Summary: Sabía a fresas, a risas y besos robados.
Imagen 3: Daisuke pensativo. Propuesta de ChemicalFairy
No supo cuántas horas llevaba tirado en el piso, cual costal de papas. Su cabeza daba vueltas una y otra vez, un mareo insistente, violento – del tipo que da cuando has bebido demasiado, lo sabes, y sigues bebiendo. Daisuke parpadeo lentamente; la luz hacía cosas raras en sus ojos. Se quedó mirando al techo sin poder evitar pensar que el color de su cabello se vería espantoso contra el color del techo. Cerró los ojos, tratando de recordar desde cuándo pensaba en el color de su cabello contra distintas superficies.
Con su ceño fruncido, Daisuke se dio la vuelta, buscando el frío del piso para contrarestar el calor de la habitación. Su mejilla estaba contra la madera pulida y respiró muy suavemente. Pensó en todas las veces que le había regañado, o llamado un tonto. Pensó en todas las ocasiones donde había recibido un sermón (y más de algún golpe) por ser irresponsable, insensible, egoísta, infantil, egocéntrico – la lista de calificativos era tan extensa que no podía recordarlos todos. Y ella siempre decía más, más, más.
A veces él se burlaba de ella. Por tonta, por querer ser como Mimi, por ruidosa, por enamoradiza. Le tiraba de los cabellos o escondía sus pertenencias; a veces porque quería verla llorar, pero más que todo porque quería verla reír. Tenía una risa verdaderamente encantadora, aunque él no sabría decir a ciencia cierta cuándo se enteró de esto.
Pero aquella tarde, cuando ella le gritaba por haberle quitado sus lentes y golpeba su pecho sin cuidado, Daisuke no supo qué le poseyó para inclinarse hacia ella y besar sus labios. Claro, no era gran cosa. Él había robado un par de besos a sus amigas en alguna ocasión, nada serio y usualmente sólo para molestar a sus novios, pero este había sido distinto. Ella no le gritó, no lo golpeó (al menos no sino hasta después), simplemente cerró los ojos y le devolvió el beso.
Y Daisuke no podía sacarse de la cabeza el color violeta de su cabello o lo suaves que eran sus labios, o ese dulce sabor a fresa.
