Como siempre les recuerdo que Shingeki no Kyojin y sus personajes no son de mi propiedad sino de Hajime Isayama.

Capítulo 9.

Sonaba tan bien escuchar que lo que tuvieron fue algo parecido a un amorío, tratar de engañarse con que todos aquellos besos y esas palabras regaladas fuesen reales. Era como si se tratase de una ilusión que quería tratar de convertir en realidad a toda costa, aunque sabía que todo se había tratado de una vil mentira.

Ella era quien tenía el trabajo de mentirle a Eren, pero la engañada fue ella.

Sonrió falsamente. Eren era un actor excelente, y ella fue demasiado ingenua. Había sido una niña enamoradiza y cayó en su juego inevitablemente.

-Imagino que tu no estuviste al tanto de todos los detalles de lo sucedido con Eren y conmigo, después de todo tu trabajo era mas que nada la criminalística para ese entonces así que no pudiste saber con exactitud cual fue el plan que Erwin tenía preparado para mi -aseguró mirando el techo distraídamente-.

Hanji asintió, afirmando su comentario.

-Tienes razón, no tuve muchos detalles sobre el tema, solo me enteré por mis compañeros que Eren estaba saliendo con una chica llamada Mikasa y que aparentemente era un Ackerman -se rascó la cabeza y frunció el ceño-. Para ser sinceras, no me agradaba mucho meterme en los planes de Erwin y prefería estar metida en los laboratorios de la policía.

Mikasa asintió y siguió con su relato, rememorando detalles del pasado que prefería no recordar.

Flashback.

-Pasó aproximadamente un año desde que Eren y yo nos involucramos de forma íntima. Yo le sacaba la información a base de cucharadas y preguntas simples e inocentes, simples detalles que traté que no causaran gran repercusión en él ni levantara la mas mínima sospecha, aunque cada vez se me hacía mas difícil.

Debo admitir que llegó un momento en mi vida que decidí mandarlo todo a la mierda, desentenderme totalmente de Kenny y Levi y dejarlos a ellos resolver su guerra idiota mientras yo vivía tranquilamente mi juventud, pero eso cambió un poco cuando conocí a Historia Reiss. Digamos que mi nueva forma de pensar se evaporó rápidamente y volvió la Mikasa sanguinaria y vengativa de siempre. De nuevo me sumergí en mi mundo cruel y devastador, ese que la vida se había encargado de regalarme .

Mikasa miró la ventana que se encontraba en la habitación de su departamento, admirando la belleza que poseía la inmaculada y siempre blanca y pura nieve.

Muchas veces, cuando era mas pequeña, se preguntó si su descendencia asiática había nacido de los copos y la escarcha que caían a la tierra únicamente en invierno, descendiendo del cielo y el frío y heredando la misma palidez que la nieve poseía. Creyó que su blanca y suave piel y su parentesco con las demás personas con esos rasgos se debía al simple hecho de que todos provenían de la misma cuna, que todos llegaban a la tierra para vivir allí y conocer nuevas personas para tener experiencias que los ayudarían a aprender en el futuro, y así, al acabarse una temporada de invierno y ascender al cielo nuevamente tras fallecer, cuando volvieran a caer en forma de copos convertidos en una nueva existencia, supieran defenderse de las situaciones que les deparaba la vida.

Se colocó de pie envuelta en su edredón y miró la ciudad que se extendía ante sus ojos. A veces quería volver a ser esa niña soñadora y risueña, capaz de crear mil historias sorprendentes y poco creíbles, ser esa que paseaba por el campo con la seguridad de pertenecer a la hermosa nieve, de tener la ilusión de que en su vida anterior fue amiga de la luna y hermana de las estrellas, esa que vivía inmersa en su propio mundo fantasioso e infantil. Sintió un crujir en su pecho al notar todo lo que había desaparecido en ella en unos cuantos años. Nada de eso volvió a ocurrir, no creó mas historias, no pensó en otras excusas que cambiaran la realidad de la vida, no idealizó mas hipótesis sobre la descendencia de los humanos a base de sueños e ilusiones.

Ethan solía decirle frecuentemente que las personas eran lo contrario a lo que fueron en el pasado, por ejemplo, la gente que como ella habían pasado por situaciones trágicas y dolorosas, lo normal era que su forma de pensar cambiara radicalmente, mientras que aquellos que viven en medio de lujos y poca necesidad terminan convirtiéndose en gente ignorante, caprichosa y engreída, incapaces de ser lo que fueron de niños, inocentes y nobles. Y cuanta razón tenía.

La vida está basada en el azar. Siempre dando vueltas y vueltas, dando golpes dolorosos en algunas personas y tropiezos alegres en otras; arrebatando vidas, y otorgando otras nuevas; creando desilusiones, y regalando nuevas oportunidades. Siempre azar, siempre a la espera de recibir una bofetada del destino, siempre alerta ante cualquier nuevo ataque. La vida es cruel, te arrebata las cosas que mas quieres, te tumba al suelo y hace que tus días sean siempre lluviosos y fríos, pero luego te encuentras con la ilusión de esperar tu dósis de felicidad, tus arrebatos de suerte y la sensación de júbilo en tu sistema y eso te motiva a seguir. Al menos así lo era para Mikasa.

Extendió su mano y tocó el vidrio del ventanal con la ilusión de tomar un copo de nieve a través del cristal. Cuanto ansiaba poder jugar de nuevo con la nieve, dejarse caer de espaldas en una pequeña montaña blanca y hacer ángeles sobre ella utilizando sus brazos y piernas, crear muñecos de nieve con gestos graciosos y hacer una batalla de bolas de nieve en donde podría reírse hasta no aguantar mas. Cerró los ojos y apoyó su frente contra el cristal. Últimamente estaba muy melancólica y su pasado hacía aparición en momentos tan inoportunos como aquel. Culpó a Eren por eso.

Y allí estaba, ¡Otra vez pensando en él!. Se mordió el labio inferior y luego dejó escapar un suspiro. Eren. Separarse de ese nombre era imposible, alejarse de su recuerdo se definía como una total tortura, existir sin su presencia era igual que morir. ¿Qué tenía ese hombre que la había dejado tan perturbada? Un grito proveniente de su subconsciente le contestó con fuerza. ¡Todo!. Su sonrisa arrogante, sus ojos verdes y brillantes, su cabello libre y rebelde como él mismo, sus manos fuertes y cálidas, su pecho tibio, sus brazos protectores, sus labios carnosos y atrayentes, todas sus cualidades la conducían a él como si se tratara de un imán, como si fuera el fuego al que las polillas no pueden resistirse, como la cerveza que los alcohólicos no pueden dejar. Así era Eren, así de necesaria era su existencia para ella.

Se separó del ventanal, decidida a salir un rato y disfrutar de la nieve hermosa, así que se dio una ducha caliente y se vistió con sus pantalones de cuero negro, unas botas con un poco de tacón del mismo color, una camisa mangas largas blanca y un sobretodo blanco. Tomó su arma y la metió en su bota derecha y salió del departamento.

Como era de esperarse, las calles no estaban muy concurridas, ya que la gente prefería quedarse refugiada en el calor de sus hogares antes de estar expuesto a un posible resfriado, pero eso no fue algo que le molestara. Las tiendas comenzaban a vestirse de navidad, adornadas con luces brillantes y ofreciendo coronas y árboles, Santas y renos en cerámica, envoltorios para regalos y sinfines de adornos multicolores ordenados meticulosamente y de forma estratégica en las vidrieras. Tal vez se animara y comprara un árbol, tenía dinero suficiente para permitírselo ya que había comenzado a trabajar en una agencia de guardaespaldas para darle credibilidad a su palabra, y de esa forma revivir parte de su pasado con su familia. También se sentía tentada a pedirle permiso a Carla para pasar la navidad con ellos, ya que para la mujer Mikasa era una mas de la familia, y de cierta forma así era, ¿no?.

Llegó a una plaza poco habitada y se sentó en una banca cubierta por una capa fina de nieve, llevó sus manos hasta su boca y sopló aire para calentarlas, dejando ver una nube de vaho saliendo de sus labios, se recostó del respaldo de la banca y cerró los ojos por un momento. El frío nunca le disgustó, todo lo contrario, sentía que contrastaba muy bien con su personalidad bipolar, a veces demostrativa, y otras carente de emoción alguna. Un aire frió sopló y su cabello corto bailó con el. Soltó un suspiro y luego sintió unos brazos rodeando sus hombros y un beso surcando su frente con cariño. Abrió los ojos rápidamente, viéndose sorprendida al no percibir a nadie a su alrededor, y se encontró con unos ojos azules tan profundos como el mar, mirándola con todo el amor y la felicidad del mundo. Parpadeó un par de veces, conmocionada, y después sonrió y envolvió el cuello de Ethan en un fuerte abrazo.

-¡Ethan! -gritó con entusiasmo, luego reaccionó como su hija sobreprotectora, separándose de él y mirándolo con el ceño fruncido-. ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Es peligroso! ¿Qué pasa si te descubren?... ¡Argh! Ese inútil de Kenny nunca piensa mejor antes de mandarte al exterior sin tomar en cuenta el hecho de que podrían descubrirte... ¡Y ese otro imbécil del enano! Ja, no hace otra cosa mas que limpiar como una maldita sirvienta y comportarse como un Lord adicto al té y al refinamiento a base de malas palabras. Otro inútil mas. Deja que los vea, porque los voy a dejar como un par de bolas de mie...

-¡Mika! -la interrumpió para luego sonreírle paternalmente-. Tranquilízate, niña, he venido aquí porque yo así lo desee. Te extrañé mucho ¿sabes?, el cuartel no es lo mismo sin ti en él.

Mikasa sonrió un poco.

-Yo también los extraño a todos. Es muy duro para mi no verte, ni a Luci -dijo en voz baja-.

Ethan la abrazó por los hombros de nuevo y la recostó en su pecho. Mikasa se dejó hacer sin poner objeciones y cerró los ojos ante el gesto tan familiar que ese hombre le regalaba.

-Luci también te extraña. Ahora está mas triste que nunca, no espera a volver a verte.

Mikasa suspiró y luego se quedaron en un cómodo silencio. La gente que caminaba por los alrededores los miraba con extrañeza y las señoras mayores con desaprobación; claro, ver a un hombre obviamente alemán abrazando a una chica de rasgos asiáticos no sería muy bien interpretado para la sociedad, ya que no podía tratarse del caso padre-hija, sino de algo mas, pero a Mikasa le supo a mierda la opinión y los pensamientos de los demás. Ethan era su padre, él la había criado junto a Luci y la gente no tenía porque intimidarla o hacerle cambiar de opinión con respecto a mostrar su afecto hacia ese hombre maravilloso. Minutos después de haber llegado, Ethan comentó.

-Me han dicho que estás saliendo con Eren...

Mikasa carraspeó y sintió el calor subir desde la punta de los dedos de sus pies hasta su coronilla. ¡Esas no eran cosas que podía hablar con Ethan! ¡Eran demasiado íntimas! Es más, ni siquiera se veía diciéndoselas a Luci por el simple hecho de ser muy vergonzosas. ¿Cómo rayos le dices a un hombre que es prácticamente como tu padre que te has acostado con un chico? ¡No se puede, simple y claro!. A pesar del frío, Mikasa comenzó a sudar y a morderse el labio en un obvio gesto nervioso. Ethan la miró y sonrió divertido.

-¡Ja, ja! ¡Así que si es cierto! Mi querida Mika, ¡Estás creciendo!.

-¡Ethan, no grites! Esto es muy vergonzoso para mi -lo regañó mientras hundía su rostro en el pecho de Ethan-.

Ethan le acarició el pelo, aún con una sonrisa en sus labios, y luego se puso serio.

-Mikasa, no quiero que te sientas mal, pero quiero que sepas que puede ser peligroso enamorarse de un policía, y mas cuando estamos pasando por todo esto...

-Lo sé perfectamente Ethan -respondió con su voz siendo amortiguada por el sobretodo masculino-, pero ya esto es algo que se escapó de mis manos... cuando pasó, sentí que ya nada podía hacer para detener esto que siento, que no había vuelta atrás y que había decidido jugármelas todas con él. Me enamoré sin desearlo... y si Eren siente lo mismo por mí, entonces me comprenderá y sabrá por qué estoy haciendo lo que hago. No digo que me perdonará por haberlo engañado, pero tengo la esperanza de que me entienda un poco.

Ethan suspiró pesadamente y siguió acariciando el cabello de Mikasa.

-Espero que sea así, Mika. De verdad que sí.

Pasaron una hora hablando de trivialidades hasta que Mikasa le ordenó que se fuera al cuartel para que no corriera peligro, Ethan la obedeció y se despidió dándole un beso en la frente.

Lo miró marcharse con un golpe de tristeza. Había sido tan repentina su aparición y tan rápida su partida que le dolía. Un sentimiento extraño se apoderó de su pecho como una mala sensación, un mal presentimiento, algo que le advertía que las cosas no iban bien, que algo malo sucedería, y sintió miedo, de verdad. Ese tipo de miedo que te da al ver morir a alguien frente a tus ojos, o ese otro que sientes al ver en internet las predicciones de Nostradamus sobre el fin del mundo y los horribles desastres naturales que estarán por pasar, o enterarte por algún medio que el mundo se acaba en dos días; precisamente ese miedo que sientes que va escalando desde las puntas de los dedos de los pies hasta la coronilla, ese que te deja con la respiración entrecortada y con las palpitaciones desbocadas, ese que te hiela la sangre y no te permite reaccionar cuando se debe, era ese tipo de miedo que la domaban ahora.

¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué sentía esa sensación de repente al ver partir a Ethan?. Tragó fuerte y suspiró con fuerza. No. No. No podía pasarle nada a él, ¿verdad? Ethan era fuerte, podía defenderse él mismo, era un gran hombre con grandes maniobras de combate, así que estaría bien. Estaría bien. Debía estarlo. Se pasó una mano por la cara para deshacerse de alguna manera del estrés que comenzaba a invadirla. Debía dejar los pensamientos idiotas de lado y centrarse en lo que se había propuesto al salir del departamento: distraerse y disfrutar de la nieve, así que soltó un último suspiro y se levantó de la banca para comenzar a caminar en busca de una cafetería.

El frío comenzaba a hacer de las suyas y poco a poco la iba envolviendo como si se tratase de un grueso edredón, así que pensó que un chocolate caliente le vendría de perlas, y además la haría alejarse de la extraña ansiedad que comenzaba a palpar. Entró en el Ashley's Coffe, local reconocido por su excelente hospitalidad y la calidad innegable de sus productos, y se sentó en una de las mesas mas alejadas que habían junto a la ventana que daba vista a la calle. El lugar era bonito, decorado de forma alegre y divertida -juvenil hasta cierto punto-, con paredes de colores vivos y atrayentes como el aguamaria, rosa, azul y morado, y algunos cuadros de figuras abstractas colgando en ellas, las mesas eran cómodas, de forma redonda y con bonitos floreros de cristal de forma cuadrada con una hermosa y bien cuidada rosa blanca dentro. Se sentó en el taburete alto y esperó a que la empleada tomara su orden.

-Un chocolate caliente y un trozo de pastel de manzanas, por favor -le pidió a la chica con voz amable-.

La muchacha rubia -claramente a base de tintes por sus enormes raíces negras comenzando a asomarse- anotó su pedido en una libretita y luego asintió.

-En seguida le traigo su orden, señorita -y sin decir nada mas, se fue-.

Mikasa no le prestó mucha atención y a cambio sonrió por su pedido. Esa Carla había hecho que los pasteles se les metiera hasta en los pensamientos ¿Quién diría que se volvería una amante del pastel de manzanas? Esa mujer tenía la culpa, y era la principal responsable de que ahora tuviera que hacer mas ejercicio de lo normal si quería seguir estando en forma. Sonrió aún mas. Por cierto, hace tiempo que no veía a Carla -claro, si es que "tiempo" se refería a dos semanas-. Frunció el ceño y retiró el mechón de cabello que siempre lograba irritarla. Iría a visitarla ese mismo día, así saldría de la rutina y aprovecharía de su día de descanso, libre de la agencia.

Cerró los ojos, invadida por el fuerte olor a café en el local y se relajó un poco, sintió la presencia de alguien acercándose y le agradeció a la chica rubia por haber llevado su pedido sin siquiera abrir los ojos para mirarla. Llevó sus manos a la taza de contenido caliente y la acercó a sus labios, sopló un poco para no quemarse y el vapor hizo que se le erizara la piel, luego dio un pequeño sorbo a su bebida y sonrió sin poder evitarlo. El chocolate la hacía sentir feliz (¿Y a quién no?) y eso hizo que se despojara un poco de la tensión que cargaba con ella. Abrió los ojos de nuevo y miró su pastel con la boca hecha agua. Se veía exquisito, apetitoso y como un rey pecaminoso al que iba a sucumbir. Sonrió con extrañeza. Ya iba a excitarse otra vez por culpa de ese maldito postre. La crema se veía deliciosa y los atisbos de manzana se hacían ver por todos lados, además, el olor tentador que salía de el postre la estaba matando poco a poco, así que sin esperar mas, tomó su cuchara y comenzó a degustar. Cerró los ojos con placer al hallar delicioso su pastel y probó otro trozo.

Cuando hubo terminado de comer, suspiró con disfrute y la chica que la había atendido con anterioridad se acercó de nuevo a ella al ver que ya había terminado con su pedido. Le sonrió con amabilidad y le preguntó:

-¿Desea algo mas?.

Mikasa la miró y luego su plato vacío en el que alguna vez se halló un delicioso trozo de pastel. Frunció el ceño un momento y luego miró a la chica con una suave sonrisa.

-Si, deme dos trozos mas de tarta de manzana para llevar.

La chica asintió y poco después apareció con su nuevo pedido, pagó su consumo y salió del local con una sonrisa. Definitivamente iba a volver allí.

El frío la golpeó apenas puso un pie en la calle, fuera de la protección del café, pero se acostumbró al cambio de temperatura con rapidez y comenzó a caminar hacia la casa de Carla. Eren no debería estar allí ya que se hallaba ocupado en el cuartel de la policía, o al menos eso le había comunicado en la mañana, así que le llevaría el pastel a Carla y le dejaría el del chico bajo su cuidado, porque si se lo llevaba a su departamento terminaría comiéndoselo. La morada de Carla no estaba muy lejos del café, en realidad se encontraba en una zona céntrica de la ciudad en donde podía tener los supermercados y demás tiendas a la vuelta de la esquina, y eso la hizo seguir con su trayecto a pie. Ese día no tenía ganas ni de su auto, ni del autobús. Llegó al vecindario de Carla en aproximadamente veinte minutos y sonrió al ver la casa perteneciente a la mujer.

Todo estaba cubierto de un manto blanco y pulcro, sobre todo las aceras y los tejados de las casas. La de Carla se veía hermosa, con su tono crema en el exterior y su cuidado muro de piedras -de mas o menos sesenta centímetros de altura- rodeando el frente de la casa. Detrás de los muros de piedra había un jardín, pero ahora no podía verse por la nieve, y también habían dos árboles que ahora se encontraban secos y marchitos a cada lado de la casa. Ese lugar era sin dudas hermoso en primavera, ya que estaría mostrando sus colores y vivacidad en todo su esplendor, pero aún así, el blanco la hacía verse igual de bonita. A ella siempre le gustó la casa de Carla, era tan romántica y bohemia que la hacía suspirar con anhelo y poseer la esperanza de que algún día ella viviría en una construcción igual de hermosa que esa, sin preocupaciones por nada mas que no fuera comer pasteles y sembrar flores en un gran jardín. Suspiró y comenzó a caminar hacia la vivienda con ánimo. Subió los tres escalones que habían antes de llegar a la puerta, y cuando estuvo frente a ella, la golpeó tres veces con los nudillos.

En el interior de la casa se oyó un ruido, seguido de algunos susurros y luego unos pasos apresurados acercándose a la puerta. Miró como el picaporte giraba y luego quedaba extendida ante ella la visión de una Carla totalmente sorprendida, con los ojos desorbitados y el rostro pálido. Frunció el entrecejo y Carla se tomó ambas manos con nerviosismo.

-Carla ¿Estás bien? Te noto pálida -comentó preocupada por la salud de la mayor-.

Carla parpadeó un par de veces y la miró con miedo.

-E-eh si, estoy b-bien no te preocupes, Mikasa -tartamudeó nerviosamente, lanzó un vistazo a su espalda y la volvió a mirar después de suspirar para calmarse un poco-. ¿Qué estás haciendo por aquí? No pensé que vendrías a visitarme.

Mikasa la miró sin estar muy segura de que hacer con respecto a esa situación tan incómoda. Era obvio que Carla no la quería allí -porque en otra situación la habría invitado a entrar en la casa no mas verla-, pero la pregunta era ¿Por qué? Y estaba dispuesta a averiguarlo.

-Quería verte, hace días que no lo hago. Te traje pastel de un lugar no muy lejos de aquí. Esta realmente delicioso, te encantará -contestó mostrando su compra frente a ella, luego soltó un suspiro actuado y le dijo con voz ansiosa-. Uyy ¡Que frío hace! Carla ¿vas a dejar que me congele aquí o me dejarás pasar?.

La mujer parpadeó de nuevo y se mordió el labio con fuerza, sus manos se apretaron con mas nervios y su mirada bajó al suelo. Mikasa entrecerró los ojos, analizando cada uno de sus gestos con el labio inferior levemente fruncido. ¿Qué mierda le pasaba a Carla?. Un sentimiento parecido a la sospecha combinada con la desesperación y la creciente rabia comenzaban a formarse en su interior. ¿Por qué se quedaba allí, sin decir o hacer nada? ¿Qué rayos pasaba?. En el interior de la casa se oyeron pasos acercándose y una voz que ella conocía a la perfección la sacó de sus preguntas internas.

-Mamá ¿Por qué tardas tanto? ¿Acaso no se trataba del comandante Erwin? Historia tiene que partir ahora, puede ser peligroso que ande por allí sola.

Carla abrió aún mas sus ojos y su rostro comenzó a sudar. Mikasa también dilato sus ojos por la sorpresa. ¿Escuchó bien? ¿Acaso dijeron Comandante Erwin? ¿Y escuchó también el nombre... Historia?. Frunció el ceño y el agarre en la bolsa de su compra se hizo mas fuerte. Solo había una Historia que debía tener cuidado al salir, solamente había un Comandante Erwin entre la policía, y obviamente, solo había un Eren Jaeger que podía hablar de esa manera en toda la maldita ciudad. Apretó la mandíbula con fuerza y escuchó como sus dientes rechinaban. ¿Por qué mierda Historia Reiss se hallaba en ese lugar, y con qué fin iba Cejotas a esa casa cuando tenía un cuartel entero para hablar sobre lo que sea que tuvieran que hablar?.

Y entonces una lamparita se encendió en su cabeza, que trabajaba a toda máquina. ¿Por qué razón iba a querer Erwin Smith separarse del resto de la policía e ir a hablar con un subordinado en específico, teniendo a Historia Reiss en la casa de ese mismo oficial, y por sobre todo, que ese hombre sea quién ande con un "amorío" con una posible matona? Solo había dos opciones, la primera era que querían proteger a la chiquilla de los Reiss, y la segunda, que todo lo que había pasado con Eren y ella se trataba de una simple farsa que la policía idealizó para sacarle información sobre el paradero de los Ackerman. Entonces recordó varias preguntas sospechosas que Eren le había lanzado con el paso del tiempo, preguntas que decidió olvidar.

Y dime, Mikasa... ¿Alguna vez has tenido contacto con... los demás Ackerman?.

Mikasa, ¿Sabes qué aspecto tienen Kenny o Levi Ackerman? Digo, deben parecerse a tu padre ya que tu familia tiene muchos parentescos físicos entre ellos.

Ayyysss, hay veces que me pregunto ¿Cómo harían ese par para conseguir esconderse de tan magnífica forma, tú no?

Su respiración se volvió irregular a la par de su sentido racional. Claro, todas esas preguntas fueron hechas después de revolcarse con ella para que no pensara mucho en el tema. Eren había sido simplemente brillante. Todo este tiempo la engañó, la envolvió en su juego y la manipuló como quiso. Había sido una tonta. ¿En qué estaba pensando? Una mujer con sentimientos no pertenecía a los Ackerman, y ahora entendía el por qué, ahora sabía que se había hundido en un juego, mismo al que ella misma había decidido renunciar.

Cerró los ojos y trató que el dolor que sentía, junto a la traición en aumento no se hiciera visible en su rostro. Retuvo las lágrimas y se mordió la lengua para no soltar un sollozo. Estaba dolida y estaba triste. Confió en las únicas personas que una vez fueron cercanas a sus padres y salió peor de como ya estaba. La habían engañado. La habían ilusionado... ¿Pero, eso no era lo que ella iba a hacer con ellos?. Su labio inferior comenzó a temblar. Si, era lo que estaba haciendo, pero ella no quería hacerlo, había dudado, había tomado las medidas suficientes para que no corrieran peligro, había jurado cuidarlos con su propia vida, había decidido alejarse de la muerte, de soltar sus armas para seguir adelante con la barbilla en alto, y sin embargo se encontró de nuevo con la misma conclusión de siempre: El mundo es cruel, no tiene sentimiento de misericordia alguno, las personas son egoístas, solo piensan en ellas mismas y la gente con inocencia extrema como ella eran las que sufrían con el peso de toda la maldad que rodeaba al mundo. No había esperanza para los débiles, los fuertes siempre son los que sobreviven, y ella no era fuerte... pero estaba segura de algo: iba a sobrevivir.

Suspiró, buscando la inexpresividad que se había convertido en su amiga, y se colocó su mejor máscara estoica, esa que estaba pintada de grises en todos sus tonos y que relucía con fuerza como solo la maldad y las ganas de saciar sus ganas de sangre podía hacerlo. Había amado a esas personas, los había querido como si fueran de su propia familia, pero la familia no traiciona, la familia no hiere ni te miente. Ella no era parte de ese grupo. No. Solo era un entretenimiento para la policía, una fuente de información indirecta que los guiaría a Kenny y a Levi -su verdadera familia- si se descuidaba al momento de elegir sus palabras. No estaba dispuesta a seguir cayendo en la trampa de Eren, no, de Erwin. ¿De verdad la policía quería a una Ackerman? Bien, pues allí había una, y era la peor de los tres.

Sus ojos soltaron un brillo malicioso y sintió el peso de su arma dentro de su bota. Algo le decía que Historia Reiss sería la primera en la lista en caer bajo sus pies.

-O-

¿Qué es la vida, Mikasa?... Es el Sol, la Tierra, las personas, las sonrisas, las miradas, los animales... la vida es una rueda que está siempre en movimiento, hace que las personas se muevan, caminen, lloren, rían y se tropiecen en el camino. La vida es respirar y mirar el cielo recostado bajo la sombra de un árbol. La vida es un regalo que se nos fue otorgado para tomar experiencia, es un todo y un nada. Es un punto efímero del mundo que, como todo, se acaba. Es la muestra del amor de dos personas, un proceso que se lleva a cabo desde tiempos milenarios. La vida es azar también, capaz de poner situaciones complejas en nuestro camino sin aparente explicación. La vida es sorpresa. Es mirar al frente y regalar abrazos y saludos. La vida es motivación. Un impulso que te incentiva a mirar siempre al futuro de forma positiva... la vida eres tú también.

-O-

N/A:

¡Hola! Aquí yo de nuevo.

Ok, con respecto al capítulo... no sé porque pero me gusta hacer sufrir a Mikasa -de todas formas, si no lo hago, la historia no tendría sentido-. Este capítulo está dividido en dos partes, al principio quería hacerlo entero, pero después decidí que lo mejor era dejarlo hasta allí y darles el momento dramaticón en el siguiente -si señores, habrá drama, dolor y lágrimas en el capítulo diez-.

En este punto de la historia es donde comenzaremos a ver sangre (Je, je)... ya sé, deben estarme mirando con cara de guatafoc y leve reprimenda. ¡Estoy prometiendo sangre desde que empecé a escribir, y ahora, después de nueve capítulos es que se empezará a ver! Lo siento, pero es que primero tenía que poner parte del pasado de nuestra protagonista, porque sino, no tendría sentido.

Solo por adelantarles algo -y joderles la paciencia como solo a mi me gusta hacer-, les diré que alguien esencial en la historia dirá adiós, mientras que otro será un completo traidor. ¡JA! Hasta ay llego, les dejo sus dudas sembradas ahora. Bueno, bueno, gente bonita, esta que está aquí se va... ¡Chaito pescadito!.

Los quiere mucho, mucho:

Katy0225.