Nada de aquí me pertenece, solo la historia, lo demás es propiedad de Hajime Isayama.
Capítulo 8.
Mikasa arrojó el teléfono sin ver en donde había ido a parar y se levantó del sofá como si se tratara de un resorte y corrió hacia la cocina, se dirigió al fregador y abrió la llave para dejar caer el agua sobre la pila de platos sucios que se habían acumulado con el pasar de los días, tomó la esponja para fregar y comenzó a enjabonar los trastes con una rapidez increíble. Cuando los enjabonó, los secó y los colocó en su lugar, corrió de nuevo hacia el armario en donde se encontraban las escobas, el cloro, el trapeador, y algunos cubos y desinfectantes y cogió la escoba para volver al living y comenzar a barrer. Recogió del suelo un par de medias, una camiseta y una tanga, frunció el ceño al ver la prenda de ropa interior allí, pero se encogió de hombros y siguió con su limpieza profunda.
Pasó aproximadamente dos horas limpiando su departamento cuando decidió que ya estaba algo presentable, y luego de darle una mirada al reloj que estaba en su muñeca, corrió de vuelta a su habitación para darse un baño y decidir que se pondría. Salió de la ducha envuelta en una toalla de algodón y abrió su armario con desesperación. Al final se decidió por unos pantalones vaqueros desgastados, una camiseta ceñida y unos tenis. ¡No tenía tiempo para algo mas!. Se vistió y frotó su corto cabello con su toalla para secarlo un poco, pasó sus ojos por el reloj que estaba colocado en una pared y se horrorizó al descubrir que había pasado una hora. Soltó una maldición y salió de su cuarto al escuchar su teléfono sonar, fue directamente al living y comenzó a buscar el endemoniado aparato que no se dignaba a aparecer. No estaba debajo del sofá, ni en la alfombra, ni en encima del televisor ¡¿Dónde mierda fue a parar?!. Escuchó sonar el timbre y se quedó estática, con la toalla sobre la cabeza y el rostro sudado y sonrojado por el estrés. ¡Mierda! Se dirigió hacia la puerta y tomó el picaporte, lo giró y la abrió, dejando ver a un increíblemente guapo Eren.
Se mordió el labio inferior y lo recorrió con la mirada detalladamente. Usaba el mismo estilo de ropa que ella y sin embargo no dejaba de verse como un modelo de revista. Eren la miró y le sonrió con diversión al notar su toalla sobre la cabeza, movió sus manos que cargaban una cuantas bolsas para que Mikasa las viera y luego le preguntó con alegría:
-¿Será que me dejas pasar o cocinaremos aquí? Aunque para ser sinceros, no traje suficiente comida para compartir con los vecinos.
Mikasa parpadeó un par de veces y luego se hizo a un lado para que entrara. Suspiró al oler su perfume masculino golpeándola con la fuerza de un meteorito y cerró la puerta con sus ojos cerrados. Eren dejó las bolsas en la cocina y luego fue hasta ella sin perder su sonrisa.
-Por cierto, bonito tocado -comentó señalando su cabeza-.
Mikasa se sonrojó y se quitó la toalla con rapidez y giró el rostro a otro lado para que su llamativo color carmín no fuera evidente. Eren soltó una carcajada y se acercó a ella para despeinarla un poco.
-¡Vamos, no te pongas así! -se separó y volvió a la cocina siendo seguido por una Mikasa ceñuda. Eren tomó una manzana verde que se hallaba en una cesta de frutas colocada en el mesón de granito, le dio un mordisco y la miró-. Mi madre te manda saludos, también me ordenó que te trajera una porción de pastel que ella preparó para ti, dice que estas muy delgada y que tienes que aumentar un poco de peso.
Mikasa sonrió y se sentó en el mesón junto a Eren.
-Carla se preocupa mucho por mi, tanto que me hace sentir raquítica.
Eren sonrió con la boca llena y le dijo de forma ininteligible:
-¡Bienvenida a mi mundo!.
Sonrieron y Eren la miró de reojo mientras Mikasa se se pasaba la toalla por el cabello distraídamente. Miró las pequeñas gotas de agua que se escurrían por las puntas de su melena azabache y caían sobre su camiseta, luego observó su cuello, blanquecino y aparentemente suave, y por un momento deseó tocarlo. Desvió la mirada hacia el suelo con vergüenza. Debía reprimir ese tipo de pensamientos con Mikasa.
-¿Y por qué no me llamaste para ir a la casa de Carla? Siempre voy allá para almorzar -preguntó mirándolo de reojo-.
Eren carraspeó y sonrió de lado.
-Porque quería pasar tiempo de calidad contigo -le lanzó una mirada significativa y luego mordió su manzana-, y mi madre no es de mucha ayuda cuando quiero estar con una amiga, sabes. Le gusta malinterpretar las situaciones.
Mikasa sonrió con calidez y asintió con diversión. Era cierto, Carla malinterpretaba todo. Eren la miró y suspiró algo cansado de verla secarse el pelo con tanta lentitud, dejó su manzana prácticamente terminada sobre el mesón y se detuvo frente a ella, le quitó la toalla de las manos y él mismo la frotó contra su suave cabello con delicada brusquedad. Mikasa se quedó quieta, sintiendo como sus manos salvajes y masculinas se movían sobre su cabeza con rapidez, despeinándola y seguramente llenando sus mechones de nudos. Cuando Eren terminó, quitó un poco la toalla para dejar ver un afro de cabello liso sobre la cabeza de su amiga, soltó una fuerte carcajada y le arrojó la toalla sobre la cara.
Mikasa lo miró con una ceja alzada al ver como Eren se doblaba de la risa, se bajó del mesón y fue hasta él con sus manos en la cintura en forma de jarra. Eren subió un poco la mirada para verla y unas pequeñas lágrimas recorrieron sus mejillas.
-¡Ja, ja! ¡Ahora entiendo porque los asiáticos tienen el cabello liso! ¡Pareces un... ja, ja león... ja, ja! -dijo entrecortadamente, llevando sus manos hasta su abdomen y sujetándolo con fuerza-.
Mikasa frunció el ceño y se fue a su habitación dejando a sus espaldas las carcajadas imparables y estruendosas de Eren. Colocó la toalla en su cama y tomó el peine de su tocador y comenzó a desenredar los nudos en su cabello. Cuando se miró en el espejo quedó sorprendida por su bien llamado afro, y sin poder evitarlo soltó una suave risita. Si, lo admitía, se veía bastante graciosa. Terminó de peinarse y se hizo una coleta con el poco cabello que tenía para que no la estorbara al momento de cocinar. Salió de su cuarto y cuando llegó a la cocina miró a Eren batiendo una mezcla en un bol. El chico alzó una mirada y le sonrió.
-¡Hey! ¿A dónde se fue tu otra yo? -preguntó con un brillo malicioso en los ojos-.
-No lo sé, creo que se quedó en mi habitación -contestó encaminándose hacia él con los brazos cruzados-.
Eren sonrió aún mas y siguió con lo suyo. Mikasa se apoyó en el mesón con sus codos y miró la mezcla con atención.
-¿Qué estás haciendo?.
-Pastel -contestó sin despegar sus ojos de su trabajo-.
Mikasa arqueó una ceja e hizo un pequeño puchero.
-¿Carla no me había mandado un trozo ya?.
-Si, pero ese fue su pastel, este es el mío -contestó con una sonrisa ladeada-.
-Entre ambos me harán engordar. Dentro de poco ya no podré luchar.
Eren soltó una risa divertida y Mikasa siguió mirando como batía la mezcla. Buscó entre las demás bolsas y halló pasta, queso, salsas y carne. Tomó los ingredientes y se los mostró con una media sonrisa.
-¿Pasta con albóndigas y queso?.
Eren se encogió de hombros.
-Ya sabes que soy hogareño, me gusta la comida sencilla.
Mikasa sonrió aún mas y le dio la espalda para tomar una olla y colocarla sobre la cocina. Agregó el agua, la sal y el aceite y esperó a que hirviera, y mientras calentaba el agua, tomó un bol y vació la carne en él, le agregó sal y pimienta e integró los ingredientes con las manos. Agradeció mentalmente a Luci por haberle enseñado a cocinar cuando era mas pequeña, porque si no, se hubiera encontrado en un aprieto.
Sonrió imperceptiblemente. Luci le había enseñado tantas cosas, no solo la había formado académicamente, sino que la había preparado para enfrentar a la vida con la barbilla en alto. Esa mujer de deslumbrante cabellera rubia le había mostrado el camino que una mujer debía seguir, le había dado consejos cuando los necesitaba, ¡Estuvo allí cuando tuvo su primera menstruación! La ayudó y le informó que no iba a morir desangrada por aquel desagradable torrente de sangre que se escurría entre sus piernas, le mostró como sonreír de verdad, le inyectó varias dosis de alegría contra su voluntad y fue la primera mujer que se mostró amable con ella cuando llegó al cuartel, era a quien podía contarle aquellos secretos mas pudorosos que ni siquiera se atrevió a hablar con Ethan. Ahora se daba cuenta de que vivir con Luci no había sido tan malo después de todo.
Eren la miró por el rabillo del ojo y notó una suave sonrisa surcando aquellos finos y atrayentes labios. Mikasa era una chica hermosa, con sus ojos deliciosamente mezclados con aquellos colores tan llamativos, su nariz respingada, su piel blanca como la nieve y suave como la seda y su cabello oscuro, tan profundo e increíblemente brillante. Mas de una vez se preguntó como era que podía ser tan lustroso y suave, y su olor, ¡Oh, cielos su olor! Era embriagador, intoxicante, atractivo. Su cuerpo, atlético, fuerte y perfectamente proporcionado con delicadas curvas, sus manos, suaves y delicadas a pesar de su constante entrenamiento la hacían una mujer prácticamente perfecta.
Mikasa terminó de preparar la carne y la guardó en la nevera para comenzar a hacer la salsa que bañaría las albóndigas, mientras que Eren vaciaba la mezcla preparada en un molde para tartas y la dejaba en el horno. Se sentó en el mesón para mirarla mientras cocinaba y repentinamente sus ojos verdes se posaron sobre la bolsa de la harina que reposaba junto a su mano derecha. Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios y se bajó de su asiento de un salto, tomó la harina con naturalidad y luego se acercó despacio hacia Mikasa y cuando estuvo a punto de bañarla con el polvo blanco, la chica ya se había dado la vuelta y lo embarraba con la salsa de tomate que tenía en su mano.
Mikasa sonrió orgullosa y le arrebató la harina de las manos para vaciarla sobre su cara. Como siempre, sus sentidos le advirtieron del movimiento que se llevaba a cabo a su espalda y le permitieron reaccionar a tiempo. Se sacudió las manos para limpiárselas de la harina que había quedado en ellas y lo miró con superioridad. ¡Ja, ay tienes Eren! No te metas con un Ackerman.
Eren extendió los brazos a cada lado de su cuerpo mientras sentía como su pecho y su rostro estaban cubiertos con harina y salsa. Miró a Mikasa con su boca formando una O perfecta y luego le sonrió malignamente, se acercó a ella con los brazos abiertos, dispuesto a abrazarla para ensuciarla y Mikasa corrió lejos de su alcance, no sin antes apagar la cocina. Eren la siguió por el living, el pasillo, la cocina, la biblioteca y de nuevo la cocina; Mikasa se detuvo a un extremo de la isla de granito que había en medio de la cocina y Eren se posicionó frente a ella con ojos desafiantes y ardientes. Se miraron por unos segundos y repentinamente el hombre corrió hacia Mikasa, haciendo que la chica se subiera en la isla y corriera sobre ella, pero antes de dar un salto para caer limpiamente en el suelo, Eren se había subido también y la sujetó por el tobillo, haciéndola perder el equilibrio y que cayera de espaldas sobre el pequeño mesón de granito. Eren reaccionó a tiempo y extendió su mano para que Mikasa no se golpeara en la cabeza, y luego, con una sonrisa la arrastró hacia él.
Mikasa pataleó para que la soltara y Eren la tomó con firmeza para que no se le escapara, luego, cuando sus pies alcanzaron el extremo de la isla en donde él estaba, separó sus piernas y llevó su otra mano para aprisionar sus muñecas, se posicionó entre sus largas piernas y después la levantó para que quedara sentada frente a él. Mikasa se quedó muy quieta, con el corazón retumbando en sus oídos y con los nervios a flor de piel ante la cercanía. Eren la miró sin perder ni por un segundo esa sonrisa felina que lo hacía parecer el típico y sexy "bad boy" de las películas, dio un paso mas hacia ella y escuchó un débil jadeo por parte de Mikasa, tomó sus muñecas con sus dos manos y separó sus brazos para poder abrazarla y embadurnarla de toda la mezcla que tenía en su pecho. Mikasa soltó una queja y luego una carcajada.
-¡No, para, me estás ensuciando Eren!
Eren restregó su cabeza contra la cara de Mikasa con mas rapidez, haciendo que su rostro quedara completamente blanco y con algunos manchones rojos por la salsa. Cuando estuvo satisfecho, se separó de ella con una sonrisa, sin dejar de tomarla de las muñecas, y le sonrió con diversión al verla toda pálida.
-Oye ¿qué te pasó, tienes idea de lo blanca que estás? -preguntó con inocencia fingida-.
Mikasa dejó escapar una risita divertida y contestó.
-Creo que es porque estoy viendo al hombre mas feo del mundo -mintió descaradamente, sin perder su nuevo humor-.
Eren abrió la boca y negó con la cabeza, aparentemente ofendido.
-¿El hombre mas feo del mundo? Entonces ese no puedo ser yo, ya que soy bastante elogiado por las señoritas.
-Pues, debe ser que ellas no tienen buen gusto.
Eren arqueó una ceja y se acercó peligrosamente a su rostro. Mikasa borró su sonrisa y sintió como los labios del chico estaban prácticamente sobre los suyos.
-Bueno, entonces tendré que hacerte cambiar de opinión acerca de mi físico, ¿no crees Mikasa? -susurró, haciendo que su aliento chocara contra los ansiosos labios femeninos-.
Mikasa tragó saliva y sintió como Eren se acercaba a ella con dolorosa lentitud, y cuando sus bocas estuvieron a solo milímetros de distancia, Eren se separó y la miró triunfante.
-Creo que tu tampoco eres repelente a mis encantos, Mikasa -la soltó de su agarre y fue hasta el horno para revisar el pastel-.
Mikasa parpadeó un par de veces, confundida y aturdida y lo miró silbando mientras tomaba un cuchillo y pinchaba la superficie del bizcocho para comprobar si estaba listo. ¿Había jugado con ella? ¿La estaba provocando acaso? Rechinó los dientes con ira. ¡Nadie, absolutamente nadie jugaba con Mikasa Ackerman! Frunció el ceño, enojada, y se bajó del mesón decididamente, lo tomó de su hombro y le dio la vuelta para mirarlo a la cara y cuando estuvieron frente a frente, Mikasa le dio una fuerte y sonora bofetada. El golpe se escuchó por todo el departamento y Eren se llevó una mano a su mejilla con los ojos abiertos, la miró y notó su expresión totalmente enojada y su rostro rojo de ira. ¿Lo había golpeado? ¿Acaso lo había golpeado, a él? Apretó la mandíbula y frunció el entrecejo. ¡Nadie golpea a Eren Jaeger sin recibir su merecido a cambio! Así que la tomó de la cintura y de un movimiento rápido chocó sus labios contra los de ella para besarlos furiosamente.
Mikasa mantuvo su boca fuertemente cerrada y Eren puso su mano libre detrás de su nuca para acercarla mas a él. Cerró los ojos con fuerza mientras sentía como aquella lengua afilada y furiosa trataba de hacerse paso sobre su boca. Estaba aturdida, impresionada y enojada. Primero, Eren era un idiota, y segundo, besaba endemoniadamente bien. Se separó de ella y la miró a los ojos con furia.
-No vuelvas a golpearme -le dijo entre dientes-.
-Y tú no vuelvas a jugar conmigo -contestó con sus ojos chispeando-.
Se miraron fijamente por largos minutos y luego Eren bajó la mirada, dándose por vencido ante los ojos de Mikasa. Suavizó un poco el agarre que mantenía sobre su cintura para no lastimarla y suspiró.
-Vale, no lo haré... lo siento -contestó él mientras se alejaba un poco de ella-.
Mikasa lo miró y detalló el enorme rosetón que le había dejado sobre su mejilla y una punzada de culpabilidad se apoderó de ella. Tenía que haberse controlado un poco, después de todo, ella era más fuerte que él. Suspiró y se acercó a él para colocar su mano sobre el golpe.
-Yo también lo siento, no pensé que te golpearía tan fuerte.
Eren sonrió y contestó con arrogancia.
-No te preocupes, esto no es nada comparado a los golpes que he recibido en los entrenamientos.
Mikasa sonrió y negó con la cabeza. Ese hombre no tenía remedio. Se acercó a su rostro y dejó un beso sobre su mejilla hinchada y caliente. Eren la tomó del codo y le impidió separarse de él, se acercó de nuevo a sus labios y esta vez los rozó con calidez y lentitud.
Mikasa se quedó quieta un momento y luego se dio por vencida ante su caricia. Cerró los ojos y rodeó el cuello de Eren con sus brazos. Acarició sus labios hinchados por la "batalla anterior" con suavidad y entrega, permitiéndose sentir la calidez que emanaba de él, la sensación de tranquilidad que hace tiempo no sentía y el presentimiento de que era querida por él y que no estaba tan sola en el mundo. Eren tomó su cintura y la apretó contra su cuerpo para que no quedara ni un centímetro de distancia entre ellos. Su boca, tan suave y delicada lo había envuelto en un sentir nunca antes experimentado con ninguna otra mujer. Escuchó su corazón latir precipitadamente y le pareció que el suelo se movía bajo sus pies. ¿Qué demonios pasaba con él?.
Mikasa subió sus manos hasta su nuca y acarició su cabello castaño con la punta de sus dedos, haciendo que Eren se estremeciera. Eren sacó la punta de su lengua y la pasó sobre los labios de Mikasa, pidiéndole permiso para entrar en ella, Mikasa abrió sus labios y dejó que su posesiva lengua recorriera cada parte de su boca con una pericia que la dejó sin sentido. Ese hombre tenía tanta experiencia en el tema como lo aparentaba.
Correspondió a sus exigencias con gusto y Eren subió su mano por su espalda, subiendo su camisa en el camino, pasó por su cabello y lo desató de su agarre, luego bajó de nuevo su mano y la dejó en su cuello. Mikasa soltó un pequeño gemido y Eren comenzó a caminar con los ojos cerrados hasta chocar contra la isla de la cocina, donde sentó a Mikasa y se posicionó entre sus piernas. Se miraron por un momento y ella chocó su frente con la de él.
-Se va a quemar el pastel -susurró bajito-.
Eren asintió y se separó de Mikasa un momento para apagar el horno, volvió hasta donde estaba ella y la abrazó contra su pecho. Mikasa cerró los ojos y rodeó su cintura mientras escuchaba como su corazón latía desenfrenadamente bajo su pecho. Soltó un suspiro y Eren depositó un beso en su coronilla.
-Te quiero -dijo ella en un susurro casi inaudible y Eren sonrió, la tomó de la barbilla y alzó su rostro para volver a besarla-.
Mikasa quiso llorar, quiso reír, quiso desmayarse y quiso morirse allí mismo. Estaba haciendo las cosas mal, realmente mal, no tenía que haberle dicho eso a Eren cuando ella sabía a la perfección que no podían estar juntos, terminaría dañándolo, lo haría sufrir a él y a Carla, los destruiría y no podría repararlos. ¿Hasta cuándo actuará su egoísmo por ella?. Pero es que no pudo detenerse, no cuando sintió su boca reclamando la suya, no cuando los brazos fuertes del hombre que amaba rodeaban su cintura y la acariciaban con deseo, ella no era un robot, no era una máquina sin sentimientos, porque, a pesar de todo, Mikasa seguía siendo un ser humano, una mujer, y porque, a pesar de todo, Mikasa se había permitido volver a sentir algo que no fuese odio. Y en ese momento quiso irse, huir lejos con Eren y olvidarse de todo, justo en ese momento cuando su lengua batallaba con la ajena quiso ser feliz y dejar las armas de lado. ¿Acaso fue eso lo que pensó su padre cuando se enamoró de su madre? Si era así, entonces ella quería actuar como él lo hizo, pero Kenny y Levi la encadenaban a su vida triste. Estaba atada a todos lados, a Eren, a Ethan, a Luci, a Carla, a Kenny y al enano, a sus padres y a los Reiss. No tenía escapatoria, no sabía que hacer. Una lágrima desesperada recorrió su mejilla y Eren se separó de ella para mirarla.
-¿Qué pasa, no quieres que siga? -preguntó con preocupación-.
Mikasa le sonrió y acarició su rostro con suavidad.
-No es eso, es solo que me cuesta creer que este mundo pueda llegar a ser hermoso a pesar de la crueldad que reina en el.
Eren acarició su cabello y Mikasa cerró los ojos para dejarse llevar por esa suave y simple caricia.
-Sigue, Eren -pidió en voz baja-.
Eren atendió su pedido con la intensión de no hacerla sentir triste y Mikasa rodeó su cuello con fuerza. Era una idiota egoísta, pero esa era la única forma de desahogarse, de eliminar sus preocupaciones y comenzar a pensar en ella misma. Y mientras Eren se deshacía de su camisa y la besaba en el cuello, juró que haría hasta lo imposible por garantizar su existencia y la de Carla, no permitiría que nada les pasara mientras ella viviera. Si algo les sucedía, si aunque fuera uno solo de sus cabellos era maltratado por los Reiss, ella misma acabaría sin piedad con la vida de esos miserables. Porque ella era la peor sanguinaria cuando se lo proponía, porque ella podía olvidarse de su humanidad y centrarse en acabar vidas sin una pizca de dudas, porque ella era una Ackerman y no se iba a dejar vencer por nada ni nadie.
Presente.
Mikasa miró a la nada mientras el humo de su cigarrillo se evaporaba en el aire.
Ese recuerdo era el mas feliz y triste que tenía. Cuanto habría dado por permanecer siempre en los brazos de aquel hombre, de decirle hasta quedarse muda lo mucho que lo amaba, de despertar todos los días y mirarlo durmiendo a su lado. Eren Jaeger fue su primer amor y fue el primer hombre que la tocó como lo hizo ese día. Hicieron el amor como dos locos desquiciados, reclamándose y exigiéndose mas de lo que podían dar, luchando para ver quien se atrevía a vencer al otro con besos llenos de pasión, dándose caricias llenas de locura y desesperación. Mikasa se sintió llena de verdad, se sintió como una verdadera mujer bajo su cuerpo fuerte, se sintió completa y enteramente feliz como no lo había sido antes. Eren fue su salvación y su maldición al mismo tiempo.
Él había hecho que volviera a sentir, le había llevado vida a sus ojos y le regaló el don de mirar las cosas desde otra perspectiva. Fue su peor error y a la vez lo mas grandioso que pudo tener con ella.
Hanji la miró con ojos expectantes y se quitó su saco, después lanzó una pequeña mirada por el ventanal oscuro y siguió escrutando el rostro de Mikasa.
-Así que los rumores acerca de tu amorío con Jaeger eran ciertos -dijo con una sonrisa pícara-.
Mikasa la miró y suspiró. Apagó su cigarro y se recostó en la silla con la mirada perdida en algún punto del techo.
-No creo que lo que tuvimos fuera una relación amorosa -contestó débilmente-, mas bien fue como... una aventura inevitable, una situación que no podíamos controlar, era una sensación que se escapaba de nuestras manos y nos impulsaba a hacer locuras, al menos así era de mi parte -colocó su molesto mechón de cabello detrás de su oreja y agregó-. Nosotros nunca hablamos de amor ni nada por el estilo, simplemente teníamos algunos encuentros y ya.
Hanji apoyó sus codos sobre la mesa y colocó su barbilla sobre sus palmas.
-Pues, yo creo que no fue así.
Mikasa le lanzó una mirada rápida y una suave sonrisa cruzó su rostro.
-Ambos sabíamos lo que sentíamos, pero nunca tuvimos el valor de confesarlo. Quizás yo era mas cobarde de lo que creía y él era mas idiota de lo que pensaba.
-Los hombres son idiotas por naturaleza. Estoy haciendo una investigación sobre eso.
Ambas sonrieron y Mikasa suspiró.
Eren. Lo extrañaba, de verdad lo hacía. Daría todo por ver de nuevo su sonrisa arrogante, por apreciar sus ojos brillantes y ardientes, por sentir sus caricias decididas y apasionadas sobre su piel, por sentir su lengua invadiendo su boca con frenesí. Eren había sido el hombre que amó, y que aún amaba con locura, y sin embargo, todo se terminó con demasiada rapidez, todo se quebró inevitablemente, todo su amor la dejó paralizada y le impidió volver a sentir como antes, por culpa de la llegada de una mujer de cabello rubio, esa misma que poseía una belleza despampanante y envidiable para toda mujer, esa que se cruzó en el camino de Eren para dejarlo todo de cabeza, la responsable absoluta de que todo se fuera al infierno en un abrir y cerrar de ojos.
Historia Reiss.
-O-
N/A:
Ajá, ya apareció Historia. ¿Qué habrá hecho esta chica que causó el final de todo para Eren y Mikasa? Eso es algo que solo yo sé XD.
Bueno, como siempre mis sinceros agradecimientos por sus lecturas y demás. No tengo mucho para decir, así que solo me queda despedirme... ¡Espero leerlos a ustedes también, así que dejen sus comentarios con sus opiniones!. ¡Chaooo!
Katy0225.
