-o- cambio de escenario
[o] analepsis
Beyblade no me pertenece...
"La peor mentira siempre es la que intentamos creer nosotros mismos."
-oO80( ¿Papá? )08Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo XI Recuerdos
El trayecto hacia el aeropuerto había sido muy tranquilo. En verdad todo marchaba a la perfección: los BladeBreakers estaban juntos de nuevo, los Blitzkreig Boyz también participarían, la familia de Kai parecía extenderse y la reconciliación del bicolor con Susumo parecía ser la novedad; para muestra bastaba ver a Ritsuka jugar con su abuelo como si nada de lo que le ocurriera a su padre le afectara. A veces los niños tienen más razones para ser felices que los adultos.
Yuriy había estado observando la interacción de todos en esa casa. Las memorias de antaño iban de un lado a otro y el desconcierto de los últimos hechos hacía que su mente se distrajera de todo su rededor. Fue sacado de su ensoñación por Darinka que viajaba a lado suyo.
— Kai estará bien — pronunció.
El pelirrojo la miró inquisitivamente. Nadie parecía estar prestándoles atención, de hecho, Spencer y Bryan estaban totalmente envueltos en la conversación con el Sr. Dickinson y con Kazumi.
— ¿Qué? — la observó confundido.
— Desde el desayuno has estado muy callado y no dejas de mirar al Sr. Hiwatari y a Kai. Kai siempre ha dicho que eres muy bueno analizando a las personas, así que creo que viste algo en ellos — le hizo saber.
Yuriy miró por la ventana como si en algo le fuese ayudar a desviar el tema. Aparentemente Kai se había abierto con la chica, o al menos eso creía. Otro misterio que sentía debía resolver. Su amigo bicolor era una persona enigmática para muchos, sin embargo, para él no era tan difícil leerlo como un libro abierto. Todos esos años que compartieron de niños había marcado mucho en sus personalidades, era por ello que sentía un gran compromiso por proteger a ese niño que compartía el color de su cabellera. Y ahora también sentía que debía conocer más a fondo a Darinka, esa chica que parecía saber más que muchos allí y tal vez más que incluso él.
— Pienso en el torneo — decidió no preocupar a la joven por el momento.
Había entendido desde el principio que Kai no había enviado a Kazumi para realmente cuidar a Darinka. Kai sabía perfectamente bien que Yuriy y los demás la cuidarían en sobremanera, pero también estaba consciente que la chica podría sentirse abrumada estando con gente que apenas conocía por la televisión y que tenía una fama poco convencional, así que había comprendido el motivo para que Kazumi estuviera allí.
— Eres muy malo mintiendo — le acusó la chica con una sonrisa. No se dejaría intimidar nuevamente por el joven capitán.
Yuriy sonrió de medio lado con sinceridad. Tal vez Kai tenía más apoyo del que alguna vez pudo imaginar.
— Puede ser… — sonrió de medio lado — ¿Por qué no mejor me cuentas sobre tu bestia bit? — decidió que las temáticas familiares las dejaría para después, ahora había un torneo en puerta en el cual debían concentrarse.
La joven sonrió y comenzó a narrar las características de su bestia bit y sus estrategias en el Beyblade. En definitiva sería un torneo bastante interesante.
-o-
Metido en sus pensamientos, Susumo manejaba tras la camioneta del Sr. Dickinson a una distancia prudente. Después de aquella amarga conversación con su hijo, le había quedado una sensación de pesadez y su cabeza amenazaba con explotar en cualquier instante. Estuvo a un instante de salir de allí corriendo y ocultarse en el fin del mundo, pero algo, o mejor dicho alguien, le cambió de parecer.
[o]
Con su ojitos carmín lo miró consternado, su abuelo parecía triste. Su corazón dio un vuelco y sin más se alejó de Kazumi para abrazar a Susumo. No sabía qué le ocurría, sin embargo, su papá le había enseñado que un abrazo siempre puede hacer maravillas.
Susumu sintió ese pequeño cuerpo sostener su pierna en un cálido gesto. Su corazón se alegró como nunca y por primera vez en muchos años se sintió bien. Alzó al pequeño y lo ciñó a su cuerpo. Ambos se sintieron contentos por diferentes motivos; el más pequeño Hiwatari se sintió contento al ver su gesto correspondido y el mayor porque simplemente su vida cobraba un nuevo sentido. Si bien no podía volver el tiempo atrás y cambiar sus decisiones con respecto a su hijo, sí podía cambiar por el bien de su nieto. Por primera vez sintió que era la mejor forma de comenzar de cero.
— ¡Te quiero mucho, abuelo! — le dijo el pequeño mientras lo abrazaba más fuertemente.
— ¡Yo te quiero más! — le respondió y sintió como cierta paz volvía a él. Nunca es demasiado tarde para volver a comenzar, se repitió para sí.
Kazumi se quedó allí parada, sólo observando aquel momento; una parte de ella esperaba que una reunión similar se diera, sólo que uno de ellos debía ser Kai.
[o]
Susumo salió de su ensoñación, debía ser prudente mientras manejaba, no era momento para ponerse triste. Ya habría tiempo para ello, por ahora sus prioridades estaban comprometidas por su nieto y, por supuesto, por su hijo, aunque éste lo volviera a rechazar. Susumo estaba decidido, intentaría acercarse a su hijo hasta que la vida se extinguiera, así lograra ser tan sólo un buen conocido; todo era mejor que ser el objeto de su odio.
Sonrió levemente, su nieto era la mejor forma de avanzar a pasos firmes. Esa había sido la razón por la cual se ofreció a acompañarlos al aeropuerto, para al menos despedirlos, pues sabía estarían viajando por un buen tiempo, al menos los vería un poco más.
-o-
Llegaron prontamente al aeropuerto y comenzó el descenso de los pasajeros, todos ellos estirando cada músculo del cuerpo. Conocer nuevos lugares mientras viajas es una maravilla, pero a veces viajar requiere de ciertos sacrificios, como viajar sentados por mucho tiempo. Entre todos comenzaron a bajar el equipaje organizándolo para que ninguna de las maletas allí fuera a extraviarse. Una vez que todo parecía en orden, el Sr. Dickenson y Kai se dirigieron a la pensión para autos del aeropuerto, tendrían que dejar el transporte para que a su regreso pudieran ocuparlo de nuevo.
La ventaja de viajar con un grupo pequeño de amigos es que te permite tomar asiento con tus conocidos, ahora que viajar dos pequeños grupos, que resultaban ser dos equipos de beyluchadores, era aún mejor. Hilary, Darinka y Kazumi pronto unieron fuerzas, ya que era la primera vez que Hilary viajaría con otras chicas en el equipo y para Kazumi sería su primera vez abordando un avión, así que la experiencia prometía mucho para todas. Por otro parte Kenny, Ray, Tyson y Max sentían que los viejos tiempos volvían e imaginaban nuevas aventuras que les esperarían mientras viajaban juntos; entretando Spencer, Bryan y Yuriy sentían que muchas cosas diferentes pasarían, al final de cuentas el equipo de los Blitzkreig Boyz tenía una nueva integrante que desconocían en su totalidad en batalla, además de los cambios que se habían añadido a su recorrido, pues inconscientemente los dos equipos comenzaron a viajar juntos, como si un acuerdo firmado se hubiera llevado a cabo con anterioridad.
El Sr Dickenson siempre tenía la mejor de las panorámicas en cada torneo y justo hoy veía como esos chicos, que hacía unos años eran unos desconocidos, se reencontraban ahora como toda una familia. Parecía que con el pasar de los años habían logrado conjuntarse y entenderse mutuamente. Ahora los veía y comprendía los grandes cambios que había habido en cada uno de ellos, especialmente en Kai, quien ahora parecía ser el puente de comunicación entre esos dos equipos.
Algo que le añadía un toque especial a todo este reencuentro era el pequeño Ritsuka, quien por azares de la vida llegó a darle nuevas emociones al bicolor y ahora a toda esa gran familia de beyluchadores. Le hizo experimentar el sentido de la familia en su forma más pura, lo orilló a dejar viejos resentimientos, le llevó a conocer a nuevas personas (Kazumi y Darinka) y le obligó a dar el siguiente paso con sus amigos. Ese pequeño niño definitivamente tenía estrella. Sonrió para sí mientras veía cómo gran parte de ellos luchaban por abordar el avión primero.
— Creo que la juventud nos está rebasando — le dijo Susumo.
— Ya lo creo — le respondió y ambos sonrieron.
Antes de que la mayoría abordara,el pequeño pelirrojo se soltó del agarre paterno y corrió pronto hasta llegar a su abuelo.
— ¡Ven! — le pidió en seguida.
— ¿Qué? — Susumo reaccionó confundido.
— ¡Ven conmigo! — le dijo animosamente mientras lo abrazaba de la pierna una vez más.
Kai se detuvo en seco y se tensó de forma automática. Yuriy, siendo uno de los últimos en subir, junto a Tyson, quien había sido dejado atrás en la competencia, también se detuvieron inmediatamente tras aquella petición y se voltearon para ver aquella escena. Ambos tuvieron un mismo pensamiento: ¡A Kai NO le va a gustar esto! Susumo, por su parte, miró al pequeño con sorpresa. ¿Cómo le iba a explicar que tenía ocupaciones de adulto que no le permitirían acompañarlo? Y más aún ¿cómo le explicaría que Kai lo odiaba y que el ir junto con ellos haría que quisiera matarlo ya no sólo con la mirada?
— Puedes alcanzarnos después — escucharon la sugerencia de Kai.
Susumo se quedó desconcertado, al igual que todos allí. Aquella breve sonrisa en su rostro le pareció esperanzadora y se habría jugado todo por esa sonrisa, de no ser por aquella charla previa en la que vio la facilidad con la que Kai podía fingir condescendencia.
— ¡Sí! — brincó de un lado otro el pequeño.
Susumo sonrió. Aunque era una idea que le gustaba en sobremanera, sabía que Kai no lo había expresado de corazón y por ello era difícil aceptar aquella maravillosa propuesta. Levantó a Ritsuka en brazos y lo miró directamente a los ojos.
— Me encantaría alcanzarlos, pero debo regresar al trabajo mañana por la mañana — le dijo con cierta honestidad.
— Eres el dueño de la empresa, podrías dejar a alguien a cargo por unos días — insinuó.
Susumo lo miró fijamente por segunda vez, confusión escrita en su rostro. No sabía si sentir alegría o sentir terror al no poder distinguir si el ofrecimiento de Kai era genuino; es decir, Susumo ya había rechazado la oferta de Ritsuka, lo que Kai hubiera querido, ¿por qué insistir? Le horrorizaba la idea el pensar que su hijo podía mentir de tal manera.
— Yo… — titubeó.
— Es muy cierto, Susumo — se añadió el Sr. Dickinson, ignorante de aquella conversación esa mañana, — sería una buena oportunidad para que convivas con Kai y el pequeño — sonrió alegre.
El Sr. Dickenson sintió que la esperanza rendía frutos y que aquello era un gran avance para aquellos dos. Siempre supo que Susumo había tomado un decisión difícil y, para muchos, probablemente reprochable, pero él no se atrevería a hacer un juicio al respecto, bastante tenía Susumo con su propia consciencia. Por otro lado también estaba Kai. Stanley conocía a Kai desde que era pequeño y había sido testigo de muchas penurias que el joven había sufrido en ausencia de sus padres, por lo que también sabía sobre la tenacidad de la que siempre hacía gala. Por ello jamás perdió la confianza en que ellos algún día pusieran las cartas sobre la mesa y darían aquel gran paso hacia el perdón.
Tyson y Yuriy compartieron una mirada en desconcierto. Si bien ellos dos no eran amigos propiamente, sí tenían un amigo en común y, aunque ellos eran diferentes en muchos aspectos, tenían una misma preocupación: la relación entre padre e hijo. Yuriy conocía a Kai desde hacía muchos años y había visto todas las peripecias que había sufrido a causa de la ausencia de sus padres y sabía que esa buena relación que se mostraba en ese momento entre Susumo y Kai tenía algo extraño, aunque éste último parecía estar bien, casi feliz.
Por otra parte, Tyson no era una persona que pudiera presumir de un coeficiente intelectual brillante, sin embargo, sí era una persona muy sensible, aunque al final tuviera problemas para explotar esa virtud tan especial; por ello, Tyson se había percatado de ese cambio antinatural en la actitud de Kai esa mañana y justo ahora ese temor se hacía presente de nuevo, algo allí no estaba del todo bien. Aunque les habría gustado pensar que sí.
— No lo pienses demasiado — pronunció finalmente con una sonrisa que se antojaba tímida.
— Veré la forma — se convenció de que tenía que decir algo. En definitiva quería ir con ellos en ese preciso instante, pero no creía que fuera prudente, en especial porque no sabía si el ofrecimiento de Kai era algo verdadero o sólo era esa clase de trampas que hace la gente sumamente cruel.
Mientras Susumo cavilaba en lo que haría a continuación, Ritsuka era desprendido de su lado, después de todo el pelirrojo y su padre también tenían que abordar el avión cuanto antes, de lo contrario perderían su vuelo.
— ¡Adiós, abuelo! — hizo una ademán con su manita mientras se alejaban del mayor Hiwatari.
Sin más los despidió y se quedó allí parado en la sala de espera del aeropuerto. Su mente era un completo caos. No sabía si algo de eso era verdad o si sólo era un acto que Kai podía montar. La última idea hizo que un tremor recorriera su cuerpo. Las personas no deberían poder mentir de esa manera. Poco a poco esa afirmación se convirtió en una especie de mantra. No, Kai lo decía de forma sincera. Sonrió una vez que se convenció a él mismo y retomó el camino hacia su automóvil. Tendría que arreglar todo para poder alcanzar a su hijo y a su pequeño nieto. No perdería más oportunidades y no dudaría más de él mismo.
-o-
Nadie además del Sr. Dickenson, Yuriy y Tyson se habían percatado de aquel ofrecimiento antes de abordar el avión. Ritsuka parecía feliz de viajar por segunda vez en avión. La primera vez lo había hecho para viajar dentro de Japón para visitar una ciudad cuyo nombre no sabía, pero cuyos paisajes aún estaban en su mente, así que esta sería la segunda vez que viajaría en avión, la gran diferencia era que el vuelo era hacia otro país, una nueva aventura esperaba por él, así que sonrió. Kai por otra parte tenía una revolución en su cabeza. Odiaba tener esa sensación de duda en él. Esa sensación que hacía sentir inseguro de sus decisiones. Había resuelto que él haría todo lo necesario para que Ritsuka fuera feliz, aunque no había tomado en cuenta que el pequeño había incluido a Susumo en su pequeña ecuación.
Al principio los cambios habían sido complicados, pero llevaderos. Cambio de horarios y hábitos habían sido los primeros pasos, luego fueron aquellos que le habían costado un poco más, como el ser afectivo o el ser extremadamente tolerante, pues era importante predicar con el ejemplo. Después de su reencuentro con sus amigos, se dio cuenta que no sólo era ser más afectivo con el pequeño, sino que hacía falta mostrarse más abierto a otras personas, debía entender que también era bueno confiar en los demás. Y fue justo allí donde se dio cuenta que todo era mucho más complicado de lo que había pensado.
Confiar en otras personas era algo que no había hecho en mucho tiempo y era algo que hasta hacía poco había considerado casi como un pecado capital. La confianza era algo que podía tardar años en construirse, pero sólo unos instantes para derribarla. Era por ello que era uno de esos temas tabú, algo de lo que no le gustaba hablar. Todo eso había estado cambiando desde aquel primer torneo en el que se formó el equipo de los BladeBreakers. Tenía que darles el crédito, de no haber sido por ellos probablemente jamás habría aceptado aquella visita que trajo consigo más que sólo compañía, aquella visita que trajo recuerdos sobre su madre y aquella personita que justo ahora lo hacía tan feliz.
Después de esas cavilaciones y cambios, se percató que la parte más difícil venía justo ahora. Susumo. Ese hombre al que apenas conocía estaba teniendo una fuerte influencia en su hijo y es que él realmente no se había percatado que desde que había comenzado a dejar al niño en el orfanato, éste había comenzado a tener una fuerte convivencia con Susumo y por tanto había creado ciertos lazos inquebrantables.
[o]
Eran tan sólo las diez de la mañana cuando todo se fue al carajo. Esa mañana la alarma no había sonado a las seis de la mañana como debía porque ni siquiera había sido activada la noche anterior, por lo que esa mañana se había quedado dormido. Tras levantarse exaltado, se dio cuenta que ese día era singular, pues era el día en el cual su trabajo final de semestre debía entregarse hacía dos horas. Además esa fatídica mañana, a las nueve para ser precisos, también debía haber presentado un examen que valía un treinta por ciento de su calificación final ese semestre.
Luego de enlistar esos hechos insignificantes de su día, se percató que había un pequeño llanto en la distancia, entonces notó que esa mañana estaba solo porque la persona que se suponía debía llegar para ayudarlo había tenido un contratiempo y por ende no había llegado a las siete como su horario de entrada lo establecía (lo descubrió más tarde tras revisar la contestadora). Mientras buscaba el pequeño se dio cuenta que toda la casa estaba hecha un desastre. Llevaba tres días que no había podido finalizar las labores de la casa porque los trabajos de la escuela estaban absorbiendo gran parte de su tiempo "libre" y porque la persona que lo ayudaba sólo le apoyaba con el cuidado de Ritsuka un par de horas mientras iba a la escuela.
Maldijo su suerte. El pequeño pelirrojo lloraba persistentemente porque llevaba el suficiente tiempo solo para haber bajado las escaleras por sí mismo y para haberse golpeado con algún mueble de la casa en la cabeza y ahora tenía un desagradable hematoma cerca de la sien. La culpa golpeó fuertemente y su propia cabeza comenzó a punzar a punto de estallar por una inevitable jaqueca. Como un niño, él también quiso llorar como el pequeño pelirrojo; él era un caos. Con cuidado de no asustar al niño que ignoraba su presencia hasta el momento, lo levantó en brazos para tratar de hacer algo por calmar tan desgarradores sollozos.
Sus gimoteos no sonaban tan agudos pues aparentemente llevaba ya bastante tiempo llorando, razón por la cual un peso más de culpa se hizo presente. No había escuchado nada desde que lo dejó dormido en su habitación la noche anterior. Sólo recordaba haberse ido a dormir poco después de las dos de la mañana con la esperanza de terminar los detalles de su trabajo durante el desayuno. Comenzó a recorrer de un lado a otro la sala intentando poner algunas cuantas cosas en orden mientras susurraba palabras de consuelo al niño. No sabía por dónde empezar a solucionar tantos problemas, todo en su cabeza era un mar de alarmas que no dejaban de sonar avisando lo que ya de por sí sabía.
Primero debía solucionar el problema más inmediato. Suspiró y se sentó en la sala. Antes que nada debía tranquilizar a Ritsuka, una vez que el pequeño se tranquilizara su cabeza iba a tener un poco de silencio para poder concentrarse. Pasó cerca de una hora hasta que el pelirrojo se quedó dormido, probablemente de cansancio, pues no estaba cierto de cuánto tiempo tenía despierto. Luego de que el pequeño se durmiera, lo llevó a su habitación y dejó un poco de música como lo solía hacer la madre. Bajó con cuidado y comenzó a colocar todo en una cesta. Los juguetes, la ropa y algunos trastes eran los principales creadores del desorden. Sabía que tenía cosas más importantes que hacer, sin embargo, no encontraba una forma de hacerlo sin tener que irse de casa y dejar sólo al pelirrojo. Necesitaba un poco de equilibrio para poder pensar con mayor claridad.
Cuando pasaban de las once y treinta de la mañana, decidió que era momento hacer algo por su situación académica, hacía mes y medio que Hannika había muerto y había quedado con la responsabilidad de cuidar a Ritsuka él solo. Al principio creyó que sería tarea fácil, había visto lidiar con la maternidad a Hannika por sí misma, así que era lógico pensar que era algo simple. Infortunadamente conforme pasaban los días se dio cuenta que habían muchos detalles de los cuales no se había percatado antes.
Los horarios para la comida, los horarios para dormir, el cuidado de la casa, los gastos de mantenimiento, la escuela, los trabajos de la misma, el pequeño y un sin fin de actividades que aparecían de la nada. Un mes y medio bastó para que todo fuera un caos. Su promedio en la preparatoria se había ido a pique desde que habían comenzado a faltar para poder cuidar de Ritsuka y realizar todos los demás quehaceres, sus profesores, ignorantes de su situación familiar, ya habían sentenciado una nota reprobatoria si no hacía algo al respecto.
Con la situación al límite, la idea de abandonar sus estudios por un tiempo parecía más y más tentadora, además de la situación financiera que comenzaba a causar estragos. Si bien era cierto que tenía una pensión por aquel juicio que se había llevado a cabo contra Voltaire, la pensión no estaba diseñada para la manutención de su escuela, su persona y un niño que acarreaba otros gastos más. Así que estaba seriamente pensando en dejar la escuela por un tiempo y conseguir un trabajo parcial. El problema sería que el Sr. Dickenson pronto se daría cuenta de su situación académica, después de todo, esta información era enviada al finalizar cada parcial. Era una suerte que el Sr. Dickenson no se hubiera dado cuenta siquiera que Hannika vivió con él por casi dos años en su casa, todo gracias a que prefería realizar las visitas él y el Sr. Dickenson jamás dudó de su buen juicio y los resultados académicos que recibían con periodicidad.
Tomó una ducha luego de repasar su plan. Necesitaba tomar medidas desesperadas antes de tocar ese impensable fondo. Afortunadamente el pequeño no había despertado desde que lo había dejado en la cama. Terminó de afinar los detalles de su trabajo final y miró el reloj, pasaban de las doce treinta, si se daba prisa, alcanzaría a los maestros de sus materias más concernientes de momento. Tomó a Ritsuka y una pequeña mochila con algunas de las pertenencias del pequeño, esta era la última oportunidad que podía tener para poder salir adelante en muchos aspectos. Con una sensación de vacío en la boca del estómago y la incertidumbre más grande de su vida salió. Era momento de tomar una decisión difícil.
Caminó a toda prisa. El orfanato no estaba tan lejos, sólo era cuestión de dejar a Ritsuka allí y su situación académica tendría esperanzas. Llegó pronto a su destino, lo supo cuando el nombre de aquella noble institución entró en su campo de visión: "Orfanato Luz de Invierno". Usó el timbre y enseguida una voz femenina respondió a sus silenciosas plegarias.
— Orfanato Luz de Invierno, ¿en qué podemos ayudarle? —
— Necesito hablar con la madre superiora — respondió con toda la seguridad que pudo fingir.
Era la primera vez que entraría a ese lugar, sin embargo, no era la primera vez que paseaba o deambulaba por allí. De hecho era uno de los lugares que frecuentaba con mayor insistencia. Sentía que de alguna manera podía identificarse con los niños allí. Es decir, todos los niños allí estaban solos, no tenían a sus padres por diversas razones, algunos habían sido abandonados y otros más habían tenido algún final trágico; él estaba solo por ambos motivos. Pronto la puerta fue abierta por alguna profesa. Parecía una novicia joven, pues sus ropas parecían más sencillas al de las demás hermanas. La joven lo vio inquisitivamente cuando se percató de que no venía solo. Lo dejó pasar y lo guió hasta la entrada de la oficina de la madre superiora.
— Espere aquí un momento — le pidió con amabilidad. — ¿Podría decirme su nombre? —
El joven miró a la criatura en sus brazos y luego miró a la novicia.
— Kai Hiwatari — pronunció pesadamente.
La novicia parecía recordar el nombre de algún lado, pero decidió dejar sus preguntas para más tarde.
— En un momento vuelvo, tome asiento por favor — la chica se alejó a prisa.
El bicolor estaba completamente nervioso, de no haber tenido aquella educación en la abadía, habría jurado que estaría al borde de un colapso nervioso. Esperó paciente unos cuantos minutos para que la madre superiora pudiera atenderlo. La joven novicia apareció de nuevo para guiarlo hasta la oficina principal. Caminó al ritmo que le marcaba la profesa, quizá más a prisa de lo que le hubiera gustado, pues no le dio mucho tiempo de pensar lo que iba a decir. Se dio cuenta que ni siquiera había tenido la oportunidad de pensar dos veces lo que estaba por hacer.
Tras su discurso, la Superiora Amit lo miró por un instante repasando la idea: "Necesito dejar a Ritsuka un par de horas, debo atender algunos asuntos". La mirada incrédula por parte de la superiora y la novicia, que aún continuaba allí, era difícil de ocultar.
— ¿Quieres dejar al niño aquí? — preguntó la novicia, interrumpiendo así la conversación.
Kai se giró para verla, estaba tan ensimismado en lo que tenía que hacer y decir que olvidó que tenía a una profesa como testigo.
— Es sólo por un par de horas — reafirmó.
— ¿Cómo...? — comenzó a replicar, sin embargo, la Superiora la interrumpió.
— Hermana Ayaka…— le reprendió con la mirada. — Disculpe a la hermana Ayaka, joven Hiwatari, no es usual que la gente venga con esta clase de peticiones — ofreció en un intento por saber si las sospechas de Ayaka eran ciertas.
— No tengo muchas opciones de momento, volveré en un par de horas — hizo una súplica con la mirada, aunque realmente no fue consciente de ello.
La Superiora suspiró discretamente. No era la primera vez que venían con una historia similar, infortunadamente había muchos niños allí que eran prueba de ello.
— De acuerdo — dijo no teniendo muchas opciones. Su tarea allí era dar hogar a los niños huérfanos, además el camino que había elegido desde hacía tantos años le hacía frenar los juicios contra cualquiera, todo era algún designio de Dios, pensó. — ¿Trajo algo para el niño? — preguntó acercándose para tomar a la criatura.
El bicolor se acercó para entregarle a Ritsuka.
— Sí, dentro de la mochila están las cosas que creo que serán necesarias, hay ropa, fórmula que compré de camino y sus juguetes favoritos, el ave es muy importante — recalcó.
La Superiora tomó al niño y le hizo una seña a la hermana Ayaka para que tomara la mochila que Kai traía consigo.
— Por ahora no puede tomar otro tipo de fórmula — le explicó mientras le mostraba el producto. — En la etiqueta vienen todas las instrucciones. Le di de comer mientras venía de camino. Espero que no despierte al menos en una hora — acotó mientras le retiraba el cabello del rostro y le entregaba las cosas a Ayaka. — Este es Dranzer, su ave de felpa, no puede estar lejos de ella, es importante — volvió a recalcar mientras un nudo en la boca del estómago se formaba por segunda vez ese día.
— ¿Alguna otra cosa? — preguntó la hermana Ayaka.
— No, volveré más tarde — repitió con seguridad.
Las profesas compartieron una mirada, tantas veces habían escuchado lo mismo. Kai le dio una última mirada al pelirrojo antes de tomar su propia mochila y caminar hacia la salida, escoltado por la hermana Ayaka. La Superiora lo vio salir dubitativo y le envió sus mejores bendiciones. Kai Hiwatari no parecía tener ni siquiera la mayoría de edad, era casi lógico lo que hacía. Sonrió luego de ver al niño en sus brazos, era tan pequeño, frágil e indefenso. Esperaba que ese orfanato pudiera ser el hogar del pequeño pelirrojo.
-o-
Eran casi las cuatro de la tarde cuando el timbre de la entrada sonó por segunda vez ese día. La hermana Ayaka había continuado con su usual itinerario, así que había ido al supermercado a completar otras tareas. Por esa razón la profesa Jin fue quien atendió la puerta. Miró extrañada al ver un joven con un rostro cansado, el pelo enmarañado y la corbata desalineada. Quizá el muchacho se había equivocado.
— ¿En qué puedo ayudarle? — preguntó aún tras la reja.
— He venido por mi hijo — sentenció.
La hermana Jin lo miró extrañamente.
— ¿Disculpe? — exclamó desconcertada.
— Hace unas horas dejé a mi hijo, he vuelto por él, ¿está bien? — preguntó con voz inquieta
Ni siquiera se detuvo a pensar que esa no había sido la novicia que lo atendió esa mañana. En su mente sólo repasaba que dejar al niño en un orfanato no había sido la mejor idea, pero no había tenido más opción en el momento. Si algo le había pasado jamás se lo perdonaría. Era la primera vez que la palabra hijo y la definición de padre le hacía un ruido tremendo. De pronto la idea lo golpeó. Era padre y estaba solo.
— ¿Le pasó algo? — repitió tomando las rejas como si con ello fuera a poder entrar.
— Lo siento, no le comprendo — retrocedió unos pasos al ver cómo el joven tras la reja se exaltaba. Era la primera vez que alguien venía preguntando por alguien que habían dejado allí.
— Mi hijo — repitió con angustia en la voz. — Hace un par de horas vine a dejarlo un momento, necesitaba ir a la escuela. Es un niño pelirrojo, pequeño, ¿le pasó algo?, ¿está bien?, ¿quiero verlo? — lanzó cada pregunta buscando la manera de entrar.
La hermana Jin seguía aún con desconcierto, era la primera vez que veía a ese muchacho y la forma en la que actuaba realmente no le daba buena impresión, no como para dejarlo entrar.
— Mi hijo… — de pronto sintió un mareo y se tambaleó al punto de casi caer.
La profesa se asustó y se acercó a la puerta. De inmediato tomó las llaves y abrió la puerta con torpeza. Se acercó al muchacho e intentó ayudarlo.
— ¿Estás bien, muchacho? — lo tomó por el brazo para ayudarlo a levantarse.
Kai sostenía su cabeza. Aparentemente los problemas de salud era otra cosa de las tantas que no tenía contempladas ese día. Pronto se acercó un hombre joven y ayudó a la hermana Jin a ingresar al chico al orfanato. Llegaron a la sala de recibimiento y lo sentaron allí para revisarlo. El bicolor estaba totalmente ajeno a lo que estaba pasando a su alrededor, sentía que la cabeza iba a estallarle si no hacía algo.
— … ¿Me escuchas? — escuchó una voz lejana. No podía recordar dónde estaba y le estaba tomando un gran esfuerzo divisar la figura que estaba justo enfrente de él.
— ¿Dónde?... ¿Dónde estoy? —
— Me alegra que estés volviendo en ti. Mi nombre es Ryota. ¿Puedes escucharme mejor? — le cuestionó consternado.
Kai miraba hacia todos lados tratando de recordar dónde se encontraba, el lugar le parecía conocido, lo había visto en alguna parte.
— ¿Dónde estoy? — volvió a repetir ignorando lo que el otro le decía, aunque más bien era porque no era capaz de concentrarse del todo.
— Estás en el orfanato Luz de Invierno — respondió el hombre en la habitación. — ¿Cuál es tu nombre? —
— ¿Mi nombre? — su rededor estaba volviéndose cada vez más claro. Sentía como si alguien lo hubiese arrollado.
— Sí, mi nombre es Ryota, ¿cuál es tu nombre? — volvió a inquirir. Se preguntaba si sería mejor llevarlo a un hospital.
— Kai… — respondió vagamente incorporándose por fin. Comenzó a mirar a su alrededor y se percató que, en efecto, ya conocía el sitio. — ¿Dónde está mi hijo? — cuestionó alarmado.
— Cálmate, Kai — intentó recostarlo nuevamente. Aparentemente el chico había tenido una repentina elevación en la presión arterial haciendo que este casi se desmayara por completo.
— No. ¿Dónde está mi hijo? — volvió a preguntar.
En ese momento la Superiora entró con el pequeño pelirrojo en brazos, ya estaba despierto y pidió bajarse para correr hacia Kai. Cuando despertó en un lugar ajeno sintió mucho miedo, afortunadamente la Superiora y todos allí le ayudaron a sentirse más tranquilo, aunque todavía confundido.
— ¡Papá! — apresuró sus pasitos.
Por su parte el bicolor también se levantó para poder darle alcance. Había sido la cosa más estúpida que había hecho en toda su vida. Eso lo sabía ahora. Esa angustia que se reflejaba en ese pequeño rostro lo distinguió en esos años en su infancia. Sintió una culpa enorme que casi dolía físicamente. Abrazó al pequeño y sintió que el alma le volvía al cuerpo. La Superiora Amit se quedó allí parada contemplando el escenario junto a una chica de cabello negro casi de la misma edad que aquel muchacho. La jovencita se había prendado del niño desde que llegó, de hecho ya había comenzado a hacer planes de cómo se las arreglaría para convivir con su hermanito, como lo había llamado.
— Joven Hiwatari — llamó para dar fin a aquel reencuentro y poder recibir explicaciones. Kai volteó ante el llamado. — Pase a mi oficina por favor —.
Seguido de esto la Superiora cuestionó las acciones de Kai. Allí se enteró de toda la verdad acerca del origen del pequeño pelirrojo y de lo que había pasado esa mañana. El bicolor le explicó que había ido a la escuela para poder intentar entregar su trabajo final y ver si el examen le podía ser aplicado. Descubrió que llevaba más de un mes intentando sobrellevar la situación por sí mismo y que había sido ya demasiado para ese punto. El muchacho delante de ella nunca tuvo la intención de dejar abandonado a Ritsuka, sólo que había sido la única opción que pensó en ese momento, se enteró entonces de la historia de Kai y el porqué había decidido pedir ayuda el orfanato.
— Nunca fue mi intención abandonarlo — le repitió mientras el niño se abrazaba fuertemente a él. — Es sólo que las cosas se salieron de control y creí que podía pedir ayuda, yo no sabía que las cosas podían confundirse — inevitablemente un sentimiento extraño le golpeó y las lágrimas brotaron sin querer.
La Superiora Amit lo comprendió, después de todo Kai seguía siendo un niño, tal vez más maduro en muchos aspectos, pero un niño al final de cuentas. Acordó apoyarlo mientras estuviera en la escuela, siempre y cuando él también prestara su ayuda en el orfanato, él podía ayudar en las clases de deportes, al final, él era Kai Hiwatari, el beyluchador de clase mundial. El bicolor aceptó inmediatamente. Un sentimiento de gratitud surgió inmediatamente y así pactaron aquel acuerdo. Ese día había tenido un gran avance en su situación actual. No sólo había encontrado la ayuda necesaria para poder ir a la escuela y terminar esas actividades, también había conocido a Ryota, quien se convertiría en el médico de cabecera de los Hiwatari.
Dos semanas después también conoció a Kazumi, había decidido que necesitaba toda la ayuda posible, así que había decidido darle el trabajo, él podía hacerse responsable de las tareas de la casa, pero estaba consciente que no tenía realmente la paciencia que requería todo aquel trabajo de los padres, además la chica parecía necesitar el empleo. Se acoplaron rápidamente a las necesidades de la casa. Kazumi realmente parecía entenderlo bien y las cosas parecían mejor, salvo por la situación económica.
Había pasado ya un mes desde que Kazumi estaba trabajando en la casa. Ambos sabían que el sueldo de la chica era más bien significativo, sin embargo, la chica estaba agradecida por igual, pues al menos tenía un techo, comida y un empleo que le hacía volver a tener fe en la gente. Kazumi cuidaba a Ritsuka casi toda la mañana, sin embargo, cuando llegaba el momento de cocinar ésta lo llevaba al orfanato para que jugara un rato con sus amigos allí y para que Kai pasase por él. Sin saberlo, todas las veces que el niño había estado en el orfanato, Ritsuka había estado teniendo contacto con Susumo Hiwatari.
Nadie en el convento había realmente atado los cabos en cuanto a la relación de Susumo y de Kai. Hiwatari no era un apellido tan común, pero el Susumo casi nunca lo mencionaba, aunque era benefactor, ninguno de los depósitos o cheques llevaba su nombre, siempre llevaba el nombre de la empresa que manejaba, por ello había sido complicado dar con aquella relación entre ellos. Como en toda situación, llegó un viernes en el cual Kai debía recoger a Ritsuka del orfanato, éste llegó y sin problemas le permitieron la entrada y se dio cuenta que el pelirrojo jugaba con un hombre.
— Es uno de nuestros benefactores — explicó la hermana Ayaka cuando cierta expresión de desconfianza se situó en las facciones del bicolor. — Ha venido muy seguido últimamente, parece que ha hecho clic con Ritsuka — explicó sonriente.
Debido a la distancia, Kai no se había percatado de quién era aquel hombre que gentilmente jugaba con su hijo. Por inercia sonrió pues pensó en las grandes diferencias que había entre la infancia de ese niño y la propia.
— ¿No deseas conocerlo? — preguntó Ayaka. El chico sonrió y asentó con la cabeza.
La hermana lo encaminó y cuando estaban a punto de llegar, Kai sintió que aquel hombre le era familiar. Continuó su caminar hasta que las palabras de Ayaka registraron el nombre.
— Sr. Susumo — le llamó alegremente.
El cabello del Sr. Susumo era de la misma tonalidad que el cabello grisáceo de Kai, por ello no fue difícil entender que aquella persona jugando con su hijo le era realmente conocida. Se detuvo cuando aquel hombre encontró su mirada. La sonrisa plasmada en sus labios hacía unos segundos se esfumó cuando aquel hombre también comprendió quién se encontraba delante de él.
— Kai — pronunció.
El nombrado no sabía qué hacer o decir, su primera reacción hubiese sido golpearlo, sin embargo, aquel sujeto aún sostenía a su hijo en brazos. Ritsuka sintió una tensión extraña en su cuerpo y cuando escuchó el nombre de Kai, inmediatamente sonrió.
— ¡Papá! — le llamó emocionado. Susumo lo bajó a insistencia del crío, mas el silencio aún gobernaba el lugar.
El bicolor levantó al pelirrojo en brazos y lo aprehendió fuertemente, como si al hacerlo lo estuviese salvaguardando del mayor de los peligros. La hermana Ayaka no comprendió la situación, hasta donde sabía ellos nunca se habían encontrado antes en el orfanato, pero la tensión que se sentía en el lugar le hacía pensar que había habido un encuentro previo no muy agradable.
— ¿Se conocen? — preguntó ingenuamente.
Kai sólo atinó a darse la vuelta para salir de allí de inmediato, aunque su huida fue entorpecida gracias a la Superiora Amit, quien había visto todo el suceso en la distancia. La Superiora entendió justo en ese instante la relación que aquellos dos hombres tenían. Desde el físico, las actitudes y el apellido. No podía comprender cómo había sido tan ingenua para no haberse percatado de ello antes. Sintió un poco de culpa al haber dejado que esta situación se diera. Aunque conociendo los dos lados de la moneda, le sería difícil apoyar a ambos.
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Tras aquel encuentro comprendió que Susumo realmente sabía que Ritsuka era su hijo, de hecho supo de sus propios labios que había sido testigo cuando lo vio volver por el pelirrojo la primera vez que lo había dejado en el orfanato. Si bien su relación filial no comenzó allí, sí fue el inicio de una relación laboral. Susumo le dijo que entendía sus circunstancias y el hecho de no querer recibir su ayuda, pero, si en verdad valoraba a su hijo, aceptaría su oferta de trabajo. Y así fue. La Superiora Amit también habló con él y lo hizo entrar en cordura. No tendría otra oportunidad de encontrar un empleo de tiempo parcial desde casa. Su orgullo se vio herido, pero se disculpó a sí mismo repitiéndose que era por el bien de Ritsuka. Hoy, tras casi dos años el mismo mantra venía a su mente: "Todo es por el bien de Ritsuka". No había nada que él quisiera tener con Susumo.
— ¿Papá? — llamó el pequeño en sus brazos. El bicolor lo miró a los ojos y el pelirrojo prosiguió. — ¡Quiero mucho a mi abuelito! —
Una oleada de culpa y desasosiego se hicieron presentes. Lo peor estaría por venir.
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