Shingeki no Kyojin y sus personajes no son de mi propiedad, pertenecen a Hajime Isayama.
Capítulo 6.
Tres años después.
Mikasa miraba a un punto fijo en su habitación con aire decidido. Ese era el día, después de tanto tiempo en el que se dedicó a prepararse y entrenar con sus armas, tanto con las katanas como con la pistola, al fin se dedicaría a trabajar como la nueva espía de los Ackerman.
El tiempo transcurrido era necesario, ya que debían asegurarse de que Eren siguiera entre los favoritos de Erwin, que tuviera mas preparación y que se hubiera ganado la confianza del cejotas para unirse al caso Ackerman-Reiss. De cierta forma, fue bueno para todos dejar pasar tres años, ya que a Mikasa le había servido de mucho para entrenar como era debido, y ella albergaba la esperanza de que Eren fuera tan magnífico como sus registros indicaban, eso hacía que se preocupara menos por la familia Jaeger.
Con el paso del tiempo, Mikasa aprendió a cerrase completamente, dejar de demostrar sentimientos, dejar de hacer comentarios insolentes. Era una mujer, la etapa de adolescente rebelde se había evaporado, y Kenny estaba ciertamente agradecido por ello.
Se levantó de la cama con firmeza y se miró en el espejo, estudiando su cuerpo desnudo con detenimiento. Su imponente altura de un metro ochenta la hacía destacar entre la multitud, sus piernas fuertes, totalmente entrenadas eran atractivas para los hombres, su cabello siempre largo ahora estaba a la altura de sus hombros, en su espalda y su abdomen reinaban unas cuantas cicatrices pasadas y unos moretones dispersos por el entrenamiento del día anterior, y sus ojos, seguían siendo igual de inexpresivos que siempre. Suspiró y comenzó a colocarse la ropa que había elegido antes de bañarse.
Un pantalón ceñido, unas botas, una camisa blanca de tirantes por dentro del pantalón y una chaqueta de cuero negro eran su atuendo. Desde joven le gustó vestirse de esa manera, le recordaban a las películas de acción donde las chicas eran sumamente fuertes. Llevó sus ojos hacia la cicatriz permanente que yacía instalada en su mejilla, esa que ella misma se había auto infligido, e hizo una mueca de desagrado con su boca. Solo era una pequeñísima línea justo debajo de su ojo que perfectamente podía ocultar con un poco de maquillaje, o colocar su cabello cerca y pasaría desapercibida. Una tonta herida proporcionada por una niña tonta.
Se acercó a su escritorio y tomó su arma, la miró un momento y apretó el agarre con fuerza. Ya no le incomodaba tanto verla o tocarla, después de todo había tenido que aprender a usarla, le gustara o no. Se la guardó en la cintura del pantalón, reconociendo el peso incómodo que ésta ejercía sobre ella, y la ocultó de modo que no se notara, acomodó un mechón de cabello que siempre conseguía molestarla detrás de su oreja y salió del cuarto y comenzó a caminar hacia la salida del cuartel, donde la esperaban Kenny, Ethan y Levi.
Kenny la miró llegar y soltó una sonrisa con sus labios sosteniendo un apestoso tabaco, Levi, por su parte sólo se cruzó de brazos con irritación y le reprendió con falsa molestia:
-Ya era hora de que llegaras -le dijo con voz chocante-. Después de ver ayer que estabas tan cagada como una mocosa pensé que te había tragado el inodoro.
-Cállate Levirica -le dijo, restándole importancia al comentario de su primo-. Hola Ethan, buenos días.
Ethan le sonrió y Mikasa distinguió una pequeñas líneas asomarse en su rostro. El paso de los años comenzaba a afectar a Ethan y ahora se le veían algunas arrugas y canas que no podían ser ocultadas. Mikasa temió por un momento. El tiempo era invencible, era cruel y pasaba por la vida sin detenerse por un momento, y temió, temió porque se dio cuenta que la muerte era inevitable, que Ethan no estaría siempre con ella para abrazarla y sonreírle, para aconsejarla y revolverle el pelo como lo hacía Eric, para darle un beso paternal en la frente. Ethan, al igual que todo mortal en el mundo, era alcanzado por la vejez, él no era inmune a la muerte, no contrarrestaba los años y se hacía joven de nuevo. Ethan, al igual que los demás, moriría también, ya fuera enfrentándose a los Reiss o por viejo.
El amable hombre se acercó a quien veía como su propia hija y la envolvió en un cariñoso abrazo que Mikasa no se tomó la molestia en romper, todo lo contrario, guió sus brazos delgados y fuertes a la cintura de Ethan y lo apretó con fuerza contra ella. El aroma de Ethan era relajante, melón y menta y el inconfundible olor a limpio, su perfume inseparable desde hace mucho tiempo. Ethan puso su mano en la cabeza de Mikasa y ella se encerró en su cuello. A pesar de ser tan alta, Ethan lo era aún mas, repasando su altura con un imponente metro noventa.
-¿Lista Mika? -preguntó con cariño-.
Mikasa asintió y luego se separaron debido al bufido frustrado de Levi. Mikasa rodó los ojos y Kenny se puso su inseparable sombrero de vaquero (Mikasa se llegó a preguntar si es que alguna vez se lo quitaba, así fuera para lavarlo). Caminaron por un largo pasillo, igual de iluminado que el resto del cuartel, y entraron a uno de los tantos elevadores que conducían a la superficie. Kenny presionó el botón con el número veinticinco y las puertas se cerraron para comenzar a subir. Mikasa dejó caer la cabeza en la pared del elevador con fastidio. Nunca le gustaron los ascensores, sentía que su estómago se quedaba en el suelo en ves de quedarse con ella. Las puertas de cristal se abrieron con suavidad y salieron del elevador a paso rápido, Mikasa les dio una mirada a algunos guardias a modo de saludo y ellos hicieron un gesto de despedida con la mano. Cruzaron el puente que conectaba con el camino a los cubículos y luego se encontraron con la puerta que conectaba el exterior con el cuartel. Luci estaba allí esperándolos y Mikasa soltó un gemido al verse rodeada por su asfixiante abrazo, le dio unas palmaditas en su cabeza y luego la mujer la miró con el rostro alzado debido a la diferencia de altura.
-Mikasa, cariño, cuídate mucho ¿sí? -le dijo con su voz de campanillas quebrada, y muy rápido comenzó a llorar-.
Mikasa suspiró y le secó las lágrimas con sus pulgares. Por mas molesta que le pareciera esa manía de Luci por protegerla y preocuparse tanto por ella, no podía odiarla, ni tampoco podía negar que se había convertido en una de sus debilidades. Aquella mujer siempre se las ingenió para sacarla de sus depresiones y no podía contestarle con molestia y fastidio ahora que Mikasa se pondría en una misión de alto riesgo.
-No llores, Luci. Voy a estar bien, lo prometo -le dijo con seguridad-.
Luci asintió y volvió a abrazarla, luego le dio un húmedo beso en la frente (Mikasa tuvo que agacharse para que lo hiciera) y le acarició la cicatriz en su mejilla con cuidado, como si le fuera a causar algún dolor por ese simple roce.
-Bien, nos vemos después cielo -le dijo tratado de que su voz no se rompiera de nuevo frente a ellos-.
Ethan colocó una mano en su hombro y la miró con una sonrisa.
-No te preocupes por ella, Luci. Yo mismo me encargaré de que nada malo le pase, además, si Mika llega a volver con un solo rasguño Levi me mataría, y no quiero morir tan joven, ¿sabes? -dijo guiñándole un ojo a la rubia-.
Luci sonrió y asintió mientras que Levi solo soltó un bufido. Mikasa le dio una última mirada y le sonrió débilmente. Kenny escribió la clave que abriría la puerta con el exterior y luego de un momento, se escuchó un ruido y la puerta lentamente bajó, dejándolos ver aquel campo desolado, y que comenzaba a adquirir vida con el paso de los años. Ahora se veían flores en algunos lados dispersos y los árboles se veían mas vivos, con sus hojas en un tono verde espléndido y saludable. Salieron del cuartel y la puerta se cerró detrás de ellos, dejando a la vista solo el árbol alto y delgado de antes, caminaron unos metros y divisaron una hermosa camioneta negra con vidrios ahumados y las ventanas arriba. Ethan sacó las llaves y quitó la alarma, los seguros subieron con un prácticamente inaudible bap y abrieron las puertas al mismo tiempo, se subieron al vehículo y cerraron de nuevo las puertas, Ethan bajó los seguros y puso en marcha la camioneta.
Les esperaría un viaje mas o menos largo desde allí a la ciudad, así que Mikasa se recostó en su asiento y miró distraídamente el tatuaje que se encontraba en su muñeca. No era que fuera amante de estarse clavando la piel con una aguja a una velocidad sorprendente, pero sintió la necesidad de hacerlo. Era el símbolo del bordado de los Chang. Sabía que no tendría tiempo para bordar como lo hacía cuando era niña, así que optó por hacerse el tatuaje y de esa forma llevar algo de sus antepasados con ella hasta el último día de su vida. Pasó sus dedos sobre la piel en la que estaban escritas algunas palabras, de las que ya no recordaba el significado, coloreadas en tonos rosas suaves, como tratando de acariciar el rostro de su madre con ese gesto, a pesar de saber que era algo totalmente imposible. Suspiró y cerró los ojos, sabiendo que Levi la miraba de reojo. ¡Maldito enano! Siempre sabía lo que estaba pensando.
En todo el camino ninguno de los cuatro dijo una sola palabra, haciendo que Mikasa cayera rendida ante el sueño. El día anterior había tenido una ardua lucha contra Levi ¡Y casi le gana! Pero fueron interrumpidos por Luci para que fueran a comer, y en el resto de la noche no había pegado un ojo por los nervios que la invadieron al comenzar con el plan ese día, así que, para su cuerpo, prácticamente no había dormido mas de tres horas. Cuando volvió a abrir los ojos ya estaban en la ciudad. Se incorporó de inmediato y miró a Kenny con seriedad, este se había deshecho del tabaco y miraba su reloj con paciencia.
-Son las doce y media, no debería tardar en pasar por aquí -dijo observando la calle por la ventanilla-.
Mikasa también miró hacia afuera, tratando de localizar a una mujer en específico. Las calles estaban poco concurridas debido a que era lunes y la mayoría de las personas estaban trabajando, así que la búsqueda se les haría mas fácil. Kenny giró el rostro hacia ella y le dijo:
-Será mejor que salgas, mocosa. Sería sospechoso que te quedaras aquí hasta que actuemos.
Mikasa asintió y antes de abrir la puerta de la camioneta para bajar, Levi le tomó la muñeca y ella giró el rostro para mirarlo.
-Toma -dijo extendiéndole un reloj femenino de muñeca, plateado y muy lindo-. Tiene un micrófono por el que podrás comunicarte con nosotros, justo aquí -señaló el lugar en donde se cambiaba la hora-. Llevátelo.
Mikasa asintió y tomó el reloj, colocándoselo en la muñeca que no tenía el tatuaje. Salió de la camioneta y los hombres dentro le lanzaron una última mirada. Comenzó a caminar por las calles con aire distraído, mirando a todos lados y posando su vista en algunas tiendas. Tenía que parecer lo mas normal posible. Caminó por mas o menos tres minutos cuando escuchó un pitito proveniente de su reloj, lo llevó distraídamente a su oído y escuchó claramente la voz de Kenny.
-Ya hemos localizado a Jaeger, el plan se está llevando a cabo a unos metros de ti así que está atenta.
Mikasa no contestó y siguió caminando con las manos en los bolsillos de su pantalón. Un grito chillón y desesperado se escuchó a su espalda y giró el rostro para encontrarse con una mujer de cabello castaño, sujeto en una trenza, corriendo detrás de un hombre de negro y con pasamontañas (que sabía, se trataba de Ethan) que sostenía un bolso en sus manos. Ambos se miraron por un segundo y ella asintió imperceptiblemente. La gente le hacía paso al "ladrón" y Carla seguía reclamando la devolución de su bolso.
Mikasa corrió hacia Ethan, aún con las manos en los bolsillos, y le dio una patada en las manos, haciendo que el bolso se le cayera al suelo y compusiera una mueca de dolor totalmente dramatizada, después le dio una patada con poca potencia en el abdomen y simuló que se quedaba sin aire. De tantas veces que lo habían practicado, Mikasa había aprendido a medir su fuerza y hacer que parecieran golpes feroces.
-Maldita mocosa -le dijo Ethan jadeando-.
Mikasa se quedó callada y miró como Ethan le guiñaba un ojo que solo ella pudo distinguir. Mikasa se agachó a la altura de Ethan y le dijo de forma amenazante y lo suficientemente fuerte para que todos allí la escucharan.
-Si no quieres que las cosas se pongan peor, será mejor que te vallas y que no se te ocurra volver a robarle algo a nadie mas en tu miserable vida, ¿comprendes? -dijo rechinando los dientes-.
Lo tomó del brazo y le dio una patada (esta vez con fuerza) en el trasero y dejó que se fuera corriendo de allí, sabiendo que le esperaba una queja cuando lo volviera a ver. Se oyeron aplausos entre las personas que estaban allí y Mikasa se agachó para tomar el bolso de Carla y devolvérselo.
-Aquí tiene -le dijo con suavidad impropia de ella-.
-Gracias -contestó bajito-.
Carla parpadeó repetidas veces y tomó su bolso. Achicó sus ojos, estudiándola con la mirada y luego los abrió desmesuradamente, la tomó de la muñeca y le preguntó con asombro.
-Tu... ¿tu no te llamas Mikasa de casualidad? -preguntó con el rostro pálido-.
Mikasa, como buena actriz que era, no demostró ningún tipo de sentimientos, y por lo tanto, ocultó perfectamente la emoción que la embargó al verse reconocida por Carla. Asintió con la cabeza.
-Si, ese es mi nombre -contestó con suavidad-.
Carla llevó una mano a su boca y sus ojos se hicieron el doble de grandes de lo que eran normalmente. Bajó la mirada y distinguió su muñeca tatuada. Reconoció el escrito que había en ella, debido a que Mei solía bordarlo cuando iba a su casa en los días que habían pocos trabajos en el campo. Definitivamente, no había duda alguna, se trataba de la pequeña Mikasa, solo que ahora era una mujer... y una muy hermosa.
Carla extendió una mano hacia ella, sin tocarla y le preguntó con desesperación:
-¡¿No te acuerdas de mi?! ¡Soy Carla Jaeger! -exclamó con histeria y luego agregó bajito, para si misma-... no puedo creerlo, debe ser un milagro.
Mikasa colocó una mano en su hombro, temiendo que Carla se desmayara en cualquier momento por su increíble palidez, y la llevó hacia una plaza que estaba cerca de ellas, se sentaron en unas bancas que habían allí y luego la miró con atención. Carla seguía siendo igual de hermosa que el día en que la conoció, pareciera que los años no se hubieran hecho presente en ella, pero si la miraba de cerca podía vislumbrar un par de líneas cuando fruncía las cejas. La mujer se dio aire con la mano y exhaló varias veces.
-¿Se encuentra bien? -le preguntó con preocupación. Carla no tenía buen aspecto, estaba igual de blanca que la cal y parecía como si hubiera visto a un fantasma (aunque, de cierta forma así era)-.
Ella asintió con la cabeza frenéticamente y Mikasa se mordió el labio con fuerza. Carla la miró con atención y soltó un suspiro, llevó su mano hacia su rostro y le acarició la mejilla maternalmente. A Mikasa la recorrió un estremecimiento indescriptible. Esa caricia era tan distinta a las que Luci le daba, era como si se tratara de su propia madre, su palma suave recorriendo su mejilla con delicadeza hizo que de repente le dieran ganas de lanzarse contra su pecho a llorar.
-S-Si, la recuerdo -le dijo con voz quebrada-. Aún tengo muy presente el día en que los conocí.
Carla arrugó los labios con tristeza y le dio un sorpresivo e inesperado abrazo. Le acarició el cabello con sus dedos y dijo con suavidad:
-Lo siento tanto, Mikasa. Tus padres eran unas personas maravillosas -se separó de ella y la tomó de las manos-. Cuando nos enteramos de lo que les había pasado, nosotros no dudamos ni por un minuto en ir a buscarte, pero nunca te encontramos y con el tiempo comenzamos a hacernos la idea de que tu también... -dejó la frase en el aire y una lágrima se escapó de sus ojos-.
Mikasa le secó la gota inmediatamente. Odiaba ver a las mujeres llorar, aunque era una tontería, ya que a ella también le daban sus crisis de vez en cuando. Carla se sorbió la nariz y luego le sonrió, se puso de pie y la levantó a ella también.
-¿Quieres ir a mi casa a almorzar? Eren estará allá y de seguro se alegra de verte de nuevo.
Mikasa la miró detenidamente. Eren, ese era el verdadero punto de importancia en el plan. Se sintió miserable por haber tenido que idear toda esa bola de mentiras para poder acercarse a Carla, y con ello a Eren, pero ya no podía dar ni un paso atrás. Ya había comenzado a tejer la trampa y deshacerla era imposible. Compuso una suave sonrisa y asintió.
-Claro, me encantaría.
Carla sonrió y tomó su mano para que se levantara. Comenzaron a caminar y Carla le lanzaba algunas miradas de reojo, como queriéndose cerciorar de que realmente era ella, que no era un producto de su imaginación. Sintió sus ojos sobre su cicatriz por un momento pero no dijo nada al respecto, quizás pensaba que se la había ganado el día en que murieron sus padres, fuera cual fuera la razón, agradeció que no le hiciera preguntas sobre el tema. De pronto, Carla se detuvo y se dio un golpe en la frente con frustración.
-¡Rayos, casi se me olvidaba! -giró su rostro hacia ella y le dijo-. Antes de encontrarte, o antes de que tú me encontraras a mi -sonrió-, me dirigía al supermercado para comprar lo que necesitaría para la comida. ¿No te molesta si vamos allá primero?.
Mikasa negó con una sonrisa y se encaminaron hacia el supermercado. Carla tomó un carrito y comenzó a llenarlo con verduras, carne, salsas y algunas galletas de chocolate.
-A Eren le encantan -explicó-, así que cuando va a visitarme a casa le compro varias cajas. Ahora es un gran oficial de la policía, ¿sabes?. Está en el caso Ackerman-Reiss bajo las órdenes de Erwin Smith.
Mikasa abrió los ojos con actuada sorpresa y Carla la miró con detenimiento.
-Esas personas, los Ackerman, ¿sabes quiénes son? -le preguntó tomando otra caja de galletas distraídamente-.
Mikasa dudó por un momento en contestar a su pregunta. Era obvio que sabía que se trataban de parientes suyos, no por nada poseían el mismo apellido, y era posible que su padre le hablara de ellos en el pasado, así que no le quedó mas remedio que contestarle.
-Si. Son mis parientes lejanos -dijo con fingida tranquilidad-. Mi padre me habló de ellos cuando era una niña.
Carla asintió.
-Y me imagino que ya sabes el peligro que corres al dejarte mostrar al mundo con los Reiss cazando a Kenny y Levi.
-Estoy plenamente consciente de ello -Carla la miró con preocupación y ella le sonrió para calmarla-. No te preocupes por mi, soy mas fuerte de lo que aparento.
Carla no volvió a decir nada mas sobre el tema y cuando terminaron de hacer las compras, se dirigieron a su casa. Mikasa le arrebató las bolsas y las llevó ella después de discutir con Carla porque no se las quería dar. Cuando llegaron, Mikasa dudó en entrar.
-¡Vamos, que esperas! ¡Pasa! -le dijo Carla desde la puerta de la casa-.
Mikasa suspiró y entró. La casa era grande y bonita, con muebles en la sala de estar frente a un televisor pantalla plana, una alfombra peluda debajo de una mesa de cristal que se hallaba frente a los muebles, con un lindo florero y unas rosas en el, una estantería recostada en una de las paredes con libros y portarretratos en ella, algunos cuadros y una chimenea de asombrosa estructura. Carla la guió hacia la cocina de concepto abierto que estaba a mano derecha de la sala y le ordenó que dejara las bolsas en la pequeña isla que había allí.
La cocina era enorme y hermosa. Con baldosas blancas con pequeños detalles en azul y unas lamparas modernas colgando del techo, dándole al lugar un aire sofisticado y luminoso. Estaba segura de que ese era el refugio de Carla.
-¿Quieres algo para beber, Mikasa? -le preguntó comenzando a buscar lo que necesitaría para cocinar-.
-No, muchas gracias.
Carla asintió y Mikasa la ayudó a sacar las compras de sus bolsas. Carne molida, queso parmesano, jamón, aliños y la pasta para lasaña. A Mikasa se le iluminaron los ojos por un momento. Hace tanto tiempo que no formaba parte de una escena tan común como esa.
-Y... ¿a qué te dedicas, Mikasa? -preguntó comenzando a lavar los aliños para cortarlos-.
Mikasa miró la espalda de la mujer y le dijo mientras se sentaba en un banco frente a la isla para no estorbarle.
-Soy guardaespaldas.
Había quedado de acuerdo con Kenny y Levi para decidir que respondería eso si Carla le preguntaba, así que Ethan se apresuró a hacer los papeles que necesitaría en caso de que Eren comprobara su profesión. No podía ir por allí diciendo que ella era una mas del dúo Ackerman, así que guardaespaldas sería un poco mas normal y se comprobaba con sus habilidades a la hora de luchar.
Carla abrió los ojos con sorpresa y la miró.
-¡Valla, eso es increíble! Ahora entiendo porque fuiste capaz de vencer a ese ladrón con tanta facilidad -Mikasa trató de no reír ante el recuerdo de Ethan. Carla suspiró y agregó-. Al parecer a ustedes los jóvenes les gustan los trabajos peligrosos -dijo, haciendo referencia a Eren también-.
Mikasa sonrió y se puso de pie para ayudarla a cocinar. Pasaron algunas horas en la cocina, hablando (o mintiendo por parte de Mikasa) y preparando los últimos detalles de la comida cuando el sonido de una puerta abriéndose puso a Mikasa alerta. Carla no lo había notado, pero debido a que ella tenía muchos años perfeccionando sus sentidos, pudo percibir perfectamente como se abría la puerta sin hacer ruido y luego algunos pasos acercándose a ellas. Se puso tensa y sujetó el cuchillo que tenía en la mano con firmeza. Carla la miró con confusión y cuando iba a preguntarle qué le sucedía, se escuchó un alegre saludo.
-¡Hey! ¿Acaso no hay nadie aquí que me de la bienvenida? Lo sabía, pasan un par de meses y se olvidan de mi.
Carla sonrió emocionada y corrió a la sala. Mikasa suspiró y se quedó pensativa un momento, luego de un minuto decidió salir. Cuando abandonó la cocina, pudo distinguir como Carla abrazaba la espalda de un chico, al cual no pudo verle el rostro, y sollozaba con alegría. Se soltó de él un momento, permitiéndole darse la vuelta para mirarla y luego le besó la frente a la mujer.
-Te extrañé tanto, cariño -le dijo Carla con efusividad-.
-Yo también madre -contestó de manera dulce, pero sin perder el tono grave y masculino de su voz-.
De repente, subió la mirada y sus increíbles ojos verdes se encontraron con los de ella. La miraba extrañado y con el ceño fruncido, mientras que Mikasa sentía como su corazón comenzaba a latir con violencia. Eren era mas guapo en persona que en la imagen de la computadora, con sus cejas oscuras, sus labios carnosos un poco fruncidos, su piel morena, su cabello desordenado, su cuerpo atlético y sus ojos como esmeraldas llenas de vida. Parecía un modelo o un actor de telenovelas.
-No sabía que teníamos visitas -dijo mas para él que para alguien mas-.
Carla lo miró con una sonrisa y tomó su mano para que la siguiera hacia donde se encontraba Mikasa. Eren no despegó sus ojos de ella ni por un momento, estando alerta de cada uno de sus movimientos, después de todo era un oficial y eso le hacía desconfiar de las personas con facilidad. Mikasa, por su parte, ni siquiera demostró algún sentimiento en sus facciones, simplemente lo retó con la mirada, como Ethan le había dicho. Ni siquiera un parpadeo ni un desvío de sus ojos, nada, tenía que demostrar que era buena en esto.
Eren se extrañó por un momento de la presencia de la mujer desconocida. No parecía el tipo de chicas que su madre solía invitar a casa cuando él iba a visitarla para que trataran de conquistarlo, todo lo contrario. Sus rasgos eran asiáticos, pero aún así tenían un aire familiar. Sus ojos eran mucho mas grandes que los de los japoneses y su color era una mezcla de azules y grises despampanantes, su altura tampoco era común, ya que medía casi lo mismo que él (probablemente fuera un poco mas alto por tres o cuatro centímetros), su tono de piel era tan pálido como la nieve, sus labios eran finos y de un lindo tono rosado y su cabello era corto y tan negro como la noche. Tenía la sensación de haberla visto antes, pero no recordaba de que.
Carla se detuvo frente a Mikasa y luego miró a Eren con emoción.
-Eren, ella es Mikasa Ackerman ¿te acuerdas de ella?.
Eren abrió los ojos con sorpresa y pasó su mirada desde Carla a Mikasa repetidas veces. Mikasa, esa niña que había ido un día a su casa acompañada de un hombre amable y gentil, esa que jugó con él y le sonreía con un increíble esplendor rodeándola, esa que se atrevió a revolverle el pelo con confianza antes de irse. La misma niña que sus padres habían querido encontrar desde hace tanto tiempo, la misma que él mismo trataba de buscar en la policía, yacía ante él con expresión imperturbable en su rostro. Mikasa dio un paso al frente y extendió su mano para que la estrechara con la suya.
-Es un gusto verte de nuevo, Eren -su voz suave y melodiosa inundó la sala y Eren la miró por un momento-.
-Lo mismo digo -estrechó su mano y sintió la suavidad de su piel-.
Miró ambas manos unidas y diferenció fácilmente lo distinto que eran sus tonos de piel. Contrastaban perfectamente. Mikasa también lo notó y luego soltó su mano con lentitud. Carla los miró con una expresión bastante incómoda para ambos y desviaron el rostro a distintos puntos de la sala.
-Bueno chicos, ¿por qué no se quedan hablando en la sala mientras yo termino de preparar la lasaña?.
Y sin decir nada mas Carla desapareció. Eren se llevó su mano a la nuca y la miró con fijeza, Mikasa tenía la mirada perdida, observando un punto fijo en el suelo. Carraspeó para llamar su atención y ella parpadeó un par de veces, saliendo de su trance momentáneo.
-¿Por qué no nos sentamos en el sofá? -preguntó comenzando a caminar-.
-Bien.
Mikasa se sentó y Eren buscó el control remoto para encender el televisor, cuando lo encontró se lo dio a Mikasa y se situó a su lado, dejando caer la cabeza en el respaldo del sofá con visible cansancio. Mikasa miró el aparato entre sus manos y luego observó a Eren.
-¿Quieres que coloque algo en particular? -preguntó confundida-.
Eren abrió los ojos y la miró con una sonrisa.
-Pon lo que quieras, estás en tu casa.
Mikasa asintió algo dudosa y encendió la televisión. Comenzó a pasar los canales a medida que buscaba algo que la entretuviera, y finalmente, detuvo su búsqueda al reconocer una película de terror que le gustaba mucho. Eren la miró con atención y mencionó, divertido.
-Nada de películas románticas, eh.
-No me agradan mucho. Siento que todas tienen la misma trama con distintos personajes -confesó, mirándolo-.
-Ese es el problema de los clichés -acordó Eren mirando la pantalla-.
Se sumieron en un cómodo silencio mientras veían como transcurría la película. Carla los miraba desde la cocina con una sonrisa boba en sus labios. Por primera vez, su hijo no se había quejado con ella por haber invitado a una chica a comer, quizás fuera porque se trataba de Mikasa y por las circunstancias que había vivido esa chica, pero aún así le restó importancia. Mikasa era una mujer muy hermosa... y quién sabe, tal ves sea ella quien le quite esa manía a Eren de estar buscando mujeres de una noche y le haga sentar cabeza de una buena vez. Recordó que en el pasado ambos se habían llevado muy bien y que habían tomado confianza de inmediato a pesar de haberse conocido ese mismo día, así que se preguntó, que si era posible que llegaran a pasar mas tiempo juntos, cabría la posibilidad de que el amor surgiera. Sus ojos se iluminaron con esperanza ante la ilusión. Se estaba volviendo vieja y su retoño no se dignaba a darle nietos, e incluso le mencionó una vez que si estaba planeando tener su propia familia después que ella muriera para no ser una molestia, a lo que él la había abrazado con diversión y había soltado unas carcajadas alegres, y con descaro le había dicho "Mamá, aún queda tiempo para eso, ¿para que apurarse si la juventud es tan corta?". Sonrió ante el recuerdo. Ese hijo suyo era un loquillo endemoniado.
Cuando la comida estuvo lista, Carla sirvió la lasaña en tres platos (con gran cantidad de alimento) y los llevó hasta la mesa del comedor, se acercó a los "chicos" y les ordenó que fueran a comer. Ambos se levantaron y Mikasa apagó el televisor, fueron hasta la mesa y se sentaron junto a Carla. Mikasa abrió los ojos ante semejante cantidad de comida en su plato y miró el de Eren con curiosidad. También estaba hasta el tope y él parecía complacido con ello. Tragó fuerte.
No es que pasara hambre en el cuartel, pero no podía permitirse comer una porción de comida como aquella si es que quería mantenerse en forma y no decaer con su entrenamiento. Si iba a comerse todo eso tendría que hacer mucho ejercicio para deshacerse de los gramos que aumentaría.
Carla la miró con una sonrisa al ver lo indecisa que estaba para comenzar a comer. Sus mejillas estaban rosadas y sudaba un poco producto de los nervios. Extendió su mano hacia la suya y le dio un suave apretón, Mikasa y Eren la miraron y Carla le dijo con entusiasmo:
-¡Tienes que alimentarte bien! ¡Mira lo delgada que estas!.
Mikasa abrió los ojos e inevitablemente bajó la mirada hasta su abdomen plano. ¿Delgada? ¿De verdad estaba muy delgada? Ella nunca lo había visto así. Eren soltó una carcajada y le dijo con la boca llena de comida.
-No le hagas caso a mi madre, siempre exagera con todo -luego agregó con una sonrisa-. Pero deberías comer, una vez que pruebes su sasón no vas a poder deshacerte de él.
Carla sonrió complacida y Mikasa lo miró con atención. Tomó sus cubiertos y cortó un trozo de la lasaña, se la llevó a la boca y masticó. Sintió sus ojos humedeserce y bajó la mirada de inmediato. ¿Desde hace cuánto no había participado en una reunión tan... familiar? Kenny y Levi no eran muy (para no decir nada) demostrativos y ellos siempre comían en sus habitaciones para no ser molestados, siendo su única compañía Ethan y Luci, pero eso solo le daba una imagen extraña a la situación, Luci trataba de mimarla y Ethan la regañaba y le pedía que la dejara tranquila. Así que estar allí, con Carla tratándola como si fuera su hija y Eren sonriéndole de aquella manera, no hacía mas que aumentar su tristeza y melancolía.
Carla la miró con preocupación y Eren frunció el ceño con molestia. Odiaba ver a las mujeres llorando. Acercó su mano y le dio unas pequeñas palmaditas en la espalda para intentar calmarla.
-Lo siento -se disculpó tratando de dejar las lágrimas de lado-. Está deliciosa, Carla. Prometo comérmelo todo.
Le dio una mirada de agradecimiento a Eren y este solo le regaló una sonrisa amable. Comió todo lo que Carla le dio sin poner peros y el ambiente en la mesa se volvió un poco mas tranquilo cuando ella se calmó por completo. Pensó que no sería bueno empezar a interrogar a Eren ese mismo día porque se vería muy sospechoso, así que solo dejó que le preguntaran trivialidades, como que en donde había estudiado y cuándo llegó a Alemania. Ellos llegaron hace cinco años porque extrañaban su país de origen, y como sus padres habían muerto, no tenían muchas personas con las que podían compartir allá. El señor Grisha se quedó en Shiganshina por razones de trabajo, pero de vez en cuando los visitaban.
Rápidamente pasaron las horas y Mikasa sentía cada vez mas cerca el momento de despedirse. No quería irse, pero tampoco podía quedarse. Era tan frustrante. Se levantó del sofá donde habían estado hablando con armonía y miró la hora en su reloj, seis y media. Soltó un suspiro y miró a los Jaeger con una sonrisa.
-Bueno, creo que ya es hora de que me valla. Se está haciendo algo tarde.
Carla y Eren se pusieron de pie al unísono y la mujer la tomó de la mano con preocupación.
-¿No quieres quedarte? Puedes dormir en la habitación de huéspedes si así lo deseas -ofreció con amabilidad-.
Mikasa negó con la cabeza y le sonrió. No, no podía estar allí. Si los Reiss la descubrían en la casa de los Jaeger, irían a por ellos de inmediato y lo que menos deseaba es que esa familia corriera peligro por su culpa. Era mejor hacerles visitas de un día y cuando Eren estuviera en casa, no mas.
-No, Carla, agradezco tu oferta pero no puedo abusar de tu amabilidad.
Carla negó con la cabeza frenéticamente y dijo con rapidez:
-¡No lo haces! No me molestaría que estés aquí...
Mikasa puso sus manos en los hombros de Carla y la miró desde su altura con cariño.
-Estaré bien -aseguró-. Podré visitarte cuando quieras, claro si me lo permites.
Carla suspiró, derrotada y asintió. La abrazó con fuerza y Mikasa solo correspondió con unas pequeñas palmadas en su espalda. Cuanto le incomodaba eso.
-Cuídate, ¿si?. Puedes venir cuando quieras, estaré gustosa de recibirte.
Se separaron y Mikasa asintió con una sonrisa. Carla miró a su hijo y le ordenó:
-Acompaña a Mikasa y asegúrate de que llegue bien a su hogar.
Eren asintió y los tres caminaron hasta la puerta de la casa, donde Carla los despidió con una mano en alto y una sonrisa alegre en sus labios. Comenzaron a caminar y Mikasa agradeció en su mente que hubieran organizado todo con cuidado y que ahora tuviera un departamento en la ciudad para los días que estaría por allí, no podía decirle a Eren "Oye, yo vivo en un cuartel ultra secreto con mi tío y mi primo, ¿no te molesta dejarme aquí por qué no puedes saber donde queda?". Suspiró.
Caminaron en silencio por las calles de la ciudad, pasando muchas tiendas y siendo blanco de las miradas de las personas que circulaban a su lado. Ambos eran tan altos y con tanta belleza que parecían sacados de una revista de modelos. Eren divisó la pequeña cicatriz que Mikasa tenía en la mejilla y le apartó el cabello para verla mejor. Mikasa se tensó de inmediato y Eren preguntó:
-¿Cómo te la hiciste? Parece que tiene tiempo contigo.
-No me gusta hablar de eso, lo siento -contestó con sinceridad-.
Eren asintió y no volvió a preguntar. Mikasa sabía lo que tenía que responder a esa pregunta, tenía que decir que se la había ganado cuando escapó de los asesinos de sus padres, pero no se vio con el valor de mentirle de esa forma tan descarada. Llegaron al hotel que Kenny le había dicho a Mikasa sería el suyo y cuando estuvieron frente a la puerta, miró a Eren.
-Gracias por traerme hasta aquí.
-No fue nada, si no lo hacía mi madre me jalaría de las orejas.
Ambos sonrieron y se quedaron en silencio. Mikasa carraspeó y cuando estuvo a punto de irse Eren la detuvo.
-Oye, estaré en casa de mi madre por unos días ya que estoy de vacaciones del trabajo, así que... bueno, puedes ir cuando quieras.
Mikasa lo miró y asintió.
-De acuerdo, pasaré mañana si no tengo trabajo que hacer.
-Bien, entonces... ¡hasta mañana!.
-Hasta mañana.
Y con una última sonrisa, Mikasa entró al hotel siendo seguida por la mirada de Eren.
-O-
N/A:
Nada para agregar, todo lo que pensaba lo dejé en el capítulo anterior. Nos leemos luego.
Katy0225
