Como siempre, les recuerdo que Shingeki no Kyojin y su sangriento mundo no es de mi propiedad sino de Hajime Isayama.

Capítulo 7.

Mikasa miró el techo de su departamento de soltera con fijeza. Llevó su mano hasta sus ojos y los restregó con suavidad. Se sentía tan cansada, tanto mental como físicamente.

¿Quién iba a decir que mentir con frecuencia agotaría de esa manera?.

A veces sentía que ya no podía mas, que lo mejor era renunciar, contarle todo a Eren y huir, esperar a que los malditos Reiss la encontraran y matarlos a todos de una buena vez. Todavía se preguntaba el por qué no habían aparecido aún, por qué mierdas no los habían encarado ni ellos ni sus perros falderos. Toda esa situación era demasiado extraña. Los Reiss no habían vuelto a actuar después de la muerte de sus padres, lo que de por si era raro, ya que ellos eran los matones por excelencia. ¿Acaso todo eso estaría relacionado con el repentino mando de Erwin Smith sobre la policía?. Ya nada parecía tomar sentido, y estaba comenzando a hartarse de darle vueltas y vueltas al mismo asunto mil veces al día.

Cuanto extrañaba a Ethan, él podría haberla aconsejado. Necesitaba su abrazo protector rodeándola con fuerza, necesitaba oler su aroma, escuchar su voz amable, ver su sonrisa paternal y sentir sus besos sobre su frente. Tenía tanto que decirle, tanto que contarle.

Fijó su mirada en un punto vacío en el techo, mirando sin ver realmente, mientras se sumía en sus pensamientos.

Aún recordaba a la perfección el día en que la abrazó por primera vez. Ella estaba sentada en una esquina del pasillo que conectaba con su habitación, llorando desconsoladamente ante el recuerdo de sus padres y él había llegado de repente con su luz angelical y con aquel aire protector que sólo Ethan poseía.

Flashback:

El suelo blanco y reluciente estaba helado. Sus piernas dolían ante el nuevo entrenamiento. Su labio estaba morado ante una herida proporcionada por Kenny. Y sus lágrimas acompañaban perfectamente su estado de ánimo.

Había decidido que le cerraría la boca a ese viejo hablador con sus constantes entrenamientos, pero eso no hacía que dejara de ser una niña repentinamente huérfana. No tenía a su madre preparando deliciosos pasteles de manzanas, ni a su padre vigilando a Lee para que no llegara tarde de nuevo. No tenía a nadie, excepto a esos dos hombres desagradables. Estaba sola en aquel mundo cruel, maligno y sin piedad.

Ya nada volvería a ser como lo era antes. Las luces de su casa no serían visibles para sus ojos, las luciérnagas que volaban entre los campos de arroz habían sido abandonadas, Lee solo era un recuerdo ahora al no saber lo que sucedió con él. Todo se desaparecía con tanta rapidez, todos los momentos que vivió alguna vez rodeada de sus seres queridos, ahora habían sido elevados al cielo y se iban, arrastrados con el libre viento. Nunca viviría de nuevo aquellos momentos en el campo, nunca iría a caminar con una cesta cargada de cebollas en su brazo, nunca le sonreiría a los empleados amables. Ya no sería la misma que siempre fue, ya no había nada en ella que pudiera ser rescatado.

Estaba sola. Las hadas madrinas que su madre le relataba en cuentos no existían, no podían hacerle realidad su deseo, el destino había decidido hacerla una niña infeliz.

Un nuevo sollozo salió de sus labios.

No quería estar allí. Quería ir de nuevo a su casa, ver a sus padres esperándola con una sonrisa en sus rostros en el marco de su puerta, hacer pasteles con su madre, jugar con su padre, entrenar con la katana de su madre, escuchar historias fantásticas y hacer campamentos con las sábanas en su habitación. Todo era tan efímero, todo era tan repentino, todo se había acabado con la misma rapidez con la que una gota de agua se hundía en el mar infinito. ¿Sería ella capaz de sobrevivir con tanta soledad en su interior?.

Escuchó unos pasos apresurados acercándose, pero no se deshizo de su posición inicial. Seguramente se tratara de la fastidiosa de Luci queriéndole informar acerca de algún nuevo vestido para ella.

Los pasos se detuvieron frente a ella y Mikasa no se movió. Pasaron algunos segundos en silencio y la niña se extrañó de que Luci no hubiera dicho nada, así que apartó un poco su brazo de sus ojos para que quedara una rendija hacia el exterior y la dejara mirar. Habían un par de zapatos negros de vestir y un pantalón del mismo color para hombre. Obviamente no era Luci.

Levantó la mirada aún con lágrimas recorriendo sus mejillas y observó la mirada preocupada del amigo de Kenny. Sus ojos azules la miraban directamente al rostro y su cabello del color de la arena estaba alborotado. Seguramente había llegado de un viaje en helicóptero. Ethan se puso de rodillas para estar a su altura y sin decir nada, abrió sus brazos para que ella se encerrara en su pecho. Mikasa dudó un momento, pero luego se puso de pie y saltó hacia el hombre, chocando con su cuello y aspirando su tranquilizador aroma. Se permitió llorar amargamente sobre su fuerte hombro y Ethan la abrazó con fuerza.

-Ya, está bien, llora todo lo que quieras pequeña -le dijo con suavidad, acariciando su cabello largo y dándole un beso en la cabeza-. Estoy aquí, estoy aquí.

Mikasa lloró por mas de treinta minutos y Ethan no se separó de ella ni por un instante.

Final Flasback:

Sonrió ante el recuerdo.

Ethan siempre se había preocupado por ella, por su bienestar, por su sentir, por sus crisis, por su falta de alimento. Siempre fue, de alguna forma, su padre, el hombre que la protegía de todo el mal que la rodeaba, quien le había enseñado a superar su dolor poco a poco, quien la había incentivado a seguir adelante.

Sabía que siempre fue así con ella por la muerte de sus hijos. Sabía que, cuando llegó al cuartel, inmediatamente Ethan se enganchó con ella y se dispuso a criarla. Sabía que la amaba tanto como ella lo amaba a él.

Lo culpó por sentirse necesitada de él. Ese hombre con su sonrisa conquista-corazones también la había envuelto a ella con su extrema bondad, con sus atenciones y sus

abrazos. Ethan era como la nicotina, una vez que la pruebas, no puedes separarte de ella. Así de adictiva era su presencia para Mikasa.

Y es que era tan fácil para él ganarse la confianza de la gente, le salía de una forma tan natural que asustaba. Solo con su mirar hacía que las mujeres se derritieran, ella incluida. Ethan era especial, era como su hado padrino, era como el ángel que la protegía y la guiaba en su camino de forma sabia. Ethan era su vida, era su mayor soporte, era su todo.

Habían pasado cinco meses desde que lo vio por última vez. ¿Que estaría haciendo? Probablemente estuviera en su habitación, en el cuartel, mirando una película de acción, o quizás estuviera instalado viendo el fútbol mientras le gritaba al arbitro lo idiota que era al no ver la falta que había cometido el equipo que odiaba, o estaría metido en la cocina buscando un aperitivo matutino a espaldas de Luci.

Sonrió ante la presencia de un nuevo recuerdo.

Flashback:

Mikasa tenía doce años y acababa de salir de su habitación para beber un poco de agua en la cocina. Hacía un calor infernal en el cuartel, ya que el aire acondicionado que estaba instalado en la planta donde ellos vivían se había dañado y tenían que esperar a que lo repararan.

Caminó por el pasillo con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones cortos mientras miraba al frente con su característica inexpresividad. Comenzaba a sudar y la molestia crecía con las pequeñas gotas que empezaban a cubrir su frente. Odiaba sudar o sentir calor. Ya se había acostumbrado al frío que reinaba en el cuartel, y el ardor que se había instalado allí le recordaba a los días que iba a trabajar en el campo, odiándolo aún mas.

Se dirigió con paso rápido hacia la cocina antes de que Luci volviera con sus compras y la interceptara en el camino. Ya no soportaba a esa mujer tan lata, ¿Acaso no podía ponerle sus vestidos al enano o enseñarle a Kenny a maquillarse? ¡No, tenía que ser ella por ser la niña de la casa! Soltó un bufido con molestia. Habían veces que deseaba tomarla y arrojarla en el helicóptero de Ethan y decirle que se la llevara a un lugar en el que no pudiera ser encontrada, y de esa manera deshacerse de sus mimos empalagosos. Sonrió ante la idea. Sería tan feliz si eso ocurriera.

Cuando llegó a la cocina, se asustó al ver una masa negra husmeando en la nevera con velocidad. Frunció el ceño y achicó los ojos para mirar mejor a esa extraña criatura. Parecía estar buscando algo en específico, porque se oía el choque de los envases de cristal que tanto le gustaban a Luci. Se acercó a la cosa y cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo ver de quien se trataba. Sonrió un poco y se cruzó de brazos.

-¡¿Se puede saber que estás haciendo, Ethan Zimmerman?! -exclamó, imitando perfectamente la voz aguda y chillona que ponía Luci al molestarse-.

Ethan se sobresaltó y se dio un golpe en la cabeza ante la exclamación de Mikasa. Se llevó una mano hacia la zona dolida y soltó una palabrota que Mikasa juró no repetir.

La niña soltó una carcajada llena de diversión y Ethan miró a todos lados sin comprender. ¿En dónde estaba Luci? ¿Por qué Mikasa se burlaba de él?. Pensó por un momento y entonces cayó en la cuenta de la pequeña broma que le había sido gastada por la niña, haciendo que frunciera el ceño. Mikasa llevó sus pequeñas manos hacia su pansa y trató de refrenar sus carcajadas. Era la primera vez que escuchaba a Mikasa reír, y el sonido le pareció igual de melódico que el de los pequeños niños que vivían felices con sus familias. No pudo evitarlo y él también rió con ella.

Corrió hacia Mikasa y la cargó con cariño, haciendo que ella rodeara su cuello con sus brazos. Cuando se hubo repuesto, la niña llevó su dedo hacia la comisura de su boca y le quitó un poco de salsa que la cubría.

-Eres malo tratando de robarte un aperitivo, Ethan -mencionó mientras acomodaba su cabello alborotado-.

-¿Qué te puedo decir? Si Luci me encontrara en la cocina me regañaría como no tienes idea -contestó con su habitual sonrisa-.

Mikasa se acercó a su oído y le susurró con de forma confidencial:

-Pero ahora no está, así que podemos tomar unos sándwiches y correr hacia el campo de entrenamiento para que no se entere.

Ethan la miró con los ojos abiertos y luego asintió

-De acuerdo, ese será nuestro secreto -dijo con voz igualmente baja-.

Mikasa asintió y Ethan la dejó en el piso y ambos corrieron hacia la nevera para tomar lo que necesitarían para preparar los sándwiches; jamón, queso, lechuga, tomate, cebolla, mayonesa (por petición de Ethan) y el pan. Cuando robaron los alimentos, salieron disparados hacia los elevadores y Ethan marcó el piso donde estaba el campo de entrenamiento. Cuando las puertas se abrieron de nuevo para dejarlos salir, pegaron la carrera de inmediato, haciendo que los guardias les sonrieran con diversión y negaran con la cabeza, y se ocultaran a un costado del estante donde estaban los accesorios para entrenar. Rieron con complicidad y comenzaron a preparar sus botanas.

Luego de cinco minutos oyeron un grito histérico desde la planta baja.

-¡ETHANNNNN; MIKASAAAAAA!.

Luci había llegado.

Final Flashback.

Un brillo divertido se apoderó de sus ojos. Ese día se llevaron una buena reprimenda por parte de Luci cuando los halló en el campo de entrenamiento, Kenny le puso mas trabajo a Ethan por glotón y Levi la tomó y la dejó pegada (literalmente, la embadurnó de pegamento) a la cama para que aprendiera que robar era malo (aunque Mikasa creía que lo que le había dolido era que habían dejado un desastre en la cocina).

Negó con la cabeza.

Ethan siempre la mimaba en todo lo que podía, hacía lo que ella quería y la llevaba en algún vuelo en helicóptero cuando estaba aburrida. Ese hombre no tenía remedio. Siempre preocupándose porque tuviera una niñez feliz, así sufriera él al recordar a sus hijos con las sonrisas de Mikasa y las exclamaciones alegres que soltaba cuando él la cargaba y la abrazaba con cariño.

Se sentó en la cama y miró a la ventana con una nueva ola de tristeza mientras dolorosas preguntas surcaban su mente y su corazón era traspasado con una aguja gigante.

¿Ethan era feliz? ¿Había podido encontrar algún rayo de luz en Mikasa? ¿Sus sonrisas eran realmente verdaderas?. Ethan era un hombre fuerte, no solo física sino mentalmente. Era capaz de reponerse de las luchas mas fieras y seguir adelante, pero Mikasa sabía que perder a tu familia no era algo sencillo de afrontar. Ambos tenían algo en común, y ese fue el principal factor que hizo que se unieran más.

Mikasa recordó que no solo hubo una vez, sino muchas veces, que pudo ver en los ojos de Ethan el recuerdo de su hija, Erika; o sentir en sus pocos (o casi inexistentes) regaños la firmeza con que le hablaba a James. Mikasa era sus hijos de alguna forma, y ella lo supo desde la primera vez que estuvo envuelta en sus brazos .

Apretó sus manos y miró sus pies con fijeza.

¿Qué sería de ella sin Ethan?... Nada. No sería nada. Sería el humo que emanaba del cigarro y que se evaporaba en el aire, sería invisible y no tendría rumbo alguno como el viento, sería un fantasma en la tierra, rondando con pena y tristeza al mundo. No tendría vida; no tendría sueños; no tendría ilusiones... se dejaría caer en el mar de la desesperación; se rompería aquel hilo que la sujetaba débilmente a la estabilidad; se desataría su poca cordura y actuaría de forma irracional.

Mikasa lo sabía, no era capaz de soportar otra pérdida. No podía permitirse perder a Ethan, a su padre. No podía dejarlo ir.

Mordió sus labios con fuerza hasta hacerlos sangrar. Ethan era un hombre mayor con sus cincuenta años, y ella sabía que en algún momento, él se embarcaría en un viaje para no volver jamás, un viaje en el que ella no estaba invitada. Ethan no estaría allí siempre, y ella solo tenía diecinueve años, era muy joven, demasiado para soportar tantas muertes en su miserable vida. Ethan hizo que su existencia fuese mas llevadera, un poco menos pobre y dolorosa, Ethan la iluminó, le abrió los ojos y le permitió llorar sus penas en su pecho. Lo quería, lo quería tanto que no eran necesarias las demostraciones. Solo una mirada, solo una simple caricia de sus ojos y ya sabían lo que el otro pensaba. Ambos eran el complemento del otro, era la vida del otro, era la razón para seguir del otro, su punto de apoyo y su pañuelo de lágrimas.

La conexión que ambos compartían era inexplicable. No era como la que se tiene con un padre o con un mejor amigo. No. Era como si Mikasa fuese traída al mundo para llevar una pizca de esperanza a la vida de Ethan, y Ethan fuese bendecido con el maravilloso don de ayudar a las personas que lo necesiten. Ambos eran tan distintos, pero tan iguales. Ambos habían llorado las mismas lágrimas, habían soltado las mismas risas, habían abrazado la misma amargura, habían aprendido a superar los mismos errores. Eran la mitad que le faltaba al otro.

Se puso de pie y caminó hasta el enorme y lujoso living de su departamento, se sentó en el sofá y tomó su teléfono, lo encendió y la imagen que mostró la pantalla fue de ella siendo cargada por Ethan. Sonrió sin poder evitarlo. Habían pasado seis meses desde que Luci les tomó esa foto. Ethan se veía radiante, tan guapo como siempre, con su traje negro, su mandíbula cuadrada y sus ojos vivarachos y alegres, sus dientes blancos mostrando una enorme sonrisa y su siempre alborotado cabello color arena danzando sin control, mientras que ella tenía los ojos cerrados por la impresión, sus piernas proporcionando patadas y su boca mostrando una mezcla de sonrisa y una gran O. No era la imagen mas favorecedora, pero no pudo eliminarla. Ese era el retrato del verdadero Ethan, el que no está encerrado en su cuarto llorando a espaldas de los demás, el que no mira al vacío infinito mientras bebe un buen whisky, el que se queda en los pasillos del cuartel fumando un cigarro con los ojos hinchados. Allí, Ethan se veía tan poderoso como un dios, tan guapo como un príncipe y tan alegre como un niño. Sus ojos no demostraban ni una mísera gota de tristeza, solo había felicidad en ellos y por eso Mikasa se sintió contenta. A pesar de todo, estaba haciendo las cosas bien con él.

Marcó un número en específico y esperó a que contestaran al otro lado de la línea. Sonaron tres timbres y luego se escuchó la voz preocupada de Ethan:

-¿Hola? ¡¿Mika, estás bien?!.

Sonrió y se recostó en el respaldo del sofá.

-Calma Ethan, estoy bien. Solo quería saber como estabas... Te extraño -confesó sin ningún tipo de vergüenza. Podía permitírserlo con él-.

Se oyó un suspiro de alivio.

-Ya veo, me habías preocupado... y yo también te extraño, Mika -le dijo con voz dulce yMikasa casi pudo ver la sonrisa que estaba presente en el rostro de Ethan-. ¿Cómo has estado? -preguntó con tranquilidad-.

-Bien, Carla se porta muy bien conmigo.

Hubo un silencio momentáneo y luego Ethan dijo con un tono de extrañeza en su voz:

-¿Carla? ¿Eren no te trata bien?.

Mikasa se sonrojó ante la mención del hombre y carraspeó un poco. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y exhaló una gran cantidad de aire.

-S-si me trata bien. Es muy atento conmigo, y cuando lo voy a visitar me invita a caminar o me regala postres.

-Con que postres, eh -dijo con un tono pícaro en su voz-.

-¡Ethan, no me hables así! -exclamó con la cara ardiendo-. Además, tú sabes perfectamente que no podemos tener ningún tipo de relación. Yo solo entré a sus vidas para recolectar información, nada mas -agregó con tristeza-.

-Mika...

Mikasa negó con la cabeza y sonrió.

-¡Ya no importa! Llamé para saber de ti, no para hablar de Eren, así que ¿Qué tal has estado?.

Ethan captó la indirecta de Mikasa, así que cambió de tema rápidamente. No quería que su pequeña se sintiera mal.

-Bueno, he tratado de robarme algunos sándwiches de la despensa pero Luci siempre me descubre (esa mujer debe tener un sexto sentido para estas cosas, ¡Es increíble!). A los árbitros de fútbol les faltan con mas urgencia unos buenos lentes y las películas de acción se me acaban. Tengo que comprar mas -mencionó en un susurro-. Kenny ha ido a visitar a Robert y el joven Levi está practicando con su arma. Nada nuevo. La verdad es que no podemos hacer mucho sin la información suficiente así que hacemos lo mismo de siempre.

Mikasa se estremeció ante la mención de Robert. Había tratado de mantener una relación con Mike hace algún tiempo pero no funcionó, así que dejaron las cosas hasta allí. Al final, solo fue atracción mutua.

Hablaron por teléfono durante media hora mas hasta que se despidieron porque comenzaría una película que a Ethan le gustaba mucho. Mikasa miró la imagen de su teléfono con cariño y el recuerdo de Eren la invadió. Era una mierda no poder estar con él como deseaba. Sin saber cuando, comenzó a sentir "cosas" que no debería, comenzó a mirarlo con ojos de mujer y no de una espía, comenzó a apreciar sus virtudes y a manejar su carácter. Ese hombre la traía loca, pero habían cosas que no podían ser simplemente porque el destino así lo desea. Suspiró con fuerza y cerró los ojos. Su teléfono vibró en su mano y miró la pantalla con solo un ojo abierto, y como si lo hubiera invocado, el nombre de Eren apareció. Abrió el mensaje y leyó.

-¡Hey Mikasa! ¿Quieres que valla a tu departamento a cenar? ¡Ya compré todo así que no digas que no! Iré en tres horas.

Eren.

Su corazón se aceleró y sus mejillas se colorearon. Eren iría a su departamento y esa vez no contaría con Carla para huir si las cosas se ponían intensas. Solo estarían ellos dos y nadie mas.

Nada bueno saldría de esto.

-O-

N/A:

Ethan. Quería que se notara la importancia que tiene este hombre para Mikasa. Es su pilar, su nivel de apoyo, su todo, así que quería profundizar un poco mas en el tema con respecto a este guapetón.

¡EREN Y MIKSA SOLOS! OMG me va a dar un patatús... ¡¿De dónde salió todo esto?! La verdad es que ni yo lo sé. Mientras escribía, esto se metió entre mis dedos y el teclado y surgió esta cosa, ya veré que me ingenio para el siguiente capítulo. MUAJAJAJA.

Katy0225.