Summary: Se miraba ridícula pero él no se saldría con la suya; si iba a caer, caerían juntos.


Imagen 13: Chica gafas rojas. Propuesta de Sopho


Nunca, jamás en sus veintidós años de vida pensó en encontrarse con aquella imagen. Ella estaba sentada en el piso de la sala, su cabello recogido en un moño desordenado con un espantoso sombrero (¿era acaso un sombrero?) en su cabeza. Su labial rojo estaba corrido, haciendo una mueca fea de su bonita boca. Sobre su rostro traía unas gafas rojas que él recordaba haber ganado en alguna feria, un regalo bobo que a Hikari le había fascinado pero que jamás esperó ver en la cara de su linda novia.

Su mano entró en su bolsillo y Mimi lo fulminó con la mirada.

Ni se te ocurra, Yagami.

—Muy tarde—el chico replicó, haciendo clic en su teléfono.

La pequeña de siete años que apareció con muchas cosas más en sus brazos, le sonrió ampliamente a su hermano mayor, soltando la boa de plumas verdes y el estuche de maquillaje con escarcha cerca de Mimi.

— ¿Verdad que Mimi se ve linda? —le preguntó, enrollando la boa alrededor del cuello de la chica mayor. Mimi hizo una mueca que pudo haber pasado por una sonrisa, y Taichi soltó una carcajada.

—Se ve preciosa, Hikari—le dijo a la pequeña.

Hikari la miró con sus brazos cruzados, ladeando su cabeza cual experta en arte viendo una escultura.

—Creo que te falta más rosa.

Se levantó y huyó de nuevo a su habitación, donde podían escucharla dar vueltas buscando más cosas que apilar sobre Mimi.

Taichi se acercó a la chica, plantando un beso un su mejilla y riendo de nuevo ante la expresión de mortificación que ésta traía. Tomó una fotografía más, alejando el celular de Mimi. Él sonreía, mientras ella miraba la cámara con horror.

—Taichi, no—rogó, tirando de sus mejillas en desesperación—. Nadie puede verme así, no, no, no.

El moreno rió, sacudiendo su cabeza.

—Ya la he enviado, Mi.

Soltó un pequeño grito ahogado.

¿Oh?—enarcó una ceja y luego gritó hacia la habitación—, ¡Hikari! Taichi también necesita un cambio, ¿no crees?

La niña gritó, repitiendo sí, sí, sí y Mimi lo haló del cuello de su camiseta.

—No te atreverías—Taichi dijo, parpadeando rápidamente y dejando caer su mandíbula.

—Trae todo lo que tengas ahí —Mimi insistió, aprisionándolo en el piso y sentándose en su estómago. Su sonrisa era malévola, y Taichi tragó con dificultad—. Yo te ayudo.