-o- cambio de escenario
~ [ o ] ~ analepsis
Beyblade no me pertenece...
¿Puedes mirarme a los ojos sin mentirme? Porque te he estado esperando desde el día en que me abandonaste...
-oO0(¿Papá?)0Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo VIII Promesas de Paternidad
Estaba esperando a que el médico terminara la revisión del pequeño que yacía en la cama. El pelirrojo estaba muy pálido, su cuerpecito aún temblaba y su corazón apenas comenzaba a retomar su ritmo normal. El médico se acercó al bicolor…
— Estará bien. — informó el hombre — Tuvo otro ataque de pánico — observó con detenimiento la expresión del chico frente así.
El bicolor estaba pálido y tembloroso, su expresión denotaba profundo dolor al ver al pequeño en ese estado.
— Me temo que no están resultando muy bien las cosas, Kai, supongo que fue por ese chico pelirrojo que está allá afuera, ¿cierto? — inquirió.
Kai sólo asentó con la cabeza.
— ¿Me equivoqué tanto, Ryota? — susurró.
— Escucha, Kai, — se acercó y tocó el hombro del chico a manera de confortarlo — hiciste lo que creíste correcto, nadie podía adivinar lo que iba a pasar… —
— Pero si te hubiera hecho caso… — inició mas fue interrumpido.
— No es momento para lamentarse. Mira, recuerdo haberte dicho que esperaras un poco más para que Ritsuka fuera un poco más grande y que asimilara mejor las cosas, pero quizá no hubiese cambiado mucho la situación. Ritsuka es muy pequeño y te quiere como no tienes una idea, Kai, y el hecho de enterarse que no eres su padre, bueno, a cualquiera le causa cierto conflicto, pero aquí no fue el que le hayas dicho que no eres su padre, sino que le informaste que su verdadero padre vendrá por él en algún momento. —
-o-
Se encontraban en la casa del bicolor en esos momentos. Habían convertido la sala en un lugar lúgubre en espera del propietario para que les diera el informe del estado de salud de Ritsuka y una explicación de lo que había pasado en el orfanato.
La superiora Amit y Darinka también se encontraban allí esperando, más que cualquier otra cosa, noticias sobre el pequeño pelirrojo. Los Bladebreackers estaban un poco confundidos por lo ocurrido allá en el orfanato, no sabían qué pensar. El Sr. Dickenson también se encontraba confundido, aunque no tanto como los demás japoneses. Los chicos rusos estaban un poco incómodos con la situación, habían llegado para conocer a un prospecto para su equipo, pero se encontraron con otras noticias, noticias que tal vez concernían a su capitán.
Yuriy, por otro lado, se encontraba en estado de shock. Estaba muy pálido, sus ojos contrariados, entre realidad o fantasía. El haber entrado a un lugar como ése, el orfanato, le había hecho sentirse incómodo en un principio, sofocado en la oficina y totalmente perdido en los pasillos.
Un recuerdo se había disparado en su mente y mirar cada centímetro de ese lugar le hacía querer correr de un lugar a otro en busca de la salida. Aun lidiando con la incomodidad de estar allí había conseguido controlarse frente a su equipo, ellos no debían preocuparse por su salud mental ni por cosas que, a estas alturas, no valían la pena.
Sin embargo su autocontrol lo abandonó al escuchar la historia de Darinka…
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La superiora Amit había tomado asiento para escuchar la petición que tenían las personas frente así, luego de escuchar detenidamente…
— ¿Así que desean que Darinka supla el lugar de su amigo en el torneo? — repasó en voz alta.
— Básicamente — asentó el Sr. Dickenson.
— Debo ser franca con ustedes. Me gustaría decirles que Darinka puede ir con ustedes, si ella lo deseara así, pero la verdad es que es imposible que Darinka salga de aquí si no es por adopción o bien porque su tutor así lo autorice. —
— ¿Su tutor? — el pelirrojo enarcó una ceja.
— Darinka tiene un familiar en Rusia, él es su tutor. Desafortunadamente se requiere su autorización para que Darinka haga lo que ustedes desean — respondió vagamente.
— ¿Por qué estaría aquí si tiene un familiar, por qué estar en un lugar como éste? — inquirió exasperado.
— Darinka tomó la decisión de permanecer aquí luego de la muerte de sus padres, aunque su tío, el Sr. Záitsev, intentó persuadirla, ella se negó rotundamente, por lo que se llegó al acuerdo de que Darinka permanecería aquí hasta cumplir la mayoría de edad reglamentada en Rusia o bien si ella deseara ser adoptada por alguna familia. Y, claro está, cuando el Sr. Záitsev y Darinka decidan alguna otra cosa — terminó su explicación.
Sus rodillas flaquearon por un instante… ¿Por qué Darinka tomaría una decisión como ésa? Sus preguntas no serían respondidas por el momento, lo cual logró que su neutralidad se esfumara. Las cosas empeoraron una vez que Darinka hizo su aparición. El lugar le había parecido sofocante. Se dirigió a ella con un tono poco amigable, pero al final ¿quién podía culparlo?
Yuriy no tenía familia, había huido de casa a los siete. Su madre era violentada por su padre, quien era un exmilitar alcohólico y agresivo, así que escapó de ese infierno dejando atrás a su hijo de cinco años y a su esposo. El hombre no reaccionó de la mejor manera, por el contrario, el exmilitar se hundió en una depresión más severa y si con anterioridad no había golpeado a Yuriy por ser su pequeño orgullo, ahora no le quedaba nada y así el infierno del pelirrojo comenzó.
La violencia contra él y los continuos robos a vinaterías baratas para conseguir una botella para su padre terminaron por ahuyentarlo, así se lanzó a la aventura de la soledad de las calles a la edad de ocho. De allí a las manos de las autoridades y directo a un orfanato.
Mil veces lloró y rogó porque su madre fuera por él y lo sacara de esa fría soledad. Cansado, luego de dos meses de estancia y sabiendo que nadie lo reclamaría, como a algunos otros niños, decidió huir nuevamente. No duró mucho tiempo con su libertad, pues Boris lo encontró en un callejón oscuro y sucio y de allí a la abadía…Tantos recuerdos evocados le causaron un dolor interno que le fue imposible de sobrellevar.
Apenas terminó de hablar salió de la pequeña oficina y se dirigió a la salida sin querer mirar atrás, aunque el llamado de sus compañeros de equipo lo hicieron reaccionar peor. Lo que más necesitaba en ese preciso momento era salir de allí, detener esas evocaciones. Salió de la sala en donde estaban los otros y se dirigió hacia uno de los pasillos, realmente no le importaba si a la derecha o a la izquierda, sólo quería sentir el aire fresco.
Más memorias le llegaban sin cesar mientras recargaba su frente en la fría pared cuanto escuchó una vocecita detrás de él…
— ¿Eres tú? — le preguntó ese pequeño pelirrojo.
— ¿Qué? — estaba tan absorto en su mente que ni siquiera lo había escuchado acercarse.
— ¿Tú eres mi papá? — su frágil rostro se veía entristecido.
— ¡¿Qué? — ¿Qué demonios había sido esa pregunta que le heló la sangre?
— ¿Tú eres mi verdadero papá? — sus pequeñas orbes se llenaron de lagrimitas.
—Ritsuka, no… — antes de que pudiera reaccionar a ese cuestionamiento vio cómo Kai abrazó al pequeño por la espalda y le susurraba, éste se giró y abrazó a Kai fuertemente mientras gritaba…
— ¡Kai, no dejes que me lleve! ¡Kai, no dejes que me lleve! ¡Kai, no me alejes de tu lado! —
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No sabía qué había ocurrido allí, Darinka, Ritsuka y Kai lo habían sacado de balance. Darinka tenía una familia, pero no hacía el intento de ir con esa familia; Ritsuka había preguntado por su padre: y se suponía que Kai era ése padre por el que el pequeño preguntaba, entonces la pregunta era ¿por qué el niño cuestionó su paternidad?
Una vez más se perdió entre sus pensamientos y memorias dolorosas, hasta que alguien lo sacó de ese mundo…
— Te vez tenso — Kazumi le ofreció una taza de té.
Yuriy parpadeó por unos instantes, sí, estaba tenso, pero más que tenso, estaba confundido.
— Gracias — aceptó la taza de té y agradeció por primera vez en su vida.
Kazumi sonrió y prosiguió entregando tazas de té a los demás presentes. Los rusos no gustaban del té, pero al final era una muestra de cortesía, cortesía con la cual debían comenzar a familiarizarse.
Spencer y Bryan observaron a su capitán de reojo, no querían molestarlo con miradas penetrantes y demandantes por respuestas, aunque no importaba mucho si lo veían abiertamente, Yuriy estaba perdido una vez más. Intercambiaron miradas para luego concentrarse en el té.
Mientras tanto Hilary y Ray intercambiaban conclusiones sobre lo que había pasado esa tarde. Ambos sólo especulaban de lo que habían alcanzado a escuchar. Había sido abrumante escuchar a un niño de poco menos de cuatro años rogar para que no lo dejaran, sin embargo lo que más había llamado la atención había sido el hecho de que Ritsuka llamara Kai a su padre.
No porque juzgaran que el niño hubiera llamado por su nombre a su padre, no es malo después de todo, sino que desde que lo conocieron el niño siempre se había referido al bicolor como 'papi' o 'papá'. De alguna manera llamarlo por su nombre resultaba, a su punto de vista, frío y distante. Ahora sólo les quedaba esperar a que Ritsuka estuviera bien y que Kai deseara dar una explicación.
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— Si esto sigue ocurriendo, me temo que tendremos que medicarlo. —
— ¿Medicarlo? — levantó la vista con rasgos característicos de temor.
— Sé que asiste con el psicólogo, pero no parece ayudarle mucho, a veces los ataques de pánico deben tratarse con terapia psicológica y medicamentos, supongo que ya lo sabes… —
— Sí, pero… —
— Escucha, no estoy diciendo que debamos hacerlo ahora, quizá si le ayudas a establecer un poco de convivencia con el pelirrojo de allá afuera, puedas conseguir que su pánico se vaya — sugirió.
— ¿Crees que eso sea posible, Ryota? —
— He visto un caso parecido con una mujer. Ella sufría ataques de pánico, no estaban muy seguros, pero atribuían sus ataques a la cercanía con personas que tenían el cabello rubio, parecía absurdo a la vista de muchas personas, pero era la verdad. La mujer pudo superar su miedo o fobia, no sabían exactamente cómo catalogarlo, gracias a que su psicóloga le sugirió convivir con personas rubias. Dijo que debía darse cuenta de que no había nada que temer y al parecer funcionó bastante bien la terapia. No perderías nada intentándolo, Kai, al final, si las cosas no funcionan, tienes la opción de volver o llamarme para iniciar un tratamiento químico. —
Kai repasaba en su mente lo recién narrado, quizá podía funcionar, después de todo, el bicolor también había superado su pánico a establecer lazos afectivos con otras personas gracias precisamente a los lazos afectivos, además no perdía nada intentándolo.
— Gracias, Ryota — sonrió ligeramente.
Ryota guardó sus cosas, le entregó al bicolor una receta con vitaminas para el pequeño Ritsuka y se despidió.
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Kazumi vio al médico de Ritsuka acercarse hacia la salida…
— ¿Cómo está Ritsuka? — se había levantado para preguntar por el pequeño.
— Por ahora se encuentra dormido, Kazumi, fue otro ataque de pánico, pero estará bien, no te preocupes — respondió mientras avanzaba a la salida.
— Muchas gracias, Ryota — lo escoltó hasta la salida y se despidió.
Los demás habían guardado silencio en espera de noticias sobre el estado de salud de Ritsuka, todo este asunto era muy alarmante para todos. Darinka fue la primera en acercarse a Kazumi, estaba a punto de preguntar por Ritsuka cuando se detuvo al ver venir al bicolor. Quizá para Kai era tiempo de enfrentar la verdad.
Todos detuvieron abruptamente sus susurros y pláticas descaradas para concentrarse en la figura del anfitrión de esa casa. Venía a paso lento, más lento de lo que pudieron imaginar, quizá un intento por prolongar lo que estaba apunto de decir. Se paró apenas divisó a las personas que lo observaban cuidadosamente. Todos estaban allí esperando una explicación. Tomó aire como si no hubiera un después y se adentró en la sala.
— ¿Cómo está Ritsuka? — se adelantó la superiora Amit.
— Bien, tuvo un ataque de pánico — respondió el bicolor.
— ¿Ataque de pánico? — inquirió Hilary confundida.
Sólo asentó con la cabeza. Luego avanzó hasta donde se encontraba la superiora y tomó asiento a su lado…
— Darinka, ¿te molestaría…? —
— Claro que no. — lo interrumpió antes de que pudiera continuar con su pregunta
Darinka y la superiora ya habían anticipado lo que sucedería a continuación, ahora sólo le quedaba una cosa por hacer. Abandonó la sala y se dirigió hacia la habitación de Ritsuka, Kai tenía mucho que hablar.
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— ¿Sabes cómo lo nombraré? — preguntó una mujer de cabello castaño ojos carmín y tez blanquecina.
— ¿Ya tienes pensado un nombre? —
— Desde el día en que supe que concebiría a este pequeño pedazo de cielo lo tengo en mente — respondió alegre.
— ¿Cómo podías saberlo si ni siquiera sabías si sería niño o niña? —
— Sabes, Kai, a veces no necesitas ser tan lógico en muchas cosas. Además, Ritsuka es un nombre tanto femenino como masculino — agregó mientras le sonreía a la pequeña criatura que sostenía en brazos.
— Entonces se llamará Ritsuka… — afirmó mientras lo observaba con detenimiento.
Su cabello rojizo, sus ojitos carmín, su delicada piel y su frágil figurita. Un pequeño ser vivo que con tan sólo un poquito le trajo mucha felicidad a ella.
— Sí, así es, ¿verdad, pequeño Ritsuka? — se dirigió al pequeño en brazos.
El bebé no se removió de su sitio, se había quedado dormido enseguida que fue puesto en los brazos de su madre, el sólo escuchar los latidos de su bravío corazón lo había llevado a un sueño profundo, a una tranquilidad al que sólo una madre puede inducir.
— ¿Quieres que le avise a la enfermera? —
— ¿Para qué? Aquí en mis brazos está bien, sólo míralo. — señaló con la vista — ¿Alguna vez viste algo más maravilloso? —
El bicolor no respondió nada, ¿podía haber algo más maravilloso que la vida misma? Miró a su alrededor. Un cuarto de hospital no era su lugar favorito, pero allí estaba, todo por ella.
— Iré a ver si ya está todo listo para su registro… Por cierto… — intentaba lanzar las palabras que tenía atravesadas en la garganta desde que habían llegado esa madrugada al hospital.
— No puedes registrarlo aún… — lo detuvo con un tono casi de súplica — Sabes a lo que me refiero, si llegan a saberlo… Ellos vendrán por él… — añadió con temor en su voz.
— Entiendo, pero debes registrarlo, de otra manera no te dejarán llevarlo a casa… —
— Lo sé, pero me asusta, ¿sabes? Hace tiempo me asusta lo que pueda pasarle, es tan frágil… — miró una vez más al pequeño en brazos — Acaba de nacer y ya los problemas comienzan a asecharlo… —
El bicolor bajó la mirada, no estaba seguro de lo iba a decir…
— ¿Puedo proponerte algo? — pronunció apenas audible.
— ¿Qué ocurre? — le asustó el tono de voz que tenía el bicolor.
— Si quieres… Puedes usar mi apellido, es decir… — trató de no enrojecerse.
— Agradezco tu oferta, pero no podría, ¿cómo podría comprometerte con algo así? — cuestionó suavizando sus gestos hacia Kai.
— Eres la única persona que ha podido hablarme de ella… — desvió la vista del rostro de la mujer castaña.
— Kai… — levantó su mano y jaló el rostro del joven por la barbilla para mirar en sus ojos — No tienes porqué hacerlo. No tienes porqué pagarme algo a cambio de algunos recuerdos sobre tu madre... —
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— Quizá estén preguntándose qué fue lo que ocurrió en el orfanato… — inició el bicolor, los demás asentaron tímidamente.
Pronto sintió un ligero apretón en el hombro por parte de la superiora Amit, un gesto simple para demostrarle su apoyo.
— ¿Te sientes bien como para explicarlo ahora? — inquirió el Sr. Dickenson.
Todos allí lo voltearon a ver con miradas inquisitivas, ¿explicar qué?
— ¿A qué se refiere, Sr. Dickenson? — se animó Tyson.
— Yo… — intentó retomar la palabra, Kai.
— Si no te sientes bien haciendo lo que sea que estés haciendo no tienes el deber de hacerlo… — interrumpió Bryan.
La tensión en esa casa era evidente para todos allí y escuchar decir eso al pelilavanda había robado la atención de todos.
— Bryan tiene razón, Kai — secundó Spencer a su compañero de equipo.
El bicolor perdió las escasas palabras que había figurado en su cabeza.
— Lo que sea que haya pasado en el orfanato, fue tétrico, te lo digo enserio, — prosiguió Bryan — pero eso no significa que debas explicarlo como una obligación. —
Los Bladebreackers estaban sorprendidos por las palabras de Bryan. Por un momento pudieron esperar eso de Ray, pero no del pelilavanda con apariencia homicida. Es decir, para ellos los rusos eran tipos insensibles al dolor, a las palabras, a las acciones, quizá jóvenes abanderándose con una aparente indiferencia. Sin embargo, ahora que lo pensaban bien, los rusos más bien parecían personas discretas y reservadas, personas que no demuestran lo que sienten y piensan.
— En realidad es algo que debí haber explicado desde el principio — todas las miradas cayeron sobre él.
Incluso los rusos estaban preguntándose lo que pasaba con su amigo de la infancia, si se podía llamar etapa de la niñez.
— Lo que sea que esté pasando debe ser importante para que intentes dar explicaciones a todo mundo — habló una vez más Spencer, todavía escéptico de las acciones de Kai.
Tomó aire y lo dejó salir…
— Ritsuka no es mi hijo biológico… —
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— Vas a estar bien… — trató de asegurar mientras sostenía su mano firmemente.
Antes de que la mujer pudiera contestar algo un ataque de tos la detuvo abruptamente. El sonido hacía eco en la habitación de hospital, era como si en verdad el alma se le saliera del cuerpo…
— No trates de hablar, eso te provocará más tos. Intenta relajarte, Ritsuka está en buenas manos ahora, en cuanto pueda iré a verlo, estoy seguro de que te extraña mucho — aseguró el bicolor
Una vez que la tos se detuvo por unos momentos, trató de sonreír, aunque su intento falló. Lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas. ¡Cuánto duele dejar a un hijo!
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Las miradas de descrédito saltaron de inmediato. Las dudas corriendo libremente por sus mentes… "Ritsuka no es mi hijo biológico" es todo lo que resonaba en sus cabezas.
— ¿Qué dijiste? — habló Hilary.
— Ritsuka tiene una madre y un padre biológicos, pero como dije antes, su madre murió poco antes de conocer a Kazumi — su mirada ahora desviándose hacia el piso, como intentado no dejar entrar a nadie a sus pensamientos,
— ¿Por qué está contigo entonces? — se arriesgó Tyson — Es decir ¿por qué si Ritsuka tiene un padre biológico está contigo? —
Dejó escapar un suspiro, le dolía todo aquello, pero era mejor decirlo ahora, no quería más conflictos para el pequeño, ya era suficiente saber que su verdadero padre no estaba a su lado.
— El porqué no estoy seguro, sólo sé que algún día vendrá por Ritsuka y entonces, Ritsuka se irá de mi lado — esas últimas palabras le herían demasiado.
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Eran casi las cuatro de la tarde cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta. Estaba exasperado, había llegado a ese lugar para relajarse, no para recibir vendedores de puerta en puerta. Una migraña amenazaba con aparecer. Pensó dos veces y resolvió no abrir la puerta.
Habían pasado ya seis meses desde la denuncia en contra de su abuelo, las cosas no pintaban del todo bien en relación con el juicio y las cuestiones de la Abadía. A pesar de encontrar las pruebas necesarias para encerrar al Voltaire y a Boris, no pudieron hacer nada con su abuelo, el viejo había logrado escaparse; Boris logró una fianza de momento para llevar a cabo su juicio por fuera, no sabían cómo, pero lo había conseguido. La presión de la escuela, el juicio, los recuerdos de su madre y la sensación de vacío lo inundaron, fue por ello que habló con el siempre honorable Sr. Dickenson. Así tomó la resolución de ir a Kioto, volver a sus orígenes en Japón. El Sr. Dickenson estuvo de acuerdo, Kai parecía necesitar un respiro de los sucesos que habían estado ocurriendo, nuevos amigos, sentencias dictadas y amenazas en puerta. Con un poco de suerte logró sentirse lo suficientemente fuerte para regresar al lugar en donde vio por última vez a su madre.
Un nuevo llamado lo exasperó, se levantó de mala gana del sofá en el que había estado las últimas dos horas. Para él no era difícil permanecer en un lugar por un tiempo tan prologando, más si se encontraba trayendo viejas memorias de cuando pequeño. Largó un suspiro antes de tomar el picaporte, girarlo y dejar al descubierto al visitante.
El cielo claro, el sol radiante y el aire ligero. Las hojas de árboles que rodeaban su casa danzaban ágilmente mientras el viento las incitaba…
— ¡Hola! — saludó una mujer menuda de tez blanca, cabello castaño y ojos carmesí. Vestía un vestido blanco ligero que acentuaba su belleza. Sus labios rosados y delgados. — ¿Se encuentra Lyuciya? —
Su rostro se le hacía conocido, pero no lograba recordar porqué. Entrecerró los ojos con molestia, ¿cómo se atrevía a pronunciar el nombre de su madre? ¿Por qué la gente simplemente no dejaba de decir cosas que le traían recuerdos dolorosos?
— Mi madre está muerta — siseó con rabia.
El rostro sonriente se entristeció enseguida. En sus ojos carmín se formaron las lágrimas, ¿por qué había muerto?
— ¿Lyuciya? ¿Muerta? Pero ¿cómo? — intentó articular sin quebrarse.
Había estado intentando contactarla hacía ya tres meses, mas lo único que había conseguido era la dirección de Lyuciya en Kioto, jamás esperó encontrarse con semejante noticia. Ahora ¿qué iba a hacer?
— ¿Quién demonios es usted y por qué quiere saber de mi madre? — sin poder obtener la respuesta vio cómo la mujer se desplomó.
Antes de que tocara la fría y dura superficie logró detener su caída. Intentó despertarla en el pórtico, pero la mujer se vía bastante mal. Como pudo logró llevarla al interior de la casa, la colocó en el sofá que había estado ocupando momentos previos al arribo de la desconocida. Volvió al pórtico y adentró las pertenencias de la mujer, una maleta grande y una pequeña, parecía haber viajado hacía poco. Decidió esperar a que la mujer recobrara el conocimiento para poder interrogarla, mientras tanto se dirigió a la cocina por un poco de agua, después de todo la mujer necesitaría algo que la refrescara una vez que despertara.
Su visión era borrosa en un principio, sus ojos ajustándose a la luz de la habitación que se antojaba un tanto sombría. Con pesadez llevó su mano a la frente, luego de golpe recordó lo más importante… Sin más tocó su vientre en espera de que nada hubiese pasado, todo parecía en orden, seguía sintiendo esa presencia que llenaba su ser. Pronto encontró su mirada con unos ojos carmesí, claro, eran los mismos ojos de Lyuciya, el cabello de Susumo y la arrogancia de Voltaire… Definitivamente era él…
— Kai… —
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Comenzó a narrar lo ocurrido cuatro años atrás, esa mujer apareció de la nada, se dijo prima de Lyuciya, su madre. Con dolor ella reconoció que hacía diez años que ellas no se veían, las circunstancias y el destino no siempre juegan con las mismas reglas que el hombre impone.
— Se presentó como Hannika Gólubeva, prima de mi madre, en ese momento no sabía qué pensar. De alguna manera recordaba su rostro, pero no estaba muy seguro… —
La mujer le contó entonces que habían sido amigas tiempo atrás y que, incluso, ella había estado en su fiesta de su cuarto cumpleaños, el más importante en los Hiwatari. También platicó cómo es que ella había terminando alejándose de su familia y el porqué no se había enterado de la muerte de Lyuciya…
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— Me enamoré de un hombre, de esos que denominan como prohibidos. —relataba la mujer luego de responder algunos cuestionamientos por parte del joven frente a sí — Yo estaba realmente enamorada, sin embargo, como bien sabrás, Voltaire era el patriarca en esos momentos para la familia Hiwatari, por lo que nada de lo que yo pensara le importaba, así decidí huir con él dos meses después de tu cuarto cumpleaños, sólo tuve la oportunidad de despedirme de tu madre por medio de una carta.
≈ En ese entonces éramos las mejores amigas, es decir, sólo nos llevábamos tres años de diferencia y ella realmente era como una hermana para mí. Así comencé mi travesía con el hombre que más amaba, y fue así como perdí contacto con los Hiwatari, con mi familia.
≈ Desafortunadamente entendí porqué era un hombre prohibido, no precisamente porque fuera un hombre de carente economía o un hombre sin porvenir, sino que tenía algunos problemas que él mismo no quería admitir. Fue así que no pudimos casarnos y formar nuestra familia estable. Con el tiempo comprendimos que nuestra decisión había sido esa, vivir como errantes. Hasta que todo cambió. — su semblante se volvió sombrío —
≈ Habíamos sido incapaces de tener nuestros propios hijos, los médicos lo atribuían a un problema en cuanto a compatibilidad de caracteres genéticos, pero con nuestra situación tan complicada no le prestamos mucha atención, en esos momentos no nos convenía tener hijos, la situación de él era muy difícil y las cosas se quedaron así.
≈ Sin embargo hace un mes me informaron que estaba embarazada. — Kai dejó de ver el piso para clavar su mirada en los ojos de Hannika — Para cuando me lo dijeron ya tenía dos meses y justo una semana después de que nuestra gran noticia llegara, él desapareció… —
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— A Ritsuka no lo dejaron en una canasta frente a mi puerta, no tuve una aventura, ni un desliz, no embaracé a una mujer por irresponsabilidad, ni tuve una relación amorosa, ni me robé a un niño, simplemente hice una promesa. —
Todos quedaron en silencio. Hilary de alguna manera recordaba sus pensamientos sobre Kai y sus cuestionamientos acerca de su paternidad, justo ahora se sentía avergonzada por haber pensado mal de su amigo, pero todavía en su mente se clavaba la pregunta más firme del porqué habría aceptado tal responsabilidad.
No sólo la castaña se sintió responsable por juzgar al bicolor, la mayoría allí (a excepción de la superiora Amit, el Sr. Dickenson y por supuesto Kai) sentían esa sensación de culpabilidad. Juzgar a una persona es fácil, sobretodo cuando la primera impresión es la única que cuenta. Es sencillo deducir que una persona que aparenta perfección tenga fallas y errores considerables como ése, al final la perfección siempre termina disipándose con el más mínimo de los titubeos.
Todo mundo espera cualquier señal de debilidad para opinar sobre tus acciones, eso lo sabían bien los rusos. Claro que se habían preguntado cómo es que Kai tenía un hijo de casi cuatro años a la edad de dieciocho. Aquello implicaba que el bicolor embarazara a una mujer a la edad de trece años, lo cual resultaba absurdo, considerando que a esa edad recién había salido de la Abadía. Mas sus especulaciones quedaron allí, lo que fuera que hiciera Kai para tener a ese niño a su cargo estaba bien mientras quisiera y fuera capaz de hacerlo.
El silencio reinaba allí y la noche ya estaba bien presente. La temperatura era bastante fresca, aunque el ambiente allí parecía sofocante. Pronto el silencio se vio roto por Ray…
— Creo entender lo que acabas de decirnos, pero ¿qué tiene que ver con lo que le ocurrió a Ritsuka? — esa era la única pregunta que llegó a su mente.
Todos allí asintieron ante el cuestionamiento. El bicolor largó un suspiro antes de contestar…
— Ritsuka sabe que no soy su padre, él sabe que en algún momento su padre vendrá por él y entonces tendremos que separarnos, ¿qué se supone que debes sentir cuando sabes que a la persona a la que llamas padre te va a abandonar? —
Es obvio que aquello molestaba a Kai. Es normal el sentimiento de contradicción que le apresaba. Él también tendría que realizar las mismas acciones que tanto detestó en su padre, él también abandonaría a su hijo, aunque para Kai no había elección.
— ¿Por qué? Es decir, eso es injusto ¿por qué no está aquí velando por su seguridad, por qué no ha estado cuando más lo necesita? — exigió Tyson exasperado.
— Porque, hasta donde yo sé, no es algo que él haya querido. No tuvo elección, él no decidió abandonar a su hijo, él quizá hubiera deseado estar con Ritsuka todo el tiempo — le dolía saber aquello.
Es difícil aceptar que a veces las circunstancias te llevan a tomar decisiones no deseadas, como abandonar a un hijo. Hannika y Lyuciya abandonaron a sus hijos porque la vida les jugó una mala pasada, el padre de Ritsuka abandonó al pelirrojo porque no quería que el pequeño resultara lastimado, y a Kai su padre lo abandonó para evadir la responsabilidad. Sí, las cosas parecen iguales, mas no siempre lo son…
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Darinka se acercó a la habitación perteneciente a Ritsuka, no era la primera vez que estaba allí. En algunas ocasiones la superiora Amit le había pedido que la acompañara a visitar a Kai y ella aceptaba por el hecho de poder ver al pequeño pelirrojo, no era un secreto que Darinka había formado un lazo de hermandad con el pequeño desde que lo conoció en el orfanato.
El bicolor era un chico peculiar. Un joven responsable de un niño que no era suyo, porque Darinka siempre supo la verdad, aunque hasta ahora la entendiera ampliamente. Recordaba cuando Kai iba a dejar al pelirrojo antes de ir a la escuela y cuando volvía por él al terminar. Sus ojos cansados y su mente hecha un caos, el joven había mermado mucho su salud por tratar de ser responsable, aún recordaba esos meses en los que había flaqueado como nunca, recordaba esas ocasiones en las que estuvo a punto de abandonar al pelirrojo…
Miró la figurita sobre la cama, se antojaba pálido y tembloroso aún. Cerró con cuidado la puerta cuidando no hacer ruido como para despertar a Ritsuka, luego se dirigió hasta la orilla de la cama, tomó asiento con cuidado y pasó su mano sobre el cabello del pelirrojo acariciando al pequeño… Todavía no podía comprender porqué Ritsuka actuaba de esa manera ante las aglomeraciones u hombres pelirrojos.
Sintió un vuelco en el corazón. Ritsuka era muy pequeño para sufrir de esa manera, a veces la vida suele ser injusta…
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— ¿Eso quiere decir que el padre de Ritsuka se lo llevará así como así? — inquirió Max con descrédito en su mente.
— Así es. Yo me comprometí con su madre a cuidar de Ritsuka hasta que su padre pudiera venir por él. Prometí cuidarlo siempre, en las buenas y en las malas… —
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— ¡Ya no puedo más! — gritó desesperado en la oficina principal del orfanato.
— Cálmate — pidió la superiora mientras se sentaba a su lado y trataba de confortarlo.
— ¡Es demasiado! — brotaron unas lágrimas de frustración mientras empuñaba las manos.
— Se pondrá bien, ya lo verás, sólo tranquilízate, ahora te necesita más que nunca. —
— ¿Superiora Amit? — llamó una joven que había entrado sin previo aviso a la oficina.
— ¿Qué ocurre, Darinka? — inquirió la superiora mientras abrazaba al joven junto a ella.
— El doctor acaba de terminar la revisión de Ritsuka, desea hablar con el joven Hiwatari — informó.
La joven intentó no mirar con lástima al bicolor. Se veía realmente mal…
— ¿Te sientes bien para ir a hablar con Ryota? —
— Es mi hijo después de todo… — con eso se limpió las lágrimas y salió con paso firme de la oficina…
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— ¿Kai? — llamó una voz familiar.
El bicolor volteó enseguida al escuchar el llamado. Divisó en la entrada de la sala a Darinka con un pelirrojo en brazos. El pequeño recargaba su cabecita en el hombro de la joven, sus bracitos rodeaban su cuello con fuerza como si con ello ganara mayor protección. Sus ojitos estaban nublados por lagrimitas acumuladas…
— ¿Papi? — llamó sin voltear a verlo aún.
Kai extendió los brazos al ver a Darinka acercarse para depositar al pelirrojo. Ritsuka soltó su agarre y se abrazó con desesperación a Kai. El bicolor envolvió al pequeño fuertemente. Kai nunca lo abandonaría, nunca por su propia decisión.
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Una disculpa muy grande por la demora con este capítulo, ciertamente me costó mucho armarlo, pasó por varias reconstrucciones y re-escrituras antes de sentirme satisfecha. Espero resuelva un poco de sus dudas y les forme algunas más.
¡Gracias de antemano por sus lecturas!
Agradecimientos a: ceeles, Dask Visconti, estrella Blank, toeaneo07, Sheila XD, Lady Calixta y Kazukime por obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado.
Dudas, quejas, sugerencias, comentarios, ideas, etc., ¡Bienvenidos!
