[05/23/17]


Imagen 249: Lámpara de genio. Sthefynice


—Si encontraras una lámpara mágica, ¿qué harías?

Se lo piensa un momento más de lo debido, considerando lo absurda que era la pregunta. Pero Miyako era de sus idiosincrasias y a Ken le hace gracia seguirle la corriente de vez en cuando, especialmente cuando se siente muy soñadora. En eso se parece un poco a Hikari.

—Quizás ... la devolvería.

—¿Qué, sin deseos, ni nada?

Ken se encogió de hombros.

—Es que no me pertenece.

—Pero es un genio, Ken. ¡Todo lo que puedas desear!

—Hay restricciones...

—¡Una tontería! —mueve su mano sin cuidado, gesticulando con exageración—. Al final, siempre hay manera de esquivarlas. ¿No has leído los cuentos?

En los cuentos siempre hay una princesa, un príncipe y un villano con un plan casi infalible. Ken sabe que no es el príncipe y cree que no merece a la princesa; a veces se pregunta si él es el villano, la gran criatura mítica que debe ser derrotada. Cierra los ojos un momento y respira; hoy no es el día que caerá en esto. Cuando abre los ojos, Miyako lo está viendo muy de cerca, así que sonríe y se acomoda en el sofá; eso parece tranquilizarla.

—Piensalo. Podrías tener riquezas más allá de tus sueños, el mundo entero a tus pies —hace un gesto con la mano, simulando un horizonte que no está seguro quiere presenciar. A veces Miyako puede ser algo aterrorizante.

—No necesito riquezas —Ken dice con una sonrisa ladina, la que siempre le dicen es muy bonita—, ni quiero tener el mundo. Quizás deberías preguntarle a Daisuke.

—Saldrá con alguna tontería. Dotación ilimitada de comida, o el autógrafo de Taichi. Los desperdiciará, lo sé.

Al otro lado de la sala, Hikari ríe y Daisuke discute con Takeru; Ken no necesita contexto para saber que su enojo es tan falso como la cuerina que usa Miyako. Daisuke se queja mucho, pero nada lo hace más feliz que ver a Hikari reír.

—Debe haber algo que quieras —Miyako interrumpe, pensativa. Se recuesta en su hombro, muy cerca. Ken mantiene su mirada fija en el horizonte—. ¿Nada?

Piensa en cálidas tardes de verano, la brisa del océano, sus dedos pegajosos y paletas derretidas en sus manos. Piensa en música, sal, risas, Hikari...

—Nada.