías saber, Hiro. – dijo Tyson mientras buscaba la mirada de aprobación de los demás para poder decir lo que estaba pasando, ya que Kai había mencionado la seguridad de Ritsuka y no sabía hasta que punto decirle la verdad a su hermano podía afectar al pequeño.

Nadie le dio una respuesta, ellos mismos no sabían qué hacer o decir. Lo único en la mente era la reacción de Kai, si no lo había presentado como lo hizo con ellos o con los rusos lo más seguro es que no quería que Hiro supiera.

– Sí, el hermanito de Kai nos acompañará durante el torneo. – se apresuró a decir Ray.

La reacción fue obvia y las miradas de todos sobre él con interrogante como banderín era lo que sobraba.

– Sí… – vaciló Max – Kai trajo a su hermanito consigo. – su nerviosismo lo traicionaría si hablaba un poco más.

– Sí, ya sabes que es muy reservado con su vida personal – rió nerviosamente.

– De acuerdo – dijo no muy convencido de lo que su hermano afirmaba.

Inmediatamente miró en dirección de su abuelo, pero únicamente lo vio alejarse en dirección de la cocina, algo le estaban ocultando y… ¿Quién era esa chica?

Tyson hizo una actuación un poco falsa pero lo suficientemente efectiva para quitar la atención del pelirrojo. Mientras Hiro platicaba lo último en noticias de su trabajo, Kai luchaba con Ritsuka para que descendiera…

– Vamos, debemos bajar las cosas… – decía mientras forcejeaba con el niño.

– ¡No! – decía enfadado.

– ¿Ahora qué te ocurre? – preguntó intrigado al ver la actitud de Ritsuka.

– ¡No me quiero bajar! – gritó.

– Ya veo que no, pero ¿por qué? –

– ¡Él es malo! – respondió.

– ¿Quién es malo? – esa actitud no era para nada buena.

– Él, es malo y me quiere robar – se aferró más.

– Pero Hiro no es malo – dijo sintiendo ternura por el miedo expresado por Ritsuka.

– Me quiere robar y me quiere separar de ti – comenzaba a sonar molesto.

– ¿De dónde sacaste eso? – interrogó confundido por las palabras.

– Los extraños me quieren robar y separar de ti. – susurró a punto del llanto.

Kai lo abrazó muy fuerte para luego sentir cómo se relajaba el pequeño… Se miraron a los ojos…

– ¿De dónde sacaste esas ideas? –

– Darinka me dijo – lo abrazó tiernamente.

– ¿Darinka? – preguntó mientras lo despegaba para verlo una vez más a los ojos.

El pequeño se limitó a asentir…

– ¿Darinka te dice esas cosas? – inquirió Kazumi.

– Sí – el pequeño miró hacia la pelilavanda.

– Esa Darinka siempre te cuenta cosas extrañas – meneó la cabeza en negativa.

– Dijo que no debía hablar con extraños – dijo bajando su mirada.

– Darinka tiene razón, no debes hablar con extraños, pero estás en casa de Tyson, Hiro es su hermano, está Kazumi aquí y estoy yo, no te pasará nada. –

– Pero… –

– Darinka tiene la culpa por contarle esas historias –

Kai afiló la mirada hacia la pelilavanda, automáticamente cerró los ojos con desgano y abrazó con más fuerza a Ritsuka…

– Quiero a Darinka… – le susurró al oído.

El bicolor únicamente sintió una sensación extraña, el pequeño deseaba ver a Darinka.

Dentro, en la estancia, Hiro seguía la conversación sobre su trabajo y lo bien que le había ido en el Museo Nacional Suizo. Estuvo allí por casi medio año, actualmente tenía vacaciones y estaba de regreso en Tokio. Su trabajo como arqueólogo lo había llevado por diferentes puestos, pero sin duda este último era el que más disfrutaba. Ahora les mostraba a los niños lo que implicaba el trabajo como arqueólogo, daba recorridos y realizaba dinámicas de juego con ellos. Sin darse cuenta la pelilavanda y Kai ya venían de regreso. El bicolor entró con el pequeño aún en brazos, inconscientemente Ritsuka se volvió a ocultar entre el pecho de su padre. Hiro se puso de pie, estaba dispuesto a saber qué es lo que estaba pasando…

– Kai… – llamó de manera neutra.

El bicolor sólo miró a Hiro y se detuvo inmediatamente, colocó la maleta que traía consigo en el piso, en verdad era difícil traer demasiadas cosas cuando Ritsuka acaparaba más de la mitad de su fuerza…

– Kai, ¿dónde…? – Kazumi se detuvo inmediatamente al encontrarse casi de frente con Hiro.

– Sólo déjalas cerca de la entrada – respondió sabiendo de antemano la pregunta. Luego fijó su atención en Hiro, era obvio que buscaba la manera de interrogarlo. – Se llama Ritsuka. – continuó – Cumplirá cuatro años en cuanto termine el torneo… –

– Ritsuka… – repitió para sí – Mucho gusto, Ritsuka, mi nombre es Hiro. – dijo mientras le tendía la mano para estrecharla.

Ritsuka la vio de reojo, pero de nueva cuenta se ocultó en el pecho de Kai…

– Es tímido –

– Ya veo, no se parece mucho a ti tu hermano. –

Parpadeó, había dicho ¿hermano?

– Ritsuka no es mi hermano – entrecerró los ojos con fastidio, pareciera que el destino quería que sus propios labios repitieran una y otra vez la declaración…

– Creí que… –

– Es mi hijo – tomó la maleta de nueva cuenta y se alejó de él.

Sus ojos expresaban una sorpresa… ¿A caso había dicho 'hijo'? Parpadeó debido a la confusión y enseguida reparó en la dirección en la que Kai se iba mientras notaba como el pelirrojo lo observaba tímidamente entre los brazos del bicolor. Kazumi colocó las maletas en donde Kai le había indicado. El bicolor colocó también la maleta junto a las demás, antes de poder dirigirse a alguien más sintió una mano tocar su hombro, una clara señal para llamar su atención…

– Kai… – llamó Hiro.

Con sorpresa volteó a mirarlo…

– ¿Dijiste 'hijo'? – inquirió casi por inercia de su pensamiento.

– ¿Tienes algún problema? – pronunció con fastidio en su voz a la vez que se había girado para verlo de frente.

– Kai, – habló Kazumi – creo que Ritsuka tiene hambre. –

El bicolor fijó su atención en la personita en sus brazos… Lo había olvidado, esa era la razón por la que se encontraban allí. Dio la espalda a Hiro y tomó una de las maletas, la abrió con la única mano que tenía disponible y se dispuso a sacar varias cosas de su interior. Una vez que tenía lo necesario se puso de pie y una vez más ignorando al hermano de Tyson se dirigió hacia la cocina. Kazumi lo vio alejarse, luego con gran naturalidad se dirigió hacia Hiro…

– Y tú eres… – en verdad que sonó con un poco de agresión al ver la cara que tenía Hiro, era como la de una persona a la cual le ha sido revelado el secreto de la vida.

– Soy Hiro, hermano de Tyson. Lo conoces, supongo – respondió con el mismo tono.

– Kazumi Hiroza. – se presentó – Y sí, conozco a tu hermano, es aquel chico de la gorra, ¿no? – preguntó denotando la obviedad.

– Así que tú debes ser la esposa de Kai y la madre de ese pequeño, ¿no? – inquirió recordando los últimos instantes.

– Ya quisiera Kai. – su ironía era casi como la del bicolor – En realidad soy la nana de Ritsuka y Kai es mi amigo. – finalizó la conversación al retirarse hacia el resto de grupo.

Arrogancia. Kazumi también era arrogante, tanto o más que Kai, pero en verdad le fue nefasto ver la actitud del tal Hiro al indagar sobre el pequeño Ritsuka, su curiosidad le pareció patética. Quizás era por eso que Kai nunca se había llevado bien con los Granger, eran curiosos por naturaleza, sin embargo ese 'joven' no tenía ni la más mínima gracia para preguntar. En la estancia todos fueron testigos de aquel raro comportamiento por parte de Hiro, ellos quizás hubieran actuado de la misma manera. Ahora se dirigía hacia ellos en busca de una explicación, le habían mentido… ¿Por qué si Kai no lo hizo?

En la cocina el Sr. Granger preparaba la cena, unos cuantos ingredientes por aquí y por allá. Kai se acercó y el abuelo casi salta del susto…

– Me asustaste, chico – pronunció mientras tocaba su pecho.

– Lo siento. – dijo un poco avergonzado – ¿Puedo? – señaló con su vista lo que traía en una de sus manos.

– Adelante, ésta es tu casa – sonrió con amabilidad.

Ya en la cocina Ritsuka accedió a soltar su agarre y dejar al bicolor darle su cena con la mayor libertad posible… Mientras Kai se dedicó a mezclar algunos polvos en un biberón, Ritsuka usó su tiempo en mirar el lugar. Era una cocina pequeña en relación a la que había en su casa, era quizás de la mitad de tamaño. Algo que llamó su atención era la presencia del 'abuelo'. Aún en su cabecita repasaba la definición que su padre anteriormente le había dicho. Miró hacia su padre y notando que no le prestaba mucha atención decidió preguntar por su cuenta…

– ¿Abuelo? –

Las palabras elegidas hicieron que se sobresaltara. Con lentitud miró como el pelirrojo tiraba del pantalón del anciano… El nombrado miró con ternura al pequeño, era realmente reconfortante escuchar a esa vocecita decir 'abuelo'…

– ¿Qué ocurre pequeño? – respondió con amabilidad y mirando con atención.

– ¿Qué haces? – intentaba mirar, mas la altura de la mesa se lo impedía.

En un movimiento lo alzó y lo acomodó en la mesa…

– Así podrás ver mejor… – sonrió – Estoy preparando la cena – volvió su atención a su labor.

– ¿Cena? – repitió confundido, luego miró hacia sus piecitos y los comenzó a mover – Tengo hambre… –

– Quizá quieras comer alguna fruta… – ofreció de una canasta.

Regresó su vista al anciano y lo miró confundido... Ladeó su cabeza y parpadeó un par de veces…

– Gracias, pero a Ritsuka no le agrada comer frutas por la noche; – apareció el bicolor – prefiere cenar un poco de leche, además la fruta contiene fructuosa, equivalente al azúcar lo que hace que se comporte de una manera hiperactiva. – explicó.

Meditó por algunos minutos lo que el chico le acababa de decir… ¿Le estaba dando lecciones de crianza?

– Tal vez tengas razón… –

– No se ofenda, Sr. Granger, pero el pediatra le dio una dieta muy estricta. – explicó notando la expresión del anciano.

– No me ofendes, chico, los tiempos han cambiado y supongo que tú haces tu labor de padre… –

Kai se encogió en hombros, no quería dar más explicaciones de lo que hacía o no, ya suficiente tendría cuando volviera a la sala, era seguro que le esperaba una mirada inquisidora por parte de Hiro y de los demás. Ahora debía darles a todos la explicación de cómo es que Ritsuka era su hijo, al menos la explicación que fuera que fuese a dar, en verdad no tenía la más mínima intención de hacerlo, no quería. Arribó a la sala y en cuestión de segundos Hiro volteó hacia él, frunció su ceño y decidió interrogar una vez más, al menos la intención, pues esta vez le ganaron la palabra…

– No sé porqué no te dijeron nada, Ritsuka no es mi hermano, es mi hijo – dijo reafirmado sus palabras anteriores.

– ¿Tyson? – se movió para verlo de frente.

– Yo creí… – comenzó cuando Ray salió a su rescate.

– Eso lo dije yo, no estaba seguro de qué es lo que pretendes ahora, Kai, estás tomándote demasiado enserio eso de no decir nada… – esperó un tiempo prudente en el cual pensó que Kai hablaría, sin embargo no ocurrió. – Kai, ¿quieres darnos una explicación de lo que debemos y no debemos hacer y decir? – sonó un poco molesto, pero con razón, al menos eso es lo que denotaron las expresiones de los demás.

Hilari y Kenny trataron de no sentirse más incómodos, al final siempre trataban de mantenerse al margen de lo que los demás dijeran, eran como el punto medio entre las discusiones del equipo, pero era verdad que no sólo se trataba algo que le concernía al equipo sino a ellos también. La responsabilidad de una vida, en este caso Ritsuka, no se podía tomar a broma y es por esa razón que con su semblante apoyaron las palabras de Ray, además de la mirada que comenzaba a tornarse recriminatoria. Todos buscaban más explicaciones no era normal que de la nada salga su amigo con que tiene un hijo. Era cierto también que había comentado algo sobre la muerte de la madre del pequeño, sin embargo fuera de eso no sabían nada, ni siquiera las razones para ocultarles a ellos la existencia del pequeño, para ellos era lo mismo haberlo dicho hace dos años o casi cuatro que haberlo dicho hace un mes o decirlo mañana, no tenía sentido.

– Hiro es tu hermano y supongo que si te he confiado algo, también confío en tu libre albedrío de decirlo o no. Nunca creí que fuera a incomodarte tanto. – se sintió herido.

Creyó que la confianza comenzaba a dejar de necesitar ser explícita, le incomodaba tener que decir que confiaba en las personas y más si se trataba de ellos que eran tan efusivos.

– En verdad que no te entiendo, Kai. – comentó Ray intentando ordenar sus ideas. – Si es verdad que nos tienes confianza como dices tenerla, ¿entonces por qué razón no nos habías dicho esto antes? –

La discusión perdió el sentido acerca de lo que se debía o no decir de Ritsuka y se veía venir lo que ya Kai había previsto en el lapso que estuvo en la cocina. Por supuesto que pensó en decirlo, sin embargo las circunstancias no parecían darle la oportunidad. Al principio el pánico, luego la desesperación, las recomendaciones por parte de su abogado, las exigencias de la escuela y el reciente trabajo no le habían dado la oportunidad de tratar de buscar un amigo en quién apoyarse y mucho menos remitirse a los que ya tenía. Bien le había dicho el psicólogo que necesitaba dar explicaciones a todas aquellas personas que lo rodeaban, pero que iba a tener tiempo y mucho menos había tenido contemplada la situación de ser padre. ¿Quién planea ser padre a los quince años? Al menos él no, mas las circunstancias, el destino, la vida, Hannika y Ritsuka lo habían decidido por él. No es que Hannika haya sido una mala mujer, ni nada por estilo, sólo que a ella también las circunstancias la habían orillado a eso. Ella no había planeado que Kai fuera el padre de su hijo, sin embargo era la persona con el corazón más grande que había visto. Fue por ello que así lo dispuso y afortunadamente el bicolor aceptó.

– Las circunstancias, Ray. Eso. No sabes lo difícil que ha sido esto. – trataba de no confundirse entre lo que iba a decir y lo que quería y deseaba gritar. – Las circunstancias son las que me han orillado a esto. No he tenido mucho tiempo para nada, como podrás darte cuenta, ser padre requiere serlo de tiempo completo. Actualmente no puedo elegir entre lo que quiero hacer y lo que debo hacer. Las cosas cambian, Ray, y no estoy seguro de que quiera que ustedes lo entiendan. Volviendo al tema que habíamos dejado pendiente…– respiró profundo – Sólo quiero que esto no se salga de control y que tenga a los medios de todo el mundo siguiéndome para preguntar lo que ya ustedes saben, quiero un poco de tranquilidad para mí, pero en especial para Ritsuka. –

Acuñó con cuidado a Ritsuka, quien venía en sus brazos degustando la leche que le había preparado su padre. No estaba entendiendo para nada esa situación, ahora se sentía incómodo con todas las miradas sobre su papá, pero se volvió más incómodo cuando las miradas pasaron hacia él. Había mantenido su cuerpecito hacia el pecho paterno. Disfrutaba estar tiempo así y quería aprovecharlo al máximo, no porque Kai no lo hiciera, era sólo que no lo hacía por mucho tiempo, entre el trabajo, la tarea, los quehaceres, era horrible intentar tomar su cena solo, en la cama donde únicamente Dranzer figuraba junto a él. Comenzó a sentir como las miradas estaban sobre lo que sostenía en su manita izquierda, un pequeño biberón con leche en su interior, mantenía el chupón del pequeño envase en su boca con la intensión de beber esa deliciosa sustancia. A cada sorbo que llegaba sentía la presión sobre él, no le gustaba estar rodeado de tantos desconocidos, bueno, los conocía un poco, pero aún así resultaba incómodo cenar mientras muchas vistas estaban sobre él. Con un movimiento nervioso se ocultó entre el pecho y los brazos de Kai. Éste lo envolvió protectoramente, entendía a la perfección el estado de Ritsuka, era la primera vez que conocía tanta gente fuera de casa, con tantos rostros diferentes y en otra ciudad. Hiro intentó volver a la realidad, no concebía lo que estaba viendo. Con anterioridad había visto a Kai de manera diferente, atendiendo a unos pequeños gatos, sin embargo, esta vez no eran gatitos, se trataba de una personita, sí, de carne y hueso. La perspectiva comenzaba a cambiar, aunque no estaba seguro cuál era el rumbo que tomaba. Iba a abrir la boca para decir algo cuando fue interrumpido por el Abuelo Granger. Ahora traía consigo una charola con algunos platillos que había preparado en la cocina hacía unos momentos.

– Pasen a sentarse, la cena está lista – anunció el anciano.

A paso torpe fueron avanzando hacia donde indicaba era el comedor. Kazumi estaba perdida entre las palabras que escuchaba pronunciar por ambas partes, los amigos de Kai y el propio Kai. La pelilavanda sabía mejor que nadie que el bicolor no diría nada más respecto al tema, al final ni siquiera ella que compartía la casa sabía nada, mucho menos lo sabrían aquellos que habían sido ajenos a su vida por ya dos años, aunque… Era verdad la forma en que había comentado lo de su hijo en casa, no negó nada, incluso habló de inmediato sobre lo que ella con un poco de suerte consiguió saber sobre Hannika. La madre de Ritsuka era un tema difícil y el bicolor no había querido tratar ese tema con nadie, tal vez con el psicólogo, pero con respecto a alguien fuera de eso jamás. Quizá su amigo no era tan antisocial, quizá después de todo Kai era más sociable de lo que podía admitir él mismo. Rápidamente tomaron posiciones alrededor de la mesa tradicional japonesa. A la cabeza el Abuelo Granger, a su costado derecho los dos hermanos (Hiro y Tyson), seguido por Max, a su izquierda se encontraban Ray, Kenny y Hilari, mientras que al frente se encontraban Kai y Kazumi, mientras Ritsuka se mantenía en el regazo de su padre dando los últimos sorbos a su leche. Ya comenzada la cena en un silencio incómodo notaron el sonido de algo chocando contra el piso de madera. El biberón cayó al piso sin remedio, pues la fuerza que lo mantenía en la mano del pequeño se perdió; Ritsuka ahora yacía dormido. No supieron en qué momento exacto pasó, hacía unos segundos lo habían visto despierto y ahora su cuerpo inerte en los brazos del bicolor. Recogió el embase vacío y lo colocó sobre la mesa, cerca de su plato; el verlo dormido no era inusual para él, sino que hubiera terminado dormido de manera tan pronta, generalmente se libraba una pequeña batalla antes de ir a dormir, mas dadas las circunstancias del cansado viaje, podía decirse que era normal.

– Pero dinos, chico, ¿qué más ha sido de tu vida? – se dirigió a Kai.

Todos miraron hacia el anciano, quien había roto el silencio. No acostumbrado a esas preguntas trato de responder lo mejor posible…

– Supongo que lo que cualquier persona con responsabilidades hace. –

Sí, esa era su mejor manera de responder con amabilidad. No se estaba esforzando en ser sociable, cuando salía ese aspecto era grandioso, sin embargo él no lo provocaba. Hiro entreabrió los labios para decir algo, pero una vez más fue interrumpido, eso no podía ser peor, cada que pensaba decir algo era molestado por algo… Aceptando su desfortuna se ofreció a revisar quién había sido el causante de una nueva irrupción en su habla. Se encaminó hacia la salida para encontrarse con otro anciano, el Sr. Dickenson.

– ¡Sr. Dickenson! – exclamó con sorpresa – Hacía mucho tiempo que no lo veía. – se apresuró a brindarle un abrazo amistoso.

– Hiro, no sabía que estabas aquí, – dijo en respuesta.

– Estoy de vacaciones y quise aprovecharlas y acompañar a Tyson en su último torneo. – terminó el emotivo gesto.

– Me alegra mucho oír eso, pero dime ¿cómo te ha ido en el trabajo? –

– Muy bien, Sr. Dickenson, gracias por preguntar. – invitando a pasar al anciano. – Pero pase, llega justo a tiempo a la cena. –

– Muchas gracias, Hiro, pero vengo sólo de paso. – se disculpó.

– Debí suponer que con esto del torneo es todo un ajetreo. –

– Así es – sonrió.

– Entonces dígame en qué puedo ayudarlo. –

– Vengo a entregarle unos documentos a Kai, supuse que estaría aquí al no recibir noticias de su paradero... –

– Ya veo… Sí, Kai se encuentra adentro, ¿por qué no pasa? –

– Gracias, será una visita breve. – comenzó a caminar hasta donde se estaba llevando a cabo la cena. – ¡Buenas noches! – saludó al resto.

– ¡Sr. Dickenson! – saltó Tyson.

– ¡Hola, Tyson! – brindó una de sus características sonrisas.

Luego de algunas reacciones efusivas por parte del defensor del campeonato mundial, el anciano fue invitado nuevamente a tomar parte del encuentro esa noche, sin embargo…

– Gracias por el ofrecimiento, Tyson, pero sólo estoy de paso, todavía hay mucho por hacer con el torneo en puerta, además los chicos me están esperando afuera. –

– ¿Chicos? – preguntó con desconcierto Ray.

– Sí, los Blitzkreig Boyz están esperándome afuera, en la camioneta. – respondió. –

– ¿Los Blitzkreig Boyz? – inquirió con asombro Kenny.

– Sí, tienen un pequeño problema e iremos a resolverlo ahora mismo. –

– ¿Qué clase de problema podrían tener ellos? – preguntó esta vez Hilari, no era usual que ellos tuvieran un problema, con excepción de la abadía.

– Bueno, Ian tuvo un pequeño accidente antes de salir de Rusia, así que no podrá presentarse en el torneo y debemos resolver el estado del equipo, creo que si no cuentan con una reserva, entonces el equipo debe darse de baja del torneo, ya saben, las reglas deben seguirse. –

– ¿Qué fue lo que le ocurrió a Ian? –

Todos voltearon hacia la persona que hizo la pregunta, nadie esperaba que hablara para preguntar por alguien…

– Ian cayó y se fracturó la tibia cuando volvía de ver a su familia en San Petersburgo. – explicó.

– Supongo que eso debió doler. – se limitó a decir, luego entrecerró los ojos y el silencio por su parte prosiguió mientras mantenía en brazos al pequeño pelirrojo.

– Así es, pero… –

– ¡Eso no es justo! – interrumpió Tyson al Sr. Dickenson – Los Blitzkreig Boyz son uno de los mejores equipos, sería una lástima que no participaran en el torneo. – se detuvo unos momentos para pensar, mientras los demás lo observaban en silencio, curiosos de saber lo que su mente maquinaba – ¡Ya sé! – exclamó de golpe – Buscaremos un sustituto para Ian, así podrán participar y yo podré vencerlos de nuevo – sonrió feliz.

– Quizá eso deberías dejárselo al Sr. Dickenson, Tyson. – habló Kenny – Después de todo el Sr. Dickenson es un experto y sabrá elegir a un buen sustituto para Ian, nosotros no conocemos tan bien al equipo, salvo las batallas en que los hemos visto, mejor dejémoslo a la consideración de ellos y del Sr. Dickenson. –

– Kenny tiene razón, Tyson, nosotros no podemos interferir en ello. – Max

– Yo sé que no debemos interferir, pero no quiero que ellos terminen fuera del torneo, como ya dije quiero vencerlos una vez más en batalla oficial. –

– Y podrán beybatallar si encontramos a un ruso que llene las expectativas del equipo. – sonrió una vez más el anciano retomando su posición para continuar la conversación. – Ahora… –

– Debemos ayudar a los rusos. – dijo Tyson firme, haciendo un puchero e interrumpiendo al Sr. Dickenson.

– Tyson… – llamó en advertencia Hilari quien respetaba la decisión de los rusos y sobre todo respetaba al Sr. Dickenson.

– Es enserio, ¿saben cuántas posibilidades hay de encontrar un buen beyluchador de su categoría? – preguntó triunfante, creía que sin su ayuda las cosas se complicarían más.

– No, y ¿tú sabes cuántas posibilidades hay de encontrar un buen beyluchador de su categoría y por si fuera poco ruso en menos de dos días? – inquirió Ray apoyando el punto de los mayores.

Tyson no dio respuesta, definitivamente Ray lo venció con tan sólo una pregunta que él ni siquiera había meditado.

– ¡Rayos! No había pensado en eso – maldijo su suerte.

– ¿Por qué no Darinka? – miraron con confusión hacia Kazumi.

– ¿Darinka? – inquirió Ray con desconcierto.

– Es una buena beyluchadora y además es rusa, ¿no es así, Kai? –

– No es tu asunto, Kazumi. – dijo pasivo.

– Creí que eran tus amigos también. – replicó intentando ganar una respuesta.

Únicamente bufó en molestia.

– ¿Quién es Darinka, Kazumi? – preguntó Hilari.

– Darinka es una amiga de Ritsuka del orfanato. – respondió mientras se ganaba una mirada amenazante por parte del bicolor.

– ¿Orfanato? – preguntó confundido Tyson – ¿Darinka? –

– Siento mucho la interrupción, pero no creo que una niña de tres años pueda entrar en el equipo – resolvió Kenny.

– Darinka no es una niña, tiene quince años, supongo que puede ayudarlos, ¿no? –

– ¿Hablas enserio, Kazumi? – preguntó emocionado el Sr. Dickenson.

– Sí, supongo que eso les ahorraría tiempo. Es beyluchadora y además rusa, es lo que buscan, ¿No es así? – se veía orgullosa de sí misma.

– Es beyluchadora y es rusa, pero no irá a ningún lugar. – esas fueron las palabras tajantes de Kai.

– ¿Pero por qué? ¡Si es perfecto! – exclamó emocionado Tyson.

– Porque no. – fue su corta respuesta.

– Kai, sé que no te gusta meterte en los asuntos de otros, pero sí es verdad que conoces a una beyluchadora que sea rusa, sería grandioso si los chicos pudieran conocerla, sería muy tardado viajar a Rusia sólo para buscar un reemplazo. – pidió Dickenson.

– Eso lo entiendo, pero Darinka no puede salir del orfanato. Además se encuentra en Kioto. –

– ¿Estás seguro? Porque si pudiéramos… –

– Aunque se pudiera no estoy muy seguro de lo que dirían ellos, son muy exigentes cuando de hablar de Beyblade se trata. –

– Eso podemos averiguarlo ahora mismo. – pronunció el Sr. Dickenson mientras se encaminaba hacia la salida para ir en busca de los Blitzkreig Boyz.

Kai no pudo moverse para impedirlo debido a la personita que tenía consigo. Aprovechó la ocasión para poder mirar amenazando a Kazumi…

– Ni siquiera me mires así, no es mi culpa que seas tan egoísta. – fue todo lo que dio en respuesta a esa mirada.

Iba a decir algo hiriente cuando sintió un movimiento en su regazo. Era Ritsuka que comenzaba a moverse buscando una posición más cómoda y más cerca de su padre. Sonrió olvidando lo que iba a decir. Siempre era reconfortante sentirlo cerca. Antes de que pudiera volver su atención hacia Kazumi el Sr. Dickenson hizo su aparición en la puerta junto con tres rusos imponentes.

– Disculpa que los haya pasado de esa manera, pero debemos actuar lo antes posible. – dijo un poco apenado por la introducción de los rusos.

– No te preocupes, Dickenson, estos chicos también son bienvenidos. – habló el abuelo Granger.

– Gracias, eso me alegra. Ahora volviendo al tema… ¿Podrían decirnos quién es Darinka? –

– ¿Darinka? – repitió con confusión Yuriy, el líder de los Blitzkreig Boyz.

– Verás, Yuriy, al parecer Kai conoce a una chica que podría integrarse a su equipo para este torneo. Me gustaría saber si están dispuestos a conocerla para intentar traerla. –

– Le recuerdo, Sr. Dickenson, – habló con voz firme – que no tengo ningún inconveniente siempre y cuando llene los requisitos necesarios, al final sólo será reserva. –

Kai frunció el ceño debido al comentario que el líder pelirrojo.

– Entiendo su punto, chicos, espero que podamos hablar con ella y poder traerla, es importante encontrar el reemplazo de Ian antes del martes, después será tarde – recordó.

– Y bien, ¿dónde está? – inquirió Yuriy.

– No está en ninguna parte. – respondió molesto el bicolor – El hecho de que Kazumi la haya mencionado no significa que esté de acuerdo con ello. –

– Kai, – llamó el líder pelirrojo – sé que somos la clase de personas que no se meten en los asuntos de otros, pero por primera vez queremos estar en el torneo para disfrutar las batallas, ¿no consideras que es justo? –

¿Qué podía responder a esa pregunta? Recordaba bien que sus batallas siempre tenían un propósito maquiavélico para satisfacer las ansias de poder de su abuelo y ahora que eran libres de él podían disfrutar realmente del juego… Kai lo sabía bien. Bufó una vez más en molestia sumando derrota, no podía hacer nada, además esa decisión dependía únicamente de Darinka.

– Hagan lo que quieran, pero al final será decisión de Darinka. –

Antes de agregar algo más sintió el movimiento de nuevo, esta vez Ritsuka mantenía los ojos semiabiertos mirándolo…

– ¿Papá? – inquirió adormilado.

– ¿Qué ocurre? –

– Extraño a Darinka – con su mano izquierda tallaba su ojito, mientras su mano libre sostenía el ave de felpa… – Quiero que me cuente un cuento. –

– Ya sé que debes extrañarla, – le susurró – pero Darinka no está aquí, ya habíamos hablado de ello, ¿recuerdas? – con cuidado retiró algunos mechones de cabello que se pegaban a la pequeña frente del pelirrojo.

Ritsuka asentó…

– Pero la extraño – hizo un puchero.

– Eso, tiene remedio, Ritsuka. – interrumpió la conversación padre e hijo.

Lo único que recibió fue una mirada confundida de un pequeño que había logrado despabilarse al escuchar esas palabras…

– ¿De qué hablas, Tyson? – cuestionó Ray al no entender del todo la situación.

– Iremos por Darinka – sentenció.

Ritsuka se levantó de golpe y miro hacia Kai, quería una respuesta en afirmativa. Lo cierto era que había visto a Darinka apenas el día anterior, sin embargo el sólo imaginar que no le narraría un cuento en el momento que quisiera le hacía sentirse extraño, además los sábados eran días en que regularmente la visitaba en el orfanato. Kai cerró los ojos, últimamente perdía tantas batallas emocionales entre lo que había sido y lo que ahora era… ¿Papá?

– ¿Entonces estás de acuerdo en que podamos hablar con ella, Kai? –

– Si es lo que quieren, por mí no hay inconvenientes. – afirmó con paciencia, con la poca que le quedaba.

– Me alegra escuchar eso, Kai – sonrió una vez más el anciano, podía decirse que es casi enfermizo que lo haga, al menos eso pensaban los rusos.

– Entonces está dicho, mañana iremos a conocer a la tal Darinka. – afirmó Yuriy mientras observaba las reacciones de sus dos compañeros de equipo.

– De acuerdo. Por la mañana vendremos por ti, Kai, para que nos des las instrucciones de cómo hallar a Darinka. – resolvió Dickenson.

Asentó mientras miraba cómo Ritsuka se veía inquieto tratando de comprender la situación… Hablaban de Darinka, la extrañaba, quería verla…

– ¡Quiero ver a Darinka! –