Notas de Autor: Esto es lo que pasa cuando son las 3:05AM y yo no me he ido a dormir. Pido disculpas desde ahora por cualquier incoherencia.


Imagen 22: Árbol que suelta hojas de papel. Propuesta por patriot117


—Me pregunto qué se sentirá —dijo de golpe, rompiendo el silencio entre ellos.

Takeru la miró de reojo, su pluma quieta entre sus dedos. Mimi estaba acostada en la verde grama, su bolso sirviendo de almohada. La luz que se filtraba a través de las hojas creaban sobre su cuerpo un patrón interesante de infinitas constelaciones y a él se le antojaba contarlas todas y cada una, o dibujarlas, si se lo permitiese.

—¿De qué hablas?—preguntó, siguiendo sus movimientos con la mirada para evitar que viera el rubor de sus mejillas. Mimi extendió un brazo, sus delicados dedos queriendo alcanzar algo en el aire que sólo ella podía ver. Sus labios estaban entreabiertos, pero le dio una sonrisa cuando lo volteó a ver, su mano descendiendo sin ceremonia.

—Ver lo que tienen ustedes en esa cabeza —Mimi le respondió. Takeru enarcó su ceja en un gesto que sabía que había imitado de Yamato. Mimi se lo había mencionado ya alguna vez.

—¿Qué?—repitió, igualmente confundido.

—Tú…y Yamato — mordió su labio—. Se la pasan escribiendo tantas cosas. Me encantaría entender cómo lo hacen, nunca se les acaban las historias —una hoja cayó lentamente, ondulando en el aire antes de que Mimi la cogiera en su mano—. Si fueras un árbol y cada hoja fuese una historia… ni en tres otoños se te acabarían, ¿no?—negó con su cabeza, su risa llenando el espacio entre ellos—. Claro que no. Simplemente te saldrían más.

El joven rubio rió, ladeando su cabeza para ver a la chica, quién le devolvía la mirada con curiosidad. Mimi tenía una manera de hacerlo reír sin siquiera tratar, que le encantaba. Jugó con su pluma, dibujando crudamente un pequeño árbol de abundante copa, con páginas por hojas.

—¿Un árbol, Mi-chan?

—Claro — ella contestó con naturalidad—, un pequeño arbolito de historias. Con paciencia, dedicación y mucho cuidado, podrías llegar a ser enorme. ¿Lo puedes imaginar?

—Tienes una manera divertida de explicarte, ¿lo sabías?—resopló, escribiendo un par de palabras en su cuaderno. No quería dejar que viera cómo le afectaban sus dulces palabras—. Pero, ¿Yamato?

—Es igual con él — ella le aseguró, moviendo su mano sin interés—. No sé de dónde saca tanta inspiración. Me da un poco de envidia, a veces — se ruborizó un poco, tapando sus ojos con su antebrazo y soltando una risilla—. No le digas que dije eso.

Takeru levantó su mirada, encontrándose con ojos que lo miraban con diversión y complicidad. No pudo evitar sonreírle, rodando los ojos como si lo que había dicho no era nada de importancia, como si sus ojos no eran los que estaba describiendo hace unos minutos.

—No sé cómo mi hermano logra alguna cosa contigo cerca — le dijo, resoplando con un patético intento de irritación—. Es imposible concentrarse contigo, Mi-chan.

—Él dice lo mismo. Son un par de pesados, los dos.

Mimi mordió su mejilla, dejando caer sus brazos y dándole la espalda mientras él suspiraba, volviendo su mirada a su cuaderno pero viendo sólo su sonrisa. Tal vez Mimi no tenía idea, pero Takeru sabía exactamente de dónde sacaba tanta inspiración Yamato.