Capitulo 2: Libro
Diario Día - : ¿Por qué el joven amo hace latir mi corazón de forma acelerada? Soy un chico, no puedo sentir estos sentimientos por alguien como él… no se me puede permitir nunca.
Escribía con un poco de tristeza en su diario, la terminar de redactar su dia como era costumbre en él, se dispuso a ir a limpiar la habitación de su joven amo con la compostura en alto. Vio pasar la criada que paso la noche con su joven amo, noto que le miraba de muy mala manera, esta pasando por su lado le tiro la jarra de agua caliente que cargaba para su señora.
-¡Ah! Quema –en queja el joven Tachimukai cayo al suelo casi llorando del dolor que le provocaba las quemaduras del agua.
-¡Ups! –dijo con su mano en la boca –No te vi, pequeña basura –dijo con hipocresía, el joven con rabia solo pudo llorar, su código moral le impedía pegar a mujeres, aunque se haga pasar por una.
Por los pasillos sin que se den cuenta ambas sirvientas, paseaba el joven primogénito, quien vio como la criada, con la que mantuvo relaciones sexuales, reírse del "polluelo" sin ayudarle, el verlo llorar por sus ojos mar, algo en su corazón le hizo reaccionar.
-¡Déjale en paz ahora mismo! –con voz que imponía orden, no era de esperar siendo el dueño de todo -¿Cómo se te ocurre hacerle eso? –muy molesto, con la mirada llena de odio.
-M-mi señor… n-no es lo que parece –intentado excusarse ante la joven, Tachimukai se intentaba levantar pero su espalda le dolía mucho, el agua estaba en un punto muy caliente, aun con lagrimas en ojos.
-¡Cállate! –le grito de mala manera, con rapidez se agacho a coger al joven que fue cruelmente quemado con agua –Ven vamos, no puedes estar así, las quemaduras afectaran a tu cuerpo –cambiando de parecer, su voz era ahora dulce pero a su vez de lastima, con delicadeza lo cogio entre sus brazos, el chico esta vez no se negó el dolor que sentía podía con él, se aferro a la camiseta del mayor cerrando sus ojos.
-Yo…yo… -hablo tartamudeando la criada intentado agarrar la camisa de su señor.
-No me toques –con voz grave en bajo, como si la odiara, se volteo a mirarla, y rápidamente se despejo de él –Espérame en la entrada principal con tus cosas, hoy mismo dejaras de servir a la familia Tsunami –dijo duras palabras a la mujer que mucho daño causo, marcho con el joven en brazos sollozando, mientras se iba por el pasillo largo, la criada lloraba derrumbándose en el suelo.
Tras pasar varios pasillos cortos llegaron a la recamara del joven amo, que con mucho cuidado deposito al joven en su gran cama de sabanas de seda, lo coloco boca-abajo. El sirviente tímido y con miedo hacer descubierto dijo con voz casi en susurró:
-¿Qué...que vais hacer mi amo? –dijo en susurro sin poder moverse, solo temblaba,
-No te muevas de ahí –entrando al baño –Cúrame tus heridas con una crema –dijo desde el baño, se podía oír muy bien como sacaba unas cosas, salió en seguida del baño con un botecito verde, lo abrió y metió su mano, en ese botecito, ahora dio pasos hacia el joven de la cama, con su otra mano cogió unas tijeras de su escritorio, el otro temeroso se abrazó fuertemente a la almohada con sus ojos cerrados, con temor.
-Ahora cortare tus prendas, así que no tengas miedo de lo que vaya a pasar –dijo sonando muy seguro, esas palabras llenaron con confianza el corazón del chico.
Con las tijeras corto parte del vestido del chico, dejando ver el su liso y suave espalda, era tan blanco, bueno ahora no tanto, su piel esta roja, se sentó en el borde de la cama acariciando los cabellos castaños del chico, dispuesto a poner la crema lo hizo lo cariño y temblor.
-Es-esta muy frio –se quejo el joven sintiendo un escalofrió al sentir la mano de su joven amo.
Sonriendo –Polluelo, confía mas en tu noble amo, nunca te haría daño –dijo palabras que sonaban de verdad de corazón.
-Tsunami-sama no soy un polluelo –con un leve sonrojo en sus mejillas, desvió un poco la mirada no quería ser pillado.
-Además de sincera, tierna –terminando de curarle la espalda, vio como el chico se intentaba levantar –Un momento Polluelo, voy a por vendajes para tu espalda, no puedes estar asi –sacando vendas de su cajón –Con esto puesto el dolor se reducirá un poco, te recomiendo que te mantengas así un día entero –dijo el joven vendando su cuerpo, sintió un cosquilleo en su interior al tocar su pequeño cuerpo.
-Perdone las molestias que tanto le causo mi señor –cerrando sus ojos del sueño, tanto llorar le causaba un pesado sueño –Lo siento mucho… -dijo hasta quedarse dormido.
Jousuke, se quedo por unos minutos mirando aquel rostro angelical, rozando sus mejillas rosadas, si por él fuera, se adueñaría del cuerpo de "aquella" sirvienta, a quien le pertenecía, y podía hacer con "ella" lo que le diera la gana, pero se retuvo de hacerlo, se levanto de la cama, dirigiéndose a la salida, donde en la puerta miro al joven una ultima vez hasta salir.
El joven amo, caminaba por los pasillos, con la mirada muy frívola, muy raro de ver en alguien tan energético como él, una cosa tenia pendiente: Echar a su sirvienta por su detestable comportamiento.
Ya en la entrada vio a su criada llorando con falsas lagrimas de cocodrilo con sus cosas empacadas.
-Me alegra saber que tus cosas están guardadas –dijo con desprecio. Tras él les espiaba la doncella Rika-san.
-¡Amo perdonadme! –dijo en suplica –¡Es injusto! Sea razonable –llorando, el otro se la quiso quitar de encima
-Vete, tu comportamiento no fue agradable para mis ojos –con ojos propios de un demonio –Se agradecida, si fueras un hombre, esto lo resolveríamos con los puños.
-¡Tsunami-sama! –gritaba siendo arrastrada hasta la salida de la puerta -¡No me aga esto! En mi vientre tengo un hijo suyo –estas palabras dejaron un mal sabor de boca en el moreno.
Ahora la doncella salía de su lugar muy desesperada, conocí muy bien a su joven amo.
-¡Jousuke-san! –le llamó la atención para que le mirara –Estúpida chica, debiste cuidarte, si eso llega a los oídos de la señora no será benevolente contigo –regañando a la muchacha, el otro estaba estático.
-¿Qué harán conmigo y mi bebe? –preguntó tocando su vientre, por dentro se reia quería atar al joven amo.
-Muy fácil joven tonta, desaparecerás de este lugar –dijo amenazante Rika -¿Te crees que soy tonta? Se que ese "hijo" –en énfasis –No puede ser del joven amo, le conozco bien, y tu vida esta salvado, el joven Tsunami-san no te dejaría sin vida de este lugar –dijo tan tranquila.
-¡Es tu hijo! Estoy segura algo me dice que eres tu –cogiendo de la pierna a Tsunami, el otro lo miraba sin emoción o expresión alguna en su rostro, en su cabeza solo rondaba su joven "polluelo".
-Vete de aquí –dijo sin mas bajando la mirada desasiéndose de su agarre con facilidad, entro a la mansión diciendo esto ultimo: Seré el padre de un niño, cuando la mujer que ame, me lo diga de sus labios sin vacilar, sonriéndome con amor, y me pueda entrármelo en mis manos.
A ambas chicas les sorprendió tales palabras.
Rika acompaño a la chica hasta la salida de las extensiones de la mansión Tsunami.
-Te diría: suerte, pero no puedo. –dijo con un tono desalentador.
-Da igual –dijo sin importarle mucho –Conseguiré otro –con orgullo
-Un día de esto tus artimañas saldrán a la luz –como maldición a la otra, digo, odiaba que alguien intentara "usar" a su deshonesto amo.
La noche cayó sin que el sol tuviera oportunidad de ver sonrientes a todos quien da luz y energía a la vegetación del lugar.
Tranquilo, y descansado estaba el joven Tsunami estudiando unos libros de su estantería con una lámpara en su escritorio, el silencio se apropiaba del lugar, de vez en cuando veía el rostro somnoliento de su polluelo, como lo llamaba él cariñosamente, siempre sacaba una sonrisa, esa sensación de calidez pero sin llegar a ser tocado, era muy embriagadora, que llenaba su egocéntrico y egoísta corazón, antes de irse a dormir se saco las lentes, arropo bien a su huésped, retirándose del lugar, era de muy mala educación dormir en la misma cama de una dama, se decía en su cabeza, rio por el echo de pensarlo siquiera.
-Tsunami-sama… -susurro en sueños el chico sirviente cuando el joven amo salió del lugar dejando sus lentes en su mesita de noche.
Capitulo 3; Salvado por un ángel.
Nota; la criada mintió sobre el embarazo.
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