Gakuen Alice no me pertenece…


"No creo en los amores platónicos, sé que esto puede ser real, lo que no sé es lo que me hace falta para lograrlo…"

-oO08( Recuperando el Tiempo )80Oo-


por Kiray Himawari

Capítulo VIII Perspectivas

Como es normal en la mayoría de los estudiantes en una escuela o institución cualquiera, nadie nota cuando los maestros tienen alguna preocupación en mente. La mayoría del cuerpo estudiantil piensa en el momento en el que terminarán las clases, en lo aburridas que suelen ser las materias y en lo inútil que resulta pasar tiempo en la escuela. Sin embargo, la mayoría no lo es todo, la minoría pone atención a los más insignificantes detalles de cualquier cosa, ya sea en algún rumor de pasillo, llámese chisme, hasta el más mínimo cambio de papel sanitario (aunque parezca extraño).

Y precisamente Hotaru, la mente siniestra y brillante detrás de todo conocimiento escolar y no escolar y extorsiones a Natsume, se percató de cierto cambio en la actitud parlanchina de Narumi. El dueño del Alice de Feromonas había actuado extraño, no se había mostrado empalagoso y excesivamente amable durante su monólogo… ¿Habría algún motivo?

~ [ o ] ~

Había sentido una presencia cuando acababa de salir de su oficina, una mirada fría que le helaba la sangre, no sólo por la manera de observar, sino también por las intenciones que transmitía. Giró en el siguiente pasillo fingiendo desaparecer, mas su intención era lograr ver a esa persona que sabía lo espiaba. Y justo allí una presencia que se suponía debía traerle cierta tranquilidad, ya que, supuestamente, había elegido estar en el bando correcto.

Su actitud misteriosa y su mirada penetrante, su cuerpo alerta ante cualquier intrusión a su espacio de trabajo, por supuesto, Persona era un ser por naturaleza precavido; no por nada Natsume había sido su defensa en muchas ocasiones… Pobre gato negro

~ [ o ] ~

Imai iría haciendo sus apuestas y no precisamente a favor de la bondad de Narumi, quizá aquel hombre ocultaba algo a los suyos…

-o-

La presencia de muchos estudiantes en el cubículo de Narumi no era novedad. Todo mundo quería asistir al campamento que el estrambótico profesor había organizado, justamente era el hecho. Pero no todos los estudiantes optan por aquellas actividades al aire libre, llenas de compañerismo y de… Allí estaba ese sujeto como esperando el momento perfecto para cazar. ¿A quién? ¡Maldito bastardo! Si pensaba que iba a acercarse a…

─ ¡Mikan! ─

-o-

Los ajustes estaban hechos y ya no hacía falta nada, todo parecía perfecto. Las rutas, los sitios, los lugares, los estudiantes, todo parecía en total orden. Narumi había pensado en todo y se había preocupado hasta en los detalles que parecían no encajar, pero necesitaba toda certeza de la inexistencia de riesgos una vez poniendo un pie fuera de la Academia. Eran alrededor de veinte estudiantes los contemplados en un inicio, pero debido a las circunstancias se habían reducido a quince. Lo más importante era que estuviera al pendiente de lo que podía ocurrir en el camino, aún escuchaba las amenazas de los altos mandos si algo malo llegaba a pasar con aquellos estudiantes; los mejores.

Narumi había decidido que lo mejor era llevar a los que más poder y control poseían de momento, no porque no quisiera ayudar a los otros, pero en verdad necesitaban hacer más fuertes sus defensas, cualquier cosa podía pasar y no quería que sus estudiantes quedaran a la deriva, ya una vez habían intentado derrocarlos, y sabía que no sería la única vez. Suspiró y estiró los brazos, faltaban dos días para que el viaje se iniciara. A su mente acudió un recuerdo sobre Natsume cuando acudió a confirmar su asistencia.

Había pensado que el chico se negaría, sin embargo, las cosas parecían cambiar y Natsume, Ruka y Youichi habían sido los primeros en confirmar su asistencia. Narumi intuyó que era porque Natsume quería ayudar a Youichi; para el profesor rubio no era desconocido que el Gato Negro consideraba a Youichi como un hermano. Y a pesar de la excusa que Youichi podía significar, había algo más en las intenciones del chico, mas para poder conocerlas necesitaba esperar. Por ello tomó su carpeta y verificó que todo estuviera en orden para una vez más abandonar el sitio; dos días y el campamento se efectuaría.

-o-

Su mente era una ola de emociones contradictorias. Por un lado estaba la tranquilidad de saber que Youichi entrenaría y eventualmente se volvería más fuerte, y por otro estaba aquel bastardo del cual estaba cansado. Kay. Ese sujeto hacía gala de prepotencia cada que podía y no perdía ni una sola oportunidad para desafiarlo con sus acciones, como si acercándose a Mikan delante de Natsume fuera a ser la estocada más dolorosa. Y si era honesto eso parecía ser verdad. Ciertamente Hyuuga no podía soportar su presencia cerca de la Fea, como decía Youchan, porque al verlos juntos tenía la sensación de una daga sin filo atravesando su corazón; ¿por qué?

La respuesta cada vez sonaba más fuerte y repetitiva en su cabeza, tal y como suenan esas horribles voces que la gente esquizofrénica dice escuchar. Quizá ésa era la respuesta y estaba al borde de la locura, sin embargo, su lado lógico le gritaba, a la vez, que no era esa clase de locura que se controla asistiendo al psiquiatra. No, esta clase de locura se combate enfrentando los sentimientos, aceptándolos y luego procurándolos o forzándolos a abandonar el corazón, y Natsume no estaba muy seguro qué opción tomar.

Frustrado, se removió entre las cobijas. Odiaba tener esas dudas, odiaba no saber con certeza lo que el destino le tenía preparado porque Hyuuga Natsume detestaba estar al borde de la incertidumbre en cualquier situación, y justo como ahora en situaciones que involucraban a la Fea. Suspiró y cerró sus ojos apretando fuertemente los párpados, debía descansar para iniciar su día de la mejor manera posible y no con esos dolores de cabeza que le generaba el no dormir. Poco a poco fue relajando su cuerpo hasta que la oscuridad de los sueños nocturnos lo atrapó.

-o-

Sonrió con autosuficiencia. Amaba poder descolocar a las personas, amaba tener el control sobre toda clase de situaciones, en especial si se trataba de amargarle la vida a cierto chico de ojos color vino y Alice de Fuego. Ensanchó su sonrisa al recordar el rostro furioso de Natsume cuando Kay había llamado a Mikan y más todavía cuando con su brazo la rodeó por los hombros. No que odiara a Hyuuga, pero había algo en él que no le agradaba, podrían llamarlo envidia quizá, envidia porque desde que conoció a Mikan todo había girado en torno a ese bastardo pirómano.

Frunció el ceño al recordar todas aquellas veces en las cuales la chica había hablado de Natsume como si éste hubiera sido un héroe de guerra. Si Mikan se hubiera fijado en él como lo había hecho con ese tipo, Kay habría sido la persona más feliz sobre la tierra. Kay la necesitaba, la necesitaba porque literalmente su vida dependía de ella. Su estómago dio un vuelco con tal pensamiento que cruzó su mente y negó de manera vehemente; no, Mikan no sería de Hyuuga Natsume, Mikan iba a ser suya a como diera lugar, así tuviera que deshacerse de unos cuantos estorbos.

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Mis párpados se sentían muy pesados, el cansancio que experimentaba era totalmente desconocido para mí, ni siquiera en mis días más duros de entrenamiento había padecido tal dolor en el cuerpo, tal agotamiento. Me sentí frustrado porque apenas iban a ser las nueve de la noche y yo sentía como si la madrugada me hubiese tomado por sorpresa. Habría deseado que mi hermano hubiera estado allí para no dejarme arrastrar por ese sueño tan tortuoso en el que despertaba en una habitación vacía y oscura, una habitación carente de sonidos, de sombras y de luz.

Al final me dejé vencer, no tenía fuerzas ni tenía a alguien para que me ayudara a pelear en esos momentos, lo único que me quedaba era dejarme arrastrar por esa pesadilla que me había comenzado a atormentar desde hacía un tiempo. Mi cuerpo parecía moverse y viajar a otro mundo en otro espacio en otro tiempo, quería gritar y pedirle a Natsume que me salvara, pero estoy seguro de que esto es un sueño y no hay de qué preocuparse, esto es un sueño…

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Abrió perezosamente un ojo cuando sintió que el mundo se volvía real. Poco a poco en su medio campo de visión entró una luz cegadora que le hizo gruñir en descontento. Ah, las mañanas eran toda una pesadilla, aunque prefería esa manera de despertar a la acostumbrada en su entrenamiento en donde algún ataque inesperado le daba los buenos días. Luego de un rato de resistencia alejó las sábanas que con anterioridad había empleado para protegerse del brillante sol que la saludaba. Suspiró y se sentó sobre su cama sin abrir los ojos todavía.

Su mente comenzó a viajar entre los recuerdos de hacía unos años, justo cuando su vida había dado un giro de ciento ochenta grados. De pronto hacer un recuento parecía necesariamente inútil. ¿Inútil? Sí, inútil. No había razones para extrañar su vida antes de ingresar a la Academia, quizá lo único que en algún punto llegó a mortificar su existencia había sido el haberse alejado de su abuelo. Al principio en verdad sintió que el mundo se iba a acabar sin la presencia del anciano, pero pronto aprendió que no estaba sola y que en algún punto lo vería y mientras tanto se conformó con las cartas que enviaba y recibía.

Si bien en un principio Narumi no había mantenido su promesa por aquel asunto de Reo, después las cosas cambiaron y mejoraron. La comunicación se había vuelto efectiva, aunque muy lenta, entre los alumnos de la Academia y el exterior. Y con ese pensamiento al fin se desperezó y despertó a la realidad. Estiró sus brazos perezosamente y bostezó para enseguida tallar sus ojos con sus puños. Sería un día pesado. Para empezar tenía que ir a clases, comenzar esa pelea continua y silenciosa entre Natsume y Kay. Se sentía incómoda de quedar atrapada entre esas dos miradas peligrosas, entre esos odios que parecían ser el fin del mundo.

Si tan sólo pudiese figurar lo que tanto molestaba a ambos, habría jurado que hubiese hecho algo para detener aquella batalla entre esos poseedores de Alices tan poderosos. Suspiró y se levantó de la cama y se encaminó hacia la ducha, quizá más tarde tendría tiempo de preguntarse y responderse todo aquello que atormentaba por momentos su mente… ¡Ah!, también había que preparar lo necesario para el campamento. Definitivamente el día sería muy largo, muy largo y estresante con dos individuos que definitivamente reñirían…

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Si era honesto consigo mismo, estaba preocupado. Había algo que no cuadraba del todo. Tanta paz en tanto tiempo debía resultarle tranquilizadora, pero, contrariamente, se sentía muy inquieto. Recargó pesadamente su figura en la silla reclinable de su oficina y suspiró cansado mientras sus manos tallaban su rostro. Estaba seguro de la existencia de algo, no sabía con certeza qué, sin embargo, sabía que era algo que definiría el futuro; algo muy sospechoso, muy oscuro. El campamento estaba a escasas horas de comenzar y su preocupación se acrecentaba conforme pasaba el tiempo. Largó un suspiro y frotó sus sienes con las yemas de los dedos, necesitaba relajarse un momento sin recurrir a bajar la guardia (algo realmente complicado).

Cansado, revisó una vez más el itinerario que había diseñado para el campamento; horarios para despertar e irse a dormir, para tomar las comidas, horarios de entrenamiento, posibles equipos, lugares donde acampar, tareas en beneficio del grupo, entrenamiento requerido, así como actividades que fortalecerían los lazos entre ellos. Suspiró una vez más. Todo estaba en orden, todo parecía encajar, todo estaba fríamente calculado; sólo que no podía dejar de pensar que algo malo estaba a punto de ocurrir.

Sus pensamientos fueron hechos a un lado cuando alguien irrumpió en su oficina sin tocar…

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Estaba cansado. Tres horas de sueño no eran suficientes, sentía que su cabeza iba a explotar y sus ojos estaban rojos por la carencia de tan vital actividad. Maldijo mentalmente a todos los dioses que se confabulaban para torturarlo de esa manera, por hacerle la vida miserable; ¿no había sufrido ya lo suficiente? Al parecer no había experimentado demasiado dolor y justo ahora tenía que padecer un dolor inexplicable en el pecho acompañado de una taquicardia, lo cual estaba seguro no era a causado por un infarto, además debía sumarle aquella sensación en su estómago que le hacía querer vomitar y dejarse arrastrar por una sensación de desmayo; acaso… ¿estaba enfermo?

Sacudió todos aquellos pensamientos negativos. Ya era suficiente saber que su vida se acortaba cada vez que hacía uso de su Alice, ya era suficiente saber que no envejecería como la mayoría de los ancianos; sabía que no llegaría a la vejez siquiera y que muerte sería extremadamente dolorosa. ¿Por qué no simplemente dejarlo en paz? Pronto sus pensamientos fueron hechos a un lado cuando alguien tocó la puerta de su habitación. Con pereza y maldiciendo se acercó para abrirla y evitar que alguna loca intentara algún truco en su santuario, sin embargo, la idea fue desechada cuando vio a Ruka allí parado con un gesto preocupado.

Arrugó el ceño y su mente trabajó rápidamente hasta que, sin palabras o letras, entendió que la razón por la que Ruka estaba allí era por su hermano menor; Youichi. ¿Cómo había adivinado? Quizá era por esa misma expresión que había estado mostrando desde que Youichi parecía desaparecer y luego era encontrado por ellos bajo la cama, sobre el escritorio o en la biblioteca, entre otros lugares en los últimos días. Sí, ahora Natsume estaba preocupado. Quizá necesitaba ser más cuidadoso, quizá él mismo no era lo suficientemente capaz de cuidar a su hermano menor.

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Su postura erguida lo hacía ver casi majestuoso, casi como un halcón en pleno vuelo a través de las montañas. Era indispensable no dejarse caer, no ser blanco de burlas, era mejor ser temido, era mejor ser el punto de crítica por el temor infundido que ser criticado por ser un débil cobarde. Caminó con gallardía hasta llegar a su objetivo. Esa chica de cabello castaño y ojos brillantes que lo mataba lentamente estaba allí con su radiante sonrisa, con esa sonrisa que le hacía querer ser feliz, que le hacía querer vivir muchos, muchos años más.

Llegó hasta ella y con facilidad logró rodearla por la cintura estrechando su menudo cuerpo contra el suyo. Aspiró hondo ese perfume en su cabello y sintió aquel temblor provocado por la sorpresa. La tenía en sus brazos y no la dejaría ir, no sin antes haber dado pelea. Sonrió gentilmente ante su pensamiento y ensanchó el gesto cuando por el rabillo del ojo vio a aquel chico de cabello negro y ojos tan vivos como fuego. En su mente gritó ¡victoria! ante el primer enfrentamiento del día y era normal cuando vio que Hyuuga tensó su figura, frunció aún más el ceño y realizó una mueca de desagrado. Finalmente casi soltó una carcajada en contento cuando lo vio desviar la mirada hacia otro lado, imposibilitado por ver la escena.

─ ¿Qué pasa, Kai? ─ preguntó la chica mientras correspondía al abrazo repentino.

─ Nada, ─ respondió ─ sólo quédate aquí, conmigo… ─

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Eso había sido un golpe muy bajo, tan bajo que había hecho que su pecho volviera a doler, que su estómago volviera a dar un vuelco y que sus pensamientos erráticos ganaran espacio en su mente una vez más. Y Ruka lo sabía. Sabía que Natsume estaba comenzando aquel padecer que mortifica a los humanos, ese sentimiento que es fácil de sentir, pero difícil de comprender y sobrellevar. Hyuuga Natsume estaba perdidamente enamorado. Tan perdidamente que ni siquiera era capaz de darse cuenta que aquellas sensaciones repentinas eran a causa de los celos que lo manipulaban con facilidad.

Una vez más sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando se dio cuenta de que ya estaban en la oficina a la cual se dirigían. Era momento de ordenar sus ideas, al menos por un instante. Sin más giró el picaporte y abrió sin llamar previamente. La expresión de Narumi le hizo fruncir el ceño aún más (si era posible). Aquel profesor pervertido tenía escrito en el rostro preocupación, fatiga, cansancio y un tinte más de miedo, temor. Y sin pensar un poco más comenzó una letanía que hacía tiempo tenía atravesada en la garganta, expresó sin calma ese sentimiento de preocupación hacia lo que había estado pasando en repetidas ocasiones con Youichi.

Por primera vez en años, Narumi no sabía cómo interpretar las palabras de Hyuuga. Era un atisbo de irritabilidad, ansiedad, enojo, furia, tristeza y decepción. Y aunque era difícil verlo así, comprendió al instante que Natsume se encontraba en una crisis debido a la desaparición de Youichi. Hacía unas horas que lo habían estado buscando y no lograban ubicarlo. De igual forma Narumi sintió un vuelco en el pecho, sus pensamientos caóticos se estaban volviendo realidad.

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El día había transcurrido de una manera extraña. Natsume, Ruka y Youichi no se habían presentado a sus respectivas clases, Hotaru había estado pegada a un ordenador portátil buscando algo desconocido para ella, y finalmente Narumi no se había presentado a dar las indicaciones sobre el campamento como había dicho que haría. Suspiró cansada y miró de soslayo a Kay. El chico parecía ajeno e indiferente a la situación, quizá eso era lo único que podía ver de defecto en él. Kay era una persona que prefería no prestar demasiada atención a los demás y lo hacía porque llegado el momento no iba a tener que desprenderse y despedirse de demasiadas personas.

Las clases estaban por terminar cuando finalmente el estrafalario profesor llegó. Se veía un poco tenso y cansado, pero todo eso importaba poco al ver su animada sonrisa plasmada en su rostro, casi como todos los días que podía recordar. Tras él venía ese trío de jovencitos que difícilmente se separaban, esos tres que habían estado ausentes durante el día. Sonrió sincera y sus ojos se iluminaron, aunque quisiera negarlo, había algo en ellos que la atraían demasiado, quizá… Y era precisamente eso lo que más detestaba, el que Mikan sonriera al verlos, el que sintiera su corazón acelerarse por solo saber que existían. Maldijo por lo bajo y suspiró; iba a ser más difícil desaparecer a ese trío de mocosos, difícil pero no imposible.

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Las instrucciones estaban siendo seguidas al pie de la letra. La salida había sido todo un éxito y el transporte iba a una velocidad segura para todos. Sonrió con autosuficiencia, quizá después de todo el campamento sería una victoria para la Academia. El paisaje verde que se podía apreciar a través de la ventana era increíble y hermoso. El prado silvestre y esas flores que decoraban las orillas del camino eran simplemente antojables. Miró a los estudiantes sentados en el autobús y sonrió. Todo iba a salir bien, sólo tenía que confiar en ellos, sus habilidades y en que él mismo era capaz de protegerlos.

Y mientras leía algún libro inútil sobre la vida el viaje terminó. Arribaron a un bosque de hojas anchas, típico de las zonas templadas. De a poco y en orden, según las instrucciones, descendieron del transporte aspirando de inmediato el fresco aroma de los árboles, de la naturaleza, sintieron la humedad de la vida y la dulzura del sol. Todos allí estaban contentos. Al fin el campamento de Gakuen Alice comenzaría.

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¡Gracias de antemano por sus lecturas!

Agradecimientos a:Maaiiiraa, HiKari YuE, BeBu, Kasumi-Keiko11, hitsyackie, Dayis, niky torres serrano, Hocioncan y NigksTsuDeva por obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado.

Espero no quieran ahorcarme por la demora, enorme demora… En fin, sólo recuerden tener misericordia de su servidora, no les había dicho XD pero tengo un gran problema con el número ocho, esperemos que no nos vuelva a pasar. Cuídense mucho y espero que les haya gustado. Nos leemos, golpes favor de enviar por Review xD

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