Notas de Autor: ¿Me creerán que originalmente era muy corta? Me he pasado de larga pero es que … no podía no agregar la segunda parte.

[1] El Yamazaki fue votado el mejor whiskey del año pasado. Sólo se hicieron 18.000 botellas y se vendío aproximadamente a £100. Curioso, porque ningún escocés llegó al top 5. Soy algo entusiasta del whiskey, lo admito (sufrí por no haberlo podido probar).

[2] El look fue inspirado por Miranda Kerr en un baby doll de VS.


Imagen 7: Chica en picardías sujetando botella. Propuesta de Genee


Llevaba semanas ignorándola.

Él insistía que estaba cansado, que iban retrasados con el nuevo álbum, que sus noches en el estudio se alargaban porque no lograban ponerse de acuerdo. Una excusa tras otra, hasta que fueron reemplazadas por silencios prolongados. Llegaba a casa tarde, se iba temprano. Algunas noches no llegaba.

Mimi se estaba volviendo loca.

Pensó en todo. En reclamarle infidelidades ficticias en el peor de los escenarios, acusarlo de negligencia en el mejor de ellos. Pero toda esa rabia se disolvía al considerar siquiera por un minuto que lo estaba perdiendo, reemplazada por una terrible ansiedad al saber que había muy poco que ella podía hacer para evitarlo.

Aunque bueno, no es que fuera tan poco, realmente. Después de todo, Tachikawa Mimi no era nada sino persistente y si iba a dejarla, no se lo iba a poner tan fácil.

No señor, a Mimi nadie la iba a dejar así como así.

Ni siquiera Ishida Yamato.

Aquella noche, usaba la ropa más atrevida que poseía – un pequeño picardías color malva y negro que le quedaba más que espectacular, arregló su cabello en perfectos rizos que guardó en un moño alto sobre su cabeza, y se maquilló como que fuese a fulminar. Habia comprado una botella de su lícor preferido, un exquisito whiskey de malta Yamazaki, (aunque para ser justos, la había comprado mucho antes y la tenía guardada para su cumpleaños). Pero bueno, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.

Tomó su celular y posó para una fotografía muy coqueta, donde podía verse su escaso atuendo y la botella que tenía en mano. Envió la fotografía, y esperó con una amplia sonrisa. Luego llegó la notificación de que su mensaje había sido no sólo recibido sino visto, y nada más.

Mimi pataleó, grito en un cojín y se levantó muy molesta. Se sirvió un trago sencillo, en las rocas como lo tomaba Yamato. Lo bebió de golpe y se sirvió otro, y luego uno más.

Yamato llegó al apartamento lo más pronto posible. Lastimosamente, eso fue unas buenas dos horas después de haber recibido el mensaje de Mimi. Estaba con Taichi, que había pasado a visitarlo al estudio justo en cuanto todos celebraban la culminación del álbum en el que llevaban tantos meses trabajando. Yamato, ocupado siendo atacado por sus compañeros de banda y productores, pidió al moreno que revisara su celular y le dijera si habían mensajes de Mimi.

No se había esperado el rostro ruborizado de Taichi, la boba sonrisa que pronto se había tornado en una fea mueca de infelicidad y luego el golpe que le había dado en el brazo (que aún dolía), ni que se fuera de ahí murmurando y mascullando entre dientes 'como algunos tipos tenían toda la suerte'. Luego vió el teléfono y entendió.

Escapó en la primera oportunidad que se le presentó y fue directo al apartamento, haciendo una nota mental de devolver el golpe a Taichi por haber tenido el descaro de ver a su novia de esa manera. Y diablos, que se miraba fantástica. No había podido concentrarse en nada de lo que le decían, aunque los demás lo habían atribuido a euforia post-producción.

Llegó al apartamento y lo encontró en penumbras, y no pudo ocultar su emoción al ver el rayo de luz que salía de la habitación. Se quitó su chaqueta, su camisa, iba a quitarse su pantalón cuando abrió la puerta y encontró a su novia – su hermosa, sensual y deliciosa novia, completa y profundamente dormida.

Quedó con la quijada en mano, su pantalón a medio desabrochar. Mimi se miraba perfecta con esos rizos, sus labios pintados color cereza, su piel suave y perfumada. Se quitó su pantalón y sus calcetines y apagó la luz, acomodándose en la cama que compartían desde hacía ya dos años. Mimi se dio la vuelta, acurrucándose en el espacio entre su brazo y su pecho, aquel que era para ella solamente, y Yamato acercó sus labios para darle un suave beso. Su sabor a cerezas y whiskey se le hacía irresistible, y la acercó más a él.

—Lamento haberte hecho esperar, Mi-rin —susurró.

—Te odio —le dijo, más dormida que despierta. Estiró una pierna para enredarle entre las suyas, suspirando y dándole un lento beso—. Te extrañé demasiado.