Imagen 10: Cuadro de explosión y chica tullida. Propuesta de CieloCriss


Se conocieron en el Museo Hara de Arte Contemporáneo. Ella era una maestra de segundo grado que llevaba a su clase a la exposición de arte de una amiga suya, él iba porque Mimi le había ordenado hacerlo. Tachikawa Mimi brillaba esa noche, moviéndose de una manera que le hacía sospechar que la mujer en realidad había nacido para que la vieran. Podía ver a su novio, un joven rubio y alto de ojos azules como zafiros, viéndole con orgullo.

Para Koushiro, Mimi siempre había sido demasiado intensa. Hablaba demasiado, reía demasiado, lloraba demasiado – le amaba, más de lo que se sentía cómodo expresando, pero simplemente no podía lidiar con ella tan fácilmente como otros. Opacaba demasiado. A veces, el brillo de Mimi era tanto que podía cegarlo.

Pero ella – ella era perfecta. Sus cortos cabellos la hacían verse más joven, más dulce. Su risa era suave como toda ella, y a él se le había derretido el corazón al escucharla hablar tan apasionadamente de su trabajo en la escuela primaria, como se enfocaba en Educación Especial y en tratar de dar a sus niños la mejor experiencia posible. Le había tocado el alma ver a esos chicos, algunos en sillas de ruedas, otros con discapacidades más leves, pero todos adoraban a Yagami Hikari, y él no sería la excepción.

Pasaron meses y volvió a verla una y otra vez. Su amistad creció, y el cariño que se tenían también. Koushiro se involucró de completo con ella, amaba todo lo que Hikari hacía y le hacía hacer a él. Cuando después de dos años de salir le presentó su propuesta sobre la cena, Hikari se llevó una mano a la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Sí —susurró—, claro que sí, oh Kou…

Seis meses después, el joven Izumi Koushiro se encontraba muy nervioso frente a un enorme público, recibiendo un premio junto a su socio, el reconocido médico Kido Jyou, por servicios humanitarios y avances en las ciencias médicas. Volteó a ver al público, sus ojos llenos de ternura al ver a Hikari y a sus invitados de honor, su clase que aplaudía con gusto, sus coloridas manos prostéticas creando un vaivén de colores que la hacían ver más hermosa que nunca. La luz de Hikari era gentil, suave, el tipo de luz que hace que todo se vea más hermoso cuando brilla; el tipo de luz que te podía cambiar la vida. Y eso era lo que Koushiro más amaba de ella.