Nota de Autor: No sé qué pasó aquí, de verdad que no. Pero si alguien puede mencionar al menos tres detalles que se entiendan acerca del trasfondo (backstory), le puedo dar un pequeño obsequio en mi siguiente drabble. El título es italiano para 'el vuelo'.

En mi país hay un dicho: 'ave que no es de su nido, déjala volar'. Filosofía de vida.


Imagen 4: Chica y pájaros negros. Propuesta de Genee


El dibujo era bastante bueno. Había trazado las líneas en carboncillo, y el color dominaba gran parte de la hoja blanca. La chica tenía rasgos indefinidos, neutrales – podría haber sido cualquier otra si no fuera por esos cabellos cortos y lisos. Los imaginó un color castaño suave, su complexión pálida y delicada.

Trató de no tocar nada. Sabía que si lo hacía sus dedos dañarían el dibujo, y lo que menos quería hacer era dañar el trabajo de alguien más. Yamato mordió su pulgar, absorto en pensamiento mientras admiraba la hoja, apenas dándose cuenta cuando la puerta se abrió.

Ella estaba parada ahí, casi horrorizada de verlo con su dibujo en sus manos. Traía una caja de carboncillos nuevos, y otra con pasteles suaves. Yamato dejó el dibujo en su lugar, ofrenciendole una sonrisa.

—Lo lamento —se disculpó—, tu mamá me dejó entrar antes de salir. Taichi me dijo que lo esperara aquí.

Hikari sacudió la cabeza, ruborizándose.

—No, disculpa —le dijo—, es que me sorprendiste. Mi hermano vuelve enseguida, creo que sólo fue a dejar algo a casa de Mimi. — Se mordió la lengua, pero Yamato no parecía haberla escuchado y si lo hizo, lo sabía disimular muy bien.

Él tocó la hoja de nuevo y subió su mirada.

—Es muy bueno. No sabía que dibujaras.

—Eres muy amable.

La chica sonrió, acercándose con cuidado. Lo arrastró hacia ella, abriendo la caja de pasteles y dudando en cuál utilizar. Estaba consciente de su mirada azulada sobre ella, pero hizo su mejor esfuerzo por ignorarlo. Yamato se sentó en el sofá y la observó por un momento, sus manos juntas sosteniendo su barbilla.

—Me ha recordado algo, pero no sé exactamente qué.

— ¿Sí? —soltó una pequeña risa—, lo he hecho escuchando una de tus canciones, ¿sabes?

—Ah, eso lo explica—la vio por un momento y aunque sonrió, su sonrisa no llegaba a sus ojos—. Jamás creí que fuese a ser interpretada de esta manera —suspiró—, ¿qué se supone que significa para ti?

Seleccionó un rojo carmesí. Sus dedos lo tomaron, frotándolo suavemente contra la página, coloreando un libro que la chica cargaba. Era lo único que tendría color. Lo miró de reojo, expectante de una respuesta.

—Creo que es esperanzadora —Hikari le sonrió—, tantas canciones que se llevó. No puedes pretender retener un ave con música, sabes, tiene la suya propia. Y pues … aman volar más que nada en el mundo, ¿no? Es lo más natural.

Yamato no sonrió.

—Piensas que fue mi culpa.

Ella pausó, difuminando el color con las yemas de sus dedos.

—Creo que está en su naturaleza volar —le dijo—, eso es todo.

—Ya veo —se paró, metiendo sus manos en sus bolsillos—. Dile a Taichi que lo veré más tarde, ¿sí? Recordé que hay algo que debo hacer.

—Yamato —le llamó cuando su mano estaba en la puerta—, no preguntaste por qué creo que es esperanzadora.

El rubio se detuvo, suspirando como si el mundo estuviera comprimido en su pecho.

— ¿Por qué, Hikari?

—El cuaderno está en blanco —le dijo, viéndole sobre el hombro—. Eres libre de escribirle a alguien más.

—Hikari…

—Ya, ya —le dijo—, se vale soñar, ¿no?