Imagen 81: Chico besando a chica en la frente. Nats28


El viento soplaba con fuerza, helándolo de la punta del dedo hasta la punta de las orejas. No se movía y, a simple vista, el frío parecía no molestarle. Con los audífonos en sus oídos y sus ojos entrecerrados, hacía una imagen inmutable, pacífica y estoica en aquella tarde de invierno. La escuchó venir mucho antes de verla, su risa anunciando su llegada como campanillas de viento. Yamato alzó la mirada, encontrándose con su sonriente rostro y las miradas indiscretas de sus dos acompañantes.

—¡Las veo mañana!—ella dijo, despidiéndose apenas con la mano y apresurando su paso al verlo. Yamato apenas sonrió para sí mismo, poniendo en pausa su música y sacando las pastillas de sus oídos y alejándose de la pared en la que se recostaba. Ella estaba envuelta en un abrigo rosa, su largo cabello castaño suelto y despeinado por el viento. Se detuvo frente a él, sonriente.

—Ni siquiera haces un esfuerzo por mantenerte saludable por mí —la chica reprochó, posando sus manos tibias sobre sus frías orejas, soltando una descarga de electricidad que pareció tocar a los dos. Se acercó, levantando el cuello de su abrigo y quitándose su bufanda para enrollarla alrededor de Yamato. Mimi estaba de puntillas, acomodando el accesorio, una prenda cálida de fina lana que venía impregnada de su perfume, y sonrió, admirando el cambio.

—Yamato-kun, te ves bien de azul. ¿Me esperaste mucho?

—No —él mintió, intoxicado por su aroma—, apenas llegaba.

Mentiroso.

Se pasó una mano por el cabello, tratando de desenredarlo y Yamato rió de repente, sacudiendo suavemente su cabeza mientras metía una mano dentro del bolsillo de su chaqueta para sacar un gorrito de lana. Lo estiró y, en un movimiento fluido pero gentil, lo colocó en la cabeza de Mimi, estirándolo hacia atrás para estilizarlo.

—No sabía que era una persona tan importante en tu vida —murmuró suavemente, a lo que Mimi, sus mejillas rosas y candentes por la proximidad, rodó sus ojos.

—Completamente precioso.

Sus manos bajaron a sus orejas, enmarcando su pequeño y delicado rostro. Estaba tan blanca, tan rosa, tan suave y fría y tan cerca ... Yamato le dio un suave beso en la frente, rápido, como una estrella fugaz. La sonrisa de Mimi desapareció y la suya también, y ambos miraban al piso con las mejillas ardiendo.

—Taichi espera—dijo, pero no la dejó responder, girándose sobre el talón y apresurando su paso para poner distancia entre ellos. Mimi se quedó mirándolo unos segundos y luego, cuando sintió que el corazón le volvió al pecho, rompió en una sonrisa y se apresuró en alcanzarlo. A su lado, pasó su barazo alrededor del de Yamato y presionó con fuerza.

—Vamos por el parque, quiero ver las luces.

—¿Y Taichi?—Yamato preguntó, su ceño fruncido en sorpresa y confusión ante la actitud y proximidad de Mimi, sin saber como reaccionar ante lo que ella decía eran sus encantos.

Mimi se encogió de hombros, mirándolo hacia arriba desde el rabillo de sus dulces ojos color miel.

—Taichi ... puede esperar.