Hola! Aquí volviendo después de MUCHO! Mil perdones!
La verdad, ya tenía escrito todo esto, pero olvide subirlo. Lo siento!
Muchas gracias a todos los que leen! (si es que siguen haciéndolo después de tanto jeje)
BLOOD+ NO ME PERTENECE. Esto que hago es sin fines de lucro, solo por diversión y sin ganas de molestar a nadie.
Ahora si, los dejo. Que lo disfruten! =)
Cuando Julia llegó a su consultorio, Moses ya estaba sentado en la sala de espera. Al oír sus pasos, el joven alzó la vista y la mujer no pudo más que sorprenderse. El rostro siempre serio, pero en estos tiempos mucho más cálido, se notaba cansado. Moses parecía haber ganado años, y aunque eso ahora era posible gracias al tratamiento que le habían dado, eran demasiado pronto para un cambio tan grande.
-Buenos días Moses, vine en cuanto pude. Sonabas mal por teléfono y lamento decirte que no luces mejor-La rubia se agachó y le acarició el rostro. Él se apartó como por acto reflejo-¿Moses, está todo bien?
-Buenos días Julia. Este, yo… no-Dijo respondiendo a la pregunta.
La mujer se volvió a erguir y comenzó a caminar hacia su oficina. Sacó las llaves de su bolsillo y mientras abría la cerradura dijo:
-Por favor, pasa. Te ayudaré en lo que pueda. Siempre hay lugar para los amigos en mi agenda-Le sonrió al muchacho tratando de animarlo. Moses se paró y la siguió correspondiendo, levemente, el gesto.
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-Ah… el aire de mar es tan agradable-Solomon se sentó en el límite de la playa, en donde Hagi solía ubicarse. Este se paró a su costado. El rubio lo miró e hizo señas para que se sentara a lo que algo renuente obedeció.
-¿Vas a responder a mi pregunta?-Dijo finalmente el pelinegro.
-¿Mmm?
-¿Qué haces aquí?-Repitió.
-Eso te lo diré a su debido tiempo, Hagi-Respondió el rubio de esa forma que tanto lo caracterizaba-Pero tú presencia si me llama la atención.
-Obviamente que por Saya-La respuesta no se hizo esperar-Mi deber es cuidarla, y eso haré.
-Esa también es una de las razones de que yo me encuentre aquí-Respondió Solomon-Como su autonombrado caballero, voy a protegerla, y de paso echarles una que otra ojeada a las hijas de mi antigua reina-Se corrió unos mechones de cabello que le molestaban-Pero como dije, no son las únicas. A su debido tiempo-Repitió.
El silencio no se hizo esperar. Hacia años que no se veían, y tampoco era como si hubieran sido muy unidos en su momento. Pero tampoco era como si la quietud les molestará. De pronto, Solomon sintió la necesidad de decir:
-Hagi, ¿Sería demasiado pedir que tocaras para mí?
El nombrado se sorprendió, y esta vez si se notó en su cara el cambio. El otro le sonrió amablemente y sin más, el caballero de Saya sacó su instrumento, lo posicionó y comenzó a tocar.
Solomon dejó que la música lo embriagara y miró hacia el cielo. Sinceramente, ni él mismo sabía muy bien por qué le había pedido eso a Hagi, pero no se arrepentía. No sabía cuando volvería a verlo, y quería disfrutar de su compañía un poco más…
Y he aquí el problema que lo aquejaba últimamente. Se suponía que él se había enamorado de Saya, y por eso se había convertido en su caballero. Se suponía… no, se corregía, era un hecho que Hagi amaba a su ama, y que jamás tendría ojos para otra persona, y por eso, a pesar de que los dos vivían para protegerla, estaban en una lucha no oficial, pero existente. Por eso, considerando los puntos anteriores, lo que él venía a hacer a Okinawa era ver a su ama, cuidarla y batirse en duelo con Hagi de manera silenciosa por el amor de Saya.
Y por todo esto, era que no le cerraba la última parte. Si se suponía que venía por Saya… ¿Por qué su deseo principal era ver al caballero de cabello negro y ojos azules?
Giró a ver a su acompañante. Tocaba el instrumento con tal pasión…
Que hasta podría decir que se sentía celoso del chelo.
Que estupidez.
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-Bueno Moses, ¿En qué puedo ayudarte?-Julia se ubicó del otro lado de su escritorio. Sobre este había un ordenador, algunos cuadernos de notas y lapiceras y un portarretrato con su familia. Le hizo señas al otro para que tomara asiento.
-Nadie nos escucha, ¿verdad?-Pregunto mientras tomaba asiento.-Lo que quiero decir, es si no hay…
-No te preocupes. Lo que sucede aquí es confidencial.
Moses asintió y continúo.
-Sucede que… No se como decirlo, pero… Parece ser que el tratamiento al que fui sometido, la medicina que se me suministro, ya no… surte efecto. O esta dejando de hacerlo-Terminó en voz más baja y queriendo mantenerse sereno.
Julia se sorprendió.
-Pero, ¿Por qué? ¿Acaso ha sucedido algo, Moses?-Inquirió preocupada.
Él solo asintió, y comenzó a desabrocharse la campera. Se la quitó y la dejó a un costado, para luego quitarse la remera y darle una perfecta vista de lo que lo aquejaba a la mujer que se encontraba en frente suyo, y que no pudo hacer más que ahogar un grito.
-M-Moses, esto es…
-Si Julia, espinas-Respondió con pesadez. La mujer se paró de golpe y se acercó a revisarlo con más detenimiento.
-Pero no puede ser…-No podía salir de su asombro-¿Hace cuánto…?
-Casi dos semanas…
-¡¿Qué? ¿Y por qué no acudiste a mí antes? Esto no es típico de ti, ¿Por qué tampoco Kai…?-La comprensión cruzó su rostro-Él… ¿no lo sabe?
Moses negó con la cabeza.
-No creí… Pensé que era temporal. Después de todo, si te fijas, a pesar del tiempo aún son pequeñas. Creí que serían algo temporal, pero no se van, y tengo miedo, Julia. No puedo decírselo a Kai… simplemente no puedo hacer que se preocupe por esto. Ya bastantes preocupaciones tiene con el futuro de las gemelas y el sueño de Saya.
Moses sonaba desesperado, y Julia ya estaba cerca de acompañarlo. Pero en estos momentos debía de ser seria para poder ayudarlo. Tenía que serenarse.
-A ver… ¿No has sentido alguna otra cosa?
-No que yo recuerde… solo esto… espera, creo que el sol me esta molestando más que de costumbre. Pero no ha llegado a dañarme…
Julia asintió.
-Aún así, te recomendaría que tomes precauciones. No dejes de alimentarte, y trata de no exponerte al sol demasiado- Se acercó a un pequeño armario que allí había para buscar unas cosas-Ahora te haré unas pruebas. Te sacaré algo de sangre para analizar además. A parte de esto, te sugiero que vuelvas a beber sangre, solo por seguridad.
Vio la cara mortificada del chico.
-Moses, se que es difícil esto, pero…
-La sangre ya no me sabe bien desde que comencé el tratamiento. En realidad, nunca me gustó beberla… No quiero hacerlo.
-Debes hacerlo. Te dará fuerzas… y lo más probable es que tu cuerpo comience a pedirte cosas que te pedía antes.
Moses suspiró y asintió. Luego de eso, comenzaron las pruebas.
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Pasadas la una de la tarde, Kai volvió a la casa para cambiarle el turno del restaurante a Moses. Comúnmente, no se manejaban de esta manera, pero el del flequillo había estado a cargo toda la tarde anterior y esta mañana, y merecía un descanso.
Por eso, se sorprendió cuando encontró el lugar cerrado y con un cartel que decía que hoy no abriría.
-Kai, ¿Por qué está cerrado? ¿Acaso hoy Moses iba a salir?-Preguntó Diva, la gemela de ojos azules.
-No lo sé-Respondió el mayor. Sacó las llaves de su bolsillo y fue a abrir-Entremos niñas, y averigüémoslo.
-¡MOSES!-Gritó las pequeña de ojos rojos, Rika, a todo pulmón. Sin embargo, solo le respondió el silencio. Se dio la vuelta para ver a los otros y abatida, dijo-No está aquí.
-Bueno, no se preocupen. Seguro fue en busca de alguna cosa que faltaba-Respondió el de cabellos rojos-Vayan a jugar. Las llamaré cuando tenga la comida lista.
Cuando Kai se quedó solo, fue hasta la mesada y se sorprendió al ver una mancha roja. Pequeña, pero identificable: sangre. La limpió sin querer pensar demasiado y al abrir el tacho de basura se encontró un vaso roto. Suspiró aliviado y comenzó a buscar las cosas para el almuerzo, ya que se había negado a quedarse a almorzar en lo de Joel.
Una vez que tuvo todo, sacó su celular. Cero mensajes y ni una llamada perdida. Volvió a guardarlo decepcionado. ¿Dónde estaría Moses? Seguro que había ido a hacer lo que le había dicho antes a las niñas, no debía darle muchas vueltas al asunto.
Pero igual se preocupaba.
Se arremangó y comenzó a pelar unas papas cuando oyó la puerta principal abrirse. Se giró y vio a un sorprendido Moses mirarlo fijamente.
-Buenas tardes-Le sonrió Kai-Pensé que te quedarías todo el día en casa.
-Si, yo…-Moses no sabía que decir. No había pensado en ninguna coartada, ya que creía que se quedarían más tiempo en lo del castaño-Tuve la necesidad de salir. Lo siento, no debí dejar el restaurante así.
El pelirrojo lo miró fijamente, sin creérselo del todo, y el de ojos esmeraldas desvió la mirada, nervioso. Finalmente, Kai suspiró.
-Esta bien. ¿Vas a almorzar?
-Claro-Respondió Moses, y se dirigió a la puerta para ir a la otra habitación, pero el brazo de su novio lo detuvo-¿Kai?-Preguntó confundido.
Se hizo el silencio unos segundos, hasta que el más alto comenzó:
-Moses, si algo esta pasand…
-¡Moses!-Gritaron dos pequeñas apareciendo de la nada. Sus sonrisas desaparecieron al ver como los mayores se encontraban, y al notarlo, el de negros cabellos se soltó.
-Hola pequeñas-Les sonrió.
-¿Pasa algo?-Preguntó Diva.
-No-Dijo Kai, volviendo a lo que hacia.
Las niñas se miraron no muy seguras, pero al final tomaron a Moses de cada mano y sonriéndole, exclamaron:
-¡Vamos a jugar!
Él solo les sonrió y se dejo llevar. Pero antes de salir completamente de la habitación, se giró a ver a Kai. Notó que este lo observaba serio de reojo, y al verse descubierto volvía a mirar sus papas.
Y eso le dejó un mal gusto en la boca.
No iba a poder ocultárselo mucho más.
Y qué tal? Merece reviw? Aunque sea chiquitito?
Los nombres de las gemelas: Diva y Rika. Bueno, siempre creí que la gemela de ojos azules debería llevar ese nombre, y la de ojos rojos, pues no se, algo en honor a su padre. Se que no es muy original pero me gustó mucho.
Gracias por todo!
Saludos!
Hikari S.
