Gakuen Alice no me pertenece…


"Siento que hay dos formas de eliminar este dolor en el pecho; una es amándote con vehemencia y la otra es dejándome arrastrar hacia la infinita oscuridad…"


-oO08( Recuperando el Tiempo )80Oo-

por Kiray Himawari

Capítulo IX Desaparición

Tenía que ser honesto y aceptar que estar en ese bosque hacía que se sintiera bien, tranquilo, relajado. El viento húmedo golpeando su rostro y jugando con su cabello le hacía sentirse más vivo que nunca, por lo que se permitió cerrar los ojos, concentrarse en su entorno y olvidarse de todo aquello que siempre le atormentaba; el dolor, la incertidumbre, la angustia, la desesperación, el miedo, la muerte… Aspiró hondo y dejó que el oxígeno embriagara sus pulmones, luego poco a poco exhaló. Su cuerpo se sentía bien, no sentía esas molestias que hacía tiempo habían comenzado a mortificarle; dolor de huesos, hemorragias nasales, fiebres altas, afectaciones en su corazón, náuseas… Frunció el ceño, tenía que comenzar a dejar todas esas cosas atrás, necesitaba sentirse bien, aunque fuera sólo mentalmente.

Abrió los ojos y la luz brillante lo cegó al instante, los cerró una vez más y luego se aventuró a abrirlos nuevamente con lentitud. Ese maravilloso paisaje verde iba a ayudarle a sentirse mejor, no a sentirse como rata de laboratorio en cautiverio, al menos podía pretender que era libre de ese Alice que lo había condenado hacía tiempo. En su campo de visión el verde del follaje podía albergar un montón de tonalidades que de vez en cuando le hacían desear pintar, sólo para recordar que había tantas cosas que ni él mismo comprendería jamás, tantos colores, como tantas salidas, aunque no siempre era así, tan poca vida y ninguna salida… Volvió de sus pensamientos cuando Youichi tiró de su manga como cuando solía hacerlo de pequeño.

Natsume parecía haberse relajado en el instante que sintió el viento contra su rostro. Si era honesto, pude haber jurado que lucía tranquilo y en paz, aunque en ese momento no entendí muy bien puesto que me sentía muy cansado y débil. Aquellos sueños extraños absorbían gran parte de mi energía, era como recorrer una distancia enorme en medio del desierto. Mis ojos ardían, a pesar del descanso que había tenido la noche anterior y el trayecto para llegar al campamento. Lo único que quería en ese momento era dormir y no despertar hasta que mi mente y cuerpo estuvieran recuperados, así que Ruka decidió apresurar todo y dejarme en manos de Natsume quien fraternalmente me llevó en brazos hasta una de las tiendas que Ruka había bajado e instalado ya.

Para el joven rubio era difícil tener que ser el eje de equilibrio de sus amigos. Era una tarea complicada, aunque realmente satisfactoria, si lo pensaba detenidamente jamás cambiaría ese factor, sin embargo, cargar con todo no era precisamente algo que podría llamar como amistoso, mas sus quejas se quedaron en sus pensamientos cuando Natsume se acercó con el pequeño Youichi en brazos. El pequeño Hijiri ya se encontraba perdidamente dormido en brazos del poseedor del Alice de Fuego. Era una escena tierna, según muchas chicas en la Academia, y era probable que fuera cierto y lo hubiese reconocido de no haber sido porque las circunstancias eran bastante complicadas como para únicamente ceder.

-o-

No sabía qué había de especial en un campamento. En su concepción, Kay creía que los campamentos eran para mocosos que necesitaban ser controlados, que necesitaban ser amaestrados como un par de animales de zoológico. Quizá era cruel, pero hasta ese momento no había habido nadie que cambiara su parecer con los niños y tan tediosas actividades. Miró a su alrededor y de inmediato su cuerpo comenzó a tensarse, estar a campo abierto con tanto material disponible para explotar su Alice le hacía querer gritar de la exasperación. El sudor frío comenzó a emanar por sus poros; no, no podía descontrolarse...

─ ¿Kay? ─ escuchó que alguien lo llamaba al tiempo que posaban una mano en su hombro.

─ Mikan… ─ sintió un gran alivio.

Esos temblores que experimentaba por la ansiedad de contener su poder lo desgastaban enormemente, necesitaba a Mikan cerca, su mejor remedio para no perder el control, para poder vivir y amar. Era probable que lo consideraran un romántico empedernido, pero lo cierto era que nada de eso había importado ni había significado nada hasta que conoció a Mikan; la joven que salvó y salvaría su vida.

─ ¿Te sientes bien? Te ves un poco pálido ─ inquirió con preocupación.

─ Estoy bien ahora ─ suspiró mientras la estrechaba en sus brazos.

Mikan devolvió el abrazo, aunque incómoda. Ciertamente en su interior había un sentimiento especial hacia ese joven que en ese instante la envolvía. ¿Y cómo no hacerlo? Kay era el típico chico que había sufrido de violencia en su pasado, el tipo que había padecido la soledad y el control sobre sus acciones. Con tristeza admitía que sentía lástima por el chico, aunque no le gustaba nada esa sensación…

─ Idiota, ayúdame a levantar la tienda ─ Hotaru interrumpió el efímero momento.

Mikan se alejó de inmediato del cuerpo de Kay quien intentó protestar, mas lo hizo demasiado tarde pues las chicas ya iban unos metros adelante. Bufó molesto, apretó los puños y suspiró cansado; todo eso tenía que cambiar.

-o-

─ Natsume ─ escuchó la voz de Ruka llamándolo.

Giró sobre sus talones para poder encarar a su amigo rubio luego de haber dejado a Youichi dentro de la tienda. Por unos instantes se miraron, casi como teniendo una discusión silenciosa, pronto la mirada de uno de los dos flaqueó, uno de ellos tenía razón…

─ No me digas nada, Ruka. ─

─ Sabes que es cierto, Natsume ─ replicó.

Exasperado, Natsume llevó sus manos hacia su rostro y deslizó sus palmas desde las mejillas hasta peinar su negro cabello.

─ Es sólo… ─ dudó por unos segundos si continuar.

Ruka miró hacia todos lados y observó a los demás trabajando en sus tiendas de campaña, en acomodar sus pocas pertenencias y en pelear por ver qué debían hacer primero; ciertamente debían buscar un mejor lugar para llevar a cabo su conversación.

─ Ven, hablemos en otra parte. ─

Natsume lo miró irritado, no había manera alguna de escaparse de esa charla, sólo esperaba que esa conversación no tuviera que desembocar en lo que más temía.

-o-

Aquello verdes árboles no eran el mejor escondite si querían no ser vistos, sin embargo, en esta ocasión el que los vieran no era el problema, únicamente querían hablar sin ser escuchados y ese verde lugar era perfecto; lo suficiente para no ser oídos, pero lo necesario para poder vigilar la casa de campaña donde dormía el pequeño Youichi.

No puede ser, Ruka ─ habló de la nada Natsume, interrumpiendo los pensamientos del rubio.

─ Puede ser, Natsume, ya no podemos seguir negándonos ─ su voz era de total convencimiento.

─ Es muy pequeño aún ─ replicó.

─ La misma edad en la que tú comenzaste a padecer los síntomas. ─

Hubo un silencio incómodo. Sí, Ruka tenía razón. Si Natsume viajaba entre sus recuerdos, podía encontrar la imagen de un niño atormentado por el dolor, por sombras, por temor y una oscuridad que parecía devorarlo a pasos agigantados. Sin querer se giró hacia otro lado, observando la casa de campaña, evadiendo de esta manera la mirada de Ruka.

─ No debería estarle pasando esto… ─ murmuró con enojo.

─ Eso es lo que desearíamos, Natsume, pero sabes bien que no es algo que podamos controlar, lo sabes mejor que nadie ─ enfatizó.

─ Lo sé, ─ cerró los ojos y tomó aire ─ pero no significa que no desee otra cosa para él, precisamente porque lo sé ─ otro silencio incómodo surgió.

─ Podemos ayudarlo a controlar sus poderes, pero no podemos evitar el fin que tendrá… ─ la voz parecía entrecortarse.

─ Lo sé y eso es lo que más me asusta… ─

Natsume respiró hondo y exhaló; Youichi no merecía lo mismo que él sufría. Su rubio amigo colocó una mano sobre su hombro. A veces, por más que deseara, no podía hacer nada que pudiera hacer para salvar la situación.

-o-

Faltaba poco tiempo para que el sol se escondiera para dar espacio a las estrellas y los jóvenes asistentes al campamento estaban a punto de terminar sus tareas, sólo quedaban unas cuantas actividades pendientes, tales como la colecta de leña para la tradicional fogata, la asignación de las guardias nocturnas y los últimos en llegar de las colectas de agua del río. El tiempo pasaba y las tareas estaban siendo por fin terminadas, nada como una buena organización, pensaba Narumi cuando su atención fue captada por un joven que miraba rencorosamente hacia Natsume.

─ ¿Algún problema, Kay? ─ se acercó amistosamente, aunque con intenciones bien fundamentadas.

─ ¿Por qué habría de haber problemas? ─ cuestionó adoptando una actitud confiada.

─ Bueno, he notado que no te llevas bien con algunos de los estudiantes ─ respondió manteniendo su semblante neutro.

─ No puedo evitar el que no todos me caigan bien ─ cruzó los brazos mientras buscaba recargar su peso en el tronco del árbol junto al que estaba parado.

─ ¿Sabes? He trabajado en la Academia Alice desde hace bastante tiempo y estoy seguro que no eres el primer estudiante con una actitud tan distante hacia sus compañeros, es por ello que debo decirte, Kay, que debes comenzar a relacionarte mejor con ellos, Mikan no podrá estar siempre allí; te sugiero busques otra alternativa… ─ y diciendo aquello dio media vuelta y se retiró para continuar con la supervisión.

Mientras tanto Kay afiló su mirada hacia Narumi. Sus ojos reflejaron por unos instantes el odio que sentía por el mundo, en su mente pensaba en las miles de posibilidades que existían para terminar con los sueños de alguien, para terminar con ese dolor que sentía ante las palabras que herían su corazón. Luego de lo que parecía un huracán de odio que lo llevó a elevar su presión sanguínea suspiró. No tenía caso desgastarse con un imbécil como Narumi, iba a ser mejor si se enfocaba en su problema principal; el dueño del Alice de Fuego.

-o-

Esos sueños siempre eran extraños. A veces en mis sueños aparecían sombras que me provocaban miedo, duda, curiosidad, anhelo, certeza y escalofríos. Ciertamente mis pensamientos se iban de un lado a otro como si un juego de pelota se tratase, realmente no quería ni podía concentrarme en una sola cosa, eran tan complejos como pretender que todo ello lo entendía. Durante mis sueños, si es que eran eso porque bien pudieron ser alucinaciones, me preguntaba si oniichan había pasado por lo mismo; si su mente era un completo caos como la mía.

Si tenía que ser franco, estaba seguro que tenía dos clases de sueños: unos consistían en mí corriendo y haciendo cosas inimaginables; y otros eran meras sombras y voces lejanas que me llamaban sin cesar. Mi corazón se aceleraba irremediablemente y mi flujo sanguíneo era como el de un mar atormentado. Mi cuerpo se sentía pesado, cansado y se sentía siendo trasladado a otro sitio, pero todo esto es un sueño; yo no puedo estar siendo secuestrado.

-o-

Parecía una tarde bohemia. Jóvenes disfrutando del atardecer mientras conversaban sobre cosas maravillosas, al tiempo que las estrellas se descubrían. El cielo en tonalidades naranjas, rojas, moradas y negras parecía intranquilo repentinamente. Las nubes se acordonaron tapando los últimos destellos del sol. Sus ojos se entrecerraron ante el caótico suceso. Un mal presentimiento creció en su pecho cuando las estrellas que se suponía iban a brillar fueron también opacadas por las nubes. Algo no andaba bien. Y estuvo a punto de levantarse cuando alguien llamó su atención…

─ Hyuuga, ─ la voz de Hotaru resonó en sus oídos ─ deja de estar pensando en idioteces y ayúdanos a encender la fogata. ─

Por unos instantes su mente había viajado al país de la intranquilidad, instantes que más bien habían sido horas enteras. Nunca se percató cuando Narumi llamó por él, ni cuando Mikan lo hizo con un gesto preocupado, únicamente atendió cuando Hotaru se acercó hasta a él para despabilarlo. Se sintió estúpido debido a la ensoñación de la que fue preso. Debía dejar de preocuparse, todo iba a estar bien mientras estuvieran juntos, mientras pudiera cuidar de Youichi, mientras su corazón se acelerara al verla.

Sin más se levantó de su asiento y caminó hasta donde ya todos esperaban para que encendiera la fogata. Frunció el ceño y pensó en lo inútiles que todos eran al depender tanto de él. ¿Qué iba a pasar cuando Natsume no estuviera para proteger a la Academia y a sus estudiantes? Un dolor repentino le llegó al corazón. El tiempo se terminaba y su vida también. Con furia una llama comenzó a salir de su mano para luego convertirse en una pequeña bola de fuego controlada que fue a estamparse contra una pila de leño seco. Al instante la iluminación y el calor del fuego revistieron los alrededores del campamento, pues aunque la fogata no era muy grande sí resultaba ser el centro de reunión de todos los asistentes.

Molesto, Natsume caminó con prisa hasta llegar a uno de los árboles que rodeaban el campamento. Desde allí podía ver el fuego arder, observar los alrededores y ver a todos, o casi a todos los integrantes del grupo.

─ ¿Siempre intentas hacerte el héroe? ─ escuchó una voz odiosa.

─ ¿Acaso sientes envidia? ─ cuestionó con un tono irónico.

─ Quisieras que todo mundo te admirara, chispitas ─ repuso con furia mal controlada.

─ Si buscara reconocimiento como tú, imbécil, estaría colgándome de las faldas de Mikan… ─ contrarrestó con dificultad.

Su furia iba en aumento; tenía dolor de cabeza, nauseas, dolor en las articulaciones, frío y una opresión extraña en el pecho. Kay, por su parte, sonrió con malicia, ahora sabía que Hyuuga Natsume tenía una gran debilidad.

─ Bueno, no es que quiera colgarme de Sakura, simplemente que ella me prefiere y yo le correspondo de la misma manera ─ canturreó.

Natsume sólo pudo gruñir por el pequeño ardor en las palmas de sus manos. Pequeños rastros de humo se desprendían de su cuerpo, estaba perdiendo el control por el enojo y por la debilidad del que era preso su organismo. Su mirada se afiló y su ceño se contorsionó en un gesto hostil. Sus manos se empuñaron y pequeñas pero feroces llamas salieron de inmediato.

─ Quién iba a pensar que eras tan fácil de provocar, chispitas… ─ tentó un poco más su suerte consiguiendo un gruñido mucho más fiero por parte de Natsume.

─ ¡Natsume! ¡Kay! ─ la voz preocupada de Mikan los alcanzó. ─ ¿Qué creen que están haciendo? ─ cuestionó alarmada.

A su alrededor podía sentir una ola de calor sofocante al tiempo que partículas de tierra y aire comenzaban rodear a ese par.

─ Sólo vine a saludar a chispitas ─ Kay sonrió con malicia.

Un gruñido más se escuchó y la temperatura se elevó otros grados más mientras las llamas en sus manos aumentaban su tamaño.

─ ¡Es suficiente! ─ vociferó asustada ─ Deténganse, van a destruir el campamento. Le harás daño a Kay ─ se dirigió por último sólo hacia Natsume.

Esta última advertencia lo sacó de quicio por completo y estuvo a punto de lanzar una bola de fuego de no haber sido por una mano que lo detuvo abruptamente.

─ Natsume, Youichi no está en la casa de campaña. ─

La voz de Ruka fue como una avalancha sobre su cuerpo. Todo el calor que lo sofocaba se fue lejos trayendo un frío inexplicable. Mikan parpadeó confundida mientras Kay bufaba en furia por aquella frase que lo dejaba como un muchachito débil y estúpido. Natsume sacudió todos esos pensamientos caóticos para emprender camino hacia la casa de campaña donde se suponía debía estar el pequeño Hijiri.

-o-

Lejos, lejos, lejos. Mi mente se sentía lejos, ajena al mundo. Mis párpados no podían abrirse y el pánico comenzaba a invadirme. Por favor, no permitas que me quede otra vez dormido…

-o-

Hurgó con prisa entre la bolsa para dormir; nada. No había nada y Youichi no estaba. Su corazón sintió un dolor agudo, casi pudo haberlo comparado con una aguja perforando sus ojos, su mente, su corazón; Youichi había desaparecido. Empuñó sus manos con furia. Eso no podía estar pasando, no debió haber pasado, se repitió una y otra vez en su mente.

─ Natsume ─ escuchó la voz de Narumi que lo llamaba.

Se giró hacia él y vio una nota en sus manos. Su corazón sintió otro vuelco.

─ Tienen a Youichi; y no piensan devolverlo… ─

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¡Gracias de antemano por sus lecturas!

Agradecimientos a:Maaiiiraa, tamara-saez, camilaflordeloto, Ivette-chan-n.n y Dapt por obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado y, por supuesto, a todas esas personas que han estado pasando a leer.

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