Imagen: Parque violeta. Midnighttreasure


Sus ojos son dos soles que le iluminan el rostro. La observa detenidamente, como se van agrandando al quitarle la venda; se abren lentamente, su sonrisa se congela en sus finos labios. Todo su rostro se suaviza y sus pasos son tan ligeros como el de petalos cayendo sobre el agua. Cuando lo voltea a ver, no puede evitar sentir que se ha comido una nube; piensa que verla así, es como ver el amanecer.

—Feliz cumpleaños, Mi-rin —murmura en su oído, un secreto sólo para ella.

Los campos de shibazakura se extienden más allá de su vista – rosado, violeta, fucsia. Es como si el mundo se hubiese vestido para ella. Las flores forman patrones hermosos, intrínsecos, complejos. A él le duele la vista, pero es un exceso que le parece sumamente hermoso.

Suspira, dando una vuelta y para frente a él. Toma su mano, y él la besa.

—Es el mejor obsequio, Yama.

Su voz le acaricia el alma y cuando sonríe, es genuino y sin pesadez. Saca un par de lentes muy oscuros de su bolsillo y cuando voltea a verla, sus ojos están ocultos. Los campos de flores se tornan un suave y blando púrpura que él puede tolerar, pero le parece que ella aún brilla.

—Me alegro —le dice—, pero si sigo viendo rosa, creo que vomitaré.

Mimi rie, y su risa es música para él.