Singeki no Kyojin y sus personajes pertenecen a mi amo y señor, Hajime Isayama.

Capítulo 5.

Mikasa despertó al día siguiente con un dolor insistente recorriendo su cuerpo. Efectivamente, tenía una costilla rota y su rostro estaba magullado, herido y maltratado. Sus labios hinchados y rotos, un ojo morado y un rosetón en la mejilla, junto a una cortada en la frente era lo que ahora se veía en su cara. Morados se extendían por todo su torso y su abdomen cubriendo el pálido color de su piel con tonos oscuros de verdes, morados y manchitas violetas. Estaba jodidamente molida. Pero definitivamente había valido la pena tanto dolor.

Guió sus ojos hacia las katanas que reposaban en el escritorio instalado en su habitación y sonrió débilmente, sintiendo molestia ante el movimiento de su rostro. Claro que valió la pena. El día anterior, cuando llegaron al cuartel, Ethan la llevó inmediatamente a una sala médica, que se encontraba en unos de los cubículos del lugar, para que la atendieran. Mikasa durmió desde que llegaron hasta ese instante. Se sentía cansada y tenía la sensación de que si movía un solo musculo, este caería al suelo irremediablemente. Suspiró con frustración.

Odiaba sentirse indefensa y débil, odiaba estar postrada en una cama y no poder levantarse, y definitivamente odiaba que la atendieran como a una niña pequeña. Tenía que levantarse de esa cama, a pesar de saber que si lo hacía, comenzaría con sus prácticas de tiro y eso lo odiaba todavía mas. Recordó el arma que había elegido el día anterior, una pistola Grizzly, era hermosa, de tono plateado e increíblemente larga. En las clases que había tomado con Levi acerca de los distintos tipos de armas, recordó que él le había dicho que esa en específico no era muy común para utilizarla como método de defensa, y que por el contrario, era usada para ir de caza. Pero a Mikasa le supo a mierda toda la charla que tuvo con él ese día. ¿Qué demonios importaba si la bendita pistola no era buena para defenderse? Ella solo tenía planeado usarla una sola vez, y sería para ponerle fin a las vidas de esos cuatro hombres que mataron a sus padres, y ese que se había quejado por solo poseer una daga, sería asesinado con su katana, lo apuñalaría de la misma forma que él lo hizo con Eric.

Se estaba volviendo una sanguinaria, lo supo y temió por eso. En su mente no cabía nada mas que no fuera sangre y muertes dolorosas, venganza y odio, y por un momento se preguntó ¿Qué haría cuando todo aquello acabara?. Su mente estaba podrida, estaba marchita, no servía para nada bueno que no fuera idear estrategias y decidir si dejar inconsciente a su oponente o matarlo sin que sufra. Se estaba convirtiendo en la máquina que Kenny quería que fuera, se estaba volviendo Levi pero en versión mujer, y estaba algo contrariada con todo eso. Pero sabía que ya no había vuelta atrás. Mikasa no era del tipo de mujer que se arrepentía de sus decisiones, todo lo contrario, ella se mantenía firme hasta que su palabra y su voluntad se cumplieran, le gustara o no el resultado.

Cerró los ojos con pesadez.

Escuchó pasos acercándose a su habitación, pasos que ya conocía de memoria. Suspiró con fastidio. ¡Que mujer tan lata! ¿No tenía otros asuntos que atender?. Luci abrió la puerta con lentitud, asomó la cabeza por el pequeño espacio abierto, haciendo que su cabello se extendiera por el contorno de su cara como una lluvia de oro, y le sonrió con esa alegría que siempre reinaba en ella. ¡Argh, Luci ahora no!. Tenía la esperanza de equivocarse y que no se tratara de ella, pero desgraciadamente, eran muy pocas las veces que Mikasa se equivocaba.

No era que odiara a esa mujer repleta de amabilidad, todo lo contrario, podía permitirse verla como a una hermana mayor o una tía. En esos siete años, Mikasa recibió clases particulares con Luci, ella le enseñó todas las materias que un adolescente normal recibe en una escuela, y le estaba agradecida por ello. Pero había algo en esa rubia despampanante, algo que Mikasa no toleraba y repudiaba con toda el alma: Luci quería convertirse en su madre sustituta. No le gustaba esa insistencia por su parte, odiaba que ella quisiera meterse en su corazón con preguntas amables y sonrisas sinceras, le molestaba que Luci le preguntara como se sentía y tratara de sacar conversaciones idiotas y sin sentido con ella. Luci no era Mei, no se le parecía en lo mas mínimo, ni físicamente ni en su personalidad. Ambas eran demasiado distintas, tanto que Mikasa dudaba que llegara a ver a Luci como una madre, así tuviera que convivir con ella durante toda su miserable vida.

Como siempre, sin falta, Luci le sonrió y se acercó a ella con calma. Mikasa notó que llevaba unas vendas en sus manos, las dejó sobre una mesa que estaba junto a su cama y se sentó a su lado, acercó su mano derecha hacia su frente y retiró unos cuantos mechones de cabello que cubrían sus ojos.

-Al fin despertaste, cariño -le dijo con dulzura-. Creí que no te vería abrir los ojos hasta mañana.

Mikasa hizo una mueca de desagrado. ¿Por qué mierda siempre tenían que subestimarla? ¿Acaso no les había demostrado lo fuerte que era en esos siete años?. Si las cosas seguían como iban tendría que tomar cartas en el asunto y comenzar a jalar orejas por todo el cuartel, para ver si así aprendían que ella no era una niña de una buena vez por todas. Luci se alarmó y retiró su mano enseguida.

-¡Lo siento! ¿Te lastimé, cielo? ¡Pero que torpe soy! -exclamó con dramatismo-.

Mikasa suspiró y llevó su mano hasta la muñeca de Luci, la tomó y la apretó suavemente. Luci la miró con preocupación y ella solo la observó con serenidad. ¡Que mujer tan exagerada!.

-No me has lastimado. Tranquílizate -le dijo con tranquilidad-.

Luci la miró por un momento y llevó su mano a su pecho, suspiró con alivio y luego le sonrió cálidamente. Asintió con decisión y aparentes energías renovadas, y se puso de pie para tomar las vendas que había llevado con ella.

-Bueno, mi niña fuerte, hay que cambiarte esos vendajes -exclamó con entusiasmo-. Dentro de un momento el señor Kenny y el joven Rivaille vendrán a verte -se acercó a ella y le dijo con complicidad y diversión-, y ya sabes como se pone este último cuando ve suciedad y sangre.

Mikasa rodó los ojos mientras Luci le quitaba la venda que rodeaba su abdomen.

-Ese enano bastardo es una marica delicada. Podría casarse con una botella de cloro sin dudarlo.

Luci soltó una carcajada y Mikasa sonrió, divertida.

Levi, mejor conocido por su apodo, Rivaille. Ese intento de hombre que aparentaba tener veinte años por su minúsculo tamaño, pero en realidad tenía muchos mas; ese tipo fuerte, inteligente y veloz como ninguno; el que le enseñó todo lo que sabía con respecto a armas (porque Kenny se negó rotundamente a ser su "maestra de kinder", ya que, según él, Mikasa era solo una mocosa dolida que no aprendería nada sobre el tema); el hombre que la enseñó a idear excelentes estrategias a la hora de luchar; fue quien le mostró distintas formas de pelear (junto a Kenny y Ethan); era quien la hacía reaccionar cuando sus constantes crisis la domaban con crueldad; quien la consolaba en secreto con un simple apretón de hombros; era de quien se podría burlar cuando hablaba sobre la importancia de la limpieza y los efectos que esta producía en la salud de los humanos. Levi era, posiblemente, a quien mas quería en ese lugar (aparte de Ethan, claro). Ese maldito enano se había metido plenamente en su corazón de manera brusca y poco grata, con sus palabras sucias y su mal comportamiento, con sus ojos fríos e inexpresivos, con esa manía tan tonta por limpiar cada mancha en el suelo, por los constantes comentarios sarcásticos para con ella. Levi, sin ser consciente, se convirtió en quien Mikasa admiraba.

Sonrió. Ese idiota de Levirica la había vuelto una blanda.

Luego de que Luci le cambiara las vendas, se retiró para que Mikasa descansara un poco antes de la visita de Kenny y Levi. Mikasa cerró los ojos y suspiró. Ya deseaba salir de allí, le era difícil estar encerrada en ese cuartel y ahora estar en su habitación sin poder moverse siquiera, le parecía un infierno.

-O-

No supo cuando fue que se quedó dormida de nuevo, pero un ruido en su habitación la hizo despertar con violencia y todos sus sentidos se pusieron alertas de inmediato. Miró a la puerta y distinguió a Levi parado frente a ella con los brazos cruzados y expresión seria, sus ojos recorrieron el cuarto minuciosamente, inspeccionando cada rincón de éste, estudiando cada brizna de polvo que se alzaba al tocar una mesa con su dedo índice. Puso los ojos en blanco. Maldita perra marica. Levi se acercó a ella y se sentó en una silla frente a su cama sin despegar sus ojos ni por un instante de las heridas que tenía en el rostro.

-Te ves horrenda, mocosa -dijo con un brillo maligno en sus ojos-.

Mikasa rodó los ojos y suspiró.

-Mira quien viene a hablar, el tipo "mas fuerte del mundo" que se preocupa por la higiene de su querida prima y que le gusta andar por el cuartel con un delantal y una escoba en su mano. Muy varonil, ¿cierto?.

Levi resopló, divertido y Mikasa lo miró detenidamente. Algo en su interior le decía que las cosas no iban muy bien, lo veía en sus ojos y en su expresión repentinamente seria. A pesar de que Levi no era un hombre demostrativo en ninguno de los sentidos, Mikasa había aprendido a leer su rostro, comenzó a distinguir las leves diferencias en sus ceños fruncidos y sabía cuanta presión ejercía en ellos para cada uno de sus estados de ánimos. Lo conocía perfectamente, ya que ellos eran tan iguales como un par de gotas de agua. Miró alrededor y ella también frunció el ceño.

-¿Dónde está el viejo arrugado? Pensé que vendría a visitar a su sobrina favorita -preguntó con curiosidad-.

Levi la miró y se acomodó en la silla para tratar de relajarse un poco.

-Está con Ethan en las oficinas de investigación.

Y allí fue cuando supo que las cosas definitivamente no iban bien. Ethan, en una de sus tantas tardes con ella, le había dicho que las oficinas de investigación eran utilizadas para monitorizar los sucesos que ocurrían en el exterior. Había todo tipo de computadoras, por supuesto de la mas avanzada tecnología proveniente de Japón, (específicamente en Sina), también contaban con radares y radios que se comunicaban con el espía que Kenny había infiltrado en la policía, haciendo que estuvieran al día de todo lo que sucedía, tanto con los Reiss, como con la policía. Ethan también había mencionado, que dicha oficina solo era visitada por Kenny cuando la situación era grave, pero cuando todo estaba bajo control, el ni siquiera echaba un vistazo por allí (decía que esa gente lista le ponía los pelos de punta y le irritaba su manera de hablar a través de frases inteligentes). Por lo tanto, algo no estaba bien allá arriba.

Mikasa trató de sentarse para mirarlo mejor y un fuerte espasmo le recorrió el abdomen. ¡Maldita sea! Su costilla clamaba reposo pero ella era igual de terca que Kenny y Levi, no por nada era una Ackerman. Cuando hubo podido sentarse, suspiró y llevó su mano a su costilla con molestia, luego cerró los ojos y cuando hubo pasado el dolor, volvió a mirar a Levi con seriedad.

-¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿Se trata de los Reiss, han vuelto a atacar a alguien? -preguntó con impaciencia por el calmado silencio de Levi-.

La miró detenidamente, estudiando su expresión de molestia, comprendiendo el dolor insoportable que debía sentir. Mocosa necia, siempre exigiéndose mas de lo que realmente puede dar. Levi sacó un cigarrillo del bolsillo de su pantalón junto con su encendedor de plata, apretó un botón a un costado de el y llevó la llamita caliente hacia la punta del cigarro, dio una profunda calada y luego dejó escapar el humo de su boca.

Mikasa lo miró impaciente. Ese desgraciado solo hacía que sus ansias crecieran cada vez mas. Fumaba un cigarro, eso no era buena señal, alguien había muerto, ¿Pero quién? ¿Un Ackerman? ¿Un Reiss? ¿Un amigo de la familia?. Maldición ¡¿Quién?!. Levi alejó el cigarrillo de sus labios y la miró con fijeza. Suspiró y comenzó a darle la información que tanto necesitaba.

-Ha muerto Keith.

Mikasa abrió los ojos con sorpresa y sintió como si le arrojaran un balde de agua helada en la cabeza. Keith, el jefe de la policía de Japón, había muerto. Apretó los labios con fuerza. Eso no era bueno, la muerte de ese hombre traería muchos problemas consigo. ¡Mierda!. Levi miró el suelo y su cabello negro y lacio cubrió parte de su frente y sus ojos. Mikasa escuchó un suspiro irritado salir de los labios de su acompañante y su corazón saltó. No, no había nada bueno en esa noticia.

Levi masajeó sus sienes con los ojos cerrados y volvió a hablar.

-Como ya sabías, Keith era el jefe de la policía de Japón encargado del caso Ackerman-Reiss -Levi la miró y ella asintió-. Ese tipo fue un dolor en el culo, pero no era algo que nosotros no pudiéramos resolver, en realidad, para lo único que servía ese pelón sin cerebro era para dar gritos y soltar insultos a quien quiera que se cruzara por el camino, así que no era difícil mantener a la policía alejada de nosotros. Cuando Kenny y yo empezamos a construir el cuartel, fue el tiempo mas difícil. Teníamos que lidiar con la policía y con los Reiss al mismo tiempo, y eso no era tarea sencilla. En ese momento no contábamos con la ayuda de Mathew, nuestro espía, y no podíamos predecir en qué momento seríamos descubiertos, por lo tanto teníamos que estar armados hasta los huevos e ir con cautela, examinando cada rincón que visitaríamos.

Al principio, Keith era nuestra peor pesadilla, era astuto, peligroso y meticuloso, tenía un don especial para saber en dónde estaríamos en una semana o en un mes, pero con el paso del tiempo, aquellos dotes se fueron perdiendo y poco a poco dejó de ser una amenaza, tanto para nosotros como para los Reiss -dio una calada y puso sus codos sobre sus rodillas y colocó su mano izquierda bajo su barbilla para sostener su rostro-. Rápidamente aprovechamos nuestra oportunidad y terminamos el cuartel, así que nos desentendimos totalmente de la policía.

Infiltramos a Mathew allí como un agente calificado para tratar con el caso, así que constantemente recibimos informes detallados sobre los movimientos que hará la policía y con esto prevenimos indeseables enfrentamientos. Pensamos que las cosas seguirían así, ya que los Reiss no se veían afectados por ellos y no tenían que preocuparse por ser descubiertos, pero esta mañana, Mathew llamó y nos comunicó lo que sucedió; encontraron el cuerpo de Keith sin vida en un callejón cerca del cuartel de la policía, con tres disparos en la cabeza y siete en el pecho, y según las especulaciones que han hecho los oficiales experimentados, las pistas apuntan a que los culpables fueron los Reiss.

Mikasa frunció el entrecejo, confundida.

-¿Los Reiss? ¿Para qué querrían deshacerse de Keith si él no representaba ningún peligro para ellos? -preguntó con extrañeza-.

-Lo mismo nos lo preguntamos Kenny y yo -dijo observándola-. Keith no era una amenaza y la policía dejó de importarle a ambos bandos desde hace tiempo. ¿Por qué querrían acabar con él?.

Ambos se quedaron en silencio y miraron el piso, de pronto Mikasa cayó en la cuenta de otro punto importante. Volvió a mirar a Levi y lo observó pisando el cigarrillo con su zapato con expresión pensativa.

-Pero con la muerte de Keith, Erwin Smith tomará su lugar como jefe de la policía, ¿no?.

Levi asintió con la cabeza y le contestó sin dejar de mirar el cigarro bajo su pie.

-Efectivamente, Smith era quien seguiría en el puesto como jefe de la policía al morir o retirarse Keith, y ese es el verdadero problema -Levi suspiró con cansancio y Mikasa notó las ojeras debajo de sus ojos filosos. De nuevo no había dormido-. Erwin es un hombre demasiado listo y capaz, puede hacerse cargo de la policía sin ningún tipo de problema o inconveniente. Para ser sinceros, nunca había oído hablar de un hombre como él. Ethan lo estuvo investigando y encontró que los casos que ha dirigido siempre han resultado exitosos. Según Ethan, Smith suele reclutar a los mejores oficiales para trabajar con él, lo que nos hace aún mas pesado el trabajo a nosotros. Estamos metidos en un increíble problema.

Mikasa se mordió el labio inferior.

-Y puedo deducir que ahora los reportes de Mathew disminuirán considerablemente para no levantar sospechas dentro de la policía.

-Así es. Otro problema mas para la lista.

Mikasa frunció el entrecejo con seriedad. Ahora las cosas se estaban poniendo feas, tendrían que estar atentos todo el tiempo ante cualquier movimiento que daba la policía. Erwin era demasiado peligroso, tanto que podía causar fuertes dolores de cabeza en el sereno y siempre serio Levi. Mikasa maldijo toda esa situación. Aún no había podido vengar a sus padres, ni siquiera había tenido el primer enfrentamiento con los Reiss, y ahora le estallaba esa bomba en la cara. No podían moverse como antes, y definitivamente, no podían atacar sin que Erwin se enterara. Todo eso se había convertido en una mierda.

La puerta del cuarto volvió a abrirse y dejó ver a Kenny con su característico sombrero de vaquero en su cabeza. Lucía extrañamente impasible ante lo que estaba ocurriendo, su rostro no mostraba estrés ni molestia, todo lo contrario, reflejaba calma y decisión. Mikasa frunció el ceño con sospecha. No sabía por qué, pero presentía que Kenny le iba a proponer algo que no le iba a agradar.

-Ya terminé de hablar con Ethan sobre el tema -les dijo-. Efectivamente, han comprobado que los Reiss fueron quienes mataron a Keith, al parecer querían que Erwin subiera de cargo lo mas rápido posible.

-¿Por qué lo hicieron? Han actuado como idiotas, ahora debemos cuidarnos no solo de los Reiss, sino también de Erwin -dijo Levi mirándolo con molestia-.

Kenny se quitó el sombrero y se pasó una mano por el pelo.

-No lo sé, a lo mejor querían que Smith tomara el puesto de Keith para que comenzara nuestra búsqueda, pero eso implica que también ellos se verán afectados con todo esto, lo cual no tiene ningún sentido. No entiendo que es lo que está tramando el cerdo de Rod.

De nuevo silencio y Mikasa se preguntó cómo eran capaces de hablar sin decir ni una sola grosería. Al parecer cuando las cosas eran serias, se les olvidaba maldecir. Negó con la cabeza, no era momento para pensar en esas cosas. Kenny suspiró y luego la miró.

-Bueno, es hora de que comiences a actuar, mocosa -le dijo con seguridad-.

Levi y Mikasa lo miraron sin comprender y Kenny se acercó hasta ella y se sentó en su cama.

-La policía aún no conoce nada acerca de ti, nunca te han visto, no saben como es tu rostro ni poseen tu nombre registrado en ninguno de sus archivos. Para ellos, tú no existe, para ellos, los únicos Ackerman rebeldes seguimos siendo el enano y yo, y por eso es que tú, querida mocosa, serás quien comience a trabajar para nosotros.

Mikasa lo observó con seriedad y luego asintió decidida. Si tenía que trabajar para Kenny como espía, entonces lo haría, era capaz de hacer cualquier cosa con tal de tener la posibilidad de matar a los asesinos de sus padres.

-O-

Mikasa miró la imagen que mostraba la pantalla de una de las computadoras que se encontraba en las oficinas de investigación. Su corazón latió con rapidez ante la fotografía de aquel joven y apuesto hombre que la miraba fijamente.

Encontró en la imagen un par de ojos verdes y brillantes, animados, vivos; una piel morena, como si estuviera bronceada por tanto sol sobre ella, unos labios que enmarcaban una sonrisa arrogante, una cejas pobladas y atrayentes y un cabello indomable, rebelde, libre. Era él, aquel niño que había conocido el último día de vida de sus padres y del que aún recordaba el nombre a pesar de los años, ese que se mostraba aburrido ante la llegada de su padre y que había accedido a jugar con ella por una mirada de advertencia de su madre, ese que fue el primer y único amigo que tuvo de su edad y a quien le revolvió el pelo cuando se marcharon de su casa. Si, no había duda, se trataba de él. Eren Jaeger.

Kenny puso sus manos sobre los hombros de Mikasa y le dijo en su oreja:

-Bueno, aquí lo tienes mocosa. Él es uno de los jóvenes que estudió para convertirse en policía y que, según Mathew, Erwin aceptó en su grupo por sus increíbles habilidades a la hora de luchar. Es uno de los mejores oficiales que hay en la policía y es a quien debes ganarte para que nos informe sobre todo lo que hará Erwin.

Mikasa no dijo nada, solo se dedicó a mirar el expediente de Eren que habían encontrado en la base de datos de la policía. Recordó a Carla y al doctor Jaeger, ambos tan amables y buenos amigos de sus padres. No quería hacerles daño, no a ellos.

-Como Mathew no puede hacerse cargo de darnos toda la información que necesitamos, tendrás que hacerlo tú, así que tu deber será acercarte lo suficiente a ese mocoso y convertirte en su amiga incondicional y de esa manera lograrás sacarle información -concluyó Kenny a su espalda-.

Mikasa tragó fuerte y apretó los puños. Rayos. No quería hacerlo, pero no tenía otra opción. De pronto escuchó el sonido del disparo que mató a su madre, recordó la sangre de su padre esparciéndose en el suelo, observó a su madre despidiéndose de ella y regalándole una última caricia, y a cuatro hombres armados en la sala de su casa. ¡Demonios!.

-Bien, lo haré -contestó con incertidumbre-. Pero a cambio, quiero que cuiden a esa familia como si fuera tu mismísima vida, Kenny. No quiero que les pase nada, fueron buenos amigos de mis padres.

Kenny abrió los ojos y sonrió con alegría.

-¡Así que los conoces! Perfecto, parece que la maldita suerte por fin está de nuestro lado -Mikasa lo miró con amenaza y Kenny suspiró-. Bien, bien, mandaré al mejor grupo de mis hombres a vigilarlos. No les pasará nada.

Mikasa asintió y devolvió la mirada a la pantalla de la computadora. Tanto tiempo había pasado, tantas cosas había vivido, tanto esfuerzo había puesto para tratar de borrar el pasado, y ahora se iba a reencontrar con ese muchacho. Lo utilizaría como una marioneta, abusaría de su buena fe y lo iba a controlar a su antojo por simples cuestiones de interés. Era una mujer deplorable, repugnante y egoísta. Poner a una familia en peligro únicamente para saciar su sed de sangre, era imperdonable. Se sentía sucia, se sentía vencida, pero de nuevo, la venganza derrotó a su culpa. De nuevo, ya no había vuelta atrás, de nuevo era consciente de lo podrida y marchita que estaba, de nuevo veía que era una completa escoria en ese mundo, y de nuevo, no le importó.

Era una maldita egoísta, era una mujer sin escrúpulos, pero la vida y las circunstancias la habían convertido en ese monstruo que miraba a aquel hombre con tristeza y melancolía. Una lágrima imperceptible se deslizó por su mejilla y sintió la mirada atenta de Levi.

¿Cuánto mas tendría que sufrir? ¿Cuánto mas debía extender ese odio que la controlaba? ¿Cuándo vería de nuevo la luz del sol en un mundo libre de preocupaciones? ¿Cuándo podría caminar por las calles de Shiganshina sin ser perseguida por la sombra del pasado?. Apretó los puños con fuerza. ¿De verdad todo esos sacrificios, todas las vidas que pondría en peligro en el futuro, toda la sangre que cubrirían sus manos, eran necesarios? ¿Sus padres se hubieran sentido defraudados si la vieran pensando en la muerte constantemente?. Su sangre brotó de la palma de su mano al enterrarse las uñas en ella con fuerza. Ethan la miró con preocupación y se acercó a ella, pero Mikasa dio una vuelta y salió de allí antes de que él le dijera algo.

Caminó por el camino que conectaba a todos los cubículos y subió al ascensor. Se recostó en la pared y los sollozos comenzaron a escucharse. Se sintió mal, devastada, una traidora. Los Jaeger nada tenían que ver con la guerra con los Reiss y ella los iba a meter en todo ese rollo sin dudarlo. Se maldijo. Se maldijo con toda su alma. Era tan miserable. Lloró con fuerza, con ganas y sin tratar de detenerse. Traicionaría a los que fueron amigos de sus padres, los vendería a la muerte y ella no era capaz de detenerse, siendo su único consuelo la palabra de Kenny.

Corrió a su habitación e ignoró el llamado preocupado de Luci, cerró la puerta de un portazo y se acercó al escritorio donde estaban reposando sus katanas, reluciendo con malvada belleza. Tomó la que estaba mas cercana a ella y le quitó la vaina lentamente, dejando ver una magnífica y filosa hoja que le mostraba su reflejo a la perfección. Guió sus ojos hacia el espejo de cuerpo completo que estaba junto a la puerta del cuarto de baño y se miró. Allí, de pie había una chica con cuerpo de mujer y de belleza inimaginable, sosteniendo una espada de gran ferocidad y derrochando tristeza y llanto de sus ojos, las heridas que había ganado durante la lucha por las katanas habían desaparecido completamente. Apretó los labios con fuerza y acercó la katana a su rostro. ¿De qué servía ser tan bella si en su interior lo único que había era podredumbre y maldad?. Entonces pensó; si iba a hacerle daño a los Jaeger, entonces ella debía pagar un precio por ello. Llevó la hoja filosa hasta su mejilla y la pasó por la piel con ferocidad, sin una pizca de dudas en sus ojos y en su mano. Sintió ardor cuando la herida comenzó a abrirse y sangrar, sintió su sangre caliente descender por su mejilla, llegar a su barbilla y comenzar a gotear en el suelo y sintió ira por no hacer nada para detener sus planes. Quitó la katana de la herida y luego la llevó hasta su muñeca, dispuesta a herirse también allí, pero lo que pasó después fue demasiado rápido. La puerta de su cuarto se abrió y Levi entró con rapidez, le arrebató la katana de la mano y le dio una fuerte y sonora bofetada.

Mikasa parpadeó, sorprendida, y llevó su mano hacia la zona palpitante y dolida. No replicó ni le reclamó nada por haberla golpeado, no hizo absolutamente nada. La mano del hombre impactó con una fuerza brutal sobre su rostro, pero de sus labios no salió ni un solo gemido de dolor.

-¡¿Qué demonios crees que estas haciendo?! -le gritó Levi con rudeza-.

Mikasa volvió a parpadear un par de veces y miró a la entrada de su habitación, encontrándose con Kenny, Luci y Ethan. La miraban con preocupación, al menos los dos últimos y Mikasa no supo reaccionar. Volvió a mirar a Levi, que estaba hecho una furia y contestó con voz baja. Su rostro adquirió la misma inexpresividad de siempre.

-Estoy pagando por mis pecados.

Levi bufó, furioso y se pasó una mano por el pelo.

-¡Pecados! ¡¿Qué pecados puedes cargar tú?! -exclamó con violencia-. ¡¿Acaso has matado a alguien, acaso has tenido que cargar con el peso de conciencia por ver morir a tus amigos ante tus ojos, solo para defenderte?! ¡No! ¡No lo has hecho maldita sea! ¡Ni siquiera has visto a la muerte en todo su esplendor en tu vida! Eres solo una mocosa, una mocosa inexperta, ¡¿Cuáles pecados cargas en tus hombros?! ¡Habla!.

Mikasa sollozó y las lágrimas comenzaron a mezclarse con la sangre en su mejilla.

-No quiero dañarlos -le dijo con suavidad-.

Levi la tomó del codo y la acercó a él. Mikasa jadeó.

-No les va a pasar nada -le dijo con los dientes apretados-. ¿Acaso Kenny no te ha dicho que pondrá a sus mejores hombres para custodiarlos? Ethan también irá, y dudo mucho que él te falle a ti.

El labio inferior de Mikasa comenzó a temblar con violencia y su cuerpo se relajó un poco.

-¿Qué tenías pensado hacer? ¿Quitarte la vida, morir como un maldito insecto? Comprende que ahora no es momento de permitirnos perder a uno de nuestros mejores soldados -aflojó su agarre y la miró a los ojos-. Si vas a reaccionar así cada vez que algo esté relacionado con tu familia, entonces es mejor que abandones este lugar, Mikasa. El cuartel no es para gente débil... y yo pensé que tú no lo eras.

Mikasa soltó un gemido y comenzó a llorar mas fuerte. Se dejó caer de rodillas y tomó las manos de Levi, llevándolo con ella al suelo y se abrazó a su pecho. Levi se quedó quieto al principio, solo escuchando los lamentos de la adolescente, oliendo el aroma a óxido de su sangre, sintiendo como su camisa era impregnada por sus lágrimas y la sangre tibia de Mikasa. Luego de unos momentos llevó su brazo derecho hasta sus hombros y correspondió a su abrazo con fuerza.

-Lo siento, Levi -dijo tratando de calmar su llanto-.

Levi no contestó y a cambio, pasó una mano por su pelo con suavidad. Por un momento Mikasa se sintió segura, volvió a ser esa niña que solía ser, volvió a sentir calor en los brazos de un hombre, como sentía con su padre. Por primera vez en mucho tiempo se sintió en su hogar, por primera vez, se sintió bien, en paz y en calma.

-No me decepciones Mikasa, no tú -le pidió en voz baja-.

Asintió y se quedaron en silencio.

Levi, sin saberlo, se convirtió en el soporte de Mikasa. Sin saberlo, ese día fue mas que su primo, fue su amigo, su confidente, su instructor; ese día, Levi se transformó en su ángel y en la persona mas importante para Mikasa.

-O-

N/A:

Bueno, bueno, ya comienza lo bueno. La caída de Keith trae consigo el mandato de Erwin y su grupo súper poderoso XD. Levi, Mikasa, ¡se quieren tanto!. Quise describirlos a ambos como el soporte del otro, ya que Kenny solo se dedica a pensar en su borrachera y en como matar, matar, matar, y matar. Levi necesitaba otro tipo de compañía, y aquí es donde Mikasa apareció (OJO que no es incesto... creo -sale corriendo y se esconde en otro planeta-).

Ahora poniéndonos serios, mi excusa por no haber actualizado con anterioridad nada tiene que ver con la escuela, es algo mucho mas dramático y traumático. A mi papá le dispararon la semana pasada para robarlo y últimamente tengo la cabeza en las nubes y no soy capaz de pensar en nada bueno, me siento seca de imaginación. Todo aquel que vive en Venezuela (y que lee esto (?)) está al tanto de la inseguridad que se vive en el país y que los robos a mano armada están a la vuelta de la esquina, y desgraciadamente mi papá fue víctima de ello. Gracias a Dios nada malo le pasó, la bala se incrustó entre el vidrio y la puerta del auto y no la traspasó, y la segunda que le dispararon causó daños menores en ambos brazos, así que no puedo hacer nada mas que agradecerle infinitamente a Dios por dejarme disfrutar mas tiempo de mi papá. Se que posiblemente nada de esto es de importancia para ustedes, pero quería excusarme por mi tardanza en actualizar, y para recompensarlos, voy a publicar un capítulo mas que ya tengo listo.

Bueno, sinceramente no tengo mucho mas para decir, así que nos leemos pronto.

Katy0225.