-o- cambio de escenario
~ [ o ] ~ analepsis
Beyblade no me pertenece...
Dime que estarás conmigo por siempre, aunque la distancia algún día nos separe…
-oO08(¿Papá?)80Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo IX Sorpresas y Cambios
El pequeño pelirrojo derramó unas cuantas lágrimas entre sollozos, tenía un miedo indescriptible. Tenía la sensación de que si lo soltaba se iba a ir y nunca más lo volvería a ver; y si algo así pasaba no podría soportarlo. Todavía corrían en su mente pequeños recuerdos de su madre cantándole antes dormir, el día en que le obsequió a Dranzer y el mismo día en que la vio por última vez.
~ [ o ] ~
— ¡Mami! — gritó con emoción un pequeño pelirrojo mientras su madre fingía lanzarlo al aire.
— ¡Mi pequeño Ritsuka! — se llenaba de regocijo al escuchar las risas del pequeño.
De pronto el agarre se hizo débil y una sensación de tos la embargó. Un joven bicolor corrió en su auxilio…
— ¡Hannika! — llamó alarmado mientras sostenía al pelirrojo para no dejarlo caer.
Ritsuka miró intrigado hacia su madre, las risas se apagaron y su rostro mostraba una expresión de preocupación…
— ¿Mami? —
— Hannika… —
La mujer se mantuvo en pie mientras la sensación de sofoco por la tos no cesaba, ya había pasado un mes desde su hospitalización por una infección severa en las vías respiratorias, al parecer seguía sin tener suerte.
— Estoy bien — alcanzó a decir antes de que la tos la atacara de nuevo.
— ¿Mami? —
— No es nada — dijo luego de que el ataque pasara.
— Hannika… — Kai frunció el ceño, el tono empleado parecía el de una persona que espera soltar una letanía, pero él no diría nada, era suficiente la mirada que exigía sinceridad.
— En verdad, Kai, no pasa nada, me siento bien; mejor aún tengo algo para mi pequeño Ritsuka — anunció en un tono alegre mientras de su bolsa, colocada en una de las bancas del parque, tomaba un pequeño peluche con forma de ave; un fénix para ser exactos. Sus alitas listas para emprender el vuelo, patas amarillentas con garras afiladas para el ataque y su pico entreabierto como lanzando un sonido de advertencia.
— ¡Mami! — sus ojitos carmín brillaron en regocijo — ¡Dashe!, mami, ¡Dashe! — gritaba con entusiasmo al tiempo que abrazaba a la mitológica criatura.
— Sí, Ritsuka, es Dranzer — sonrió, al menos un recuerdo podía dejarle.
~ [ o ] ~
Tenía que tener bien puestos los ojos en la realidad, tenía que estar allí para él, después de todo era su hijo, aunque no compartieran la misma sangre.
— ¿Por qué lloras? — le preguntó en voz baja.
No es que no supiera lo que le pasaba al pequeño pelirrojo, pero de alguna manera necesitaba confortarlo, hacerle ver que las cosas no eran como pensaba. Necesitaba que supiera que él no se iría a ningún lado, que jamás lo abandonaría…
— No me dejes… — le susurró al oído entre pequeños sollozos.
— Sabes que eso no va a pasar — lo abrazó más fuerte, tal vez así podría demostrarle lo mucho que lo amaba.
— No dejes que me lleve… — habló un poco más alto, cosa que no pasó desapercibida para los demás.
Es triste ver a un niño llorar por la perdida de un juguete, pero ¿ver llorar y suplicar a un niño porque no lo abandonen? Es desgarrador. Hilary parecía la más afectada, al menos visiblemente, pues las lágrimas comenzaban a emanar de sus lacrimales. Por otro lado los rusos parecían contemplar escenas que se les hacían familiares, todos ellos habían carecido de una familia en la niñez y ser testigos de aquel escenario no era nada reconfortante. Si ellos estuvieran en su lugar…
— Nadie va a llevarte, todo está bien. — le decía mientras pasaba su mano sobre la espalda intentando menguar el estrés y el pánico que sabía se gestaba en el pequeño — Ven, ahora debemos ir a dormir — comentaba bajito.
El bicolor se puso de pie y se hizo camino en dirección del pasillo por el que había llegado Darinka. Cuando Kai dio la espalda a sus compañeros, éstos pudieron apreciar el rostro taciturno del pelirrojo, era como si tuviera un dolor inmenso y el terror se reflejara en sus ojitos carmín, las lagrimitas aún escapaban de sus orbes, sería una noche larga…
— Quiero a Dranzer — habló mientras cerraba sus ojitos por el cansancio.
— ¿Y dónde está? — trataba de que el nerviosismo y el dolor no se mostraran en su voz.
— No sé… — y comenzó a sollozar sonoramente.
En ese momento Yuriy caminó directo a ellos y la tensión se elevó.
Darinka sabía que no iba a ocurrir nada bueno si Tala Ivanov se acercaba a Ritsuka, quizá un nuevo ataque de pánico se dispararía y dos en un solo día podían afectar el corazón de Ritsuka, tanto física como emocionalmente.
— ¿A dónde se supone que se dirige? — lo interceptó cuando sólo había dado unos cuantos pasos.
El tono que había empleado no era de lo más amable y utilizó una forma más respetuosa para dirigirse a él desde que el pelirrojo le había informado que no quería que lo llamara Tala. Ivanov sólo la miró entre molesto y frustrado, le dirigió una mirada paralizadora y siguió su camino.
— Kai — llamó en ese instante, ganándose la atención total de todos allí.
El bicolor paró en seco queriendo voltear y a la vez negándose a la acción. Permaneció quieto en esos momentos.
— ¿Qué ocurre? — preguntó sin moverse de su posición sólo por el hecho de sentir le cuerpecito de Ritsuka temblar y su agarre hacerse más firme.
— Es de Ritsuka — por inercia el pequeño pelirrojo miró al hombre que había pronunciado su nombre.
Su carita que había estado recargándose en el hombro paterno se elevó lo suficiente para ver casi de frente a Yuriy. El pelirrojo que le había provocado ese ataque de pánico tenía en sus manos a Dranzer. En un inicio pensó que quería llevársela, lo cual lo asustó de inmediato por lo que su manita izquierda apretó más fuertemente su agarre enterrando sus deditos en el brazo de Kai. Sin embargo al ver que Yuriy le ofrecía a su mejor amiga tuvo una sensación desconocida.
Kai sintió la tensión de Ritsuka, Hubiese deseado que Yuriy actuara más prudentemente, pero era difícil sólo por el hecho de no haber podido hablar con él antes para apaciguar la situación un poco. Su corazón dio un vuelco cuando sintió cada uno de los deditos del pequeño enterrarse en su piel. Inconscientemente su abrazo se volvió más fuerte, no lo dejaría ir nunca, nunca por voluntad...
Todos allí en la sala contuvieron el aliento debido a varios factores que colocaban al borde las emociones. Primero que todo el hecho de que Yuriy podía provocar un ataque de pánico al pequeño. Todo mundo había captado la idea del porqué Ritsuka relacionaba a Yuriy con su verdadero padre, realmente no era difícil de figurar para ninguno. En segundo lugar porque Ivanov era un joven centrado y todos allí hubieran pensado que antes de actuar de la manera en la que lo había hecho iba a hablar con Kai primero, mas no todos actúan según lo esperado. Y como último factor: Dranzer.
Ya para nadie era desconocido que Dranzer era inseparable de Ritsuka. Era el único recuerdo palpable de su madre. Tyson aún podía sentir la mordedura que el pequeño había dejado en su brazo, fue por ello que quiso advertir a Yuriy sobre lo que probablemente haría el pequeño pelirrojo si alguien osaba tocar su reliquia, pero fue demasiado tarde.
Sus pequeñas orbes carmín estudiaban con detenimiento aquella mano que le ofrecía el último obsequio que su madre le había dado. No podía dejar que se la llevara, ¡simplemente no podía!
— Es tuyo, tómalo — ofreció acercándose un poco más.
— No me lleves… — susurró mientras de sus ojitos escapan más lagrimitas.
Kai sintió su corazón haciéndose añicos… ¿Cómo haría para enfrentar el día de la verdad? Darinka se acercó con cierto rencor hacia el pelirrojo ¿cómo se atrevía a acercarse a Ritsuka después de lo que había escuchado?, ¿acaso no entendía la gravedad del asunto? Iba a tocar el hombro de Ivanov cuando se detuvo ante las palabras de éste…
— Jamás te separaría de tu papá y no voy a permitir que alguien lo haga — pronunció con toda la seguridad del mundo.
No dejaría que nadie arrancara a ese niño de su verdadero padre, porque para Yuriy Kai era el verdadero padre de ese niño. Al pelirrojo le importaba muy poco los lazos sanguíneos, pues al final del día aquéllos no servían para nada si no estaban bien cimentados por los lazos filiales y la convivencia. Él lo sabía mejor que nadie y si en sus manos estaba impedir que se rompiera esa religión entre padre e hijo, entonces haría cualquier cosa sin vacilar.
— Mientras esté en mis manos, no voy a dejar que te separes de Kai… Te lo prometo… — sonrió con sinceridad y volvió a ofrecerle a Dranzer .
¿Sería posible creer en ese sujeto? Era un desconocido, un extraño que busca ganarse su confianza para llevárselo lejos de su papá, pero… en sus ojos había algo que le decía que podía confiar en él, que lo que decía era verdad...
~ [ o ] ~
— ¡Él es malo! — respondió.
— ¿Quién es malo? — esa actitud no era para nada buena.
— Él, es malo y me quiere robar — se aferró más.
— Pero Hiro no es malo — dijo sintiendo ternura por el miedo expresado por Ritsuka.
— Me quiere robar y me quiere separar de ti — comenzaba a sonar molesto.
— ¿De dónde sacaste eso? — interrogó confundido por las palabras.
— Los extraños me quieren robar y separar de ti — susurró a punto del llanto.
Kai lo abrazó muy fuerte para luego sentir cómo se relajaba el pequeño… Se miraron a los ojos…
— ¿De dónde sacaste esas ideas? —
— Darinka me dijo — lo abrazó tiernamente.
— ¿Darinka? — preguntó mientras lo despegaba para verlo una vez más a los ojos.
El pequeño se limitó a asentir…
— ¿Darinka te dice esas cosas? — inquirió Kazumi.
— Sí — el pequeño miró hacia la pelilavanda.
— Esa Darinka siempre te cuenta cosas extrañas — meneó la cabeza en negativa.
— Dijo que no debía hablar con extraños — bajando su mirada.
— Darinka tiene razón, no debes hablar con extraños, pero estás en casa de Tyson, Hiro es su hermano, está Kazumi aquí y estoy yo, no te pasará nada. —
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"…Y estoy yo, no te pasará nada" esas últimas palabras resonaron en su cabeza. No había razón para tener miedo, su padre estaba allí con él y si estaba con él nada podía pasarle porque Kai era su héroe… Aunque dubitativo desenterró su manita izquierda del brazo del bicolor y tembloroso acercó la mano hacia Dranzer. Yuriy pudo notar el titubeo de Ritsuka y lo comprendía totalmente, por ello dio un paso más aproximándose al pequeño pelirrojo y le arrimó más a Dranzer.
Todos los presentes observaron con detenimiento el suceso que se llevaba a acabo. Ritsuka tomó a su mejor amiga en manos y la escondió entre su cuerpecito y el pecho de Kai. Había sido un movimiento rápido luego de tenerla en manos, era como si le hubieran regresado alguna extensión de su cuerpo, o mejor dicho de su alma.
Kai contuvo la respiración en esos minutos que más bien parecieron años y sintió la tensión de su hijo irse. Esperaba que el miedo se fuera por siempre y que los dejara tener una vida tranquila, porque, aunque lo quisiera negar, sentía miedo de perder una de las cosas más preciadas en su vida, por no decir la única. Dranzer ahora estaba oculta de la vista de todos, ahora podía seguir su camino, quizá con un peso menos encima de los hombros…
— Gracias… — dijo girándose totalmente para quedar frente a Yuriy — en verdad gracias — y con una pequeña pero sincera sonrisa llena de gratitud abandonó el lugar continuando el destino que tenía previsto en un inicio.
El pelirrojo permaneció allí parado por un rato más. El silencio gobernaba en todo el lugar, únicamente resonaban los pasos del bicolor dirigiéndose a su destino, sin embargo no era un silencio incómodo de esos que vuelven loco a cualquiera, era de aquellos que te dicen que la tormenta ha pasado y que ahora estás a salvo.
Finalmente Darinka logró reaccionar luego de asimilar lo sucedido…
— Será mejor que tome asiento — le sugirió a Yuriy con un tono irritado y formal.
Kazumi se encontraba pensativa mientras servía más té. La noticia sobre la paternidad de Kai había sido un tema que la había hecho sentirse traicionada. ¿Por qué Kai no le había dicho nada? Eran amigos, la amistad conlleva a la confianza, base de toda relación. Ella le confió su historia de vida y a cambio le pagó con silencio. Estaba herida, sí, sin embargo lograba entender que hay cosas que no están hechas para promulgar por el mundo, no en cualquier circunstancia; ya habría tiempo para platicar, reclamar y enfadarse.
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Ya había pasado alrededor de una hora y Kai no había vuelto a aparecer. No que alguien esperara a que lo hiciera, no después de saber que Ritsuka tenía miedo de que su padre lo abandonara, no después haberlo escuchado suplicar.
Todo se había convertido en una situación caótica desde el reencuentro con el bicolor. El encuentro con la paternidad de Kai, la decisión de volver a competir, el reencuentro con el Sr. Dickenson y el abuelo Granger, la desaparición momentánea de Ritsuka, el ataque de pánico y la súplica. Las cosas parecían retomar su sitio y la calma parecía querer reestablecerse en la vida de los Hiwatari.
La Superiora comenzó a despedirse de los presentes con el objetivo de volver al orfanato. Darinka imitó la acción de la Superiora, pero alguien llamó su atención de manera discreta. Confundida siguió al joven de cabello lavanda hacia uno de los pasillos cercanos a la salida. Allí aguardaban Spencer y Yuriy…
— Darinka… — prununció el pelirrojo.
— Joven Ivanov — le costó no sentir un poco de resentimiento hacia el chico.
— No le tomes a mal el comentario — intervino Spencer, cosa que agradeció Yuriy, él no era bueno pidiendo disculpas.
— ¿Disculpe? — no cometería el mismo error dos veces.
Los rusos seguían siendo sus ídolos en el beyblade, sin embargo ya no pretendía ser la chica ilusa que recibe otro mal trato por parte de ellos…
— Spencer, mi nombre es Spencer — probó.
— Disculpe, joven Spencer, no estoy entendiendo a lo que se refiere — mintió.
— Sé que sabes de lo que hablamos — terció Bryan.
Su expresión comenzaba a tornarse molesta, sus delgadas cejas dieron un breve movimiento frunciendo el ceño…
— La Superiora me está esperando, con permiso — intentó huir de la situación, pero antes de lograrlo el pelirrojo la tomó por el brazo logrando que girara a verlo.
— Yuriy, mi nombre es Yuriy Ivanov… Te necesitamos en el equipo — el agarre se anuló para permitir verse a los ojos.
Allí frente a ella estaba Yuiry Ivanov, capitán de los Blitzkreig Boyz y su ídolo, diciéndole que la necesitaban en el equipo… ¿Debía aceptar?
— Mucho gusto, Yuriy, — hizo una reverencia al estilo japonés — Darinka Záitsev. — ofreció su mano al pelirrojo, éste aceptó el gesto y estrecharon — Los veré por la mañana, — comenzó a retomar su camino — ¿A qué hora son los entrenamientos? — se formó una sonrisa en su rostro.
— Mañana te daré el itinerario — fue lo último que intercambiaron esa noche.
Las cosas mejoraban para todos. Ahora había nuevos lazos formándose, no sólo entre los pelirrojos o el de Darinka y los Blitzkreig Boyz, sino también entre los Bladebreackers y el bicolor. Ahora sabían la verdad tras la paternidad de Kai y estaban dispuestos a luchar con todo para que su amigo pudiera tener esa felicidad que en algún momento a él le fue negada.
Las despedidas tristes no fueron necesarias esta vez, El Sr. Dickenson y Ray acompañaron a la Superiora y a Darinka hasta el orfanato, luego volvieron para discutir los pormenores del día siguiente.
La noche ya estaba bastante entrada y todos allí decidieron que era momento de descansar. Kazumi les indicó cuáles eran las habitaciones que podían ocupar. Afortunadamente la casa era bastante grande y no hubo la necesidad de que alguno durmiera en el suelo. Las luces se apagaron dejando en sombras y silencio el lugar. La noche fresca y las estrellas brillando en el firmamento, la noche siempre es el fin del día y el inicio de uno nuevo.
-o-
Se encontraba en la habitación de Ritsuka, hacía unos momentos el pequeño se había quedado dormido abrazando su pequeña ave amiga. Kai estaba todavía aturdido por el último par de sucesos. No había sido sencillo hablar sobre el tema de su paternidad, después de todo un hijo sigue siendo un hijo bajo cualquier circunstancia mientras exista el deseo de ser padre. Suspiró mientras abrazaba un poco más al pequeño. Sentía su cuerpecito expedir una calidez indescriptible, una calidez que le decía que no importaba nada, que Kai era lo suficientemente fuerte para salir adelante y que no había nada que lo pudiera detener.
Cerró los ojos y sonrió. El pelirrojo le regaló la esperanza, le devolvió el sentido a la vida, ahora tenía un motivo más para salir adelante; tenía una luz en el camino. Arropó a Ritsuka y depositó un efímero beso en su sien, se acomodó y cerró los ojos mientras murmuraba la canción de Ritsuka…
"…No importa lo que pase
Porque tu padre yo siempre seré…"
Sonrió antes de caer en un profundo sueño.
-o-
Era ya medio día y aquella casa que regularmente permanecía tranquila estaba hecha un caos. Mientras Kazumi y Hilary luchaban en la cocina por preparar un desayuno, en la sala Tyson y Bryan discutían por el televisor, Max y Spencer defendían a sus amigos respectivamente argumentando cosas medianamente coherentes; al tiempo que Ray reprendía a Tyson por compartirse de forma tan infantil; Kenny, para su propia fortuna, rodaba la casa, más específicamente la biblioteca.
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Yuriy revisaba cautelosamente las condiciones que la Superiora Amit le había traído. Había llegado hacía una hora junto con Darinka y una maleta perteneciente a la rusa.
— ¿Tutor? — enarcó una ceja el ruso dirigiéndole la mirada a la Superiora Amit.
— Sí, alguien con mayoría de edad debe hacerse responsable de Darinka, esas son las condiciones que estableció en Sr. Záitsev — respondió.
— ¿Puedo firmar yo en este caso? — preguntó el Sr. Dickenson.
Después de todo el anciano llevaba consigo la responsabilidad de los aún menores de edad.
— Me temo que no, el Sr. Záitsev quiere un responsable que esté todo el tiempo con Darinka, es su única sobrina después de todo — contestó la Superiora.
— Puede firmar yo, Sr. Dickenson — intervino Yuriy sabiendo la nueva información.
Darinka permanecía sentada en un sofá del despacho de Kai, alejada del escritorio donde se llevaba a cabo la 'discusión'. Su expresión era serena, pese a que por dentro los nervios la consumían. Iba a ser la primera vez que salía de Japón luego de haber quedado huérfana, sentía mucha emoción y miedo a la vez.
— No — esta vez se agregó Kai a la conversación.
El bicolor llevaba rato escuchando todo lo que hablaban sobre el papeleo que debía hacerse para poder llevarse con ellos a Darinka.
— ¿No? — Yuriy lo miró con una expresión seria y demandante.
— No. — confirmó su dictamen — Kazumi viajará con tu equipo y ella será la responsable de Darinka — sentenció.
El Sr. Dickenson lo miró intrigado, al igual todos allí en la habitación, en especial Darinka.
— Explícate — pidió Ivanov.
— Kazumi será quien firme los documentos, no voy a permitir que tú seas el responsable de Darinka — lo miró con indiferencia fingida.
— ¿Qué insinúas? — replicó.
— No insinúo nada, sólo digo que Kazumi es más madura que tú. —
— ¿Más madura que yo? Soy más grande que tú, Kai — se defendió poniendo en entrevisto que Kazumi tenía la misma edad que la del bicolor.
— Darinka es más grande que yo, si a eso te refieres, y tiene la misma edad que tú, 20, pero es mucho más madura. Además Darinka necesita a alguien que la cuide y entienda, Kazumi es mejor para el trabajo — explicó.
— ¿Y quién cuidará a Ritsuka? — escucharon la voz de Kazumi desde la entrada al despacho.
— Kazumi… — habló por primera vez en un largo rato Darinka.
— Entiendo tu punto, yo tampoco me fiaría de un pelirrojo ruso — bromeó un poco la pelilavanda.
Durante la mañana Bryan le había presentado al resto de su familia (Spencer y Yuriy) con un poco más de profundidad, incluso habían conversado un poco durante la mañana, cuando aún dormía la mayoría.
— ¿Acaso todo el mundo tiene algo contra mí y mi cabello? —
— Creo que nos estamos desviando un poco del tema — resaltó la Superiora Amit.
— Es cierto, — secundó el Sr. Dickenson — pero debo admitir que la idea de Kai me agrada más, en todos los casos. —
— Entonces está decidido, — La Superiora Amit mostró los documentos sobre el escritorio — Debes firmar aquí, Kazumi — señaló con su dedo índice derecho una pequeña línea.
Ciertamente a la superiora Amit estaba encantada con la resolución de Kai. Sabía que el mismo bicolor hubiera firmado por Darinka, sin embargo sabía también que ya el chico tenía sus propios dilemas legales en cuanto a Ritsuka; sinceramente era un gran problema. Kazumi era joven, mas era una chica que había demostrado madurez y responsabilidad con creces. Así que podía estar tranquila en ese aspecto.
La pelilavanda leyó con detenimiento las cláusulas, ser tutora era una gran responsabilidad después de todo.
— Estoy de acuerdo en firmar, pero antes quiero saber quién estará al cuidado de Ritsuka — si debía cuidar a Darinka podía aceptarlo, pero después de tanto tiempo estando cerca del pequeño pelirrojo el cariño hacia él era muy grande y por ello también le preocupaba su bienestar.
— No te preocupes, lo tengo cubierto — respondió Kai.
Kazumi asintió y firmó. El Sr. Dickenson y la Superiora Amit intercambiaron miradas de acuerdo. El pelirrojo esbozó una sonrisa de medio lado, quizá sería un torneo interesante. Darinka sintió su corazón dar un vuelco, ahora iniciaba una nueva aventura.
Kai por su parte cerró los ojos, su expresión se destensó en gran medida, largó un suspiro casi imperceptible. Era momento de volver a los viejos tiempos, no, a mejores momentos.
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Ritsuka se había aburrido de estar en su cuarto solo, llevaba un buen rato esperando a que su padre volviera. Lo había dejado hacía más de una hora para poder hablar con la Superiora y Darinka. Aún se sentía extraño ante la presencia del pelirrojo mayor, por lo que el bicolor prefirió dejarlo en su cuarto por unos momentos, Kazumi le echaría un vistazo de vez en vez, aunque ya tenía una media hora que la chica no iba. Decidido salió de su habitación y bajó las escaleras con cuidado sujetándose con fuerza del pasamanos.
Lo que vio al llegar a la sala lo dejó un poco desconcertado. Allí estaban Bryan y Tyson jugando en el piso, rodando de un lado a otro discutiéndose el control remoto de la televisión. Le asustó un poco el hecho de escucharlos gritar. A un lado en el pasillo estaban Max y Spencer apostando, mientras Ray negaba con la cabeza.
En ese instante su vista recayó en el pequeño pelirrojo que venía descendiendo los últimos escalones.
— ¡Rituska! — se acercó el chino contento, desde la noche anterior no lo había visto.
— Tío Ray… — dijo un poco inseguro.
— ¿Cómo amaneciste? — inquirió.
— Bien… — su vista inspeccionaba el lugar.
— Si buscas a Kai, está aún en el despacho — informó adivinando los pensamientos del pequeño.
— ¿Y Kazumi? — todavía no sabía que se encontraba Darinka allí, sólo sabía que papá estaba atendiendo asuntos complicados.
— Hace un rato fue al despacho también, deben estar hablando con Darinka…—
— ¡ ¿Darinka? ! — interrumpió de golpe a Ray.
— Así es — sonrió ante la expresión de sorpresa del pelirrojo.
Su pequeño rostro era muy expresivo, su mirada lograba transmitir todo lo que sentía: miedo, alegría, tristeza, sorpresa, amor…
— ¿Puedo ir a verla? — preguntó inseguro.
— Quizá debas esperar un poco, no creo que tarden en salir — agregó viendo las facciones del pequeño.
— Tengo sed — reportó sabiendo que no vería a su padre en otro rato, insistir nunca resultaba.
— Vamos a la cocina, allí está Hilary — lo tomó de la mano para acompañarlo a la cocina, ignorando el espectáculo en la sala con aquellos otros beyluchadores.
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Hilary llevaba casi media hora esperando a que Kazumi volviera, incluso Kenny ya se le había unido luego de dar un paseo por la biblioteca del bicolor, había descubierto que su amigo tenía un gusto peculiar por la lectura; quizá antes de irse le pediría uno o dos libros prestados, no estaba de más tener un poco de lectura durante el torneo.
— Me pregunto qué le habrá pasado a Kazumi — estaba ocupada husmeando un poco en aquella gran cocina.
— ¿Hace mucho que se fue? — inquirió el Jefe.
— Hace poco más de media hora, se suponía que sólo iría a ver si se les ofrecía algo — suspiró yéndose a sentar cerca de la barra-mesa.
— Quizá sí la necesitaban — imitó la acción de la castaña.
Antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más Ray entró de la mano con Ritsuka.
— ¡Ritsuka! — se levantó de golpe Hilary y corrió hacia donde estaba el pelirrojo.
El pequeño se ocultó rápidamente tras Ray.
— ¿Qué ocurre? — preguntó el chino asustado ante la reacción del pequeño.
Ritsuka, que se había abrazado a las piernas de Ray, deshizo su agarre al percatarse de que sólo era Hilary.
— Na… Nada… Me asusté — admitió mientras un pequeño tinte rosado aparecía en sus mejillas.
— Discúlpame, — Hilary se inclinó hasta quedar de frente al pelirrojo — debí tener más cuidado — repuso apenada, luego revolvió un poco el cabello del pequeño.
— ¿Y mi papá? — preguntó.
— Sigue en el despacho, ¿recuerdas? — le respondió Ray.
— ¿Cómo amaneciste, Ritsuka? — preguntó la castaña.
El pequeño pelirrojo parpadeó algunas veces procesando la información.
— Ah… Mmm… ¿Bien? — estaba un poco confundido, a veces le costaba un poco de trabajo seguir el hilo de las conversaciones entre los adultos.
— Eres muy lindo, ¿lo sabías? — revolvió su cabello una vez más.
— ¿Lindo? —
No sabía porqué la gente siempre le decía que era lindo, ya que a veces le asustaba que la gente dijera eso y enseguida pellizcara sus mejillas; eso último resultaba doloroso.
— No creo que debas confundirlo — le dijo bajito Kenny. Era mejor no jugar con los conocimientos del pelirrojo.
— Hilary, ¿puedes decirme dónde están los vasos por favor?, Rituska tiene sed — recordó el chino el motivo de su visita a la cocina.
— No estoy muy segura, pero podemos buscar. —
Así echó un vistazo a los gabinetes inferiores, pero no encontró vasos…
— Allá arriba, — señaló Ritsuka con su dedito hacia uno de los gabinetes superiores.
— Muchas gracias, Ritsuka. — enseguida echó un vistazo y encontró los vasos.
El asombró recayó en los tres jóvenes allí. El gabinete tenía un perfecto orden, como todos los demás allí, los vasos de cristal estaban en fila de acuerdo a su tamaño etiquetados por un pequeño letrero que decía Kazumi y Kai; enseguida había otras filas con vasos de plástico de diversos tamaños, preferentemente pequeños, y diversos modelos de vasos entrenadores, también etiquetados con un pequeño letrero, sólo que esta vez decía Rituska…
— Esos son míos — señaló hacia donde estaban los etiquetados con su nombre.
— ¿Sabes leer? — inquirió fascinado el Jefe.
— No sabe leer aún, pero reconoce bien su nombre y lo que es suyo, ¿cierto? — a pareció al fin Kazumi sorprendiendo a los chicos en la cocina.
— ¡Kazumi! — se emocionó el pequeño corrió para que la pelilavanda lo alzara.
— Pequeño Ritsuka, — lo abrazó muy fuerte — vas a tener problemas, jovencito… Tu padre no estará contento de ver que has bajado las escaleras solo — le reprendió.
— Pero… — intentó replicar pero fue interrumpido por Hilary.
— No lo regañes, es natural que quiera ver a su padre, supongo que fue ese el motivo por el cual bajo las escaleras, ¿cierto, Ritsuka? —
Confundido sólo asentó con la cabeza. En realidad siempre le daba miedo bajar las escaleras y la última vez que lo hizo terminó con un chichón en la frente. Era por esa razón que Kai le había pedido que no bajara y lo esperara en su recámara, mas ya estaba aburrido y quería jugar, no siempre resultaba divertido jugar solo.
— Kazumi… — se escuchó otra voz femenina.
— ¡Darinka! — el pelirrojo se revolvió entre los brazos de Kazumi con la intención de descender y correr hacia la joven rusa.
— Mi pequeño Ritsuka, parece que has desobedecido a tu padre otra vez — lo recibió una vez que el pelirrojo ganó la batalla contra Kazumi.
— No… — negó entre pequeñas risas.
— Creí que discutirías algunas cosas con el desquiciado — pronunció Kazumi haciendo evidente la inesperada aparición de Darinka allí.
— En verdad te gusta ponerles nombres extraños, — rió un poco — en realidad lo discutiremos más tarde, ahora creo que es tiempo del almuerzo. Vine a ayudarte — informó ahora con Ritsuka en brazos.
— ¿No te ayudaría Hilary con eso? — intervino Kenny.
— Sí, pero antes de poder iniciar con eso me desaparecí, ahora creo que me vendría bien la ayuda de ambas — sonrió al tiempo que comenzaba a movilizarse en la cocina buscando lo necesario para el almuerzo.
El pelirrojo permaneció callado observando todo el movimiento en la cocina. Era tan extraño estar rodeado de tantas personas, en especial de personas mayores a Darinka, puesto que ya se había acostumbrado a los demás niños en el orfanato y a las profesas. Para el pequeño era agradable estar cerca de Ray, el joven irradiaba cierta aura que lo tranquilizaba, mientras que el resto aún le resultaba inquietante.
Mientras tanto Ray y Kenny se unieron a la labor culinaria, Ray con un poco más de experiencia que el Jefe.
— ¿Darinka? — llamó el pelirrojo.
— ¿Qué ocurre? — la atención no sólo de la rusa, sino de todos los presentes, se volvió hacia él.
— Tengo sed… —
Todos se apenaron ante la omisión del pequeño, rieron mientras le servían un vaso de agua al pelirrojo… Siempre resulta complicado cuidar a un pequeño tan lindo como él…
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La Superiora se había ido junto con el Sr. Dickenson hacía un rato, ahora debía regresar al orfanato para poner en orden toda la documentación, así como tomar las riendas de nueva cuenta, un minuto de ausencia en su cargo no era muy sano teniendo a su cuidado más de diez niños.
Kai y Yuriy ya habían logrado poner cierto orden en la sala luego del espectáculo montado entre Tyson y Bryan, los dos podían ser muy infantiles si se lo proponían…
— ¡Bryan tuvo la culpa! — apuntó el actual campeón mundial.
— ¡ ¿Yo? ! — refutó indignado.
— ¡Sí, tú tuviste la culpa! —
— No fui yo quien llegó al último — contraatacó.
— Da lo mismo, fuiste tú quien intentó arrebatarle el control a Tyson — Max defendió a su amigo.
— Porque Tyson se lo había quitado en primer lugar — se añadió Spencer.
— Me dará migraña — masajeó sus sienes Ivanov.
— Bueno, supongo que será inevitable que dejen de actuar así, siendo que son tan parecidos — meneó la cabeza en negativa Kai.
Ambos dieron la vuelta y se encaminaron al comedor mientras la discusión volvía a comenzar…
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El almuerzo ya estaba finalizando y al parecer los dos equipos congeniaban bien, claro que no quisieron probar suerte y seguir el juego de la sala, después de todo no dejaban de ser rivales.
— ¿Y cuándo partiremos a Estados Unidos? — preguntó Kenny notando que ya era casi la una de la tarde y que se suponía que a esas horas debían estar tomando el avión al continente Americano.
— Será hoy por la noche, Kenny. — respondió el Sr. Dickenson que se había unido al almuerzo luego de regresar del orfanato — Sólo debemos darnos prisa para llegar a Tokio. —
Todos estaban de acuerdo. Luego de responder las preguntas en cuando a la ruta que tomaría el torneo de acuerdo a las sedes, Kai tomó la palabra para anunciar los cambios referentes a Ritsuka…
— Ahora me toca dar los demás auncios sobre los cambios… — habló el bicolor, Kazumi era la más interesada en esos momentos.
— ¿Qué cambios? — cuestionó Tyson confundido.
— Kazumi viajará con Darinka, de ahora en adelante será su tutora… —
— Me parece lógico, pobre Darinka — rió animosamente.
— Tyson… — llamó en advertencia el bicolor.
— Ya, ya, me calmaré — cruzó los brazos en puchero.
— ¿Entonces quién cuidará a Ritsuka? — Kazumi tenía duda desde que habían llegado a ese acuerdo — Estarás muy ocupado con eso del torneo… —
— Ya había pensado en eso, Kazumi, y espero que Hilary pueda ayudarme con ello. —
La sorpresa recayó en todos, en especial en la castaña. En ningún momento había cruzado por su mente la probabilidad de cuidar del pequeño pelirrojo, quien a su vez buscó con la mirada a la chica mencionada. No es que no le cayera bien, simplemente no la conocía lo suficiente, pero si su papá confiaba en ella entonces él lo haría…
— ¿Yo? — logró articular.
— Claro, si estás de acuerdo — ya lo había pensado, pero siempre era importante contar con su aprobación.
— Claro… — dijo casi en un susurro — ¡Por supuesto! — exclamó ya más animada.
Sin querer había logrado llegar hasta esa pequeña familia y ahora tendría la oportunidad de convivir con el pequeño pelirrojo, quizá con un poco de suerte y todo su esfuerzo lograría conquistar el corazón del bicolor y de ese pequeño, Ritsuka.
Tyson iba a objetar en ese momento, sólo era para ponerle un poco de sabor a la situación, pero no logró su propósito debido a que llamaron a la puerta. Kai hizo un además para anunciar que él iría a atender. Por inercia el pelirrojo se levantó de su propio asiento y siguió al bicolor…
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Llegó a la puerta y sin más la abrió y frente a él una figura que le amargó el sabor en la boca y que hubiese deseado no ver…
El pelirrojo se agarró fuertemente de la pierna derecha de su padre…
— ¿Papá? —
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Mil disculpas por el retraso con este capítulo, pero bueno, ya pasó y aquí seguimos.
¡Gracias de antemano por sus lecturas!
Agradecimientos a:toeaneo07, ceeles, Tacaema, sweetcarmeen y kawaichanpor obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado.
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