Nada, nada, nadita de aquí es mío, es del señor Hajime Isayama... ¡Solo la historia es de mi propiedad! XD.

Capítulo 3.

Luci terminó de arreglar a Mikasa y le dio de comer, justo como Kenny le ordenó. Se había dado cuenta que el hombre había llegado con un humor de perros y el joven Rivaille tampoco tenía muy buena expresión en la cara. Al parecer el plan que habían ideado para rescatar al señor Eric había fracasado, además, Mikasa no parecía una niña, ya estaba sin vida y en su cara no había expresión alguna. Cualquiera que la viera pensaría lo mismo de ella, un ánima viviente, una cáscara vacía suelta por el mundo con el propósito de asesinar sin dudar, sin piedad. Ese era el precio que dejaba la crueldad de los seres humanos.

Por un momento sintió pena por esa familia casi extinta. Tanta sangre derramada, tanta desesperanza, vivir con el miedo a la muerte, sentir que esa sería tu última respiración, viajar por todo el mundo en busca de un lugar al que no te encuentren para matarte. Subsistir con identidades falsas, ver morir a tus hijos y luego reunirte con ellos en el mas allá. Maldijo a los Reiss y a su crueldad. ¿Hasta cuando seguirían adelante con esos pensamientos inhumanos? Los Ackerman también eran personas, eran seres vivos que merecían vivir con normalidad, ver crecer a sus hijos y morir en una cama por muerte natural. ¿Quiénes eran ellos para decidir si matarlos o no? Kenny y el joven Rivaille no mataban gente porque querían, lo hacían por defensa personal, por la carga de sus antepasados sobre sus hombros.

Los admiró en silencio a ambos. ¿Cómo era que seguían en pie después de tanta desgracia? ¿Cómo hacían para albergar tanto odio en sus cuerpos? ¿Cuáles serían sus sueños si tuvieran la oportunidad de vivirlos?. Mikasa era solo una víctima en toda aquella guerra, una hija mas sin padres para sumar a la lista. Esa niña tuvo que aprender por las malas lo que era la maldad de la gente, la crueldad y el sufrimiento a una edad demasiado prematura. Su inocencia se había evaporado en el cielo, el brillo en sus ojos era ahora inexistente, posiblemente ya en su mente no albergaba ningún tipo de sueño o esperanza. Ya no había nada en ella que valiera la pena rescatar. De nuevo, ya era tarde.

Al día siguiente Mikasa se sintió cansada, sus párpados pesaban y no tenía ganas de levantarse de esa cómoda cama, dio un giro y se cubrió el rostro con la sábana. En cualquier momento su madre subiría a su habitación, la llamaría con su voz dulce y ella tendría que levantarse, ducharse e ir a desayunar para iniciar con sus labores en el campo. Saludaría a su padre con un abrazo y un beso, le pasaría una mano por esa barba de pocos días que llevaba en su mandíbula y correría a recolectar cebollas y maíz, saludaría a Lee y lo regañaría por llegar tarde de nuevo. Volvería a casa antes del mediodía y aprendería nuevas posiciones de pelea, volvería a practicar con su bordado a medio camino para terminar y luego almorzaría, volvería al campo y trabajaría hasta que cayera el atardecer, iría de nuevo a su casa y cenaría para finalmente dejarse caer sobre el suelo de madera y comenzar a admirar el espectáculo que representaba el atardecer. Ese era su día a día en su hogar.

Abrió perezosamente los ojos y miró una habitación que no le pertenecía, una cama que no era suya y una sábana que nunca había visto. Nada de lo que había ocurrido había sido un sueño y la fuerza y crueldad de la realidad la golpeó sin piedad. Su madre no volvería a despertarla con suaves caricias, su padre no la abrazaría jamás, y definitivamente, nunca volvería a ver el atardecer en la que una vez fue su hogar. Quiso llorar, quiso gritar... quiso dejarse caer en manos de la muerte y un leve "por qué" cruzó su mente, pero no hizo nada. De nuevo, no pudo hacer nada. Todo lo que había vivido, todas las sonrisas hermosas que alguna vez le regaló a alguien, los sonrojos al sentirse avergonzada, todas aquellas sensaciones desaparecieron en solo una noche. Ya no quedaba nada de ella, no había nada de lo que su madre se sintió orgullosa una vez. Solo estaba un robot con el nombre Mikasa. Se sentía intrusa en su propio cuerpo, pero ya nada podía hacer mas que seguir en ese cruel mundo tratando de sobrevivir.

La puerta de su cuarto se abrió y dejó ver a una Luci sonriente, con su flamante cabello brillando con intensidad. Se acercó a ella con pasos lentos y le dejó el desayuno en su cama. Mikasa la miró sin expresión alguna y luego dirigió sus ojos a los huevos revueltos y al pan tostado que había en su plato. Luci se sentó a su lado y le confesó muy bajito:

-Lo hice yo misma, espero que te guste.

Mikasa puso atención en sus ojos verdes, tan sinceros como un niño en sus primeros años de vida. Luci era preciosa, de verdad lo era, también era muy amable, tanto como una vez lo fue su padre, y se preocupaba por ella a pesar de no conocerla de nada. Normalmente las personas como ella eran las que mas habían sufrido en el pasado, las que aprenden a sonreír en momentos duros y a levantarse con alegría, las que piensan que solo respirar ya es una bendición, un milagro. Ella sabía que nunca llegaría a ser como Luci, estuvo consciente que siempre mantendría esa inexpresividad que se había instalado e su rostro de forma permanente, que ya no sería capaz de volver a sonreír ni de mirar el lado bueno de las cosas. Agradeció la amabilidad y la persistencia de Luci, pero también le pedía que no siguiera intentando ganársela con sonrisas y palabras bonitas. Ya Mikasa tenía muy claro que iba a hacer con su vida, que haría para solucionar toda aquella situación: matar a cada Reiss, a cada asesino como si fueran los que acabaron con la vida de sus padres, limpiaría al mundo de esa escoria que no podía ser llamada humana.

Desayunó en silencio y bajo la atenta mirada de Luci. La mujer trató de entretenerla hablando de anécdotas de cuando era niña y de experiencias vividas hace años, pero Mikasa no le hizo ningún tipo de caso, tenía cosas mas importantes en las que pensar que estar atenta al parloteo de una "urraca". Cuando terminó, Luci le pidió que se duchara, ya que Kenny la esperaba para comenzar con su entrenamiento y lo mejor era no hacerlo enojar. Se bajó de la cama y caminó hasta el cuarto de baño, se despojó de la ropa que Luci le había dado la noche anterior y se metió debajo de la regadera. El agua estaba fría y la baja temperatura la hizo temblar con fuerza. Sus dientes castañearon y sus dedos se pusieron azules con una rapidez asombrosa. Se enjabonó y lavó su cabello con minuciosidad, no quería que el "viejo arrugado" le dijera que estaba sucia. Salió del baño veinte minutos después y se colocó la ropa que estaba tendida en su cama, que consistía en una malla negra, zapatillas bajas y una camisa blanca de tirantes. Sujetó su largo cabello en una coleta alta para que no le molestara y se lavó los dientes antes de reunirse con Luci fuera de la habitación.

Caminaron en silencio por el pasillo que había a mano izquierda de su habitación, escuchando solo sus pasos chocando contra el suelo de cerámica blanca. A Mikasa le pareció extremadamente largo y aún no podía ver nada que pudiera considerar como un "campo de entrenamiento". Luci giró hacia la izquierda y cuando estuvo frente a un ascensor pulsó un botón en la pared y las puertas se abrieron. Mikasa quedó impresionada, el ascensor tenía las puertas de cristal y el interior era igual de blanco y limpio que el resto del cuartel. Se preguntó vagamente si es que alguien allí era amante de la limpieza y lo reluciente, pero pasó de todo pensamiento al entrar en el ascensor. Un olor a cloro la invadió e hizo un gesto con la nariz. Nunca le había gustado ese olor en particular, le parecía hasta cierto punto, tóxico. Luci pulsó el botón con el número cinco y las puertas se cerraron suavemente.

El ascensor comenzó a subir y Mikasa sintió que su estómago quedaba bajo sus pies, ese día había descubierto que no le gustaban los elevadores. Luego de unos cuantos segundos, las puertas se abrieron con un bip y las dos salieron del ascensor. Luci comenzó a caminar con mas rapidez al ver la hora en su reloj de muñeca y Mikasa descubrió que estaban en uno de esos caminos que conducían a los cubículos que había visto el día anterior cuando bajaba por el tobogán. Algunos guardias la miraron pasar en silencio, escrutando con la mirada a su futura jefa y Mikasa pasó de ellos. No tenía tiempo para entretenerse con soldaditos.

Entraron en el tercer cubículo y Mikasa abrió los ojos con sorpresa al ver ante ella una inmensa sala especializada para entrenamientos básicos y adelantados. Era del tamaño de un campo de fútbol y habían distintos aparatos, como por ejemplo, rieles de equilibrio, trampolines, sacos de boxeo, peras, barras asimétricas, algunas cuerdas para saltar acomodadas en un estante, pesas, e infinidades de cosas que nunca había visto. Luci caminó hacia donde estaban Kenny y Levi y se disculpó por el retraso.

-No importa, ya es normal en ti -le dijo Kenny sin mirarla-.

Luci se sonrojó y se retiró, no sin antes darles una reverencia y una última mirada a la chica. Mikasa miró al viejo arrugado y al enano y ellos le devolvieron la mirada con la misma intensidad. Kenny se agachó hasta estar a su altura y Mikasa sintió el olor fuerte del licor mezclado con el de los cigarrillos, algo que la dejó con el estómago revuelto.

-Bueno, mocosa, es hora de que comiences con tu entrenamiento. Espero que estés lista porque no pienso ser sensible contigo únicamente por ser mujer, ¿entendiste?.

Mikasa no dijo nada y Kenny se puso de pie de nuevo, giró el rostro y silbó con estridencia. Una puerta se abrió en una de las paredes y por ella salió Ethan con unos pantalones holgados y una camiseta con tirantes, le sonrió a Mikasa y ella hizo un gesto con su mano a modo de saludo. Ese hombre le agradaba. Kenny la miró y le dijo con esa voz potente que solo él poseía.

-Ethan será quién se encargará de tu preparación básica, es uno de mis mejores hombres y tiene habilidades sorprendentes a la hora de luchar. Cuando logres superarlo a él, tu siguiente entrenador seré yo y luego será el enano -Levi hizo una mueca de desagrado y se recostó en una pared con los brazos cruzados-. Tendrás que esforzarte para poder lograr tu "ascenso" porque yo no admito nenas lloronas aquí. En mi cuartel solo hay soldados y gente entrenada para matar, si no estás dispuesta a convertirte en un buen ejemplar para mi colección, tendrás que irte de aquí con una patada en el culo y dejar que los Reiss te maten sin piedad, ¿comprendes el mensaje?.

Mikasa lo miró con desagrado y no le hizo el mayor caso a su tono desdeñoso y despectivo. No le gustaba esa manera de tratarla, no le gustaba que la llamara nena llorona, nunca antes había sido tratada de manera tan tosca por nadie. Pero Kenny no sabía en que terreno se estaba metiendo, ella no era una "nena llorona" ella sabía defenderse como ningún otro, tenía la fuerza de un hombre adulto y si ponía suficiente empeño y atención conseguiría derribar a Ethan. Solo debía encontrar el punto débil de ese hombre y vencerlo para callarle la boca de una vez por todas a ese hablador de Kenny.

Kenny y Levi se sentaron en el suelo y miraron como daba inicio la práctica. Ethan se acercó un par de pasos a ella para enseñarle posturas básicas de defensa y ataque, pero quedó sorprendido al ver que ella ya tenía algún tipo de conocimiento acerca de eso. El también se puso en guardia, con los puños cerca de su rostro y su rostro se enserió. Mikasa achicó los ojos y miró cada parte del cuerpo de su oponente. Obviamente Ethan poseía mucha mas masa muscular que ella, lo que podía hacer que sus golpes resultaran mas dolorosos, pero ella era rápida y ágil, solo debía prestar atención en todo momento.

El entrenamiento comenzó y con él la pelea. Ethan estaba impresionado al ver que Mikasa sabía a la perfección todo tipo de movimientos y tácticas de defensa. Ella era muy buena, demasiado buena y Levi también lo notó. Tal vez se trataba de una mocosa, pero sus habilidades podían ser reconocidas. Varios minutos después de que comenzaran, Mikasa empezó a poner mas empeño en concentrarse para hallar el punto débil de Ethan, cuando por fin lo vio.

Al momento de atacar, Ethan descuidaba su defensa, era solo por unos segundos pero eso era mas que suficiente, sin agregar que ese era un punto a su favor. Corrió hacia él y cuando estuvo a punto de atacarlo, dio un gran salto y se sujetó a una de las barras asimétricas, dio un par de giros y se dejó caer en el suelo, saltó un par de veces hacia atrás y tomó de la estantería que contenía las cuerdas, un o tanto, no le quitó la vaina, pero si lo dejó extendido frente a ella, en una posición perfecta para un espadachín. Su madre era asiática y tenía muchos conocimientos en el tema, ¿qué mas se podía esperar de ella?. Ethan sonrió y volvió a ponerse en posición de defensa.

Mikasa volvió a correr hacia el con el arma en sus manos y esquivó el primer golpe de Ethan, se acercó mas y esquivó el segundo, lanzó un puñetazo y él lo esquivó con rapidez y volvió a lanzar otro ataque en su contra. Mikasa aprovechó la oportunidad para agacharse y le dio una fuerte patada en el estómago que lo dejó sin aire, luego extendió una pierna y dio una vuelta en el suelo, derribando su cuerpo. Se acercó a él y desenvainó el o tanto y lo apuntó a milímetros de su garganta.

-Gané -dijo con voz serena, a pesar de que estaba respirando agitadamente-.

Kenny dejó caer el cigarrillo que sujetaba entre sus labios al abrir la boca con impresión. ¿Cómo mierda había podido vencer una mocosa a uno de sus mejores hombres en el primer día de entrenamiento? ¿Acaso Ethan había sido blando con ella? Parecía ser que así era porque no encontraba otra respuesta ante todo aquello. Ella solo tenía nueve asquerosos años y había derribado a un hombre de cuarenta. ¡¿Que mierda era todo aquello?!.

Mikasa miró el rostro perplejo de Ethan y se alejó para que el hombre se pusiera de pie. Mikasa hizo una reverencia, como solía hacer con su madre al momento de terminar las lecciones y Ethan la imitó. Esa chiquilla lo había dejado en ridículo, había pisoteado su orgullo, y había dejado en duda su título entre los hombres que trabajaban para Kenny... pero sin duda estaba orgulloso de ella. Tal vez era cierto que solo era una niña, pero era mucho mas fuerte y capaz que el resto de las personas que habían allí.

Mikasa le lanzó una mirada orgullosa a Kenny y arrojó el o tanto desenvainado a un punto en específico entre su cabeza y la del enano. El arma tembló al incrustarse en la pared y Kenny apretó la mandíbula con fuerza, mientras que Levi solo se dedicaba a fumar un cigarro con tranquilidad.

-Supongo que ya te has dado cuenta de que aquí no hay espacios para nenas lloronas, pero tampoco lo hay para gente habladora y sin conocimiento sobre las personas que reclutas. Si no quieres morir por un espía infiltrado en tu cuartel, asegúrate de saber con quienes tratas y a quienes insultas, Kenny -le recomendó con cierto filo en la voz-.

Levi y Ethan soltaron una carcajada y Kenny sintió una vena estallar en su frente. ¿Quién se creía que era esa mocosa para hablarle de esa manera?. Mikasa curvó sus labios suavemente y dejó que Ethan la abrazara por los hombros con alegría.

Ese fue el primer paso que tuvo que dar para convertirse en la mujer poderosa que no tardaría en aparecer.

Presente.

Mikasa sonrió con alegría al recordar ese día en especial. Kenny se había puesto furioso con ella y la había dejado entrenando por una semana sin descanso como castigo, y ella cumplió con su reto sin llevarle la contraria. Ese viejo arrugado era demasiado amargado.

Un ruido se escuchó en el cuarto y Mikasa miró un punto fijo en el ventanal ahumado. Sus sentidos eran como los de un gato, podía escuchar cosas que muchas personas normales no podían, era capaz de percibir una presencia a metros de su ubicación, y definitivamente sabía quienes estaba detrás de ese vidrio obscuro. Suspiró con nostalgia. Cuanto quería ver ese rostro.

Los ojos de Hanji brillaban con expectación debajo de sus lentes. Mikasa miró los cigarros por un momento y se le antojó fumar otro. La nicotina era adictiva a límites insospechados, y aquella sensación que dejaba en su boca le era desagradable, pero aún así sabía que debía continuar con su funeral.

-Pasaron siete años, siete años que bastaron para convertirme en lo que Kenny quería: un arma, una máquina, una guerrera -dejó salir humo por sus labios y cerró los ojos-. Entre los soldados era temida y respetada, los hombres y mujeres me abrían paso al caminar y mi nombre causaba estremecimientos entre la gente. Solo tenía dieciséis años, pero aún así era considerada la mejor y nueva máquina de exterminio, la nueva adquisición para acabar vidas que poseían los Ackerman, y por supuesto, no pasó mucho tiempo hasta que los socios de Kenny se enteraron de mi.

El mundo de los negocios y del tráfico de armas es muy pequeño. Los magnates en estas "empresas" eran informados de las cosas mas mínimas que sucedían con sus negociantes en un tiempo récord. A mi nunca me gustó eso, siempre me parecieron unos malditos metiches, unos entrometidos, unos buitres que buscaban su carroña entre la basura. Sin duda la peor mierda que hay -miró a Hanji y luego sonrió débilmente-.

Siento mi indecente vocabulario, es solo que vivir con el viejo arrugado y el enano no deja nada bueno.

Hanji sonrió y la miró con diversión. Esa mujer no parecía una policía en lo mas mínimo... y ella no parecía una rea. Era como si fueran dos amigas charlando de cualquier cosa en un centro comercial o en su casa comiendo palomitas y viendo una película chistosa. La situación era tan irónica, pero a Mikasa le gustó.

-¡Oh, no te preocupes por eso! Tus palabras sucias le dan mas realismo a tu narración.

Mikasa sonrió un poco mas y llevó el cigarro a sus labios nuevamente.

-Un día, en mayo, Kenny recibió una llamada de su mayor proveedor de armas. Yo hasta ese momento nunca había visto el lagar donde las escondían, pero según me había comentado Ethan, eran muchas las que poseían.

Flashback:

Mikasa y Levi miraron como Kenny hablaba por teléfono en un idioma que Mikasa desconocía. Parecía ansioso y y de su frente resbalaban pequeñas gotas de sudor. Al parecer la situación era importante. Una sonrisa arrogante surcó los labios del viejo arrugado y exclamó una afirmación con fuerza, Mikasa distinguió su nombre entre aquella lluvia de erres y se sintió tensa por un momento. De nuevo el asunto se trataba de ella. Al parecer era la nueva atracción en el parque de diversiones de los mafiosos y traficantes.

Apretó sus puños con fuerza y miró amenazadoramente a Kenny. A ese viejo bastardo le gustaba exponerla ante todos sus socios y eso la irritaba de sobremanera. ¿Acaso ese desgraciado no veía que ella no era un mono en el zoológico, o es que era demasiado imbécil como para no notar la diferencia entre un humano y un animal? Lo maldijo mentalmente y el enano la miró con burla.

Ese era otro idiota que merecía la muerte. ¡Como lo aborrecía! Su estúpida obsesión por la limpieza y el orden la tenían harta, y sus comentarios sarcásticos y aquella boca sucia la tenían al borde del colapso. Seguramente sus padres se estaban revolcando en su tumba al ver en donde y con quienes estaba viviendo.

Mikasa nunca se consideró una chica rebelde, pero la influencia que tenían esos dos hombres sobre ella, y la sed de venganza y sangre que la recorrían hacían que su personalidad se agitará a grandes medidas, además, ya estaba en esa etapa de rebeldía y arrogancia que tanto temían los adultos: la adolescencia. Kenny estaba harto de esa estúpida conducta. La mocosa estaba muy revelada y los pocos comentarios que dejaba escapar de su boca, era sobre lo hablador y amargado que era y lo enano y poco hombre que era Levi. Nunca imaginó que tener que vivir con una niña fuera tan exasperante.

A Levi le daba igual la presencia de Mikasa. No podía negar que se había ganado una buena parte de su confianza y que su preocupación por ella era mucha, pero cada vez que ella hacía un comentario "sutil" sobre su baja estatura lo ponía de los nervios y siempre le contestaba con mala gana y con groserías que una adolescente no debería escuchar. Pero que mas daba, esos momentos se acabarían tarde o temprano así que debían disfrutarlo al máximo.

Kenny asintió y colgó la llamada, giró su rostro y los miró con una sonrisa y con un brillo especial en los ojos.

-Mocosa, es hora de que aprendas a utilizar un arma. Te convertirás en una verdadera Ackerman.

Mikasa lo miró fijamente y su corazón dio un vuelco. Un arma. Genial.

N/A:

El primer entrenamiento listo. ¿Qué les pareció? A mi me late que este capítulo es puro relleno XD. ¡I'm Sorry! El que sigue será mas detallado y con mejores sucesos.

¡Mikasa aprenderá a disparar! Ohhhh. ¿Cómo será su encuentro con las armas asesinas que acabaron con la vida de sus padres? ¿Aceptará la orden de Kenny para usar ese tipo de armamento? Todo esto y mucho mas en el siguiente capítulo de Guerra de Sangre. ¡Nos leemos pronto! (esto me quedó como si fuera Goku el narrador)..

Katy0225.