Nota de Autor: Los eventos de esta viñeta pueden o no pueden ser reales; pero si lo fueran, sería al pie de la letra.
Summary: Yamato necesita aprender ciertas cosas aún, y Mimi no está dispuesta a que olvide su lección.
Imagen: Pareja de las manos. Takari95
—Yama —llamó, frunciendo el ceño al caminar.
—Uh-huh.
—Toma mi mano.
Él casi se detuvo, haciendo un paso doble y corrigiéndolo en el último instante. Caminaba con sus manos en los bolsillos, viéndola sobre su hombro.
—No soy mucho de tomar manos, ¿sabes? —contestó, enrollando su lengua ligeramente hacia su mejilla. Dirigió su mirada al cielo.
—No recuerdo haberte preguntado si lo eras —la chica le dijo secamente—, sólo hazlo, ¿sí?
— ¿Por qué es tan importante para ti? Sabes que – es decir, todos ya lo saben, no creo que sea … necesario.
Mimi paró de caminar y cuando él se dio vuelta para ver qué había pasado, dio un paso hacia atrás. El rostro de Mimi estaba pálido, pero sus mejillas brillaban un furioso carmesí. Sus cejas estaban apretadas y hacía una mueca peligrosa con su mejilla. Conociéndola, estaba como a dos segundos de explotar.
—Mimi…
Ella tomó un enorme respiro y soltó el aire lentamente. Cuando se acercó, su expresión era impasiva, más fría. Posó una mano en su cadera, la otra sosteniendo la correa larga de su cartera.
—Vas a tomar mi mano, porque soy tu novia —lo paró con la mano al ver sus intenciones de hablar, cerrando los ojos y abriéndolos con furia renovada—. Ni se te ocurra decir que no lo soy, a mí no me importa si no me lo preguntas nunca. Lo soy. Tú lo sabes, yo lo sé, todo el mundo lo sabe.
Yamato la miró con sorpresa en sus ojos azules, su boca entreabierta. Mimi tomó su mano derecha sin ninguna delicadeza, arrebatándola de su bolsillo.
—Y lo vas a hacer porque soy la persona más importante en tu vida y merezco que me des mi lugar —levantó su mentón y tiró su larga cabellera castaña hacia atrás, alta y orgullosa —. Tachikawa Mimi no camina atrás de nadie. ¿Quedó claro?
Sin esperar su respuesta, comenzó a caminar a paso furioso, obligándolo a alcanzarla para marcar su paso.
Cuando Sora abrió la puerta, se encontró con el sonriente rostro de Mimi y la cara ligeramente rosada de Yamato, quién se encontraba un poco más atrás de ella, su semblante serio y su mirada enfocada en todo menos en sus manos entrelazadas.
