Nada, nadita, nadota de Shingeki no Kyojin me pertenece, es propiedad de Hajime Isayama.

Capítulo 4.

Arma.

Mikasa respiró agitadamente. Una pistola, un arma de gran poder, letal y sin dudas peligrosa.

Es hora de que aprendas a utilizar un arma.

Recordó el sonido que aún escuchaba en sus pesadillas, mientras su mente trataba de imaginar morbosamente el final de su madre, su último suspiro de vida, sus ojos perdidos en la nada, enfocados en un punto fijo. Podía imaginar también el golpe seco que provocó la caída del cuerpo de Mei sobre el piso de madera.

Es hora mocosa.

No podía, no aún. No era capaz de levantar esa arma arrebatavidas que había cortado su felicidad, entre sus manos. Era imposible pensar que podía mirar siquiera aquel material reluciente que clamaba con ansias acabar con una vida. No.

Sabía lo que era, sabía de sus increíbles capacidades físicas, sabía cual era el límite de su cuerpo, y sabía también el odio y resentimiento que sentía por las armas de fuego. Era injusto, lo era de verdad. Tomar venganza utilizando la misma guadaña que llevaba la muerte en su mano. No. Ella no era como ellos, ella era solo una chica con un objetivo claro y preciso. Matar. Venganza.

Si, estaba aterrada, estaba dolida y su orgullo estaba derrotado, pero a pesar de que no quería usar una pistola o un revólver, a pesar de que le dolía con toda el alma siquiera pensar en ello, no puso quejas ni peros cuando Kenny le ordenó que subiera al helicóptero. Mikasa no era cobarde, no se había entrenado durante tanto tiempo para dejarlo todo ante la mención de una sola palabra, ella era fuerte, era muy fuerte y lista. Podía superar ese trauma y los que dejaría el tiempo. Había pensado en lo que haría al momento de enfrentarse a su miedo, a su odio y tenía en mente una condición, y estaba dispuesta a hacerse escuchar por primera vez en siete años.

No estaba precisamente ansiosa u orgullosa por asesinar personas, pero si no lo hacía, el juramento que les había hecho a sus padres en silencio no se llevaría a cabo, y dejar pasar sus muertes como si nada no era algo que estuviera en sus planes.

Miró la ventanilla del helicóptero en silencio. Hacía siete años que no veía la luz del sol, y encontrarse con él de nuevo se le hacía raro. Su piel había palidecido mucho debido a la falta de calor y el permanente aislamiento del mundo dentro de ese cuartel. De alguna forma, el frío se había vuelto parte de ella, tanto que hasta su comportamiento se había visto afectado por el.

Observó con fascinación oculta como los débiles rayos solares hacían su majestuosa aparición. Matices naranjas, azules y leves manchas moradas reinaban en el cielo reclamando belleza, exigiendo ser apreciados con admiración, con adoración. Sus ojos brillaron como hace tiempo no lo hacían, su corazón volvió a palpitar con violencia bajo su pecho, siendo acompañado por su agitada respiración. Era el amanecer, justo igual y a la vez tan distinto del que veía a través de la ventana de su habitación, ese que la llenaba de asombro y la hacía emocionarse sin razón aparente. Ese que le regalaba una pizca de esperanza.

Un calor nostálgico se apoderó de su sistema. La añoranza hacia el pasado reinó en su corazón, y los recuerdos de una sonrisa sincera y alegre la destruyó con rapidez. Eran esas pequeñas cosas de la vida las que la hacían recordar. Esas cosas, aparentemente sin importancia eran las que hacían que su cuerpo abrazara de nuevo el calor. Algo tan simple y matutino como un diario amanecer era lo que la empujaba con firmeza hacia adelante y la hacía querer sobrevivir. Solo eso, sobrevivir, no morir en el intento de cumplir su promesa. Albergar la mínima viruta de esperanza de mirar el cielo en el campo verde y reinante de Shiganshina. Cosas simples, para anhelos simples, para ilusiones simples, para deseos simples.

Luego de algunas horas de vuelo ininterrumpible, Ethan aterrizó en un helipuerto. El lugar tenía al menos seis helicópteros por los alrededores y habían entre siete u ocho hombres de pie a algunos metros de distancia de ellos, todos trajeados y con rostros serios. Mikasa, Kenny y Levi se quitaron los auriculares protectores y se desabrocharon los cinturones de seguridad, bajaron del helicóptero con un salto y corrieron hacia los hombres con la cabeza agachada.

Cuando estuvieron frente a frente, Kenny estrechó su mano con la de un sujeto que parecía ser el jefe del grupo. Tenía el pelo castaño y rizado y sus ojos azules y fríos acentuaban su notable juventud. La increíble belleza de ese joven no mayor de veinticinco años la hizo estremecer.

No era que Mikasa se fijara en lo guapo que era un hombre, ni se dejara cautivar con simpleza, pero ese muchacho tenía algo que indudablemente le llamó la atención. Quizás fueran sus ojos, desprovistos de vida, o fuera su sonrisa enmarcada por labios carnosos, o quizás simplemente su piel bronceada y atrayente. No lo sabía, y tal vez no era bueno averiguarlo.

-Hola Kenny, es bueno verte de nuevo -habló con una voz amistosa y profunda, demasiado grave, demasiado varonil-.

Kenny se acomodó el sombrero y le dio una sonrisa de esas que solo él podía hacer, de las que decían "soy un Ackerman, cabrón, es obvio que me verías de nuevo con vida".

-Ha pasado tiempo Mike -soltó su mano del apretón y luego le dijo con las manos en los bolsillos-. Supongo que no conoces en persona al enano, ¿verdad?.

Mike sonrió y negó con la cabeza, haciendo que sus brillantes rizos se movieran al compás del movimiento negativo. Miró a Levi y extendió su mano de nuevo para presentarse.

-Es un gusto conocerlo, he oído maravillosas anécdotas acerca de su fuerza y sus increíbles habilidades.

Levi no aceptó su mano y lo miró como si fuera un bicho apestoso. Sus ojos filosos lo estudiaron detenidamente y sus ridículos rizos le hicieron sentir nauseas. Como detestaba a los hombres así.

-Escucha, mocoso, si de verdad quieres dedicarte a vender armas, deja de ser tan lameculos, ¿ O es que quieres que tus clientes se vallan corriendo al pensar que eres marica? -se burló sin sonreír-.

Mikasa lo miró de reojo y sintió un deje de gracia. Ese maldito enano no podía detener su lengua ni porque se tratara del mismísimo demonio. Kenny le lanzó una mirada de advertencia y Levi se cruzó de brazos con aparente desinterés hacia los ojos llameantes que lo miraban. Le sabía a mierda la opinión de ese viejo bastardo.

Mike lo miró con atención y retiró su mano con molestia. ¿Quién se creía ese hombrecito para hablarle de aquella manera, siendo él uno de los beneficiados por sus productos?. Frunció el ceño y luego posó sus ojos sobre Mikasa.

-Imagino que usted es la señorita Mikasa. Es un placer conocerla al fin -sus ojos atraparon los suyos por un momento y Mikasa sintió una extraña sacudida en su estómago. ¿Qué mierda le pasaba?-.

Ella hizo un simple cabeceo como asentimiento y no dijo nada para no poner el ambiente mas tenso de lo que ya estaba. Pasó sus ojos por cada uno de los hombres, posiblemente guardaespaldas, que se encontraban detrás de Mike. Eran cinco enormes gorilas, musculosos y aparentemente con una fuerza y capacidad digna de admirar, todos usaban lentes oscuros, negándole la posibilidad de mirarlos a los ojos, pero aún así podía sentir sus miradas sobre ella. Sus sentidos eran demasiado desarrollados, tanto que ni siquiera Kenny podía igualarlos con toda la experiencia ganada con el paso de los años, y aunque no podía ganarles aún en un combate, los resultados siempre fueron satisfactorios. Todavía era una mocosa, tenía muchas cosas que aprender, y vencer a esas dos máquinas iba a ser imposible en unos pocos años. Debía seguir entrenando para sobrepasarlos a ellos, para demostrar lo que era capaz, y el primer paso lo estaba dando ese día al tratar de ignorar su pasado y coger un arma entre sus manos. Si lograba hacerlo, no había nada que la detuviera en el futuro.

Siguieron a Mike hacia un edificio de aspecto lujoso que se hallaba a unos pocos metros de ellos sin decir ni una sola palabra. Era claro a lo que iban. Cruzaron las puertas y Mikasa observó los alrededores. Habían cámaras de seguridad colocadas en puntos estratégicos, guardias armados que no despegaban sus ojos de ellos y varias puertas cerradas con llave. Fueron hasta un elevador y Mike pulsó un botón para que las puertas se abrieran, entraron todos en él y luego presionó el botón que indicaba el último piso, de inmediato las puertas se cerraron y comenzaron a bajar.

Mikasa sintió la mirada de alguien puesta sobre ella con fuerza, exigiéndole atención. Subió la cabeza hacia el punto exacto en donde se encontraban los ojos de Mike, observándola, estudiándola detalladamente. Devolvió la mirada con la misma fuerza y atención y Kenny los miró con el ceño fruncido. Ese marica no iba a dejar nada bueno sobre la mocosa. Las puertas se abrieron y el contacto visual se rompió de inmediato, salieron del elevador y una sala poco iluminada los rodeó. Era parecido al cuarto de entrenamiento que había en el cuartel, pero éste tenía al fondo unas mesas en las que reposaban todo tipos de armas, desde revólveres diminutos, hasta grandes bazucas. Sentado, en medio de las mesas y con dos guardaespaldas detrás de él, había un hombre castaño fumando desde una pipa, era obeso y tenía un bigote poblado.

El hombre se puso de pie y se acercó a ellos con la misma sonrisa que les había dado Mike al llegar, puso sus manos sobre los hombros de Kenny y les dio unas palmadas entusiastas. Kenny sonrió con familiaridad y se quitó el sombrero para dejarlo en manos de uno de los guardaespaldas que estaban de pie detrás del hombre.

-¡Kenny! ¡Por fin te dignas a visitarme, pensé que me habías olvidado! -su voz alegre y su acento alemán hicieron que Mikasa se sintiera rodeada de una extraña aura familiar, y hasta cierto punto, alegre-.

-¿Cómo estás, Robert? Has ganado unos kilos de mas, cerdo bastardo -dijo con confianza-.

El hombre soltó sus hombros y lo miró con falsa molestia. Tomó su pipa con su mano derecha y expulsó humo de su boca.

-Veo que aún no cambias esa manera tan indecente de hablar.

Kenny resopló divertido. Él nunca dejaría ese sucio vocabulario que con el tiempo se volvió parte de su personalidad y de él mismo. Robert lo vio en sus ojos y negó con la cabeza, rendido. Luego miró a Levi y le sonrió igual de amistoso que con Kenny.

-Valla, mírate Levi, ya te has convertido en todo un hombre. La última vez que te vi tenías diecisiete años ¡Cómo pasa el tiempo de rápido! -exclamó con impresión-.

Mike rodó los ojos y se cruzó de brazos. Su padre era demasiado efusivo, y ese enano no merecía los halagos de Robert. Levi lo miró con inexpresividad y solo se dedicó a hacer un gesto con su cabeza a modo de saludo, Robert asintió conforme y luego sus ojos se posaron sobre la única chica que había allí. Se acercó a Mikasa con una sonrisa paternal y la tomó de la mano para besarla castamente.

-Imagino que tú eres la joven Mikasa, me han hablado mucho de ti y de tus capacidades, así como también de tu increíble belleza -retiró su rostro de su mano y la miró a los ojos, haciéndola incomodar bajo esa mascara de indiferencia que cargaba desde hace tiempo-... pero para ser sinceros, esos simples relatos no le hacen justicia a tan bella imagen que se extienden frente a mis ojos.

Soltó su mano y Mikasa no contestó. Robert miró a Kenny y le dijo con complicidad:

-Ya sabes como funciona esto, Kenny, así que infórmale sobre lo que debe hacer.

Y sin decir nada mas, se retiró para sentarse de nuevo en la silla que minutos antes ocupaba. Mike lo siguió y se quedó de pie junto a su padre, sin perder de vista ni por un instante a los tres Ackerman. Kenny y Levi se acercaron a Mikasa y el mayor habló a través de susurros:

-Bien, presta atención mocosa. Robert es nuestro mayor proveedor de armas, es nuestro socio mas importante, y además podría considerarse como un "amigo" de la familia. Él ha llevado mucho tiempo en el tráfico de armamento de fuego, y desde hace muchos años ha apoyado a los Ackerman durante la guerra contra los Reiss.

Como ya sabes, estamos aquí para que escojas tu propia arma. Sé que estas preguntándote, ¿por qué mierda no te doy una de las que hay en el cuartel? Simple, esas armas nos las hemos ganado el enano y yo durante el transcurso de los años y con el sudor de nuestros culos, así que ahora es tu turno para luchar por obtener una.

Robert es un hombre al que le chiflan los espectáculos, y también es muy observador e inteligente con los negocios que hace, así que para ganarte tu puesto entre los "negociantes" tendrás que darle un show verdaderamente entretenido. ¿Ves a esos gorilas que están parados como inútiles? Bueno, tendrás que partirle el culo a cada uno de ellos para obtener tu recompensa. Si los vences a todos, Robert te dejará escoger el arma que desees sin cobrarnos nada, pero si pierdes, te ignorarán y no voltearán ni siquiera para oír tu nombre.

En el mundo de la mafia y los negocios, solo el mas fuerte es el que sobrevive, así que de nada les sirve tener a una mocosa débil que no les servirá para cuidarles los huevos, en cambio, si eres fuerte no dudarán ni por un segundo en firmar un contrato contigo. Así sirve este mundo y deberás adaptarte a él, ¿captas?.

Mikasa asintió y miró a cada uno de los hombres que estaban por los alrededores. Podía contar treinta, todos musculosos y enormes, pero Mikasa sabía que esos eran los mas brutos e inútiles a la hora de idear una estrategia, y ella desgraciadamente, era tan fuerte como inteligente. Observó a Robert mientras fumaba y éste solo le sonrió con amabilidad. Mikasa frunció el ceño y apartó sus ojos de él. Debía estar concentrada y preparada para lo que se avecinaba. Robert le hizo una seña a un hombre que estaba a su lado y él se encaminó hacia donde estaba ella, entendiéndole una liga para el cabello.

-Es para que no te estorbe, cielo -le dijo con una sonrisa-. No queremos que te distraiga mientras luchas, quiero ver algo digno de admirar.

Mikasa aceptó la liga y se sujetó el cabello en una apretada cola de caballo y arrastró el molesto mechón rebelde que se posaba sobre su frente hacia detrás de su oreja. Levi se acercó y le dijo sin dejar de observar los alrededores:

-No te confíes, mocosa. Esos tipos normalmente no son lo que aparentan.

-Ya lo sé, no tienes que recordármelo -le dijo mirándolo de reojo-.

Levi le regaló una mirada significativa y ella dio un respingo. Puso su mano sobre el hombro femenino y lo apretó suavemente.

-Suerte, mocosa malholiente.

Mikasa sonrió y le dio un golpe en la cabeza, aprovechándose de su altura.

-Ya cállate enano bastardo.

Levi le dio una diminuta sonrisa y se alejó de ella junto a Kenny. Mikasa los miró hasta que ambos se sentaron en el suelo, recostados contra una pared y le envió una mirada confiada a Kenny. Llevó sus manos a cada lado de su cara y se posicionó en pose de defensa, totalmente lista para iniciar con el espectáculo.

Robert hizo un movimiento con sus manos y rápidamente fue rodeada por todos aquellos hombres, preparados para atacar en cualquier momento. Mikasa los miró con cuidado. Seguramente muchos de ellos eran militares, antiguos policías o simplemente agentes, pero lo que todos tenían en común era que estaban preparados para todo, y dejarse vencer por una adolescente de dieciséis años no estaba permitido para ninguno. Mike la miró atentamente y Robert mordió su labio inferior por las ansias y los nervios que comenzaron a invadirlo. Él nunca había visto a una chica peleando contra sus hombres, siempre fueron a él jóvenes como Levi, pero nunca, nunca una mujer.

La decisión en los ojos de Mikasa lo atrapó, su seguridad y su propósito fijo lo capturaron de inmediato. Esa niña prometía mucho, ¡Y aún no la había visto en acción!. Ni una pizca de dudas y arrepentimiento la recorría, en realidad no había nada en su expresión. Se veía dispuesta a ganar, no encontraba amenaza en sus pupilas oscuras y extrañas ante la amenaza que provocaban los hombres a su alrededor. Tremendo valor solo lo encontró en los Ackerman, por eso seguía con su trato y su propósito de ayudarlos en lo que necesitaran. Esa familia era especial para él, y al parecer, aquella jovencita había logrado atraer la atención de su hijo, y no para negociar exactamente.

Chasqueó los dedos y de inmediato una oleada de hombres se abalanzó hacia Mikasa sin dudarlo. Si, se trataba de una chica, pero la reputación de cada uno de ellos estaba en juego si se dejaban vencer con facilidad, así que debían dejar sus modales de lado y luchar con todas sus fuerzas.

Mikasa frunció el entrecejo y se quedó firme en todo momento. Al chasquear los dedos Robert, una manada de hombres corrió hacia ella con puños levantados y gritos de guerra. Su corazón palpitó con fuerza. Emoción, entusiasmo. Bien, estaba lista. Sonrió imperceptiblemente y bloqueó el primer golpe de la prueba. Se alejó un poco y comenzó a contar el número de sus oponentes.

Tres a la derecha, cinco a la izquierda, nueve al frente y diez atrás, los demás estaban alejados, alertas, pero no daban señales de actuar aún. Bien. Recordó a Ethan, sus consejos y sus prácticas diarias. Si fallaba en la prueba, sería como fallarle a él, y nunca se iba a permitir semejante derrota. Corrió hacia ellos con decisión y con el corazón desbordando entusiasmo. Debía ganar.

Saltó con fuerza y le dio una patada en el rostro a un hombre que estaba dispuesto a darle un golpe en el estómago, inmediatamente, al aterrizar se agachó hasta estar al ras del suelo y dejó que el tipo que estaba detrás de ella, golpeara al que se encontraba delante, cayendo inconsciente de inmediato. Sonrió visiblemente. Ella servía para eso, luchar. Y le encantaba.

Se puso de pie y agachó la cabeza, esquivó uno, dos y tres puños que se extendieron contra su rostro, golpeó el estómago de un rubio que cachó con la guardia baja, y cuando se inclinó para tomar su estómago con sus manos, saltó y se paró sobre su espalda encorvada para tomar impulso y cerrar las piernas alrededor del cuello de un chico moreno, apretó con fuerza hasta que lo dejó sin aire y saltó de nuevo, para caer limpiamente en el suelo. De nuevo su posición de defensa en alto y un brillo en sus ojos hizo aparición. De acuerdo, llevaba cuatro, faltaban veintiséis.

Un chico, apuesto cabe destacar, corrió hacia ella con intensión de darle una patada, pero al estar sus sentidos siempre alertas, ya lo había previsto. Tomó su pierna y comenzó a dar vueltas con él sujeto con fuerza, miró hacia el punto en el que habían mas hombres y lo arrojó en su dirección. Su mirada se quedó unos momentos en la montaña de cuerpos que había derribado, y en ese solo segundo de descuido, uno de sus atacantes la tomó por la espalda y cerró sus manos alrededor de su cuello para impedirle respirar. Soltó una maldición y llevó sus manos sobre las de él para tratar de hacer que la soltara. Abrió los ojos y se calmó un poco. Así no se hacían las cosas, frunció el entrecejo y con su pie sujetó la camiseta sin mangas de un tipo que estaba delante, con los puños preparados para darle un doloroso golpe en el estómago, y lo atrajo a su cuerpo, le dio una patada en la cara y lo dejó caer inconsciente en el suelo, luego formó un puño con ambas manos y llevó sus codos hacia el abdomen del sujeto que la estaba asfixiando, proporcionándole un golpe certero y doloroso. Instantáneamente el agarre en su cuello se desvaneció y, a modo de venganza, pateó el rostro de un chico pelinegro que había caído de rodillas al suelo con las manos en su barriga. ¡Maldito cobarde, atacar por detrás!.

Escuchó la fuerte risotada de Kenny y supo que había echo bien en tomar su mini venganza piadosa. Volvió su atención al frente y miró a los hombres que se acercaban a ella, un brillante metal captó su atención y corrió hacia el, se agachó y cogió una cilindro largo y perfecto para luchar, apuntó hacia sus contrincantes y los miró con seriedad. Nadie dijo que no podía utilizar las cosas que hubieran a su alrededor, así que no estaba haciendo nada que se definiera como trampa. Volvió a correr hacia los hombres que se preparaban para recibirla y soltó un grito eufórico, cuatro sujetos se reunieron para cubrirse entre ellos, así que tomó impulso y se dejó deslizar por el suelo liso, agachó la cabeza y pasó por debajo de las piernas abiertas de uno de ellos, se apoyó en una de sus rodillas y pasó la barra de metal por los pies de los cuatro, haciendo que perdieran el equilibrio y cayeran al suelo. Se puso de pie y los dejó inconscientes al golpear sus cabezas contra el metal. La sangre de ellos salpicó su rostro y su camisa blanca. Genial.

Jadeó algo cansada y volvió a encarar a la docena que le faltaba por derrotar. Se secó un poco de sudor que surcaba su frente y volvió a ponerse alerta al mirar como todos se avecinaban hacia ella al mismo tiempo. Apretó los dientes y los esperó allí, de pie y con la barra en alto como único elemento de defensa. Vale, lo admitía, los tipos eran buenos en lo que hacían. Le estaba costando mucho poder defenderse de todos a la vez, pero no podía darse por vencida. Su orgullo y la reputación de Kenny y el enano caían sobre sus hombros, así que no podía permitirse fallar. Esquivó una patada, un puño y un codazo, golpeó a un muchacho rubio y este cayó al suelo derramando sangre por su nariz, se agachó ante una nueva patada, pero un hombre de unos cuarenta años previno su movimiento y la tomó de la chaqueta de cuero que llevaba, la alzó en el aire y le proporcionó un fuerte golpe en la cara. Escupió sangre de la boca y el líquido caliente se escurrió por sus labios y llegó a su barbilla. Escuchó un jadeo y un gemido de sus espectadores y volteó para ver como Levi apretaba los puños con fuerza y Kenny mantenía apretada la mandíbula. Mierda.

Sintió un golpe tremendo en su vientre, sin piedad ni compasión. De nuevo sangre salió de su boca. Mierda, mierda. Apretó los dientes y volvió a recibir no solo uno, sino una avalancha de ataques por todo su cuerpo. Maldijo por lo bajo y escuchó la risita burlona del hombre que la mantenía sujeta. Lo miró con odio puro y rechinó los dientes.

-Las mocosas como tú no deberían meterse con hombres, eso deberían enseñártelo desde niña -dijo con visible machismo en cada una de sus palabras-.

Mikasa gimió con odio y rabia. Nunca, ningún hombre o mujer la pisotearía ni se burlaría de ella, con suerte lo hacían Kenny y el enano, pero un maldito imbécil mal cogido no. Por supuesto que no. Ella era Mikasa Ackerman, no era una mocosa llorona y débil. ¡Primero muerta antes de catalogarse como una chica inútil! Y para matarla, se necesitaría de mucho esfuerzo. Se sacudió con violencia y ante el repentino movimiento, logró patear a algunos de sus agresores, tomó la barra de metal y con fuerza sobrehumana la impactó contra la garganta del hombre que la mantenía sujeta. Normalmente, darse una pequeña palmada en esa zona en específico de la garganta, causaba una molestia sorprendente, ahora, golpearse con una barra de metal a una velocidad imposible de seguir y con una fuerza descomunal, no era para nada recomendable. El viejo cayó al suelo y Mikasa rasgó la tela de sus pantalones con rapidez, dejando su trasero al descubierto. Sonrió maligamente y le dio un azote con el cilindro, dejando una marca increíblemente llamativa en su culo peludo.

-No vuelvas a subestimarme, perra marica.

Y sin decir nada más volvió a la lucha. Le dolían las costillas, posiblemente una se encontrara rota, y su rostro le ardía, además, sentía una molestia increíble a un costado de su torso, posiblemente le habían golpeado con un dedo enfundado en algún anillo. Maldición, no estaba en buen estado. Un ruido la sobresaltó y miró de dónde provenía, encontrándose con la mirada atónita de Ethan. Doble mierda, su maestro, prácticamente su padre, estaba allí de pie, mirando como la hacían añicos, viéndola derribada. No, no debía fallar, tenía que seguir adelante como siempre lo hizo. Resistiría ¡Carajo, claro que lo haría! Demostraría su valía en ese mundo, demostraría que las mujeres son fuertes, demostraría la capacidad de un Ackerman. Apretó la mandíbula y tomó su chaqueta y se la colocó alrededor de su puño, asegurándose de dejar el cierre en sus nudillos. Solo habían cuatro hombres de pie, podría con ellos.

Se aproximó con paso un poco vacilante y tembloroso, y cuando llegó ellos se prepararon. La miraron con atención, con detenimiento, estudiando sus facciones decididas y feroces, midiendo cada movimiento de su cuerpo. Mikasa alargó la barra y el que parecía ser el mas joven, agachó la cabeza y lo esquivó, se sorprendió al ver que no la atacaban al mismo tiempo y supuso que en ese momento sería un uno a uno. Quizás fuera por mostrar respeto hacia ella, o podría ser que se tratara de pena ante su estado, a Mikasa no le importó, pero en el fondo agradecía su comportamiento (aunque a ellos también les patearía el culo si o si).

Mikasa luchó contra el chico por unos minutos. Debía reconocer que era muy bueno, pero ella definitivamente era mejor. Ganaría y vencería a los otros tres que faltaban. Le dio un golpe tan fuerte con su puño cubierto en la mandíbula que lo derribó al suelo. El cerró los ojos y gimió ante el fuerte impacto. Era un chico muy apuesto, pero su rostro estaba cubierto de sangre, sangre que de ella emanaba a parte de la ajena. No le dio el golpe que lo dejaría durmiendo por algunas horas, tampoco tenía planeado hacerlo con los demás, solo le lanzó una mirada que claramente decía "levántate y te arrepentirás". El soltó una risita y se llevó la mano a la cara para cubrirse los ojos en un gesto cansado y vencido. Mikasa sonrió y esperó a que el siguiente diera un paso al frente.

Los miró con detenimiento. Los tres eran mayores, como de unos cincuenta años. Esos era los mas peligrosos, pensó. Siempre tienen mas experiencia y vencerlos en su estado sería igual de difícil que tratar de engañar a Kenny estando sobrio. Los hombres se miraron entre sí y asintieron al mismo tiempo ¿Acaso planeaban atacarla todos juntos?, Mikasa jadeó, pero no perdió la compostura. Debía serenarse y pensar con la cabeza fría. Repentinamente, sus oponentes le sonrieron con amabilidad y el que parecía ser el mayor del trío habló.

-Nos rendimos.

Mikasa abrió los ojos, sorprendida ante el giro inesperado de la situación. ¿Había escuchado bien, se rendían? Mikasa no bajó la guardia en ningún momento, pero algo en su pecho le decía que sus palabras eran sinceras. El hombre que había hablado se acercó a ella y puso una mano suavemente en su hombro.

-Ya nosotros estamos viejos para esto. Tu juventud, fuerza y valentía nos derrotarían, nos aplastarían sin misericordia. Eres fuerte, niña. Crece, experimenta y sigue como lo has hecho hasta ahora. Estamos orgullosos.

Mikasa jadeó y su cuerpo se relajó visiblemente. Dejó caer la barra de metal al suelo y se secó un poco la sangre que cubría sus labios. Había acabado. Por fin había terminado con todo eso. Suspiró y sonrió. El hombre le devolvió la sonrisa y agregó con complicidad:

-Además, todos nosotros tenemos hijas y nietas, tratar de golpearte a ti sería como agredirlas a ellas. Nosotros no somos como esos gorilas sin cerebro, sabemos comportarnos como caballeros.

Mikasa soltó una risa y miró al chico guapo que había dejado en el suelo. Extendió su mano y lo ayudó a levantarse.

-Bien hecho -le dijo con sinceridad-.

Mikasa le regaló una sonrisa.

-Igualmente, me has dado buena pelea -admitió-.

Ambos se sonrieron y Mikasa le revolvió el pelo con reciente confianza. Escucharon unos aplausos frenéticos y los cinco giraron el rostro para ver como Robert se ponía de pie y se acercaba a ellos con una sonrisa satisfecha. Tomó a Mikasa por los brazos y le dijo con emoción:

-¡Bien hecho, jovencita! Has logrado darme un buen show, y como recompensa dejaré que te lleves cualquier arma que te guste -le dijo eufórico-.

Mikasa lo miró sin decir palabra alguna y caminó hasta las mesas. No se había equivocado ante toda la variedad de armas que imaginó ¡Eran demasiadas, hasta para ella! Su corazón dio un vuelco y su respiración se aceleró al identificar una pistola en específico. Era esa, la que llevaban los asesinos de sus padres, la misma que se extendía flamante ante ella. Brillaba como ninguna otra y era empujada hacia ella con una fuerza inexplicable. Llevó su mano hacia ella y el frío metal contra su piel ardiente la sobresaltó. Su peso era soportable, pero aún así no le agradaba tenerla sujeta. Hizo una mueca de asco que no pasó desapercibido por ninguno de ellos y Mikasa le arrojó el arma a Levi de un movimiento brusco.

-Quiero esa. Guárdala por mi, no la quiero ver hasta que tenga a esos malditos bastardos frente a mi -exclamó furiosa-.

Levi resopló y guardó el arma de Mikasa en la cintura de su pantalón. Robert la miró algo decepcionado y Mikasa dio una vuelta para reunirse con Ethan, que la esperaba con los brazos abiertos, carraspeó y le dijo:

-¡Oye! No has venido aquí solo para tener un arma que no usarás. ¿Acaso no quieres otra? Hoy me has entretenido mucho, nunca eh visto a una adolescente pelear como lo has hecho tú, y mucho menos derrotar a treinta de mis mejores hombres. Puedes escoger otra, ese es mi obsequio -dijo con alegría-.

Mikasa lo miró y dijo sin dejar de sujetarse el abdomen dolorido:

-No me interesan las armas de fuego. No me gustan, las aborrezco... ahora, si tienes algo distinto que ofrecerme, puedo pensar en aceptarlo.

Robert la miró detenidamente y asintió. Esa chica se lo merecía, de verdad que si. Se acercó a una de las mesas con armas y pulsó un botón que se hallaba en una esquina, y lentamente fue abriéndose paso una mesa mas también repleta de armas, pero estas eran distintas. Los ojos de Mikasa se abrieron de para en par al ver lo que se extendía ante ella. Eran katanas,aquellas armas magníficas que su madre adoraba. Bellas y mortales hojas y empuñaduras cómodas y de colores distintos, su visión se nubló e hizo hasta lo imposible para no llorar. Había una en especial, una idéntica a la que su madre guardaba en un cajón y que solo la exponía ante ella al finalizar sus clases. Miró a Robert, pidiendo permiso para tomarla y él le sonrió como respuesta. Su corazón saltó y lentamente se dirigió hacia ella, extendió su mano y tomó la espada con firmeza, había una mas a su lado, idéntica, como si fueran gemelas.

-Cógela, al parecer te gustan. No tengo muchos clientes interesados en ese tipo de armas, así que puedes llevarte las dos -le dijo Robert con sinceridad-.

Mikasa asintió y tomó la otra. Un recuerdo de su madre limpiando cuidadosamente la hoja de su katana mientras ella miraba con fascinación la invadió. Su madre en esas armas letales, siempre estaría con ella si las llevaba. Sollozó sin querer y una lágrima se deslizó por su mejilla. Sintió la mano de alguien en su espalda y al girarse se encontró con Levi.

-Vamos, es hora de irnos -la miró fijamente-. Y seca esa lágrima, no es propia de ti.

Mikasa asintió y le obedeció. Es cierto, ella era fuerte, no era una nena llorona. Robert y Mike los acompañaron a la salida del edicifio y ambos los despidieron cuando montaron en el helicóptero. Mikasa miró la ventanilla. El cielo se estaba tornando naranja, justo como esa mañana, los matices hermosos realzaban la belleza incomparable que el firmamento les ofrecía, y por un momento, imaginó a su madre entre las nubes, sonriéndole con cariño, mimo y amor. Ella también sonrió.

Sus recuerdos intachables jamás serían borrados de su memoria.

-Mikasa, te convertirás en una chica muy fuerte algún día.

Sonrió. Su madre nunca se equivocaba...

N/A

¿Dónde está Katherine? ¡Aquí toy! ... Si, si, que infantil ¬_¬

¡Bueno, nuevo capítulo, nuevos recuerdos, nuevas confesiones! Valla, estamos progresando. Katanas. No puedo dejar mi obsesión con ellas. Son hermosas, filosas, letales y perfectas. ¡Me encantan! Tenía que agregarlas a la historia si o si... historia ¡Muajajaja! Ese nombre suena a futuro (?) . Bueno, llego aquí. ¡Espero que les gustara el cap, y si es así!... ¡Review! XD. Nos leemos pronto prontito. ¡Lo prometo!. Bye, y ¡recuerden que los quiero!.

Katy0225.