Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama.
Capítulo 2.
Mikasa devolvió su mirada al techo con melancolía en sus ojos.
Siempre trataba de no recordar esa parte de su pasado porque era demasiado dolorosa como para memorizarlo, demasiado cruel y real para soportarlo. Cada vez que intentaba echarle un vistazo a su "yo verdadera" sentía el miedo recorrer cada parte de su cuerpo y le ponía la carne de gallina, a pesar de que el miedo a la muerte o a cualquier otra cosa había desaparecido de su sistema hace mucho tiempo. Aún recordaba aquel sonido retumbando en sus oídos. Ese disparo que acabó con todo lo que alguna vez amó.
Con el paso de los años, Mikasa aprendió a vivir en mitad de baños de sangre, gritos de dolor y súplicas por piedad, pero también aprendió a vivir sin sentir absolutamente nada. En parte era una roca o un trozo de hielo, duro, frío y sin corazón.
¿Cuánta gente había matado ya? Era una mujer joven, pero también era una potente y peligrosa arma humana, una que si no se controlaba era capaz de hacer cosas sin iguales. Siempre teniendo las alas de la muerte en su espalda, cargando el arma mortal que terminaría con la existencia de una vida mas, y sinceramente poco le importó. Siempre tuvo una excusa y el mismo pensamiento la motivó a continuar con lo que hacía. "Ellos no sintieron piedad por mis padre, ¿Por qué yo tengo que tenerles piedad?". Era simple, en esa vida, todo se paga con la misma moneda, sea cual sea el caso.
El carraspeo de Hanji la devolvió a la realidad, esa que la clamaba a gritos y la hacía volver al presente, quitándole su repentino ataque de tristeza. Se volvió a acomodar en la silla y sonrió débilmente.
-Lo siento -se disculpó con voz baja-. Creo que me he puesto sentimental.
-No te preocupes, no pasa nada -contestó ignorando de forma muy amable sus ojos melancólicos y de cierta forma, sin vida-.
Mikasa dejó el diminuto tubito en el cenicero y tomó otro de la caja, lo encendió y se lo llevó a la boca.
-¿Sabe? Nosotros solemos fumar un cigarro por cada muerto de nuestra familia -le contó distraídamente-. Es una especie de tradición, un funeral íntimo con nosotros mismos, es un tipo de recordatorio de lo que debemos hacer y que no podemos dejarnos vencer hasta conseguir nuestros propósitos, nuestros objetivos. Kenny y El Enano fumaron dos en honor a mis padres cuando murieron. Yo nunca pude hacerlo porque a Kenny no le gustaba la idea de que yo fumara, por eso les pedí los cigarrillos. Tenía que cumplir con mi asistencia a su funeral.
Ambas guardaron silencio hasta que Mikasa acabó con el cigarro. Hanji sabía que ese era un momento que únicamente le concernía a Mikasa, y puede que ella sea una loca con demasiado entusiasmo, pero sabía comportarse en un momento delicado. Extrañamente esa muchacha le agradaba, no podía odiarla por lo que hizo, no podía juzgar las razones que la motivaron a escoger ese camino, porque para ser sinceros, si fuera ella la que había pasado por todo aquello, no se hubiera reconocido a si misma.
Mikasa estrujó su segundo cigarro en el cenicero y así dio por finalizado el ritual a sus padres. Se quedó un momento mas en respetuoso silencio y luego continuó narrando su historia.
-Luego de que me mostrara ante Kenny y El Enano, decidieron hacerse cargo de mi. Quizás fuera por piedad, o tal vez porque no podían permitirse perder a otro Ackerman, quién sabe.
Sus memorias trabajaron a toda marcha, tratando de no pasar por alto ningún detalle, ni siquiera el mas mínimo.
Flashback:
-El viejo Kenny tenía un cuartel del que nadie conocía su existencia. Estaba ubicado estratégicamente en medio de la nada, por supuesto, bajo tierra, en el país de origen de los Ackerman, Alemania. Kenny tenía muchos contactos alrededor del mundo, demasiados, y eran de una importancia inimaginable. Gracias a esos contactos, él contaba con todo tipo de armas: pistolas, revólveres, metralletas, granadas, fusiles; absolutamente todo lo que un mafioso desearía tener.
Y por supuesto, conseguir un helicóptero no le era difícil.
-Espera aquí, mocosa -le ordenó Kenny mientras llevaba su celular a la oreja e iniciaba una conversación en alemán con alguien-.
Mikasa llegó a escuchar la palabra helicóptero y Shingashina, así que dedujo que irían a buscarlos hasta allí en una de esas "aves de metal," como le gustaba llamarle. Pasaron alrededor de cuarenta minutos de pie en medio del campo hasta que apareció un helicóptero negro surcando el cielo obscuro. Los alrededores estaban cubiertos de monte crecido hasta ocultar perfectamente el cuerpo de un hombre de estatura mediana, y el movimiento de las hélices del helicóptero hacía que se movieran vertiginosamente creando sonidos de choques minúsculos y relajantes. El viento golpeaba a Mikasa con tanta fuerza que creyó que la derribaría, pero Levi la sostuvo firmemente de la muñeca. Cuando el vehículo aéreo hubo aterrizado a algunos metros de distancia de ellos, los tres corrieron con la cabeza agachada hacia él.
Kenny fue el primero en entrar, se hizo a un lado y Levi cargó a Mikasa y se la pasó para él también subir en el helicóptero, cerró la puerta detrás de él y le ordenó a Mikasa que se colocara el cinturón de seguridad con voz potente y mandona. Mikasa obedeció en silencio y de pronto sintió un frío increíble llegarle hasta los huesos. Miró sus manos y notó sus dedos temblorosos, luego llevó sus ojos hacia una ventanita que había en una de las puertas del helicóptero y observó su reflejo. Se veía mas pálida de lo normal y sus ojos estaban opacos, no había ningún signo de vida en ellos, ese esplendoroso brillo que antes surcaba en sus irises se había evaporado como el humo. Ya no había nada allí. La niña que una vez fue se había ido con sus padres.
-¿Qué pasó con Eric y Mei? -preguntó el piloto del helicóptero-.
Mikasa se sorprendió al descubrirse una especie de cascos sobre sus orejas y un saco en sus hombros ¿Cuándo había llegado eso hasta allí?. Tan metida estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Giró el rostro a su derecha y miró a Kenny sin su sombrero ni el saco de su traje. Había sido él. Le agradeció en su mente y miró a sus pies.
-Llegamos tarde, ambos murieron. Solo encontramos a la niña en medio de un campo de cultivo metida en un tronco hueco -dijo con pesadez en su voz-.
El semblante de Kenny se había oscurecido. Masajeó su rostro con sus manos y dejó sus dedos apretando su entrecejo. ¿A cuántos Ackerman ya había visto morir? ¿Cuántas veces fueron las que se habían tardado y habían llegado cuando todo había acabado? ¿Cuántas veces había fallado con su cometido de proteger a su familia? Era increíble pensar que de todos los Ackerman que una vez existieron, solo quedaran ellos tres.
Cuando vio a la niña salir del tronco, no sabía si reír o llorar. Había encontrado al enano cuando fue a ver el cadáver de su hermana y él estaba con ella, sabía que el niño no tenía a nadie mas, así que no le quedó otro remedio mas que llevárselo y hacerse cargo de él, porque si no lo hacía sería aniquilado en manos de los matones de los Reiss. Lo había educado y lo preparó para que se convirtiera en la mejor máquina de matar que existía sobre ese mundo, y lo logró. Ahora tenía que hacer lo mismo con la mocosa.
-Lo siento Kenny. Se que apreciabas mucho a Eric y a su mujer -dijo con tristeza el piloto-.
-Ya no importa. No se puede llorar sobre a leche derramada, solo nos queda seguir adelante y no morir en el camino -contestó Kenny con firmeza-.
Mikasa lo miró de reojo y estudió su rostro cubierto de arrugas. Su cabello oscuro estaba opaco y unas marcas negras cubrían sus ojos por la falta de descanso. Se sorprendió al escuchar que él apreciaba a su padre, aunque nunca le hablaron de aquel hombre, pero decidió no darle importancia. Ya nada podía exigirle a Eric.
El piloto miró por el rabillo del ojo a Mikasa y la observó con fijeza. Esa niña debía ser la sobrina de Kenny e increíblemente había logrado escapar de cuatro matones entrenados. Desgraciadamente su aspecto ya no era el de una niña de nueve años, era algo mas parecido a un ánima, un cuerpo viviente sin ningún tipo de expresión en el rostro, que estaba allí únicamente por azares del destino y jugarretas de la vida. Sabía del destino que le deparaba, sabía que tenía que ser como el joven Levi, que tenía que aprender a hacer cosas que por nada del mundo un niño debe ver siquiera. Ella debía ser fuerte entre los fuertes si quería sobrevivir en aquel mundo. Sintió pena por ella. Ninguna criatura merece sufrir así. Buscó en el bolsillo de su chaqueta un chocolate de gran tamaño y se lo pasó a Mikasa sin despegar la mirada del frente.
-Ten, seguro que te cae bien con este frío que está haciendo -le aseguró con voz dulce-.
Mikasa lo miró y luego al dulce en su mano, volvió a mirar el rostro del hombre y notó una pequeña sonrisa en sus labios. Extendió sus manos algo indecisa y tomó el chocolate, quitó su envoltura y le dio un pequeño mordisco. Cerró los ojos y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, se las secó rápidamente y siguió comiéndolo con sus ojos cristalinos.
-Gracias -le dijo entre sollozos-.
El le dio una sonrisa forzada y sintió un nudo en la garganta. No le gustaba ver a las mujeres llorar.
-No es nada -le dijo con tranquilidad-. Mi nombre es Ethan, ¿y el tuyo? -preguntó, a pesar de saber ya la respuesta-.
-Mi-Mikasa -contestó secando lágrimas nuevas-.
-Es un placer, Mikasa.
Ethan me agradó desde el mismo día que lo conocí. Era un hombre de cuarenta años de edad y era totalmente lo opuesto a las marionetas que solían trabajar para Kenny. Siempre fue amable, dulce y cariñoso conmigo, así que mirarlo como un segundo padre no fue de mucho esfuerzo.
Ethan tenía dos hijos, Erika y James, ambos fueron asesinados por los hombres que los Reiss solían contratar para exterminara a los Ackerman. A pesar de no ser parte de mi familia, mataron a sus hijos por el simple hecho de tener contacto con Kenny, así que desde ese día se alió a nosotros para buscar venganza por su pérdida.
Aún puedo recordar sus increíbles ojos azules mirándome con cariño.
Ethan aterrizó en campo abierto. No había nada allí, solo tierra y algunas plantas muertas. Bajaron del helicóptero y Ethan se fue a resguardar el vehículo en un lugar seguro. Comenzaron a caminar y Mikasa miró a todos lados, tratando de localizar algo que pudiera reconocer como una casa o algo parecido, pero solo vio la nada. Llegaron al centro del campo, donde habían algunos árboles marchitos y Kenny extendió su palma y tocó el tercer árbol. Era alto y de tronco delgado, sus hojas estaban secas y tenía una singular forma en el centro. Mikasa dudaba que pudiera albergar algún tipo de vida en él. Kenny deslizó sus dedos, como tratando de escribir algún código sobre el tronco y luego se separó.
Increíblemente se abrió una compuerta desde el tronco y una luz la dejó ciega momentáneamente. Parpadeó un par de veces y volvió a mirar hacia el árbol. Se sorprendió al ver frente a ella una puerta blanca y delgada, justo del tamaño del tronco. Kenny y Levi caminaron hasta ella con rapidez y Mikasa los siguió dudosa. Mikasa miró como Levi entraba en el hoyo y desaparecía de su vista. Kenny la miró y le ordenó:
-Déjate caer, allí abajo te estará esperando el enano. No te va a pasar nada.
Mikasa asintió y se acercó a la puerta, respiró hondo y se lanzó al vacío. Tenía ganas de gritar, pero ningún sonido salió de su boca. En realidad, lo que había debajo de ella y la conducía hacia muy abajo de la superficie, era un enorme tobogán que tomaba caminos ovalados. Mikasa parpadeó un par de veces con los ojos llorosos debido al fuerte viento que golpeaba su rostro por la velocidad a la que bajaba, y justo a mitad de camino, comenzó a iluminarse el lugar, dejando ver paredes blancas y enormes cubículos fuertemente iluminados (como el resto del lugar) ubicados uno al lado del otro. Habían varios hombres y mujeres armados de pie en los caminos que estaban frente a los cubículos que la miraban con curiosidad. Mikasa se atrevió a subir la cabeza y vio un gran puente que conectaba con los distintos caminos que habían en el cuartel y varios soldados caminaban sobre él con cierta prisa.
De pronto el movimiento cesó y estuvo sentada en el tobogán frente a Levi por unos momentos. Él le hizo señas para que se pusiera de pie y obedeció, y justo segundos después apareció Kenny. Él también se levantó del tobogán y se sacudió los pantalones y la camisa blanca de mangas largas.
-No había nadie por los alrededores -miró a Mikasa y le dijo seriamente-. Será mejor que recuerdes lo que hice allá arriba porque si te pierdes en la superficie y no sabes donde está el cuartel, te matarán con demasiada facilidad.
Mikasa no dijo nada y Kenny alejó sus ojos de ella. Miró a todos lados y dio un grito fuerte y potente.
-¡Luci! ¡Ven aquí!.
Una chica hizo aparición dos minutos después. Ella era distinta a las mujeres que Mikasa había visto custodiando los cubículos a muchos metros sobre ellos. Luci estaba vestida con una falda hasta los tobillos de color azul, unas zapatillas negras en sus pies y una camisa blanca de botones en su torso. Mikasa se sorprendió al ver su cabello rubio como el sol y tan lacio como el suyo, danzaba con alegría, libre de ataduras. Le recordó al viento y a su libertad ininterrumpible. Luci llevó una mano a su pecho y dejó escapar unos cuantos jadeos, Mikasa le lanzó una mirada y ella le regaló una sonrisa amable, llevó sus lindos ojos verdes hacia Kenny y lo miró con vergüenza.
-Siento la demora señor Ackerman -su voz era de campanillas, dulce y melodiosa, delicada como ninguna-.
Kenny hizo un gesto de disgusto y señaló a Mikasa.
-Llévala a una de las habitaciones, preferentemente la que está cerca de la del enano, no quiero mocosas lloronas cerca de mi vista -Mikasa y Levi le dieron una mirada helada y él prosiguió sin hacerles el mas mínimo caso-. También báñala y dale ropa limpia. Puedo verle el mugre a kilómetros. Cuando termines con su aseo, asegúrate de que coma. No puedo permitir que ningún Ackerman muera de hambre, y mucho menos en frente de mis narices.
Ella se irguió con respeto y lo miró atentamente. Cuando hubo terminado de recibir las órdenes de Kenny, llevó una mano a su pecho con decisión y asintió con una alegre sonrisa, extendió su mano hacia Mikasa y ella la miró con inexpresividad, Luci parpadeó un par de veces y no insistió con ella. En casos delicados, cuando se trata de niños, no se les puede presionar ni exigir demasiado, así que le sonrió y comenzó a caminar seguida de la pelinegra.
-Una cosa mas -dijo Kenny y Luci se giró para mirarlo, Mikasa se detuvo pero permaneció dándole la espalda-. A partir de mañana comenzarás con tu entrenamiento, mocosa, así que prepárate.
Mikasa ladeó su rostro y los miró a ambos con frialdad, y sin articular palabra alguna, siguió caminando. Luci corrió hasta ella para alcanzarla y comenzó a parlotear de cosas que a Mikasa no le daba importancia. Kenny llevó una mano a su frente y con la otra se quitó el sombrero.
-No sé por qué, pero presiento que esa mocosa va a darme dolores de cabeza.
Levi sonrió amargamente y encendió un cigarrillo para luego llevarlo a su boca, dio una profunda calada y luego soltó el humo de sus labios y miró desaparecer aquel fantasma blancuzco frente a él.
-Es eso, o es que ya no tienes edad para preparar a alguien para que se una a tu escuadrón suicida -comentó vagamente-.
-Eres un enano realmente molesto. No se porque no te dejé tirado ese día -dijo Kenny aceptando el cigarro que le pasaba su sobrino-.
-Porque si me dejabas, no podrías contar con el atractivo del dúo -contestó con falso humor-.
Kenny le lanzó un puñetazo y él lo esquivó con rapidez, luego, ambos se miraron y sentaron en el frío suelo, siendo rodeados por un súbito silencio. Eso era siempre lo que dejaba la muerte, silencio. La amargura y la impotencia comenzaba a escalar y recorrer rápidamente sus cuerpos, mientras el dolor se hacía presente en sus corazones. La ira y el odio comenzaban a aliarse y a tejer pequeñas pero irrompibles redes en sus pieles, como si se trataran de arañas, arañas que los llenaban de las fuerzas suficientes para seguir sobreviviendo.
En sus mentes divagó esa pregunta que era imposible no formularse: ¿Cuál de los dos moriría primero?. A los ojos de Kenny era mas que obvio que la exterminación de los Ackerman estaba cerca. Podía sentirlo en cada bello erizado de su piel, podía oler el aroma del ángel de la muerte, al que ya estaba acostumbrado, acercándose, acechándolos, midiendo sus pasos meticulosamente para luego, en un momento de descuido, acabar con su existencia. Morirían, si, lo harían, pero sería de una manera honorable, de una forma del que nadie pudiera olvidarse, pasarían a la historia, no, marcarían la historia y les enseñarían al mundo lo que una vez fue el poder de los Ackerman. Por supuesto que lo harían, ese era su principal propósito; que sus muertes no fueran tan patéticas ni menos impresionantes, como la de un simple asesino, que sus continuas luchas para defenderse no fueran en vano y pudieran tener una muerte digna de lo que ellos eran.
Levi, por su parte, nunca, en todos los años que vivió con el viejo bastardo, se había entregado a la posibilidad de vivir como si nada, de poder cumplir con sus promesas y juramentos, de poder limpiar y limpiar en un apartamento en Shingashina y convertirse en un soldado o en un policía, de poder tirarse en el campo y mirar el cielo azul, las aves cantando y el viento frío golpeando su rostro con libertad. Sus días estaban contados, ambos lo sabían, y el destino de aquella mocosa ahora estaba en sus manos. Una carga mas, un peso mas que les mostraría lo patética y efímera que era la vida. Esa niña ya estaba destinada al sufrimiento, lo estuvo desde el mismo día que llegó a este mundo, como él mismo, como Kenny, como Eric, como todos los Ackerman antes de ella. Tendría que vivir en carne propia lo que era mancharse las manos de sangre, lo que era robarle el puesto a la muerte y sacrificar personas sin una gota de compasión ni duda en su sistema. Debía aprender a no sentir... debía aprender a convertirse en él mismo.
Los Ackerman, su clan, su poder, su fuerza, las personas que conformaban ese apellido, todo, absolutamente todo se había ido. Todo se hallaba vagando en el firmamento, se hallaba infiltrado en las memorias de quiénes no tardarían en reunirse con ellos mismos, se hallaba en sus recuerdos, sus vivencias, los momentos malos y buenos, los llantos, el sufrimiento. Se hallaba en el primer día que decidieron portar un arma, en la primera víctima que habían decidido reclamar como venganza. Se hallaba en su sangre, en sus ojos, en su corazón y en su cuerpo entero. Recordando. Siempre recordando lo que una vez fue.
N/A:
Lista la segunda entrega, espero que les guste. Siento con toda mi alma no poder actualizar antes, lo que sucede es que el internet no está muy bueno que digamos y no sé que le pasa a la página que no termina de subir el puto capítulo. Uff demasiada intensidad al final, ni siquiera yo sabía que podía escribir algo como eso (aplausos, aplausos) . En fin, no tengo mucho mas que decir, aparte de agradecer por sus buenos comentarios.
¡Ah, casi se me olvida! En esta historia, Shiganshina, Trost, Sina y Rose, estarán ubicadas en Japón. Quise hacerlo así para darle un toque fantasioso y colocar al menos los nombres originales del anime. Y contestando al comentario de , si, habrán parejas, pero como lo informé en mi historia pasada, Guerra de Sangre será Eremika (I'm Sorry). Me gusta mucho el Rivamika, lo encuentro entretenido e interesante, pero no me atrevo a liarme con Levi, porque como sabrás, tiene una personalidad difícil de emplear y manejar en un fanfic (¡Pero no te desanime! Probablemente haga una historia de ellos dos en el futuro).
Ahora si los dejo bellezas y bellezos (?) XD. Tengo que dormir, ya estoy parando en loca. Se les quiere, aquí un besote :*
Katy0225.
