-o- cambio de escenario

~[ o ]~ analepsis

Beyblade no me pertenece...


¿Quieres recibirme prometiendo estar conmigo en las alegrías y en las tristezas, en la salud y la enfermedad, amarme y respetarme por todos los días de tu vida y más allá de la eternidad?

¿Quieres ser mi papá?


-oO0( ¿Papá? )0Oo-

Por Kiray Himawari

Asentó mientras miraba cómo Ritsuka se veía inquieto tratando de comprender la situación… Hablaban de Darinka, la extrañaba, quería verla…

¡Quiero ver a Darinka!

Capítulo VII ¿Eres Tú?

Esa noche fue peculiar…

Luego que despertara Ritsuka, Kai trató de hacerlo dormir como hasta hacía unos momentos, sin embargo fue imposible. Con tan sólo escuchar el nombre de Darinka se puso alerta.

El pequeño pelirrojo tenía un cariño muy especial por Darinka, pues desde muy pequeño había entrado en contacto con ella, para ser exactos desde que tenía un año y medio. Apenas practicaba sus pequeñas carreras cuando Darinka ya le extendía los brazos para no dejarlo caer, eso era algo por lo cual Kai estaba muy agradecido.

A pesar de su corta edad, Darinka era una chica muy maternal debido a que desde muy pequeña había deseado tener un hermanito con quien jugar, mas la vida, llena siempre de misterios, le deparó otro destino; así que Ritsuka prácticamente se convirtió en un pequeño hermano para ella, hermano al cual cuidaba, protegía y amaba.

Ritsuka no permitió dormir a Kai hasta pasadas las tres de la mañana realizando preguntas acerca de la hora en que irían a ver a Darinka, cuánto tiempo faltaba para ello, si cuando llegara iba poder jugar con ella o con algunos de los otros niños. Sin duda el bicolor trató de dar respuesta a cada cuestionamiento y sin duda alguna Ritsuka quedó satisfecho, aunque eso no quitaba el hecho de estar ansioso.

Para fortuna de Kai Tyson le ofreció su recámara que, aunque pequeña, le daba cierta privacidad para llevar a cabo sus conversaciones con Ritsuka, mientras que el resto del equipo utilizaba el salón de entrenamiento del dojo para descansar al igual que el equipo ruso que, para sorpresa de muchos, fue invitado a quedarse allí.

Al principio estuvieron renuentes a la oferta, ellos esperaban llegar a un simple hotel y relajarse un poco, pero no, de alguna u otra forma terminaron siendo convencidos por Ray y Max; esos dos podían ser muy persuasivos, aunque de una forma más normal.

La minoría descansaba plácidamente, dígase Tyson, Max, Ray y Kenny pues Hilari y Kazumi no se resignaban a dormir. ¿Por qué no dormían? Kazumi por su parte estaba preocupada por Ritsuka, era un niño muy inquieto y, conociéndolo como lo conocía, no dejaría descansar al pobre bicolor que tendría que conducir al día siguiente. Fue con ese pensamiento que aterrizó a la realidad acordando consigo misma dormir bien para poder relevar al bicolor en caso de ser necesario.

Hilari, por otro lado, estaba en peores circunstancias que Kazumi, pues su cabeza daba vueltas en torno a dos temas: Darinka y la madre de Ritsuka. Darinka porque, bueno, era una desconocida, una desconocida que por cierto Ritsuka parecía extrañar; y la madre de Ritsuka, ¡vaya!, ese era un tema difícil de asimilar.

¿Quién era la madre de Ritsuka? Sabía que había muerto, pero ¿qué ocurrió?, ¿por qué decidió ser madre tan joven y por tanto hacer a Kai padre a tan temprana edad?, ¿Kai la había amado o fue un desliz? Todas esas respuestas estaban distantes de ser contestadas y, para ser francos, Hilari deseaba saber por el equipo que merecía respuestas, por Ritsuka que necesitaba el amor de una madre, por Kai que necesitaba un apoyo y finalmente por ella, quien quería ser ese apoyo. Con esas preguntas rondando su cabeza pronto cayó en sueño.

Aparte de las, hasta ahora, chicas del equipo, los Blitzkrieg Boyz no la pasaban tan bien como deberían. Para empezar era una incomodidad estar en la base del enemigo, es decir, ¿por qué de todas las casas disponibles era la de Tyson? Y si esa no era una buena razón para estar incómodos, la segunda razón sobrepasaba todas, la razón: Tyson Granger.

Los rusos estaban acostumbrados al silencio total mientras dormían para de esa forma estar alertas a lo que fuese que fuera a pasar durante su descanso. Y es que habían aprendido el hábito o manía, según se vea, de despertar ante el más ligero ruido, ya sea un mosquito rondando o bien una pequeña partícula de polvo descendiendo.

Desafortunadamente habían adquirido esas costumbres en la abadía en donde dormir plácidamente sin tener cuidado era significado de problemas serios. "Alerta ante el enemigo porque podría asesinarte mientras duermes" esas eran las palabras que Boris siempre les repetía antes de ir a dormir. El asesinato, en ese entonces, no era un juego.

Así pues los movimientos repentinos de Max girándose en busca de una mejor posición crispaban los nervios de cada uno de los rusos, los pequeños susurros de Ray soñando con al parecer una chica y lo peor de todo: ¡Tyson roncando! Eso era tortura, jamás en sus miserables vidas habían escuchado semejante estruendo, no entendían como Kai había soportado pasar tiempo con él… ¡Esperen!... ¡Ah, sí! Kai siempre pedía una habitación por separado luego de conocer los estragos de los problemas respiratorios del campeón mundial. Sí, los rusos la pasaron muy mal.

Ya por la mañana las cosas no fueron de lo más agradables, ya que los rusos despertaron desde las seis de la mañana. Para ellos esa era una buena hora para partir hacia Kioto y ver de una vez por todas a la famosa Darinka, pero no. Debían esperar hasta que los japoneses se despertaran y para eso hubo que esperar más de tres horas.

A las nueve de la mañana comenzaron a despertarse los "madrugadores" del equipo: Ray y Kenny. Ambos se alarmaron un tanto al no ver a sus huéspedes de un día, aunque se tranquilizaron al escuchar un par de palabras altisonantes y blades chocando desde un pequeño beyestadio del jardín.

Max siguió en la lista, ya para entonces Hilari también había despertado. Ya los cinco bien despiertos notaron también la ausencia de Kazumi, pero tampoco se preocuparon mucho cuando la vieron acomodando y sacando algunas cosas de las maletas; entre ellas, pequeña ropa para Ritsuka.

Hilari se dispuso a darle los buenos días al pequeño y de paso a Kai. Así fue como se encaminó hacia la recámara de Tyson, pero al llegar notó la puerta entreabierta, justamente podía ver lo que ocurría allí dentro, nada de eso iba a ser divertido para Kai, pero al menos ella pudo ver algo más que sábanas…

Allí estaba Ritsuka, despierto y sentado a un costado de Kai. El bicolor parecía estar aún dormido, por lo que seguramente no imaginaba lo que su pequeño hijo hacía. Árboles, flores, un perro, un arcoiris, Dranzer y demás garabatos eran trazados en la espalda desnuda de Kai con un marcador permanente negro… Eso… Eso no iba a ser nada divertido para Kai.

Hilari estaba muy nerviosa. Ritsuka había dejado la espalda para dibujar en los brazos sueltos de su padre, parecía estar muy entretenido puesto que no se percató de que Hilari estaba allí observando desde la pequeña abertura de la puerta, temblando…

Al parecer el marcador ya no pintaba tan bien como en un inicio pues fue necesario que Ritsuka recargara más peso del debido en el marcador para lograr pintar las orejas de su gatito… Kai se removió sólo un poco… ¿Raro? Sí. El bicolor era una persona de sueño ligero, hasta donde la castaña podía recordar, tan ligero que a veces con un simple movimiento de algún insecto rondar cerca lograba despertarlo sobresaltado y a la defensiva, ¿qué sucedió ahora?

De repente se sobresaltó y pegó un gritito al sentir a alguien tocarle el hombro…

— ¿Hilari? —

— ¿Kazumi? Yo… Este… No te escuché venir — decía sonrojada.

— Ya veo que no. — le sonrió con picardía — ¿Qué mirabas tan entretenida? — cuestionó con una sonrisa extraña.

— Yo… —

— ¡Kazumi! — interrumpió el pequeño Ritsuka mientras corría a jalar a la pelilavanda — ¡Kazumi!, mira lo que le dibujé a mi papá… — informó animoso mientras tiraba de la mano para que lo acompañara adentro de la habitación.

Kazumi entró confundida por las acciones del pequeño. Y allí estaba Kai, con medio cuerpo lleno de dibujos infantiles… Entre el alboroto, el bicolor escuchó algo como lo que le dibujé a mi papá. Abrió los ojos despacio, aturdido y somnoliento comenzó a acomodarse para quedar sentado al borde de la cama…

Si Hilari hubiese tenido una cámara consigo en ese momento, probablemente hubiera hecho realidad el sueño de toda fanática del bicolor… Ante ella estaba Kai: Cabello alborotado, ojos somnolientos, adormilado, sentado al borde de la cama semidesnudo con tan sólo un boxer negro cubriéndolo del frío… Roja como un tomate bien maduro intentó tapar sus ojos de esa visión que, de no haber sido por los dibujos en su cuerpo, hubiera sido una mera fantasía hecha realidad…

Kazumi hizo una mueca divertida mientras su mano repasaba la frente, quizá en busca de palabras…

— Ritsuka — dijo meneando la cabeza en negativa.

— ¿Kazumi? — preguntó el bicolor aún adormilado — ¿Qué haces aquí? — dijo en medio de un bostezo.

— Vine a traerte la ropa de Ritsuka y Hilari te vino a saludar… —

Tres, dos, uno…

— ¡Hilari! — como un loco jaló la sábana para cubrirse…

Ahora parecía una competencia para ver quién poseía el rostro más colorado: Hilari "cubriendo" su rostro con las manos y los dedos entreabiertos o Kai envolviéndose en la sábana blanca…

— Kai, yo… Este… Bueno… Creo que me llaman… — salió de allí lo suficientemente apenada como para no volver a ver a su amigo a los ojos….

Una vez fuera de allí y a una distancia lo suficientemente conveniente se dejó caer pesadamente en el piso… Eso no lo olvidaría nunca.

Kazumi se carcajeó un rato de las acciones de su amigo…

— Eso fue muy divertido, Kai. —

— Mira como me río — dijo sarcástico mientras se desenredaba de la sábana

— ¿Papi? — llamó Ritsuka mientras parpadeaba confundido — ¿Por qué se fue la tía Hilari? —

— Se fue porque la "llamaron" — enfatizó las comillas la pelilavanda.

— ¿La llamaron? — preguntó asombrado — Ya no me dio tiempo de enseñarle mis dibujos — puso su carita triste.

— ¿Dibujos? —

— ¡Sí, papi! ¡Mira!, te dibujé un gatito aquí — le señaló su antebrazo.

— Te quedó muy bonito, Ritsuka — se burló Kazumi.

— Sí, te quedó muy bonito, pero no puede quedarse allí — dijo serio.

En verdad que Kai ya estaba acostumbrado a ese tipo de acciones. Ritsuka, cada que encontraba algún marcador o lapicero, decoraba la piel de su padre con dibujos de gatitos, arbolitos, perritos y Dranzer, al menos esos eran sus favoritos.

— ¿Por qué? — hizo un puchero.

— Porque tu papá no es cuaderno o lienzo para dibujar — respondió la pelilavanda.

— ¿Por qué? —

— Ritsuka, — llamó el padre — me gustan mucho tus dibujos pero no puedo conservarlos en mi cuerpo, además cuando me meta a bañar se desvanecerán, o eso espero — contestó medio resignado.

— Pues no te bañes — respondió sonriente mientras saltaba para sentarse en el regazo paterno.

— Se tiene que bañar y tú también — aclaró Kazumi.

— ¿Por qué? — volvió a hacer un puchero.

— Porque el cuerpo suda y genera olores desagradables — explicó.

— ¿Kazumi? — la llamó el pequeño.

— Dime. —

— ¿Mi papá huele feo? — preguntó realmente preocupado.

— Pues cuando no se baña, sí — se burló.

— ¿Papá? — tocó el turno al bicolor.

— Dime — ya tenía los ojos cerrados contando hasta cien.

— ¿Hueles feo ahorita? —

— No… —

— Entonces no te bañes — interrumpió contento.

Kazumi realmente estaba divertida con las cosas que decía Ritsuka, mientras Kai seguía contando mentalmente para tratar de no enfadarse, no importa cuánto desee explotar contra el pequeño, eso jamás pasaría.

— Una persona se debe bañar diario al menos una vez al día. Y tú y yo no seremos la excepción — capturó al pequeño por la cintura antes de que saltara para huir.

— ¡No! Yo no me quiero bañar — hizo un intento por zafarse.

— Oh sí, Ritsuka, te bañarás. —

Kazumi se aproximó a la puerta del baño que estaba en el pasillo a algunos pasos de la recamara del campeón mundial. El pelirrojo forcejeó un rato hasta que se dio cuenta de que sería inútil, su papá era más fuerte y grande…

— ¡Oh por todos los cielos! — se estremeció Max ante lo que vio.

Allí estaba el capitán del equipo semidesnudo y totalmente garabateado con bonitos dibujitos en la espalda en medio del pasillo dirigiéndose al baño casi arrastrando a un pelirrojo.

— ¡No me quiero bañar! — decía entre enojado y triste.

— Max… — "saludó" el bicolor — No quieres pero tienes que — le respondió al pequeño que traía consigo.

— ¿Qué fue lo que te pasó? — preguntó el rubio entre horrorizado y divertido.

— Mi papá se quiere quitar mis dibujos — respondió el pelirrojo mientras forcejeaba vanamente.

— ¿Le dibujaste eso? — estaba al borde de las carcajadas.

— Mi gatito… — dijo mientras lagrimitas corrían de sus ojitos carmín.

— No es para tanto, Ritsuka, luego le haces un gatito, pero en una hoja de papel — le sugirió la pelilavanda.

— Yo quiero mi gatito allí — su llanto estaba amenazando con ser más agudo.

— Ritsuka, debo bañarme y es obvio que se quitará el gatito… — trató de explicarle el bicolor.

— Entonces no te bañes — jalaba aire pesadamente mientras más lágrimas salían de sus ojitos.

— Tengo que bañarme — respondió intentando no ceder.

— ¡No, yo quiero mi gatito allí! — lloró más fuerte, cosa que no pasó desapercibida para las demás personas en la casa quienes se acercaron al lugar de los hechos…

— ¿Qué rayos pasa aquí…? ¡Demonios, Kai! ¿Qué te pasó? — se asustó Bryan.

— ¡Quiero a mi gatito! — pataleó e intentó zafarse de nuevo.

Fue la escena más extraña y caótica que el bicolor pudo imaginar. Allí estaba en aquel pasillo, rodeado de sus amigos viéndolo discutir por los garabatos de su hijo, ¿quién de los rusos, con el carácter que tienen, desearía tener un tatuaje de gatito juguetón?

Bryan y Spencer sonreían con una malicia peculiar mientras Yuriy intentaba ser el mediador de la situación de su excompañero de equipo. Luego de que Kai les explicara la situación mientras escuchaban sollozar al pequeño pelirrojo, Yuriy lanzó una sugerencia que favorecía a ambas partes, o al menos a una…

-o-

Iban ya por la carretera. Habían salido de la casa de los Granger aproximadamente a las doce del día, iba a ser un domingo muy largo… Obviamente tomaron sus alimentos antes de salir de casa, Kai recogió todas sus maletas junto con Kazumi y Ritsuka que estaba bastante contento.

Habían dos camionetas: la de Kai y el Sr. Dickenson, así que se repartieron para ir más cómodos. De esta manera fue como Hilari, Kenny, Max y Spencer se fueron en la camioneta del Sr. Dickenson. En la camioneta del bicolor, él iba al volante, mientras Yuriy fungía como copiloto esta vez; Kazumi, Ritsuka y Bryan en medio; y al fondo Tyson y Ray.

Aunque Tyson se quejó de ir al fondo recibió la bonita respuesta de que debía estar agradecido, puesto que el viaje a Kioto era con la intención de llevar a los rusos y no a los japoneses. Tyson no replicó por mero orgullo, aunque se moría de ganas al ver sonreír a Bryan de manera burlona.

El trayecto fue cansado por el tiempo en el que estuvieron abordo. Había sido en general tranquilo salvo una que otra ocurrencia del campeoncito mundial, como nombró Bryan a Tyson. Faltaban pocos minutos para llegar al lugar en donde se suponía se encontraba Darinka…

— ¿Cómo te llamas? — cuestionó de la nada Ritsuka.

— Mi nombre es Bryan Kuznetsov — respondió con simpleza.

— Yo me llamo Ritsuka — regresó información. Pasaron un par de minutos y Ritsuka no dejaba de ver a Bryan.

— ¿Qué? — preguntó incómodo ante esa miradita carmín.

— ¿Por qué tienes el cabello del mismo color que Kazumi? —

— ¿Kazumi? — repitió confundido.

— Se está refiriendo a mí — acotó.

— ¿Eres su papá? — inquirió el pequeño con la cabeza ladeada.

— No, eso sería imposible. Es sólo coincidencia, además mi cabello es un poco más cenizo que el de Kazumi, ¿cierto, chica? — dijo divertido.

— En eso tienes razón. ¿Lo ves, Ritsuka? — Kazumi le mostró un mechoncito de cabello.

El pequeño parecía confundido…

— Pero bien podríamos pasar como hermanos — meditó Bryan en voz alta a la vez que observaba fijamente a Kazumi… — Sí, en definitiva… —

— ¿Qué es lo que es definitivo? — inquirió Tyson intrigado por la forma en que el ruso actuaba.

— ¡Hey, chica! — llamó Bryan a Kazumi ignorando a Tyson, una vez que tuvo su atención — ¿Quieres ser mi hermana? —

Todo mundo volteó a verlo, bueno, a excepción de Kai que no podía quitar la vista del camino…

— ¿Yo? ¿Tu hermana? — estaba desconcertada.

— Sí, quiero decir, yo no tengo familiares, tú te pareces a mí, yo quiero una hermana. Entonces ¿qué dices? — era muy serio, no cabía la duda en su propuesta.

— Dile que sí, Kazumi — animó el pequeño pelirrojo.

— ¿Ya ves? Hasta el pequeño está de acuerdo — el pelilavanda la miraba fijamente por una respuesta.

— Si yo fuera tú, contestaría que sí, no querrás ver su lado malo — intervino Yuriy.

— Sabe de lo que habla — sonrió con malicia el pelilavanda.

— Tienes una sonrisa perversa — dijo como excusándose.

— No muy distante de la tuya — ganó el set, hubo unos minutos de silencio… — Nunca he matado a nadie, — dijo con completa seriedad ─ si eso es lo que te preocupa. ─

Kazumi lo miró, había mucha sinceridad en sus palabras, en todas, no importaba el tono burlón o serio…

— Seré tu hermana mayor, así que respétame — cruzó los brazos y miró por la ventana desviando así su vista.

— Eso no importa — Bryan se giró al frente y se relajó mientras recargaba su cabeza en las manos entrelazadas tras la nuca.

Kai miró por el espejo retrovisor, fue casi por segundos, pero esos segundos fueron suficientes para notar cierta nostalgia en los ojos de Kazumi, no importaba cuánto intentara olvidar su pasado, éste siempre la perseguiría…

— ¿Qué fue eso? — interrogó ansioso y confundido Tyson.

— Tyson, no es el momento — le susurró Ray mientras con la mirada le indicaba que pusiera más atención en Kazumi, la chica estaba llorando.

Ritsuka abrazó mucho a Kazumi, nunca había visto llorar a su nana.

— ¡Te quiero mucho, Kazumi! — le dijo despacito.

-o-

Estaban parados enfrente de la edificación. No era muy grande, por el contrario era un lugar pequeño, pero lleno de bonitos jardines. Tras las rejas se podía observar ese gran patio que estaba siendo ocupado por varios niños jugando beyblade. Tyson se emocionó e iba a intentar entrar deprisa, pero no conocía el sitio y se detuvo justo cuando leyó el letrero centrado por encima de la reja: Orfanato Luz de Invierno.

Todos miraron al bicolor expectantes a una explicación… Mas la explicación, como de costumbre, nunca llegó. Kai tocó el timbre que se encontraba al costado izquierdo…

Orfanato Luz de Invierno, ¿qué desea? — se escuchó la voz de una mujer por el intercomunicador instalado.

— Soy Kai Hiwatari — respondió presionando el botón.

No se escuchó otra vez la voz, a cambio vieron a una mujer que portaba un hábito, probablemente una monja de la religión católica (pensó Hilari)…

— Joven Kai, no esperábamos verlo por aquí en estos días — dijo la mujer mientras abría la reja que los separaba — Pasen por favor — invitó a todas las personas allí, eran alrededor de doce.

Les indicó que la siguieran hasta una pequeña sala que estaba en dirección contraria a una capilla que se divisaba al fondo izquierdo. Era un lugar pequeño, pero acogedor. Había unos sillones que fueron ocupados por casi todos allí, quedando de pie Kai con Ritsuka en brazos, Yuriy y el Sr. Dickenson….

— Necesitamos hablar con la superiora — se apresuró el bicolor.

— ¿Pasa algo? — inquirió preocupada.

— No, no realmente — respondió — Queremos pedirle un favor. —

— Tratándose de usted no creo que se lo niegue — respondió sonriente.

Kai volteó a ver a los demás…

— Este es un favor especial — repuso muy serio.

La mujer notó esa seriedad que había visto en muy pocas ocasiones por parte de Kai. Siempre había sido serio, pero no a tal punto.

— En un momento vendrá. — dijo para luego desaparecer por una puerta al fondo de la sala.

Kenny observó con detenimiento el lugar, era un orfanato, uno real, no uno como en las películas o novelas, éste era pura realidad.

— Kai… — llamó el castaño, todos giraron su atención hacia él.

— ¿Qué? —

— ¿Por qué estamos en un lugar… así? —

Fue cuando todos recordaron bien las palabras del día anterior…

~[ o ]~

— ¿Quién es Darinka, Kazumi? — preguntó Hilari.

— Darinka es una amiga de Ritsuka del orfanato. — respondió mientras se ganaba una mirada amenazante por parte del bicolor.

— ¿Orfanato? — preguntó confundido Tyson – ¿Darinka? –

~[ o ]~

— Darinka es huérfana de padres. —

Hilari estuvo a punto de hacer una pregunta cuando fue interrumpida….

— ¡Kai! Qué sorpresa tenerte por aquí, creí que vendrías hasta terminar el torneo — dijo una mujer con un hábito parecido al de la primera pero con algunos otros distintivos.

— Superiora. — hizo una reverencia — Yo tampoco creí que vendría, pero ha surgido un inconveniente y deseamos hablar con usted. —

— Ya veo, — dijo pensativa — pasen a mi oficina por favor. — se dirigió a otra de las puertas que había en esa sala.

El bicolor bajó a Ritsuka y le hizo una seña para que fuera con Kazumi. La superiora le regaló una sonrisa y Ritsuka la correspondió de la misma manera. Luego el Sr. Dickenson, Kai y Yuriy entraron a la oficina de la superiora.

Ritsuka estaba parado a un lado de Kazumi mirando la puerta por donde había desaparecido su padre.

— ¡Pelirrojo! — llamó Bryan levantándose de su asiento.

Ritsuka volteó confundido a verlo. Sabía que era pelirrojo, pero nadie le había llamado de esa manera…

— ¿Me hablas a mí? — se apuntó con su dedito.

— Eres el único pelirrojo en estos momentos, niño — le dijo.

— Dime — le dijo ya viéndolo fijamente.

— Ivanov nos dijo que tú eras amigo de la tal Darinka. Dicen que los niños y los ebrios siempre dicen la verdad, así que háblame de Darinka. —

— ¿Ivanov? — repitió inseguro.

— Sí, Ivanov, Tala, Yuriy… El pelirrojo como tú, ese que entró a la oficina con tu papá — aclaró exasperado.

— ¿Pelirrojo? — preguntó confundido y meditando las palabras.

Bryan se dio un golpe en la cara desesperado y arrepentido por haberle preguntado a un niño.

— Mejor háblanos de Darinka, ¿sí? — habló Spencer.

— Darinka me cuenta cuentos. — respondió.

— Supongo, ¿qué más? —

— La quiero mucho. —

— Eso debe ser, ¿algo más interesante? —

— Habla chistoso. —

— Debe ser su acento ruso, ¿qué más? —

— Se sabe mi canción. —

— ¿Tu canción? Ya… ¿Juega Beyblade? — preguntó directo ya que si seguía dándole espacio a respuestas abiertas, no llegarían a ningún lado.

— Sí. —

Bryan se le quedó viendo mientras Ritsuka también sostenía su mirada… El pelilavanda esperó por más respuesta, pero nunca llegó…

— ¡Arg! ¿Qué no puedes ser más explícito con tu respuesta? — casi gritó.

Ritsuka retrocedió un paso, eso lo había asustado. Se aferró a Kazumi, Bryan lo estaba asustando…

— ¡Eres un extraño y me quieres robar! — le gritó para luego ocultarse en el regazo de Kazumi.

— ¡Ahora resulta! — se ofendió.

— Eres un idiota — le dio un golpe en la cabeza.

— ¡Spencer! ¿Por qué demonios me golpeas? —

— Sólo mira al pellirrojo, ya lo asustaste. — le señaló al pequeño que ocultaba su rostro en el hombro de Kazumi.

— Oh, no era mi intención, pelirrojo. — le dijo medio disculpándose.

— No le hables, está irritado. — le aclaró Kazumi, Bryan la miró confundido — Quiere ver a Darinka y él ciertamente no te dirá lo que quieres saber de ella, es un niño de cuatro años, no un estratega del Beyblade. —

Bryan no refutó nada, eso era nada más que la verdad…

— Menos mal que eres mi hermana… — sonrió de medio lado y se fue a sentar en el piso en un rincón; Spencer le secundó y allí estuvieron sentados.

— ¿Hermana? — preguntó Hilari confundida.

— Te lo explicaré luego — le respondió la pelilavanda con una sonrisa, ahora lo importante era que Ritsuka se relajara.

Unos minutos después de eso, vieron salir a una monja de la oficina donde los demás habían ido con la superiora.

-o-

En la pequeña oficina de la superiora, Kai había planteado la situación por la cual estaban allí…

— ¿Así que desean que Darinka supla el lugar de su amigo en el torneo? — repasó en voz alta.

— Básicamente — asentó el Sr. Dickenson.

— Debo ser franca con ustedes. Me gustaría decirles que Darinka puede ir con ustedes, si ella lo deseara así, pero la verdad es que es imposible que Darinka salga de aquí si no es por adopción o bien porque su tutor así lo autorice. —

— ¿Su tutor? — el pelirrojo enarcó una ceja.

-o-

Poco tiempo después vieron a la monja volver en compañía de una chica menuda, cabello suelto hasta media espalda negro, piel extremadamente clara, estatura promedio, de ojos color verde y vestimenta azul marino con negro…

— Darinka — saludó Kazumi atrayendo no sólo la atención de la chica, sino la de todos y en especial la de un pequeño pelirrojo.

— ¡Darinka! — corrió Ritsuka hacia la chica que venía con la monja.

— ¡Mi pequeño Ritsuka! — pronunció mientras lo levantaba para darle un fuerte abrazo — Creí que no te vería en mucho tiempo — le dijo dándole un beso en la frente.

— Mi papá vino por ti — aclaró emocionado.

— ¿Por mí? — le preguntó intrigada.

— ¡Quiere jugar contigo! —

— ¿Conmigo? —

— ¡Sí! —

— Darinka, — llamó la monja — la superiora espera. —

La joven bajó a Ritsuka y se inclinó hasta verlo directo a los ojos.

— Me da mucho gusto verte, pero ahora me llama la superiora, en cuanto salga vendré a verte ¿sí? —

— ¡Sí! — la abrazó fuertemente — ¡Te quiero mucho! —

— Ya sabes que yo a ti también te quiero mucho — le dio un beso más en la frente para luego dejarlo y continuar su camino.

La chica realmente sintió muchos nervios cuando vio a tanta gente allí reunida, estaba acostumbrada a ver a muchas parejas ir allí en busca de un ser que llenara sus hogares, pero no estaba acostumbrada a ver gente tan joven, afortunadamente los nervios se fueron al ver a dos conocidos allí: Kazumi y el pequeño Ritsuka.

Los rusos murmuraron algo en su lengua natal, mientras los demás seguían a la joven entrar a aquella oficina. Ritsuka la vio alejarse y se acercó a Kazumi rápidamente.

— ¿Darinka va a jugar con mi papá? —

— Eso no lo sé — le contestó con franqueza.

Ritsuka entonces tomó asiento en las piernas de la pelilavanda en espera de su papá y de Darinka.

-o-

— Buenas tardes — saludó la chica con una reverencia en cuanto entró.

— Hola, Darinka. Te presento al Dickenson, presidente de la BBA y al joven Ivanov, líder del equipo ruso los Blitzkreig Boyz. —

— Mucho gusto, Sr. Dickenson… — seguido de esto su vista abandonó al anciano para fijarse el joven pelirrojo — ¿En verdad eres Tala Ivanov? — cuestionó emocionada, el pelirrojo únicamente enarcó una ceja confundido — Ay, disculpa la pregunta tan tonta, pero es que no puedo creer que tengo frente a mí al capitán de mi equipo favorito, esto es… — cerró la boca en cuanto notó la seriedad del chico frente a sí.

— Ivanov, para ti. — informó fríamente — Así que tú eres Darinka — dijo más para sí que para alguien más al tiempo que observaba rápidamente las posibles habilidades de la chica con el Beyblade — ¿Puedes garantizar una buen beybatalla? —

Darinka estaba confundida, ¿a qué venía esa pregunta?

— ¿Perdón? — pronunció desconcertada.

— Darinka… — llamó el bicolor que había permanecido callado.

— Kai… — lo miró más que confundida.

— Darinka, han venido con el propósito de integrarte al equipo ruso como beyluchadora sustituta. —

— ¿Cómo? —

— Ian está lesionado, requerimos un integrante más, eres rusa, juegas Beyblade, supongo que no tendrías ningún problema mientras estés en la banca — los rusos podían ser hirientes con sus palabras.

— Ivanov, te recuerdo que no estás hablando conmigo o con alguno de esos dos idiotas — habló el bicolor.

— Jóvenes, — habló la superiora — les recuerdo que este no es un lugar cualquiera, por lo que merece respeto, así como Darinka. Me extraña viniendo de ti, Kai… — lo miró con dureza.

— Siento el desplante — se disculpó el bicolor.

Eso dejó sorprendido a Yuriy, nunca en su vida había visto a Kai ofrecer algo como disculpas, verlo domo padre era una cosa, pero disculparse...

— Siento mucho los inconvenientes, jovencita, — habló el anciano — hemos venido con el propósito de reclutarte en el equipo ruso como reserva, ya que uno de sus integrantes está lesionado por tiempo indefinido. Así que nos gustaría conocer tu opinión. —

La chica lo observó con detenimiento tratando de sopesar la situación que en ese momento se le presentaba.

— Ellos saben bajo qué condiciones podrías salir de este lugar, así que únicamente es necesario que decidas lo que quieres hacer, Darinka — la superiora deseaba escuchar una respuesta.

— Yo… No sé qué decir… Yo no estaba preparada para algo como esto… Yo… —

— No tienes que decidirlo justo ahora, tienes hasta el día de mañana a las ocho en punto — sentenció el líder ruso para abandonar enseguida la oficina.

La chica se quedó allí viendo cómo el líder pelirrojo salía de la oficina…

— Darinka, — llamó la superiora — ¿te encuentras bien? — la miró con preocupación.

— Sí, superiora… Sólo estoy confundida. —

— No te preocupes o presiones por darnos una respuesta. ─ pronunció el anciano para salir cuando recordó algo ─ Por cierto, Kai, el día de ayer olvidé darte los documentos de Ritsuka, sus documentos para viajar ya están en completo orden, realmente sólo faltaba un sello ─ le extendió unos documentos que llevaba consigo.

─ Gracias, Sr. Dickenson ─ recibió los documentos y los revisó de inmediato.

El anciano abandonó la oficina por fin…

─ Kai, ¿podría hablar un momento contigo? ─

El bicolor la miró curioso, luego no muy convencido asentó.

─ Con permiso ─ hizo una reverencia Darinka para salir de allí también.

-o-

Vieron salir a Yuriy de la oficina de la superiora, parecía bastante molesto….

─ ¡Pelirrojo! ─ llamó Bryan.

─ ¡Ivanov!, si te gusta, idiota ─ siseó para luego salir de la pequeña sala.

Bryan estaba confundido. Sabían que a Yuriy le gustaba que le dijeran por su apellido cuando se trataba de hablar de una cosa seria, o cuando estaba realmente molesto, y ahora estaba más que molesto. Spencer conocía bien a su capitán por lo que no hizo ni el más mínimo esfuerzo por ir tras él.

Ritsuka había volteado instintivamente ante el grito de pelirrojo, ya que así le había llamado hacía unos momentos el mismo sujeto. Cuando miró a quien se dirigía realmente se le quedó mirando entre curioso y temeroso, así que se aferró aún más a Kazumi.

No tardó mucho en seguir Darinka en salir de la oficina…

─ ¡Darinka! ─ se le acercó el pequeño emocionado.

─ Ritsuka ─ respondió distraída.

La verdad era que estaba totalmente desconcertada con lo que había pasado en la oficina, la estaban buscando para formar parte del equipo ruso, ya fuera siendo reserva o la principal ese había sido uno de sus sueños desde que era niña, el patriotismo es algo que los rusos llegan a considerar casi sagrado.

Lo malo de todo esto, o más incómodo, era la actitud que tenía el líder de la escuadra, parecía realmente molesto y si hubiera sido un amigo de ella, tal vez tendría la misma reacción si debía buscar un reemplazo para él; hasta cierto punto, lo entendía.

─ ¡Darinka! ¿Sí vas a ir a jugar con mi papá? ─ preguntó alegremente.

─ No estoy muy segura, Ritsuka ─ su tono no era al que Ritsuka estaba acostumbrado, ya que Darinka siempre era muy alegre, pero ahora no lucía así.

─ ¿Estás triste? ─

─ No, no claro que no ─ intentó fingir su sonrisa.

─ ¿Me llevas a ver a Kenji? ─

─ Claro ─ contestó más animada.

─ Kazumi, ¿puedo? ─ la pelilavanda asentó, después de todo estaban en un lugar totalmente conocido, además de que se iría con Darinka.

Ambos salieron de la pequeña sala. Ritsuka iba platicándole lo bonito que eran los colores de los juegos artificiales mientras recorrían uno de los pasillos cuando el pequeño se detuvo abruptamente. Darinka dirigió su atención a lo que llamó la atención del pequeño.

Allí estaba Yuriy con la frente recargada en la fría pared. Ritsuka actuó raro soltando la mano de Darinka y se encaminó hasta donde estaba el pelirrojo de ojos azules. Parecía estar perdido entre un millón de pensamientos pues no se percató enseguida de la presencia de Ritsuka…

─ ¿Eres tú? ─ le preguntó llamando su atención.

─ ¿Qué? ─ se giró para mirarlo.

-o-

El bicolor salió de la oficina casi enseguida de que Darinka desapareciera de allí, realmente escasos segundos…

─ ¿Dónde está Ritsuka? ─ le preguntó sin prisa a Kazumi.

─ Pensé que tardarías un poco más, Darinka se lo llevó a ver a Kenji ─ respondió.

─ Ya veo, iré por él, es tarde y casi es hora de la cena aquí, debemos instalarnos en casa ─ aclaró por las miradas que recibía que leía como "deja ser a ese niño".

No era difícil de imaginar que pasarían en la casa del bicolor la noche, puesto que ya eran las siete y quince minutos y el camino de regreso a Tokio llevaría varias horas. Incluso Hilari y Kenny ya lo habían previsto, incluso lo habían comentado antes de partir con Kazumi.

Kai avanzó de un buen humor que notaron sus compañeros de equipo, aunque los rusos más bien susurraban algunas cosas acerca de su capitán y su mal humor con el que había salido de allí. Claro, el bicolor estaba de buen humor porque por fin había resuelto por completo el asunto que lo había tenido un poco preocupado y eso eran los documentos de Ritsuka para efectuar los viajes durante el torneo. Sonrió y cruzó la puerta.

-o-

─ ¿Tú eres mi papá? ─ frunció sus cejas entristeciendo su pequeño rostro.

─ ¡¿Qué? ─

El bicolor se congeló al escuchar esa pregunta…

─ ¿Tú eres mi verdadero papá? ─ sus pequeñas orbes se llenaron de lagrimitas.

─ Ritsuka, no… ─ el bicolor lo abrazó por la espalda, su voz era temblorosa.

El pequeño se giró y abrazó al chico fuertemente mientras comenzaba a gritar desesperadamente…

─ ¡Kai, no dejes que me lleve! ¡Kai, no dejes que me lleve! ¡Kai no me alejes de tu lado! ─

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Agradezco grandemente sus lecturas a lo largo de estos capítulos tan extensos… Muchas gracias a: ceeles, Tier, sweetcarmeen, Lady Calixta y Haro Kzoids por dejar un review en el capítulo anterior.

Espero el formato les ayude a entender mejor la secuencia de la historia y el manejo de los tiempos, espero poco a poco hacerlo en los capítulos pasados.

También espero que les haya gustado este capítulo y que aclare un poco de las dudas que habían surgido en torno a la paternidad de Kai. Ahora que los motivos, vendrán después…

Quejas, dudas, sugerencias, ideas, comentarios, etc. ¡Bienvenidos!